Capítulo 11: Dolor
Hermione se acercó a la ventana y observó a los presentes aquella tarde en el jardín de sus padres. Sus tíos y primos sonreían animadamente mientras convivían y más allá de ellos estaban sus pequeños sobrinos, quienes jugaban alegres con un balón, intentando quitárselo entre risas a aquel hombre alto de cabello negro. La castaña sonrió al escuchar las risas de su esposo y los niños. Y un suspiro de anhelo escapó de sus labios. Harry sería un buen padre, de eso no tenía la menor duda.
Bajó su mirada hacia sus manos, sonriendo con cariño al ver en la prueba aquellas dos rayas rosas. Era positivo.
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Después de regresar a casa los chicos se dispusieron a continuar con sus deberes, James removiendo la nieve del patio trasero y Lily limpiando la chimenea. Harry, por otro lado, optó primero por comenzar a cambiar el grifo de la cocina, así que aprovechó para remover toda la tubería dañada también. Y mientras quitaba pieza por pieza el sonido de su celular lo alertó, obligándose a incorporarse para limpiar sus manos y tomar el aparato de la encimera. Observó la pantalla reconociendo enseguida el nombre de su amiga, rogando internamente porque las cosas hubieran salido bien con sus padres.
—¿Está todo bien? —Preguntó temeroso apenas respondió a la llamada.
—¡Gracias a Merlín! —Soltó la chica aliviada del otro lado de la línea. —¿Por qué no has respondido mis mensajes? —Le reclamó tan pronto escuchó la voz de su amigo; Harry frunció el ceño y se apartó un momento el teléfono para observar la pantalla y abrir los ojos con asombro, ¡Veinte mensajes nuevos!
—Hermione, pero ¿Qué…? —Y tuvo que hacer una pausa para no soltarse a reír.
—Supongo que eso responde a tu pregunta, ¿No? —Dijo en tono mordaz, sabiendo que él se estaba conteniendo para no reírse.
—Lo siento. —Se disculpó enseguida sin dejar de sonreír. —He estado algo ocupado que no noté los mensajes. —Le explicó. —¿Cuál es la urgencia? —Preguntó y sólo recibió silencio. —¿Hermione? —La llamó serio.
—Quería… —Tragó nerviosa. —Quería saber si todo estaba en orden… con nuestros hijos. —Murmuró, cuidando que ninguno de sus padres estuviera cerca al decir esto último. Harry sonrió abiertamente al escucharla, le encantaba como sonaban las dos últimas palabras viniendo de ella.
—¿Mamá preocupada? —Soltó burlón.
—¡Harry! —Protestó con las mejillas rojas al escucharlo reír.
—Estoy haciendo un buen trabajo. Soy su padre, ¿Lo olvidaste? —Le recordó divertido.
—Eso no me asegura nada, además…
—Espera un segundo… —La detuvo enseguida el moreno. —¿No confías en mí? —Inquirió entre divertido e incrédulo mientras apoyaba sus codos en la encimera.
—¡Claro que confió en ti! —Admitió la castaña del otro lado de la línea y Harry respiró aliviado por un segundo. —Sólo desconfió de como puedas cuidarlos…
—¡Hermione! —Y ahora fue el turno de ella de reír. —Pareces estar mejor. —Agregó más relajado al cabo de unos segundos. Hermione soltó un suspiró…
—Sí. —Reconoció en un tono más suave. —De verdad necesitaba esto. —Harry sonrió tranquilo al escucharla. —¿No has tenido ningún problema hasta ahora? —El auror supo que se refería a sus hijos.
—No, les asigné un par de tareas para ordenar la casa. —Explicaba mientras se asomaba por la ventana para echarle un vistazo a James. —Jean está tomando una siesta en nuestra habitación.
—¿Hace cuánto se durmió? —Preguntó, observando el reloj de pared que se encontraba en el despacho.
—No lo sé, tal vez una hora, ¿Por qué? —Inquirió confundido.
—No la dejes dormir demasiado, quiero que duerma temprano esta noche. —Le ordenó y Harry volvió a sonreír. Mentiría si dijera que no estaba disfrutando vivir todo eso con ella, Hermione iba a ser una excelente mamá, pensó orgulloso.
—Yo me encargo. —Le aseguró. —¿Algo más señora Potter?
—Yo em… —El moreno soltó una risa nasal, juraría a que ella estaba sonrojada. —Yo… —Tragó una vez más. —Llevaré la cena esta noche. —Agregó al recordar la insistencia de su madre. —Mamá preparó otro refractario para ti.
—Me alegra escuchar eso porque me tomará un poco más de tiempo reparar la estufa. —Respondió apenado, regresando a ver aquella pieza, preparar la cena esta noche no era una opción. —De cualquier forma, dales las gracias a tus padres.
—Claro. —Asintió. —Ambos extrañaron tu presencia hoy. —Añadió de forma automática y casi de inmediato se arrepintió, ¡¿Por qué demonios había dicho eso?! Se reprendió. Hermione escuchó la risa de Harry del otro lado de la línea.
—¿De verdad? —Inquirió burlesco. La castaña se llevó una mano a su frente tratando de tranquilizarse.
—S-Sí. —Titubeó.
—Cariño, soy su yerno favorito. —Dijo orgulloso, Hermione sonrió con los ojos cerrados y negó.
—Lo dices porque serás el único. —Hubo un prolongado silencio entre ambos que consiguió ponerla nerviosa.
—¿Tú me extrañaste? —Preguntó de repente él en un susurro.
—¿Q-Qué…? —Por un segundo su amiga sintió sus piernas temblar y tuvo que apoyarse ligeramente en el escritorio, consiguiendo tirar en el proceso el porta lápiz de su padre. Con torpeza, la castaña se puso a ordenar todo de nuevo. Harry sonrió divertido al escuchar el desastre que tenía Hermione del otro lado de la línea, ¿La había puesto nerviosa? Se preguntó, mordiendo su labio inferior para ocultar su entusiasmo.
—¿Hermione?
—¿S-Sí? —Musitó nerviosa.
—Te veo más tarde. —Dijo en tono suave antes de despedirse. Harry observó su celular de nuevo y no pudo evitar sonreír como un idiota enamorado.
—No puedo más. —Escuchó de pronto a Lily, quien ingresaba en la cocina con cara de cansancio. —Llevo más de una hora tallando y todavía no logro que se vea el ladrillo. —Se quejó molesta, tomando un vaso que se encontraba en la encimera.
—Entonces talla más fuerte. —Se limitó a decir Harry de forma distraída mientras les colocaba las nuevas bisagras a las puertas de la encimera.
—¿Crees que no lo hice? —Protestó, sirviéndose agua esta vez de la jarra que se encontraba en la barra. —Además, ¿Has visto cómo quedó mi ropa? —Enfatizó, parándose a un lado de su padre para que viera las manchas de hollín en su sweater y su pantalón de mezclilla.
—Sí, ya veo. —Volvió a decir su padre concentrado, arrodillándose esta vez en la parte del fregadero donde colocaría las puertas; ella bufó molesta y rodó los ojos.
—¿Estás escuchándome? —Preguntó con el ceño fruncido al sentirse ignorada por él.
—Sí, no dejas de quejarte. —Le dijo tranquilamente desde abajo, ajustando los tornillos con su desarmador. —Pero no me voy a compadecer de ti. —Agregó, incorporándose nuevamente. —Estás castigada. —Le recordó serio. Lily lo miró desanimada, su padre no le daría tregua.
—¿Al menos puedo descansar un momento? Creo que me rompí una uña. —Expresó, viendo preocupada la sangre seca que rodeaba uno de sus dedos. Hizo una mueca de dolor al moverlo un poco.
—No es nada grave, estarás bien. —Declaró Harry despreocupado, consiguiendo irritar a Lily. —Hermione tiene un cofre de pociones arriba, unta un poco sobre el dedo cuando termines. —Le sugirió al tiempo que tomaba la segunda puerta, viendo de reojo como su hija hacia una mueca de disgusto. Lily, por otro lado, tuvo que recordarse que tenía que evitar las discusiones, así que se obligó a quedarse callada y no protestar esta vez.
—De acuerdo. —Optó por decir antes de beber un poco de agua. Guardó silencio unos minutos mientras observaba a su padre colocar la segunda puerta de la encimera, extrañándole de repente que todo estuviera tan callado, ¿Dónde estaba su hermana? —¿Y Jean? —Preguntó confundida al no verla por ningún lado.
—Está durmiendo. —Respondió, abriendo las puertas que se encontraban bajo el fregadero; Lily observó el reloj de pared con curiosidad.
—¿Cuánto lleva dormida? —Quiso saber y Harry no pudo evitar regresarla a ver extrañado, pues su madre había hecho la misma pregunta.
—Dos horas. —Dijo está vez tratando de remover los tubos dañados.
—¡¿Dos?! —Repitió con sorpresa. —¡Papá eso es demasiado! —Lo reprendió. —Tienes que despertarla ya o de lo contrario dormirá hasta tarde esta noche. —Señaló seria, viendo como su padre salía de abajo del fregadero con las piezas dañadas.
—Estará bien, solo es una siesta. —Contestó restándole importancia.
—¿Mamá está de acuerdo con esto? —Harry asintió, no mostrando remordimiento por haberle mentido a Hermione y a su hija, después de todo, ¿Qué podía pasar? No iba a interrumpir el sueño de su pequeña. Lily estrechó los ojos y negó con desaprobación, no creyendo del todo aquello. —Por cierto, ¿A dónde fue ella? —Preguntó con curiosidad al recordar que no estaba.
—¿Ahora te interesa? —Inquirió Harry en tono sarcástico, tomando un tubo de cobre el cual cortó fácilmente con una extraña herramienta roja. Lily tuvo que morderse la lengua para no responderle de forma hostil.
—Sólo era una pregunta. —Murmuró arisca.
—No es de tu incumbencia. —Respondió serio ignorándola, pero manteniendo su tono firme. Pensando que después de todo, era una buena forma de evadir el tema, no podía mencionar que la castaña estaba con sus padres, seria decisión de Hermione si quería decírselos a los chicos.
—No necesitas hablarme así, me voy a disculpar con mamá, ¿De acuerdo? —Declaró de mala gana con los brazos cruzados, Harry la volteó a ver enseguida.
—Por tu bien, espero que cuides el tono en el que te diriges a ella. —Le recordó con mesura. —Si tu disculpa no es sincera, entonces quédate callada. —Le ordenó. —Sólo te advierto que tu castigo no terminará aquí. —Lily asintió y tragó nerviosa ante aquella amenaza.
—Sí, papá. —Musitó, sintiéndose pequeña ante la mirada dura de su padre.
—Ya has descansado demasiado, ve y termina lo que te pedí. —Finalizó serio, viendo como de inmediato la adolescente se incorporaba y regresaba a continuar con su castigo. El auror dejó escapar un hondo suspiro apenas la chica estuvo lejos, odiaba en el fondo tener que ser tan duro con ellos; sin embargo, sus hijos habían cruzado la línea y era su deber recordarles cuál era su lugar en esa casa. El respeto, aún bajo estas condiciones, era algo que no podía permitir que se perdiera. Una insolencia más y él mismo se encargaría de darles una lección como las que tantas veces le dio al escuadrón de aurores, pensó con determinación antes de regresar a sus labores.
Tras almorzar con sus padres y haber permanecido unas horas con ellos que le brindaron tranquilidad, Hermione decidió regresar a casa con Harry y sus hijos. Llegó a la residencia alrededor de las seis en punto ya con la noche encima, pues en los meses de invierno los días eran más cortos.
Observó las luces encendidas de abajo y supuso que todos estarían en la primera planta, no molestándose en tocar la puerta antes de entrar, sin embargo, apenas cruzó el umbral el cambio brusco de temperatura la desconcertó de inmediato.
—¿Soy yo o hace demasiado calor aquí? —Se preguntó, dejando el refractario con la lasaña sobre la pequeña mesa que se encontraba en la entrada. Y mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba en el perchero, una voz familiar se escuchó en la cocina. Intrigada, Hermione siguió las voces y se encontró con una escena que la conmovió; Harry, sentado junto al fregadero, le explicaba pacientemente a Jean qué era y para qué servía cada pieza.
—¿Ves esto? —Le dijo Harry a la niña, señalando los extremos de aquellas pequeñas mangueras, la pequeña asintió concentrada. —Son mangueras flexibles y estas son para agua. —Le explicó, permitiendo que su hija tomara una y la observara.
—¿Y dónde van? —Preguntó confundida al no entender cómo funcionaba la parte baja del fregadero.
—Deben estar ensambladas en estas llaves de paso de aquí. —Señaló el auror algún lugar de la parte baja del fregadero, hasta ahora ninguno de los dos se había dado cuenta que Hermione los observaba.
—¿Por qué? —Preguntó Jean con interés.
—Porque de ahí sale el agua limpia que usaremos.
—¿Y entonces para qué son estos papi? —Quiso saber, mirando confundida las piezas de los tubos más gruesos junto a sus pies.
—Esa es la tubería del desagüe, cariño. Por aquí se va el agua que ya utilizamos. —Le explicó, consiguiendo que Hermione sonriera al ver la paciencia con la que le explicaba a su hija. —¿Quieres ayudarme a colocarla?
—¡Sí! —Lanzó Jean con entusiasmo, viendo como su padre sonreía.
—De acuerdo. —Asintió. —Coloca la manguera aquí. —Le indicó su padre, viendo como Jean con sus pequeñas manitas intentaba colocar la manguera en el conector de la llave de paso. —Eso es, muy bien. —La animó, viendo como la niña sonreía satisfecha. —Ahora debemos asegurarnos que quedó ajustado y para eso necesitaremos la llave de stilson, ¿Recuerdas cuál es?
—Sí, es la de color rojo. —Harry sonrió y asintió, su hija no lo había olvidado.
—¿Podrías traérmela? Está en mi caja de herramientas de atrás. —Le indicó, viendo esta vez como Jean se incorporaba y se giraba.
—Hola. —Saludó Hermione, intentando ocultar la alegría de verla otra vez. Harry, quien permanecía aún de espaldas, giró de inmediato al reconocer su voz casi al mismo tiempo en que su hija exclamó:
—¡Volviste! —Dijo sorprendida Jean, no pudiendo evitar verla con gusto; Hermione soltó una suave risa y asintió mientras se colocaba de cuclillas para a estar a su altura.
—Te prometí que lo haría, ¿Recuerdas? —Jean sonrió y asintió, no dudando esta vez en acercarse para abrazarla. Harry, quien en silencio las contempló, no pudo evitar sonreír al ver los nuevos lazos que se creaban entre Hermione y su hija, disfrutando verlas en ese armonioso abrazo entre madre e hija.
—No tardaste mucho. —Le comentó la pequeña una vez se separaron.
—¿Tú crees? —Sonrió divertida, viéndola asentir. —A mí se me hizo el día eterno, ya quería verte otra vez. —Confesó, regalándole un sonoro beso a su mejilla, consiguiendo hacerla reír. El auror descubrió que ambas compartían la misma risa, ¿Cómo es que su yo del futuro se permitió perderse de esto? Pensó, maravillado de verlas convivir y sonreír.
—¿Qué has estado haciendo?, ¿Y por qué hace tanto calor aquí? —Quiso saber, recordando el sofocante clima al ver a Harry un poco sudado.
—Lo siento, se averió el termostato. —Le explicaba mientras se incorporaba. —Para cuando me di cuenta ya era tarde y el local donde venden la pieza ya estaba cerrado. —Añadió esta vez limpiándose el sudor de su frente. Hermione lo observó con detenimiento y se dio cuenta que, además de que sólo vestía la simple playera blanca de la mañana, también estaba sucio y con los vaqueros manchados de barro seco.
—Por tu aspecto debo asumir que no solo reparaste el fregadero, ¿No? —Dijo mientras tomaba a Jean en brazos y la sentaba en una silla de la barra, pasándole una mano por sus cabellos castaños de forma cariñosa. Harry asintió enseguida soltando una risa cansada, apoyando sus manos en la barra al tiempo que miraba a Jean significativamente.
—Digamos que esta pequeña tiene una magia muy poderosa. —Contestó, no pudiendo evitar sonreír orgulloso al ver como las mejillas de su hija se ponían ligeramente rojas. —Su magia dañó un par de tubos que se encuentran bajo el suelo del cuarto de atrás. —Señaló la puerta que daba al patio trasero. —James tuvo que ayudarme a remover algunos tablones de madera para poder sumergirme y repararlo. —Terminó, regresando a ver a Hermione.
—Y es por eso que estás así de sucio. —Apuntó, viéndolo asentir. —¿Dónde están James y Lily? —Preguntó al no verlos cerca.
—James está en su habitación, creo que acaba de terminar de darse un baño. —Respondió Harry, levantando la herramienta que Jean dejó en el suelo. —Y Lily…
—¡Jean! —Llamó la morena desde el piso de arriba. —¡La bañera está lista! —Le comunicó, ignorando que su madre había llegado. La pequeña hizo una mueca de fastidio y posteriormente miró a su padre con suplica.
—Sin peros señorita. —Le advirtió su padre al ver que intentaría persuadirlo nuevamente para no tomar un baño.
—Pero no me ensucié… —Harry soltó una risa sarcástica.
—¿Segura? —La niña asintió convencida. —¿Ya viste como traes la ropa? —Señaló su padre, indicándole con la mirada las manchas de barro y hollín que traía; Jean soltó un suspiro de resignación.
—Está bien. —Murmuró la niña de mala gana, bajando de la silla para irse escaleras arriba. Hermione lo miró incrédula y sonrió:
—Veo que manejaste bien las cosas por aquí. —Comentó con gracia mientras se cruzaba de brazos y apoyaba la parte trasera ligeramente sobre la barra.
—¿Qué?, ¿Te sorprende? —Respondió, no pudiendo evitar sonreír al mismo tiempo que se acercaba a ella. —Seré un padre responsable y hacendoso. —Le aseguró con coquetería al tiempo que apoyaba una de sus manos en uno de los gabinetes de la cocina.
—Pues al parecer no tuviste suerte con la estufa hombre trabajador. —Comentó divertida, señalando aquel electrodoméstico dañado.
—Olvidé que mi esposa será exigente. —Comentó sonriente, viendo como Hermione sacaba su varita y con un simple reparo dejaba como nueva la estufa. —Y tramposa. —Agregó con los ojos entrecerrados al ver como en cuestión de segundos arregló algo que le tomaría a él más de la mitad del día sin magia.
—E inteligente, no lo olvides. —Apuntó orgullosa, consiguiendo que él riera y asintiera.
—Por supuesto. —Aseguró, regalándole un cariñoso beso a su mejilla; Hermione se estremeció ligeramente.
—¿Ya cenaron? —Preguntó de repente para ocultar su nerviosismo al tiempo que se alejaba de él, recordando que había traído un refractario con lasaña.
—Aún no, de hecho, te estábamos esperando. —Recordó, viendo como su amiga regresaba de nuevo a la cocina con un molde de vidrio cubierto.
—¿Qué te parece si tu terminas con el fregadero mientras yo caliento la cena? —Sugirió, viendo como él asentía de acuerdo.
—No me tomará mucho tiempo repararlo, puedo ayudarte a preparar la mesa. —Se ofreció, pero de inmediato Hermione negó.
—Ya has hecho demasiado Harry, déjamelo a mí. —Insistió despreocupada, el auror asintió y continuó con sus labores. Hermione, por otro lado, optó por preparar rápido una ensalada para acompañar la lasaña, alrededor de los siguientes diez minutos, picó y mezcló los vegetales en un bowl de vidrio. Posteriormente se dirigió a la alacena y comenzó a sacar otros ingredientes para hacer un aderezo casero. —¿Sabes dónde quedó la sal? —Preguntó con el ceño fruncido mientras buscaba en los gabinetes de la cocina.
—Creo que vi a Lily guardarla en el cajón con las especies. —Contestó, acostado aún bajo el fregadero, ajustando los últimos detalles. De repente, una de las bombillas de la cocina dejó de funcionar, consiguiendo dejar la mitad de la habitación semi oscura.
—No te preocupes, comenzó a fallar esta mañana. —Le explicó Harry desde el fregadero. —Compré un par de bombillas cuando fuimos por el material. —Decía concentrado, apretando perfectamente las salidas de agua con su llave.
—¿Dónde las dejaste? —Preguntó Hermione al no verlas por ningún lado.
—Están en una bolsa, las puse en las puertas que se encuentran bajo la barra para que Jean no las agarrara. —Le indicó levantando la cabeza ligeramente para señalarle el lugar. Hermione le dio la vuelta a la barra, dándole la espalda a Harry y se arrodilló ligeramente en busca de los artículos, sin embargo, aquel simple movimiento consiguió que la blusa negra que portaba su amiga, se levantara ligeramente de la parte baja de su espalda, dándole una vista significativa al moreno de su retaguardia.
—¿Seguro que está aquí? No lo veo. —Le comentó, ignorando como Harry la miraba embelesado.
—S-sí… bu-busca en la otra puerta. —Balbuceó con torpeza. Tragó nervioso por primera vez, descubriendo un pequeño lunar que se ubicaba en la parte derecha de su espalda, ¿Cuántos más de esos tendría? Se preguntó intrigado, perdido en las curvas de la chica. Sacudió la cabeza y cerró los ojos con fuerza al descubrirse que estaba comenzando a fantasear con ella.
"¡Deja de verla!"
Se reprendió mentalmente, molesto consigo mismo; no obstante, aquel movimiento que hizo Hermione consiguió que una tercera prenda se asomara. Harry perdió el aliento al descubrir que su ropa interior era color negro y de encaje. Alarmado, abrió los ojos grandemente al reconocer aquella familiar dureza bajo sus pantalones.
—¡Lo encontré! —Soltó Hermione y Harry se sobresaltó, soltando asustado la llave que tenía en sus manos en un intento desesperado por cubrir su erección, consiguiendo que aquella llave cayera sobre su rostro, golpeando su nariz y quebrando sus lentes.
—¡Maldición! —Profirió, llevándose una mano a su nariz y un segundo golpe vino a continuación al querer incorporarse, golpeando esta vez su cabeza con la tarja metálica al olvidar que estaba bajo el fregadero. —¡Pero qué mierda! —Ladró adolorido. Hermione se giró enseguida al escucharlo maldecir.
—¡Harry! —Soltó asustada. —¿Qué pasó?, ¿Estás bien? —Preguntó preocupada al verlo asentir con los ojos vidriosos mientras se llevaba una mano a la nariz y la otra a su entrepierna disimuladamente.
—Se me resbalo la llave. —Mintió con los ojos cerrados, tratando de aguantar el dolor que se producía en el puente de su nariz.
—Ven, déjame ayudarte. —Se ofreció, dándole una mano para que se incorporara y tomara asiento en una de las sillas de la barra. Con cuidado tomó sus gafas rotas y las colocó sobre la barra. —¿Te duele mucho? —Preguntó, viendo a Harry abrir costosamente un ojo y asentir. —Déjame ver. —Pidió, quitando sus manos de su cara para inspeccionar el golpe. —Bueno, al menos no te fracturaste la nariz. —Dijo al cabo de un minuto al ver la pequeña herida que se había producido. —Un poco de frío te vendrá bien. —Agregó, dirigiéndose esta vez a la nevera para extraer los cubos de hielo y envolverlos en un trapo.
—Gracias. —Dijo aliviado al sentir el frío tocar su piel.
—Puedes atrapar una snitch en el aire, ¿Pero se te resbala una llave de la mano? —Preguntó con gracia. —¿Cómo es que de repente tus manos se volvieron de mantequilla? —Dijo divertida mientras sostenía el hielo sobre su nariz.
—Créeme, no quieres saberlo. —Murmuró Harry avergonzado, sintiendo el rostro caliente y un dolor en su cabeza. Aquello era un silencioso recordatorio de que no debió mirarla así, era el karma burlándose de él por andar fisgoneando donde no debía, pero agradeció que aquel golpe lograra que su excitación bajara por completo. —Colocaré la bombilla nueva para que termines de preparar la cena. —Dijo al cabo de unos minutos mientras se incorporaba y dejaba de lado el trapo con los cubos de hielo.
—No es necesario, yo puedo… —Pero Harry negó de inmediato.
—Será rápido. —Le aseguró, viendo como su amiga asentía resignada, reparando enseguida sus anteojos. Debido a que el techo era demasiado alto, incluso para él, el auror tomó una pequeña escalera que se encontraba en el cuarto de atrás para poder alcanzar bien. Hermione lo observó en silencio detrás de la barra, esperando que no fuera a tropezar y caer, pues extrañamente su amigo se encontraba bastante distraído hoy; sin embargo, pronto ella se tragaría esas palabras, pues un familiar abdomen se dejó ver. El moreno, concentrado en quitar con cuidado aquella bombilla, no se había percatado que, tras alzar su mano izquierda, su playera blanca se elevó con él, dejando ver aquel inicio de vellos que bajaba desde su pecho y ombligo hasta perderse bajo sus jens. Hermione tragó nerviosa, intentando por un momento apartar la mirada de él, pero sus ojos la traicionaban.
—¿Por qué no sale? —Lo escuchó gruñir lejanamente mientras ella permanecía hipnotizada en aquel abdomen marcado. Miró a detalle como sus pantalones, ligeramente caídos, le permitían ver el hueso marcado de sus caderas junto con algunas venas pronunciadas que poco a poco se iban perdiendo en aquel vello oscuro que rodeaba su ombligo y muy seguramente su pelvis.
—Hermione, ¿Podrías darme la nueva? —Dijo Harry pasándole la bombilla vieja, pero sin voltearla a ver. La castaña, quien no prestó atención a lo que dijo su amigo, continúo disfrutando de la vista que tenía, descubriendo una nueva cicatriz en él que ella no recordaba haber curado, preguntándose curiosa cuándo fue que se la hizo. La marca tenía una forma diagonal y cruzaba cerca de su ombligo y a simple vista pudo percatarse que fue profunda.
—¡Hermione! —Exclamó de repente, consiguiendo que la chica se sobresaltara.
—¿Qué? —Dijo asustada mirando a los lados, recordando enseguida que Harry seguía ahí. —¡Oh, lo siento! —Se disculpó enseguida, sintiendo el rostro caliente.
—¿Estás bien? —La miró preocupado, notando como ella asentía con las mejillas ligeramente rosadas. —Te llamé dos veces y no escuchaste. —Añadió confundido al no saber en qué estaba pensando.
—Lo siento, me distraje. —Explicó rápidamente, tomando la bombilla nueva para entregársela.
—¿Con qué?
—Con… con ¡La nevera! —Soltó de inmediato al encontrar una excusa, viendo como su amigo fruncía el ceño confundido. —¿No escuchas ese ruido molesto? —Harry negó sin entender nada. —Seguramente es una señal de que pronto se va a averiar. —Aseguró, rogando porque el moreno cambiara de tema.
—Pues, yo no escuché nada… —Dijo desconcertado, enfocando su mirada en la nevera. —Le echaré un vistazo en estos días de cualquier modo. —Le hizo saber, viéndola asentir de acuerdo. Al ver que Harry colocaría la bombilla nueva, la chica se excusó para ir rápidamente al baño.
"¡Eres una tonta!, ¿No pudiste disimular?"
Se reprendió mentalmente mientras subía las escaleras, no sabiendo si aquel calor sofocante era por la calefacción dañada o por sus hormonas.
Mientras tanto en la habitación de Lily, Jean permanecía sentada en la cama cubierta totalmente por una toalla, viendo como su hermana sacaba algunas cosas de su mochila. La adolescente acababa de terminar de darle un baño y ahora se disponía a ordenar la ropa de ella y la menor.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —Dijo la niña en tono tímido, apoyándose en los hombros de su hermana mientras esta le colocaba la ropa interior. Lily asintió distraída tomando ahora de la mesita de noche la crema para humectar. —¿Por qué no quieres que mamá y papá sean novios? —Sorprendida, la morena la regresó a ver, no esperando esa clase de pregunta. Inspiró hondamente, ¿Cómo explicarle a una niña de 5 años la relación desastrosa de sus padres?
—Porque no se quieren. —Respondió seria mientras untaba un poco en los brazos de Jean. —He visto lo que pasa cuando el amor se acaba y no es algo agradable de ver. —Murmuró, recordando las muchas discusiones que sus padres tuvieron antes del divorcio.
—Pero ellos sí se quieren. —Afirmó la menor, colocándose ahora el pantalón del pijama. La seguridad que mostró Jean en su respuesta desconcertó a su hermana mayor, ¿De dónde había sacado eso y por qué estaba tan segura de su respuesta?
—Pareces muy segura. —Añadió intrigada, ayudándola a colocarse la parte superior del pijama. —¿A qué se debe?
—Yo los vi. —Declaró sonriendo, Lily frunció el ceño.
—¿Qué viste?
—¡Los vi besándose! —Soltó emocionada, no pudiendo evitar dar un salto en la cama; sin embargo, la reacción de la morena no fue la esperada por la niña. Lily, abriendo los ojos sorprendida, se quedó en shock, tratando de asimilar lo que la niña le acababa de decir. —¿Crees que tengamos otro hermanito? —Preguntó curiosa, sentándose en la cama tranquila, como si hablar de aquel tema fuera lo más normal del mundo. Lily la miró incrédula no pudiendo evitar hacer una mueca.
—¿Qué?, ¡No! —Negó de inmediato, sacudiendo la cabeza para despejar su mente. —Jean, detente. —Pidió al ver que la niña comenzaba a divagar. —¿Cómo que los viste?, ¿Cuándo? —Quiso saber, tratando de recordar si en algún momento ella había pasado por alto alguna muestra de cariño entre ellos.
—Anoche. —Respondió. —Mamá estaba muy triste y lloraba. —Recordó bajando el rostro. Claro, la noche anterior tanto James como ella no le dirigieron la palabra a su madre y regresaron a sus habitaciones, sabían que las cosas andaban mal entre ellos al ver que su padre no bajó a cenar y asumieron que las cosas seguirían así, jamás contemplaron que ellos hablarían y arreglarían las cosas. Es por eso que a la mañana siguiente ninguno entendía su complicidad luego del desastre que provocó la magia involuntaria de Jean. —Yo vi como papá la abrazó y la besó. —Recordó, viendo como Lily fruncia el ceño, preocupada. Si esto era verdad, ¿Qué se supone que harían ahora?, ¿Debería contárselo a James? Negó, su hermano desde luego diría que su hermana mentía, no tenía caso abordar el tema de nuevo, lo mejor por ahora sería buscar pruebas para replanteárselo a James. Habría que ser más observadora a partir de ahora, pensó tomando de forma distraída el peine.
Tras terminar de cepillarle el cabello a su hermana, Lily permitió que Jean bajara con sus padres para ella continuar con su ducha, ya la alcanzaría más tarde junto con James.
—Que linda pijama. —Alagó Harry sonriendo al ver a su hija limpia sin rastros de hollín. Jean en cambio frunció el ceño al ver a su padre con la misma ropa, pero esta vez sin ninguna mancha de suciedad.
—Estás limpio. —Afirmó la niña con seriedad. Su padre arqueó una ceja y se miró así mismo, confirmando lo que decía su hija, pues había decidido quitar la suciedad con su varita para cenar.
—Pues sí, eso parece. —Aceptó.
—¡Mami, eso es trampa! —Se quejó Jean, girándose hacia Hermione, dejando a Harry sorprendido con la boca abierta por tal acusación. —¡No se vale usar magia! —Lo acusó, señalándolo con su dedo índice, indignada porque la obligaran a tomar un baño mientras que a él no.
—Pero… pero… —Intentaba decir el auror, pero no había justificación. Hermione sonrió tranquila y tomó a Jean en brazos, sentándola en la silla de la barra junto a ellos.
—Tomará un baño después de la cena, cariño. —Dijo paciente la castaña mientras sacaba su varita y con un simple movimiento dejaba seco el cabello de su hija. Jean entrecerró los ojos dirigiendo su mirada esmeralda hacia su padre, Harry sonrió apenado.
—Lo siento linda, te prometo que me daré una ducha en cuanto terminemos. —Le aseguró, viendo como la niña lo miraba no del todo convencida, al auror le recordó a Hermione cuando esta sobreanalizaba sus mentiras, pensando si creerle o no. Finalmente, la niña asintió, aceptando. La cena hacía unos minutos que estaba lista, pero tanto Harry como Hermione decidieron esperar a que bajaran James y Lily, mientras tanto el moreno trataba de mantener una conversación amistosa con su hija al tiempo que Hermione trenzaba el cabello de la niña.
—¿Qué dibujo animado es ese? —Preguntó curioso su padre señalando el pijama de la pequeña.
—Es Ladybug, papi. —Harry frunció el ceño ante el nombre, ¿Era uno de esos dibujos nuevos del futuro? Pensó confundido. —¿No la conoces? —Añadió la niña al ver su cara de desconcierto.
—¡Claro! —Mintió el auror, no queriendo decepcionar a su hija, ignorando como Hermione lo observaba curiosa mientras peinaba a la niña. —Es la que tiene, ya sabes… ¿Superpoderes? —Supuso temiendo equivocarse.
—¡Sí! —Asintió sonriendo. —¿Cuál es tu personaje favorito? —La sonrisa de Harry se apagó, Hermione tuvo que morderse los labios para no soltarse a reír al ver a su amigo en aprietos de nuevo, sin embargo, esperó para ver como lograba ingeniárselas esta vez.
—Bueno… —La miró dudoso. —¿Ella?, creo… creo que es un gran personaje. —Afirmó, tratando de convencerse que lo había hecho bien.
—¿En serio?, ¿Y cuál superpoder de ella te gusta más papi? —Volvió a preguntar Jean con tranquilidad. Para estas alturas Hermione notó rápidamente que Jean sabía que su padre le mentía, lo cual le sorprendió pues estaba usando las mismas técnicas que ella usaba para hacer que se rindiera. Sonrió orgullosa al ver lo perspicaz que era su hija.
—Yo… bueno, yo… —Miró nervioso a su hija e intentó sonreír despreocupado, ¿Qué poder podía tener un personaje que solo vestía de rojo con manchas negras? Ni siquiera te daba una idea de superpoder como Superman o Flash, pensó frustrado. —Verás… tiene tantos que no sé por cual empezar. —Intentó zafarse una vez más, logrando que esta vez Hermione soltara una pequeña risa, se estaba divirtiendo con aquello.
—Por el principio, ¿Qué te parece? —Sugirió su amiga en tono burlesco.
—No me estás ayudando. —Masculló mordaz, viéndola con recelo. Afortunadamente para el auror James y Lily bajaban para cenar, uniéndose con ellos en la cocina. El mayor de los Potter fue el primero en mostrar sorpresa al ver a su madre ahí, pues hasta ahora no se había percatado de que ella había regresado, Lily en cambio se limitó a mirarla seria, reservándose sus comentarios satíricos por el acuerdo al que había llegado con su hermano.
—La cena está lista, si quieren… —Estuvo a punto de decir Hermione, pero se detuvo al ver a Lily negar.
—Quiero decir… —Se corrigió de inmediato al ver la mirada de advertencia que le lanzó su padre. —Necesitamos pasar primero al cuarto de lavar. —Explicó, señalando la pequeña bolsa que traían consigo tanto ella como James. —Ya no nos queda ropa limpia. —Informó, viendo como Harry asentía y con un leve movimiento de cabeza les indicaba que continuaran y pasaran al cuarto de enseguida. Tan pronto salieron Hermione se volvió hacia él con el ceño fruncido.
—¿Qué fue eso? —Preguntó intrigada al ver como sus hijos cambiaron aquella hostilidad por un tono más neutral.
—Están castigados. —Le informó serio, viendo como ella alzaba las cejas con sorpresa. —Luego te explicó… —Agregó rápidamente al escuchar a su hija quejarse en el cuarto trasero. Desconcertados, ambos padres se dirigieron con ellos, siendo seguidos por Jean.
—¡James! —Profirió la morena molesta.
—¿Qué? Tu dijiste que quitara la manguera. —Respondió James con tranquilidad mientras la colocaba de nuevo.
—¡Pero tenías que cerrarla primero, idiota! —Soltó, tratando de remover la humedad de su rostro, notando que no solo su cara y parte de su cabello se había mojado, sino también su pijama.
—En mi opinión las llaves funcionan perfectamente. —Comentó burlesco, ajustando de nuevo la rosca de la manguera.
—¡Te juro que a veces eres un…! —Se vio obligada a tragarse aquel insulto al ver a su padre entrar.
—¿Qué sucede? —Quiso saber desconcertado. —¿Por qué estás mojada? —Preguntó extrañado al verla con la ropa ligeramente húmeda.
—Un accidente. —Se limitó a decir seria, lanzándole una mirada fulminante a su hermano.
—La lavadora no funciona, creo que no enciende. —Agregó James, viendo como su padre se acercaba para inspeccionarla, ignorando como detrás de su progenitor su hermana le mandaba un mensaje con los labios sin emitir ruido.
"Me las voy a cobrar"
—¿Tiene solución? —Preguntó Hermione de brazos cruzados, mirando de reojo como Lily lanzaba maldiciones mientras que James sonreía burlesco.
—Puede ser un problema eléctrico. —Sugirió el auror, moviendo ligeramente el aparato en busca del toma corriente. —Y aquí está el problema. —Anunció, señalando como parte del enchufe y la clavija estaban quemados. —La magia de Jean es muy buena. —Reconoció Harry al ver todo el daño que le hizo a la casa. La niña, quien lo había escuchado, se escondió detrás de las piernas de su madre con timidez, Hermione le acarició la cabeza con cariño y le sonrió, confirmándole con ese simple gesto que no había problema.
—¿Y qué haremos? —Preguntó Lily.
—Lavar otro día por supuesto. —Contestó, regresándola a su lugar de nuevo.
—Pero ya no tenemos más ropa limpia, no podemos esperar otro día. —Repuso enseguida. Harry y Hermione la regresaron a ver serios. —¿Qué? No me miren así, es verdad. —Se defendió, ofendida porque creyeran que mentía. La castaña y el moreno se dirigieron a James y este se limitó a asentir serio, confirmando lo que había dicho su hermana.
—¿Tu qué opinas? —Preguntó, dirigiéndose a su amiga.
—Creo que has hecho suficiente por el día de hoy. —Le recordó, dándole a entender que no era una opción que le intentara poner una solución de manera muggle. —Aunque…
—¿Podríamos usar magia? —Insinuó Harry al comprender hacia donde iba.
—¡Sí, esa sería una gran idea! —Interrumpió la adolescente.
—Hemos excedido el límite por hoy. —Añadió seria, haciendo énfasis en la magia producida por Jean.
—¿Qué? —Lanzó incrédula Lily. — ¡Esto es ridículo!, ¡Solo lancen un estúpido reparo y listo!
—Cuida tu lenguaje. —Le advirtió Harry. —Además, no estamos pidiendo tu opinión. —Le recordó serio con los brazos cruzados. Lily se vio obligada a morderse la lengua para no protestar. —Sin magia. —Zanjó, apoyando a Hermione. La morena apretó sus puños con frustración al escuchar el claro énfasis en aquella orden, ¡Su padre lo estaba haciendo a propósito! Pensó molesta mientras los seguía a la cocina.
—Si no podemos usar magia y no podemos repararla, ¿Que opción nos queda?, ¿Ir de compras? —Habló al fin James.
—Bueno... —Meditó un momento el auror mientras se dirigía a uno de los gabinetes. —La verdad no es una mala idea. —Aceptó, mirando a su amiga mientras tomaba unos platos.
—No lo sé… —Dijo dudosa Hermione, tomando un pequeño trapo para sacar la lasaña del horno. —Me preocupa que nos reconozcan y nos vean con ellos. —Reconoció, llevando el refractario hacia la mesa. Lily, aun no estando de acuerdo con el uso limitado de magia, decidió mostrarse cooperativa con la última idea de su hermano, pues de verdad necesitaban más ropa, además de que en este año la moda era diferente y había que pasar desapercibidos.
—¿Y por qué no usan un hechizo de ilusión? —Propuso seria la joven, tomando el bowl de la ensalada para llevarlo al comedor.
—¿Hechizo de ilusión? —Preguntaron Harry y Hermione con desconcierto. Para James la mención del hechizo no fue una sorpresa, habían considerado aplicarlo en caso de ser necesario y francamente no le pareció mala idea, ya estaba harto de estar encerrado en casa.
—¿No lo conocen? —Inquirió la chica, viendo con sorpresa como ambos negaban.
—Jamás lo había escuchado. —Declaró seria Hermione, Lily supuso que probablemente su madre aún no lo descubría en aquellos años, así que decidió pasarlo por alto. —¿Cómo funciona? —Preguntó mostrándose interesada.
—Bueno... —Tragó nerviosa al sentir todas las miradas puestas en ella. —Básicamente oculta la verdadera apariencia del mago o bruja. —Explicó con sencilles, dejando la ensalada sobre la mesa. —Sus rasgos físicos cambian.
—¿Cómo la poción multijugos? —Quiso saber Harry.
—Sí y no. —Su padre frunció el ceño sin entender.
—Entonces es más como una transformación humana. —Afirmó esta vez Hermione, tomando de la barra una jarra de limonada, dado el calor generado por la calefacción le pareció propio beber algo más fresco.
—Pero no lo es. —Interrumpió ahora James, quien tomaba un par de cubiertos para dárselos a Jean, llamando la atención de los presentes. —Su magia consiste en cambiar tu apariencia a los ojos de los demás… —Explicó, agarrando un par de vasos. Esta vez, tanto Harry como Hermione se vieron desconcertados. —Lo que quiero decir, es que cambia la manera en cómo ellos te perciben, pero en realidad no hay ningún cambio físico en ti, es por eso que es considerado un hechizo…
—De ilusión. —Terminó Hermione, entendiendo al fin de que se trataba, no pudiendo evitar mostrarse sorprendida ante la explicación detallada de sus hijos y la facilidad con la que James lo expuso.
—Exacto, es como un tipo de camuflaje que te permite moverte sin ser detectado. —Completó la morena.
—Si te permite no ser detectado, ¿Por qué ustedes no lo usaron? —Preguntó Harry con curiosidad, esperando una respuesta más coherente que la primera que obtuvo cuando los tres llegaron.
—¿Para qué? Aquí nadie nos conoce, ni siquiera existimos aún. —Le recordó seria, tomando asiento junto a la mesa para después aceptar el vaso que le pasaba James. Harry asintió, viendo que tenía sentido, sin embargo, Hermione aún se mostraba dudosa de origen del aquel hechizo, ¿Cómo es que sus hijos tenían esa información y ellos no? Tanto tiempo tratando de ocultarse durante la guerra, ¿Y nadie lo conocía? Pensó extrañada.
—Tendría más sentido que lo utilizáramos en el futuro. —Soltó James con amargura, recordando las muchas veces que tuvieron que ocultarse para no ser vistos por los periodistas luego del escándalo que se generó por la infidelidad de su padre.
—¿Alguien más lo ha utilizado? —Quiso saber su madre con expresión seria.
—Sí, bueno… —Dudó unos segundos, no pudiendo evitar sentirse nerviosa ante la mirada de escrutinio de su madre. —El tío Ron lo ha utilizado un par de veces según sé. —Contó, rogando porque su madre no hiciera más preguntas, pues quería omitir el hecho de que su tío se ocultaba cada que venía de visita a Inglaterra para no ser detectado por el ministerio, pensó al tiempo que evitaba los ojos marrones de Hermione.
—¿Ron? —Soltó Harry. —¿Por qué razón él iba a utilizar ese hechizo? —Se cuestionó. Lily esquivó la mirada sin poder evitar morder su labio inferior, no pasando desapercibido por sus padres. De hecho, Harry reconoció esa conducta como propia de Hermione, pues solía usarla cuando trataba de ocultar algo, misma que al parecer su hija había heredado.
—Asuntos del ministerio, probablemente. —Declaró James con firmeza, tratando de sonar tranquilo. Harry y Hermione los miraron en silencio unos segundos y luego se voltearon a ver.
—¿Qué piensas? —Dijo él, la castaña pasó nuevamente la mirada por sus hijos.
—Me gustaría hablarlo más tarde a solas contigo. —Harry asintió de acuerdo.
La cena transcurrió en silencio un breve momento hasta que se vio interrumpido por Jean, quien entusiasmada le contaba a su madre todo lo que habían hecho ese día y como le había ayudado a su padre, haciendo sonreír a Harry y Hermione en más de una ocasión; James y Lily, por otro lado, optaron por cenar en silencio, degustando la cena que extrañamente les resultó familiar, ¿Dónde habían probado antes aquella sazón? Se preguntaron ambos con desconcierto, no sabiendo quien se lo había dado a su madre, pues quedaba claro que no era comida rápida, incluso Jean que era la que solía ser más delicada a la hora de comer dada la edad, le pareció deliciosa. Harry, por otro lado, solía siempre alagar los platillos de la señora Granger, sin embargo, esta vez decidió guardar silencio, pues sabía que mencionarla por primera vez delante de sus hijos era algo que solo le competía a Hermione. Para el final de la cena la menor de los Potter no pudo más con su curiosidad.
—Mami, ¿A dónde fuiste hoy? —Preguntó mientras removía lo último que dejó de su comida, ignorando que tenía salsa de tomate en la comisura de los labios. Harry y Hermione dejaron de comer de inmediato y se voltearon a ver incómodos, ganándose desde luego las miradas de James y Lily, pues de cierto modo era algo que se habían estado preguntando durante el día. La castaña carraspeó nerviosa, dejando los cubiertos de lado, pasando sus palmas por sus piernas con inquietud.
—Bueno, en realidad… —Logró decir, no pudiendo evitar mirar dudosa a sus hijos. El moreno, quien se percató de inmediato de su nerviosismo no dudó en tomar una de sus manos debajo de la mesa como muestra de apoyo. Hermione lo miró a los ojos y vio en él la seguridad que necesitaba para abordar el tema. —Yo… fui a visitar a tus abuelos. —Contestó por fin, prestando atención a la reacción de sus hijos. James y Lily se mostraron sorprendidos, no esperando en ningún momento aquella respuesta, sin embargo, la más pequeña no se mostró sorprendida, solo algo confundida, ¿A dónde había ido a visitar a sus abuelitos si ellos no estaban en el cementerio? Pensó, recordando las muchas veces que Lily le dijo que ellos no tenían tumba.
—Tú-ú… —Titubeó. —Quiero decir… ellos…—Intentó decir Lily sin que se le quebrara la voz, no pudiendo continuar.
—Están bien, de hecho, mamá preparó la cena. —Les informó, respondiendo a la pregunta que su hija quiso hacer, sabiendo leer por primera vez la consternación en sus rostros. James bajó la mirada hacia su plato vacío, comprendiendo al fin porque le resultó familiar y el nudo creció en su garganta junto con la culpa de aquella noche. Harry y Hermione observaron preocupados el aspecto de dolor que reflejaban los rostros de sus hijos.
—No entiendo. —Dijo de pronto Jean, quien no comprendía como es que la cena fue hecha por su abuela muerta, ¿Acaso a los fantasmas les daba hambre? Se preguntó, no recordando ninguna vez que sus hermanos le hayan mencionado que los fantasmas de Hogwarts podían comer.
—Te lo explicaremos más tarde. —Le aseguró Harry, regalándole una pequeña sonrisa el tiempo que le limpiaba la boca, removiendo los restos de salsa. —Por qué mejor no vas a la sala y escoges la película que quieres ver, cielo. —La animó su padre, viendo como la niña asentía entusiasmada y salía de ahí.
—Yo la acompaño. —Soltó Lily de forma ahogada para de inmediato incorporarse y salir de ahí, no queriendo quebrarse delante de ellos, viendo aquella oportunidad como un escape. James, por otro lado, permaneció inmóvil con una mirada de angustia puesta en su plato, apretó su mandíbula en un intento por contener sus lágrimas. Hermione sintió su pecho oprimirse al ver el dolor en el rostro de su hijo y supo entonces que la muerte de sus abuelos había sido un golpe muy duro para ellos, preguntándose entonces, ¿Cómo habían muerto sus padres? Dudando demasiado que fuera por enfermedad, pareciendo que la respuesta más obvia era circunstancial.
—James… —Intentó decir con suavidad, pero el chico se incorporó de inmediato.
—Ayudaré con la loza. —Se limitó a decir serio, levantando su plato para dirigirse al fregadero. Harry y Hermione se miraron en silencio, comunicándose con la mirada como solían hacerlo, intentando decidir qué paso dar a continuación para abordar el tema de forma suave.
—Yo iré con ella. —Susurró, incorporándose para darle un corto beso en la frente y salir del comedor. Harry sabía que su relación con James era difícil, al igual que la de Hermione y Lily, así que ambos consideraron oportuno invertir los papeles esta vez.
Al llegar a la sala encontró a sus dos hijas sentadas en el suelo junto a la mesita de centro, Jean miraba distraída las cajas de las películas, analizando el dibujo animado de la portada para ver por cuál se decidiría; Lily, por otro lado, intentaba con manos temblorosas desenredar los cables que iban en el DVD, su padre observó cómo se pasó rápidamente una palma por sus mejillas, barriendo la lágrima que había escapado. Se acercó a Jean con cuidado y tomó asiento en el sofá más grande. La chica no quiso levantar la vista, no estaba lista para enfrentar la mirada de su padre y ser reprendida por haber abandonado la mesa así.
—¿Ya elegiste cuál mirarás? —Le preguntó con suavidad a Jean, quien negó tomando las cajas para ponerlas junto a él.
—¿Esta cómo se llama papi? —Dijo mostrándole una caja azul que tenía en la portada un cachorro blanco con manchas negras.
—Los 101 dálmatas. —Contestó, leyendo la portada.
—¿De qué trata?
—Veamos… —Dijo dándole vuelta la caja para leerle el resumen a su hija. No era un gran fan de las películas de Disney debido a que no solía verlas de niño, ese privilegio sólo lo tuvo su primo, aunque si conocía algunos nombres.
—¿Y esta? —Volvió a decir, entregándole otra caja con varios matices de colores, tratándose de animales otra vez, pues en la portada se presentaban ahora un par de leones sobre una enorme roca acompañada de otros animales que Jean no supo identificar.
—El rey león y trata de… —Le dio la vuelta a la caja y leyó. —Parecen ser las aventuras de un león cachorro llamado Simba junto a sus amigos Timón y Pumba. —Explicó. —Según la caja Simba busca ser rey, suena interesante. —Reconoció, animándola a verla.
—Um… no lo sé. —Dijo pensativa. —¿Qué tal esta? —Insistió, entregándole otra caja con fondo azul claro. En ella se percibían a varios personajes, uno de ellos vestía una armadura extraña y portaba una espada, su cabello lucía rizado y rojo; bajo él estaba sentada una chica de cabello oscuro con un bonito vestido purpura. Había otros personajes extraños, pero el que le intrigó más fue aquel bonito caballo blanco con grandes alas y de cola azul, sonrió curiosa pues le recordaba un poco a Buckbeak.
—Es Hércules.
—¿Cómo se llama el caballito? —Preguntó, señalándolo con su pequeño dedo índice. Harry leyó el reverso de la caja buscando entre el resumen el nombre de ese personaje.
—Pegaso. —Jean sonrió, gustándole como sonaba.
—¡Quiero esa! —Dijo decidida y con entusiasmo, no pudiendo evitar dar pequeños saltitos. Su padre sonrió y abrió la caja para luego regresar su vista a Lily, quien al parecer tenía problemas para instalar el DVD en el televisor.
—Espera un momento, cariño. —Pidió, incorporándose para dirigirse a su hermana. Lily intentaba inútilmente de hacer que el aparato funcionara, pero la realidad es que ni sabía cómo ni estaba concentrada en hacerlo bien. —¿Necesitas ayuda? —Escuchó de pronto preguntar a su padre.
—No solemos usar estos aparatos. —Murmuró Lily con cierta pena, pero sin levantar el rostro. Harry asintió y se arrodilló ligeramente junto a ella.
—Sólo necesitas guiarte por los colores. —Le explicó en tono suave, señalándole donde iba cada una; su hija asintió en silencio, esforzándose por poner atención y así ocultar que había estado llorando, sin embargo, el tema que había estado evitando su padre lo trajo de vuelta:
—¿Estás bien? —Preguntó al cabo de unos minutos, mirándola de reojo mientras conectaba los cables al televisor. Lily tragó el nudo en su garganta y asintió.
—Crookshanks… algunas veces me provoca alergia. —Mintió, pasándole cariñosamente una mano a aquel gato naranja junto a ella. Harry la observó detenidamente, descubriendo el intento de su hija por justificar sus ojos rojos, viendo en ella una fragilidad que le recordó a Hermione y que lo obligó a fruncir el ceño con gesto preocupado; suspiró y regresó su vista al televisor.
—No voy a presionarte para que me digas lo que realmente pasó, Lily. —Dijo en tono bajo después de un prolongado silencio. —No sé qué hicimos Hermione y yo para recibir este rechazo por parte de ustedes, pero… —Y fue entonces que la morena pudo alzar su mirada hacia él. —Sabes que en algún momento tendremos que hablarlo, ¿No? —Agregó, viéndola fijamente a los ojos, viendo en ella la copia perfecta de sus ojos esmeralda, quien por primera vez le regalaba una mirada sincera. Lily, por otro lado, juró percibir en su semblante una calidez que hacía mucho no miraba en él, un refugio que creyó no volver a ver, permitiéndole sentir un calor abrazador en su pecho, el inicio de aquella hermosa primavera que le pondría fin al invierno que había permanecido en ella cinco años. El nudo en su garganta se acrecentó y tragó nuevamente, sintiendo los ojos escocerle, limitándose a asentir con la barbilla temblorosa.
—Toma asiento, yo me encargo del resto. —Le ofreció tranquilo, viéndola incorporarse con Crookshanks en sus brazos para dirigirse al sofá individual.
Mientras tanto en la cocina, Hermione lidiaba con el incómodo silencio, escuchándose únicamente el sonido del agua correr y la loza chocar. James intentaba con todas sus fuerzas ocultar el dolor que le producía el recuerdo de sus abuelos, intentando no quebrarse delante de su madre. La castaña, quien lo observaba desde la barra con los brazos cruzados, notó como su hijo cerraba la llave del grifo de golpe, apoyándose en el lavaplatos con el rostro caído.
James pensó por un momento que lo abordaría con preguntas, pero para sorpresa de él, su madre se limitó a guardar silencio… sólo acompañándolo. La barrera emocional que James ponía era algo que ya había visto antes en Harry y sabía que obligarlo a hablar no serviría de nada, debía esperar a que él se tranquilizara y quisiera dar el primer paso en aquella conversación. Fue entonces que notó su mirada de reojo, pudiendo ver como se asomaba en él una pequeña mueca en un intento de sonrisa.
—Había olvidado que solías hacer eso conmigo. —Murmuró luego de unos minutos en silencio, regresando su vista a la ventanilla que tenía frente a él.
—A veces es mejor guardar silencio, acompañar… y esperar. —Contestó en tono suave sin apartar su vista de él, viéndolo asentir.
—Esperar… —Repitió con dolor, como si la palabra se escuchara lejana. —¿Cuánto tiempo? —Logró decir.
—El tiempo que necesites. —Dijo con suavidad, viendo como su hijo se giraba hacia ella, enfrentando su mirada por primera vez.
—Ya no hay tiempo… —Y fue entonces que Hermione descubrió algo nuevo en su mirada, conocía perfectamente lo que sus ojos le ocultaban porque lo había visto tanto tiempo en la mirada de Harry en aquellos años de guerra: Culpa.
—Siempre lo hay. —Lo corrigió enseguida, tragando fuerte, dolida al leer la desesperanza en sus ojos avellana que luchaban por no llorar.
—¿Por qué lo haces? —Preguntó consternado. —¿Por qué intentas entenderme después de cómo te he tratado? —Dijo al tiempo que la culpa crecía dentro de él, no sintiéndose merecedor de aquella calidez de madre que le brindaban sus ojos castaños.
—Porque creo que hay una explicación para tu dolor. —Declaró, viendo como él apretaba su mandíbula con fuerza.
—No estoy listo. —Apenas y pudo decir; Hermione le regaló una sonrisa triste y asintió.
—Lo sé. —James bajó la mirada, agradeciendo en el fondo que su madre no pidiera explicaciones.
—Y-yo… —Titubeó. —Lamento… lamento haberte hablado así el otro día. —Hermione alzó las cejas con sorpresa, no esperando aquella disculpa. —No debí hablarte así… Lo siento. —La castaña tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltarse a llorar; ella tomó una gran bocanada de aire y asintió, obligándose a tragar el nudo en su garganta.
—Gracias… Significa mucho viniendo de ti. —Reconoció en un susurró, ignorando como detrás de ella Harry los observaba en silencio de brazos cruzados desde el marco que conectaba a la cocina. James lo miró a los ojos al reconocer su presencia, no hubo miradas duras y hostiles esta vez, solo un silencioso respeto. Su padre asintió tranquilo, indicándole con aquel gesto que podía retirarse a su habitación.
Hermione inspiró hondo, cerrando los ojos, intentando calmar el cúmulo de emociones que la embargó, no pudiendo evitar que las preguntas taladraran su cabeza, ¿Por qué? Pensó sintiéndose desesperada de no poder detener el dolor en sus hijos, ¿Qué culpa carcomía a James con respecto a sus padres que ni siquiera podía verla a los ojos?, ¿Qué había hecho él que la sola mención de sus abuelos le producía tanto sufrimiento? Había tanto rencor y tanto dolor en sus hijos que sentía que toda la energía que debía usar para quererlos y protegerlos, la estaba usando para intentar no desmoronarse. Verlos sufrir así la hizo sentirse vulnerable, pues de alguna manera podía sentir su dolor triplicado, como si al dañar a sus hijos le desgarraran una parte de su alma. Negó conteniendo el llanto, las cosas no podían ser de esta manera, debía de haber una explicación y, de haber un culpable… ella misma se encargaría de encontrarlo y de hacerlo pagar con sangre si era necesario, pensó con determinación.
ꟾ
¡Hola!
Sí, ya sé, no tengo cara para saludarlos después de ausentarme por casi dos años. Lo siento. Ahora si que la vida de adulto me ganó, pero se los voy a resumir rápido: Me mudé de ciudad por cuestiones de trabajo y mi madre enfermó de cáncer (se erradicó por fortuna). Los que me siguen en facebook saben que viajo cada fin de semana a mi ciudad natal (que está a 3 horas de donde trabajo) así que tiempo era lo que menos tenía, además del desgaste emocional que implicaba mi trabajo y la enfermedad de mi mamá.
Estos últimos años he estado escribiendo de a poco, más cuando había tiempo e inspiración, pero nunca fue opción abandonar el fic. Lo que sí es que oficialmente dejé las ediciones de imágenes y los fotomontajes, me limité a hacer portadas para fics nada más. Creo que, de todo el material que me dedicaba a hacer para el harmony, decidí conservar la escritura, ya que si les dedicaba mi tiempo libre a las otras jamás iba a poder actualizar el fic. Ni modo, ahora sí que prioridades jajajaj Y bueno, básicamente en eso se resumen mi larga ausencia, espero y logren disculparme.
Ahora sí, el momento que habían estado esperando, ¿Qué les pareció el capítulo? Nuevamente me vi en la necesidad de dividir el capítulo en dos partes porque se alargó demasiado, que no les sorprenda que haya actualización pronto los siguientes meses.
En esta ocasión quise traerles una dinámica familiar diferente, un Harry más estricto, pero al mismo tiempo más comprensivo, cada uno va asumiendo su rol con James y Lily. Como padres están aprendiendo sus gestos y conductas, permitiendo que poco a poco se construya el puente de confianza que tanto necesitan. James y Lily, en su intento por llevar a cabo su plan, se están mostrando vulnerables de verdad ante sus padres y al mismo tiempo están volviendo a recordar como solían ser ellos, ver su verdadera personalidad. Un dato bien importante, porque esto les va a permitir hacer conjeturas mas adelante con respecto a las conductas de sus padres del futuro.
Jean definitivamente será una pieza clave en el siguiente capítulo, en su inocencia nos esta revelando grandes datos del futuro.
Y antes de que se me pase, yo había prometido más acercamiento entre Harry y Hermione y mas que el contacto físico, la tensión sexual la estoy encontrando verdaderamente divertida de narrar. Así que no duden que haya más de esas escenas jajajaj
Como siempre, espero que les haya gustado y si tienen dudas, ya saben que con toda confianza pueden preguntar, disfruto bastante responderles aunque a veces parezca que no, pero no es intencional, tengo mala memoria y se me olvida jajaja
Sin más, espero leerlos en un siguiente capítulo.
¡Saludos!
-Laura
PD: Errores de dedo serán corregidos tan pronto me de cuenta.
15/agosto/2024.
