La semana anterior había sido un torbellino de emociones, una montaña rusa que aceleraba sin cesar, manteniendo su corazón en un perpetuo estado de euforia. Todo comenzó cuando ese hombre, inesperado y enigmático, irrumpió en su vida.
Nunca habría imaginado que Naruto, a quien creía conocer por completo, pudiera tener una amistad con alguien tan opuesto a él. Eran como el día y la noche, tan diferentes que resultaba difícil concebir cómo podían conectar.
Cuando Sasuke se despidió con una leve reverencia y se refugió en la seguridad de su auto, Naruto se volvió hacia ella, la abrazó con fuerza, un gesto de calidez y familiaridad. Ella correspondió con gratitud y alivio, aunque su mente no dejaba de comparar a Naruto con el hombre que acababa de reencontrar. Naruto irradiaba una energía vibrante y contagiosa, mientras que Sasuke emanaba una calma inquietante, una presencia que parecía desafiar la extroversión de su amigo. A pesar de las diferencias evidentes, había entre ellos una conexión sutil, una camaradería que iba más allá de las apariencias.
—¿Cómo es posible que se lleven tan bien? ¿Cómo es que se conocen? —preguntó ella, incapaz de ocultar la confusión en su voz.
Naruto percibió la incertidumbre en su pregunta y trató de ofrecer una sonrisa tranquilizadora.
—Es complicado, una historia larga que algún día te contaré. A veces, las personas más distintas encuentran un terreno común inesperado.
Ella sonrió, con el rostro iluminado por la ternura que Naruto le ofrecía. Él le dio un beso en la frente y acarició su mejilla con un cariño genuino.
—¿Nos vemos la próxima semana? —preguntó Sakura, sus ojos brillando con la esperanza de una respuesta positiva. El orfanato y la compañía de Naruto se habían convertido en su refugio, un escape de la prisión que representaba Danzo.
—¡Ay! Me vas a matar —exclamó Naruto en tono de broma, ocultando una leve preocupación—. La próxima semana es el cumpleaños de mi suegro, y vamos a visitarlo con Hinata, me tomaré unas vacaciones.
—Está bien, te voy a extrañar —respondió ella con voz suave y melancólica.
—Yo más.
Naruto, a pesar de su torpeza con otras chicas, sentía un amor sincero y profundo por Sakura. Con un gesto de galantería, abrió la puerta del coche para que ella pudiera entrar.
Desde la distancia, Sasuke observaba la escena con una mezcla de asombro y curiosidad. Nunca había visto a Naruto tan unido a alguien de esa manera. La genuina felicidad que experimentaba en compañía de Sakura era algo nuevo para él. El enigma de su amistad, la complicidad casi palpable entre ellos, lo intrigaba profundamente. Sasuke se preguntaba si alguna vez lograría comprender la naturaleza de esa conexión, un lenguaje secreto reservado solo para ellos.
Cuando Naruto se acomodó en el asiento del automóvil, no pudo contenerse y soltó con una mordaz sinceridad:
—Si tu esposa se enterara de lo cercano que eres con Sakura, se pondría celosa.
Sasuke frunció el ceño, con la mirada fija en la carretera.
—Siempre he amado a Sakura, y ella lo sabe —comenzó Naruto, su voz bajando de tono mientras sus pensamientos volvían al pasado—. Estuve enamorado de ella durante mucho tiempo, pero nunca me aceptó. Mi amor ha cambiado, ha madurado con los años. Ella ha estado a mi lado desde que éramos niños, cuando venía con su madre a la casa hogar. Su padre, Kizashi, pagó mis estudios, y gracias a él nos conocimos tú y yo.
Mencionó con nostalgia.
—Después de la muerte de su madre, ella se fue por un tiempo. Cuando regresó, me enteré de que se casaría con Danzo. Eso me destrozó. Ella no merece algo así. No entiendo cómo Kizashi pudo permitirlo.
El silencio que siguió a su confesión era denso. Sasuke, con los ojos fijos en la carretera, sintió el peso de las palabras de Naruto.
—Me siento tan culpable por no poder estar con ella ahora. Mi viaje con Hinata es inaplazable, y siento que la estoy abandonando cuando más me necesita. Además, es el cumpleaños de Konohamaru y prometimos hacer una gran fiesta. Y la gala de beneficencia está a la vuelta de la esquina... Espero que pueda manejarlo sola.
Naruto suspiró mientras miraba por la ventana preocupado.
—Yo puedo ayudarla.
El ofrecimiento de Sasuke llegó como un rayo en la oscuridad, inesperado y sorprendente. Naruto giró la cabeza, con los ojos abiertos de par en par, sin poder creer lo que acababa de oír.
—¿De verdad? ¿Estás hablando en serio?
Sasuke asintió lentamente, tratando de mantener una fachada impasible. Sin embargo, la sorpresa de su propio ofrecimiento lo desconcertaba; no entendía cómo había decidido ayudar tan rápidamente, sin pensarlo dos veces.
—¿Vas a volver con esos niños? —El tono despectivo de Danzo era una mezcla amarga de desprecio y desdén, lo que le revolvía el estómago. Esos niños, inocentes y vulnerables, enfrentaban la crueldad del mundo; necesitaban amor, una mano amiga en medio de su desamparo. Así había conocido a Naruto, su querido amigo.
—Es una de las obras benéficas de mi madre, y tengo la obligación de organizar la gala de beneficencia cada año —respondió Sakura, picando su desayuno sin apetito.
Danzo frunció el ceño con desaprobación.
La dureza en la voz de su esposo hizo que los vellos de su nuca se erizaran. Un frío vacío se extendió en su interior, un recordatorio doloroso de su lugar en ese matrimonio. Sabía que contradecirlo tenía un costo demasiado alto.
—No me interesa. Ese tipo de caridad no es para mí. Yo solo firmo los cheques. ¿Está claro? —El tono de Danzo era firme y autoritario, su mirada dura como el acero. Sakura sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Asintió en silencio, resignada mientras luchaba por contener la rabia que burbujeaba dentro de ella.
—Deberías estar en casa, esperando mi llegada o asegurándote de que todo esté a mi gusto. ¿Acaso Kizashi no te educó? ¿No te enseñaron que debes respetar a tu marido? —Sus ojos brillaban con una furia helada, un recordatorio constante del peligro que enfrentaba si cruzaba los límites.
Sakura, temblando, buscó refugio en sus propias lágrimas, su voz apenas un susurro en medio de su angustia.
—Perdóname. —La palabra salió temblorosa, cargada con el peso de su sumisión y desesperación.
Por fin, era jueves por la tarde. El sol bañaba con su luz aquel rincón olvidado, un lugar que a Sasuke le resultaba extraño y ajeno. Recordaba cómo Naruto le había contado fragmentos de su infancia en ese orfanato, noches en las que, abrían sus corazones al amparo de la oscuridad. Esos recuerdos siempre le dejaban un sabor amargo.
Sasuke, quien había perdido a su madre, pero que aún conservaba el amor de su padre, no podía evitar sentirse afortunado en comparación. El amor de su madre lo había moldeado, y aunque su muerte dejó un vacío, su padre lo había llenado con fuerza y comprensión. Pero al pensar en los niños que corrían por los pasillos de aquel lugar, una sombra oscura nublaba sus pensamientos. ¿Cómo podían esos niños, despojados del amor de una familia, encontrar la fuerza para seguir adelante? ¿Cómo forjarse un futuro cuando el pasado les había arrebatado tanto? Sus pensamientos comenzaron a divagar, llevándolo hacia alguien de su pasado, una persona de la que no sabía nada desde hacía mucho tiempo. Su padre había insistido en que la olvidara, casi obligándolo a enterrar ese recuerdo. Pero ahora, en medio de aquellos niños que luchaban por un lugar en el mundo, la sombra de ese viejo vínculo volvía a surgir, inquietante y persistente.
Tan absorto estaba en sus pensamientos que casi no notó el sonido de un motor familiar. Levantó la vista justo a tiempo para ver a Sakura estacionar su automóvil. La música pop de los noventa se escapaba de las bocinas, un contraste casi absurdo con el ambiente sombrío del lugar.
La capota del coche se levantó lentamente, y Sasuke quedó hipnotizado por la escena. Sakura, con su aire despreocupado, parecía ajena al peso que él llevaba en el corazón.
La observó bajar del coche, cada movimiento impregnado de una gracia que lo dejó sin aliento. Llevaba tacones altos que acentuaban la elegancia de sus pasos, y un vestido verde vibrante que hacía resaltar sus ojos esmeralda. Su cabello largo caía en suaves rizos, enmarcando un rostro donde las mejillas rosadas y los labios color cereza parecían haber sido besados por la primavera misma. Incluso a la distancia, pudo percibir el aroma dulce de su perfume, una fragancia que lo envolvió en un hechizo inesperado.
Nunca una mujer lo había cautivado de tal forma. Aquella reacción lo desconcertaba. ¿Qué otra cosa podía ser sino un encantamiento? Una trampa sutil, diseñada para desarmarlo, para quebrar la coraza que había construido a lo largo de los años. Pero era inútil negarlo; estaba hechizado. Y aunque la lógica le susurraba que debía mantenerse distante, cada fibra de su ser quería acercarse más.
Sakura lo miró sorprendida, su voz temblorosa apenas logrando disimular el asombro que sentía al verlo.
—¿Señor Uchiha? —pronunció su nombre con una mezcla de sorpresa y suavidad que le erizó la piel.
—Llámame Sasuke —respondió, notando cómo un delicado rubor se extendía por sus mejillas mientras bajaba la mirada.
—Naruto me pidió que viniera a ayudarte. Comentó que se acercan dos celebraciones importantes.
—Gracias, y lamento que Naruto te haya obligado a venir. Eres una persona sumamente ocupada como para estar aquí...
—Lo hago con gusto.
Sakura lo miró con incredulidad, pero también con una chispa de encanto en sus ojos, como si no pudiera creer que alguien como él estuviera dispuesto a ofrecer su tiempo tan generosamente.
Ambos ingresaron al orfanato, y en un instante, los niños corrieron hacia ellos, sus rostros llenos de emoción. Sasuke observó cómo Sakura reía con los pequeños, su risa ligera y contagiosa. No pudo evitar mirarla fijamente, fascinado por la naturalidad con la que se desenvolvía en medio de aquella alegría infantil.
Cuando lograron calmar a la estampida de niños con algunos libros para colorear, Sakura se sentó a su lado, su proximidad despertó en él una extraña mezcla de paz y agitación.
—Perdónalos —dijo Sakura con una sonrisa cálida, aunque algo melancólica—. A pesar de que algunas personas todavía apoyan este orfanato, casi nadie se preocupa por visitarlos, y menos por considerar la adopción.
—No todo el mundo está hecho para ser padre —respondió Sasuke, su tono más sombrío de lo habitual.
Sakura asintió, pensativa, y luego añadió, con una mirada perdida—: Es verdad, quizá es absurdo pensar que todos debemos nacer, crecer y procrear. Pero, aunque suene cursi, a mí sí me gustaría ser madre algún día. Es un anhelo con el que muchas mujeres crecen y sueñan: una boda perfecta y una familia feliz.
Sasuke soltó un comentario que llevaba un filo oculto—: Al menos ya cumpliste uno de tus deseos, tu boda perfecta.
Sakura se quedó callada por un instante, la punzada de sus palabras resonando en su pecho. Sasuke no sabía que esa boda, que para el mundo exterior había sido un cuento de hadas, no era más que una prisión dorada para ella. No tenía que pregonar al mundo su infelicidad, ni confesar que la ceremonia que supuestamente había marcado el inicio de su "felices para siempre" había sido, en realidad, el comienzo de su pesadilla.
—Es cierto —respondió finalmente, con una sonrisa forzada y sin emoción alguna—, fue una boda de ensueño.
Pero mientras lo decía, su mente la traicionó, llevándola de regreso a ese día fatídico. Recordó que ese día fue la primera vez que vio a Sasuke, cuando aún tenía la oportunidad de escapar. ¿Qué habría pasado si hubiera aceptado las invitaciones de Naruto meses antes? Tal vez si no se hubiese enterrado tanto en sus estudios de medicina, habría disfrutado de la juventud, de las fiestas, y quizá... sólo quizá, habría encontrado el valor para rechazar lo que vino después.
Aún le dolía recordar cómo su padre irrumpió en su cuarto aquella noche en la universidad, su semblante frío y distante, algo tan ajeno a la imagen paternal que siempre había conocido. Sus pertenencias estaban empaquetadas, y él le dijo, con una voz que no admitía réplica, que tenía una obligación que cumplir.
A la mañana siguiente Danzo Shimura estaba allí, al pie de la escalera, sonriendo como un lobo que se prepara para devorar a su presa. Su padre, extrañamente cordial, se unió a él, y su estómago se revolvió con un mal presentimiento. Un hombre que hasta entonces le había parecido ajeno, y del que su padre había hablado con desprecio.
Danzo tomó su mano, con sus dedos ásperos y fríos como el hielo, y la besó.
—Te has convertido en una hermosa dama, Sakura. Tu padre se quedó corto al describir a su bella niña; eres toda una mujer.
Sakura sonrió, nerviosa y confundida, mientras una sombra oscura se cernía sobre su futuro.
—¿Sakura? —La voz de Sasuke la sacó abruptamente de su ensoñación.
—Perdona —murmuró ella, tratando de recomponerse. —Debo ir a vigilar a los niños.
Sin decir nada más, se levantó y caminó hacia las mesas donde los niños coloreaban.
Sasuke la observaba con atención, cautivado por cada uno de sus movimientos. La manera en que enroscaba un mechón de cabello entre sus dedos, cómo sus ojos verdes se iluminaban al recibir las flores que los niños le regalaban, y la dulzura que emanaba de sus labios rosados al sonreír. Todo en ella parecía irradiar una luz tan pura que lo hacía sentirse como un intruso en su presencia, un ser oscuro e indigno que había ascendido desde las profundidades del infierno solo para contemplar a un ángel.
La tarde transcurrió entre risas y juegos, una burbuja de alegría que lo envolvía y al mismo tiempo lo mantenía a distancia. Sasuke la observó con atención mientras jugaba baloncesto con los niños, sorprendido y fascinado cuando la vio hacer un nudo en su elegante vestido verde, justo a la altura de los muslos, para moverse con mayor libertad. Era una escena inesperada: una mujer tan sofisticada, con tacones altos y un porte impecable, ahora descalza y con el vestido recogido, ayudando a los más pequeños a vencer a los mayores en un juego improvisado.
Sakura aprovechó hasta el último rayo de sol que iluminaba el jardín para convivir con los niños, y, por supuesto, con Sasuke.
Cuando la noche cayó, dejaron a los niños listos para ir a la cama. Tsunade se despidió de ellos con gratitud, pero no sin antes apartar a Sakura para una conversación privada.
—Debes tener cuidado, Sakura. Si Danzo se entera de que Sasuke te acompaña, podrías meterte en problemas.
—Danzo no tiene interés en este lugar —respondió Sakura, intentando convencerse a sí misma.
—No lo subestimes. Para él, ahora eres su propiedad. Aun no entiendo cómo aceptaste casarte con él.
Sakura bajó la mirada, sintiendo el peso de la realidad.
—Si ya tomaste tu decisión, la respetaré. Pero no puedo evitar notar que ese hombre te atrae.
—Eso no es verdad... —Sakura intentó negarlo, pero su voz tembló, y sus mejillas se sonrojaron, traicionándola.
—No soy ciega, Sakura. Nunca has mirado a un hombre como lo miras a él, ni siquiera a Naruto. Pero tengo la impresión de que Sasuke oculta sus verdaderas intenciones contigo. Sé que su familia y Danzo han tenido conflictos graves. Incluso lo acusaron del asesinato de la madre de Sasuke, aunque no pudieron probarlo. Debes ser cautelosa; podrías estar cayendo en las garras de un lobo.
—Tendré cuidado, lo prometo —murmuró Sakura, aunque sus palabras carecían de la firmeza que deseaba mostrar.
Tsunade, una vieja amiga de su madre era una mujer marcada por grandes pérdidas. Se había casado con el amor de su vida solo para perderlo poco después. Semanas después, descubrió que estaba embarazada, pero la tristeza le arrebató también a ese hijo que nunca llegó a nacer. Fue su dolor lo que la llevó a este orfanato abandonado y desolado, transformándolo en un hogar para esos niños que ahora amaba con devoción, aunque con mano firme. Sakura la admiraba profundamente por su fortaleza y determinación, sabiendo que en su interior se ocultaba una mujer que había amado y perdido más de lo que cualquier otra podría soportar.
La abrazó con fuerza antes de salir, dejando a Tsunade con una promesa silenciosa. Afuera, Sasuke la esperaba junto a las cajas vacías de las provisiones recién entregadas.
—Gracias por acompañarme —dijo ella, tratando de encontrar su voz.
—Le prometí a Naruto que te ayudaría mientras él no está —respondió Sasuke con su tono habitual, imperturbable.
—Agradezco tu ayuda, pero entiendo que tienes asuntos más importantes que atender. Es un día laboral, y tu empresa te necesita. Espero verte pronto, pero no quiero ser una carga.
—Nos veremos aquí la próxima semana —afirmó él sin titubear.
—No es necesario. Puedo hacerlo sola —intentó replicar Sakura, aunque su voz carecía de convicción.
—Mientras ese imbécil de Naruto esté fuera, yo vendré. Este trabajo no es fácil, y necesitas ayuda.
—Está bien, nos vemos entonces —concedió ella, rindiéndose ante su firmeza.
El orfanato se había convertido en su único refugio, un santuario donde podía permitirse soñar, aunque fuera solo por un instante, con una vida distinta. Cada visita era una excusa para verlo, para sentir esa chispa de esperanza que, sin quererlo, encendía su corazón.
Sasuke estaba agotado. Cuidar de los niños no era una tarea sencilla, y aunque su interacción con ellos había sido mínima, sentía como si hubiera pasado horas intensas en el gimnasio. Sin embargo, la responsabilidad lo llamaba; las obligaciones en la empresa eran urgentes.
Al llegar a la oficina, su padre lo recibió con el ceño fruncido, la frustración evidente en su rostro.
—¿Dónde demonios estabas? ¡Te he estado buscando todo el día! —espetó, con su tono cortante y familiar.
—¿Qué necesitas? —replicó Sasuke con calma, manteniendo la compostura ante el mal humor que él mismo había heredado.
Sin decir más, su padre arrojó una carpeta sobre el escritorio. Sasuke la abrió, y al leer el contenido, su semblante se endureció.
—Autorizaron la auditoría para la próxima semana. Necesito que estés al tanto de cada movimiento en la empresa. Danzo renovó el pago de sus acciones, y no pude evitarlo. Tenemos que sacarlo cuanto antes —la voz de su padre era firme, cargada de preocupación.
Sasuke asintió, consciente de la gravedad del asunto. Danzo era una amenaza constante, y perder el control de la empresa familiar no era una opción.
Tomó la carpeta, sintiendo el peso de la situación. Sabía que la auditoría podría ser un golpe devastador para la constructora si no manejaban bien las cosas. Pero lo que más le preocupaba era la implicación de Danzo. Ese hombre tenía una habilidad insidiosa para infiltrarse y desestabilizarlo todo, y ahora, su presencia amenazaba con destruir lo que su familia había construido.
—No te preocupes, me encargaré de todo —dijo Sasuke, intentando proyectar una seguridad que no sentía del todo.
Sin embargo, mientras salía de la oficina, no podía dejar de pensar en lo complicado que se estaba volviendo todo. Entre las intrigas de Danzo y su vida personal, sentía que caminaba por una cuerda floja que en cualquier momento podría romperse.
La mañana siguiente, mientras desayunaban en un silencio tenso, la voz alegre de Ino irrumpió en la aparente calma. Danzo no ocultó su desagrado ante la inesperada visita, pero Ino, con su habitual desenfado, parecía tener la habilidad de manejar incluso a los hombres más difíciles.
—¡Sakura! —exclamó Ino, corriendo hacia ella y abrazándola con tal entusiasmo que casi derramó el café sobre su vestido. Sakura sonrió, atrapada entre la incomodidad y el alivio de ver a su amiga, sin saber exactamente cómo reaccionar.
Para su sorpresa, Danzo le sonrió a Ino con una cortesía que ella nunca había visto en él.
—Bienvenida, Ino. ¿Por qué no te sientas a desayunar con nosotros? —ofreció con una amabilidad que a Sakura le pareció extrañamente calculada.
—Muchas gracias, Danzo, pero he venido a llevarme a mi mejor amiga para una tarde de compras —respondió Ino con una sonrisa radiante—. Hace mucho que no la veo y tú la tienes todo el tiempo contigo.
Danzo mantuvo su sonrisa, pero sus ojos se entrecerraron levemente.
—No todo el tiempo. Ayer, por ejemplo, fue al orfanato. Aunque no crees que debería consentirme a mí un poco más, ¿verdad? —dijo con una simpatía que a Sakura le resultaba tan falsa como inquietante. Sabía que su marido era un maestro del engaño.
—Tienes razón, pero yo también necesito mi dosis de Sakura. Así que, ¿qué dices? —Ino giró la cabeza hacia Sakura, sus ojos llenos de expectativa.
Sakura miró a Danzo, insegura. Sabía que detrás de su aparente consentimiento, podría haber consecuencias si él no estaba realmente de acuerdo. Aun así, Danzo continuó con su máscara de amabilidad.
—Deberías ir, amor. Un día de compras y spa te hará bien —respondió Danzo con una sonrisa que parecía más una trampa que una muestra de cariño.
—Está bien —accedió Sakura, aunque su estómago se revolvía de ansiedad.
Una vez que ambas salieron de la casa y se encontraron solas en el auto, Ino no pudo contenerse.
—No sé cómo soportas a ese hombre, Sakura. Tienes tanto que contarme —dijo, su tono mezclando preocupación y urgencia.
Sakura soltó un suspiro, permitiéndose relajarse por primera vez en lo que parecía una eternidad.
—Es más complicado de lo que parece, Ino —respondió, su voz quebrándose levemente, consciente de que tenía mucho que revelar, pero también de que algunas cosas eran demasiado peligrosas para decirlas en voz alta.
El centro comercial, con su bullicio y luz, se convirtió en un escape temporal para Sakura. Mientras recorrían las tiendas, Ino intentaba animarla, sugiriendo prendas vibrantes y tratamientos relajantes. Pero incluso en medio del lujo y el ajetreo, la sombra de Danzo seguía pesando sobre ella, recordándole que la libertad que sentía era efímera, una ilusión que desaparecería tan pronto como regresara a casa.
Las dos amigas se acomodaron en los asientos de un elegante bar, rodeadas de una atmósfera íntima y sofisticada. El tintineo de las copas y el suave murmullo de la música las envolvía, creando el ambiente perfecto para la conversación que Ino estaba esperando tener.
—¿Ahora sí me dirás qué pasó? —preguntó Ino, inclinándose hacia adelante, con su mirada fija en Sakura mientras tomaba un sorbo de su Cosmopolitan.
Sakura sostuvo su copa de champán con delicadeza, dejando que las burbujas subieran lentamente antes de responder.
—Realmente no ha pasado nada —dijo, su voz apenas un susurro, cargado de resignación.
Ino arqueó una ceja, escéptica ante la respuesta.
—¿Quieres decir que no pudiste? —preguntó, tratando de mantener la conversación ligera, aunque la preocupación teñía sus palabras.
Sakura suspiró profundamente, su mirada perdida en las burbujas de su copa.
—Más bien, él no pudo. Al parecer, no soy lo suficientemente atractiva para él —confesó con una amargura que intentó disfrazar con una sonrisa forzada.
Ino no pudo evitar soltar una carcajada, tan inesperada y absurda le pareció la declaración, que estuvo a punto de escupir su trago.
—¿Estás jugando conmigo? —dijo entre risas, aunque al notar la expresión seria de Sakura, su risa se apagó lentamente.
—Lo digo en serio, Ino. —Sakura mantuvo su semblante, sus ojos brillando con una mezcla de tristeza y humillación.
Ino la miró fijamente, tratando de asimilar lo que había escuchado.
—No puedo creer que ese anciano decrépito te haya tratado así —dijo, con una incredulidad que rápidamente se transformó en furia—. ¡Mejor para ti! Pero aun así... no sé qué me da más miedo, que él siga con ese desprecio o que un día cambie de opinión.
—Sakura, sé que no quieres contarme por qué tomaste esa decisión, pero quiero que sepas que estoy contigo. Te quiero y... deseo que ese hombre muera pronto, para que por fin seas libre —dijo Ino, su voz endurecida por la rabia contenida.
—¡Ino! No se le desea la muerte a nadie... —respondió Sakura, aunque su voz temblaba, denotando lo cansada que estaba de todo.
—Lo siento, pero lo odio, Sakura. Ojalá apareciera un príncipe azul en un corcel blanco que te rescatara de ahí, como soñábamos cuando éramos niñas... —dijo Ino, su tono suavizándose mientras el deseo sincero de ver a su amiga feliz asomaba en sus palabras—. Ojalá llegara pronto a tu vida...
Sakura sintió que sus mejillas se encendían, el rubor traicionándola mientras recordaba a alguien que ya había despertado esos sentimientos en su corazón.
Ino, que la conocía mejor que nadie, no tardó en notar el cambio en su expresión. Su instinto no fallaba, esa mirada no era algo común en Sakura.
—¿De qué me perdí, Sakura? —preguntó Ino, inclinándose hacia adelante, su voz cargada de una mezcla de asombro y curiosidad—. ¿Acaso ya lo conoces?
Sakura suspiró profundamente, jugueteando con el borde de su copa de champán antes de romper el silencio.
—Es algo imposible... —murmuró, su voz cargada de una mezcla de anhelo y resignación.
Ino se inclinó hacia adelante, sus ojos reflejaban una mezcla de curiosidad y preocupación.
—¿Lo conozco? ¿En qué momento pasó esto? —preguntó, con la necesidad urgente de saber más.
Sakura tragó saliva, como si estuviera sopesando las palabras que estaba a punto de decir.
—Lo conocí el día de la boda. Al parecer, es uno de los enemigos públicos número uno de Danzo... —admitió, sintiendo un nudo formarse en su estómago mientras hablaba.
Ino se quedó paralizada por un momento, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.
—¿Quién es? ¡Cuéntamelo todo! —exclamó, la emoción contenida estallando en su voz.
Sakura bajó la vista, casi avergonzada por lo que estaba a punto de revelar.
—Se llama Sasuke Uchiha.
Por segunda vez en la tarde, Ino sintió cómo el alcohol le subía a la cabeza con una velocidad vertiginosa. Esta vez, no pudo evitarlo y casi escupió su Cosmopolitan, atragantándose en el proceso mientras la aceituna caía rodando sobre la mesa.
—¡¿Qué?! ¿¡Sasuke Uchiha!? —exclamó, sus ojos azules abiertos como platos—. ¿Estás segura? ¡Es un bombón! ¿Sabes cuántas mujeres están detrás de él? ¡Estudiábamos en la misma universidad! Siempre tan serio, con ese aire de mal humor... pero Dios, ¡está guapísimo! —Ino se detuvo para tomar aire—. Y, obviamente, ya le había echado el ojo.
Sakura sonrió, aunque con una mezcla de timidez y melancolía. Ella también había sido una de esas admiradoras silenciosas, pero aún quedaba lo más impactante por contar.
—En la boda... amenazó a Danzo. ¡Lo hizo frente a todos! —confesó, sin poder borrar de su mente el recuerdo de la furia helada en los ojos de Sasuke.
Ino la miró fijamente, asimilando la magnitud de lo que acababa de oír.
—¿Qué? —preguntó finalmente, su voz apenas un susurro—. ¿Qué hizo? ¿Cómo... por qué? Aunque, claro, no me sorprende de Danzo. Tiene más enemigos que amigos —comentó Ino, su voz volviéndose más seria.
Sakura se encogió de hombros, su mirada estaba perdida en algún punto lejano, como si reviviera el momento en su mente.
—Todo pasó muy rápido, Ino. No sé cómo describirlo. Aun así, cuando lo miré a los ojos, sentí algo que nunca había experimentado. Fue... aterrador y, al mismo tiempo, atrayente.
Sakura asintió, sintiendo que, al menos por un momento, había descargado una parte del peso que llevaba sobre sus hombros.
Ino se recostó en su asiento, absorbiendo cada palabra con un interés que crecía a cada segundo. Hizo una seña al mesero para pedir otro trago, sus ojos brillaban con una mezcla de incredulidad y emoción.
—Y la semana pasada... —continuó Sakura, el recuerdo nublando su mirada—, cuando fui al orfanato con Naruto, lo volví a ver. Es un gran amigo de él y... lo obligó a acompañarme hasta que él vuelva.
Los ojos de Ino estaban tan abiertos que por un instante parecía que se le iban a salir de las órbitas.
—¡Wow! —exclamó, sin poder contenerse—. No lo puedo creer. Aunque, ahora que lo pienso, siendo tan amigo de Naruto, era obvio que en algún momento lo conocerías.
Sakura asintió, aun procesando todo lo que significaba la presencia de Sasuke en su vida. Ino la observó en silencio por un momento, antes de inclinarse hacia adelante y hablar con un tono más suave, más íntimo.
—A pesar de que es un hombre esculpido por los dioses, tengo que advertirte algo —comenzó a hablar, con sus palabras cargadas de preocupación—. Sasuke no tiene sentimientos, o al menos, no los demuestra. Debes tener mucho cuidado, Sakura... mucho cuidado.
Sakura miró hacia su copa, el reflejo del líquido dorado parecía más profundo que nunca. Sentía el peso de la advertencia de Ino como un ancla en su pecho.
—Si solo buscas un escape de tu realidad con él, estoy segura de que podrías pasar un gran momento —continuó Ino, inclinándose hacia adelante y bajando la voz—. Pero, por favor, no te enamores de él. No sabemos qué ha hecho Danzo para ganarse su odio, y aunque me cueste admitirlo, tampoco podemos estar seguras de que Sasuke no intente utilizarte a su favor. Sin embargo, sinceramente, creo que Danzo es mucho peor de lo que imaginamos. Si Danzo se entera que son muy cercanos no quiero imaginar lo que pueda pasar, puedes estar en un peligro inminente. Sakura... no sé qué tan complicado sea todo esto, pero solo quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites. Y, aunque parezca imposible, no dejes que el miedo te haga perder la oportunidad de encontrar algo verdadero... Si Sasuke lo llega a ser, podría cambiarlo todo.
Sakura sintió un nudo formarse en su garganta. La idea de un posible peligro la inquietaba más de lo que quería admitir, pero algo en su interior ya estaba demasiado involucrado como para retroceder.
Ino tomó su mano con suavidad, apretándola con un gesto que decía más de lo que las palabras podían expresar.
El silencio entre ellas se hizo pesado, cargado de posibilidades y peligros. Pero también había esperanza, una chispa que, aunque pequeña, podía crecer si se le daba la oportunidad.
Sakura bebió el último sorbo de su champaña, sintiendo cómo la efervescencia le quemaba ligeramente la garganta. Ino tenía razón; la situación era complicada, peligrosa incluso, pero en su corazón, esa chispa de algo verdadero ya había comenzado a arder, y no estaba segura de poder apagarla.
