Capítulo 7.
Sakura despertó por el efecto de la luz mañanera en la habitación. Cuando abrió los ojos, frente a ella seguía estando la misma mujer con la que había estado hablando por la noche. Shaoran todavía estaba profundamente dormido, por lo que decidió levantarse y explorar el lugar donde vivía.
Sakura se sorprendió al ver que tenía ropa y calzado para ambos sexos. Y no sólo eso, sino que tenía de diferentes tallas y números. También tenía un medidor de pie, un cartel típico de los oftalmólogos para comprobar su agudeza visual, un maletín con diferentes lentes para saber la graduación que necesitaba cada día, así como otro maletín con una colección de gafas con diferentes graduaciones. Por otro lado, vio una cajita con anillos de hilo de diferentes tamaños. Al inspeccionar el baño, vio productos tanto para hombre como para mujer.
Sakura cada vez estaba más convencida de que aquella historia inverosímil era real. ¿Quién tendría todo ese despliegue de vestuario y gafas viviendo solo?
Por último, Sakura se sentó frente al ordenador de Shaoran y miró varios vídeos donde Shaoran registraba cada cambio. Algunos nunca los había visto, pero a otros sí, incluida a Meiling-Shaoran.
Mientras Sakura miraba los vídeos, Shaoran despertó y se acercó a Sakura. Al notar su presencia, Sakura giró la mirada y vio a un joven.
–¿Shaoran? –preguntó Sakura. Shaoran asintió con la cabeza y se sentó junto a ella. –Ayer eras una mujer coreana.
00000000
Para mí ha sido un milagro conocer a Sakura durante más de una semana.
Comenzamos a vernos cada día. Hablábamos tonterías e íbamos a los lugares más locos que se nos pasaban por la cabeza.
–¿Te duele mucho? –preguntó Sakura con algo de lástima al ver el respingo que había dado Shaoran mientras le hacían un tatuaje en la nuca, aprovechando que el hombre que era aquel día tenía la cabeza rapada. Shaoran había accedido a pasar aquel trago a petición suya aún a sabiendas que al día siguiente desaparecería.
–¿Te gusta? –preguntó Shaoran intentando que no se le salieran las lágrimas por el dolor.
–No está mal. –respondió Sakura con una sonrisa traviesa al ver su nombre en unas letras demasiado cursivas. –Pero la verdad es que no acierto a distinguir qué pone. ¿Puede hacerlo en japonés?
Por supuesto, Shaoran se dejó hacer. Le encantaba verla feliz y cuando el tatuador terminó, Sakura no desaprovechó la oportunidad de ponerse al lado suyo e inmortalizar su cara junto a la nuca tatuada de Shaoran con una foto.
Esa foto era una de otras muchas que se habían tomado desde que empezaron a salir juntos.
Un día es demasiado corto. Quería que durara toda la vida. Ya no estaba sólo en mis fotos y a veces, lo primero que hacía cada mañana era una videollamada para que Sakura viera el aspecto con el que había despertado.
–Buenos días. –saludó Sakura cuando recibió la videollamada de Shaoran, que también estaba en su cama. –Hoy eres un hombre de mediana edad.
Cuando Sakura fue a casa de Shaoran para desayunar, lo primero que hizo fue agarrarle de las mejillas y mirarlo con atención.
–¿Qué pasa?
–Nada. Sólo quiero familiarizarme con el Shaoran de hoy. –dijo Sakura todavía con las manos en el rostro de Shaoran.
–¿Y has acabado?
–No. Es realmente raro. ¿Cómo puedes ser un extraño cada día? –preguntó Sakura mientras comenzaba a preparar el desayuno.
–Lo siento.
–Tengo una pregunta.
–Adelante.
–¿Qué apariencia es la que más odias? –preguntó Sakura con curiosidad.
00000000
Al día siguiente, Sakura conocería la apariencia que Shaoran más odiaba.
–Sakura. –dijo una voz infantil.
–¿Podrías… al menos…llamarme "señorita"? –preguntó Sakura al ver a un Shaoran niño muy adorable. No tendría más de seis años. Pero a pesar de la ternura que le transmitía aquella apariencia, también se sintió incomodada. Como si fuera una asalta cunas, aunque en su interior fuera un hombre de veintinueve años.
Aunque fuera un niño de seis años, Sakura decidió seguir adelante con la cita de ese día y fueron a un restaurante familiar.
Sakura no dejaba de sonreír mientras comían en el restaurante. Era innegable que aquel aspecto le causaba gracia.
Lo que sé de Sakura es que será la mujer más amada del planeta.
–¿Quieres más carne? –preguntó Sakura.
–Vale. –respondió Shaoran, mientras Sakura le ponía un poco en su plato. –Está muy tierna. Pruébala, Sakura.
–Deberías pedir las cosas por favor cuando hablas con mayores. –dijo la simpática camarera mientras les servía unos platos más.
–Te dije que deberías llamarme "señorita". –dijo Sakura con guasa cuando la camarera se hubo marchado.
–¿Por qué debería hacerlo? –preguntó él con más guasa todavía.
–Deberías hacer lo que te digo. Soy más grande que tú. –dijo Sakura siguiendo el juego.
–No lo haré. –se negó Shaoran.
–¿Un brindis? –propuso Sakura. Sakura tomó su vaso de té mientras Shaoran tomó su botellita de leche. Tras brindar, dieron un trago de sus respectivas bebidas. Después, Sakura cogió la botella de cerveza, y el recipiente ya vacío de Shaoran y lo rellenó. En cuanto se vaciaba, Sakura se lo volvía a rellenar.
–Supongo que el cuerpo no puede mentir. –dijo Shaoran soñoliento tras haber bebido varios tragos. –Creo que estoy borracho.
Sakura vio que al niño se le cerraban los ojos e intentó llamar su atención con la mano.
–Shaoran. –pero Shaoran estaba cada vez con menos sentidos. –Oh, dios mío.
Viendo el panorama, Sakura cargó a Shaoran a sus espaldas y se dirigió a pagar.
–¿Cuánto es? –preguntó Sakura sonriente a la camarera.
–6000 yenes. –respondió la camarera.
–Ya pago yo. –dijo un soñoliento Shaoran desde la espalda de Sakura, que había hecho un esfuerzo sobrehumano para sacar su cartera y pasársela a la castaña. Sakura la tomó y sacó la tarjeta del chico para pasársela a la camarera.
–Es un niño muy gracioso. –dijo la camarera. –¿Es su hijo?
–Es…, el hijo de una amiga. –respondió Sakura.
00000000
Los días pasaron y siempre que sus trabajos se lo permitían, salían a desayunar, comer, cenar o simplemente, a pasear.
Me siento seguro junto a ella. Por fin no estoy solo.
–¿Estás bien? –preguntó un atractivo Shaoran a Sakura, a la que vio con los ojos cerrados mientras esperaban a que el semáforo de un paso de peatones se pusiera en verde.
–Es solo que tu rostro cambia cada día y necesito reconocerte por tu esencia, o tu tacto. –dijo Sakura. Entonces, Shaoran hizo algo que ella no esperaba.
–Entonces tendré que cogerte de la mano. –dijo Shaoran. –Te encontraré antes de que tú me encuentres a mí.
00000000
Unos días después, Sakura llevó la comida a casa de Shaoran, que esta vez era un hombre de unos cuarenta y cuatro años.
–¿Verdad que no has comido? –preguntó Sakura sacando varias fiambreras con una comida que tenía un aspecto delicioso.
–Claro que sí. –dijo Shaoran. –En realidad sólo he tomado té.
–Tanto té no puede ser bueno. –dijo Sakura.
–Está delicioso. Me recuerda a la comida de mi madre. –dijo Shaoran cuando probó la comida.
–En realidad lo ha hecho mi padre. –explicó Sakura.
–Entonces, ¿qué has hecho tú?
–Colocar la comida y servírtela con todo mi amor y cariño. –dijo Sakura. –Que aproveche, señor.
–¿Por qué me llamas "señor"? –preguntó Shaoran. –Ya, tengo pinta de capo de la mafia, ¿verdad?
–Claro que no. –dijo Sakura, aunque su risa la delataba.
Entonces Eriol llamó por teléfono interrumpiendo su comida.
–Shaoran, ¿te das cuenta de que todavía no has completado la nueva línea de productos? Sólo me has presentado un boceto. He estado esperando muestras durante un mes. No eres el único que tiene una relación. Empiezo a hartarme. –dijo Eriol colgando.
–He estado procrastinando. –dijo Shaoran mientras Sakura se ponía su bufanda para marcharse.
–Entonces hoy deberías trabajar un poco. –dijo Sakura, consciente de que su socio le había echado una bronca por haber estado con ella cuando debería haber estado trabajando. –Yo aprovecharé para hacer la colada y la limpieza.
–¿Vienes conmigo? –preguntó Shaoran, al que aquel plan le parecía muy aburrido.
–¿Puedo?
00000000
Cuando Shaoran y Sakura llegaron a la oficina de Eriol, se le escuchaba hablar por teléfono a través de la puerta y entraron sin permiso. Cuando Eriol los vio entrar y colgó, no supo quién era Shaoran, si el hombre o la mujer. Shaoran ya le había contado a Eriol que estaba manteniendo una relación con Sakura, pero nunca los había presentado en persona. Cuando Shaoran le contó a Eriol que tenía novia lo dejó descolocado, ya que su amigo jamás había mantenido una relación más allá de los rollos de una noche. Para él, mantener una relación seria con alguien era algo poco probable dada su condición.
Una vez realizada las debidas presentaciones, se pusieron a trabajar.
–Tenemos que intentar desarrollar algo nuevo. –dijo Eriol mostrando un montón de dibujos de sofás. –Por cierto, ¿queréis un té?
–¿Quieres tomar algo, Sakura? –preguntó Shaoran a una Sakura que estaba echando un vistazo a la oficina.
–No, gracias. –rechazó Sakura.
–Tienes pelo castaño, piel clara y ojos verdes, justo como te describió Shaoran. –dijo Eriol sonriendo a Sakura. –Bueno, retomemos. ¿Qué te parece si ponemos calor por debajo? ¿O soy yo el único al que se le enfría el culo? Podría ser el paso siguiente a la mesa sonora.
–No me parece mala idea. ¿Qué te parece, Sakura? –opinó Shaoran.
–¿Y qué tal si hacéis una segunda línea de Clow dedicada a producir muebles más estandarizados a un precio más bajo? –propuso Sakura. –De esa forma, todo el mundo podrá tener acceso a la marca y os podría abrir más puertas.
–Una gama estandarizada. –dijo Shaoran pensativo mientras la sonrisa de Eriol le mostraba que estaba completamente de acuerdo con Sakura. –Es una idea brillante.
–¿De verdad? –dijo Sakura.
–¿Quién diablos eres? –preguntó Eriol. –Todo lo que dice es fantástico. Primero la mesa con altavoces y ahora la línea estandarizada.
Tras aceptar la propuesta, estuvieron mirando el sofá con el que estaban trabajando.
–Sakura, siéntate. –dijo Shaoran. La joven obedeció. –¿Qué te parece?
–Me gusta. –dijo Sakura, sorprendida de lo cómodo que era ese sofá, aunque a simple vista no lo pareciera.
–He recibido la invitación a la fiesta que va a organizar tu tienda, pero no creo que podamos ir. Gracias a quien tú sabes somos muy reservados. Ya conoces la naturaleza de Shaoran. Además, yo sólo voy a fiestas con tías buenas, no te lo lleves a lo personal. –dijo Eriol haciendo reír a Sakura.
–¿Cuándo es? –preguntó Shaoran.
Continuará…
