--Akane?-el hombre sostuvo el celular frente a su rostro-Me colgaste?!-exclamó entre molesto y divertido.
Reclinó la cabeza sobre el espaldar de la silla de cuero y casi sonrió, pero se contuvo al recordar la situación en la que estaba metiéndose por ella.
Luego se levantó de donde estaba sentado y observó desde lejos, con el telescopio, aquel piso donde las luces continuaban apagadas, las cortinas cerradas y el balcón aparentemente solo ocupado por el jardín, como prueba silente del delito cometido. Su bloque de edificios se encontraba en la esquina de enfrente del de ella.
-Mujer, cómo demonios voy a asustarte si me cuelgas el teléfono?-razonó golpeando el cristal de la ventana con un dedo rítmicamente.
Aquella mujercita no tenía ni la más mínima idea de en lo que se podía meter por fisgona, pero ahí estaba, haciéndose la valiente y apagando su celular.
-Bueno, solo pensaba asustarte un poco, pero no me dejas opción-continuó diciéndose a sí mismo.
Recorrió la habitación despacio, cavilando un modo en el cual llegar hasta ella.
-Siguen de guardia en el edificio 67?-fue su saludo a sus compañeros tras repensar todo con calma.
-Aquí seguimos, jodidos un viernes por la noche-respondió el otro
-Les llevaré unas cervezas y así me ponen al tanto-dijo antes de colgar la llamada sin esperar respuesta.
Tomó el sobre de papel amarillo y salió silbando hasta el elevador.
Tras comprar dos six pack de cerveza se encaminó al edificio. Saludó con un gesto al viejo vigilante que apenas llegaba a su lugar de trabajo y entró en el elevador marcando el sexto piso en lugar del séptimo, donde se encontraban sus compañeros.
El viaje terminó y las puertas metálicas se abrieron, pero él no pudo ni siquiera moverse de donde estaba.
-Buenas noches-saludó la menuda mujer al notarlo, lucía distraída, nerviosa y pérdida en sus propios pensamientos. Iba enfundada en un ajustado jean azul oscuro, la delicada blusa violeta con la que la conoció y con una bufanda gris envuelta en su cuello.
Lo único que había alcanzado a hacer fue esconder el sobre tras de él. No respondió, tan solo asintió levemente aunque dudaba que ella estuviera esperando una respuesta.
La mujer lo miró de reojo.
-No bajará aquí?-preguntó ella
pero incapaz de hablar por temor a ser reconocido tras la reciente conversación telefónica, solo volvió a presionar el botón del séptimo piso.
-Piso equivocado? También me pasó la primera vez que vine aquí. Fue, mala idea colocar los botones de esa manera- comentó ella un poco más relajada y marcó la planta baja como su propio destino.
-Es usted uno de los chicos que trabajan en esa nueva oficina, verdad?-cuestionó mirándolo de lado con las manos escondidas en los bolsillos del pantalón.
Él afirmó en silencio nuevamente, no sin notar que a pesar de su aparente tranquilidad las manos de la chica estaban temblando.
El aparejo de metal llegó finalmente a su destino y él salió sin mirar atrás o despedirse.
Casi se sentía culpable por ocasionarle tal estado de ansiedad, pero asustarla le pareció la mejor manera, después de semanas observándola a la distancia.
Ahora, vista de cerca, le pareció incluso más bonita, más atractiva si es que eso era posible. Definitivamente le encantaba esa mujer.
Se imaginó a sí mismo abrazando el menudo cuerpo contra el suyo y besándole para tranquilizarla. Asegurándole que siempre lo tendría a él para protegerla.
Akane estaba en su mente desde aquella primera vez. Se había convertido en su fantasía más recurrente sin siquiera saberlo y sin que él pudiera evitarlo o contenerse. La deseaba, pero no era solo eso, había algo más de lo cual fue consciente de inmediato aquella noche en que la descubrió espiando, casi por casualidad mientras jugueteaba torpemente con el telescopio. Incluso, puede que desde antes, cuando chocaron en el cruce de la avenida y se sorprendió al reconocer en ella a aquella chica.
Se había enamorado a primera vista?. No tenía idea. Era como si el amor ya estuviese ahí, solo en espera de conocerla.
Tal vez por eso que sentía muy profundamente dentro de él, no solo se imaginaba poseyéndola sino también escuchándola largamente, cumpliéndole cualquier capricho o simplemente se imaginaba despertando a su lado para contemplarla.
La observaba a ella desde su apartamento, desplazándose a través de los distintos puntos del ventanal con el telescopio siempre listo para encontrarla y calmar su necesidad de verla, allí en su espacio seguro, después de un día largo de trabajo y un rato espiando a los vecinos, tan sola como él.
O mientras fingía compañerismo con sus torpes camaradas que más que alegres aceptaban su propuesta de hacer guardia el solo en ese punto y permitirles sus escapadas, él desviaba el dron de vigilancia hacia el departamento de la chica para verla con mayor detalle mientras cocinaba desastre y medio tarareando alguna canción en las tardes, perdida en la pila de trabajo o en una llamada.
Se imaginó muchas veces el sonido de su voz, pero ni cerca estaba de lo melodiosa y suave que era realmente. Ya la había escuchado a través del teléfono un poco antes pero entonces ella estaba molesta y asustada. En el elevador el tono era casi seductor para sus oídos.
-Saotome, hombre, es un milagro verte siendo amable con nosotros, pasa, pasa-lo apuró abriendo la puerta para él uno de los tantos inútiles con los que trabajaba.
Les entregó las cervezas y escuchó sus tonterías por un rato hasta que estimó prudente marcharse. El grupo Alfa se mostró decepcionado por su partida, seguro pensaron que se ofrecería a cubrirles las espaldas por un rato como hacía a menudo últimamente.
Por supuesto esa vez no sería así, tenía asuntos más importantes que atender.
Esta vez evitó el ascensor y decidió bajar por las escaleras.
De sobra sabía cuál era el departamento de Akane, así que se dirigió allí sin dudarlo ni un segundo y deslizó el sobre bajo la puerta.
-Bien, espero que entiendas que hago esto por tu propio bien y no debería, si me descubren ahora sí estoy frito.
Ranma pensó en todos los problemas en los que se metería si lo encontraban utilizando los recursos de la fuerza policial para fines personales, aún peor, durante una investigación tan importante como la Homaru Taro, sospechoso de múltiples delitos.
Nadie escucharía sus verdaderas y nobles intenciones, sería acusado de acosar a una ciudadana por quienes no se preocuparan por indagar en su motivación.
Nodoka, su madre y alcaldesa de la ciudad, sería la más escandalizada. Genma, su padre y director de la agencia de seguridad nacional, le daría una palmada en el hombro y se marcharía sin escuchar realmente su justificada respuesta.
Eso sin contar que sería la segunda vez que resultaría suspendido por causa de Akane. Bueno, por causa de ella no, pero si por ella. Un solo error y estaría de vacaciones por tres meses. Y fuera del caso, definitivamente.
Alejó el pensamiento y se retiró de su puerta con pasos vacilantes. Se le hacía un nudo en la garganta por tener que asustarla de esa manera, pero no encontraba otra forma de disuadirla en su ilegal y peligrosa afición de espiar tan descuidadamente a sus vecinos, en especial a Taro.
Cuando se encontraron en el elevador se notaba que estaba escapándose, aterrada por la llamada que recibió. Seguro que iría con alguna de amiga, o probablemente con Kasumi.
Apenas había descendido unos escalones cuando se topó con un tipo que le resultó conocido. El recuerdo llegó a su mente con claridad. Aquel era uno de los hombres de Taro, un delincuente de la peor calaña, pero con mucho dinero y conexiones, al cual le habían dando seguimiento durante meses.
El hombre pasó a su lado hablando por su celular y se perdió en el pasillo.
Ranma esperó para ver a dónde se dirigía el tipo exactamente. Tal y como su corazonada le indicó, el pelinegro se detuvo frente a la puerta de Akane.
Por qué aquel imbécil se atrevía a acercarse a su casa? Acaso Taro había descubierto a la chica espiando en su dirección? De ser así, nada de lo que había hecho serviría ya. Ella estaba en riesgo frente a ese psicópata. Y si ella estaba en peligro a él le importaba una mierda las consecuencias.
