Entre tus recuerdos.

Capitulo uno.

Protagonistas: Seiya y Saori, Miho, Shun y otros más

Las pesadillas en su mente eran difusas. Una enorme sombra negra le cubría el cuerpo haciéndole arder en llamas azuladas con sumo dolor y justo cuando estaba por consumirse ahogado en aquel sueño eterno, unos preciosos ojos azulados en medio de la oscuridad de sus pensamientos, le sujetaba las manos, llevándolo a un túnel lleno de luz y paz en medio de la nada. Y así fue como Seiya despertó tras la batalla de Hades.

Ante el primer abrir de ojos, todo resultaba confuso. Miro a su alrededor, notándose en la habitación blanca de un hospital y lo primero que vio fue a una bella jovencita peli azul de coletas llamándole por su nombre con suma ansiedad mientras otra, que yacía adormilada a su lado de pelo castaño, le miraba consternada al verlo despierto. Trato de recordar sus nombres, ambas le resultaban familiares, mas su mente estaba completamente en blanco. Era como si todo lo que había conocido se hubiese borrado de si, como si solo el presente importará y todo lo que él alguna vez conoció, jamás hubiese existido.

El doctor entonces penetró a la habitación de aquel hospital, le examino y mencionó ante aquellas jovencitas que, como había mencionado días anteriores, aunque él milagrosamente despertará de su coma, probablemente no recordaría nada debido a las lesiones en su cabeza, pero que poco a poco él debía hacerlo por sus medios, pues nadie podría ayudarle demasiado en aquella labor.

Los días siguientes serian de observación en el hospital de Tokio, pues Seiya no sería dado de alta hasta que estuviera en perfectas condiciones. Fue entonces que recibió algunas visitas, entre ellas la de Shun e Ikki, quienes al verlo en aquel estado, se entristecieron al saber que su amigo nada podía recordarles a ellos ni a su pasado. Gracias a ellos pudo saber que Seika era su hermana y Miho su mejor amiga, mismas jamás abandonaban el hospital para acompañarle, sin embargo, él no podía recordar, lo único que estaba presente en su mente era aquella pesadilla antes de despertar de la muerte, donde aquellos ojos azulados llenos de paz le salvaban del túnel de la muerte.

Una semana después, Seiya abandono el hospital, yéndose a vivir a una casa junto al mar donde Seika aseguraba que él había vivido anteriormente. Y aunque al poner el primer pie en aquel lugar le resulto sumamente confortable, nada vino a su mente sobre su pasado. Se acomodo en la habitación que le había acomodado su hermana y se dedico a observar frente al mar tratando de recordar, aun convaleciente hasta recuperarse. Y así fue como sucedió sin novedad aparente, con las visitas de Miho diario llevándole diversas frutas y comidas por probar junto a Seika mientras, cada tarde, su amigo Shun le acompañaba para leerle algo en su recuperación y así entretenerlo.

Para Shun tampoco fue fácil. Pues a pesar que veía a su amigo frustrado por no conocer nada de sí mismo y no poder decirle nada, ni siquiera que él había sido un caballero de Athena, sabía que nada podía intervenir, por lo que en silencio le escribía a Hyoga en Siberia y a Shiryu en China sobre el estado de su amigo así como a la misma Athena. Lo peor era cuando Saori, desde Grecia, le confesaba a Shun lo ansiosa que estaba por verle ahora que estaba despierto del coma, más su inseguridad por volverle a hacer daño a Seiya, la persona que más había amado, le impedía volver a Japón y reunirse a su lado. Por lo que Shun solo se limito a acompañar a su amigo en su camino con la esperanza que algún día él lo recordará todo y fuera tras ella, pues sabía que ambos tenían una historia pendiente.

Los días pasaron, y la recuperación de Seiya se torno inesperadamente rápida, por lo que, al verse desesperado por no poder recordar nada, Pegaso hizo lo que el médico le recomendó, volver a iniciar una vida de cero.

Sabía que tenía buena condición física, por lo que decidió meterse a trabajar como ayudante de boxeo en un gimnasio , y justo como su amigo Shun lo había hecho y sugerido, meterse a estudiar una carrera universitaria en la universidad patrocinada por la familia Kido, dueños del orfanato al que él había asistido de chico.

Shun había optado por medicina, pues ahora su mayor sueño era ayudar a los enfermos del hospital Graude y a todo aquel que lo deseara mientras que Seiya, había optado por ingeniería mecánica, pues las motos por alguna razón le gustaban y deseaba tener su propio taller de ellas.

Y así era como la rutina de entrenamientos que alguna vez tuvo para ser caballero, se había transformado en una más cotidiana y normal como cualquier mortal común. El tiempo pasó.

Seiya de mañana, ayudaba a su hermana con sus deberes en el hogar y compras, también llevando víveres al orfanato donde sabía él y ella habían vivido en agradecimiento, y tras ello, iba a aquella universidad donde se reunía con Shun, para después ir a su trabajo y volver a casa al anochecer. Aquella rutina distaba mucho de lo que él había sido, y aunque tratará de pretender que nada pasaba, algo en su interior le mantenía inquieto, como si la necesidad de hacer otra cosa le ataviara. Y con suerte, algún día lo averiguaría.

Una mañana, Seiya tomó su desayuno junto a su hermana, un par de huevos fritos y sushi antes de partir al orfanato a entregar un costal de frutas que había comprado y salió con la esperanza de que aquel día fuera algo extraordinario, lo suficiente para calmar la inquietud de su corazón.

Tomó la motocicleta vieja que había comprado tras meses de ahorro y hecho el costal de frutas, dirigiéndose al orfanato. Al llegar, la bella Miho, le recibió con su siempre singular sonrisa iluminada al verle y le entrego las frutas que había llevado.

-Seiya, viniste.

-¿Qué tal Miho?-respondió él amable, dejando su casco sobre su moto para acarrear las frutas hasta el interior del orfanato.-Traje frutas.

Miho no oculto la inquietud que Pegaso aun causaba en su interior. Seiya para ella, era un gran motivo para sonreír, quizás más de lo que le gustaría, pero no había momento en que no imaginará un futuro sin él. Seiya saludo a los niños a su paso hasta la cocina, quienes a pesar de conocerle, tenía prohibido hablarle acerca de su pasado por lo que solo les sonrieron. Tan pronto ambos llegaron a la cocina, un ambiente confortable se hizo entre ambos. Miho ofreció rápidamente té y Seiya por no ser descortés, acepto. Y mientras ella prepara el té, algo llamó su atención:

-Miho, ¿Te has soltado el pelo, ¿cierto?-la joven se respingo ante la pregunta, así que asintió sonrojándose porque el chico se había percatado de aquel detalle que había hecho exclusivamente para él.

-Si.

-Luces bien.-soltó el santo de Pegaso sin vergüenza y ella sonrió.

Tras un poco de conversación sobre lo sucedido en el orfanato, una rubia joven que respondía al nombre de Eris, se unió a la conversación en la cocina.

-Seiya, que bueno verte.

Pegaso respondió amable. -Solo pase rápidamente, tengo que pasar a la biblioteca antes de ir a clases.-comentó él para ellas, quienes se miraron entre si, con cierta travesura.

-Nos alegra que vinieras.-soltó Eris con ánimo.-Sobre todo a Miho que no ha parado de hablar…-soltó la rubia provocando que Miho se pusiera colorada llena de vergüenza mientras era callada por un codazo de ella.-De ti..

Seiya sonrió nervioso y negó con travesura.-No le hagas caso Seiya, ella no sabe lo que dice.-Soltó nerviosa Miho.

Pronto, el pequeño celular de Seiya sonó recordándole que era tarde, por lo que el castaño se levanto suavemente del banco de la cocina y se dispuso a partir.

-Debo irme, las veré en otra ocasión chicas.

-Adiós Seiya.

Las jóvenes entonces se despidieron y comenzaron a susurrar entre ellas al verlo partir lentamente.

-¡¿Por qué dijiste eso Eris?!-reclamó Miho a su compañera aun ante la presencia de espaldas del Seiya.

-¡Porque quizás él recuerde la promesa que te hizo, la de ustedes juntos!-susurro la rubia, recibiendo un manotazo de su compañera para callarse hasta que el joven se fuera.-¡Cállate Eris, te dije que no hablarás de eso, te pudo escuchar!

Seiya se extraño ante lo dicho, sin embargo , ante la prisa por sus clases no se detuvo y se apresuro a partir en su motocicleta.

Tan pronto llego a la universidad, observo a su amigo Shun como siempre, esperándole en las bancas bajo los árboles junto al estacionamiento, con un panecillo para él, que él mismo había cocinado junto a su hermano Ikki la noche anterior y un par de libros en una mochila del otro lado.

Apresurado, Seiya, dejo su casco , tomo la mochila que escondía en su motocicleta y se acerco a su amigo.

-¡Llegas tarde!-soltó con una sonrisa Shun ofreciéndole el pan, perfectamente envuelto como si fuese de pastelería. Realmente Shun era diestro en la gastronomía.

-Lo siento, me entretuve en el orfanato.

-Toma, lo hice con Ikki para ti y tu hermana.-soltó el joven santo de Andrómeda mientras Seiya le tomaba y agradecía. -No te lo comas solo, se que arrasas con todo cuando sales de trabajar.

-Gracias Shun, te prometo que no lo haré.-soltó bromista Seiya.

-Oye Shun, sé que no debes decirme nada de mi pasado hasta que lo haga yo mismo, pero, ¿sabes si yo estaba enamorado de Miho?-aquella pregunta tomo por sorpresa al santo de las cadenas.-Quiero decir, hoy las chicas hablaron de una promesa que yo le hice a Miho, pero no se a que se referían.

Shun negó con la cabeza sin saber exactamente qué decir.

-Quizás deberías preguntarles a ellas la próxima vez, pero sabes que no es bueno que te ayudemos a recordar tu pasado.

Seiya apretó los labios insatisfecho y le asintió. Shun tenía razón. Quizás después averiguaría sobre ello.

A su espaldas, de pronto, una enorme limosina negra llegando a la universidad atrapo la atención de Shun, y fue que Seiya, giro su cara para observar hacia donde lo hacia su amigo, sintiendo algo particular. Un instante en el tiempo se detuvo, más nada sucedió.

De pronto, el teléfono de Seiya volvió a sonar recordándole que era tarde, por lo que se acicalo los flequillos y ansioso, le dijo a su distraído amigo que lo vería al salir de clases, pues debía irse.

Shun asintió y espero intrigado en aquella banca ante la nueva llegada de la persona en aquella limousina pues le resultaba familiar.

Fue entonces que vio a Jabu, el caballero de unicornio, descender de la limosina, sorprendiéndose, mas la sorpresa fue aún mayor cuando lo vio extender su mano para ayudar a salir del auto a una elegante y bella mujer.

Era ella, la misma Saori, con el cabello airoso por el aire de otoño y un suave vestido que la haría pasar por cualquier mortal, observando con sumo cuidado aquella universidad que pertenecía a su familia.

Fue entonces que sus ojos hicieron contacto por coincidencia, por lo que los nervios en ambos se hicieron evidentes.

Shun se puso de pie, asombrado y sonriente mientras solo la brisa hacía eco en el suave sonido de las hojas. Saori camino lentamente hasta donde él estaba y le sonrió animosa.

-Saori…-soltó en un suspiro animoso Andrómeda.-Estas aquí.

-Shun…-esbozo la dama y sin premeditarlo, se abalanzo en un abrazo al joven.-Los extrañe tanto.

-Saori…-soltó el joven, apresándola suavemente mientras la sentía quebrarse.

El tiempo se detuvo para ambos y fue así que el destino cambio.

-¿Esta aquí, cierto?-expreso la diosa con los ojos brillosos. Shun asintió.

-Jabu me lo confirmo, esta es "su nueva vida",

-¿Hablarás con él?

Saori suspiro y negó.

-Aun no lo sé.

-Saori…

Seiya por su parte, tras guardar el panecillo dado por Shun, busco en aquella biblioteca de universidad, los libros que necesitaba antes de correr a su salón de sus clases, no sin antes, detenerse un segundo en el pasillo de literatura, donde un viejo libro de mitología le llamo la atención.

La hermosa ilustración de un Pegaso en la portada del libro atrapo sus ojos avellana con suma premura, haciéndole sujetar suavemente el libro para tomarlo, sin embargo, una silueta se posiciono a su lado y poso su mano sobre el mismo libro.

Un escalofrío cálido le erizo la piel cuando aquella mano le rozó. Giró su mirada lentamente hacia su lado y se congelo cuando reconoció aquellos bellos ojos azulados que en sus pesadillas le habían salvado de la muerte y dolor, perteneciendo a una bella mujer de cabellos lilas. Algo habría de cambiar.

Continuará….

Muchas gracias por sus palabras y apoyo, hace mucho que no me sentía inspirada, espero les este gustado este fanfic, los quiero. Por cierto, cuéntenme, ¿a qué personaje les gustaría ver por aquí?