Capítulo 14


Ya habían pasado 6 meses desde que los Omegas habían huido del Reino Unido y Sirius Black estaba buscando afanosamente en la biblioteca de su familia y los baúles de las bóvedas. Habían logrado localizar a un Beta que había ayudado a huir a los Omegas pero no solo fue inútil intentar sacarle información, sino que era imposible.

Todos los que ayudaron en su escape, aquellos que se habían quedado atrás, solo podían compartir información con aquellos que cooperaron y habían hecho los votos de proteger la información y solo compartirla entre aquellos que habían hecho dichos votos. Incluso con veritaserum hubiera sido imposible.

Los familiares y amigos que quedaron atrás, querían decirle a sus Omegas que eran libres de volver, que jamás volverían a ser oprimidos, pero no habían escuchado nada sobre ellos. Escribieron numerosas cartas tanto con hechizos rastreadores como sin ellos, pero las cartas no salían del país.

Lo que sea que hicieron los Omegas, funcionaba a la perfección para no ser encontrados.

Sirius se había enterado por accidente de la boda de Hermione Granger y Viktor Krum e intento ser invitado a la boda que sucedería en casi un año, pero los involucrados en la planeación y los invitados, cerraron filas. La información sobre la boda estaba más protegida que si hubiera sido información clasificada por la Reina.

Luego, Sirius intento obtener información de Ron, el que fuera el mejor amigo de Harry pero incluso él no sabía nada y aclaro que aunque supiera, no le diría nada a Sirius. Había aprendido su lección y nunca volvería a traicionar la confianza que depositara Harry en él.

Sirius estaba desconsolado y deprimido. La vida sin su esposo y cachorros estaba siendo insoportable. Incluso había roto todas las botellas de su cava. Había intentado beber para olvidar pero ni siquiera dio un sorbo antes de destruir todo en un arranque de furia seguido de un llanto desgarrador.

Sabía que le había hecho mucho daño a su familia pero jamás pensó que preferirían huir que vivir con él. En su apuro por mantener las cosas como estaban, jamás considero lo que hubiera sucedido si sus hijos hubieran sido Omegas desde el principio. Él sabía que les hubiera empezado a presentar prospectos de pareja y no los hubiera escuchado, y ellos lo sabían también.

No le temían a que los maltratara, sino a que ya no los viera como sus pequeños, como sus hijos, como aquellos niños a los que les prometió luchar contra todo y todos por verlos sonreír. Y había sido un pésimo esposo con Remus estos meses, poniendo al Status Quo por encima de las personas.

James había pecado de lo mismo y ahora mismo estaba trabajando en el Ministerio para instaurar los cambios pactados durante la histórica sesión de 3 semanas. James esta vez había dado un paso adelante y sabía que antes de pedir disculpas, debía hacer cambios para que sus hijos nunca más sintieran que ya no tenían opciones.

Lily finalmente decidió ir a terapia y encontró que su terapeuta era un Squib, por lo que pudo ser totalmente honesta. Ella le habló al hombre sobre todas sus inseguridades y como su hermana la había acusado de haberse convertido en una persona diferente, más snob y con ínfulas de "superioridad". El psicólogo le dio la razón a Petunia, pero le dijo a Lily que el primer paso para mejorar era hacerse consciente del problema y ella ya había dado ese paso.

Lily llevaba varias sesiones ya y finalmente había aceptado que hizo varias cosas horribles, incluso contra ella misma. Tenía ansiedad pero no al nivel que muchas personas. Su ansiedad de no ser suficiente provenía precisamente de esa idea que tenía sobre "ser poca cosa" para James, quién era "superior" a ella. Nada más alejado de la realidad, ya que James si era más rico que ella, pero de ninguna manera era superior a ella.

Muchas de las inseguridades de Lily le impidieron madurar correctamente y se convirtió en ama de casa sangrepura por creer que de esa forma podría disminuir un poco la brecha percibida con James. James jamás le había prohibido trabajar, ni directamente, ni veladamente. James ignoraba que su esposa quería trabajar y ella nunca le dijo que quería hacerlo.

Ahora era una mujer casi en sus cuarentas y con dos hijos, una adolescente y un adulto que recién entro a la adultez muggle. Los cumpleaños de Iris y Harry fueron un asunto triste porque no hubo hijos a los que consentir ese año.

El psicólogo Squib, viendo que Lily se había beneficiado de la terapia, pensó que era momento de ofrecer sus servicios al público mágico y pagó por un anuncio en El Profeta. Dicho anuncio le trajo nueva clientela, incluyendo a la matrona Weasley, quién fue instada por su hijo menor a hablar con un profesional.

Molly Weasley también sufría de ansiedad pero en un grado muy superior al de Lily Potter. La ansiedad de Molly era más cercana al Estrés Post-Traumático que a la Ansiedad normal o Generalizada.

La ansiedad de Molly era tan paralizante que cuando uno de sus hijos hacía algo que ella consideraba era peligroso o los alejaría demasiado de casa, hacía cosas que los lastimarían emocionalmente o tendría estas regresiones a los días de la guerra y diría cosas hirientes.

Ella le dijo al psicólogo que últimamente no se sentía tan… sola y eso era gracias a su hijo menor. Le hablo de como este chico había dado un enorme cambio gracias a que su mejor amigo y la novia que tuvo, lo dejaron de lado por sus ideas retrogradas y una nueva novia le hizo ver en que se había equivocado. Todo esto hizo que él mismo llegara a las conclusiones correctas y últimamente le había estado ayudando en casa.

No es que no estuviera buscando trabajo, sino que su "Ronnie" estaba pensando seriamente a que se quería dedicar. Antes quería ser jugador de quidditch, pero últimamente pensaba en que quería más bien hacer tácticas deportivas. Ella le había aconsejado jugar profesionalmente de todos modos, porque muchas jugadas sonaban bien en papel pero solo era posible ver si eran factibles hasta que estuvieran siendo ejecutadas.

Ron decidió hacerle caso a su mamá y había estado participando en las pruebas generales de fichaje de varios equipos, incluyendo su favorito, los Chudley Cannons. El psicólogo hizo que Molly hablara más sobre sus hijos y le dijo que a pesar de sus defectos y regresiones, había hecho un excelente trabajo como madre junto a su esposo, cuando todos sus hijos habían logrado tener sus sueños tan nítidos y fueron tras ellos.

Fue gracias a estas dos pacientes que un día, Sirius Black apareció en su consultorio y empezó su terapia. James le siguió unos días más tarde. El pobre psicólogo tuvo tanto éxito que tuvo que pedir ayuda otros compañeros squibs que se habían decidido también por la psicología y fue enviándoles a los pacientes que no tenía tiempo ya de atender por lo apretada de su agenda.

Tan solo un mes después, Lucius Malfoy llegó al consultorio con una propuesta de negocios y todos estos psicólogos fueron recolocados en un edificio muggle pero que solo atendería magos. Sería la primera clínica de terapia psicológica y psiquiátrica. A futuro, se proyectaba tener algún tipo de sanatorio permanente para aquellos que tenían problemas mentales.

Sirius, finalmente, luego de tanto buscar, encontró algo que podría ayudarle a encontrar a su esposo e hijos pero esta vez lo haría solo. No quería involucrar a James hasta que no viera si era posible.

Era un antiguo ritual de localización y el pergamino parecía ser tan antiguo como Hogwarts, así que había una posibilidad de que las barreras modernas y votos pudieran ser evadidos. Dado que las leyes sobre las Artes Oscuras se habían relajado, ya no era un delito hacer rituales y Sirius Black decidió dejar de lado sus prejuicios sobre ellas y empezó a juntar los elementos rituales.


Para el solsticio de invierno, Sirius ya tenía todas las cosas requeridas por el ritual y aunque fue extraño para él sentir las vibraciones de la magia, no se amedrento y derramó su sangre como indicaba el texto. Cuando la sangre tocó las hierbas ardiendo, un humo extraño se abalanzo sobre él y Sirius estuvo alucinando durante un buen rato.

Durante ese tiempo, Sirius vislumbro la vida de Remus y sus hijos. Remus estaba feliz mientras escribía los primeros capítulos de un libro y había una chica que le ayudaba con unos dibujos. Sus hijos estaban estudiando su Sexto Año en una escuela desconocida, pero donde incluso había algunos seres feéricos a su lado.

Lo que le dio una pista de dónde empezar a buscar fueron dos detalles, con Remus había un frasco vudú para la buena fortuna y en la escuela de sus hijos había un escudo con una serpiente cornuda. Si bien el vudú no era exclusivo de un solo país, había un solo país donde había una escuela cuyo escudo tenía una serpiente cornuda.

Sirius pensó que su esposo e hijos estaban en Estados Unidos. Sus hijos debieron matricularse en Ilvermorny y el vudú le dio el indicio de que Remus estaba en Louisiana. Era más probable que en Nueva Orleans, ya que es donde se concentraba la mayor cantidad de magos vudú y si no estaba ahí, seguro alguien podría reconocer el trabajo del frasco.

Pagando bastante a un investigador estadounidense, Sirius confirmo sus sospechas para el primer día del siguiente año, su esposo e hijos si estaban en Estados Unidos y ya tenían la ciudadanía. Remus trabajaba escribiendo libros para niños y sus hijos estaban matriculados en lo que sería su Sexto Año en Ilvermorny, mientras su ahijada Iris estaba matriculada en su Séptimo Año.

Como no había mandado a investigar a Severus o Harry, desconocía que estaban haciendo, pero Sirius estaba seguro de que donde estuviera Remus, estaría Harry. Además, tenía la sospecha de que Regulus sabía lo que iba a pasar y seguramente participo activamente.

Como fuera, Sirius hizo todos los arreglos ara irse de Inglaterra… a la manera muggle. Amaba a James pero no quería que este se enterara de sus planes y que estos le explotaran en la cara. Primero quería asegurarse de que su esposo e hijos estaban bien y luego ver la manera de hacerse perdonar. No quería elevar las expectativas de su mejor amigo y regresar derrotados a casa.

No, lo mejor era hacer esto solo y primero sondear el terreno. Además, cabía la enorme posibilidad de que ni Remus, ni sus hijos, quisieran regresar a Inglaterra. Si, las cosas estaban cambiando, pero ¿Qué persona cuerda regresaría al lugar donde más temió por su vida?


Remus sabía que este día iba a llegar, pero sinceramente, pensó que sería Lily quién los encontraría primero de esos tres y no su siempre visceral, despistado y obtuso marido. Sin embargo, recordaba que su marido era una persona terca y una vez que tenía una idea en la cabeza, nada ni nadie haría que desistiera de ella.

Como fuera, no hubo este despliegue de lloriqueos o suplicas, o peor, un intento de atraparlo y llevárselo a rastras hasta Inglaterra. En su lugar, Sirius se veía miserable. No se veía sucio o descuidado. Era más bien como si hubiera tenido una larga enfermedad y hoy fuera el día en que fue dado de alta.

Sirius apareció frente a las oficinas de la editorial para la que estaba trabajando. Ese día fue a una junta para decidir la portada de su primer libro. El lanzamiento se tenía previsto para dentro de dos meses, pero Remus ignoraba la gran cantidad de trabajo asociado a un libro que nada tenía que ver con escribirlo. Los ilustradores no solo le preguntaba sobre la historia de los personajes, sino sus pensamientos internos.

Cuando observo varias ilustraciones de los personajes, entendió las extrañas preguntas. Ciertamente ciertas imágenes evocaban ciertos sentimientos que ayudaban a conectar con el personaje. Si, era un libro para niños, pero los niños eran personitas inteligentes que se daban cuenta a veces más rápido de los estados anímicos, que muchos adultos. Esas imágenes debían ser las adecuadas.

La portada, el tiraje, el marketing… Remus encontró que esta profesión era bastante compleja y sin embargo, todo este ajetreo le estimulaba. Así que fue un shock que luego de una junta tan productiva, su marido estuviera frente al edificio.

No hubo fuegos artificiales, ni ira, ni llantos. Fue tan anticlimático que Remus se preguntó si este era el Sirius Black con él que se casó.

Como fuera, Remus no dijo nada, simplemente asintió hacia su esposo y lo fue guiando hacia uno de sus cafés favoritos. El lugar tenía cubículos que les proveerían de cierta intimidad. No quería llevar al hombre a su nuevo hogar. Cierto que vivió un tiempo con Regulus y Fenrir pero ahora tenía su propio hogar y de sus hijos. No quería que Sirius estuviera ahí hasta no saber que intenciones tenía.

Remus, contrario a muchos Omegas que se desentendieron del Reino Unido, si se había mantenido al día con las noticias y si bien pensó que finalmente su nación estaba sacando su metafórico trasero del culo, aún estaban muy lejos de ser un lugar al cual pudieran regresar. Porque ¿De qué servía derogar unas leyes si la discriminación seguía ahí?

Había miles de ejemplos de los que echar mano sobre eso. Derogar o abolir algo, no necesariamente hacía que las cosas mejoraran para la minoría oprimida.

Una vez llegaron al lugar, Remus pidió un cubículo para dos y la camarera, viendo la cara de perro apaleado de Sirius, entendió que era una discusión de pareja y los guio a un cubículo especialmente alejado que les daría privacidad. Remus agradeció a la mesera y aprovecho para pedir un chocolate caliente y un café con leche y un poco de amaretto.

Sirius sintió su corazón calentarse, su esposo recordaba cómo le gustaba su café y lo pidió para él. Quizás aún había esperanzas para ellos. Ninguno de los dos habló hasta que la mesera regresó con el pedido y se retiró de ahí.

Aun así, pasaron varios minutos en silencio y fue Remus quién rompió el silencio. Normalmente Sirius hubiera saltado a hablar apenas estuvieran solos. Que le permitiera a Remus marcar el ritmo de la conversación era una buena señal en los libros del hombre lobo.

—No vamos a volver—Dijo Remus con tranquilidad.

Sirius hizo una mueca de dolor, pero sabía que esto es lo que iba a pasar—Lo sé. Me he portado horrible con ustedes y…—Remus no lo dejó continuar.

—No es por ti—Sirius parpadeo confundido… más que de costumbre. Remus suspiró, conocía bien a su marido y sabía que tenía que elaborar más su respuesta—Sirius, no vamos a volver porque aunque sabemos que han derogado esas leyes horribles, aún estamos muy lastimados por ese poco más de un siglo que existió esta división entre "magos con derechos plenos" y "magos Omegas". No cambias una mentalidad popular en solo unos pocos días, semanas o meses—.

—¿Crees que si regresan, no solo tú y los niños, sino todos ustedes, volvería a ser como antes? —Sirius era normalmente poco suspicaz pero tenía estos momentos en que captaba la esencia de las cosas con una facilidad asombrosa.

Remus asintió—El Reino Unido aún no ha padecido realmente lo que significa vivir sin nosotros. En este momento es una gran incomodidad y probablemente piensen que una vez que regresemos, todo será normal y feliz. Si, nos darán "nuestros derechos" pero no serán respetados. Sucedió antes, aquí mismo con los no mágicos—.

Sirius ahora estaba confundido otra vez—¿De qué hablas? —.

—Sirius, ¿Sabes que la esclavitud se abolió en 1863 pero fue solo hasta poco después de 2 años que se enteró todo el país? —Sirius medio asintió, recordando un poco cuando Remus le contaba algunas cosas de historia general—Bueno, ¿Sabías hasta que año los afroamericanos tuvieron "plenitud de derechos" igual a los demás? 1954—Sirius estaba boquiabierto—No acaba ahí. Fue solo hasta 10 años después que se derogaron la totalidad de leyes segregacionistas y solo se les dio derecho al voto hasta un año después. Sirius, fue poco más de un siglo para que todos fueran iguales ante la ley y ni así ha acabado—.

—¿A qué te refieres? —Sirius no entendía a donde iba esta conversación pero el mejor curso de acción era dejar que Remus expresara todo lo que estaba en su cabeza.

—Sirius… el racismo sigue activo. Ya no es abierto como durante las leyes Jim Crow (que eran las leyes segregacionistas) o donde ni siquiera se consideraran ciudadanos de segunda categoría como durante la esclavitud (y eran considerados bienes), pero sigue ahí, nadando entre los ciudadanos. Aunque la ley los marque como iguales, las leyes las ejecutan los hombres—.

—Pero no es nuestro caso, somos magos y tenemos otras herramientas…—.

—Sirius, hasta apenas hace un par de décadas, aun había gente que abogaba por la caza de muggles y se postulaban leyes para prohibir la entrada a los nacidos muggle. Estas leyes que nos restringieron, ni siquiera sabíamos que existían. Siquiera los afroamericanos sabían que era la ley la que los mantenía atados y entonces pugnaron por derogarlas. Nuestro gobierno deliberadamente nos oprimió, restringió y mantuvo en la oscuridad para evitar que nos rebeláramos. Lo lograron, preferimos rendirnos con ellos e irnos de ahí—.

Sirius no dijo nada durante varios minutos, solo tomando sorbos de su café y dando algunas miradas soslayadas hacia su esposo. el trabajo le había sentado maravillosamente a su esposo. Cierto que lo había visto muy feliz en su rol de amo de casa, pero había ahora una chispa de algo intangible en los ojos de Remus, aunque se viera algo cansado y un poco sin haber dormido mucho.

Orgullo. Esa era la chispa en los ojos de Remus.

No orgullo como cuando nacieron Leo y Aquarius, sino orgullo de saber que habías hecho algo especial por ti mismo, algo que solo tu podías hacer. Remus estaba descubriendo que era bueno en muchas cosas además de ser padre de sus hijos y esposo de Sirius.

Sirius había escuchado toda esta explicación de Remus y estaba meditando sus respuestas. Si era sincero, Remus tenía enormes puntos en su argumento. El haber derogado las leyes no garantizaba inmediatamente un país donde los Omegas fueran a ser tratados con dignidad. Aun existían muchos prejuicios contra ellos, fruto de aquellas leyes ocultas. Además estaban los deseosos de que todo volviera al estado anterior.

No, lo mejor para los Omegas a futuro era no volver al país en muchos años y quizás, nunca.

Mientras Sirius pensaba en esto, Remus todavía estaba preparando su estocada final—Yo que tú, regresaría a Inglaterra—Sirius pareció lastimado por esto—No me malentiendas, Sirius. Te amo, a pesar de todo. Siempre voy a ser tu esposo y nuestros hijos seguirán siendo tus cachorros. Estamos dolidos, heridos por tu falta de acción y por tener este comportamiento atroz contra tu ahijado y por haberte negado a buscar a Reg y arreglar las cosas, pero no es la razón de por qué te estoy diciendo que regreses al Reino Unido—.

—¿Entonces, por qué? —El café ya se había acabado y Remus llamó a la mesera para pedir otra orden igual y un pastel de queso junto con uno de chocolate. La orden fue rápida y la mesera volvió a irse para darles privacidad.

Los postres y los cafés estaban sobre la mesa y Sirius espero a que Remus continuara—Sirius, tú y yo sabemos que esto no ha acabado. Si, derogaron las leyes. Si, aún hay mucho racismo. Pero lo peor no será eso. Iban a básicamente esclavizar legalmente a las mujeres Beta para ser amas de casa e incubadoras de bebés, un papel que nos habían asignado y todo porque los Omegas desaparecimos. ¿Qué crees que harán cuando nazca un nuevo Omega dentro de sus fronteras? ¿Si quiere ir a vivir a Francia? ¿O casarse con alguien fuera del Reino Unido? —.

Sirius medito esto un tiempo y entonces lo entendió. Si, las leyes que restringían a los Omegas sobre sus trabajos y educación se habían derogado, pero aun podían poner leyes restrictivas sobre ellos como donde debían residir "por su seguridad". Él, como miembro del Wizengamot, podía ayudar a evitar esas leyes pero no si se quedaba en Estados Unidos. Sirius se sentía desgarrado porque quería recuperar a su esposo pero no podía abandonar el Reino Unido sin sentir que estaba dejando a todos esos futuros Omegas en un lugar peor.

—¿Me esperaras? —Fue todo lo que Sirius pudo decir. Remus tenía razón. Siempre la tenía. Sirius no podía ser otra vez este hombre que prefería voltear hacia otro lado y dejar que las cosas pasaran mientras no lo afectaran a él o a los suyos. Podía venir aquí, a Estados Unidos, y vivir con su familia. Podía traerse a James y Lily. Podían construir una nueva vida para ellos… pero ¿Qué pasaría con todos los magos y brujas desconocidos que se quedarían en el Reino Unido, con Lores estúpidos que seguirían tratando de oprimir a los Omegas y cualquiera que consideraran débil?

Su familia jamás le perdonaría huir… él mismo no se perdonaría.

Remus vio la resolución en su esposo y le tomó la mano. Sirius jadeo al ver esta acción y observo a su esposo. Este le sonreía beatíficamente y asintió en aceptación. Sabía que Sirius haría lo correcto y eso lo lleno de esperanzas sobre su futuro. Quizás podrían sobrevivir a esto.

Pidiendo la cuenta, sin soltar la mano de su esposo, Remus solo espero unos minutos y pago la cuenta, antes de levantarse y arrastrar a Sirius con él. Sirius debería estar yéndose pronto pero Remus no pensaba dejarlo entrar a su casa aún. Quizás en su siguiente visita podría planteárselo. Por el momento, todo lo que quería Remus era volver a reconectarse un poco con su marido y lo arrastro a un hotel donde recordaron aquella noche de bodas donde finalmente se sintieron libres de amarse.


De vuelta en Inglaterra, Sirius estaba revisando la minuta de la reunión del Wizengamot. Una reunión de las muchas planeadas pero a las que Sirius no asistía en general. James asistía a todas las que podía pero a veces los avisos no llegaban. Sirius fue el que planteo que quizás estaban tratando de colar leyes restrictivas pero de otra índole.

James empezó a revisar las minutas y se dio cuenta que Sirius tenía razón. Había dos proyectos de ley para que los Omegas no pudieran salir del Reino Unido sin "una buena razón", lo que se limitaba a muertes de familiares o compromisos familiares transitorios. Si era los últimos, sus pases de salida estarían sujetos a la decisión de un jurado. El otro proyecto de ley, decía que los arreglos matrimoniales, fueran formales o informales, debían ser juzgados por el Wizengamot, dada la rareza del género y su necesidad de protección.

Sirius estaba furioso, James estaba aún más. Las cosas no iban a cambiar a menos que hubiera algo radical. Fue entonces que Lily, que hasta el momento se había mantenido alejada de la conversación de esos dos en su sala, les sugirió llevar esto con la prensa. Tecnicamente, las minutas eran públicas, así que no podían acusarlos de traición, ya que no se trataba de información protegida.

Ambos hombres pensaron que eso era brillante, ya que sabían de un par de reporteras que habían sido las que destaparon el intento de darles el rol de los Omegas a las mujeres Beta. Rita y Melinda iban a adorar esta información.


El escándalo tomó no solo los titulares del Reino Unido, sino que sus repercusiones se sintieron hacia varios países de la Confederación Internacional de Magos. El hecho de que varios Lores no habían aprendido la lección y planeaban volver a colocar una correa sobre Omegas que aún no habían nacido, sacudió bastante a los miembros de la Confederación.

Nunca habían tenido un caso así, donde no solo se reprimiera a una parte de la población, sino que se insistiera en seguirlo haciendo, aunque con diferentes "razones". Las razones que se esgrimían en el artículo eran vagas y pobres en su argumento. Si se analizaban con cuidado los proyectos de ley, se notaba que el patrón era no dejar que ningún Omega abandonara el Reino Unido fácilmente o pudiera casarse con nadie fuera del mismo.

Si, podrían trabajar, estudiar y dedicarse a cualquier cosa que quisieran… pero estarían condenados a solo casarse con magos o brujas del Reino Unido o permanecer solteros. Con el tiempo, empezarían a colarse leyes que en apariencia eran para proteger a los Omegas pero que terminarían siendo una correa tan o más apretada que las leyes que se habían mantenido ocultas hasta no hace mucho.

La solución a la que se llegó es que los Lores que habían puesto su nombre en aquellos proyectos de ley, fueron destituidos de sus puestos y se puso a sus hijos en su lugar. Para hacer esto, el Wizengamot destituyo a todos de sus puestos y luego varios empleados del Ministerio fungieron como testigos cuando volvieron a obtener sus asientos al tiempo de que juraban por su vida y su magia con el nuevo juramento del Wizengamot.

El nuevo juramento obligaba a cualquier miembro a velar por el bienestar de la mayoría, no aceptar sobornos, buscar siempre el beneficio a la comunidad, apoyar sus proyectos de ley con pruebas sólidas o al menos suficientemente sólidas, entre otras cosas y lo que hizo que muchos vieran que esta situación no volvería a repetirse, ahora las sesiones del Wizengamot debían llevarse con el quorum completo. Solo se podía evitar la asistencia por causas de fuerza mayor como una enfermedad propia o familiar, una emergencia de ese mismo tipo o un fallecimiento, propio o familiar también. Si alguien faltaba a la sesión, esta tendría que ser pospuesta hasta averiguar quién faltaba.

Con este nuevo formato, aquellos con un asiento que trabajaban, tuvieron derecho a una dispensa en sus trabajos, para los días que habría sesiones. También se legislo que el Wizengamot tendría solo ciertas fechas para legislar y las sesiones extraordinarias requerían un hecho sin precedentes como el que se suscitó cuando los Omegas tuvieron su éxodo.

Sirius y James estaban aliviados de ver que las leyes no iban a pasar. Sirius tenía que hacérselo saber a Remus y ver qué opinaba su esposo ahora. Sirius no se hacía sueños imposibles de perdón, pero el hecho de que Remus y él pasaran ese día juntos, le daba esperanzas sobre el futuro.

Por el momento, tenía que seguir trabajando en hacer de este país, un mejor lugar para que su familia se sintiera segura de regresar… aunque fuera de vacaciones. Además, no le había dicho nada a James sobre que encontró a Remus. No quería que su amigo tuviera ideas de ir por Harry e Iris y arrastrarlos de vuelta. Sus ahijados merecían tomar sus propias decisiones e Iris acababa de cumplir su mayoría mágica.

Tampoco pensaba decirles a sus amigos que Iris resultó ser una Beta. Una Beta que pasó la mayoría de edad para revelarse, causaría un revuelo parecido al que tuvo Harry con su revelación de género secundario. Era mejor que esa información permanecería en secreto.


Remus estaba vomitando lo que parecía ser su desayuno. No había estado reteniendo nada por semanas y decidió hacerse un chequeo con un Sanador. Salió de la clínica en un estado de estupefacción y solo pudo pensar en beber un poco de té. Una vez que ingreso a un café que vio y tuvo su taza de té de manzanilla frente a él, Remus volvió a sacar su diagnóstico.

Embarazado. No era inusual en su mundo embarazarse a edades que para los no mágicos serían potencialmente riesgosas, si él fuera mujer, pero jamás pensó que se quedaría embarazado por solo una vez y fuera de su celo, cuando luego de Leo y Aquarius lo habían intentado varias veces después y jamás pasó. Sirius y él ya habían interiorizado que su destino era solo tener a sus dos hermosos cachorros. Entonces ¿Por qué estaba de nuevo embarazado?

Recordó esa noche hace varias semanas y la forma en que Sirius se la pasó diciéndole entre besos que lo amaba más que a su vida, como extrañaba su aroma y su presencia, como sentía el vacío de su familia… todo esto mientras lo embestía una y otra vez contra la cama… o la ventana… o la pared… o la regadera… o toda la habitación del hotel.

Tan solo de acordarse, Remus se sonrojo profusamente y decidió calmarse con su té que ahora estaba tibio. Aparentemente, su vínculo decidió que era tiempo de un nuevo bebé. ¿Sería porque estaba sufriendo del nido vacío ahora que sus cachorros ya estaba vinculados? Aun no le había dicho eso a Sirius, pero esperaba que los gemelos le gustaran lo suficiente para que no quisiera castrarlos. Quizás era porque finalmente se sentía seguro… Remus no lo sabía, solo sabía que la próxima vez que viera a Sirius, este iba a desmayarse cuando le diera la noticia.

Una vez en casa, Remus encontró una carta que ya había sido investigada por su elfo doméstico. Era de Sirius. Le decía las nuevas disposiciones del Wizengamot, como estaban haciendo algunos cambios en los negocios y que extrañaba a su lobito. Remus sonrió ante esos párrafos. Luego estaban algunos donde Sirius le describía lo que quería hacerle y Remus pensó que necesitaría un baño frío.

Al final, Sirius le dijo que iría a Estados Unidos dentro de un mes. Necesitaba espaciar sus visitas porque no quería atraer la atención de James o Lily, o en su defecto, nadie que pudiera rastrearlos. Remus sabía que su esposo finalmente estaba tomando los pasos correctos y tenía mucho camino que recorrer antes de que obtuviera el perdón total, pero por el momento, no se veía a si mismo negándole su afecto a su compañero eterno.

Además, había una nueva vida creciendo en su vientre y tendría que contarles a todos las noticias.


—A ver, si entendí bien, Sirius te localizo, hablaron un poco, le advertiste que esto de las leyes coercitivas aún estaba lejos de acabar y luego te fuiste con él a un hotel a follar como conejos ¿Estoy en lo correcto? —Severus estaba agarrándose la nariz, intentando evitar que le diera una migraña.

—Bueno, sí, básicamente pero es porque conozco a Sirius mejor que nadie. Si hubiera querido arrastrarnos al Reino Unido, hubiera traído refuerzos o al menos, hubiera traído a James y Lily—Harry iba a decir algo, pero Remus estaba en lo correcto. Sirius, si hubiera sido el de siempre, hubiera intentado primero arrastrarlo que hablar con Remus.

Severus finalmente pudo ver el punto. Sirius Black era un niño mimado pero amaba a Remus y a sus hijos. Si se tratara del Black que él conocía, hubiera simplemente aventado un traslador hacia Remus en vez de hablar con él o seguirlo tan obedientemente como había descrito. No, Sirius Black no quería hacer infelices a su esposo e hijos, quería que ellos regresaran por su propia voluntad. Y si hubiera compartido sus hallazgos con James, este ya hubiera ido a buscarlos.

—Bien, entonces, estamos a salvo de que nos arrastren al Reino Unido y aparentemente tu esposo logró advertir a James Potter de esto y junto a Lily, idearon sacar el gato de la bolsa mediante Rita Skeeter y Melinda Brown. Todo correcto, y ahora que nos topamos con el hecho de que estas esperando un nuevo miembro en tu manada—Severus terminó su discurso con este último hecho.

Harry estaba muy feliz por Remus. Sabía cuánto sus padrinos habían querido más hijos y que finalmente tuvieran otro era un motivo de celebración. Regulus estaba feliz por él y algo complicado por Sirius. Fenrir estuvo de acuerdo con Remus sobre que este Sirius Black no era el mismo que ellos habían conocido. Actuó más mesuradamente y con respeto hacia su Destinado que cuando parecía seguro de que su esposo jamás haría algo contra él. Corina pensaba que al parecer, Sirius había decidió apoyar a su esposo e hijos y eso solo eran buenas noticias.

De lo que todos estaban seguros es que Sirius probablemente podría ser un buen activo para su causa si lograban que Remus le convenciera de actuar como enlace entre la comunidad del Reino Unido y los exiliados. Aun necesitaban gente para proteger a los Omegas aun no nacidos para trasladarlos a ubicaciones seguras hasta que el país fuera un lugar donde pudieran regresar, aunque fuera por temporadas.