Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Entre tus recuerdos

Capitulo 2:Sucesos inesperados.

Cuando la mirada de Seiya y Saori se cruzaron en aquella biblioteca, los escalofríos les recorrieron la piel a ambos y el nerviosismo se hizo presente en la garganta.

-Lamento mucho, yo iba a tomar ese libro.-soltó el santo de Pegaso, sonrojado de pena y admiración ante la belleza de Saori. Seiya se quedo perdido en sus preciosos labios rosados de muñeca, en sus magníficos ojos enmarcando sus luceros de cielo y en la belleza de su piel, pues no podía creer en la belleza de aquella mujer.

-Ya veo, te gusta la mitología griega.-comento la diosa nerviosa mientras sujetaba el libro, sonrojándose mientras le dedicaba una sonrisa traviesa a Seiya.

-No sé, realmente solo lo tome por curiosidad.-contestó él con torpeza mientras traba a de ocultar sus nervios observando el libro rascándose su cabello.

-Hay una historia interesante en ese libro, de la diosa, Athena, quizás te interese-expreso Saori analizando cada detalle del joven caballero. Realmente amaba a ese caballero, pues aunque no la recordara, era indescriptible el nivel de nerviosismo que su sola presencia le provocaba. Seiya le quemaba el alma. Como deseaba que la tomará en sus brazos como siempre lo hacía y la abrazará, pero en el fondo, ella sabía que debía dejar todo al destino.

-Lo leeré entonces, si no te importa.-espetó el santo cuando ella lo soltó suavemente, acomodando el libro junto al par que ya llevaba bajo su brazo. La diosa negó y le sonrió.

-¿Cuál es tu nombre?-preguntó Seiya hacia la joven mientras le sonreía tímidamente.-Mi nombre es Seiya.

-Me llamo Saori.-sentencio ella con dulzura.

-Saori…-exclamo Seiya percibiendo un ligero escalofrió cálido en su cuerpo que le erizo al oír su nombre, sin embargo, nada pudo relacionar de su pasado con ella.

-Ya debo irme, es tarde para mis clases, hasta luego señorita Saori.

-Hasta luego Seiya.

Tras una breve sonrisa de ambos, Seiya siguió su camino hacia su salón desapareciendo ante Saori, dejándole triste y deseando que aquel encuentre ojalá hubiese sido ayudado a recordar al santo de Pegaso quien era, mas era claro que él no la tenía en sus recuerdos. Quizás con el tiempo él la recordaría.

Aquella tarde ocurrió sin muchos contratiempos y con el paso de las horas, el bello atardecer del día desapareció, anunciando que pronto el día eclipsaría llegando a su final.

Seiya tras tomar todas sus clases, tomo su motocicleta y antes de volver a casa con Seika, decidió visitar a Miho una vez más para averiguar que era aquella promesa de la que había escuchado que él le había hecho en el pasado. Tras avanzar algunos kilómetros hacia el camino que iba a su casa, Seiya por fin llegó hasta el orfanato donde vivía Miho y le mando un mensaje por su móvil indicándole que se encontraba fuera y que si podía verle un momento.

La joven Miho se sorprendió al recibir aquel mensaje mientras atendía a algunos niños y sin hacerlo esperar mucho, salió hacia la entrada del orfanato, encontrándose con el joven santo en su moto.

-Buenas noches Miho, lamento molestarte tan tarde.-comento el santo observando a la dulce joven mirarle intrigada.-Es solo que algo ocurrió esta mañana y no ha dejado de pasar por mi mente, así que quería preguntarte algo.

-Por su puesto Seiya.-atendió Miho, acicalándose el pelo de nervios mientras le sonreía.

-Esta mañana escuche a tu amiga Eris decir algo sobre una promesa que yo te hice en el pasado.

Miho se quedo congelada ante aquella pregunta del Pegaso y bajo su mirada con vergüenza, sujetándose el vestido entre sus puños.

-Seiya, sabes bien que no puedo ayudarte a recordar nada, ¡además!, es una tontería, no tienes porque hacerle caso a Eris.-sostuvo Miho con nervios

Seiya al verla tan nerviosa, se bajo de su motocicleta colocando su casco a un lado y se acerco lo suficiente para sujetarle sus manos suavemente y obligarla a mirarlo a los ojos.

-Miho, no te creo, se que te prometí algo en el pasado, así que si lo hice ,quiero cumplirlo, que no recuerde, no significa que no tenga palabra y responsabilidad.

-Seiya.-pronunció con la mirada brillante y tintineante la joven de cabellos azulados.

-Tú me has ayudado demasiado Miho, has estado conmigo desde que estuve en el hospital y si te prometí algo, es lo menos que puedo hacer por ti, cumplir mi palabra. Así que dime, ¿cuál fue mi promesa?

-Bueno…-las mejillas de Miho se encendieron mientras sus latidos se agitaban a cada segundo.- En realidad, prometiste que…-las palabras se atraparon en su boca.- Estaríamos juntos después de…-Miho suspiro.-…que volvieras a Japón junto a tu hermana.

-Entiendo…-Seiya la miró fijamente.-Si es así, creo que deberíamos ser más cercanos poco a poco, y quizás así pueda después honrar mi promesa.

-Seiya.-suspiro ella emocionada mirándolo fijamente con sumo amor. Seiya le sonrió amable y dulce.

-Eso quiere decir que tu y yo…-suspiro Miho con las mejillas encendidas, llenándose de euforia ante lo que para ella era su más grande deseo.-¡Somos novios ahora!

Seiya se quedo quieto ante lo dicho sin tener tiempo para reaccionar, realmente aquella afirmación no era algo que tuviese en mente, él en realidad se refería a irse conociendo poco a poco hasta corresponder sus sentimientos completamente, sin embargo, cuando Miho le sujeto las manos con suma emoción y su mirada se encendió en luceros para él, poco pudo decir, sobre todo cuando inesperadamente, Miho hizo un pequeño salto hacia su cuerpo y alcanzo a apresar sus labios en un movimiento impulsivo. Seiya quedo descolocado, ni siquiera pudo atinar a responder tal osadía, así que espero a que Miho se alejara, para después despedirse, y , confundido, volver a casa.

Y mientras Seiya manejaba de vuelta a casa, en su mente la mirada de aquella joven de la biblioteca venia una y otra vez poniéndole nervioso y distraído.

-Saori…-pronuncio mientras para su suerte, un semáforo le daba tiempo para reflexionar sin accidentarse.-¿Acaso tu y yo…nos conocemos?-se pregunto el Pegaso mirando al cielo. Tan pronto el semáforo cambio, Seiya volvió a su andar sin olvidar aquella mirada de cielo que le llenaba de calor con tan solo un pensamiento.

Tan pronto Seiya volvió a casa, saludo a su hermana , entrego el pan obsequiado por Shun para ambos y corrió a su habitación a llamar a su amigo y contarle lo sucedido. Pegaso aventó su mochila con libros en una esquina y se sentó al borde de la cama, sumamente nervioso mientras marcaba en su celular.

-¿Shun?-pregunto al teléfono moviendo sus tenis contra el suelo en ansiosos movimientos justo cuando Andrómeda contesto.-Ha pasado algo.

Desde el otro lado de la línea, Shun atendió sentado en su cama mientras se quitaba los zapatos para descansar.

-¿Qué sucede Seiya?

-¿Recuerdas lo que platicamos esta mañana de MIho?, pues bueno, creo que sucedió algo "raro".

-¿De qué hablas?-espeto Shun.

-Hable esta tarde con Miho sobre la promesa que comento su amiga Eris en la mañana y ella me afirmo que yo le había prometido "estar juntos" antes de mi accidente.-Seiya continuo.- Yo le dije que por todo lo que hemos pasado hasta ahora debía honrar esa promesa, sin embargo, al no recordar nada, no puedo corresponder sus sentimientos como debiera, así que le propuse acercarnos poco a poco para volver a conocernos, a lo cual ella lo malinterpreto y parece que cree que estamos en… "una relación".

-¡¿Qué?!-soltó sorprendido el santo de Andrómeda.-¿Pero como…?

Seiya suspiro ansioso.-No se qué hacer, esto se está complicando, quisiera recordar todo y entender quine era yo, incluso si estaba enamorado de Miho, pero no puedo. ¡Estoy tan harto!

-Calma Seiya…-soltó suavemente Andrómeda-Por ahora lo mejor es que descanses para que tu mente y cuerpo estén bien, así que olvida esto por esta noche y descansa. ¿Te parece bien si mañana llegamos una hora más temprano a la universidad y conversamos de esto?

-Bien Shun, gracias por escucharme, nos vemos mañana temprano.

-Está bien.-Expreso Shun mientras se levantaba de la cama para ir hacia la cocina por algo para cenar antes de colgar.-Y Seiya, solo puedo decirte que las cosas no son lo que realmente parecen, solo ten paciencia, no te presiones. Nos vemos mañana.

-Nos vemos Shun.

Tan pronto colgaron, Seiya fue a cenar junto a su hermana mientras Shun, aun pensativo en el departamento que compartía con Ikki, al ir hacia la cocina donde momentos antes estaba su hermano, observo los alimentos sobre la mesa que le había dejado Ikki antes de partir a quien sabe dónde, pues la nota junto a ellos solo decía que volvería al amanecer y que no se preocupara.

-Ikki..-suspiro conmovido al ver los deliciosos platos sobre la mesa.

Fue entonces que el sonido del timbre de su departamento resonó y extrañado, Shun atendió pues no era de muchas visitas. Para su sorpresa, cuando abrió la puerta de su departamento, era la misma Athena, visitándole.

-Saori.

-Shun.

-Pasa, adelante.

Saori accedió a aquella amable invitación e inspecciono rápidamente el bonito y confortable lugar donde ahora Vivian Ikki y Shun.

-Es lindo este lugar, Shun, al fin tienen un lugar cómodo para vivir tu e Ikki-esbozo Saori con dulzura.

-Si lo es Saori, de hecho quería agradecerte por permitir que Ikki y yo usemos este departamento de la Fundación para quedarnos.

-No tienes nada que agradecer Shun, ustedes han hecho tanto por mí, que es un gusto hacerlo.

-¿Quieres un té o algo de beber?-espeto Andrómeda, invitándola a sentarse en el sofá. La confianza y calidez se sentía en el lugar, pues entre ambos no había nada que pretender a pesar de la con alguien podría hablar de su corazón Saori, era con su confidente Shun.

-No estoy bien, gracias.

Shun se sentó a su lado y espero a que ella estuviera lo suficientemente cómoda para hablar

-En realidad, vine porque quería platicar con alguien en quien confió demasiado y ese eres tu Shun.-comento Saori con nostalgia.- Debo decirte que hoy vi a Seiya en la biblioteca de la universidad.

Shun alzo sus cejas sorprendido.

-¿Y pudo recordar algo, te dijo algo?-preguntó Andrómeda curioso.

La decepción se dibujo en la cara de la dama.-Nada, solo me miro algo confundido y se marcho.

Saori se sonrojo -No lo sé Shun, se que debí mantenerme lejos, quien fui yo quien así lo quiso para ya no lastimarlo, pero…

-Lo amas… -interrumpió el peli verde, haciendo que la joven se sobresaltará ante lo dicho.

-Lo amas Saori y eso, no es algo malo.-aseguro Shun tomándole con suavidad las manos para reconfortarla. La joven bajo su mirada bella y la mantuvo cabizbaja.

-Shun…yo solo quiero verlo bien.

-Yo solo sé que lo necesitas, como él te necesita a ti Saori.- El peli verde sonrió dulcemente.-¿Cuándo debes volver al Santuario?

-Le dije al Patriarca que me quedaría una semana o menos, que solo vendría a finiquitar algunos pendientes de la Fundación y volvería de inmediato, insistía en que debía venir alguien más en mi nombre, que Athena ya no puede encargarse de estas cosas, pero insistí en venir personalmente. Me costó mucho convencerle y la única manera de dejarme venir fue en compañía de Aldebaran que está ahora en la mansión para asegurarse que volvería pronto.-Saori suspiro.- Yo…necesitaba ver a Seiya.

Shun le sonrió con calidez. -Deberías conversar con él, estar a su lado un par de días, tengo la certeza que le ayudarías a recordar por si mismo todo su pasado, sin necesidad de decirle nada.

-Pero ,¿cómo podría Shun?, no tengo mucho tiempo.

-Lo único que se me ocurre es en la universidad, como sabes él ahora está estudiando ahí y es donde está la mayor parte del tiempo. Que lo veas entre curso y curso y así se hagan cercanos.

-Es una locura, ¿con que pretexto?-cuestionó la joven.

Shun se puso de pie, pensativo y comenzó a idear un plan.

-Mandaremos una carta al Patriarca diciéndole que debes quedarte una semana más, que tomaras un curso de negocios muy necesario para cerrar los pendientes de la Fundación de algo que no entiendes y que solo tu y tu abuelo podrían dar autorización, le diremos que Tatsumi insistió, y así podrán estar juntos al menos un poco tiempo.

-Shun, realmente suena como una locura, es imposible, nadie lo creerá.

-Confía en mi Saori, realmente Seiya te necesita, está muy confundido ahora y nadie mejor que tu puede ayudarle a ser quien era, él está muy desesperado. -Shun se hinco hasta quedar frente a las rodillas de Saori, le tomo las manos gentilmente y suplico.-Hazlo por ambos, Saori, por favor.

La bella joven miro a los ojos a Shun un par de segundos largos, observando la suplica en su amigo y asintió con reservas.

-Está bien, lo haré, aunque eso del curso no es muy convincente que digamos.

-Esta hecho.-soltó con una sonrisa el joven Andrómeda ante su travesura.-Incluso se de alguien que podría ayudarnos en esta misión para calmar las cosas en el Santuario.

-¿Quién?

Saori miro a Shun confundido y este comentó. -Kiki.

Saori sonrió divertida.

-.-

A la mañana siguiente, Saori se levanto temprano de su habitación, y tras acomodarse un lindo traje ejecutivo, bajo hasta la cocina, donde el buen santo de Tauro apenas disfrutaba de una tostada de mermelada en lo que servían el desayuno. Al verla, el santo del toro sonrió animado al ver a la bella chica tan jovial muy diferente a como lucia en el Santuario y con aquellas ropas que la hacían lucir tan normal, como cualquier otra. Incluso para él, un santo que lo había visto todo, estar en ese lugar y ver así a su diosa, le resultaba raro.

-Buen día Aldebarán.-espeto ella alegremente.

-Buen día Athena.-contesto con cierta vergüenza el santo, dejando de lado su tostada.

-Lamento interrumpirte, solo quería agradecerte nuevamente por acompañarme hasta aquí, se que debe ser aburrido para ti estar aquí en esta ciudad y debes extrañar el Santuario y tu rutina habitual de entrenamiento, me disculpo por eso.

-Es un placer su excelencia.

-Llámame Saori, solo Saori.-El santo negó con insistencia provocándole una sonrisa.

-Bueno, la cuestión es que debo quedarme una semana más en Tokio, las cosas se han complicado en los negocios con las exportadoras de minerales y pesca de la Fundación y el país entero, así que debo tomar un curso en una universidad, para cerrar los acuerdos y dejar a cargo a mi mayordomo después ello y poder gestionar esto sin necesidad de moverme del Santuario como el patriarca desea.

-Ya veo.-contesto confundido el santo del toro.-¿Y el Santuario?, se que el Patriarca estará preocupado con esta decisión.

Tras pronunciar aquellas palabras, de la nada, una presencia mediana se posó a espaldas del santo del toro y expreso:

-No se preocupe señor Aldebarán, el Patriarca ya lo ha autorizado.-expreso el pequeño Kiki quien por medio de su tele transportación había llegado en el momento oportuno, saludando a la joven diosa y entregando una carta con sello del Patriarca al toro.

-Señorita Saori, es un gusto volver a verla.

-Buen día Kiki.

El santo del toro leyó la carta sorprendida y asintió, consintiendo que su estadía se prolongara un poco más.

Tan pronto Aldebarán dio su consentimiento,, Kiki desapareció volviendo al Santuario para continuar con el plan de Shun mientras Saori subió a su limousine y se dirigió a la universidad de la Fundación.

Shun por su parte, ya esperaba a Seiya en el estacionamiento de la universidad como habían acordado la noche anterior en la llamada, ansiosa por poner en práctica su plan de mantener cerca ambos. Tras minutos de espera, Seiya apareció.

-¡Seiya!

-Shun, que bueno verte, quería conversar contigo.

Tras saludarse, ambos jóvenes se quedaron bajo un árbol en el estacionamiento y conversaron.

-¿Cómo estas?

-Preocupado…-soltó Seiya rascándose su cabeza con nerviosismo.-No se qué pensar, que sentir…es todo una locura. Deseo tanto recordarlo todo.

-Amigo no te presiones, se que pronto lo recordaras todo, tengo un buen presentimiento.

Tan pronto termino aquella frase, Shun observo la presencia de una dama aproximándose hacia ellos. Para sorpresa de Seiya, aquella no era otra si no la joven que había conocido en la biblioteca el día anterior. Al verla, sus ojos se ampliaron, llenándose de ella.

-Buenos días.-saludo Saori con una gran sonrisa.

-Buenos días.-contestaron ambos riendo ante lo atropellado del asunto.

-Ah, Seiya , te presento a Saori, es una gran amiga mía.-espeto Shun con confianza.

Seiya la miro y ella le sonrió. Ambos se sentían nerviosos al verse de nuevo.

-Claro, ayer la conocí señorita Saori en la biblioteca. Es un gusto.-espeto Seiya sin dejar de mirarle, pues sus ojos azules eclipsaban cualquier belleza del lugar. Pegaso no sabía porque pero no solo la belleza, si no el aura que mantenía Saori le tenía embelesado.

-Ella es una gran amiga mía, estará unos días aquí, así que espero no tengas inconveniente en que nos acompañe.

-No para nada.-espeto Seiya, sonriéndole amable.

-Me alegra que podamos conocernos un poco más Saori.

-A mí también, sobre todo si eres amigo de Shun, espero que nosotros podamos ser también amigos.

Tras decir esta frase y mientras el tiempo se detenía entre ambos jóvenes. De pronto, un grito llamo la atención de los tres.

-¡Seiya!

A lo lejos, una jovencita venia a toda prisa corriendo hacia donde estaba ellos.

-Creo que es Miho.-exclamo Shun incrédulo.

De pronto, la joven Miho se abalanzo al cuello de Pegaso y le beso la comisura de los labios, dejando confundida a la joven diosa y al santo de Andrómeda ante aquel efusivo encuentro.

Las miradas de Shun y Saori se cruzaron y se quedaron gélidos ante tal encuentro. Para la joven diosa aquella acción era demasiado para procesar, sobre todo por aquel nudo en su garganta que se había formado en su garganta provocando que sus ojos azulados se nublaran. Saori no pudo más, y quiso salir corriendo de aquel lugar ante su dolor, sin embargo, Shun tomo gentilmente su mano y la obligo a quedarse, susurrándole suavemente.

-"Tranquila, no es lo que parece"

Seiya alejo suavemente a Miho y apenado expreso.

-¡¿Miho, qué haces aquí?!

-Quise venir a verte Seiya y traerte el desayuno, le hable a tu hermana y dijo que saliste temprano, así que supuse que no habías desayunado y quise traerte algo.-Tras decir esto, la joven saludo a la diosa y a Andrómeda.-Eso es lo que hacen…bueno, ya sabes.

-Te lo agradezco Miho, pero no era necesario.-esbozo Seiya tomando con suavidad el envuelto que le había hecho Miho. De pronto, un silencio incomodo se hizo entre los tres.

-Bueno, solo quería traerte esto, debo volver al orfanato, deben estar esperando por mí.

-Lamento no poder llevarte Miho por las clases, pero te acompañare a abordar un taxi.-espeto Seiya, despidiéndose de Saori y Shun, avanzando con la joven.

La joven diosa apreso sus puños mientras Shun la tomaba con cuidado.

-Escucha Saori, antes de que saques conclusiones, ayer Seiya me platico que Miho le ha malinterpretado y piensa que están juntos por una promesa que él le hizo hace mucho tiempo, todo esto a causa de la falta de memoria. Por eso mismo te pedí que te quedes y le ayudes a recordar, porque ambos se merecen una oportunidad, incluso si no te recuerda.

-¿Aun no recuerda nada, cierto?

-No, no recuerda nada, así que hagamos que lo haga.-suspiro Shun

Saori observo con tristeza a lo lejos la silueta de ambos y suspiro, perdiendo la confianza en si misma y la seguridad de quedarse ante ese plan errático.

Mientras tanto, en el Santuario, Shion de Aries desde su escritorio en el salón Papal junto a Dohko quien le acompañaba, observaba fijamente la carta enviada por Saori sobre su retraso ante su regreso.

Y es que desde su resurrección gracias a la diosa, los santos habían tenido una nueva oportunidad de vivir, sobre todo por las futuras amenazas que en mundo pudieran surgir tras la batalla de Hades, por lo que el que Athena no estuviera en el Santuario le inquietaba de sobremanera.

-Fue un arrebato dejar ir a Athena al Oriente.-espeto Shion con preocupación.

-No esta sola, mandaste a Tauro a su lado, además están el caballero de Andrómeda y Fénix en aquella ciudad, así como el de la constelación de unicornio, oso, y lobo. Seguramente la protegerán adecuadamente hasta su regreso.

-Estoy preocupado, tengo un mal presagio Dohko, quizás debería mandar a alguno de los muchachos por ella.

Dohko sonrió ante la insistencia de su amigo-¿En quién piensas, Saga y Aioros?

-Exactamente.

-Vamos Shion, tranquilízate, ella estará bien, es solo una joven, además tiene muchos asuntos que arreglar económicamente en sus negocios, de ello dependen muchas familias.

-No estoy cómodo con ello, solo por precaución.

Dohko sonrió ante las preocupaciones vanas de su compañero y antes de que su enorme carcajada terminara, la voz de dos santos hicieron su aparición en el salón.

-¿Patriarca, nos ha llamado?

Ante ellos, Aioros y Saga hicieron su aparición.

-Hijos mios, tomen asiento.- dispuso Sion señalando los asientos junto a Libra.

-Necesito que vayan a Oriente en una misiva personal. Como saben Athena no se encuentra en el Santuario y eso me tiene inquieto, por lo que nada me tranquilizaría más que ustedes pudieran escoltarla de regreso al santuario con bien.

-Entiendo.-esbozo Aioros compartiendo una mirada curiosa con su compañero de Géminis.

-Por favor, denle alcance en Japón a su compañero de Tauro y a nuestra señora, es peligroso que este fuera de este lugar sagrado donde no podamos protegerla. Lo que ha sucedido en estos últimos tiempos no ha sido fácil para nadie y su presencia es impredecible también para mantener con bien este lugar santo. Confió bastante en el caballero de Tauro, pero cualquier peligro es inminente fuera de nuestros límites, por lo que les confió esta misión.

Saga y Aioros se miraron entre si confundidos ante la petición, pues rara vez habían salido de misión al extranjero, sin embargo, parecía bastante urgente para el antiguo santo de Aries.-De acuerdo.

-Confió en ustedes para esta misión pues son los mejores para tal tarea, así que partan de inmediato.

-Que así sea.

Aquellas palabras sentenciaron todo para aquellos santos. Las cosas habrían de cambiar.

Continuará…

Sé que no tengo vergüenza de actualizar hasta hora, pero por fin desempolve este escrito, espero les guste, prometo terminarlo.