A veces, solo hay que relajarse

Spy x Family © Tatsuya Endo

Sinopsis: Loid se siente con falta de entusiasmo para algunas cosas. Yor le recuerda que a veces está bien tomarse un descanso.


A veces, solo hay que relajarse


Pereza.

Esa era la palabra que mejor describía a Twilight. No solo el lugar donde estaba, sino también su apariencia lo reflejaban. Normalmente, se vestía con cuidado por si venían visitas, pero ese día ni siquiera tuvo la energía para ponerse una camisa formal. Llevaba ropa holgada y hasta unas pantuflas que casi nunca sacaba del armario de Loid Forger.

Era una imagen muy rara para un espía tan famoso como Twilight, pero tampoco había sido una semana fácil. Las misiones secundarias y el papeleo habían ocupado su agenda sin dejarle mucho descanso. Si logró comer las cuatro comidas básicas, fue solo porque su estómago se lo exigió con fuerza.

Así que, cuando un nuevo rugido salió de su estómago, Twilight y Loid Forger decidieron que debían comer.

Hizo una pausa y pensó en sus opciones.

Había un poco de estofado sureño que había hecho Yor la noche anterior, pero eso significaba que tendría que moverse para buscar y calentar la comida. También podía tomar algún aperitivo de los que había comprado junto con los maní de Anya, aunque eso implicaba lo mismo que la primera opción.

Milagrosamente, la figura de su esposa apareció, y Loid recordó que ella se había ido para darse una ducha y aliviar el cansancio. Él había hecho lo mismo, pero, dado su estado, dudaba que hubiera servido.

Ella se sentó a su lado y lo observó. Su agotamiento la preocupó, así que se llevó una mano al rostro y exclamó:

—¿Estás bien, Loid? Te ves…

—¿Cansado? —respondió él.

Yor asintió y bajó la mano hacia su regazo. Sus dos manos se cerraron en forma de puño, y se inclinó para acercarse más a Loid. No fue un movimiento exagerado, pero sí lo suficiente como para crear una especie de privacidad respecto al resto de la sala.

Estaban solos, al menos, hasta que Anya y Bond despertaran de la siesta.

Loid levantó la cabeza y observó el lenguaje corporal de su esposa. Yor parecía aterrorizada, como si estuviera a punto de confesarle algún secreto de vida o muerte. Según él, no había nada que ella pudiera decirle que lo sorprendiera.

—Si esto es por la comida de ayer…

—No —le cortó y reafirmó su pensamiento: ella no iba a sorprenderlo—. Hiciste estofado sureño, Yor.

A través de su vista cansada, notó que la expresión de Yor se relajó y sonrió. En respuesta, Loid también esbozó una sonrisa, aunque era mucho más pequeña en comparación.

El silencio regresó, y Loid percibió que Yor tenía algo más que decir, pero se estaba conteniendo. La había visto con ese conflicto interno tantas veces que deseaba tomarla por los hombros y recordarle que podía decirle cualquier cosa.

Lógicamente, la comunicación entre parejas era importante para la Operación Strix.

Entonces, de repente, la expresión de Yor cambió, y Loid observó un brillo particular en sus ojos. Era algo que ocurría pocas veces, pero indicaba que estaba llena de energía.

Ella lo miró con sus intensos ojos rojos y una sonrisa decidida. Loid esperó, listo para escuchar lo que tenía que decir.

—¿Quieres helado?

—¿Eh?

—Pregunté si quieres helado, Loid —repitió Yor con bastante seriedad—. Creo que un poco de helado nos vendría bien.

Loid contempló a su esposa sin responder. Pasó un segundo, luego otro. Finalmente, levantó una ceja con confusión.

—¿Y por qué me preguntas si quiero helado?

—Porque te ves cansado, Loid —explicó ella como si fuera lo más obvio del mundo—. Y sé que todavía te cuesta admitir que no puedes seguir el ritmo. Así que supongo que solo busco otras maneras de ayudarte a relajarte.

Esa conversación estaba fresca en la mente de Twilight. Yor le había pedido que confiara en ella, y él solo había meditado sobre sus propias falencias, diciéndose a sí mismo que, si no era infalible, no iba a sobrevivir.

—¿Dónde conseguiste el helado?

—Había un descuento especial si comprabas dos kilos de helado de chocolate.

Recordó cómo Yor había llegado del trabajo con una bolsa de un color diferente al de las del mercado y cómo se había movido con sutileza al colocarla sobre la encimera. Había sospechado que se trataba de artículos personales.

La respuesta era otra: dos kilos de helado de chocolate.

Anya no debía enterarse de que el helado existía hasta la cena. Su hija podía volverse loca, y Loid no podía culparla. El helado era un postre muy tentador y adictivo.

—Quiero helado —le respondió a su esposa—. Y gracias, Yor.

Ella lo miró con curiosidad.

—¿Por qué?

—Por recordarme que puedo relajarme.

Un suspiro aliviado escapó de los labios de Yor al sentir que había cumplido con su tarea. Sin decir nada, se levantó y caminó hacia la cocina en busca de lo que había traído.

Loid la observó durante todo ese momento, deseando no solo poder compartir el helado.


Nota de la autora: El domingo a la tarde quería helado de chocolate, pero solamente conseguí alfajores. Hoy mi mamá tenía helado, aunque no era de chocolate, pero era helado.

¿El punto? Ambas cosas me relajaron y me inspiraron para escribir esto. En resumen: Comer cosas ricas da buenas ideas.

Ciao.