Capítulo 3: Viaje a casa
.
El viaje en carretera lo aprovecharon para afinar algunos de los detalles que encontraron en línea que serían probables que preguntarán durante la entrevista.
Cómo se conocieron
Cuándo empezaron a salir
Dónde vivían
Hábitos compartidos
Tatuajes…etc.
— Estoy segura de que tienes un tatuaje.
—¿Cómo lo sabes? – preguntó sin dejar de mirar la carretera mientras manejaba.
— Te hice una cita de retoque hace más de año y medio.
— ¿Algo que no sepas sobre mi?— no pudo evitar sonreír.
— Mmm…— Kagome se tocó el menton con un dedo mientras pensaba. — Tal vez como te gusta dormir.
— En ropa interior.
La cara roja de su acompañante le arrancó una carcajada, Kagome era fácil de avergonzar.
— Eso es bueno, de fácil acceso.
— ¡Lo mejor para ti nena! — exclamó mientras reía con libertad, extraños acontecimientos que ocurrían cuando estaban ellos solos.
Las horas transcurrían en relativa tranquilidad, las bromas siempre habían sido fáciles entre ellos, por lo que el tiempo volaba.
Entraron pronto en lo último de su viaje, carreteras llenas de bosques y casas más tradicionales. Inuyasha tenía que admitir que la vista era hermosa, un área rural donde descansar. Había pasado mucho tiempo que no visitaba lugares así.
Recorrieron el pueblo con lentitud, la gente pululaba con calma. Otro día cotidiano en un pueblo pequeño. Turistas desperdigados tomando infinidad de fotos, caminando entre hermosos árboles verdes que desprendían una luz esmeralda cada vez que el sol golpeaba sus hojas. Clima fresco, aire limpio que animaba a respirar hondo para captar cada uno de los increíbles olores que tanto el pueblo como el bosque tenia para ofrecer.
— ¡Estamos cerca!
Kagome señaló una salida en medio de árboles frondosos, siguió un camino de piedra y tierra por unos minutos más antes de poder contemplar a la distancia una puerta Torii roja brillante, un templo antigüo pero bien cuidado con algunas personas caminando en sus alrededores y finalmente más allá una casa grande de dos plantas, relativamente moderna pero con detalles tradicionales que la hacían fusionarse con el bosque que tenía a sus espaldas. A pesar de que era espaciosa no parecía para nada ostentosa y no quitaba nada del protagonismo al templo y el enorme árbol sagrado que estaba junto a su altar.
Kagome saltaba de emoción en su asiento dando pequeños aplausos que la hacían parecer más una niña que una mujer adulta de 28 años. No pudo evitar sonreír, su entusiasmo era contagioso.
— En unos metros verás un pequeño camino de tierra, entra por ahí, nos llevará a la parte trasera de la casa para que puedas estacionar el auto y nos alejará un poco del frente del santuario y toda la gente que lo visita.
Asintiendo siguió sus indicaciones, estacionándose junto a un viejo sedán, respirando profundo para darse ánimos a sí mismo sacó nerviosamente algo de su bolsillo, se lo tendió a Kagome con la palma abierta antes de que ella abriera la puerta y abandonará la seguridad de su auto.
— ¿Un anillo?— estaba sorprendida.
— Me pediste un anillo y no tuve tiempo de salir a comprar uno. Esté era de mi madre — se encogió de hombros — puedes usarlo si quieres, luego podemos buscar uno que sea de tu agrado.
Kagome tomó el anillo de su mano y lo miró con la boca abierta, sus ojos brillaban con incertidumbre mientras su miraba oscilaba entre él y el anillo.
— ¿Estás seguro que estas bien con que lo usé?
— No es como si mi madre lo necesitará. — trató de restarle importancia encogiendose de hombros.
— Inuyasha… — ella lo miró con profunda seriedad en sus ojos.
— Esta bien Kagome, es solo un anillo, no es gran cosa, solo no lo pierdas.
El anillo era sencillo, oro blanco con un zafiro amarillo ovalado, uno de los primeros regalos de su padre a su madre y su anillo favorito ya que decía que le recordaba a sus ojos. Ojos que Inuyasha comparte por lo que le parecio un buen detalle que fuera el anillo de compromiso de su boda falsa.
Kagome sonrió como si le hubiera dado el mundo entero y se puso el anillo, encajaba perfectamente, como si estuviera destinado a estar en su dedo desde un principio. Su corazón comenzo a latir desbocado cuando ella le sonrio por lo que tuvo que salir del auto antes de que empezara a hacerse ideas raras.
Se dirigió a bajar las maletas de su prometida falsa cuando una mujer mayor y muy parecida a Kagome salió de la casa con una enorme sonrisa de bienvenida en el rostro.
— Kagome cariño, ¡bienvenida a casa!
— ¡Mamá!
La chica corrió a los brazos de su madre emocionada por lo que las dejó saludarse en paz por un momento antes de acercarse no con poca incomodidad.
Nunca había conocido a las familias de ninguna de sus parejas anteriores, no es que sus relaciones duraran mucho tiempo. Incluso en el ámbito romántico no tenían mucha paciencia con él.
Las mujeres dejaron de balbusear por un momento, Kagome se giró a mirarlo y lo presentó por fin.
— Mamá quiero presentarte a Inuyasha. – la sonrisa feliz en su rostro definitivamente no era falsa, era una gran actriz sin duda.
— ¡Oh dios!, ¿él es tu jefe?
— Bueno, en realidad es mi novio.
— ¡¿En serio?! — la señora Higurashi lo miró con sorpresa y alegría en todo su semblante por lo que Inuyasha se sonrojó — Esa es una increíble sorpresa, bienvenido a casa querido, déjame verte mejor.
Inuyasha se acercó lentamente a los brazos abiertos de su futura suegra, imaginó que esto sería incómodo pero nunca espero que tanto. Su postura y sonrisa era incomoda pero era lo mejor que podía hacer por el momento, era bueno en cuestiones laborales, no era lo mismo en situaciones personales o más mundanas.
— Es un placer conocerla por fin señora Higurashi. – asintió respetuosamente.
— Nada de señora, simplemente llamame Yoko. Bienvenido a casa Inuyasha. –Tomando su rostro en sus pequeñas manos lo inclinó en su dirección para verlo más de cerca — Dios Kagome, me habías dicho que el hombre era guapo, pero te quedaste corta. Estos rasgos son de un modelo prácticamente, esa piel impecable, el color de sus ojos y su cabello son simplemente hermosos, y no digamos sus orejas de cachorro tan lindas. Tus largas descripciones no le hicieron ninguna justicia a tanta belleza.
Inuyasha giró sus ojos con sorpresa para mirar a su asistente que tenía cara de horror y se estaba sonrojando furiosamente hasta el nacimiento del cabello, a cambio su cara ardía por lo que sospechaba que estaba en iguales condiciones. ¿Kagome pensaba que él era guapo? Nunca lo había sospechado, siempre había sido más que profesional a su alrededor y no coqueteaba con él como otras mujeres, por lo que está nueva información lo tomó completamente por sorpresa.
— ¡Mamá basta!, ¿Dondé están el abuelo y Souta? — ella se negaba a mirar en su dirección.
— Atendiendo a los visitantes cariño. ¿Tienen hambre? Les prepararé algunos refrigeradores antes de la cena.
Siguieron a la mujer en absoluto e incomodo silencio, era algo que iban a tener que superar pronto si querían aparentar ser una pareja locamente enamorada.
— Entonces… ¿Soy guapo?
— ¡Ay dios mío!, ¡cierra el pico Inuyasha! – Kagome se abanico la cara con una mano – todos lo saben, incluso tú, no estamos ciegos.
— Bueno, también pienso que eres muy bonita.
Los ojos grises azulados de Kagome se giraron para mirarlo con sorpresa y se sonrojó de un rojo aún más profundo por lo que no pudo evitar la carcaja que lo abandonó en respuesta a su reacción. La señora Higurashi los miró sonriendo pero siguió mostrándoles el camino al interior de la casa sin decir una sola palabra.
Bebieron un poco de té y galletas mientras hablaban de su largo viaje. Cuando se llegó la hora de comenzar a preparar la cena, su futura suegra prácticamente los expulsó de su cocina y le dijo a su acompañante que le diera un rápido recorrido por el santuario.
Caminaron apenas unos metros antes de toparse con un anciano y un hombre joven de alrededor de 20 años, ambos vestidos con atuendos tradicionales. El joven era prácticamente la versión masculina de Kagome y sonrió enormemente cuando la vió por primera vez desde que llegaron.
— ¡Kagome!
— ¡Souta!
Los hermanos corrieron a abrazarse mientras el anciano siguió con su paso tranquilo hasta alcanzarlos nunca sin dejar de sonreir a sus nietos.
— Mi niña me alegra mucho de que hayas podido venir este año.
— ¡Abuelo!, me alegra mucho verte, ¿Cómo has estado de tus rodillas?
Mientras ellos charlaban Inuyasha se mantuvo a una distancia respetuosa, pero no tardó mucho en llamar la atención del joven. Lo contempló con los ojos entrecerrados como si quisiera reconocerlo de algún lado, pero su mirada no era hostil en absoluto.
— Kagome, ¿Quien es él?— interrumpió a su hermana sin dejar de mirarlo.
— Oh lo siento, permítanme presentarles a Inuyasha. Cariño ven aquí.— ella le tendió la mano sin dejar de sonreír ni un segundo.
Se estremeció ante el término extraño y cariñoso y notó que los dos hombres que la acompañaban estaban completamente sorprendidos, miraron entre los dos hasta que se acercó al lado de Kagome y ella tomó una de sus manos entrelazando sus dedos como si fuera algo completamente cotidiano.
— Inuyasha, estos son mi abuelo Kenzo Higurashi y mi hermano Souta. – Inuyasha se inclinó para saludar de inmediato — él es mi novio Inuyasha Taisho.
— ¿Taisho?— preguntó Souta— ¿Qué acaso él no es tu jefe?
— Si, pero hemos estado saliendo por un tiempo.
— Es un placer conocerlos, Kagome habla todo el tiempo de ustedes.
Y era cierto, Kagome parloteaba todo el tiempo sobre ellos, no siempre necesariamente con él, pero había escuchado sus conversaciones con otros empleados brevemente mientras pasaba.
— Mucho gusto muchacho. Hablaremos más durante la cena, nos estamos preparando para cerrar el santuario por la noche al público. – indicó el viejo.
— ¡Nos vemos en un momento hermana!
Los dos observaron las espaldas de los hombres alejarse antes de que Kagome quién aún no soltaba su mano lo llevará en la dirección contraría.
— Todo esta llendo muy bien ¿no crees?
Estaba a punto de contestar cuando un conjunto de chillidos a decibeles imposibles para un humano le hicieron apretar sus orejas contra su cabeza para amortiguar un poco el horrible sonido. Kagome y él se giraron a la izquierda y vieron a tres mujeres que parecían casi trillizas acercarse corriendo a ellos, la única diferencia eran sus cortes de cabello y algunos de sus rasgos faciales, incluso la ropa era casi igual, combinaban, si no ponías atención podrían pasar por hermanas.
— ¡Kagome! ¡¿Qué estás haciendo aquí?!
— ¡Tu familia no dijo que vendrías este año!
Todas hablaban al mismo tiempo, y era molesto para que Inuyasha tratará de seguir el ritmo que no tenía ningún tipo de pausa o descanso. Dejaron caer preguntas al azar como si de un interrogatorio se tratará sin prestar atención a su presencia, por lo que dejó de prestar atención mientras las cuatro mujeres hablaban y siguió mirando los alrededores con curiosidad. Estaba tan ensimismado que ni siquiera se dió cuenta de que el parloteo había cesado y todas lo miraban con profunda concentración.
— ¿Qué?— ¿estaban hablando con él?
— ¿Estás bien? ¿Estás cansado del viaje?— Kagome parecía preocupada.
— No, lo siento me distraje un momento. ¿Qué decias?
— Cariño te presento a mis amigas Yuka, Eri y Ayumi, pasamos prácticamente toda nuestra infancia y adolescencia juntas. – Se giró para mirar a sus amigas— Chicas, mi novio Inuyasha.
— ¡Wow! ¡¿Novio?!
— Te fuiste a la ciudad y encontraste un novio muy guapo. ¡Bien hecho! – exclamó la de cabello ondulado.
— Definitivamente tengo que ir pronto yo también.
No tenia idea de quién era quién mientras parloteaban, y no era que necesariamente le interesará, era probable que no las viera muy seguido o en determinado caso nunca las volvería a ver.
— Un placer conocerlas a todas. – rápido y directo.
Inuyasha se inclinó sin saber que más decir. Kagome seguía sonriendo sin soltar su mano como lo haría una pareja y lo más sorprendente de todo es que no se sentía incomodo con el contacto, se sentía natural para ellos. Las dejó charlar unos momentos más mientras seguía distrayéndose con los hermosos alrededores. Definitivamente la casa de Kagome estaba en un lugar que valía la pena visitar más a menudo, tal vez…
— ¡Vamos Kagome solo en un beso!
— ¡Eri! ¡Eso es morboso viniendo de ustedes!
— Es un simple beso, no seas dramática.
Eso definitivamente lo regresó a la charla que estaba sucediendo frente a él, ¿Quién quería un beso? Miró a Kagome en busca de respuestas pero está evitaba su mirada mientras estaba sonrojada fulminando con la mirada al piso. Las trillizas al frente lo escudriñaban con diferentes grados de emoción, picardía y esperanza. ¿Qué estaba pasando?
— Vamos Kagome, solo un beso. Queremos presenciar una verdadera escena romántica de película con un chico citadino.
Cuando cayó en cuenta de lo que estaba pasando dió un paso atrás y miró con pánico a todas las mujeres, ¿Querían verlos besarse? ¿Qué tipo de fetiche tenían en los pueblos pequeños como este? Estaba seguro de que la mujer que lo sostenía se negaría fervientemente… hasta que la vió suspirar, cuadrar sus hombros y mirarlo con determinación. ¡¿Qué demonios?!
Perdón por la tardanza en actualizar, la semana pasada tuve un cuadro de obsesión con unos manwhas que olvide por completo hacer cualquier otra cosa.
Espero que disfruten esté capítulo y mil gracias por sus bellos comentarios!
