La consciencia de Dazai iba y venía, no podía abrir los ojos; una horrible pesadez se había apoderado de su cuerpo. Le dolía todo, sobre todo el vientre y sintió pavor, quiso cubrirlo con sus manos pero no tuvo la fuerza para hacerlo. A la lejanía escuchó voces afligidas, le pareció distinguir la voz de Kunikida pero no entendió lo que decía, quería hablar y gritar que protegieran a su bebé pero cayó en un profundo sueño del cual no pudo despertar.
Mientras dormía tuvo horribles pesadillas relacionadas con la muerte de sus padres. Ellos habían muerto en un accidente aéreo mientras regresaban de festejar su aniversario, Dazai había ido a esperarlos al aeropuerto cuando le avisaron que el avión había caído al mar y había varios heridos y pocos sobrevivientes. Rezo porque sus padres se encontraran a salvo pero cuando recuperaron el cadáver de Odasaku y el de Ango no apareció supo que no volvería a verlos jamás. Recordó que había intentado contactar a Fyodor para pedirle ayuda y que lo acompañara en ese terrible momento pero éste jamás le contesto, al contrario, le mando un mensaje bastante corto y Dazai desistió. En su lugar llamo a Kunikida que lo acompaño durante todo el proceso de búsqueda y recuperación de cuerpos, e incluso le ayudo a organizar el funeral de sus padres al que acudieron todos sus compañeros de la cafetería y su amigo de la universidad.
En sus pesadillas veía a sus padres luchar por sus vidas, podía ver sus rostros llenos de pavor mientras el fuego, el mar y una terrible oscuridad los engullía. Dazai gritó sus nombres mientras los veía morir sin poder hacer nada, quería llorar pero estaba demasiado débil para hacerlo, lo único que sentía era dolor; algo que él odiaba en demasía. Quería despertar pero sus ojos no cooperaban; ya no quería seguir viendo a sus queridos padres sufrir pero tampoco quería despertar porque sabía que algo muy malo le había pasado y aún no lo quería enfrentar.
Se lamentaba en la oscuridad cuando un aroma atrajo su atención, era fuerte y a la vez dulce; un tanto embriagador. Nunca había olido algo así pero lo hizo sentir mejor, alejó su malestar e iluminó su oscuridad con pequeños destellos rojizos como si fueran fuegos artificiales en cámara lenta. De pronto, escuchó unas pisadas y alguien tomó su mano, Dazai se giró para ver de quien se trataba pero por más que lo intento no pudo ver las facciones del rostro de esa persona, solo pudo ver sus labios que dibujaron una agradable sonrisa.
—Por fin te encontré. No tengas miedo, estás a salvo…— escuchó que le decía pero no pudo reconocer su voz; no le era familiar.
El desconocido lo jaló hacia él y lo envolvió en un abrazo. Dazai no hizo ningún esfuerzo en alejarse, se sintió seguro y cómodo en esos brazos, eran reconfortantes.
Las pesadillas se disolvieron y por fin pudo descansar entre los brazos de esa persona.
No supo cuanto tiempo había estado durmiendo cuando por fin pudo despertar. Giro de manera lenta su rostro para observar en dónde se encontraba. El cuarto estaba oscuro pero pudo distinguir que se trataba de una habitación de hospital. Con un miedo atroz deslizó su mano lentamente hasta su vientre y al sentirlo plano, frunció su rostro en una dolorosa mueca; sabía lo que había sucedido.
Quiso llorar pero las lágrimas no salieron de sus ojos, así que solo gimoteo en silencio durante un largo rato. Entonces su vista se fijo en el ventanal de la habitación y una idea se apodero de su mente. Vio la lluvia caer a través de la ventana y pensó que el clima era perfecto para hacer "eso".
Con cuidado de no hacer ruido se incorporó y notó que una de sus manos estaba atrapada por alguien que dormía a un lado de su cama. Era un hombre joven de hermosos y rizados cabellos rojizos. Tenía la mitad de su cuerpo recargado a su cama y su mejilla reposaba sobre su mano. Dazai enseguida lo reconoció era el hermano de Kyouka, Chuuya Nakahara, el petit alfa.
Supuso que Kyouka le pidió a su hermano que se quedara a su lado, lástima que ella no sabía que él no era de su agrado. Sucedió cuando se conocieron durante la escuela media, él se había escapado de su última clase para tomar una siesta en una de las ramas de los árboles que crecían detrás de la biblioteca. Dormitaba cuando escucho pisadas y observó a Chuuya sosteniendo un hermoso ramo de flores. Cuando lo vio le pareció sumamente tierno porque no conocía Alfas que fueran así de detallistas, incluso Fyodor era un poco estoico en sus demostraciones de afecto.
Lo había estado espiando en silencio hasta que vio a la odiosa de Yuan humillarlo. No pudo soportar como lo trataba y armo una treta para voltear las cosas a favor de Chuuya, incluso lo había besado aún con el riesgo de que Yuan se vengara de él y le contara a Fyodor lo que había sucedido. Por supuesto él había planeado negarlo todo pero no fue necesario, Fyodor comenzó a desaparecer y faltaba por largos periodos a clase; y Yuan perdió el interés en querer vengarse. A pesar de que creyó haber congeniado bien con Chuuya, éste parecía querer evitarlo a toda costa. Supuso que le había molestado que lo besara tan repentinamente y decidió dejarlo en paz.
Cuando conoció a Kyouka supo de inmediato que era su hermana menor y pensó en lo pequeño que era el mundo.
Dazai evocó una triste sonrisa al recordar sus días de preparatoria y pensó en Fyodor ¿si no se hubiera enamorado de él su vida sería diferente? Al menos, su bebé no hubiera muerto en su vientre…Pero pensar en eso ya no servía, no recuperaría a su hijo ni tampoco a Fyodor porque ni siquiera sabía en dónde se encontraba. Ahora que lo pensaba, había muchas cosas que no sabía de él, cuando se enteró que estaba esperando a su hijo intentó llamarle y mensajearle pero al no obtener respuesta, acudió a la dirección donde solía enviarle cartas solo para descubrir que se trataba de un lote baldío. Fyodor nunca lo había llevado a su casa o presentado a sus padres; solo los había visto una vez cuando recogieron a Fyodor del orfanato.
¿Acaso él… lo estaba ocultando?
No le había parecido raro hasta ese momento pero no pensó más en ello, después de todo ya no importaba; ya nada le importaba. Se quitó las agujas conectadas a sus brazos y se bajó de la cama, se aproximó con pasos torpes hacia la ventana, posó su mano en el frío vidrio y corrió la ventana. Afuera llovía pero también dentro de él había una tormenta. Asomó la cabeza afuera de la ventana y el aire frío le golpeo la cara, asomo el cuerpo y comprobó la altura a la que se encontraba. Una vez que determino que era lo bastante alto llevo a cabo su empresa. Se agarró como pudo del marco y se impulso hacia adelante para poner un pie en el pretil, cuando lo logró iba a impulsarse para saltar cuando un par de brazos rodearon su cintura. Dazai se giró sorprendido y encontró a Chuuya aferrándose a él con semblante molesto.
— ¡¿Qué crees que haces maldito?!— exclamó el pelirrojo tratando de regresarlo al interior de la habitación.
— ¡Suéltame!— gritó Dazai propinándole un par de codazos para que lo soltará sin dejar de aferrarse al marco de la ventana.
— ¡No lo haré!— gritó Chuuya forcejeando. — ¡No te mueras frente a mí bastardo!
— ¡Solo cierra los ojos y cuenta hasta cinco, no tardaré!— terció Dazai sin soltarse.
— ¡No puedo hacer eso!—Dijo Chuuya jalándolo con todas sus fuerzas logrando apartarlo de la ventana. Cargo a Dazai entre sus brazos y pensó en devolverlo a su cama pero éste lo empujó y pateó para que lo soltara.
— ¡No me toques maldito petit alfa!— le gritó y Chuuya al escuchar el mote con el que lo había bautizado en la escuela media sonrió de lado.
—Me alegro que me recuerdes maldito omega tamaño caballa— masculló—Ahora… ¡Deja de hacer estupideces o abrirás tus heridas!— lo regaño Chuuya intentando controlarlo.
— ¡No me importa, quiero morirme!— declaró Dazai tomándolo del cuello de su camisa para gritarle cerca de su rostro.
Chuuya se sintió impactado por sus palabras que no vio venir el cabezazo que le propino Dazai para desestabilizarlo. Ambos cayeron de manera irremediable sobre el piso y mientras Chuuya se sobaba el golpe, Dazai aprovecho para gatear de regreso hacia la ventana.
Con la vista teñida de rojo debido a la sangre que le salía de la frente Chuuya observó furioso como el castaño intentaba levantarse apoyándose de la pared para alcanzar el pretil. Chuuya de un brincó se puso de pie y sin poder controlarse, liberó sus feromonas haciendo que el ambiente se tornara pesado, Dazai enseguida se vio afectado por ellas y no pudo levantarse del piso. Quedo extendido sobre el piso y comenzó a agitarse. Chuuya se colocó arriba de él y lo tomo por el cuello de la bata que usaba.
— ¡Mira maldito! ¡Si quieres matarte no lo harás frente a mí! Me pasé toda la puta noche cuidando de tu cuerpo de caballa para que me salgas con esa estupidez— le reclamó Chuuya.
—Yo no te pedí… que lo hicieras…—pronunció Osamu con dificultad e intentó cubrir su nariz con sus manos pero fue en vano, las feromonas de Chuuya lo estaban afectando. No importaba que no pareciera un dominante, sus feromonas delataban su naturaleza.
—No me importa si me lo pediste o no; no quiero que me lo agradezcas. Pero quiero que pienses en esto ¡¿no deberías darle una sepultura adecuada a tu hijo antes de acabar con tu vida?!—Dijo Chuuya y Dazai lo miro con sus ojos bien abiertos. Se sintió tan mal porque olvido que su hijo debía encontrarse solo en una plancha fría. Entonces las lágrimas que no había podido soltar comenzaron a salir por las cuencas de sus ojos. Se quebró frente a Chuuya y a éste le pareció que se veía demasiado pequeño debajo de él. Sin poder resistirse lo atrajo hacia él para consolarlo y creyó que Dazai lo apartaría nuevamente pero no fue así, el castaño se abrazó de él mientras lloraba de manera desconsolada.
Chuuya moderó sus feromonas, se sentó en el piso junto con él y lo acunó entre sus brazos. Sobo su espalda mientras lo dejó desahogarse.
—Tranquilo, todo estará bien— le susurró el pelirrojo y Dazai se sorprendió de reconocer que la voz de su sueño era la de Chuuya.
Estuvieron un rato así cuando la puerta de la habitación se abrió y entro su madre acompañada del Señor Mori, un viejo amigo de la familia.
—Señor Mori, Mamá…— dijo Chuuya al verlos parados en la entrada.
Dazai se despegó de Chuuya suavemente y miró a los presentes con curiosidad, sus mejillas estaban enrojecidas y en sus ojos aún tenían rastros de lágrimas.
— ¿Chuuya… qué sucede aquí?— preguntó Kouyo sin podar crédito a lo que veía.
Chuuya tenía sangre seca en su rostro, el cabellos de ambos estaban desacomodado y la bata de Dazai se encontraba desacomodada.
— ¿Acaso tú …?—
—Mamá no es lo que crees…— Chuuya trató de excusarse e iba a explicarse cuando Dazai lo interrumpió.
—Es justo lo que cree señora— dijo Dazai de repente y le dirigió una mirada maliciosa a Chuuya. — Éste de aquí— señaló a Chuuya con su dedo índice. — Me está acosando…— hizo una pausa. — Sexualmente, por cierto.
—¡¿QUÉ?!— gritó crédulo el pelirrojo. — ¡Tú, maldita caballa suicida! ¡Evité que te tiraras por la ventana y así me pagas!
—Es tu castigo por usar tus feromonas para someterme…— le dijo Dazai de forma casi inaudible.
Chuuya iba a gritarle algún improperio cuando su madre camino hasta ellos como si flotar y le dio un fuerte golpe en la cabeza justo donde Dazai le había pegado antes. Kouyo ayudo a Dazai a levantarse, para comenzar a revisarlo.
— ¿Te duele algo mi niño?— le preguntó la pelirroja con suma preocupación.
— ¡Ma… me dolio!— se quejó Chuuya mientras se sobaba la cabeza y un chorro de sangre caía por su frente nuevamente.
Mori que observaba todo dese la entrada no pudo soltar una discreta risita. Esa mirada pícara en Dazai era igualita a la de Ran, su madre. Incluso el tono de su voz era similar al de ella.
—Debes regresar a tu cama. Ven, te ayudaré…— dijo Kouyo guiando a Dazai hasta su cama.
—Mamá, espera— dijo Chuuya limpiándose la sangre que le caía por los ojos. — Ese loco quiso aventarse por la ventana hace un momento, haz que lo amarren…— advirtió Chuuya.
— ¿Es cierto?—le preguntó Kouyo a Dazai pero antes de que pudiera responder el castaño se desvaneció.
Kouyo y Chuuya corrieron a socorrerlo pero Mori se les adelanto y antes de que terminara en el piso atrapo a su hijo
— ¿Qué le sucede?— preguntó Mori preocupado levantándolo en brazos.
—Colócalo en la cama y salgan— ordenó Kouyo mientras apretaba un botón para llamar a las enfermeras.
Mori la obedeció y colocó a Dazai nuevamente en la cama, tanto él como Chuuya fueron expulsados de la habitación mientras un grupo de enfermeras asistía a Kouyo.
En el pasillo Chuuya daba vueltas como una fiera enjaulada bajo la atenta mirada de Mori.
—Le dije que no debía moverse tanto…—murmuró Chuuya molesto mientras pasaba una mano por sus cabellos.
— ¿Tú sabes qué es lo que le sucede?— preguntó Mori curioso.
—Tuvo complicaciones durante su embarazo y sufrió un aborto...— confesó Chuuya metiendo las manos a los bolsillos de su chamarra. —
— Él es… un omega— soltó Mori sorprendido.
— ¿Eh? Si— dijo Chuuya sin prestarle mucha atención. Su vista estaba atenta a lo que ocurría adentro de la habitación. No supo explicar por qué pero se sintió ansioso por haberse separado de él.
—Y se encontraba en cinta…—dijo Mori regresándolo a la realidad.
—Así es…— dijo Chuuya pensativo y luego agregó. —Mi mamá mencionó que no sabía si él sería capaz de volver a embarazarse, se puso bastante mal. Todavía lo está pero él hace imprudencias como las de hace rato…— se quejó.
Mori se quedo en actitud pensativa por algunos minutos y su mirada se oscureció.
— ¿Chuuya… Acaso tú eres…?— Mori no pudo terminar su pregunta cuando observaron que Kouyo salió de la habitación.
Ambos se aproximaron a ella para que les informara como se encontraba Dazai.
—Él se encuentra bien, solo está agotado. No debe moverse, debe tener reposo absoluto. — explicó la pelirroja. — También ordene que le pusieran algunas amarras por si acaso intenta hacer algo imprudente de nuevo.
Chuuya suspiro aliviado al escuchar eso. Kouyo miro a su hijo con una sonrisa y notó el corte que tenía en su frente.
—Chuuya, ve a que te curen eso y regresa a la casa. Debes descansar— le ordenó Kouyo pero Chuuya parecía renuente a irse.
—Iré a que me curen pero… ¿Podría quedarme un poco más con él?— le preguntó a su madre y ella se sorprendió de su iniciativa.
—De acuerdo pero solo por una hora más, luego volverás a casa— le indico Kouyo y Chuuya asintió.
El pelirrojo se marcho con una enfermera que lo esperaba para curarle el golpe de la cabeza. Cuando se retiró Kouyo observó como Mori le dirigía una mirada asesina a su hijo, ya podía suponer el malentendido en su cabeza y le indicó que la siguiera a su oficina para hablar en privado.
