En la profundidad del bosque de sacro, el Santo de Cáncer se encontraba atónito, nunca había visto aquella gélida expresión en el castaño, a quien una gran cantidad de energía oscura lo rodeaba. No había duda, ese oscuro e inquietante cosmos estaba vinculado al reino de los muertos.

«Maldición...»

Almas errantes atacaron al guardián del Yomotsu, adquiriendo forma corpórea, logrando con esto apresar su cuerpo contra el rocoso suelo. No sería sencillo deshacerse de ellos, no cuando el poder de la luna oscura parecía protegerlos. Tuvo que hacer uso de una gran cantidad de fuego fatuo para poder librarse de aquellos entes.

— Deathmask... — susurró el castaño, quién al enfocar sus orbes en el alfa, sus facciones se fueron tornando más neutrales, era como si saliera de un trance.

Acaso estaba siendo manipulado?

Aquel oscuro cosmos que rodeaba al menor comenzaba a desaparecer, provocando que las almas errantes que lo custodiaban se apaciguaran. El guardián del Yomotsu quiso replicar pero fue interrumpido por las voces de los Santos de plata, quienes se acercaban a lo lejos. Al parecer habían sido enviados por el patriarca.

— Provino de ese lugar!

«Mierda» pensó Deathmask

Antes que el castaño pudiera emitir algún sonido, es sujetado con brusquedad del brazo por el guardián del Yomotsu, quien lo atrae a su cuerpo. El Omega intentó replicar ante aquel rudo agarre pero se paralizó ante la iracunda mirada del alfa, quien lo teletransporta a lo profundo del bosque, arrojándolo con rudeza contra un muro rocoso.

Una vez en el suelo, haciendo uso de su fuego fatuo, el Santo de Cáncer procede a encinerar la capa del castaño, quien la suelta aterrado por temor a quemarse. Sin embargo, antes que pudiera replicar, fue atacado por las ondas infernales, siendo enviado al Yomotsu.

Tenía mucho que explicar.

"Afrodita" emitió vía cosmos.

— Death? — el sueco se detuvo en seco al percatarse del llamado de su compañero, quien le informa que lo alcanzará en el Santuario. — Espera!

"Tengo un asunto importante que arreglar."

Esto preocupó al Santo de Piscis. Sin embargo, no pudo objetar, el cosmos del Santo de Cáncer había desaparecido.

[•••]

Una vez en la entrada del Yomotsu, el guardián de la cuarta casa desprende un cosmos aterrador, estaba furioso y eso aterraba al castaño, quien observaba con desconcierto aquel lúgubre lugar. Deathmask lo sostenía con fuerza de las muñecas, oprimiéndolas, provocando que el castaño gimiera de dolor, parecía que en cualquier momento rompería sus huesos. Sin embargo, el Santo de Cáncer no podía evitar sospechar del Omega. Acaso era el encapuchado? No podía dejar que los Santos de Plata lo descubrieran, no sin verse involucrado.

Muchas preguntas rondaban la mente del alfa. Acaso Glen lo había usado para acercarse a Athena?. Aquellos encuentros... Lo hizo para extraer información del Santuario? El poder que desprendía era peligroso, había una gran cantidad de energía oscura emanando de su cuerpo. Sin embargo, ahora no mostraba aquel oscuro cosmos, ignoraba si era por haber interrumpido aquel rito. El cambio en las orbes del menor lo había hecho dudar. En verdad era quien conspiraba contra los dioses o estaba siendo manipulado por este ente? Rápidamente reparó en la extraña cicatriz en su vientre. No podía ser casualidad, apretó con fuerza los puños provocando un grito ahogado en el castaño. Si aquel Omega lo había utilizado, lo pagaría.

— A quién sirves?! — exclamó furioso

— De qué hablas? — dijo adolorido, para posteriormente ser impactado bruscamente contra unas rocas por el guardián del Yomotsu, haciendo que su espalda crujiera de dolor. — Ah!

— Por eso te acercaste a mí? — bramó iracundo — Quién eres en realidad, niño?!

El castaño en verdad se mostraba desconcertado. El mayor se percata de esto, era claro que ignoraba de qué estaba hablando, estaba asustado por los furiosos orbes del alfa.

Acaso podía creer en Glen?

No tenía tiempo para dudar, decidió arrastrarlo a la colina de Yomotsu, jalándolo bruscamente del brazo. Una vez que empezó a levitar, el mayor le señala el precipicio, aduciendo que terminaría en el inframundo si caía. Glen estaba aterrado, ignoraba dónde se encontraba, pero sin duda no eran los dominios del Santuario.

— Te lanzaré a la colina del Yomotsu.

El castaño se aterró ante lo dicho, podía observar a una gran cantidad de almas errantes caer por aquel acantilado, mientras el Santo de Cáncer lo sostenía de la muñeca, dejando su cuerpo colgando en el aire, no tenía forma de huir. Si quería vivir debía hacer uso de aquel oscuro poder.

— Confiesa niño o no tendré piedad. — amenazó el guardián de la cuarta casa. Sin embargo, el menor negaba saber algo.

Quería creer en Glen, pero todo era demasiado extraño. La aparición del Omega, los extraños acontecimientos. No podía ser casualidad, no con la energía oscura que brotaba de su cuerpo.

— Es la verdad! — exclamó el castaño

— Darías tu vida por ello? — cuestionó amenazante, recibiendo un asentimiento de su parte.— Muere entonces.

Lo soltó dejándolo caer dentro de la colina, en ese momento fue testigo de cómo las almas del purgatorio habían detenido su andar a la colina del Yomotsu, los lamentos que emitían se hacían más sonoros, era similar a los que se escuchaban en su templo, de aquellas máscaras, las cuales eran un símbolo irrefutable de su victoria. No obstante, el oscuro cosmos que desprendía Glen producto del temor, había liberado varias almas que el alfa había sellado por la eternidad entre los límites del Yomotsu, no permitiéndoles alcanzar la paz.

Ahora lo entendía.

«Atrae las almas errantes» pensó

El castaño gritaba aterrado, sintiendo como estaba por llegar al profundo abismo. Sin embargo, antes que pudiera ser absorbido por aquella densa oscuridad, fue sostenido con fuerza. Al abrir los ojos, el menor pudo observar al Santo de Cáncer sostenerlo de la muñeca.

— Estás con vida, niño. — dijo subiéndolo con frialdad a la superficie

— Estás demente! — bramó empujándolo lejos de él, estaba pálido, tembloroso, amargas lágrimas rodaban por sus mejillas. — Pudiste matarme!

El Santo de Cáncer aceptó el empujón, aduciendo que sólo quería probarlo, de ser el enemigo habría luchado para no caer dentro de la colina pero él había aceptado con auténtico terror su final, por lo que había decidido creer en él.

— Debía probar que decías la verdad. — acotó — Ahora responde, qué hacías en el bosque, niño?

El castaño endureció su mirada. El alfa nunca había conocido a nadie con tal poder, no sin pertenecer a un ejército guerrero. Por lo que sabía, Glen provenía de Hallen, un pueblo con culto a la muerte, en especial a la necromancia. Eso lo explicaba, ese oscuro e inquietante cosmos que emanaba estaba vinculado con el inframundo, con Hécate, Diosa de la magia y la hechicería.

— Quiero la verdad. — lo observó con severidad, aduciendo que el poder que liberaba era peligroso.

Ante esto, el castaño le explicó que la luna negra lo ayudaba a drenar aquella oscura energía que poseía, pero a un alto costo, ya que en el proceso despertaba las almas errantes que yacían dormidas. En su mayoría eran entes malignos, no podía controlar aquello. A diferencia de Deathmask, él no tenía control de su cosmos. El sello que realizaba le permitía no perder el control sobre aquellas almas del purgatorio, las cuales le permitían drenar su cosmos a cambio de revivir por un corto tiempo, adquiriendo forma corpórea. Esa era la razón por la que huía de las aldeas. Temía ser descubierto.

— Qué es este lugar? — preguntó el castaño observando la entrada al inframundo, aún temblaba.

— Yomotsu. — respondió cubriéndolo con su capa — Soy el guardián del mundo de los muertos.

— Me debes una capa negra. — Acusó con recelo, aferrándose al calor de aquel manto.

Al verlo, el Santo de Cáncer decide retirar parcialmente sus sospechas, por lo que podía recordar, Shura no había podido cortar la capa del encapuchado con su Excalibur. Sin embargo, él había podido incinerar sin problema la de aquel Omega. No obstante, si él no era el encapuchado, entonces quién?

Poder Pasión Fecundidad.

Qué dios representaba aquellos atributos de los elixires? Sobre todo, cuál era su objetivo y cómo estaba relacionado con Glen? La aparición de ese niño no podía ser casualidad.

SANTUARIO

En el interior del templo de Géminis, un Omega de piel canela y cortas hebras castañas, se encontraba curando las heridas de su alfa, cuyos daños eran menores en comparación con el Santo de Virgo, con quién había tenido un fuerte enfrentamiento.

— Fuiste muy duro. — acotó el menor a la par que limpiaba con alcohol sus heridas.

— Hubiera marcado a ese Asgardiano. — remarcó el alfa, quién no se había contenido en su enfrentamiento con Shaka, quien había sido confinado en las celdas de castigo. — Los gemelos te han dado problemas?

El castaño negó con la cabeza, aduciendo que ambos se encontraban en el salón principal. Como de costumbre el pequeño Deuteros yacía sobre una pequeña mesa de centro pintando con sus crayones, mientras Aspros se centraba en su lectura, a su corta edad había aprendido a leer. Si bien no era un libro complicado para su edad, el castaño esperaba que se relajara jugando con su hermano, quien disfrutaba pintar después de entrenar.

— Aspros, no quieres jugar con Deuteros? — preguntó el castaño acercándose junto a su alfa, quién pese a su porte serio procede a acariciar con afecto la cabeza de los gemelos. Sin embargo, ante la pregunta, el pequeño peliazul no pudo evitar dirigir una déspota mirada a su hermano, quien seguía concentrado en su crayón.

— No, madre — dijo enarcando una ceja, aduciendo que prefería leer ha ensuciarse. — iré a mi habitación.

El Santo de Sagitario suspiró con cansancio, para su corta edad, Aspros era demasiado serio pero con una meta fija, anhelaba ser patriarca en un futuro y el hecho que su padre fuera el candidato más próximo a tomar las riendas del Santuario, sólo alimentaba aquel ferviente deseo.

Una vez que el pequeño Aspros se marchó, el castaño se dirige al menor de sus gemelos, aduciendo que debe darse un baño. Aunque en verdad deseaba estar a solas para hablar con el Santo de Géminis sobre el título de patriarca. Al igual que su alfa, Aioros era candidato a sucesor. Sin embargo, no quería volver a enfrentar a su alfa. Tenía malos recuerdos, ser patriarca era un honor pero no era su ambición.

— Decline el ofrecimiento del patriarca. — comentó el castaño fijando sus profundos orbes jade sobre el alfa — Pronto escogerá un sucesor.

— Harías un buen trabajo. — acotó, aduciendo que a diferencia suya, no había oscuridad en su interior.

— Tienes un corazón justo, Saga. — esbozó con una cálida sonrisa, ahuyentando con ello los temores del mayor. Veía su dolor pero sobre todo hacía que se vaya lejos. — Cree en eso.

El peliazul no pudo evitar dejar escapar una tenue sonrisa, no lo decía pero aquel Omega era su faro, aquel que alejaba su oscuridad. Aioros lo centraba, por esa razón quería corresponder a ello, todo lo que el castaño veía en él, quería serlo. Quería ser digno de su arquero.

— Siempre ves bondad en las personas, Aioros — dijo acariciando su rostro, provocando un fuerte rubor en los pómulos del castaño — Por esa razón te elegí como mi Omega. — profesó sellando los labios de su arquero en un profundo beso, uno que demostraba la veracidad de sus sentimientos. Juntos protegerían a su diosa, pero sobre todo a sus gemelos Aspros y Deuteros, era una tradición en el Santuario colocar el nombre de antiguos portadores.

Entre los límites del bosque de Sacro, el Santo de Piscis aguardaba fuera de la entrada de Rodorio, llevaba horas esperando al guardián del Yomotsu. Estaba preocupado, aquel modo de actuar no era usual en el alfa. Por esa razón decidió ignorar su petición de encontrarse en el Santuario.

« Death...» pensó presionando su brazo

Al aparecer el guardián del Yomotsu, el sueco repara en su seria expresión. Sin embargo, su cosmos no era amenazador. No portaba heridas de gravedad, sólo leves rasguños, lo que era extraño considerando aquel oscuro cosmos que los atacó. No obstante, antes que pudiera decir algo al respecto, el alfa únicamente se limita a enunciar que debió esperarlo en el Santuario, para posteriormente seguir su camino, enfadado con esto al Santo de Piscis.

— Dónde estabas? — cuestionó con severidad interceptando su paso al extender su brazo, deteniendo con esto el andar del mayor.

— Yomotsu. — aclaró con parsimonia — Debía encargarme de algo importante.

Para el Santo de Piscis era claro que ocultaba algo. Sin embargo, qué podía ser tan serio cómo para obligarlo a ir a Yomotsu por tanto tiempo. Intentó indagar al respecto pero sólo recibió evasivas por parte del alfa, quién indica no haber descubierto nada relevante, aseverando que aquella oscura energía debía ser producto de la luna oscura.

— A quién encubres? — indagó con severidad, recalcando que había alguien más junto a él, sintió aquel oscuro cosmos desvanecerse junto al alfa.

— A nadie — negó, indicando que estaba en un error. No obstante, el pisciano lo conocía demasiado bien.

— Mientes. — acusó iracundo. Sin embargo, el Santo de Cáncer no delataría a Glen, él no era un peligro para el Santuario o eso pensaba. Prefería investigarlo él mismo, después de todo estaba involucrado. — Death...

— Dudas de mí? — cuestionó observándolo expectante. Debía impedir que informara al Patriarca.— No es necesario reportar esto.

— Si hay algo extraño, el patriarca debe saberlo.

— Alguna vez te he decepcionado, pececito? — bromeó sujetando el mentón del Omega, quién desvió la mirada incómodo.

— Comenzaremos a tener secretos? — cuestionó apartándose con cierto enojo y frustración, esto provocó que el alfa lo observara con cierto recelo.

— Eres tú el de los secretos. — indicó con molestía. Había comenzado a llover. Sin embargo, el pisciano había logrado escucharlo, por lo que no pudo evitar observarlo interrogante. — Tú eres el que está interesado en un alfa.

— Te molesta? — sonrió arrogante ante aquel tono de reproche.

— No creo que ninguno aguante tus caprichos. — se burló provocando que el aludido se girara ofendido.

— Lo dice el que siempre me complace.

El Santo de Cáncer no pudo evitar sonreír divertido ante aquella orgullosa actitud.

— Y bien? — indagó llamando la atención del Omega quién lo observa sin entender. — No planeas decirme su nombre?

Ya lo odiaba y no lo conocía.

— Averigualo tú mismo. — esbozó con una sonrisa ladina — Quizás lo visite está noche... Después de informarle al Patriarca

El pisciano intentó marcharse rumbo al Santuario, pero fue detenido por el inesperado abrazo del alfa, atrayéndolo con fuerza a su pecho. Visitar a alguien a esa hora, empapado, sólo podía ser tomado como una "invitación nocturna".

«Sólo un idiota rechazaría a Afrodita...» pensó

Con ira lo detuvo entre aquel posesivo abrazo, el Omega quiso protestar pero fue interrumpido por las palabras del alfa.

— Sólo quédate quieto o llamaremos la atención. — espetó resguardándose en una columna techada.— No querrás mojarte.

Dicho esto, el alfa recargó su mentón sobre el cabello del pisciano. Disfrutaba del aroma del Omega, quien permanecía con el rostro recargado en el pecho del alfa. Un fuerte rubor cubría sus pómulos. Sin embargo, no rompía aquel cálido contacto.

— Tu "preciado" alfa puede esperar. — Dijo ácido cubriendo entre sus brazos al pisciano

De esa forma, ambos guerreros decidieron permanecer en ese lugar, al menos hasta que la lluvia terminara.

Continuará...