Siempre pense que era muy tonto agarrar una caja y de uno en uno, recoger los regalos que tu otra mitad te dio antes de terminar. Cuando era un adolescente, pensaba que era maleducado tirar regalos. Al menos, así me educaron. A aceptar todo tipo de regalos de tus seres queridos porque lo habían escogido pensando en ti.

Pero ahora, lo entiendo.

Ahora, soy yo el que abre una caja de cartón y de uno en uno, la voy llenando con nuestros recuerdos. Como las prendas que me compraste, aquellas con las cuales me decías que me veía guapo. La misma ropa que con tus hábiles dedos me desnudaban, reclamaban mi piel y sentía tu calor.

¿Sabes cual era mi pieza favorita? El traje que escogiste para mi. Aquel que use para conocer a tu madre. ¿Lo recuerdas?


Era un traje de tres piezas de color marrón claro. Mi cabello usualmente revuelto estaba peinado hacia atrás y recuerdo sentirme nervioso, caminando en círculos en tu cuarto. —Me veo ridículo, ¿no crees? No, ¡lo estoy! ¡Sé que lo estoy! — exclamé, un millón de diferentes escenarios pasaron por mi cabeza mientras imaginaba la cara de desprecio de tu madre hacía mi. Pero te reíste y tomaste mi cara en tus manos, mirándome como si yo fuera lo único en el mundo que importara.

Te ves hermoso, Reki. — dijiste, acariciando mi mejilla antes de acercarte y plantearme un beso en los labios. Dejé escapar un gemido vergonzoso cuando te alejaste, pero tú solo te reíste y juntamos nuestras frentes.

Fruncí ligeramente el ceño y te miré a los ojos. —¿Crees que le agradaré a tu mamá? — Pregunté, suavemente contra tus labios.

Tu sonreíste. —Te va a amar. — dijiste, antes de rozar nuestras narices juntas. —Bueno, pues, vámonos. — Te alejaste, tomaste mi mano y tiraste de mí con una amplia sonrisa. —Quiero presumirte.

Reí entre dientes.

Pero el lugar al que me habías llevado no era el que esperaba: el cementerio. Terminaste por consolarme a mí y no al revés porque era el aniversario de la muerte de tu madre y yo no lo sabía.

¿Lo ves, mamá? Él llora por mí cuando yo ya no puedo hacerlo. — dijiste. —Por eso lo amo.


Los siguientes en irse fueron los regalos de cumpleaños. Los perfumes, los materiales para escultura de madera, incluso esa patineta firmada por Tony Hawk. Todo lo que me diste como agradecimiento por mi existencia, lo guardé en esa caja.

Pero nada se comparará con tu primer regalo para mí. Era muy simple y según Koyomi no era nada romántico. Pero me encantó. El siguiente volumen de mi manga favorito... me hizo sentir que si me prestabas atención, a las cosas que me gustaban aparte de nuestro interés común.


Estábamos celebrando mi cumpleaños número veinte y llevábamos dos meses saliendo "oficialmente". Fue en mi casa con mi familia y después del shock de revelar que eras mi pareja, ya te trataban como si fueras familia. Excepto mi papá, por supuesto, pero esa era una historia diferente. El caso fue que te mostré mi habitación, lejos del ruido y las burlas de nuestros amigos.

Por supuesto, estabas robandome besos y como siempre no podías mantener las manos quietas. Pero eso era lo único que harías en la casa de mis padres y yo me había burlado de ti por tener miedo de mis padres. Te reíste entre dientes, mordisqueando mi mandíbula mientras yo reía. —Tengo algo más para ti. — Dijiste, sacando el pequeño libro de tu abrigo y entregándomelo. —Este es un regalo muy equis, ¿eh? — Dijiste, mirando hacia otro lado con las cejas levantadas. —Lamento no poder darte más, no estoy... seguro de qué le gustaría a alguien de tu edad como regalo de cumpleaños.

Acababa de cumplir veinte años y para mí eso era más que suficiente. Incluso lo encontré lindo. Cómo habías estado tan nervioso que tu "fino gusto" no pudo funcionar y terminaste optando por algo más simple. Bajaste a mi nivel, nervioso de que me burlara de ti por ello. De que te llame hipócrita.

Pero mi emoción y mis besos habían sido genuinos y lo sabes.

Prometo comprarte algo mejor el año que viene. — Murmuraste contra mi cuello antes de continuar dejando tu marca. Ya no recuerdo lo que respondí o tan siquiera si respondí algo.


Los siguientes en desaparecer fueron los pocos regalos de San Valentín que me diste, ya que a menudo me llevabas a cenar a mí. Tallandote tan profundamente en mi cuerpo y alma justo antes de que termine el día en tu cama. Pero los cursis ositos de peluche que sostenían un corazón tenían que irse.

Y finalmente, tus regalos de navidad.

Bufandas, relojes, materiales de arte y…

—Tu rota promesa. — susurré, las lágrimas rodaron por mis ojos mientras sostenía el anillo de compromiso que me habías dado. Lo sostenía con fuerza contra mi pecho, cerrando los ojos al recordar la noche en que me lo diste.


Estábamos bailando lentamente frente a la chimenea, tu me susurrabas cosas dulces al oído. Ambos escuchando canciones de amor antiguas que me dedicabas. —When you hold my hand, — cantaste, en Inglés ya que la banda era americana. —I understand the magic that you do, — Te miré, tus ojos rojos me reflejaban sólo a mí mientras me sonreías suavemente. —You're my dream come true. — cantaste y sentí mi cara ruborizarse a la vez que te devolví la sonrisa. —My one and only you~

Y justo después de darme un giro, te arrodillaste. Ya estaba llorando cuando deslizaste el anillo en mi dedo. Sintiéndome tan cliché, algo por lo que nunca pensé que pasaría porque lo encontraba vergonzoso.

Pero me hiciste comprender la emoción de todo esto.

Ya me veía caminando hacia el altar. Contigo esperándome, sonriéndome mientras me acerco. Ya me veía haciéndote las corbatas por las mañanas y despidiéndote con un beso. Preparar tu almuerzo y ser tu hombro en el que apoyarte cuando hayas tenido un día difícil.

Estaba listo para ser el hogar al cual podías regresar. Tal vez incluso un día, nuestra familia podría crecer en número.


Pero aquí estoy. Llenando una caja con nuestros recuerdos. Una caja llena de promesas rotas. Llena de 'hubieras' y 'lo que pudo ser'.

Cuando cerré esa caja, mis lagrimas no dejaban de caer. Pero tenía que decir adiós. Las despedidas son siempre las más difíciles, ¿no? Un día, olvidaré tu olor. Olvidaré la sensación de tus dedos, tu forma cuando nos volvemos uno, tu voz llamando mi nombre.

Un día olvidaré este dolor. Así como tus marcas en mi piel se desvanecerán pronto. Por ahora, lloro tu nombre mientras duermo. Lloro por la pérdida de mi otra mitad, del mejor amigo que no sabía que podía encontrar en ti. ¿Será egoísta de mi parte pedirte que no me olvides?

Adiós, Ainosuke. Tal vez, en otra vida… ¿verdad?


Al final, ¿valió la pena todo? — Se preguntó Ainosuke, mirando por la ventana de lo que solía ser su oficina personal. Tadashi le dio a Ainosuke una mirada comprensiva, sus propias lágrimas amenazaban por caer porque Ainosuke ya había agotado las suyas. —Puedo gobernar el país... y la idea era emocionante al principio. — Ainosuke dio una calada a su cigarrillo. —Pero ahora, es sólo otro trono vacío.

Tadashi tragó el nudo en su garganta. —Amo Ainosuke. — lo llamó suavemente.

Ainosuke se rió amargamente entre dientes. —¿Por qué nunca puedo tener a la persona que amo a mi lado? — Se preguntó Ainosuke con una sonrisa forzada y el ceño ligeramente fruncido. —Tal vez fue lo mejor, Reki habría sido devorada vivo en este mundo.

Pero…

Ainosuke~ — gritó una estridente voz femenina. Tadashi miró débilmente hacia la puerta.

Ainosuke apagó su cigarrillo. —Adiós, Reki. Quizás en otra vida...