-oh, aquí vamos de nuevo-susurró la menuda mujer mientras arreglaba su cabello sin prisa esa mañana-Señor gafas oscuras, usted no debería estar bebiendo, es malo para su salud!
Se desplazó por el pequeño apartamento, dejó el cepillo y los binoculares en la mesita de la derecha y pronto continuó con su rutina diaria, desatendiendo por completo aquella distracción.
Durante el día respondió algunos correos electrónicos, revisó entre lo que tenía pendiente por atender lo más urgente, realizó algunas llamadas, concertó algunas citas y cuando el hambre le llegó de golpe, se preparó un sándwich de jamón que dejó a medio comer olvidado en la cocina, para atender una llamada.
La tarde transcurrió lento, tan lento, que parecía que las manecillas del reloj se detenían con ella a mirar por la ventana de vez en vez.
No es que no le gustara ese método de trabajo, pero echaba de menos salir de casa y estar en la oficina. Aunque aún le daba pánico tomar el tren. Meses atrás apenas había sobrevivido a un ataque en el metro y el trauma aún seguía ahí. Todo fue tan horrible que estuvo hospitalizada y a punto de morir por la herida que recibió.
Lo más impactante, es que ella no tenía idea del por qué de aquella agresión.
Había sido un crimen de género? Acaso fue confundida con otra persona? No había razón. Ni tampoco detenidos por su caso.
Y de solo acordarse, las manos aún le temblaban. Si tan solo hubiera podido seguir entrenando, seguro le hubiera dado una paliza a ese tipo.
Necesitaba distraerse y la noche por fin parecía querer cubrir la ciudad con su manto. Se estiró perezosa y ubicó su más básica herramienta junto al cepillo, sobre la mesa, donde lo había dejado en la mañana. Sonrió y se levantó para alcanzarlo.
El clima empezaba a enfriar así que tomó el suéter de lana amarilla y pasó los brazos y la cabeza por él, la pieza le cubría hasta los muslos.
-Así que, otra noche espiando, no?-Akane negó levemente tras el cristal de su ventana y recordó que apenas había comido y volvió a la cocina para prepararse algo liviano. No le apetecía mucho a decir verdad. Tomó un poco de fruta fresca del refrigerador y pronto la convirtió en una refrescante ensalada.
Al volver hacia su ventana, la noche ya había terminado de cubrir la ciudad entre sombras, por lo que se animó a salir al balcón abandonando los binoculares sobre la mesita auxiliar, no sin antes colocarse las zapatillas blancas que dejaba siempre junto a la puerta de cristal.
El viento fresco le meció el cabello, alborotándolo de inmediato y aunque estuvo tentada a regresar por una liga para atarlo, desistió de la idea.
Se sentó con las piernas cruzadas en forma de loto y se hizo con aquel dispositivo profesional, un antojo reciente al que apenas estaba aprendiendo a usar, el cual pasaba desapercibido por entre el follaje de su jardín, cambiando hacia su verdadero objetivo la de dirección de la cámara.
El bien formado cuerpo de su atractivo vecino del edificio de enfrente se dejó ver a la distancia envuelto en una toalla gris, con el dorso empapado aún por la reciente ducha. Akane soltó un suspiro y ajustó el zoom de la cámara para apreciarlo mejor.
-Cielo, cada día eres más atractivo-dijo mordiéndose el labio, deseando que la toalla cayese para conocer un poco más a su vecino.
Él iba sacudiéndose el cabello, despreocupado e ignorante de que alguien lo observaba complacida en la distancia.
-Ahí estabas-se dijo a sí misma-Eres tan apuesto. Pero no eres estable, has cambiado de novia tres veces en cuatro meses. Y yo soy muy celosa, no funcionaría.
Aquel hombre al que ella "cielo", pues eso era, había sido su primer avistamiento tan pronto como se mudó a ese edificio, meses atrás.
Tras varios minutos sin verlo, desvió resignada la dirección y pudo ver a la tierna parejita de viejecitos tomando el café en su balcón, abrazados y sonrientes.
Eran adorables, se veían muy enamorados a pesar de los años y ella los había bautizado como el señor y la señora Claus.
Se prometió algún día plasmarlos en una foto, cuando su talento con la cámara mejorase.
Pronto prefirió dejarlos a solas, ya se había asegurado de que estaban bien y honestamente ver su idílica relación solo la hacia sentirse más sola y triste.
Suspiró profundamente y dejó escapar el aire de sus pulmones muy despacio.
La soledad y la soltería la golpeaban con más fuerza que aquellos vientos de finales de mes, demasiado fríos como para seguir afuera.
Volvió a entrar para prepararse un té y aprovechó para tomar algunos snacks que le hicieran compañía, si es que volvía a salir a su balcón.
La tetera silbó anunciando que el agua ya había hervido y ella se sirvió una taza dejando en ella dos bolsitas de té de jasmín
Mientras endulzaba y revolvía la bebida concluyó en que era aburrido, demasiado aburrido estar sola tanto tiempo en casa, sin nadie más con quién compartir que las mariposas que llegaban a su "jardín", al cual finalmente regresó cámara en mano.
Y no es que ella estuviera realmente sola, tenía a Kasumi una vez por semana reuniéndose con ella en la cafetería, pensó mientras jugueteaba con la cámara enfocando y desenfocando objetivos distantes.
Y también estaba Ranko, su compañera de trabajo, tan enérgica y emocional contándole sus anécdotas nocturnas cada mañana cuando se conectaba por videollamada, en teoría, por trabajo pero la plática siempre derivaba en su divertida y alocada vida.
Pero aún así, la soledad de no tener a quien abrazar por las noches a sus 28 años la había llevado ahí, a su balcón, para espiar a sus vecinos en el tiempo libre que, ahora sentía, le sobraba. Pero no lo hacía con mala intención, lo hacía más que nada para cerciorarse de que estaban bien.
El señor de gafas oscuras, con su bufanda color café, tenía dos hijos, pero jamás lo visitaban. Pasaba las horas matutinas en la cafetería a dos cuadras, leyendo el diario y la tarde paseando a su pequeño perro en el parque.
Gafas oscuras era muy callado, muy tranquilo y parecía también un buen vecino, una buena persona. Su único problema radicaba en su gusto por la bebida y el hecho de estar enfermo debido a ella.
Los últimos exámenes no parecían ser buenos, uno de sus hijos lo visitó en el hospital y lo trajo de regreso a casa. Terminaron discutiendo solo Dios sabe por qué razón.
Ese vecino, era una de sus prioridades, de no ser por ella que lo vio desvanecerse en su apartamento, quizás no se habría salvado aquél día.
Las luces del sexto piso del edificio de la esquina se encendieron, llamando su atención y llevándose con ella la dirección de su cámara.
La imagen de aquel hombre no tardó en aparecer ante sus ojos. Separados por la distancia entre los edificios, el rostro de aquel desconocido parecía estar justo frente a ella. El corazón se le aceleró de miedo.
En una vista más amplia era la primera vez que habían tantas personas en aquel departamento. Por lo general estaba solo aquel hombre y su acompañante de turno. Está vez no era igual. Un tercero les hacía compañía.
- Desvistete -ordenó soltándose la corbata mientras se servía un poco de whisky. La joven mujer obedeció de inmediato.
Sus particulares ojos, cual gemas, dieron una larga y concienzuda mirada al cuerpo femenino.
El largo cabello negro cubría estratégicamente su desnudez y con cierta timidez sus manos intentaban cubrirse frontalmente entrelazadas.
-Es un degenerado!. Pobre chica, pero si es casi una niña-razonó evocando las ocasiones en las que presenció situaciones como esa con anterioridad y por reflejo tomó su celular con manos temblorosas.
-Debería llamar o no a la policía?.-se cuestionó dejándolo nuevamente en el piso. La batería estaba a punto de agotarse.
Monstruo- que así había decidido ella llamarlo hace ya mucho tiempo-rodeó a la mujer, rozándole apenas la blanca piel con un dedo para dejar expuestos sus senos.
-Qué hago? Santo cielos, qué hago?!-dijo nerviosa volviendo a mirar a través de la lente del dispositivo.
Sin darse cuenta cómo o tener idea de cómo detenerlo, Akane accionó la cámara y las imágenes empezaron a tomarse automáticamente una tras otra provocando una débil luz parpadeante.
A decir verdad, estaba acostumbrada a usar su celular para plasmar sus momentos en imagen o vídeo, pero al ver la camara profesional, quién sabe por qué razón, no pudo evitar comprarla.
Aún así solo la usaba para espiar, se sentía como una aventura el hacerlo. Como si la cotidianidad de sus vecinos fuera lo más interesante y solo ella era capaz de apreciarlos, sintiéndose libres y despreocupados.
Sí, ya fuese detrás de su ventana con sus binoculares o el lente de aquella cámara, ella se estimaba una documentalista de la naturaleza humana.
De vuelta a lo que sucedía en el edificio de la esquina, aquel sujeto monstruoso acarició el rostro de su acompañante, inicialmente, con delicadeza. Era una chica muy joven, a lo sumo tendría 18 años y su belleza era incuestionable.
-Bésame-ordenó y debido al ángulo en el que se encontraban, le fue imposible leerle los labios y saber si ella emitía alguna respuesta.
El otro hombre, el tercer integrante en la habitación, estrujó nervioso sus manos como esperando por algo. Ese sujeto de ojos verdes le sonrió complacido y este pareció relajarse un poco.
-Es perfecta, ya ves cómo si podías traer lo que te pedí?-pronunció acercándose lentamente.
El otro hombre asintió emocionado y pareció que quería decir algo. Entonces, sucedió lo inesperado. Alzó la mano y le disparó a quemarropa.
La pelinegra se encogió llevándose las manos a los oídos mientras el hombre se desplomaba como una piñata rota en el suelo.
De la impresión, Akane soltó un agudo grito y la cámara se le cayó al suelo cuando aquel hombre giró en su dirección, Ella se apresuró a tomarla y hecha un manojo de nervios se escondió tras las plantas más frondosas de su balcón.
-Es que acaso él me escuchó, me vio? Imposible, no es ni siquiera posible-negó convencida a pesar de la cercanía de los edificios.
Un segundo después tomó la memoria de la cámara dejándola el bolsillo de su pantalón.
Aunque asustada, sabía que no debía esperar de modo que se escabulló a gatas al interior de su apartamento, que seguía con las luces apagadas, y conectó a la batería su celular, pero los nervios no le permitían desbloquear la pantalla. Pronto, tomó la decisión de bajar hasta la recepción del edificio.
Estaba demasiado nerviosa y casi sin aliento cuando marcó el número de emergencia, tanto que se vio obligada a remarcar varias veces. Si al menos el portero hubiese estado ahí, pero la recepción estaba desierta, para su mala suerte.
-El edificio Gala de la avenida Gaoka!-se apuró a decir tan pronto como la llamada se conectó
-El edificio Gala? - cuestionó con hastío el telefonista que le atendía
-Sí, hay alguien herido, quiero decir, hay alguien muerto, vengan rápido!-casi gritó antes de colgar.
Solo esperaba que no se tardarán en llegar y fueran eficientes en su trabajo.
La primera vez que llamó para denunciar lo que vio desde el balcón y la policía fue, su vecino de la otra esquina se defendió alegando que se trataba de un juego de pareja. Los policías insistieron en ver a la víctima, pero la pelinegra de esa noche aceptó que se trataba solo de una situación de sadomasoquismo y la policía se retiró del lugar.
Para la tercera denuncia le advirtieron que podría tener consecuencias legales por falso testimonio y había preferido no meterse en problemas, aunque en el fondo sabía que algo andaba mal en todo eso. Su instinto se lo decía.
Siempre pelinegras, siempre inexpresivas, en ocasiones hasta parecían dopadas. Y siempre siendo golpeadas ante el menor atisbo de duda, pudor o temor.
Sin embargo, ahora aquello había ido más allá de lo que jamás pensó. Ese tipo era no solo un pervertido sino también un asesino. El otro hombre estaba muerto, sin duda. Por todos los cielos!. Qué debía hacer ahora?.
Volvió a su piso tomando el elevador de servicio para regresar a su departamento. No deseaba cruzarse con ningún vecino, si es que había alguno por ahí.
Tan pronto como estuvo de regreso se escabulló con las luces apagadas al balcón llevando con ella solo los binoculares.
Cuánto tiempo tardaría en llegar la policía?
Al menos está vez tenía una prueba.
Ese monstruo le había atado las manos a la pelinegra, que temblaba e hipaba entre llantos recostada a la mesa, con el cabello enmarañándole el rostro. Él observaba con el fuete en la mano como sus glúteos se empezaba a tornar rojizos e hilos de sangre empezaban a escurrir sobre su piel.
-Santo cielos, por qué aún no llegan?!-la impaciencia la estaba matando, no podía hacer nada más que seguir observando hasta que llegaran y derribaran la puerta. Está vez había un asesinato de por medio, no se lo dejarían tan fácil, verdad?.
Claro que no. Obviamente lo detendrían. Y ella se encargaría de proveer las pruebas de su crimen.
Finalmente las luces de rojo y azul se asomaron por la esquina. Akane pudo respirar nuevamente y continuó al pendiente hasta asegurarse de ver salir a la joven pelinegra de ahí a salvo y a aquel horrible tipo ser detenido.
Los policías llegaron, tocaron la puerta, cruzaron algunas palabras en la entrada con él... y se marcharon sin siquiera revisar el apartamento. Incluso se disculparon por las molestias.
Tenía que ser una broma!
Cómo demonios podían marcharse así sin más?!
Él no despidió a la chica. No. En su lugar se dispuso a brindarle desde la ventana a aquel mirón que insistía en interrumpir, un tetrico espectáculo sexual dejando el cadáver en medio del lugar.
Akane se quedó helada tras el lente de los binoculares. Bajó los brazos y se escabulló nuevamente al interior de su apartamento.
Pocas veces en su vida había sentido tanto miedo, frustración e impotencia.
Él sabía que estaba siendo observado y no le importaba?. De hecho, parecía estar disfrutando incluso más de esa manera.
Lo había deducido debido a las denuncias anteriores? Acaso sabía quién lo había denunciado?!
Las alarmas de su mente se encendieron de inmediato.
El celular en su mesa sonó de repente sacándola del estupor en el que se encontraba y a gatas llegó hasta él, dejando a su psicópata vecino en medio de su show y sintiéndose terriblemente mal por aquella mujer y por el ahora difunto.
-Diga-respondió con un hilo de voz
-Te divierte espiar a tus vecinos?.
La voz tan profunda y ronca le heló la sangre y casi dejó caer el celular.
-Sigues ahí, chica vigilante?
Intentó hablar, de verdad que sí, pero la voz se negaba a salir.
-Creí que solo eras intérprete de señas, no sabía que eras muda-lo escuchó decir burlonamente.
Akane se asomó por la ventana, separando suavemente las cortinas, creyendo que quizás era ese asesino de la esquina, aunque su voz sonaba muy relajada. Sin embargo aquel hombre se encontraba aún en medio espectáculo exhibicionista.
-Quién habla?-logró articular finalmente-Qué quiere de mí?
-Eso depende, señorita Tendo-contestó la voz al otro lado de la línea-Qué me ofreces? Si se trata de ti aceptaré cualquier cosa, en especial un poco de compañía.
-Está loco!-se quejó indignada-no vuelva a molestarme o lo denunciaré... Y además mi novio lo molerá a golpes.
Casi escuchó una ligera risa antes de cerrar la llamada.
Quién demonios era ese idiota y cómo es que tenía su número?
El celular volvió a sonar en sus manos. Tragó saliva antes de responder.
-Qué quiere?-dijo con lo poco de paciencia y nervios que le quedaban
-Vamos, Akane, no intentes engañarme-habló con voz melosa su interlocutor-No hay ningún novio.
La mujer infló las mejillas con indignación.
-Y qué si no tengo novio! Todavía puedo darle yo esa paliza, así es que me no siga molestando!
La carcajada fue breve pero sonora, divertida incluso.
-Akane, cariño, no podrías golpearme ni aunque quisieras. Hablemos un poco, hablando se entiende la gente.
-No tengo nada de que hablar con usted, tenga buena noche-intentó colgar nuevamente, pero la voz del desconocido no se lo permitió.
-Akane Tendo, 28 años, profesora de lengua de señas e intérprete en la embajada norteamericana, actualmente trabajando desde casa, me equivoco?
-Llamaré a la policía!-le advirtió con severidad en la voz.
-Sabes bien que no puedes llamar a la policía, qué le dirás a los agentes? Alguien sabe que estoy espiando a mis vecinos y me ha llamado para decírmelo?.
El silencio fue su única respuesta.
-Deja de interrumpirme, dulzura. Continuemos. Mides, apenas, 1.57 de estatura y has estado soltera desde... siempre.-Hizo una pausa, como si intentase recordar algo-Oh cierto, saliste un par de meses con aquel tonto hace tres años. Disfrutas pasar tiempo con tus amigas, tienes unas piernas hermosas, un trasero encantador y tus pechos son suficiente para mantener ocupado a un amante.-Las mejillas de ella enrojecieron de inmediato ante tales comentarios-Oh, chica!, tres años es mucho tiempo, que desperdicio, con tan bonita figura.-Lo escuchó suspirar- Lo que daría yo por...
Akane cortó la llamada. Pasó del pánico absoluto a estar medio halagada y medio asustada, por lo que aquel desconocido le decía. Cómo es que un desconocido tenía tantos detalles de su vida?
Negó con la cabeza varias veces y se dispuso a apagar el dispositivo.
Eran apenas las 9:30 y le resultaba imposible pensar con claridad. Habían sido demasiadas cosas en menos de media hora.
Con todas la emociones de aquella noche convulsionando en ella, abrió su laptop y le envío un mensaje a Kasumi, pidiéndole ir por ella , ni de broma se quedaría sola en casa. La respuesta no tardó ni un minuto en llegar. Su hermana la esperaría justo en la entrada del edificio.
