Editado 28/6/16 por precisiones en la locación.
Capítulo 2:
Ese par de meses fue muy duro, corriendo de un lado a otro, ocultándose, e incluso viéndose obligadas a robar sus magros alimentos... Dos niñas solas, en un mundo tan peligroso estaban sin dudas, destinadas a sufrir.
Sin embargo consiguieron que finalmente una persona de buen corazón les proveyera lo que necesitaban, la mayor se mostraba reticente, pero la oferta de un techo y dos platos de comida al día, era demasiado tentadora.
–Este sitio es asqueroso...– murmuró Maki regresando a la habitación luego de pasar la jornada completa limpiando el resto de la casa.
Aún a su corta edad, se le hacía extraño, que su hermana se quejara de aquel húmedo sótano al que podían llamar hogar, luego de haber dormido en la calle, soportando la lluvia, el viento y demás inclemencias del tiempo.
–Nadie nos hará daño aquí...– comentó suavemente, mientras recordaba el mundo exterior, el permanecer noches enteras sin dormir protegiéndose de esas malas personas que husmeaban las calles en sus negocios nada bonitos.
–Es el único motivo por el que acepté el trabajo...– respondió la aludida recostándose en la cama que compartían –Siempre creí que trabajaría en la empresa de papá como una importante ejecutiva... Limpiar una casa o lavar la apestosa ropa de otros me da asco... ¡¿Qué clase de persona contrata a dos niñas sin padres para tenerlas como esclavas?! ¡La gente de esta casa es mala!
Continuaba sin entenderlo, ¿malos? Gracias a ellos ya no tenían tanto frío, ni miedo, y sus estómagos poco a poco dejaban de doler... ¿Cómo podían ser malas esas personas?
–Aún podemos hablar con esos policías y que nos lleven a un...– comenzó a decir siendo interrumpida antes de poder terminar la frase.
–¡Nadie va a llevarnos a un orfanato!
–Pero...
–¡Nada de peros! ¡Estoy cansada de discutir esto, Tsubomi!
–Es que...– antes de darse cuenta estaba sollozando –No entiendo por qué... Odias tanto ese sitio...
La chica se sentó en la cama extendiéndole los brazos –Lamento haberte hablado de esa forma, ven aquí...– la llamó a lo que la niña obedeció sin dudarlo.
Un rato en los brazos de su hermana calmaba el miedo y dolor como si fuera magia.
–Lo odio porque...– comenzó a explicarse mientras se recostaba nuevamente con su hermanita en brazos, quedando así acostadas abrazándose –Soy demasiado egoísta...– confesó finalmente, obteniendo una mirada llena de intriga por parte de la niña –Si permitiera que nos llevaran a ese lugar, entonces viviríamos relativamente cómodas, más que en la calle al menos, rodeadas de otros niños, tal vez haríamos amigos, tal vez no, pero ese no sería el problema...
–¿Cuál sería...?
–El problema sería que por mi edad, nadie me adoptaría probablemente... Pero tu caso es diferente, eres tan pequeña y linda que no pasaría ni un mes antes que una familia quisiera llevarte...– hizo una breve pausa buscando la forma de explicarse –Sería muy feliz por ti si sé que tendrás un nuevo hogar, pero...– la miró con sus ojos llenos de lágrimas –Le prometí a tu mamá que siempre cuidaría de ti... ¡Y eres lo único que me queda! ¡No voy a permitir que nos separen! ¡No voy a perderte a ti también!– exclamó lo último permitiendo que sus lágrimas cayeran libremente.
Odiaba llorar frente a Tsubomi, pero todo era tan duro...
–Yo tampoco quiero que nos separen...– dijo la pequeña limpiándole el rostro con sus manitos –Quiero quedarme contigo para siempre...
–Así será– le sonrió mientras inhalaba profundamente en un intento por calmar su llanto –Nada ni nadie nos separará...– le aseguró apretando más el abrazo.
Observó con decepción aquella casona vieja, no se parecía en nada a lo que "recordaba". Tanto que le costó encontrar el lugar a escondidas de su hermana, y al llegar, no era el correcto.
Con el tiempo y a casi un año de aquella trágica noche, sus memorias comenzaban a aclararse, no lo suficiente para comprender lo que sucedía en su totalidad, pero sí para tener la certeza de que debía encontrar aquel orfanato.
Ese en el que la esperaban dos niños que recordaba con el mayor de los cariños... El castaño, no recordaba casi nada de él, sólo que era alguien muy agradable con quien deseaba jugar y cuidar de él cuando se sintiera triste... Y el rubio, a quien más añoraba, cuyo recuerdo la llenaba de felicidad, a quien sin saber por qué, deseaba abrazar y proteger.
Cerró sus puños tomando una decisión, su mente no le daba más que vagos indicios respecto a lo que buscaba, así que exploraría ese sitio en busca de sus "amigos" antes de descartarlo y buscar en otras ciudades. Pero eso sería en otra ocasión, debía regresar a casa o Maki la regañaría por salir sin su permiso...
Una semana después encontró la oportunidad de colarse a escondidas fuera de la casa, y correr hacia el orfanato... Su hermana había salido de compras, con suerte contaba con una hora para recorrer aquellas quince cuadras, colarse a la casona, encontrar al rubio y el castaño, y regresar sin ser descubierta...
Operación que fracasó rotundamente cuando en su intento por trepar la reja cayó estrepitosamente haciéndose el suficiente daño para atraer la atención de todos con su llanto. Después de ser atendida por adultos que tenían cosas mejores de las que ocuparse y molestada por algunos niños malos, regresó a casa...
Con una rodilla raspada, un brazo bastante lastimado el cual aún ardía, y sabiendo que los niños que buscaba no estaban allí... En resumen, con la certeza de haber fracasado rotundamente.
–¡Tsubomi!– el grito fuera de sí de su hermana, quien la encontró a mitad de camino, fue lo único que logró sacarla de sus desesperanzados pensamientos.
–Maki...– murmuró observándola con temor, sabía que sería regañada.
–¡¿Dónde estabas?!– le preguntó la chica acercándose –¡Estás herida! ¡¿Cómo te hiciste esto, Tsubomi?!– le preguntó tomando su brazo con más brusquedad de la que hubiera deseado.
–F-Fui al orfana...– comenzó a decir, antes de ser interrumpida por Maki como siempre, aquella era la palabra mágica que lograba enfurecerla al instante.
–¡Te dije que olvidaras esa estúpida idea de meterte en orfanatos!– le gritó tirando de ella en un intento por llevarla a la casa.
–P-Pero...– sollozó, ¿por qué su hermana no era capaz de entenderla? –¡Tengo que encontrarlos!
–¡¿Encontrar a quién?!– la chica se detuvo en seco enfrentándola –¿A ese par de chicos con los que soñaste?
–¡No fue un sueño! ¡Los recuerdo! ¡Vivía con ellos allí! Y luego...
–¡Viviste con tu madre hasta que ella murió y luego te viniste a vivir a mi casa!– la corrigió, observándola con una mezcla de rabia e impotencia –¡Nunca viviste con dos niños!
–Pero...– el llanto cortó sus palabras.
–¡Deja de hacerlo más difícil!– ordenó Maki retomando el camino mientras ella se dejaba arrastrar sin voluntad.
No importaba cuanto lo intentara o cuantas veces lo hablara con su hermana... No lograba que ella le creyera.
Con el paso del tiempo la situación económica mejoró, cuando Maki cumplió los dieciséis años logró conseguir un trabajo de verdad como mesera en un Maid Café, el sueldo no era el mejor, pero alcanzaba justo para alquilar un pequeño departamento sin ventilación o ventanas, comprar alguna prenda de ropa un par de veces al año y comer en sus días libres o cuando no quedaban sobras en el trabajo que llevar a casa y recalentar.
Sin embargo, Tsubomi seguía creciendo, y contener las escapadas de una niña de once años, o escucharla hablar de cosas que jamás sucedieron, era mucho más difícil y preocupante que cuando tenía apenas seis y acababa de perder a casi toda su familia. Solía esconderse en el baño del trabajo a llorar inconsolable... Su pequeña hermanita se volvía más y más loca... En todos esos años no había dejado de anhelar aquel orfanato de su imaginación, ni a esos chicos, y a medida que crecía nuevos elementos se agregaban a sus desvaríos... Una familia que los adoptaba, una nueva hermana, una casa de ladrillos rojos... Incluso llegó a hablarle de esa chica de cabello blanco y ojos rosa que era capaz de convertir en piedra a las personas...
Aquellos personajes de su imaginación ahora tenían nombre, personalidad e incluso poderes especiales, había intentado seguirle la corriente, ignorarla, tomarlo como simples amigos imaginarios... Pero a su edad, Tsubomi no debería seguir con esas cosas... Y mucho menos correr tras cada niño rubio o gato negro que viera pasar, llamándolo "Shuuya".
–¿Qué hice mal...?– se preguntó una vez más, mientras lavaba su rostro, su descanso acabaría en pocos minutos.
Lo había dado todo, había dejado su orgullo de lado, había ocultado a su hermana de la crueldad del mundo lo más que pudo... Sin embargo nada de eso sirvió, Tsubomi estaba enferma, y sin un adulto responsable que se hiciera cargo de ellas, o algo de dinero extra, no podía hacerla ver con un especialista.
–¡Maki!– la llamó una de sus compañeras de trabajo en cuanto salió del baño –El proveedor que estuvo aquí hace un rato dice que vio a tu hermanita tomando un autobús a unas cuadras de aquí.
–¡¿Un autobús?!– exclamó al borde de un infarto –¡¿Qué autobús?!
–Creo que...– murmuró pensativa, tomándose su tiempo –Uno con destino a Chiba...
–¿Chiba...?– preguntó horrorizada –¡Demonios!– exclamó quitándose el delantal –¡Cúbreme!
–¡¿Qué?! ¡Espera! ¿A dónde vas?– la llamó su compañera, pero ella ya no la escuchaba.
Tsubomi había hablado mucho acerca de esa ciudad, según ella las personas que los adoptaron vivían en ese lugar. Se sintió una estúpida, debió preverlo, sólo era cuestión de tiempo antes que su hermana irracionalmente viajara a ese lugar en busca de esa vida que nunca existió más que en su mente.
No lo soportaba más... Siete años dando vueltas en círculos, siete años recordando poco a poco esa vida que en algún momento vivió aunque no supiera cuando... Su hermana le aseguraba que sólo era un sueño, pero ella sabía que no lo era... No podía haber soñado una vida entera.
Aún no conseguía comprenderlo bien, y por ese motivo no era capaz de convencer a Maki. Pero eso no le haría bajar los brazos, debía encontrar a sus hermanos y padres adoptivos, los extrañaba con desesperación y aquella horrible sensación de que si no lo hacía, cosas terribles les sucederían, jamás se iba...
Debía protegerlos... Shuuya, Kousuke, Ayano, mamá Ayaka y papá Kenjirou... Ellos también eran su familia, al igual que su hermana Maki, si solo pudiera vivir con todos... Aquel sí era un sueño, pero no era imposible, así que lucharía por él con todas sus fuerzas.
Idear el plan le llevó una semana, un mes fue lo que tardó en, mediante recados a algunos vecinos, conseguir el dinero para el boleto de autobús, y en apenas un par de horas estaría en aquella ciudad en la que nunca había estado, pero aún así recordaba vagamente.
Esperaba recordar lo suficiente para poder encontrar la casa de sus padres al llegar a ese lugar. Necesitaba verlos, saber que estaban bien... ¿Y entonces qué...? Lo pensaría luego, en esos momentos debía concentrarse en encontrar la casa.
Bajó en la última estación, y caminó por la estación confundida, no recordaba ese lugar en absoluto. Era una zona comercial, tan diferente a la tranquilidad que se respiraba en aquella casa de sus recuerdos... ¿Se había equivocado de ciudad?
–¡No!– exclamó ganándose la mirada curiosa de algunas personas –¡No voy a darme por vencida! ¡Debo encontrarlos!– decidió con sus puños cerrados comenzando a caminar.
Caminata que se extendió más de lo esperado, horas más tarde continuaba su trayecto aleatorio arrastrando los pies. Se detuvo frente a un instituto, una secundaria con seguridad. Se quedó contemplando el lugar durante largo rato, no lo recordaba bien, sin embargo aquel era el único lugar que le parecía algo familiar, y aquella era la pista más real que había conseguido en todos esos años.
–Estoy cerca...– murmuró esperanzada.
En ese momento una temblorosa mano tomó su brazo con fuerza –¡Tsubomi!
–¡¿Maki?!– giró viéndola sorprendida –¿Cómo...?
–¡¿Que cómo supe lo que hiciste?!– la interrumpió comenzando nuevamente con la rutina; su hermana molesta por sus desobediencias, y ella intentando explicar algo que ni siquiera comprendía –¡¿Cómo te encontré?! ¡Por pura casualidad! ¡Por dios Tsubomi, casi enloquezco buscándote! ¡¿Tienes una idea de lo que pudo pasarte en una ciudad tan grande como esta?!
–Lo siento...– murmuró viendo a otro lado, odiaba ver a su hermana tan preocupada –¡Pero ellos viven cerca de aquí!– exclamó viéndola a los ojos –¡Busquemos a mis hermanos juntas!– propuso con algo de emoción.
–¡Yo soy tu hermana! ¡La única! ¡Y ya no sé qué hacer contigo!
–¡Créeme! ¡Por favor Maki, necesito que me creas!– le suplicó.
–No puedo...– murmuró ella con lágrimas en sus ojos mientras negaba –Lo que dices es algo imposible, por favor... Entiéndelo...
–No es imposible, no sé cómo ni cuando... Pero te aseguro que sucedió...– la miró fijamente –No estoy loca, Maki...
La expresión de su hermana se endureció y giró comenzando a caminar, en ningún momento había soltado su brazo –Nos vamos.
Sus discusiones terminaban siempre igual, su hermana decepcionada y ella siendo alejada de su objetivo. Sólo que esta vez, Maki no pudo dar más que un paso o dos.
El choque de su hermana con esa persona la tomó por sorpresa hasta el punto de lanzar un grito ahogado que se sintonizó perfectamente con el de la propia Maki.
–Uh...– escucharon decir al chico quien se tambaleó un poco antes de recuperar su equilibrio –¡Lo siento!– exclamó una vez que las observó, haciendo una breve reverencia.
–N-No...– negó su hermana –Fue mi culpa, no me fijé por dónde iba, lo siento...
Mientras ambos se disculpaban, ella observaba al chico con su boca abierta... No lo había reconocido, no sabía su nombre ni nada de él... Pero ese adolescente tan alto le generaba un sentimiento de familiaridad tan intenso, que se sentía como si lo conociera desde siempre.
–Que tenga un buen día...– se despidió su hermana volviendo a apretar el agarre en su brazo para comenzar a caminar.
–Espera...– la detuvo el chico –¿Estás llorando?– preguntó con franca preocupación –¿Te lastimaste...?
Ella negó de inmediato –¡Claro que no!– secó sus lágrimas –No se preocupe, vamos Tsubomi...– intentó retomar su camino, pero la aludida no se movió un ápice –¡Tsubomi!
–¡Él es una buena persona!– aseguró –Pasemos un poco de tiempo con él, por favor...– suplicó, no se alejaría de ese chico hasta comprender qué clase de relación "tuvo" con él.
–¿De qué hablas?– preguntó Maki, viéndola con desconcierto.
–¡Eso sería genial!– intervino el chico con una enorme y franca sonrisa –Debido a mi enfermedad no logro hacer amigos con facilidad, lo pasaría muy bien si pudiera tener compañía un rato.
Ambas lo observaron sorprendidas, él era probablemente la única persona en el mundo capaz de decir algo tan íntimo a personas que acababa de conocer. Maki puso una mano en su rostro mientras pensaba en lo extraño que era el mundo.
–Por favor chico, no le sigas la corriente...– le recomendó con un toque de ternura en su voz, como si le hablara a un niño pequeño.
–No es eso, es sólo qué...– murmuró él rascando una de sus mejillas mientras miraba a un lado pensativo –Ella dijo que soy una buena persona... Yo también creo que ustedes lo son...– sonrió volviendo a verla –Y disfrutaría mucho charlar un rato.
–Por favor...– murmuró Tsubomi viéndola con su mejor expresión inocente.
–Sólo porque claramente no tiene más de trece o catorce años y dudo que sea un peligro– le susurró su hermana en respuesta –Está bien...– respondió observando con algo de vergüenza ajena como él daba saltitos en su sitio en expresión de alegría –Supongo que antes que nada deberíamos presentarnos...
Él asintió con la emoción de un niño –Soy Haruka... Kokonose Haruka.
Continuará.
Sinceramente no lo vi venir... Pero bueh, ahí lo tienen, un Haruka de catorce años. Y por supuesto no tengo muy claro qué pasará de ahora en más. Tendremos que averiguarlo juntos.
Por cierto, si alguien sabe dónde se desarrolla la historia por favor que me avise, todo me indica que es en Tokio, pero no estoy segura, así que si es en otra ciudad, lo cambiaré.
Agradezco de corazón a todos los que le han dado una oportunidad a esta nueva historia, y claro a todos los que dejaron sus hermosos reviews, los cuales responderé aquí a menos que me soliciten los contrario, porque me he dado cuenta de que soy demasiado vaga para responderlos por PM, y los anónimos no puedo responderlos de otra forma.
Ryuunoko: ¡Awww! ¡Qué lindo verte por aquí! Extrañaba tanto tus reviews. Me hace muy feliz que vuelvas a tener Internet. Todas tus preguntas serán respondidas en breve... Y sí, probablemente acaben todos muertos o no sería KP, pero lo mismo dije en Tres caminos y mirá... Mis historias siempre comienzan con capítulos cortos, y poco a poco se alargan, supongo que con esta será igual. Me hace muy feliz que te haya gustado, espero que hayas disfrutado este capítulo, y quedo a la espera de tus actas. Besos.
Guest: Hola señorita anónima... Y no canceles el velorio tan pronto, que siempre puedo cometer alguna imprudencia con la historia y terminar teniendo un accidente como que un hacha caiga misteriosamente sobre mi cabeza xD. Muchísimas gracias por el comentario, es genial a pesar de la embolia cerebral, y espero que este capítulo te deje una idea más clara de por dónde van las cosas... Y tranquila, pronto tendrás tus respuestas... Nos leemos pronto. Besos.
OrangeAnt: ¡Ahora mismo me pongo a escribir el siguiente de Pesadilla! ¡Promesa de escritora vaga! La verdad no sé como saldrá la historia, pero sí me emocionó el argumento, estaba tan estresada con los estudios que no se me ocurría nada realmente original. Gracias por el comentario y el amor, espero que este capítulo te haya gustado. Nos leemos, besos.
Gracias por leer, nos leemos en el siguiente capítulo.
Saludos.
Trekumy.
