Haber Sido parte del equipo ninja con dos integrantes que resultaron ser las reencarnación de los Hijos del Sabio de los seis caminos, y ser solo una Nacida Civil fue ... Agotador.

Luchar por estar a la par de ellos y buscar día tras día por ser reconocida cómo algo más que la integrante femenina del Equipo 7 fue como una batalla contra la corriente dentro de un rio embravecido.

Pero ahora con veintidós años Sakura se había convertido en una mujer Calculadora, Fría y un tanto Cruel bajo su fachada sonriente y Vivaz. Y Había forjado una Reputación Despiadada y sanguinaria después de cada aparición en el campo de batalla.

Porque eso es lo que le había hecho la guerra, había aplastado su naturaleza compasiva y Suave para dar lugar a una máquina de matar con tendencias Sanguinarias y un tanto Suicidas.

Le gustaba ver la sangre de los bastardos que seguían participando en la guerra a favor de Madara, correr en ríos interminables de escarlata y manchar su cuerpo como una pintura macabra.

Tal vez estaba un poco loca... Pero las cosas ya no se pueden cambiar y Sakura había aprendido a aceptar lo que es ahora.

Una Shinobi.

Unas pisadas la sacaron de su monólogo interno.

- Haruno-Sama el Batallón de las fronteras se encuentra teniendo dificultades, han notificado que están siendo acorralados por una orda de ninjas renegados y cientos de Zetsus - Hablo de repente una voz infantil y Sakura, quien había estado sentada en la punta del acantilados que marcaba la frontera de su campamento miro al mocoso antes de responder.

Ni siquiera le llegaba a la cadera

"Cada día mandan más mocosos, necesitamos soldados, no niños" pensó irritada.

- Envía un mensaje, estaré allí en una hora- Se limito a decir antes de pararse, girar sobre sus talones y avanzar en largas zancadas rumbo al centro del campamento.

Atrás había quedado aquella Adolescente escuálida para dar paso a una mujer que a pesar de la guerra era impresionantemente Bella, con su exótico cabello rosado largo hasta sus caderas; figura curvilínea y atlética forrada por el entallado uniforme estándar de la alianza y ojos profundos tan verdes como el jade.

Un ojo inexperto jamás pensaría que aquella mujer de caminar felino y pequeña estatura fuera capaz de derrumbar montañas con solo el poder de sus puños.

Un error sin duda.

Minutos después se encontraba saltando de árbol en árbol con vertiginosa rapidez, con armas ocultas en cada centímetro de su cuerpo y dos Katanas firmemente atadas a su espalda mientras trazaba con detallada rapidez su estrategia de batalla

Tal vez estaba demasiado concentrada en lo que haría en el futuro, tal vez había Sido la arrogancia; o el destino, pero lo cierto fue que Sakura no vio venir una gran explosión que sacudió todo el bosque y la expulsó a través de los árboles como una muñeca de trapo.

Lo último que recordó fué unas manos tocando suavemente sus mejillas antes de que todo se oscureciera.

El Olor a petricor e incienso fue lo primero que registraron sus sentidos seguido del golpetear incesante de la lluvia contra el techo y una suave calidez que envolvia su cuerpo como una cúpula de tranquilidad y Paz.

"¿Dónde estoy?" Sakura se preguntó desorientada, su cuerpo parecía entumecido, casi anestesiado.

Sus ojos se abrieron y el tenue resplandor de una vela fue lo primero que vió.

- Es tranquilizador verte despertar de nuevo, creí que nunca lo harías - hablo una voz femenina.

La kanoishi observó a una mujer elegantemente sentada al lado del futón donde estaba.

"Ino, acabo de conocer a tu rival" Pensó distraídamente.

Con cabello tan blanco como la nieve, piel inmaculada y belleza increíble, frente a Sakura se encuentra una de las mujeres más bellas que ha visto en su vida.

- Quien eres... Y dónde estoy- preguntó recorriendo el lugar con su mirada, se encontraba en una gran habitación con paredes pintadas de rojo escarlata y estrellas doradas que parecían brillar por cuenta propia en las paredes y techos de la habitación, estanterías llenas de pergaminos, libros y múltiples juguetes esparcidos por el piso de la habitación.

- Soy Kaguyi... Y está es tu antigua habitación Sakura-san - respondió con voz pacífica y melodiosa- yo soy la responsable de que estés aquí... Te traje a tu verdadero origen - artículo sin más.

La kanoishi suspiro cansada.

"Porque no puedo tener una vida normal" se lamento interiormente mientras discretamente analizaba su estado corporal y los posibles peligros a su alrededor.

Ningún sello supresor, ningún grillete, ninguna otra presencia aparte de la mujer a su lado... Estaba libre.

Todo estaba absolutamente bien, a excepción de una ligera molestia en su cabeza.

- Cuál es el motivo de su ataque Kaguyi-san... Debo de suponer que tiene motivos interesantes para atacar a la líder del escuadrón Este - musitó suavemente, aunque no sin dejar deslizar una pequeña connotación amenazante.

No estaba contenta con lo ocurrido y la mujer al parecer sabía perfectamente este hecho.

- Hay muy buenos motivos Sakura-san... Y esa es la razón por la que estamos aquí... La guerra ya estaba perdida y Mi hermana, Kaguya Ōtsutsuki había Sido liberada después de Milenios justo cuando estabas en camino hacia el campo de batalla... Ya no había solución para aquella línea de tiempo- explicó la mujer con solemnidad y firmeza mientras tomaba distraídamente un espejo entre sus manos.

Sakura escrutinio fijamente a la mujer, sus ojos viajando por cada micro expresión y buscando cualquier rastro de broma o mentira.

La kanoishi no era tonta, había escuchado aquel apellido como parte de los muchos cuentos infantiles que había escuchado en su niñez, dónde la princesa una vez benevolente y bondadosa se terminó convirtiendo en una villana malvada y vil.

Tenía que ser una broma.

- Kaguyi-san, me está diciendo que la princesa que aparece en uno de los cuentos de mi niñez vino a acabar con el mundo - la cuestionó con creciente incredulidad e irritación -... Por favor le suplico que me perdone si le falto el respeto, pero soy escéptico.

Kaguyi suspiro y no pudo hacer más que apretar ligeramente sus labios y hablar de nuevo, está vez con algo más en mente.

- Sakura-san por favor siéntese... Le mostraré algo - pidió la mujer y Sakura, aunque renuente, cumplió con la petición sentadose antes de tomar el espejo que la peli blanca le ofrecía- Mirese y dígame a quien ve.

La ninja médico tomo el objetivo con una ceja en alto antes de desviar sus ojos hacia su reflejo.

En lugar de los ojos verdes y cabello rosado chicle que esperaba, Sakura se encontró con una mujer completamente distinta, aunque simétricamente parecida a ella de una manera desconcertante y asombrosa.

El reflejo frente a ella le mostraba a una mujer de piel suave y pálida, con rasgos definidos y labios delgados, ojos felinos y rasgados enmascarados con espesas pestañas rojas, iris de un suave color lila que se profundizaba a un hermoso violeta intenso en los bordes; y salvajes mechones de cabellos de un pálido rojo - casi rosado- que coronaban su cabeza con fiereza y picardía callendo en una cascada rebelde por toda su espalda hasta amontonarse a su alrededor.

Su cabello parecía una maldita versión medio peli-roja del Cabello de Madara.

- Que Demonios - parpadeo desconcertada poniendo sus manos frente al reflejo y Sacado la lengua para ver la trampa en el objeto inanimado justo antes de soltar el espejo, proceder a hacer un conjunto de sellos y exclamar un "Kai!".

Cuando se volvió a ver en el espejo la misma mujer pelirroja de devolvió la mirada.

- Que me hiciste desgraciada - gruño Sakura verdaderamente molesta.

Kaguyi escuchó sin impresionar, tenía premeditada ese tipo de reacción de parte de la kanoishi.

- Sakura-san, lamento mostrartelo de esta manera pero era necesario; hace muchos milenios, cuando mi hermana descendió a la tierra y se enamoro de un humano, alteró el origen de las cosas, personas como usted o cualquiera en la tierra no se suponía que fueran portadores del chacra...Pero ocurrió y ahora después de tanto tiempo se están sufriendo las consecuencias - empezó la femenina- las cosas tal como están ya no se pueden alterar... Y ustedes los humanos son dueños del chacra tanto como los Ōtsutsuki lo somos, cosa que mi hermana no entiende y ahora trata de cambiar de una manera totalmente errónea.

- Y eso que tiene que ver con migo o mi cambio de apariencia - cuestionó la menor aún molesta, tal como iban las cosas, podía suponer que la mujer frente a ella la quería utilizar para algo, ¿Que?, aún no lo sabía.

- Mucho Sakura-san, veinticuatro años antes de tu nacimiento, nacieron dos niñas bajo el matrimonio principal del clan Uzumaki, Sakura y Kushina Uzumaki, las princesas de Uzushiogakure, lastimosamente cuándo las mellizas cumplieron siete años Uzushiogakure fue atacado y con ellos casi todos, si no es que el ochenta porciento de la población de Uzushiogakure, pereció ese día y con ellos la primogénita del Clan: Sakura - la Ōtsutsuki se detuvo momentáneamente para respirar hondo.

- No se suponía que la heredera fuera asesinada, ese no era su destino, pero lo hizo - afirmo chocando su mirada color perla con los Amatistas de la peliroja - cuando su alma piso las tierras puras los dioses idearon un plan y el alma de esa pequeña niña fue reencarnada en el feto moribundo de un Humilde matrimonio civil Originario del la aldea de la primavera, la pequeña Sakura volvió de nuevo a la vida y está vez con otro destino.

Sakura medito las palabras de la Ōtsutsuki con amargura, no tenía que ser una genio para entender lo que estaba tratando de transmitirle.

- Entonces cuál es mi destino, porque estoy segura que no es simplemente morir de nuevo, después de todo que esa explosión me mató - adivinó y solo lo confirmo con el asentimiento de la peliblanca- sea sincera Kaguyi-san.

Sakura trato de ignorar el hecho que la mujer frente a ella fue la responsable de su muerte.

- El plan de los dioses fue dejarte vivir todo lo que ocurriría en tu ausencia, lo que ocurriría sin tu presencia en dónde pertenecias y el destino de tus seres queridos, su plan fue llenarte del conocimiento de lo que tendrías que evitar para que la humanidad no callera en crisis y guerra de nuevo... El plan fue que vivieras toda una vida y devolverte a tu destino original- resumió la Mayor con finalidad.

- Yo...yo porque - murmuró desconcertada, nada cuadraba en el esquema de las cosas, Sakura no sabía que hacer con el nuevo conocimiento que kaguyi le había dado.

- Porque es tu deber Sakura-san... Es tu destino...aunque nosotros los mortales no podamos controlarlo, todo tiene una razón y un porqué... Mi hermana alteró todo y es hora de que las cosas vuelvan a su lugar, los dioses asi lo desean - aportó la peliblanca tomando una de las manos de la menor - se que es difícil... digerir todo esto, pero los dioses han confiado en ti por alguna razón y yo estoy segura que podrás resolverlo todo - consoló la mujer está ves sonriendo con la mayor cantidad de calidez que pudo reunir.

Kaguyi sintió simpatía por la peliroja frente a ella.

Sakura respiro profundo y meditó las cosas.

Para empezar, al parecer tenía la oportunidad de prevenir la cuarta guerra ninja, salvar a sus amigos del futuro sangriento dónde todos habían muerto, y Posiblemente aniquilar de una vez por todas al Maldito Madara Uchiha y al asqueroso Zetsu doble color.

Y como plus también decapitar a Danzó.

-Yo... Yo lo haré - asistio después de unos minutos y por primera vez en años, sakura pudo saborear la esperanza de un futuro mejor.

- Solo tienes que recordar que no todos pueden ser salvados y ... Que todo ocurrirá como tiene que ser, todo está destinado y el que tiene que vivir, vivirá -aconsejó la mayor con una sonrisa- ahora pequeña Sakura... Es hora de que despiertes... hay alguien muy preocupada por ti- finalizó antes de apartarse y erguirse sobre sus piel.

-¿Alguien? de que hablas Kaguyi-san - cuestionó la menor viéndola alejarse con suavidad, su largo cabello blanco balanceadose con cada paso y su elegante kimono brillando contra la oscuridad de la habitación.

Parecía resplandecer

La mujer no le respondió y solo logró escuchar una pequeña risa antes de que la Ōtsutsuki desapareciera en un cegador destello de luz.

"Se fué!... Carajo como se supone que sepa que hacer ahora" Pensó la pelirosa con duda, le dolía la cabeza y si era complemento sincera, aún se sentía desorientada y extrañamente entumecida.

-Son unas niñas, unas hermosas niñas Kushifu- susurró una voz.

-Las mujeres Uzumaki somos conocidas por nuestro largo cabello rojo Sakura-chan, nuestro cabello es símbolo de orgullo e identidad, jamás lo cortes - susurro otra voz.

Palabras tras palabras fueron detectadas por sus oido, superponiendose y mezclándose con distintas imágenes.

"Recuerdos" se dijo jalando sus gruesos mechones carmesí, su cabeza palpitaba y se destrozaba con cada avalancha de imágenes.

Uzushiogakure, su Clan, sus padres, su hermana, sus primeras palabras, sus primeros pasos, su oso favorito, el dulce sabor de la tarta de fresa que Sayumi, su Madre hacía todas las tardes después de un duro día de entrenamiento afuera con su papá y Kushina, sus curitas favoritas con dibujos de cerezas, las competencias de sellado con Kushina, el olor a ramen, vallas silvestres y cítricos de su melliza, las noches de pillamadas llenas de fantasías e inocencia.

-Siempre te protegeré Kushina- susurro su propia voz al rostro inocente de su hermana.

Lagrimas empezaron a emerger de sus ojos fuertemente cerrados.

Gritos y sangre, su gente y familia siendo asesinada sin poder hacer nada a cambio, el miedo paralizante que azotaba su pequeño cuerpo de siete años y su férrea determinación hacia el bienestar de su hermana.

Un gemido ahogado se deslizó sin permiso y el cuerpo de la pelirosa perdió energía hasta quedar tendido en el futón apenas estando consciente.

Los ojos asesinos de aquel hombre de kiri plago su mente, su cuerpo lleno de sangre alzándose sobre ella y su hermana melliza; el temblor de su hermana a sus espaldas y la humedad de sus lágrimas.

Sus ojos se empezaron a cerrar.

El brillo de su katana antes de caer sobre su cabeza.

...Y luego nada

El dolor se fue y un pitido sordo quedó en su lugar.

"Lo siento Kushina" se lamento, su pecho dolía y la realidad de aquellas imágenes pesaban asfixiantemente en su pecho.

Había muerto.

Sakura-chan

Había dejado a su pequeña e hiperactiva imouto sola.

Sakura-chan por favor despierta... por favor Nee-san, no podemos quedarnos aquí.

Había dejado que la convirtieran en una Jinchūriki y no había estado para apoyarla.

NEE-SAN!

Sus ojos se abrieron de golpe con un fuerte escozor en su mejilla y la imagen de una pequeña pelirroja de ojos violetas y expresión angustiada fue lo primero que sus ojos registraron.

-K.. Kushina- murmuró dudosa, su pequeña hermana estaba tal como la recordaba, mejillas regordetas, grandes ojos Morados y aunque su cabello estaba por todas partes seguía siendo tan hermoso y brillante como lo recordaba.

Siempre había amado el cabello de su hermana; Lacio y controlado, totalmente opuesto al lío salvaje y pálida que Sakura había tenido.

- Sakura tenemos que irnos!, kaa-chan y too-chan deben de estar esperandonos - exclamó la pequeña Kushina asustada.

Sakura registro súbitamente sus palabras antes de deslizar sus ojos a su alrededor.

Estaban en la oficina de su padre, vidriosos y pergaminos exparsidos por todas partes y dos hombres ensangrentados estaban al otro lado de la habitación.

Sus ojos regresaron otra vez hacia el rostro asustado de su hermana antes de tomar su mano, correr hacia los cadáveres para tomar una de sus Katanas - estaba segura que ya no la necesitarían -y salir con su melliza a rastras del lugar.

Vagamente registro los retratos de los antiguos patriarcas del Clan mientras se concentraba en detectar la presencia de cualquier amenaza.