A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.

Salmo 28:7Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.

Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.

Cargándote en mis brazos.

El tiempo pasó. Le veía de vez en cuando.

Recuerdo que ya habían pasado varios meses sin verla, poco más de un año, antes de que pasara lo de su incidente.

Había pasado solo trabajando, trabajar me quitaba gran parte del tiempo, además de que tenía poco tiempo libre y no quería ir a verla. Era por demás difícil, duro, doloroso; me había resignado, pero aún dolía.

Además, realmente la vida en ANBU no ayudaba mucho. Los problemas me abrumaban la conciencia, y realmente nunca dejaba de estar alerta, estando como un animal al asecho, siempre en defensa, siempre dispuesto a matar. Y es que en aquel tiempo no podía ser de otra forma, no cuando se quiere vivir.

Era cansado. Aún lo es.

Tristemente me estaba acostumbrando a eso. No puede decirse que extraño esos días, pero creo que nunca superaré el extraño dejo de desconfianza que siempre tengo, ese que a veces me pone alerta, mirando, analizando, midiendo, listo para luchar en cualquier momento.

Este tiempo lejos del cuartel me ha dado por relajarme un poco, al menos por acá puedo tratar de estar menos alerta, de tener mayor tiempo para disfrutar más de lo que siempre he disfrutado: la quietud, el sosiego, el solo estar recostado en el pasto, mirando las nubes, sintiendo el viento en el rostro, sin ninguna preocupación, sin nada por hacer. Suelen decirme flojo, perezoso, pero no me importa, vivir una vida de ver, dar y sentir la muerte te hace apreciar las cosas sencillas.

En aquel tiempo casi no tenía días libres, pero cuando los tenía solía tratar de disfrutarlos a mi manera. Uno de esos días tuve la mala suerte de encontrarme con Gai en la mañana, desde esa hora se me pegó y no me dejó tranquilo, ni mucho menos disfrutar del sosiego que tanto anhelaba.

Estaba en el patio de mi casa, recostado en el pasto leyendo un libro cuando volvió a aparecer insistiendo con salir.

-Vamos Kakashi… anda. Será divertido. ¿Desde cuándo no tienes un día libre?

-Hum…

-Ni siquiera lo recuerdas, ¿verdad?

-Si… claro que sí… creo que fue hace, hace unos…- no, no recordaba.

-¡Lo ves! ¡Ni siquiera lo sabes! ¡Qué suerte haberte encontrado desde temprano! Así podremos salir y tener una tarde de hombres.

-Una tarde de hombres no es necesariamente mi idea de diversión, pasar una tarde con hombres no suena para nada interesante- bromee tapándome el rostro con el libro -, de hecho, prefiero salir con mujeres.

-Ja, ja, ja, veo que estos 10 meses que no te he visto no te han cambiado el humor. Sigues con tu gran ingenio, tus chistes siguen siendo igual de buenos. –dijo lanzándome una roca a la cabeza, la esquive - Salgamos, conozco un sitio donde la comida es tan buena que…

-No.

-¡Pero ni me has dejado terminar! Salgamos, no es para que pongas esa cara, ni que te pidiera ir a un funeral o algo así.

No importaba que tanto lo ignorara, Gai siempre ha sido un terco de lo peor cuando le da la gana. La verdad estaba tan cansado de aguantarlo por varias horas con el ´vamos, vamos´ que finalmente accedí. Me llevó a convivir con gente de nuestra edad sin mantener ninguna relación con el mundo laboral y donde pudiéramos "divertirnos más cómodamente", cosas como esas son las que dice todo el tiempo, lo cierto es que Gai solo quería ir y probar suerte en el amor, como siempre con la excusa de tener "una tarde de hombres".

-Tal vez si voy me deje tranquilo, se distraiga, pueda irme y volver donde me quedé. Sí, es buena idea, me le perderé.

Me llevó a comer a un restaurant, con la firme intención de lograr conocer unas damas para en un futuro tener una de esas reuniones que tanto le gusta hacer, siempre con el propósito de divertirse o "disfrutar la primavera de nuestra juventud como debe hacerse".

-La vida no solo es trabajo. Un buen shinobi sabe cuándo disfrutar de los pocos momentos libres y…

-¿Hum…? ¿Qué crees que hacía?

-¿A eso le llamas disfrutar? ¿Estar todo el santo día en el patio de tu casa acostado en el césped con un libro en la cara?

-¿Qué tiene de malo?

Gai suspiró -, a este paso morirás sin haber disfrutado realmente de la vida. ¡Somos jóvenes! ¡Estamos en los años dorados! ¡Disfrutemos de la paz que forjamos a partir de nuestra lucha!

-Paz… si, paz.

La única paz que conocía era precisamente la que me había robado hacia unas horas en mi casa con el poco tiempo libre que tenía desde hacía meses. –Bendita suerte la mía de encontrarme a Gai en la mañana…

Siguió con su discurso motivacional hasta que llegamos donde él quería. Durante todo el trayecto luché contra las ganas de darle una paliza y largarme dejándolo tirado a su suerte, pero era mi día libre en meses y no deseaba pasarlo golpeando al único amigo que me quedaba, por mucho que me tentara y por mucho que se lo mereciera.

Entramos al lugar y al sentarnos en la mesa me limité a solo retacarle la boca de pan para que se callara un poco. Sinceramente nunca me ha gustado salir a "conocer personas nuevas" o "a probar suerte", como dice él.

-Eres por demás amargado, a este paso nadie querrá salir contigo.

Lo cierto que, mirando hacia atrás, creo que Gai si llevaba razón en que era bastante amargado, no era tan buen amigo en aquel tiempo (ni siquiera sé si lo soy hoy día), por aquel tiempo la amistad no era tan prioritaria, parecía que me esforzaba en no parecer un buen amigo, al contrario de él, que ha sido todo lo contrario, para mi buena fortuna.

-¿Eso tiene que preocuparme?

-¿Cuántos años tienes? ¿40? Claro que debe preocuparte, mira, ¿ves que nadie se acerca a nosotros? La mesa parece una isla con un radio de cinco metros donde nadie puede llegar. – efectivamente estábamos aislados del resto de las mesas.

-¿Hum…y es mi culpa? Tal vez solo ha sido que te han visto en ese traje espantoso que te pones.

-¡Espantoso, de que hablas! ¡Es por demás genial! Además, no es por mí, y mira quien lo dice, te pedí que no vinieras en uniforme.

-Hum… ¿querías verme desnudo o qué?

-Claro que no- dijo él, tomando un poco de agua -, pero sabes de sobra que los anbu no dan buena imagen a nada.

-Lamento no estar en tu "estilo", pero me importa un rábano, debo estar preparado.

-Bien, bien- susurró -, al menos te has quitado esa máscara de perro – y tomó agua.

-¿Ésta?- y me la coloqué, Gai escupió el agua, bañando a una mesera –; es un lobo, no un perro.

-Oh, lo siento señorita, perdone…

-Está bien, me iré a cambiar, solo será el pastel de frambuesa, ¿o puedo servirle en algo más?

-Sí, solo eso. Y una disculpa de nuevo.

Y realmente intenté reírme de su mala suerte, de no ser claro de que no tenía muchas ganas de sonreír, de hecho, desde hacía mucho que ni lo hacía.

-¿Tenías que traerla? Sabes que a nadie le gustan esas cosas.

-¿Te da miedo?

-No, pero me da… no sé, una sensación de… como ñañaras.

-¿Sabes siquiera las diferentes connotaciones de esa palabra? Valiente shinobi que eres- y me la saqué, colocándomela en la espalda.

-Aquí tiene. - era la misma camarera, trayendo un trozo de pastel de frambuesa.

-¿De verdad no vas a querer nada, Kakashi?

-No. Comí en casa, ¿recuerdas? No pude ni comer tranquilo contigo ahí.

-Exagerado. Tú te lo pierdes. –, y saboreó exageradamente el pastel -Está delicioso.

–Yo que tu no comía nada servido por esa mesera. No después de bañarla en agua como lo hiciste. ¿No te parece extraño que te sirviera ración extra?

Gai dejó de probar la rebanada de pastel que había pedido –caramba, se me olvidaba que eres bueno para arruinarme el apetito. Gracias.

-De nada, a ti por invitarme.

Gai suspiró. Todo el tiempo que pasamos intentó coquetear con algunas comensales, pero nunca se le daba muy bien.

-Es tu culpa, te dije que no vinieras en uniforme, ¡y quítate esa cosa! (ya no te la pongas otra vez) - me arrancó la máscara de lobo –; de por sí sin ella ya das miedo.

Y de nuevo empezó otro sermón de Gai, de cómo desperdiciaba la vida, de que sí que pasaría conmigo si moría en el campo de batalla, de si qué pasaría conmigo si él moría en el campo de batalla, de qué era su único amigo y lo trataba mal, y bien, un largo etcétera que no ha variado mucho desde que lo conocí hasta hoy.

-Ahora entiendo porque no has tenido novia.

-Hum… si he tenido.

-¿En serio?- abrió sus pequeños ojos.

-Me la presentaste en la última "tarde de hombres", ¿no recuerdas?

-¡Ah sí!- gritó feliz -¿Cómo se llamaba? ¿Mia?

-Maya.

-¡Eso, Maya! Es una linda civil, tienes buen gusto, no hay duda, no digo lo mismo de ella, pero bien por ti. ¿Seguiste saliendo con ella?

-Un tiempo.

-¿Y….?

-Me dejó.

-¿Te dejó o la dejaste?

-Ambos.

-¿Por qué?

-Ah… cosas sin importancia, ya sabes… lo normal.

Y recordé. Gai me la presentó meses atrás, era bonita, agradable y lo mejor de todo era que no era un ninja, no sabía nada de lo que significaba la vida shinobi, hasta parecía haber permanecido ajena a la guerra. La conocimos en el restaurant y mi amigo luego me comprometió a salir con ella. Extrañamente congeniamos no tan difícilmente. Salimos un poco e iba bien.

Era por demás extraordinario para mí hacer ese tipo de cosas. Pero tenía por decisión olvidarme un poco de tener que vivir la vida en el hilo de la batalla y la muerte y el recuerdo amargo de mi amor fallido. Quise darme la oportunidad de hacer algo diferente esa vez. Grave error.

- No prosperó, creo que aun suele verme con miedo y temblar cuando la veo.

-¿Por qué?

-¿Recuerdas que se descubrió una conspiración?

-¿Los traidores de la cascada?

-Hum- asentí.

-Dicen que la forma como los encontraron… tuvieron que… - Gai tragó saliva -¿Fuiste tú?

-Sí, me encargaba de la investigación. No es tan larga historia. Supieron de mí. La secuestraron, querían que regresara la información que los comprometía. No acepté. Fui por ella. Los detuve.

Gai suspiró. -¿La salvaste?

-Claro. La tenían en una casita no tan lejos. Fueron tan idiotas, fue tan sencillo… - bufe con desgano -, no eran ni tan buenos, apuesto que los que quedaron jamás harán otra cosa como esa, si aun pudieran, claro. - Gai me observó con ese dejo de preocupación. -Ni siquiera tardé más de un minuto. Fue muy simple, muy fácil, eran de nivel bajo, no sé cómo se les ocurrió…

-¿Qué pasó con Maya?- dijo incómodo.

-Hum… no sé. Tuve que mandarla con alguien más. No quiso saber de mí.

-¿Te vio?

-¿En acción? Sí.

Y aún recuerdo sus ojos abiertos, aterrados, mirándome.

Había entrado a rescatarla, el lugar estaba resguardado, pero nada de qué preocuparse para mí. El portero fue demasiado fácil de derribar junto con la puerta. El resto de ellos ni siquiera tuvo tiempo de defenderse cuando ya estaba en el piso.

-No sabía que estaba ahí. Pensé que la tendrían en el sótano o el piso superior.

-Pobre Maya.

Y realmente me arrepiento de no haberla notado en el rincón oscuro, con sus ojos desorbitados, con su hermoso vestido arrugado.

-"¿Quién… quién eres? Déjame…. Déjame… no me hagas daño… vete"

-"Tranquila Maya, soy yo"

Ella temblaba, sus ojos grandes me miraban con horror, como si fuera una especie de demonio. Gritaba, y su voz a veces se perdía en un hilito presa del miedo.

-"Soy Kakashi, no tengas miedo"- y me quité la máscara de lobo.

-"Kakashi…"- Dijo ella, mirándome fijamente. –"Los atacaste… como si no fueran… Es verdad lo que dicen de ti…"

-"Déjame ayudarte y…"

-"¡No…no… vete… déjame! Los trataste como basura… cómo si no fueran personas… Es cierto… tu… tu traes la muerte… ¡Vete, déjame! ¡No me toques!"- pidió moviéndose temblorosa, llorando. Trataba de soltarla, pero ella no dejaba de moverse.

Nunca dejó de llorar. Apenas logré desatarle me tiró contra el piso y salió corriendo, clamando presa del horror, con miedo, miedo de mí. Tuve que darle alcance y ponerla a dormir. Pedí al escuadrón que limpiaran el área y la llevaran al pueblo.

-Sé que le quité esa sonrisa dulce e inocente que tenía. Me tiene mucho miedo. Nada de eso ha cambiado, desde entonces cada vez que me ve tiembla y solloza.

Salimos del lugar y Maito se quedó callado, mirando el camino con esa extraña quietud que a veces pone y que es por demás rara en alguien como él.

-¿Y qué pasó con la joven Aiko? Tu no me engañas- dijo sonriente, queriéndome animar -, esa te puso los ojos y…

-Murió el mes pasado.

-¿Qué?

-No pongas esa cara.

-¿Có… cómo?

-Pudieron haberla torturado, pero decidió que lo mejor era atravesarse con la espada, no dijo nada, además de que no obtuvieron información, logramos rescatar su cuerpo a tiempo.

-Era… era muy linda.

-Hum- asentí. -¿Cómo has estado tú?- pregunté ante su inusitado mutismo. Pregunté solo para quitarle el rostro de cansancio que puso cuando el conté lo de Aiko.

-No me quejo. He aprobado para ser chunnin y estaré en los próximos exámenes para jounnin. ¿Cuántos años llevas ya en el escuadrón?

-¿Eso que tiene que ver?

-Nada, solo me da curiosidad, ¿Cuántos son?

-¿Cuántos? Hum… Bien, no los he contado.

-¡Ya serán tres! ¡Tres en dos meses!

-¿Sí?

-¡Claro!

-Hum… Gai, si ya sabes, ¿para qué me preguntas?

-¿Cómo es que no lo sabes o te importa?

-Hum- me alcé de hombros -, ni que importara mucho contarlos, además tengo la fortuna de que tu lleves ese dato por mí, para qué angustiarme.

Habían pasado cerca de tres años, tres años desde que me enlisté, desde que ella se casó, desde que dejé de verla continuamente. ¿Qué sería de ella? ¿Cómo estaría? ¿Me extrañaría? Siempre me preguntaba cosas así.

-Haruno sensei, quisiera verla… no, mejor no.

-Ah… bueno, no importa- cruzó los brazos detrás del cuello y miró el cielo -Que rápido pasa el tiempo, ¿no Kakashi?

-Hum… el tiempo pasa cuando te diviertes.

-¿Eso es divertirse para ti?- dijo cansado y algo enojado- ¿Luchar en ese escuadrón de muerte es divertido?

-Hum…- patee una piedra sin mucho interés.

-Y… ¿no vas a preguntarme por Sakura san?

-¿Haruno sensei?

-Antes me preguntabas por ella, desde hace tiempo ya no.

-Sé que está bien.

-¿Cómo? ¿Has ido a verla?

-No.

-¿Entonces? – y pareció ruborizarse -¿no me digas que la espías?

-¿Qué?- cuestioné, por primera vez me había tomado desprevenido -Claro que no.

-¿Entonces cómo sabes que está bien?

-Hum… tengo mis métodos. No tengo porque decírtelos.

-Pues la verdad es que deberías ir a verla. Cada que la veo me pregunta por ti. Dice que hace mucho que no sabe nada de ti. Se le ve preocupada.

-Hum.

-¿Es todo lo que tienes por decir? ¿En serio?

-¿Y qué quieres que haga, que me ponga a llorar o qué?

-No, pero muéstrate un poco avergonzado, preocupado, o qué se yo. Pobre Sakura san, tanto que te quiere y a ti ni te importa, ¿desde cuándo no vas a verla?

-Hum…- me alce de hombros -, ni que llevara la cuenta-. Pero la llevaba, al menos del tiempo sin mirarla. Gai suspiró desganado ante mi indiferencia. Tenía mucho sin verla, 13 meses, casi catorce para ser exactos.

Después de que ella se desposara pocas veces pude visitarla. Siempre que me la encontraba era la misma historia: me saludaba feliz, me regañaba y sermoneaba, me revisaba y de nuevo, se molestaba conmigo por tal o cual razón para despedirse con una sonrisa y alguna advertencia o recomendación.

Que si la extrañaba, por supuesto que sí. Pero no deseaba encontrarla. No solo porque quería olvidarla, o porque me dolía verla y saberla lejos de mí, sino también porque no quería que ella me viera así.

De solo imaginarla viéndome como lo hacían todos, con miedo, con resquemor, con horror, lastima o pena me daba una especie de miedo. No quería que se diera cuenta de que tenía razón cuando me dijo que ANBU no sería fácil y la mayoría terminaba muerto o demente. No quería que supiera en lo que me había convertido y tuviera miedo de mí.

Sentía horror de que me descubriera como un asesino, que de ahí en adelante me observara con sus ojos grandes y aterrados. No quería decirle de lo mal que se sentía cargar con la gran carga de ser lo que era. No deseaba que siquiera sospechara que pasaba horas y horas mirando las muertes que provocaba, la sangre que bañaba mis manos, mi cuerpo.

Pero la extrañaba, aunque tratara de negarlo, de evitarlo, la extrañaba, por mucho que odiara hacerlo. Por eso siempre volvía con Ayaka, tenía poco de haberla ido a ver.

Ayaka solía reconfortarme, no solo por su "habilidad especial", sino porque tenía la empatía necesaria para comprenderme, recibiéndome siempre en su casa, aun cuando solo lo que necesitara fuera únicamente su compañía y no sentirme tan solo.

-"Kakashi kun… ¿cuánto llevas en anbu?"- me dijo la última vez que la visité.

-"Casi tres años"

-"Deberías pedir tu baja cuando puedas. Por lo menos antes de que te sientas tan muerto en vida que ya te de igual vivir o morir. Sentir que no puedes seguir, pero que debes hacerlo por deber, honor o para pagar tus culpas a veces no es suficiente."- dijo quedo, con su voz calmada y seria –"¿Qué? ¿Por qué me ves así?"

-"¿Cómo es que sabes lo que se siente?"- me senté a su lado, como siempre lo hacía.

Ella sonrió –"¿Cómo se lo que sientes? Porque yo también pasé por eso. Desde que era niña se me eligió, se me entrenó y seleccionó para misiones especiales"

-"¿Infiltración, espionaje, robo de información?"

-"Sí, además de asesinatos, tortura, ese tipo de cosas"

-"¿Para eso lo usaste?"

-"¿Mi técnica? Sí. Los de mi clan podemos usar jutsus mentales y extraer información valiosa, si a eso le anexas atractivo físico que es irresistible te vuelve por demás importante. Ser bonita no siempre es bueno."

-"¿Cuánto tenías desde que…?"

-"Desde pequeña se me entrenó a usar mi cuerpo con cualquier ventaja, soy "ese tipo de kunoichi" del que casi nadie habla pero que todos saben que hay y nadie aprecia más allá de ser un shinobi. Tenía trece desde que entre como kunoichi especial. Serví cerca de doce años, para mi fueron como 80"-murmuró con esos ojos calmos y lejanos, mientras temblaba ligeramente.

-"¿Cómo saliste?"

-"Jiraiya san me ayudó. Lástima, empatía, no sé, pero me ayudó. No quise quedarme en la aldea, tenía demasiada historia, demasiadas enemigas, ser amada por los hombres no asegura serlo por las mujeres. Pero se me pidió mantenerme cerca para cuando se requiriera de "mis servicios". Tengo algunos años de que me desprendí de todo de Konoha. Jiraiya es de los pocos "clientes" que me quedaban. –, sonrió con ese gesto de muñeca quebrada –"Fui tantas veces Tsunade que no sabrías la diferencia"- y rio –"; bien por el ermitaño pervertido que ha logrado al fin lo que quería, ahora solo es un viejo amigo. Tal vez alguna vez tú también lo logres"

Y se transformó en Haruno sensei, con su misma voz, su sonrisa, sus ojos verdes comprensivos, con la perfección de siempre.

-"Si tanto la extrañas"- me dijo acariciándome con ternura el rostro, como ella lo hacía –", deberías ir a verla."

-"No"

-"¿Por qué no?"

-"No quiero que me vea así"

-"Sí, das un poco de miedo a veces, ¿sabes?, me has asustado cuando llegaste ¿De dónde vienes? ¿Cuántos mataste? ¿Misión de exterminio difícil?, ¿no?"

-"Sí…"- contesté mirando el techo de la habitación.

-"¿Quieres que…?"- comenzó a acariciarme.

-"No"- tomé su mano –", sólo… sólo quiero descansar."

Ella sonrió, tal cual sonreía Haruno sensei, con esa ternura y dulzura infinita, se sentó a un lado y recostó mi cabeza sobre sus piernas, acariciándome el rostro con delicadeza y paciencia.

-"Descansa… Kakashi kun"- me dijo suavemente, besándome la frente con ternura y empezando a tararear una canción para dormir.

Muchas veces visité a Ayaka san hasta que se convirtió en mi amiga. Tal vez de esa manera era que lograba detenerme y no ver a mi verdadera maestra a pesar de que la extrañaba y la necesitaba tanto, tal vez por lo mismo es que no lograba olvidarla del todo, pero no importaba mucho.

La primera vez que encontré a Haruno sensei después de enlistarme en anbu aun la recuerdo, estaba en el hospital y fui a verla, la encontré un poco más regordeta que antes, pero se veía linda y ansiosa. Recibiéndome con la alegría de siempre, esa que hizo que una tibia calidez me invadiera y se desplazara por unas cuantas horas ese frio espantoso que me recorría, era como un bálsamo, uno que me reconfortaba no solo el cuerpo, sino también el alma.

-"¡Kakashi kun!"- gritó feliz, corriendo y abrazándome. Echando por tierra todo, llenándome de esa sensación tibia de siempre, dándome cuenta de cuanto la había extrañado. -"¡Cómo has crecido! ¡Por poco y ya estás un poco más grande que yo! ¿Cómo es posible?"

-"Usted también ha crecido…"- bromee.

-"¡Me estás diciendo gorda!- sonreí, desde hacía meses que no sonreía, era por demás complicado hacerlo, pero con solo un minuto de mirarla ella podía lograr que lo hiciera como si fuera muy simple, muy fácil. –"He subido unos dos o tres kilos, es cierto, pero no es tanto como para que me digas eso."

-"Hum…"- asentí.

-"¿Traes tu mascara? Tengo curiosidad desde que te enlistaste, creo que te vi en mi boda, pero era muy lejos de donde estaba. ¿Puedo verla?"- asentí y se la presté, la observó detenidamente, paseando sus dedos entre cada rasgo –"Es algo… curiosa"- me la devolvió y me la puse, causándole un sobresalto –"Bien, es tétrica, no me gusta. No te la pongas cuando estés conmigo, ¿sí?"

Nunca le ha gustado verme con la máscara, sigue causándole un poco de temor. Ese día habló conmigo por poco tiempo, pero agradecí cada segundo que pasé con ella.

-"Sé que siempre traes mucho trabajo… yo también, pero no quiero que pase tanto para verte…"- Desde entonces pasaron varios meses para volver a saber de ella. Para encontrarla -"Idearé algo, algo para saber de ti… ya verás."

Todo ese tiempo pasó para darme cuenta de que había encontrado la manera de hacerlo, encontré una pequeña carta en el buzón, era de ella. La tomé y entré a mi casa, leyendo una a una las líneas que me dio.

Kakashi kun:

¿Cómo estás? Como puedes ver he cumplido mi promesa y he podido comunicarme contigo.

No te vi en el lago este año, ni en el aniversario de Rin, ni de Obito… pero sé que fuiste días después, me enteré que estabas en misión, Sai me lo contó. Te extraño, ¿por qué no vas a visitarme un poco?

Me gustó mucho el regalo que me diste, los uso cada que puedo, no sé si te lo había dicho ese día que te vi, perdona, pero andaba bastante atareada con el hospital.

Espero y no estés molesto conmigo, supongo que no (al menos así me lo pareció, aunque no hablaste mucho). De todas formas te lo aclararé, hace mucho que ya no estoy molesta contigo, al menos no por la discusión que tuvimos. No quiero que nos distanciemos mucho, eres mi alumno, y siempre lo serás ¿recuerdas que tú me lo dijiste?, tenías razón y espero y no lo olvides.

Prometo escribirte con regularidad, mínimamente una carta cada quincena o al mes, no lo sé, ya veré. Me daré un espacio en mi tiempo para ti. Por favor, tú hazlo igual.

Vendré buscando la respuesta (puedes dejarla en el buzón y yo la recogeré cuando pueda). Espero verte pronto, cuídate.

PD. Deberías pintar tu casa, me ha dado miedo venir y ver que parece una casona embrujada.

Te quiere: Haruno Sakura.

Eran cartas cortas y simples, pero podría decirse que podía contar con verlas en el buzón. Siempre las leía, a veces, cuando no regresa en varias semanas, las encontraba de a dos o tres apiladas, siempre contándome de su vida, sus anécdotas. Pocas veces le contesté en todos estos años, pero hasta ese momento no había mencionado nada al respecto de querer respuesta, a excepción de decirme donde dejarlas en caso de que lo hiciera en la primera que me escribió. Pensando en su última carta fue que perdí el hilo de la conversación de Gai.

-Y yo que pensé que ella te gustaba

-¿Qué?- cuestioné volviendo a la realidad. -¿Quién?

-Sakura san.

-¿Por qué lo dices?- dije tratando de no sonar muy sorprendido.

-Verás, eras por demás posesivo con ella, cuando la halagaba o hablaba con ella solías poner esa cara de amargado, bueno, aún más amargado de la que siempre traes, como si desearas… parecías celoso. Pero me doy cuenta de que quizá yo estaba exagerando, o a lo mejor la has olvidado. Está bien, es una mujer casada y te vendría bien salir con jovencitas de nuestra edad y…

Suspiré, Gai seguiría con su sermón. Pero me sentía aliviado de que mi secreto siguiera secreto ante sus ojos, tal vez debía ser más discreto.

-Hum… Gai, no sé de dónde sacas tantas tonterías.

-¡Kakashi kun!

Mi corazón se detuvo por un momento, era su voz, era Haruno sensei. Y de un momento a otro ya corría hasta mí y me abrazaba.

Tan sorprendido estaba que no podía siquiera corresponderle y abrazarla. Había pasado más de un año de no verla y aparecía tan repentinamente que no sabía qué hacer. Finalmente pude recuperarme un poco y mirar a Gai burlándose de mí y haciéndome el ademan de que le correspondiera el abrazo, lo cual hubiera hecho con torpeza de no ser porque ella me soltó.

-¡Dios mío! ¡Eres tú, no podía creerlo! Te he visto desde la calle pasada- me tomó del rostro, palmeándome las mejillas como siempre lo hacía -; estoy tan feliz de verte, ¿cuánto ha pasado desde que no te veo? ¿Un año?

-Más o menos.

-¡Oh Gai kun!- dijo yendo con él, lo que alivió un poco la tensión que sentía -Buen día, perdona no saludarte.

-Está bien, Sakura san.

-Si me permites – y regresó conmigo, jalándome una oreja.

-Haruno sensei- murmuré tocándome la adolorida zona. Gai se rio de mí y eso me hizo sonrojarme un poco y desear darle la paliza que desde la mañana se merecía.

-Te lo mereces- se paró frente a mí, cruzando los brazos, molesta -¿Por qué no has contestado mis cartas?

-¿Cartas? ¿Qué cartas?- dije mirando a un lado.

-¿Cómo que cuales? Ahora vas a decir que no sabes.

-Hum… pues…

Haruno sensei suspiró -; bien, no importa, no tengo tanto tiempo libre para pasar discutiendo contigo por cosas que sé que sabes pero que nunca las admitirás.

-Que linda se ve hoy, Sakura san- dijo Gai, sonrojado. Lo miré molesto y rio un poco nervioso.

Pero Gai tenía razón. Se había cortado el cabello y lo usaba en un recogido, se le veía bien. No usaba su uniforme ninja, ni su bata, parecía venir de una oficina, muy elegante y sencilla.

-Gracias Gai kun- dijo sonriendo apenada -, vengo de una reunión con Tsunade shishuo.

-¿Reunión, de qué?

-Gai, no seas entrometido. Metiche. – le dije serio.

-Kakashi kun, no le hables así, que a ti no te importe mi vida no significa que al resto tampoco.

-Hum… Haruno sensei- murmuré incomodo ante su mirada enojada, afilada -, no dije eso.

-Pues eso parece.

-¿Está enojada?

-¿Yo? ¿Contigo? No, que va. Solo han pasado tres años desde que te enlistaste y solo te he visto por (¿qué será?) cinco veces, la última fue hace más de un año. Además de que me tomo el tiempo necesario para escribirte (sé que no es mucho, pero lo intento) y nunca me has respondido. Te encuentro hoy y parece que ni te importa, ni siquiera me devuelves el abrazo o el saludo y todo lo que me dices es un "hum" escueto. ¿Debería enojarme por eso? No creo. Pero no quiero hablar de eso, si a ti no te importa, a mí tampoco.

-Bien… si está enojada.

-Ah, Gai kun, volviendo a tu pregunta- dijo ignorando que iba a hablar, conversando con Gai como si no estuviera ahí -; si puedes saber; se me ha pedido ir a una misión especial, parece ser que uno de los feudales está por demás enfermo, iré a curarlo, es todo.

-Suena importante, que bien por usted, Sakura san.

-Gracias. Tenía tiempo que no salía del hospital, me alegra hacerlo para variar un poco la rutina.

-¡Sakura san!- llegó un hombre en traje algunos años mayor que nosotros, lleno de papeles y muy apurado, respiraba entrecortadamente y parecía nervioso –no corra así, por favor.

-Lo siento. Es que encontré a mi alumno y tuve que saludarlo.

-Oh… ¿su alumno?, ¿quién?

Y me señaló, el joven tiró un poco de papeles y se acomodó las gafas –mucho gusto, no sabía que Sakura san tuviera alumnos-, diciendo esto se agachó a recoger las hojas, Gai le ayudó.

Se removió un tanto incomoda, pero logró esbozar una sonrisa cortés -, tengo tres. Pero, Kakashi kun es el único que queda con vida.

-¡Oh…ah!- y el hombre terminó por tirar una vez más los papeles –, como lo siento Sakura san.

-No te preocupes, casi nadie lo sabe.

-Sakura san, me han informado que tenemos que volver y…

Ella suspiró –sí, sí, lo sé. Debemos partir cuanto antes. Me dio gusto verlos nuevamente.

Kabuto empezó a andar, Haruno sensei me miró -, ya eres más alto que yo- me dijo sonriéndome, tocándome la cabeza -, por favor, ven a verme más seguido y no solo por casualidad-, me palmeó las mejillas -; cuídate mucho, sino me enojaré contigo por eso- y me besó la frente y se fue. Me quedé mirándola partir hasta que dobló en la esquina y me dijo adiós, no contesté el saludo, Gai se esmeraba en hacerlo por mí, así que no había porque hacerlo.

-¡La cara que pusiste al escucharla! ¡La que pusiste al verla! ¡Oh, y cuando te abrazó! Parecías una estatua. ¿Así que son tonterías mías? - me dijo Gai, burlándose de mi apenas ella desapareció -Menos mal que es así, verdad Kakashi. ¿Kakashi? ¡Cómo puedes hacer eso de desaparecer de un segundo a otro!

Escuché gritar a Gai desde el tejado de una casa varios metros lejos, desde donde miré a Haruno sensei caminando al lado de su asistente. Ella logró verme, me sonrió y se despidió de nuevo, agitando su mano. Y esta vez yo le correspondí.

Fue un mes el que pasó para saber de ella una vez más. Me encontraba preparando mis cosas para partir cuando un pergamino apareció. "Preséntese con Hokage sama inmediatamente". Fui y Tsunade sama estaba mirando el vidrio de la ventana.

-Kakashi, que bien que te dio por llegar temprano.

-A sus órdenes, Hokage sama.

-Tu misión está en el escritorio, puedes tomarla.

Leí. Mis ojos se abrieron preocupados, y por un momento sentí el mismo miedo de hacía tres años: el miedo de perder a un ser amado.

-Has lo que tengas que hacer, tráela viva.

-Sí.

Salí inmediatamente. Mi cabeza empezó a dar vueltas, traté de tranquilizarme, y a duras penas lo lograba. Haruno sensei estaba en peligro, y para la cara seria y algo llorosa de la quinta no podía negarse que la situación era delicada.

Por alguna razón empecé a recordar varias de sus cartas.

Kakashi kun:

¿Cómo estás? Yo bien. He intentado ser más constante con la correspondencia, pero no he podido.

¿Cuánto ha pasado que no sé de ti? ¿Más de 8 meses?

¿No me extrañas? Yo te extraño tanto…

Hace poco salí de vacaciones, pasé varias veces por tu casa (que bien que la has pintado), pero no te vi.

Salí a un pueblo de aquí cerca, es precioso, deberías ir, hacen una comida deliciosa y se respira una paz que te hace suspirar y querer quedarte mucho tiempo ahí. Sasuke kun me llevó a pasear en bote, fue una bonita experiencia.

He tenido buena salud. Sai me ha dicho que estas bien… espero y así sea.

Te quiero y cuídate.

Atentamente: Haruno Sakura.

Comencé a idear mi plan, a informarme, mi escuadrón estaba ocupado. Sai sería el encargado de convocar refuerzos, pero llegarían tarde, como casi siempre, o al menos a mí me parecía bastante tiempo para esperar. Me adelanté.

No podía evitar pensar y recordar aquellas cartas suyas, las sabia de memoria de tanto leerlas, cada que veía una nueva no podía evitar sonreír, tanto las esperaba que podía sonreír con solo ver el sobre en el buzón.

La quería a salvo. Cuanto antes.

Mientras ordenaba, mientras andaba, mientras preparaba e iniciaba todo, no podía evitar recordarla, temer perderla.

Y saqué una de sus cartas. Doblada una y otra vez, un poco sucia por el uso, sabia de memoria cada letra, cada punto, pero quería tocarla, quería intentar descubrir el perfume de mi maestra en ella.

Kakashi kun:

¿Cuánto hace que dejaste de ser mi alumno? ¿Cuatro años casi?

Que rápido pasa el tiempo. ¿Cuánto hace que te escribo? ¿Tres?

He tenido tantas ganas de verte, me alegré mucho al ir al lago y notar que fuiste, me dio mucho gusto y te agradezco que este año si te dieras tiempo de ir, que mal que no pudimos coincidir, pero sé que fuiste porque dejaste las flores…

¿Sabes? He pensado tener un bebé. Sasuke kun y yo lo hemos decidido, ya viene siendo tiempo de tener un hijo, ¿crees que sería buena mamá, Kakashi kun? Tengo tanto miedo, pero me siento tan entusiasmada, Sasuke kun igual.

Por cierto, si alguna vez deseas redactarme una carta, déjala en tu buzón, sé que ya te lo he dicho, pero fue hace tanto que me gusta recordártelo.

Papá está bien de salud y ha regresado a casa (sé que ya sabes lo que pasó con nuestra casa y te parecerá extraño, pero la hemos reconstruido y está casi como cuando mamá estaba, sigo sin estar contenta de que papá solo quiso un cuarto para él).

Mi casa queda en el barrio Uchiha, creo que nunca has ido, vivo cerca de donde la casa de Obito, supongo que así has de ubicarte bien, tres casas al este, es una casa blanca y azul.

Sin embargo, casi ni paso tiempo ahí, vivo más en el hospital que en otro lado… creo que he sido un poco fastidiosa con esta carta, ¿verdad? Tengo mucho sueño y estoy algo cansada, perdona.

Me despido y espero y estés bien. Te he mandado un par de guantes con Sai, para el invierno, ¡he mejorado tejiendo!

Cuídate, te quiero: Haruno Sakura.

Guardé la carta y salí de la aldea, invoqué a mis perros. Saqué otra carta y se las di a oler; afortunadamente esa aún conservaba su aroma e incluso, diría yo, su ira.

-Lo tenemos jefe, por aquí- dijo Pakkun.

Le seguí y sonreí al recordar las letras de su carta.

Kakashi kun:

Me da tanta alegría que por fin te dignaras a escribirme. Pero, ¿en serio, en serio solo te merezco tres renglones?

¡Qué clase de estúpida y mala broma es esa! ¡Porque si fue un chiste no me hizo ni una maldita gracia!

¡Crees que no es difícil para mí escribirte! ¡Crees que eres el único con exceso de trabajo! ¡Crees que eres el único que se siente cansado hasta para escribir! ¡Crees que eres el único con problemas!

¡Claro que no! ¡No eres el único con una vida complicada, Kakashi kun! Mi vida quizá no sea tan… tan complicada como la de un ANBU, pero déjame decirte que no durarías ni un día dirigiendo el hospital.

Y aun así yo SI me tomo mi tiempo para ti, ¿y para qué?

¡De verdad, ¿de verdad crees que es suficiente con ese "Gracias por sus cartas? ¿Estoy bien, sigo sus recomendaciones? ¡¿Cuídese"?!

Ojalá y estuvieras aquí…estoy tan enojada contigo…

¿Sabes qué? Pensándolo mejor qué bueno que no estás aquí, porque te daría tu merecido y hoy tuve tanto trabajo en el hospital que no te curaría ni una cortada…

¡Tienes idea de lo mucho que esperaba ver una carta tuya! ¡No, claro que no! Porque de ser así no me pondrías esos tres renglones.

Me emocioné tanto al ver una carta después de tantas veces de venir desde el hospital y no ver nada (¡desde el hospital! ¡Con lo lejos que me queda y lo cansada que estoy, hasta pierdo mi hora del almuerzo por esto!)…

Nunca te dije que me respondieras, ni siquiera reclamarte tu falta de cortesía, porque me decía "tranquila Sakura, dale tiempo y verás cómo te recompensa" y vine hoy y por fin la encontré, ¡casi lloré de felicidad!, y no estoy mintiendo… ¿y para qué?

¡Tres renglones!

¡De verdad te merezco solo tres mugrosos y escuetos renglones después de tres años y medio de escribirte!

Un renglón por año, ¿esa es tu regla?, ¿tendré que esperar otro año para tener cuatro renglones?

Y ni me vengas con esa estúpida idea de que no lees mis cartas.

¡Tanta pereza te da contestarme!

¿Sabes qué? Con esto debería dejar lo de la correspondencia por la paz, parece que ni te importa, pero no… no lo haré. Parece que te has empeñado en distanciarte, pero no te dejaré Kakashi kun, no te daré ese gusto pequeño perezoso bribón.

Más te vale que no te encuentre de aquí a un mes, porque créeme que no me contentaré tan fácilmente.

Cuídate mucho y bien… ya sabes lo que siempre te digo al despedirme, después de todo van años que lees mis cartas, ¿no?

¡Tres renglones! ¡Tres renglones y uno de ellos era para el saludo y otro de despedida! ¡Cómo rayos se te ocurre!

P.D. Perdona lo de tu buzón, pero es de lo que menos debes preocuparte. Y por favor atiende a las pobres plantas de tu jardín, parece casa embrujada.

Atentamente: Haruno Sakura.

Sus letras eran apretadas y remarcadas, señal de que las había escrito molesta y en el momento justo que leyó mi carta. Y al terminar de leerla me di cuenta porque el buzón estaba doblado, seguramente al cerrarlo le dio muy fuerte y terminó por romperlo.

-Haruno sensei.

El camino me pareció eterno, mis perros ladraban y el polvo, el sol y el viento me mordían la piel, estábamos cada vez más cerca y yo no podía dejar de pensar en ella y en lo mucho que la extrañaba. No quería perderla. No quería que lo último que supe de ella fuera que me rompió el buzón.

Las horas de camino me parecieron eternas y corrí lo más rápido que podía. No quería que la última vez que me miró fuera cuando me dijo adiós, sonriéndome apresurada seguida de su asistente.

-Debí haberla abrazado…

Había ido a esa misión especial, siendo una curación exitosa, salvando al feudal, pero tenía que regresar varios meses después para su supervisión, por lo delicada de la situación y por la seria complicación de salud, era necesario que ella asistiera mensualmente.

Todo era normal, pero hacia dos días que no se sabía de su paradero. La Hokage me informó que su esposo tuvo que dejarla y regresar para ir de misión, en esos momentos trataba de encontrarla, pero tardaría por lo lejano del lugar de donde vendría.

No había muchas señales de alarma, hasta ese día, cuando un pergamino le llegó donde se decía que se firmaría un convenio a cambio de extraer la información necesaria de la maravillosa e innovadora técnica de curación de mi mentora. Quizá no sonaba tan mal, pero sabíamos lo que eso significaba: la asesinarían y la usarían como rata de laboratorio.

-Jefe… aquí es.

Frené. El lugar parecía desierto, pero obviamente estaba por demás resguardado, parecía una especie de laboratorio secreto cubierto por una extraña casona que irónicamente parecía embrujada y abandonada.

-¿Aquí?

-Sí. El rastro jefe- señaló Pakkun -; estás distraído, ¿qué pasa?

-Nada.

Pakkun y el resto olfatearon el aire –es una fachada, jefe, dentro es una fortaleza, ten cuidado. El rastro de ella está…

-Débil, mezclado de sangre, lodo y un aroma…- olfatee.

-A mí tampoco me gusta ese olor jefe- dijo Urushi.

-Buen trabajo, vayan y den la ubicación, que vengan cuanto antes.

-¿Le digo al Uchiha?... ¿jefe?- dijo Bisuke.

-Sí. Pakkun, infórmame cuando y cuanto tardaran en llegar- el perro asintió y la manada desapareció -Concéntrate, vamos Kakashi, concéntrate. Haruno sensei.

Entré de incognito, pasando desapercibido, matándolos uno a uno, con el enojo de imaginar a esos tratando de herir a mi maestra, la sola idea de que le hicieran daño me causaba furia y me llevaba a acabarlos cuanto antes. Llegar dentro no fui difícil, eran buenos, pero no eran expertos en infiltraciones y exterminio como yo.

-¿Ha hablado la doctora?

-No ha dicho nada.

-Vaya cabeza dura que es.

Fue lo último que dijeron antes de atravesarlos con la espada sin el mínimo remordimiento o compasión, los dejé tirados en el suelo, desangrándose, como tantos otros. Llegué a una escalera mohosa y sentí el aroma de mi maestra más fuerte que antes. Estaba cerca. Subí.

-Han matado a los de enfrente- llegó uno corriendo subiendo las escaleras, tuve que brincar al techo y esperar. Me habían descubierto -¡Alguien los mató! ¡Vienen por ella!

-¿Escuchaste? No hay trato- dijo una voz en el cuarto donde ella estaba -, apresúrate, mátala.

-Maldita sea…- susurré, había sido descuidado. Estaba distraído, como dijo Pakkun. Y ahora que lo recuerdo cometí unos sencillos y pocos errores que pusieron en peligro a Haruno sensei.

-Eres muy hermosa, que pena que no pudimos divertirnos contigo. –dijo otro.

Había roto una de las principales reglas, me había dejado llevar por mis sentimientos, nublando mi pensar y poniendo en riesgo el éxito de la misión, y esta era recuperar con vida a Haruno sensei, ¿no se suponía que no debía dejar ni un cabo suelto? Además, no era una misión de alto riesgo. Fui muy tonto y visceral.

-¡Se han infiltrado!- gritó el tipo nuevamente, dando golpes en la puerta. Brinqué y le clavé un kunai en la garganta, para que callara, logré que no hiciera mucho ruido al caer.

–Tendremos que apresurarnos. Quítale la ropa y mátala de una buena vez. - Escuché del otro lado de la puerta, aquello me enfureció, el sonido de una espada desenvainada me alertó y terminó por convencerme por dejar de lado el sigilo.

-Tendré que hacerlo rápido y del modo torpe.

La puerta se abrió y otros dos salieron, ahorrándome la estrategia del sigilo y pensar como rayos entraría. Ella estaba del otro lado, esperando por mí.

-¡Mató a Lin!- gritó uno, y él otro me observó.

-¡Maldito bastardo!

Lo siguiente fue muy rápido. Corrí, uno de ellos me atacó, un jutsu sencillo y quedó sepultado en la tierra, apresándolo y asfixiándolo, el segundo vino desde arriba, saltando con sus espadas amenazantes. Fue simple hacer que cayera y se clavara a si mismo amabas espadas, rebanándole la garganta y el pecho. Entré y ella estaba recostada y atada en una cama, había un tipo frente a ella con una daga en la mano, le había rasgado la blusa.

Por un momento me detuve, su rostro descansaba de lado, mirando con pesadez hacía la entrada, observando hacia mí. Sus ojos sin brillo, opacos, me frenaron y detuvieron el corazón, eran como los de Rin cuando aquel tipo le aplastaba el estómago y el pecho el día cuando casi muere, eran como los de todos que vi morir, por mi culpa o no, pero muriendo, al fin y al cabo.

-Kakashi… kun- susurró y sus ojos volvieron por un momento a ser normales. Eso me despertó.

En mi descuido uno de ellos se acercó desde atrás y me apresó. Era fuerte y parecía un pitón al tratar de romperme los huesos. No tuve tiempo ni ganas de pensarlo mucho y pronto lo quemé con el chidori. El aroma a ropa y piel quemada penetró la habitación, el hombre gimió de dolor y con un segundo movimiento le atravesé el pecho.

El segundo hombre seguía con la daga en la mano, pero la tiró clavándola en el piso y se acercó golpeándome en la mano, mi chidori desapareció y no podía sentir ni sostener el brazo. No entendí que pasaba, pero le propiné una patada en el estómago que lo hizo rodar contra el suelo.

-Solo debo tocarte una vez más y no podrás usar tu chacra en un par de horas- dijo levantándose -, ¿cómo crees que logré capturar a esta preciosa? Por poco y me mata la muy…

-Hum, así es como lo haces- dije a sus espaldas -. Entonces solo debo matarte rápidamente y sin que me toques.

-¿Qué, cómo?- el hombre abrió los ojos enormemente al verme frente a él, le pegué en el rostro con mis botas, rodó en el suelo una vez más, tomé su misma daga y se la clavé en una de las manos, el grito de dolor acabó con la quietud de la casa.

-Así no podrás irte.

-¿Cómo…?- giró mirándome frente a él y al mismo tiempo en la puerta, sonriendo –un… un clon.

-Yo también tengo mis trucos. - y mi clon desapareció, tomé un shurinken y se lo clave en la otra mano.

-¡Maldito loco!

-Haré un truco especial contra ti.

Tomé al hombre y lo arrastré por el piso sin importar que las armas estaban tan afianzadas a la madera que se quedaron ahí. Lo tiré contra la pared. Sin poner demasiado interés en el miedo que parecía brotar de sus ojos.

-Veamos si también eres bueno con esto — lo encerré en un genjutsu, uno bastante espantoso. -Haruno sensei. ¿Sensei? - me acerqué y le tomé el rostro, ella abrió los ojos lentamente, haciéndome sonreír. Me quite la máscara anbu al recordar su petición.

-Kakashi… kun, viniste.

La miré, estaba sucia, su cabello desordenado, se veía débil, cansada, entonces noté que sangraba, era de su pecho, le habían rasgado un poco al cortarle parte de su blusa.

-No… no es nada- dijo débilmente, desviando los ojos, apenada.

Tal vez era que no podía dejar de mirarla, era la primera vez que veía sus senos, al menos uno de ellos.

-¿Pu…puedes soltarme, por favor?

-Sí.

Apenas pudo liberarse se cubrió nerviosa, la ayudé a sentarse.

-Tengo frio… ¿qué días es? ¿Qué hora…?

-Jueves, 2:30 pm.

-Hace… dos horas… Kakashi kun- me dijo cabizbaja, se le veía pálida -, no solo me han bloqueado el flujo de chacra. También me han envenado.

-¿Qué?

-Escucha… escúchame. Debes hacer lo que te diga. – quiso ponerse de pie, tuve que ayudarla, temblaba y la tomé de sus hombros con miedo de que cayera -, ¿vienen refuerzos?

-Sí.

-¿Sasuke kun con ellos?

-Eso creo-. Y sonrió.

-¿Cuánto tardaran?

-No lo sé. Unas tres horas.

-¿Tres? No tengo tres horas. –Levantó el rostro, como si fuera algo sumamente complicado -. Debes restablecer mi flujo de chacra, para…. para poder- se detuvo y respiró ruidosamente -, luchar contra el veneno al menos lo necesario para que me permita llegar… si no lo hago… no resistiré hasta que vengan los otros, ¿entiendes?

-Sí- dije serio -¿qué hago?

-No te preocupes, con los de mis brazos y piernas basta. Aplica presión en los puntos y restableceré un poco el flujo. ¿Recuerdas como lo hacía Rin?- asentí -, estaré bien.

Traté de hacerlo lo mejor posible, pero no era mi especialidad, si me excedía tal vez podría lastimarla y empeorar su situación, si no lo hacía bien no mejoraría y eso era peor. Me sentí nervioso, asustado. Pero no había tiempo para eso.

-Lo harás bien Kakashi kun.

Inicié con los brazos. Un quejido de dolor le venía cada vez que la golpeaba, sabía que era doloroso, cuando Rin practicaba a veces le ayudaba y sabía que dolía mucho, en su estado y mi inexperiencia debía ser peor.

-Bien- dijo entrecortada, sus brazos estaban marcados por mis dedos, pero empezaba a verse menos pálida -, lo has hecho bien en los brazos- dijo con un dejo de dolor que quise no me afectara mucho. Se sentó nuevamente y movió ligeramente las piernas –puedes seguir.

Me incliné y tomé una de sus piernas, tratando de no pensar mucho en que era la primera vez que la tocaba de esa forma. Ni siquiera era algo que se prestara para que pensara en eso, pero no podía evitar desconcentrarme un poco y pensar en ello.

Le quité el calzado y le ayudé a subirse un poco la ropa, al menos a la altura necesaria para poder empezar. Su piel y sus piernas eran hermosas y no podía evitar verlas, tocarlas, sentirlas, pensar en lo blancas y tersas que eran, mucho más de lo que siempre me parecieron.

-Ha… hasta ahí está bien- dijo cuándo le subí el pantalón algunos centímetros arriba de la rodilla y rozando sus muslos, tomando con su mano libre la blusa para que no mirara su piel descubierta.

-¿Segura?- la miré y ella asomó los ojos y asintió.

-Pu…puedes empezar ya- me dijo cada vez más temblorosa, desviando la mirada.

Afortunadamente lo logré, ella seguía intentando no quejarse mucho, pero se veía en su rostro que estaba adolorida, cansada, además de incomoda y mareada.

-Pu…puedes hacerlo un poco menos fuerte.

-Hum… lo siento.

Traté de concentrarme en solo golpear el punto preciso, después simplemente no podía evitar perderme en su tacto suave y la sensación ansiosa y hambrienta que sentía en mis manos al querer seguir disfrutando de su piel.

Había sido lo más cerca que había estado de ella, de acariciarla y sentirla bajo mis dedos. Y se sentía bien, me gustaba, mucho más de lo que con otra me había gustado.

-Concéntrate Hatake, vamos. No puedes pensar en eso en estos momentos. ¡Qué rayos pasa contigo!

-Kakashi kun.

Hace la vista y era ella, mirándome desde arriba, un poco sonrojada, cansada y bastante mareada.

-Buen trabajo. Ya… ya puedes soltarme- dijo tapándose el pecho, así como intentado bajarse la ropa.

-Sí. Lo siento sensei- murmuré. Y agradecí poder contenerme un poco en mi escrutinio y el deseo que amenazaba con aparecer. Al menos lo intenté, pero no lo logré del todo. Ella lo notó, me lo confesó después.

"Sí, estaba nerviosa, tu mirada era un poco pesada, penetrante y profunda. Me sentí un poco incomoda de que me miraras así, sentí vergüenza. Fue cuando me di cuenta lo mucho que habías crecido, no sólo en altura, ya no eras un niño y apenas ese día lo notaba".

La ayudé a calzarse e incorporarse, temblaba.

-Tengo mucho frio. Pero… es normal y…- Intentó caminar, pero por poco y cae. -. Espero y lleguen pronto. No me siento tan bien.

-Le ayudaré.

-No, no estoy bien, de verdad y…

Repentinamente Pakkun apareció.

-Kakashi, se han retrasado un poco.

-¿Qué tanto?

-Una hora más de lo que pensábamos. - dijo rascándose las pulgas de la oreja.

-¿Una… una hora?- dijo Haruno sensei, temblando.

-Sí. Una hora. Serán cuatro más o menos. Tremendo jaleo el que armaste en este sitio Kakashi- el perro se paseó por el lugar -, generalmente no dejas tanta sangre, y este huele horrible, ¿lo quemaste? No usas tanto el chidori, andas distraído.

-Kakashi kun, no tengo… hemos ganado tiempo, pero…

-Nos iremos de aquí, sensei.

-Pero… yo no puedo…

-Yo la llevaré, sensei.

-Pero… Kakashi kun.

-Ne, Sakura sensei, súbete, es rápido. Además de que ha cargado cosas más pesadas, no creo que no pueda contigo, por muy gorda que estés.

-¡No estoy gorda! –, gritó ella y Pakkun sonrió.

-Es un decir. Que sensibles son las hembras.

–Bien, subiré.

Se subió a mi espalda –sujétese bien, Haruno sensei.

-Sí.

Caminamos saliendo de ese laberinto mohoso, entre los parajes, su cuerpo se sentía cada vez más pesado y escuchaba su respiración cada vez más lenta, más baja.

-Kakashi kun… - susurró.

-¿Si?

-Tú mascara, me da miedo.

Sonreí –Sí, me lo había dicho antes.

-Kakashi kun…

-¿Hum?

-No dejes que duerma. Intentaré dormir, no lo permitas, no sería bueno.

Y tuve miedo. Miedo de perderla, su voz era más débil, más lejana.

-Sí, Haruno sensei.

Caminamos un buen tramo, aún no había rastros de los refuerzos, y la situación de ella era más y más alarmante, habían pasado varios minutos desde que dejó de hablar.

-Jefe. La sensei se ha dormido.

-¿Qué?

Paré en seco y la recosté en el suelo. El corazón se me detuvo, pero escuché débilmente que aun respiraba.

-Sensei… Haruno sensei.

Abrió los ojos, se le veía muy cansada.

-¿Qué…?

-Dijo que no le dejara dormir

-Sí, no es buena señal. - y empezó a temblar –Tengo sed. -Tomé una cantimplora y bebió un poco –tengo frio. ¿Sasuke kun aún no…?

-Apenas hace tiempo uno de mis perros dijo que venían cerca- pareció sonreír y se recargó contra mi pecho.

-Tengo sueño… tengo frio.

Miré sus ojos cerrándose y una desesperación me invadió, saqué su bufanda y se la envolví, después tomé el par de guantes que me había regalado y se los puse. Se veía graciosa y tierna con ellos puestos, como una niña pequeña con ropa grande, le venían grandes y hubiera reído de haber estado en una mejor situación.

-¿Los conservas aun?- dijo débilmente, temblando, asentí. –Pensé… pensé que no te gustarían-. La tomé en los brazos y la cargué. Esta vez no se quejó, ni siquiera tenía fuerzas para oponerse.

-Estará bien Haruno sensei. Llegaremos pronto.

-Tengo sueño…

-¿Por qué no me cuenta lo que ha hecho?

-¿Quieres conversar?- dijo riendo. –Ahora sé que estoy muriendo.

Aquello me encogió el corazón. -Tenía razón, no es fácil ser Anbu.

-Sí…

-Nunca he ido a su casa, pero se cuál es, es la blanca con azul, ¿no?

-Sí.

-Yo también supe que usted va al lago. Siempre deja las magnolias y huele a incienso.

-Nunca supe su color favorito, ¿tú sí? - dijo temblando, pude escucharla susurrar débilmente.

-No.

-El mío no es el rojo, ni el rosa, me gusta el verde. A Obito le gustaba el naranja, ¿y tú?

-No lo sé. Nunca lo he pensado.

Y ella rio –lo imaginé.

-Diría que el azul. Sensei, ¿sensei?

-Perdona Kakashi kun, dormité un poco- musitó -, tengo… Sasuke kun- llamaba a su esposo de vez en cuando y no podía evitar sentir una rabia consumirme al pensarlo culpable por dejarla sola y no llegar a tiempo, ese fue el primer motivo que inició nuestras rencillas.

-Debí abrazarla.

Su cuerpo me pareció más pequeño, más frágil, más débil. La miré, sus cabellos sucios se mecían con el viento y el polvo, su delgado cuerpo temblaba intermitentemente y sentí de nuevo ese miedo de perderla, de que muriera.

-Debí escribirle un poco más.

Tuve ese sentimiento que desde hace mucho no sentía: miedo.

Era terror, horror, de que muriera como los otros habían muerto: sin que pudiera evitarlo. No supe cuánto tiempo corrí con ella entre mis brazos, temblando, susurrando, sonriendo a veces ante mis inusitadas ganas de conversar.

Logré interceptar a los refuerzos, nunca me sentí tan dichoso de ver a Sai. Me sentí vacío cuando me la quitaron de los brazos, estaba casi inconsciente y sin fuerzas. Los ninjas médicos se la llevaron susurrando el que debía trasladarse cuanto antes a Konoha, dándole solo el auxilio necesario para que llegara al hospital y atenderla mejor. Ni siquiera tuve tiempo de respirar cuando partimos a la aldea.

El sentimiento de desasosiego y temor nunca se fue, solo había un poco más de esperanza y de conforte al saber que había logrado llevarla a tiempo, de que al menos había cumplido con un poco para salvarla.

La llevaban apresurados, ateniéndola y susurrando su lenguaje médico que nada entendía y supe que perdí la oportunidad de abrazarla, de sentirla más cerca de mí, porque quería sentirla entre mis brazos nuevamente, y no así, no de esa manera, no desvaneciéndose y durmiendo casi a punto de morir.

-Debí abrazarla.

No quería que fuera la última vez que la sostenía entre mis brazos. No así.

&&&/&&&/&&&

Saludos desde Sinaloa, México

¿qué tal? Acá dejo otro episodio del drama de esta historia, he querido reducir la longitud de los capítulos, pero no suele dárseme mucho los capítulos cortos, no sé porque.

Bien, me alegra saludarlos y espero que sigan esta historia que, aunque me hace sufrir mucho, la quiero muchísimo. Pronto subiré otros fics, la mayoría antiguos, de los que ya tenia antes, y estoy trabajando en uno nuevo, creo que lo subiré en un rato más.

Nota original:

¿Cómo están? Yo bien, gracias a Dios. Teniendo una racha de actualizaciones, hacía mucho que no retomaba el ritmo de antes de tener a mi bebé, jajaja, tuvieron que pasar los dos años y el embarazo para poder retomar mi ritmo, ahí la llevo.

Espero y seguir así y poder actualizar más seguido y así poder finalizar con mis historias.

Bien, ¿les gustó el capítulo?, ya se vienen los pleitos con Sasuke xD, jaja, supongo que serán inevitables. Y pues ya ven que Kakashi kun ya no es tan pequeño (TT_TT) como lo extraño…(Kakashi kun u,.,u) aquí viene a tener unos… ¿qué serán? 16-17 años, creo. Pero bueno, ni modo, tenía que crecer, además de anbu se ve muy guapo, no puede negarse, y es un poco rebelde y malhumorado, pero bueno, se le quiere, tiene su gracia también, jajaja n.ñ, jaja, se me va a poner celoso, nah… ni que le importara tanto al bribón ese…

Tuve que avanzar un par de años en la historia y espero y se entendieran las diferentes etapas de tiempo que manejo, creo que eso de manejar varias etapas de tiempo en la misma narración me quedo como ´manía´ desde "1,2 y 3", pero bueno, mientras se entienda está bien, o no sé qué opinen ustedes.

Dejen su parecer, no importa si no tienen cuenta (pueden dejarlo como anónimo lo tengo activado –no es pretexto- xD), rewievs…por favor. Gracias por leer.

Hasta pronto.