En una noche nublada de viernes, mientras la ciudad era presa de un calor sin igual, vemos a un aguerrido Lincoln Loud caminando calmadamente por un costado de la calle; mientras dirigía su rumbo a la casa de su mejor amiga Stella.
A pesar de ser un poco más de las 9 de la noche, y de conseguir evidenciar como la mayoría de las casas permanecían con las luces apagadas, el intrépido albino se mantenía caminando con llamativa tranquilidad; para poder ir en búsqueda de unos apuntes que necesitaba para estudiar.
Y es que a pesar de tener tutor privado, ese fin de semana Lisa no le iba a poder explicar, por lo que tuvo que pedirle ayuda a la única otra chica tan igual de organizada, como su brillante hermana genio.
Cuando estuvo a pocas yardas de su casa, y consiguió evidenciar lo vacío que permanecía todo el lugar, un extraño suceso llamó completamente su atención; alertando los enormes instintos que tenía como investigador.
Con su vista puesta sobre la fachada más lejana, comenzó a observar como un extraño sujeto de unos veinte años, ligeramente encorvado, y con un particular atuendo de color negro; se mantenía saliendo con total apuro por un costado de la casa.
Lleno de intriga, —y tras ver cómo el sujeto se perdía a toda prisa en la oscuridad de la noche—, decidió seguir el rastro de dónde había salido; para tratar de descubrir lo que estaba pasando.
Con la mayoría de sus sentidos ampliamente agudizados, comenzó a aproximarse de manera lenta hacia la parte trasera de la casa, para poder avisarle a Stella si le habían robado algo.
Lo último que quería era llegar tarde a su casa, y conseguir darle un enorme susto, que no le dejaría dormir en toda la noche. Lincoln era un autoproclamado gran detective, por lo que sabía que para emitir cualquier veredicto, necesitaba primero tener las pruebas suficientes.
Luego de constatar cómo las cosas en el patio permanecían como las recordaba, su cuerpo entero sufrió un breve colapso, cuando divisó como la entrada de la cocina permanecía ligeramente entreabierta. ¡¿Será acaso que ese sujeto venía saliendo del interior de la casa?!
Con su menuda silueta revoloteando del absoluto pánico, decidió adentrarse con cuidado hacia el interior de la penumbrosa morada; antes de llamar al número de emergencias.
Aunque el sentido común le decía a gritos que tenía que llamar al 911, no podía hacerlo sin llegar a comprobar que no hubiese algún otro extraño en el interior de aquella casa; ya que, si llegaba la policía, podía desquitarse con Stella sin reparo alguno.
Empleando las habilidades sobrehumanas que previamente había adquirido como fiel seguidor de Ace Savvy, y la inmensa experiencia que tenía para esconderse de sus hermanas, Lincoln ingresó con total sigilo hacia el interior de la silenciosa vivienda; con el celular sostenido en su temblorosa mano derecha.
Manteniéndose siempre escondido en los rincones, se dispuso a explorar gran parte de la primera planta; sin lograr evidenciar algún peligro aparente.
Al llegar al segundo piso continuó caminando con muchísima cautela, hasta que, pasados los minutos, consiguió llegar a la habitación principal que había en el fondo.
Con los nervios de punta, y un extraño cosquilleo haciéndose más fuerte en el interior de su barriga, el osado albino abrió la puerta de la recamara con auténtico sigilo; hasta conseguir divisar lo que menos deseaba encontrar. Y es que Stella, esa niña tan dulce de la que tantos chicos estaban enamorados en la escuela, permanecía tirada en todo el centro de la oscurecida recámara; con los pies amarrados, y las manos sujetas en su espalda.
Al ver a su amiga claramente indefensa, intentó socorrerla a toda prisa, aunque no tardó en posar su visita sobre el extremo opuesto de la alcoba; en donde se encontraba también tendida la señora Zhau.
Tanto Stella como su madre permanecían fuertemente atadas, y con los ojos y labios muy bien sellados; lo cual les impedía cualquier intento de escape.
Tras ser testigo de la impactante escena que tenía lugar frente a sus conmovidos ojos, el joven albino tomó su celular y comenzó a digitar rápidamente el número de emergencias; pero justo en el instante en el que intentó posar su dedo para llamar a la policía, comenzó a darse cuenta de que la mamá de Stella tenía la falda levantada.
Aunque ya había visto muchas veces a su madre y sus hermanas deambulando en ropa interior por toda la casa, era la primera vez que tenía tan de cerca, a una mujer atractiva que no fuese de su familia.
Con las manos cada vez más oscilantes, y un naciente cosquilleo en lo más profundo de sus sensibles bolas, Lincoln comenzó a experimentar un extraño entumecimiento en la parte media de su vibrante pene; que no tardó en generarle una dolorosa erección.
Visiblemente confundido, posó su celular sobre un extremo de la cama, y se mantuvo mirando a la madre y a la hija sin hacer nada de ruido; mientras sentía como su punzante polla, se le tornaba cada vez más receptiva.
A medida que las observaba, el joven albino no podía dejar de sonreír, al ver como la mamá de Stella tenía los ojos cubiertos con cinta, y sus redondeados lentes negros en su parte superior. Tal parece que quien las había amarrado, tenía un retorcido sentido del humor.
Con la mayor parte de su cuerpo tembloroso, y una constante descarga eléctrica recorriéndole por su espalda, el confundido chico se empezó a dejar llevar por el despiadado ardor que sentía en sus endurecidas partes; posando sus manos de manera veloz sobre su propia entrepierna.
Luego de un prolongado corrientazo, —y al darse cuenta de que no sentía ningún ruido a su alrededor—, el extasiado muchacho se fue llenando de mayor confianza; hasta conseguir situarse junto a la mujer de llamativos lentes.
Tan pronto estuvo a su lado, acercó su rostro de manera instintiva hacia el sensacional trasero que tenía enfrente suyo; y tras aspirar su aroma y armarse momentáneamente de valor, se dispuso a recorrerlo poco a poco con una de sus oscilantes manos. En ese sorpresivo instante no tenía para nada claro que rayos era lo que estaba haciendo, pero a pesar de sus constantes miedos... ¡No capaz de detenerse!
Una vez que la mamá de Stella se percató de que le habían empezado a toquetear su redondeada retaguardia, emitió un corto quejido ampliamente desconcertante; que le hizo retorcer su figura con un poco de tensión.
Lincoln estaba sorpresivamente caliente, tras haberle acariciado las nalgas sin ningún tipo de contemplación; y a medida que lo hacía, no podía evitar sentir dolor en su inexperta hombría.
Con el pasar de los minutos, —y al ver que la sumisa madura no oponía ningún tipo de resistencia—, Lincoln perdió lo poco que le quedaba de cordura. Por lo que, posando sus pequeñas manos en ambos extremos de su falda, se la comenzó a retirar con muchísima ansiedad; hasta conseguir dejarla en ropa interior.
¡Ya no había chances para detenerse! En ese frío instante de la noche lo único que quería el agitado muchacho, era disfrutar al máximo de tan increíble oportunidad. Ver a la mamá de Stella tan solo cubierta con unas gastadas bragas blancas, fue el estímulo que necesitaba para comenzar a sentir como su difuminado juicio, lentamente se desvanecía.
Una vez que estuvo parcialmente desnuda, Lincoln comenzó su ascenso con las manos; hasta conseguir tocarle los pechos sobre la ropa. En ese breve lapso de tiempo se sentía tan alterado, que no lograba controlar los pronunciados impulsos realizados con su cuerpo.
A medida que avanzaba, la agobiada madura no hacía otra cosa más que tiritar; manteniendo su cuerpo lo más calmado posible, para que no tuviese problema alguno en continuar su recorrido. No quedaba claro si lo hacía para no llevarle la contraria a su captor, o si lo hacía para impedir que se metiera con su hija. En cualquier caso, se mantenía lo más calmada posible y sin hacer movimientos excesivos; lo cual favorecía las atrevidas intenciones del albino.
Luego de respirar sin prisa durante unos cuantos segundos, comenzó a desabrocharle la blusa que en ese instante tenía; hasta conseguir dejar al descubierto un pequeño sujetador deportivo de color verde claro.
El inquieto chico estaba tan desesperado, que le pareció una eternidad el lograr soltar cada uno de los numerosos botones que tenía por encima; consiguiendo erizar con interminables ganas, hasta el último de los vellos que cubrían su ansioso cuerpo.
Lleno de una nueva sensación de asfixia en todo su pecho, se dispuso a subirle la tela con aparatosa lentitud; hasta dejar sus pequeñas tetas al descubierto. Era la segunda vez que se sentía tan atraído por esa parte de la anatomía femenina, desde aquella ocasión en la que vio a Leni por error, saliendo desnuda desde la ducha.
Al ver sus pequeños senos ligeramente iluminados con la poca luz que accedía por la ventana, Lincoln se los quedó mirando durante varios segundos; y tras limpiarse los labios con la parte posterior de su pequeña mano, se lanzó de cabeza a disfrutar de su fabulosa forma.
Completamente desprevenida, la señora Zhau no pudo evitar emitir un corto quejido, —y mucho menos empezar a oscilar—, tan pronto sintió los lascivos labios de su atrevido raptor, aferrándose con anhelo a sus bamboleantes pechos.
Desde hacía ya muchos años que ningún sujeto le había chupado las tetas con tantas ganas, lo cual le comenzó a generar una fuerte serie de sentimientos encontrados; que le hacían sentir de lo más inquieta.
A pesar de no haberlo hecho desde su etapa de bebé, Lincoln se mantenía aferrado con gran empeño; succionando sus pezones y estrujándole los senos, hasta prácticamente hacerla rechistar.
Totalmente cegado por lo que sentía en ese instante, se mantuvo deslizándole la lengua por encima de sus oscurecidos picos; para luego, de manera acelerada, empezar a morderlos con enorme desesperación.
La mamá de Stella, —o Judy, para su círculo de amigos—, se sentía completamente indefensa y con el cuerpo mucho más que acalorado; después de la grandiosa faena que estaban llevando a cabo sin su consentimiento.
A medida que le besuqueaba las tetas, se fue tomando cada vez mayor confianza. Por lo que impulsado por las grandiosas sensaciones que había empezado a disfrutar, empezó su ascenso desesperado hasta llegar a su garganta; en donde no tardó en deslizarle la lengua con increíble lentitud.
Mientras Lincoln repasaba su delgado cuello con sus labios, —y jugueteaba con el vistoso pómulo de su oreja izquierda—, empezó a descender su otra mano por su abdomen; hasta conseguir posarla por encima de su ropa interior.
Una vez que su inquieta mano consiguió rozar sus sensibles partes, Judy pegó un seco resoplido con magnífica exaltación; que la puso a temblar cada vez más llena de inconfundible pánico.
Tan pronto como sintió la envolvente suavidad de su parte íntima más privada, Lincoln comenzó a descender su rostro con infinitas ansias; hasta conseguir quedar en frente de su atractiva entrepierna.
Visiblemente nervioso, tan solo fue capaz de acercarle su nariz; consiguiendo embriagarse con el almizclado aroma que desprendía de su vagina.
Luego de comprobar su grandiosa fragancia, el oscilante chico deslizó su dedo por todo su centro; hasta hacer que la expectante madura, comenzase a sacudir su cuerpo con llamativa ofuscación.
A medida que la toqueteaba, comenzó a experimentar un intenso corrientazo en la base misma de sus sensitivas bolas; el cual se hizo mucho más intenso, cuando sus delgados dedos empezaron a formar un surco sobre su pantaleta.
Lincoln estaba cada vez más entretenido deslizándole los dedos por encima de su cautivante raja, y entre más le recorría su sexo, mayor era el calor que emanaba de su interior. Después de unos cuantos segundos de intensos roces, su concentración nuevamente se volvió a disipar, cuando empezó a experimentar una extraña humedad cada vez más sofocante; que se le había empezado a formar en la parte más baja de su alargada gruta.
Fue así como visiblemente encantado, posó sus manos sobre ambos extremos de sus sencillas bragas. Y sin siquiera detenerse a meditarlo, procedió a bajarle su mojada prenda íntima con relativa suavidad; hasta conseguir situarla sobre sus rodillas.
Tan pronto la alarmada dama se dio cuenta de lo sucedido, intentó impedir su avance con indescriptible decisión; a pesar de lo notablemente mojada que tenía toda su zanja.
Bastaron unas leves sacudidas sobre sus costados, y un intenso resoplido con decisión, para que su hinchada rajita quedase al descubierto. La mamá de Stella tenía el coño visiblemente brillante, debido a los notables flujos que escapaban de su interior; los cuales iluminaban el amplio matorral de pelos negros, que cubrían sus lascivos labios.
Aunque era muy inocente para todo este nuevo mundo del sexo, no tardó en recordar todas esas noches en vela en las que se la pasó observando videos que no eran aptos para su edad; los cuales decidió poner en práctica, imitándolos con su pareja.
Sin tiempo que perder, no tardó en deslizar sus dedos sobre aquella frondosa abertura; hasta conseguir alojarle su punta, en el interior de aquella aceitada cavidad.
Una vez que Lincoln le introdujo un dedo entero, empezó a taladrarla sin mayores culpas; casi al tiempo en que veía como aquella mujer adulta, sacudía sus caderas con llamativa intensidad. ¡¿Será acaso que le habría empezado a gustar?!
Sin tener para nada claro lo que estaba sintiendo, continuó adentrándole sus dedos sin mayor recato; hasta conseguir meterle bien adentro, dos de ellos a la vez.
Luego de estimular la parte más interna de su aceitado conducto, —y de disfrutar de su sabor tras meterse los dedos en la boca—, no tardó en acariciar deliberadamente sus sensibles labios; mientras recorría sus mojados pliegues con la punta de su lengua.
A medida que le acariciaba el coño, no podía dejar de recordar todas esas veces en las que se metió en las peleas que tenían las gemelas; consiguiendo toquetearles sus rajitas de manera involuntaria.
Aunque sus tiernas aberturas se sentían muy ricas, le era imposible llegarlas a comparar; ya que la mamá de Stella era increíblemente ardiente.
Llevado por la inclemente adrenalina que se batía en su cuerpo, comenzó a juguetear con sus labios entreabriéndolos y cerrándolos sin ningún tipo de prisa; a medida que le repasaba los costados con la punta de su lengua.
Bastaron unas tenues caricias sobre sus pliegues, para que el eufórico albino comenzase a experimentar una fuerte comezón a la altura de su vientre; que le hizo imposible seguir aguantando su erección.
Desde hacía ya varios minutos que su menuda polla le pedía a gritos tener algo de acción, y que mejor mujer para debutar que la atractiva madre de Stella; quien era toda una leyenda en los pasillos de la escuela, debido a toda su belleza e increíble ingenuidad.
Sabía muy bien que lo que estaba haciendo era una completa locura, y que si lo llegaban a capturar arruinaría el resto de su vida para siempre. Pero a pesar de sus complejas dudas, –y del cariño sincero que profesaba por Stella—, no estaba dispuesto a dejarlo pasar.
Fue así como totalmente agitado, se apartó de su lado como pudo, y empezó a buscar por todas partes, cualquier elemento filoso que le permitiese cortar la cinta que tenía en sus tobillos.
Con el ritmo de su respiración cada vez más alterado, se mantuvo sacudiendo su cabeza con enorme prisa; hasta conseguir toparse con unas viejas tijeras en un cajón del tocador.
Luego de tenerlas en sus manos, las posó con cuidado sobre un extremo de la cama. Y por primera vez en toda la noche, comenzó a observar fijamente a Stella; como pidiéndole excusas por lo que iba a hacer a continuación.
De ese modo, Lincoln empezó a deshacerse de su ropa, agrupándola con cautela a un lado de la entrada; y lo continuó haciendo con gran naturalidad, hasta conseguir quedar desnudo en todo el frente de la dueña de la casa.
Una vez que estuvo sin ropa, le acarició las piernas de arriba para abajo; hasta conseguir posar sus manos por encima de sus tobillos.
Con su erguida polla apuntando en su dirección, tomó una de las almohadas que había sobre la cama. Y empujando con mucha fuerza a la expectante madura, procedió a colocarla en la parte alta de su espalda; para que pudiese estar muchísimo más cómoda, al estar tendida boca arriba.
Batiendo el pecho de forma apresurada, Lincoln tomó las tijeras y comenzó a desgarrarle la cinta que la ataba; consiguiendo liberarle las piernas de una sola movida.
Al darse cuenta de lo que estaba pasando, la mamá de Stella empezó a presionar sus piernas con enorme ferocidad; para impedirle a su captor que lograse avanzar.
En ese momento Lincoln estaba muy agitado, sacudiendo su aplanado pecho a una gran velocidad; y a medida que batía su estresada figura, no era capaz de apartar sus ojos de aquella peluda vagina.
En ese sombrío instante de la noche, no estaba dispuesto a echarse para atrás, por lo que de manera veloz se lanzó con cuidado hacia su presa; y dejándose llevar por su elevada calentura, no tardó en posicionarle las tijeras a la altura de su cuello.
Una vez que sintió aquel metal frío pegado en su garganta, —y la manera en la que su expuesto filo presionaba contra su piel—, comenzó a batir su cuerpo cada vez con menores ganas; hasta perder esa intensa chispa que la incitaba a batallar.
Posando sus pequeñas manos sobre ambos lados de sus piernas, no tardó en tirar de ellas con muchísimo vigor; hasta comenzar a ver cómo de a poco, se iban separando. ¡Ya no tenía más obstáculos a la vista!
Luego de separarle bien las piernas, Lincoln se ubicó rápidamente en medio de ellas; y una vez estuvo acomodado, empezó a inclinar su cuerpo como había visto en los videos.
Visiblemente tembloroso, se dispuso a deslizarle la verga por todo lo largo de su peluda abertura, impregnado su inflamada punta con la mayoría de sus fluidos; y a medida que lo hacía, empezó a liberar un suspiro que lo hizo tambalear.
Impulsado por tan llamativa calidez, continuó repasando su sexo con indescriptible alegría; hasta recibir una potente punzada en la base misma de su erguida polla, que estuvo a punto de hacerlo gritar. Ya no había tiempo para más, ¡tenía que penetrarla!
Extasiado por tan magníficas sensaciones, Lincoln le introdujo un dedo para marcar muy bien el camino. Y una vez que estuvo seguro, posó su polla a la altura de su entrada; y tras llenar de aire completamente sus pulmones, le enterró su punta hasta hacerla desaparecer.
Con su miembro bien adentro, se mantuvo inamovible durante una corta fracción de segundo; para luego, y completamente enloquecido, disponerse a taladrarla hasta sentir como sus bolas se le tensionaban del cansancio.
Lincoln estaba increíblemente extasiado, penetrando a la mamá de Stella con muchísima aceleración; y a medida que su insaciable pito la perforaba con profundidad, no era capaz de controlar sus pronunciados movimientos.
Era la primera vez en su vida que sentía algo parecido, impidiéndole aminorar los elevados latidos de su corazón; por lo que aferrándose como pudo a sus fabulosas caderas, continuó dando rienda suelta a toda su excitación.
A medida que jugaban con su mojado coño, la pobre señora Zhau no era capaz de tan siquiera renegar, por lo que inclinando la cabeza tristemente hacia un costado; se mantuvo esperando con ansias a que aquella pesadilla llegase a su final.
Al cabo de unas profundas estocadas, y cuando la extenuada madura había empezado a tiritar, el joven Lincoln continuó embistiéndola con todas sus fuerzas; hasta conseguir acabar con lo que le quedaba de resistencia. A pesar de sus notorias ganas, ¡ya no tenía fuerzas para más!
Fue así como sintiendo un fuerte corrientazo en sus vibrantes bolas, —y una aguda tensión que le fue imposible de ignorar—, Lincoln explotó en un agónico mar de auténticos chirridos; los cuales tuvo que contener, cubriéndose la boca con una mano.
Una vez que consiguió llenarle sus entrañas, se hizo rápidamente para un lado, y cayó tendido sobre el frío piso de la entrada; deseando poder continuar.
A medida que descansaba, no pudo evitar sonreír de manera caprichosa. Y es que después de haber tenido sexo con una chica, ya no tenía demasiadas ganas de volverse a masturbar.
Al cabo de varios minutos de un extraño silencio, y cuando la intranquila madura se había empezado a relajar, Lincoln fue nuevamente víctima de un agudo corrientazo en todo su cuerpo; que le hizo despertar la polla de manera apresurada. Habían pasado pocos minutos desde su última corrida, y ya tenía otra vez su falo oscilando en todo su esplendor.
Tan pronto estuvo reincorporado, se acercó con total sigilo a donde estaba su pareja. Y sin darle el menor chance de ponerse a la defensiva, acomodó su cuerpo rápidamente en todo el centro de sus piernas; quedando otra vez listo para volver a comenzar.
Al darse cuenta de lo que estaba pasando, la asustada mujer comenzó a girar su pelvis para todos lados; y tras volver a retomar su respiración acelerada, intentó cerrar las piernas para no facilitarle el paso.
Visiblemente sorprendida, no podía entender cómo ese sujeto había recuperado tan rápido su vigorosa erección; por lo que al sentir como le volvía a rozar las piernas, no pudo hacer otra cosa más que sollozar con gran ansiedad.
A pesar de haberse corrido minutos antes, Lincoln tenía la polla cada vez más empinada; y su sudoroso cuerpo conmovido. Tal parece que sentir la tibieza de su coño, mientras su tierno sexo era apretado con soltura, le hizo desear al máximo el estar envuelto en sus entrañas.
Completamente enloquecido, tomó su pene con su mano y lo volvió a posicionar a la altura de su raja; y de manera automática inclinó sus caderas poco a poco hacia adelante; hasta conseguir perforarla con increíble rapidez.
De ese modo, Lincoln empezó a embestirla con un nuevo y singular esfuerzo, y a medida que lo hacía, comenzó a llevar su rostro cada vez más hacia adelante; hasta atrapar sus fabulosos senos entre sus labios.
Sin tiempo que perder, continuó adentrándole su pene de manera muy gustosa, y retorciendo sus pequeñas tetas todo lleno de locura; pero sin dejar de chupar sus erguidos pezones hasta el cansancio.
En un momento en particular, se podían percibir los intensos chapoteos que escapaban con recelo de su sensitiva vagina; así como las continuas caricias casi hipnotizantes, que le daba Lincoln a lo largo de sus erguidas tetas.
A pesar de verse bastante calmada, la señora Zhau se había empezado a impacientar, y todo esto en gran medida, debido al buen trabajo que estaba haciendo aquel misterioso muchacho. En ese instante se sentía alterada y sucia, y se mantenía luchando para no llegar a jadear; pero a medida que la iban penetrando, su cuerpo mismo la había empezado a traicionar.
Desde hacía ya un largo tiempo que no lograba sentir tan sofocante calentura, y que sea un extraño sujeto quien la había puesto a vibrar, tan solo incrementaba al máximo su elevada frustración.
Con el pasar de los minutos se fueron multiplicando sus lascivos contactos, permitiéndole al efusivo muchacho de cabellera blanca, meterle su inflamado pene con mayor profundidad.
Lincoln le estaba dando cada vez con mayores ganas. Pero a pesar de sus continuos roces, y de la manera tan salvaje con la que le había comenzado a estrujar sus gloriosas tetas, la mamá de Stella era incapaz de mover ni un solo músculo; tal vez para no demostrar lo que realmente estaba sintiendo.
Luego de unos cuantos minutos de indescriptibles roces, el pobre chico no fue capaz de contenerse por mucho más tiempo. Por lo que mordiendo sus endurecidos pezones con gran euforia, se dispuso a incrementar el ritmo de sus vertiginosas embestidas; hasta quedar a las puertas de otra inminente corrida. Ya no podía seguir aguantando, ¡se iba a volver a vaciar!
Lleno de un gran entusiasmo, no demoró en taladrarla con rudeza en todo el medio de sus firmes piernas, llegando a darle besos por todo lo largo de su cuello y tetas; para tratar de socavar sus desmedidas pulsaciones.
Visiblemente nervioso, se aferró como pudo a sus magníficas caderas. Y tras respirar de manera entrecortada durante pocos segundos, empezó a desaparecerle su miembro con muchísima mayor velocidad; hasta sentir como su grumosa esencia masculina, se esparcía sin ningún reparo en lo más profundo de sus entibiecidas entrañas.
A medida que se corría, Lincoln la fue embistiendo cada vez con mayores ganas; hasta caer desplomado y sin fuerza alguna al lado suyo. Había sido una faena sumamente emocionante, que ninguno de los dos podrá olvidar jamás.
Con el ritmo de su corazón acelerado, —y al ver la luz de la luna volviendo a ingresar por la ventana—, el joven albino comenzó a posar la vista sobre su sudorosa acompañante; quien permanecía visiblemente temblando, y con sus delgadas piernas bien abiertas.
Luego de unos cuantos minutos de intensos temblores, Lincoln giró su rostro hacia su inquieta amiga Stella; quien permanecía de espaldas a ellos, y con la mayor parte de su esbelto cuerpo erizado. Tal parece que la joven chica, no era del todo ajena a lo que le estaban haciendo a su querida madre.
A pesar de su enorme cansancio, el extasiado chiquillo no estaba dispuesto a marcharse del lugar, no sin antes haber disfrutado de la estresada niña de ascendencia filipina. Después de todo, ya estaba metido en serios problemas.
Con su pecho acelerado, y un marcado ardor en el tronco de su falo, Lincoln tomó unas ligas para el cabello que había visto sobre el tocador, y procedió a ponérselas sin reparo alguno en los tobillos de su apagada pareja; hasta conseguir dejarla inmovilizada.
Con la señora Zhau nuevamente fuera del juego, se dirigió a toda prisa hacia el lugar en donde se encontraba su hija; y al llegar, —y mirar su erizado cuerpo de arriba a abajo—, posó una de sus reducidas manos sobre su rostro.
Tan pronto como Stella se percató de la corta caricia que recibió en su mejilla, empezó a batir sus caderas de manera desesperada; logrando asustar a su confiado acompañante.
A diferencia de su madre, Stella siempre había sido una chica increíblemente combativa, que detestaba las injusticias y a los tipos abusivos; es por ello que, al estar envuelta en una situación tan arriesgada, en lo último en lo que podía pensar era en su propia seguridad.
Al ver lo tensa que se veía, —y sin dejar de experimentar un ligero pánico—, Lincoln empezó a sentir un raro entumecimiento en la parte baja de su alterado cuerpo; que lo impulsó a desearla con mayor ofuscación.
Lleno de una nueva energía vigorizante en todo su sexo, llevó sus oscilantes manos sobre la parte más alta de su acortada falda, y tras mirar a Stella de reojo, procedió a bajársela rápidamente; hasta conseguir dejarla en ropa interior.
Stella tenía unas angostas bragas blancas, las cuales estaban adornadas con un pequeño conejo naranja en su parte central; que la hacía lucir de lo más adorable.
Al darse cuenta de su abusivo movimiento, la enojada chica empezó a batir sus caderas con mayor ferocidad; como intentando lograr que aquel atrevido intruso se detuviera. ¡Que lejos estaba de la realidad!
Entre más pasaban los minutos, mayor era la calentura que se apoderaba del tembloroso cuerpo del albino. Fue así como impulsado por su creciente adrenalina, tomo a la chica por el hombro, e intentó ponerle una almohada bajo su espalda; para que no se lastimase por tener las manos aún sujetas.
Con lo que no contaba Lincoln, era con lo increíblemente obstinada que podía ser su amiga. Quien al sentir sus punzantes brazos tratando de girarla, comenzó a sacudir su cuerpo de manera muy violenta; hasta lograr impedir que siguiera toqueteandola.
Luego de palpar sus desmedidos roces, Lincoln se la quedó mirando durante varios segundos más; hasta que, desesperado por lo bien que olía, se abalanzó directamente sobre sus piernas.
Una vez que estuvo acomodado, cortó velozmente las ataduras en sus tobillos; y sin darle el más mínimo chance de reaccionar, acomodó su cuerpo en medio de sus esbeltas extremidades.
Tan pronto estuvo sobre ella, presionó su cuerpo a la altura de su pecho, y con su mano en libertad empezó a acariciar la cara interna de sus trigueños muslos; hasta hacerla resoplar con auténtico alboroto. En ese breve lapso de tiempo se veía tan alterada, que le resultaba imposible poderla controlar.
Al ver que no se quedaba quieta, —y que sus constantes quejidos habían comenzado a alertar a su madre—, Lincoln se llenó de un colosal espanto; e hizo la única cosa que pensó que podría funcionar. ¡Darle un golpe en el estómago!
En ese instante estaba muy apenado, viendo como su agitada amiga se retorcía sobre el piso toda llena de dolor; pero a pesar de sus notables dudas, fue una brillante forma de hacerla tranquilizar.
Stella estaba visiblemente dolorida, retorciendo de un lado al otro el rostro para tratar de respirar; y a medida que lo hacía, Lincoln aprovechó para continuar avanzando.
Al ver que la tensa chica estaba desprevenida, llevó sus inquietas manos sobre la parte media de sus muslos. Y una vez ahí, empezó a rotar sus palmas en una tenue línea ascendente; hasta conseguir toparse con su aclarada pantaleta.
A diferencia de lo que había pasado antes, en ese instante se sentía muy caliente; sobre todo al tener sus filosos dedos cerca de su preciada intimidad. Cegado por tan notable hendidura, se dispuso a desplazar su mano por encima de sus vistosas bragas; hasta conseguir notar cómo de a poco, su temblorosa silueta se iba estremeciendo.
Bastaron unos leves roces sobre su sexo, para conseguir posar su mano a la altura de su gruta; la cual se sentía tan ampliamente acalorada, que le hizo batir el cuerpo con impactante fortaleza.
A medida que la toqueteaba, podía sentir toda la suavidad, e increíble esponjosidad; que era desprendida de aquella fabulosa abertura. Totalmente hipnotizado, posó sus manos sobre los costados de su panty; y tras mirar con algo de vergüenza el adolorido rostro de su amiga, procedió a bajarle con pericia su delicada ropa interior.
Una vez que su cintura quedó desprotegida, Lincoln respiró profundo, y procedió a posar la vista en su lampiña rajita; sonriendo levemente al ver lo hermosa que se veía.
Completamente emocionado, comenzó a acariciarle los labios con muchísima intermitencia; hasta ver cómo la aguerrida chica de cabellera brillante, poco a poco intentó volver a protestar.
A medida que le acariciaba su zanja, Lincoln aprovechó la cercanía para comenzar a separarle sus angostados labios vaginales; consiguiendo notar un vistoso montículo rosa en la parte alta de su sexo, y la manera en la que su preciada abertura permanecía completamente seca. Tal parece que el cuerpo de su amiga, no estaba reaccionando como lo había hecho el de su madre.
Con su polla en posición, apuntó con cuidado hacia su cerrado agujero; hasta conseguir situarla a un par de tenues roces de su entrada. Finalmente había llegado el momento que tanto estuvo esperando.
Con la mayoría de su exaltado cuerpo ampliamente sulfurado, se dispuso a presionar su cueva con un poco de ansiedad; hasta hacerla retorcer muy llena de un intenso dolor. Lincoln estaba muy afanoso, y le estaba dando con todo lo que tenía; pero a pesar de su prolongado esfuerzo, no conseguía cruzar su última barrera.
Fue así como deteniéndose un minuto a pensar, se apartó a toda prisa de su lado. Y tras tomar un pequeño frasco de loción que había visto sobre la mesa, aplicó un poco sobre sus electrizadas manos; para luego impregnárselo en el centro de su rajita.
Con su abultado coño humedecido, volvió a retomar sus marcadas estocadas con llamativa ferocidad; dándole fuertemente en medio de sus delgadas piernas, hasta verla retorcer del pronunciado dolor.
De ese modo la estuvo presionando sin importarle sus quejidos. Hasta que de forma repentina, —y totalmente bañado en sudor—; sintió como la punta de su polla se abría camino entre sus partes. Después de una ardua y eufórica lucha, había logrado su objetivo.
Con su miembro entre sus labios, el tenso chico se mantuvo inamovible y sin siquiera atreverse a suspirar; debido a lo apretada que se sentía su vagina.
En ese instante Stella estaba tan jadeante y adolorida, que tan solo era capaz de temblar con un poco de resignación; a medida que aquel salvaje intruso, se abría camino en su vagina.
Con su pene acomodado, se dispuso a taladrarla con relativa lentitud. Y a medida que lo hacía, fue aumentando gradualmente el ritmo y la velocidad; hasta sentir como sus bolas chocaban contra la chica.
Stella tenía el coño increíblemente reducido, lo cual dificultaba hasta el más leve de sus movimientos. Y aunque no se sentía para nada aceitado como el sexo de su madre, no podía dejar de penetrarla.
Pasados unos minutos, el extasiado chiquillo empezó a ser víctima de una llamativa calidez; que de a poco se había adueñado de la mayoría de sus sentidos. Totalmente acalambrado, Lincoln se mantuvo penetrándola a toda prisa; hasta verla retorcer con un poco de resignación.
Fue en ese momento cuando se percató de lo que realmente estaba pasando, al lograr darse cuenta de la impactante manera en la que Stella tenía todo su coño cubierto con su sangre; mientras arrugaba el rostro por tanto dolor.
Ligeramente aterrado, se mantuvo con la mirada perdida y el corazón mucho más que encendido; hasta que con el pasar de los segundos, vio como la chica ya no se retorcía tanto.
Aprovechando lo claramente estrecha que esta se sentía, comenzó a taladrarla con un poco de brusquedad; manteniendo siempre una disimulada sonrisa en sus sudorosas facciones. Tal parece que someter con fuerza a su alterada acompañante, lo único que hizo fue empezarlo a calentar.
Mucho más que encantado, —y sin dejar de bombearle entre las piernas con muchísima ansiedad—, le colocó una mano en la parte baja de su camiseta; y poco a poco se la comenzó a levantar. Stella tenía los senos muy pequeños, y con un color oscuro intenso similar al de un caramelo; el cual te daban ganas de chupar hasta el cansancio.
A medida que el estresado cuerpo de la chica se estremecía, Lincoln aprovechaba sus embates para empezar a penetrarla con muchísimo entusiasmo; mientras le retorcía los pezones con la punta de sus dedos.
Con sus ansiosos labios bien cerrados, Lincoln comenzó a acariciarle sus pechos, disfrutando enteramente de su firmeza y suavidad; a medida que era presa de múltiples corrientazos.
En ese punto en particular, la calidez de su tacto y delicadeza de sus caricias, contrastaba inmensamente con la violencia desmedida que le infringía en cada una de sus continúas estocadas. Lincoln le estaba dando con tantas ganas y velocidad, que la jadeante chiquilla estuvo a punto de perder el sentido.
Cuando Lincoln estuvo dispuesto a moverse con más fervor, empezó a darle besos por encima de sus erguidas tetas, y a acariciar su aplanado vientre con la yema de sus dedos; para tratar de sofocar su elevada excitación.
A medida que la penetraba, podía sentir como su electrificado miembro se abría camino entre sus piernas; consiguiendo disfrutar de la grandiosa manera en la que su receptivo glande, lograba frotarse contra la delicada piel que cubría sus apretadas paredes vaginales.
Cuando al final toda su polla fue absorbida, se dispuso a besarla sobre su cuello y a acariciar con ganas una buena parte de su abdomen; mientras se dejaba llevar por sus placenteras emociones.
Con el pasar de los segundos la respiración de Stella poco a poco se fue incrementando, siendo sencillo el poder identificar, como sus pequeños pezones se fueron tornando mucho más puntiagudos.
Con el coño dilatado, —y aun cubierto por los distintos restos de loción y sangre—, Stella se mantuvo quieta y respirando con total perturbación; mientras el abusivo acompañante que tenía encima suyo, le deslizaba el pene hasta lo más profundo de su sensible ser. En ese llamativo instante se veía tan sumisa y apagada, que ya ni siquiera era capaz de levantar la cabeza.
Mientras embestía sin cautela alguna su estrechada hendidura, consiguió palpar el dulce aroma a bebé que solía usar la chica en su cuerpo; aumentando las desmedidas contracciones que percibía en su afiebrado pene, hasta conseguir taladrarla con mucha más aceleración.
A medida que la penetraba, —y sin llegar a emitir sonido alguno—, comenzó a acariciarle los senos con muchísima más ternura; como para tratar de hacerle saber, lo mucho que lo estaba disfrutando.
Lincoln estaba verdaderamente emocionado, chupeteándole los erguidos pechos a la que era su mejor amiga. Y a medida que lo hacía, no podía dejar de recordar todas esas veces en las que él y sus amigos fueron masacrados al jugar a los quemados; por andar mirándole las pequeñas tetas que se le marcaban bajo el uniforme.
Sentir sus múltiples embestidas dentro de su tensa abertura, hizo que rápidamente Stella empezase a tiritar. En ese breve espacio de la noche se veía tan entregada, que no era capaz de oponer resistencia alguna a ninguno de sus movimientos.
Sin darse cuenta, la estresada chiquilla había empezado a contraer su cuerpo y a sacudir sus caderas bajo el incesante ritmo de sus agónicas sacudidas; permitiéndole al decidido muchacho de cabellera aclarada, adentrar su miembro en lo más lejano de su esponjoso interior.
Completamente emocionado, se aferró como pudo a sus calurosas caderas, y comenzó a intensificar sus emocionadas embestidas con mayor profundidad; hasta lograr percibir el estimulante choqueteo, que era producido por sus afiebrados desplazamientos.
Luego de unas briosas sacudidas, y cuando empezó a experimentar como su lefa se le había empezado a acumular en la punta de su polla, pudo sentir como el eufórico deseo generado por su indefensa compañera; se fue convirtiendo en auténtica calentura. Ya no podía soportarlo más, ¡tenía que correrse dentro de ella!
Fue así como tensando levemente su cintura, se mantuvo taladrandola con total obstinación. Hasta que sintiendo como de a poco le iba faltando el aire, no tardó en ser presa de una sacudida sin igual; que le hizo liberar su esencia en lo más profundo de sus entrañas.
Con su grumosa leche saliendo a borbotones, Lincoln se mantuvo desapareciéndole la verga como si no hubiese un mañana; hasta conseguir notar como su mundo en blanco y negro, se fue llenando de múltiples colores. Había sido una corrida tan única y agotadora, que estuvo a punto de hacerlo desplomarse.
Luego de llenar su coño con su acalorado fluido corporal, se mantuvo chupeteándole las tetas, —y una buena parte de su aplanado vientre—; hasta caer rendido a su lado.
Con el pasar de los minutos, —y sin tener para nada claro cuánto tiempo había pasado—, Lincoln comenzó a ponerse de pie con increíble dificultad; dándose cuenta de cómo tenía su replegado miembro cubierto de sangre.
Una vez que estuvo reincorporado, procedió a vestirse con bastante prisa; y tras conseguir quedar nuevamente listo, empezó a acercarse hacia donde se encontraba Stella.
Con la mayoría de su cuerpo tembloroso, el cansado chico procedió a colocarle la falda y arreglarle velozmente su blusa; dejando su pequeña ropa interior sobre la cama.
Después de dejarla ligeramente vestida, procedió a amarrarle bien las piernas como había hecho con su madre; quedando listo para marcharse.
Tan pronto estuvo todo preparado, —y tras lanzar una última mirada atrás con algo de melancolía—, procedió a salir calmadamente de la alcoba; dejando en el piso a la madre y a la hija, quienes se mantenían temblando con bastante ofuscación.
A medida que bajaba por las escaleras, comenzó a percibir unos extraños sonidos provenientes de la entrada; que rápidamente lo pusieron sobre alerta.
Sin tiempo que perder se acercó con sigilo a un costado de la ventana principal que daba hacia la calle, consiguiendo divisar con muchísima sorpresa, como había un variado grupo de personas adultas frente a la casa.
Completamente horrorizado, los estuvo observando durante varios segundos; y al darse cuenta de que tan solo se mantenían mirando, se le comenzó a ocurrir otro fabuloso plan.
Con una naciente sonrisa dibujada en el rostro, procedió a marcharse lentamente hacia la parte posterior; hasta conseguir llegar a la cocina.
Tan pronto llegó a su destino, abrió velozmente una de las ventanas, y se dirigió con total sigilo hacia la puerta por donde había ingresado; para inmediatamente después, —y no sin antes mirar para todos lados—, salir con cuidado hacia el sombrío patio que se divisaba adelante.
Una vez que estuvo en la parte más lejana del jardín, asomó su mirada por encima de la cerca que daba al fondo. Y al ver que no había nadie cerca, comenzó a escalarla sin ninguna dificultad; hasta conseguir colarse sin mayores problemas en la casa del vecino.
Stella vivía en una zona residencial muy calmada, que estaba poblada en su gran mayoría por personas mayores recién jubiladas; lo cual tal vez explicaría, porqué el ladrón decidió atacarlas tan temprano.
Luego de cruzar con éxito la casa trasera que pegaba contra el patio, Lincoln salió a la calle sin mayores obstáculos; quedando listo para poder irse a su casa. Pero en lugar de molestarse en tomar su ruta de escape, comenzó a darle la vuelta poco a poco a la manzana; hasta conseguir aparecer nuevamente frente a la casa de su compañera.
Al llegar, no tardó en indagar con unos señores bien adultos que hacían parte de la guardia vecinal; quienes le explicaron al detalle lo que estaba aconteciendo. Y es que al parecer habían visto a un sujeto extraño merodeando en el sector, quien de manera repentina consiguió desaparecer en medio de la oscuridad.
Los vecinos preocupados, no tardaron en comentarle que se habían estado presentando bastantes casos de robos graves a lo largo de toda la zona; y que al ver que se les había esfumado el sospechoso, decidieron verificar de casa en casa, para comprobar que no hubiese hecho algún daño.
Fue en ese momento cuando el astuto albino se aprovechó hábilmente de toda la situación. Por lo que luego llamar a Stella, y de decirle a todos que lo debería de estar esperando; se ofreció valiente a explorar toda la casa, y así confirmar que no estuviesen en problemas.
Luego de pedir la ayuda de varios ancianos, Lincoln llamó a la puerta durante varios segundos. Y tras comprobar que todo estaba apagado, y que el auto de la familia permanecía aparcado; decidió darse la vuelta, para poder inspeccionar del lado del patio.
De ese modo se fueron a investigar en un grupo reducido. Y al ver que la entrada estaba con candado, y no había forma alguna de tratar de acceder, Lincoln se llenó de un falso pánico, y se puso a verificar el cierre de cada una de las ventanas; hasta lograr toparse con la que previamente había dejado abierta.
Una vez que estuvo adentro, le abrió la puerta al grupo de adultos, quienes se emocionaron rápidamente por estar hurgando en una casa ajena. Así transcurrieron los minutos, mientras accedían con calma al interior de aquella oscurecida morada; hasta que, al llegar al fondo del segundo piso, uno de los vecinos encontró a la madre y a la hija completamente desvanecidas.
Mientras los ancianos se miraban aterrados los unos a los otros, fue Lincoln quien reaccionó de manera muy valiente. Y tras buscar por encima de la cama y revolver todo el tocador, tomó las tijeras que traía en su bolsillo; y procedió a desatar a las chicas que estaban casi desmayadas.
Luego de revolver la escena con inmensa astucia, —y de dejar sus pequeñas huellas por todos lados—, se mantuvo aferrado a su entristecida amiga que permanecía apoyada sobre el piso; brindándole su pequeño hombro para que pudiera llorar.
Así transcurrieron los minutos con muchísimo alboroto, hasta que ya bien entrada la noche, llegaron las ambulancias y también la policía.
Luego de lo sucedido, Lincoln fue vitoreado como un héroe en toda la ciudad, al haber salvado con valentía a su querida compañera. Y ya que tenía una buena excusa, —y había contaminado la escena con sus huellas—, nadie puso en duda su participación en ese asunto.
Un par de semanas más tarde, —y al saber que la policía no tenía mayores pistas sobre lo sucedido—, Lincoln se comenzó a sentir cada vez más excitado; y con unas terribles ganas de volverlo a intentar. ¿Acaso Royal Woods conseguirá estar a salvo?
