Capítulo 4:

–Ayano...– sollozó –Al fin te encontré...

–Ahh... Eh... ¿Hola...?– murmuró Ayano sin mover un músculo –Y... ¿Tú quién eres?– preguntó tentativamente.

Se alejó unos centímetros para observarla con emoción –¡Soy yo, Tsubomi! ¡Tu hermana!

–¡¿He-Hermana...?!– preguntó con un tic repentino en su ojo, antes de girar la cabeza viendo a sus hermanos que estaban igual de sorprendidos que ella –¡PAPÁ VEN AQUÍ! ¡TIENES MUCHO QUE EXPLICAR!


–¡Juro que no es mía!– exclamó el hombre señalando a la niña que sentada en el sofá de la sala era rodeada por los cuatro presentes.

–¡Tienes suerte de que mamá esté de compras!– exclamó Ayano con sus puños en las caderas, regañando a su padre como si los papeles se hubieran invertido.

–¡NO LE DIGAS A TU MADRE!– chilló Kenjirou cayendo de rodillas frente a su hija –¡No conozco a esa niña de nada!

–¡Encima la niegas!– acusó Ayano horrorizada mientras los dos niños de su edad observaban la escena con confusión.

–¡Yo no soy su hija!– exclamó Tsubomi saliendo finalmente de su estupor y depresión –Él no hizo nada malo, lo juro...– murmuró olvidando por un momento la autocompasión.

–¿Ah no...?– preguntó Ayano observándola –Entonces, ¿quién eres y por qué me llamaste hermana?

Cuatro pares de ojos se posaron sobre su menuda presencia, y ella... No supo qué decir...

Se sentía tan decepcionada, de la situación y de sí misma. En todo ese tiempo buscándolos, ni por un momento manejó la posibilidad de que "su familia" no la recordara. En su infantiles sueños, sus hermanos y padres la buscaban con tanta desesperación como ella lo había hecho, sin embargo, ellos no tenían forma de encontrar a una niña en un país tan grande, por eso no la habían hallado aún, así que ella debía ser quien hiciera todo lo posible para ir a su casa y finalmente estar con quienes amaba.

Pero todo eso sólo era una ilusión, nada más que su imaginación pintándole un mundo perfecto que no existía. La realidad era esa... Ellos eran perfectamente felices sin ella, no la recordaban ni la necesitaban... Sólo tenía a su hermana, hermana a la cual en esos momentos sentía que no valoró lo suficiente, y ahora que ya no estaba... Sólo le quedaba la maldita soledad...

Soledad de la que intentó huir todo ese tiempo, soledad que a sus ojos era el monstruo más aterrador que existía...

–Lo siento...– murmuró y antes de darse cuenta estaba llorando como pocas veces lo había hecho...

–¡Está llorando!– exclamó Kousuke observando a su hermana con desesperación, a sus ojos probablemente la única persona responsable en la casa en esos momentos.

–Hey... No llores, nadie está enojado contigo...– se acercó Ayano poniendo una mano en su hombro, aquello no podía calmarla, pero al menos evitó que todos los presentes notaran como sus manos habían comenzado a desaparecer.

Asintió intentando contener el llanto pero era inútil, su pecho dolía tanto... Ellos jamás entenderían lo duro que era para ella haber perdido a su familia, una familia que no era suya y nunca lo sería...

–Tal vez tiene hambre...– sugirió Kenjirou luego de analizar a la sucia y delgada niña frente a ellos –También podría darse un baño, puedes prestarle algo de esa ropa que ya no te queda, Ayano...– sugirió con una mano en su mentón.

–¡Eso es!– exclamó Ayano, sonriéndole –Escucha– le habló a la niña –, ve a bañarte, te regalaré un lindo vestido y zapatos que no uso desde hace un tiempo, ¡seguro te calzan! Cuando termines comerás algo y luego papá te llevará con tu familia...

–¡¿Por qué yo?!– interrumpió Kenjirou.

–¿Quien de nosotros esperas que conduzca hasta su casa...?– respondió ella viendo de reojo a su padre –¿Shuuya?– ironizó.

–A mí no me molestaría...– comentó el rubio, cruzando sus brazos tras su nuca, en una actitud tan propia de él, que Tsubomi apenas pudo contener un nuevo sollozo.

¿Por qué no la reconocían...? ¡Eran los mismos! ¡Tal como los recordaba! ¡¿Qué había salido mal?!

–¡No tocarás mi auto!– exclamó Kenjirou, iniciando una batalla de miradas con su hijo.

–Ignóralos...– rió Ayano, al notar como la niña los observaba fijamente –Ven– le tendió la mano –, te conduciré al baño...

–No...– murmuró bajando la mirada y negando mientras se ponía de pie –Lamento todo esto... Creo que... Me equivoqué...– se excusó caminando hasta la salida.

–¡Espera, deja al menos que papá te lleve a tu casa!– exclamó Ayano, observando con sorpresa como la niña abría tranquilamente la puerta principal, esa que normalmente se trababa y debían hacer un poco de presión hacia arriba... Su padre debió arreglarla meses atrás, pero siempre lo posponía.

Cerró la puerta tras de sí sin responder, no quería ser grosera, pero no había nada más que decir... Un par de pasos más adelante sus ojos se activaron por propia voluntad, en su estado, no le era posible seguir manteniendo su poder bajo control.

–¿A dónde fue...?– preguntó Ayano saliendo unos segundos más tarde, mientras observaba a ambos lados de la calle.

Corrió lejos de aquella casa, lejos de su anhelada familia, lejos de sus estúpidos e irreales sueños... Corrió hasta llegar a un oscuro callejón donde no había más que bolsas de basura y animales e insectos atraídos por ellas, y en uno de sus rincones se dejó caer volviendo a llorar...

Los minutos pasaban, y su llanto no se detenía, no era solamente aquella desilusión, no se trataba únicamente de haber perdido su único motivo para vivir... Ni siquiera se trataba de la soledad... Había algo más... Un horrible sentimiento que se apoderaba de todo su ser...

El sentimiento de haber olvidado algo muy importante...

Se sentía casi como si al haberse alejado de ellos los hubiera condenado...

Pero... ¿Condenarlos a qué...?

No podía entenderse a sí misma, no podía pensar en nada más allá de ese terror... Tan sumergida estaba en sus pensamientos que no se percató de aquella persona sentada a su lado hasta que escuchó su voz.

–¡Sabía que podría encontrarte!– aquel tono jovial y despreocupado la dejó sin aliento, volteó a verlo con sus ojos y boca completamente abiertos –Parece que viste un fantasma– se rió el rubio, sin dejar de mirarla.

–¿C-Cómo...? ¿Por qué...?– balbuceó mientras negaba con su cabeza... Aquello tenía que ser una ilusión, definitivamente estaba viendo cosas... Finalmente había enloquecido de verdad...

–¿Cómo te encontré?– preguntó divertido –Bueno, creo que fue... Suerte... Pero no fue fácil, ¡eh! Se sintió como si hubieras desaparecido al salir de la casa– explicó –. Y el porqué...– continuó cambiando a una expresión pensativa, mucho más seria que la anterior –Francamente no tengo idea... Sólo sentí que debía ir tras de ti...

–¡¿Me recuerdas?!– le preguntó casi en un grito aferrándose a su ropa antes de darse cuenta de que lo estaba asustando, y soltarlo, alejándose lentamente.

–Bueno... Si me preguntas, no... No te recuerdo, no sé tu nombre y estoy seguro de que nunca antes te había visto, pero... Se siente como si te conociera...– confesó poniendo una mano en su pecho con expresión de solemnidad –Desde siempre...

–Shuuya...– murmuró antes de volver a llorar...

No era determinante, podría no significar nada, pero... Se sintió tan bien escucharlo decir eso.

–¡H-Hey...! ¡N-No llores!– exclamó él haciendo una serie de ademanes muy graciosos, que la hicieron reír mientras aún lloraba –¿Cómo sabías mi nombre...?– preguntó más tranquilo cuando ella se calmó –¡Ahh... Es verdad! ¡Ayano lo dijo en la casa!– se respondió a sí mismo –Aunque también dijiste su nombre al llegar...– comentó pensativo –¿Cómo lo supiste?

¿Qué debía hacer...? ¿Contarle la verdad y arriesgarse a que él se marchara creyéndola una loca de atar? ¿Inventarse una excusa? ¿Permanecer en silencio...?

–¡Ni lo pienses!– exclamó él, ganándose su atención –¡No me mientas!– le advirtió mostrando su felina sonrisa.

–¡¿Puedes leer mi mente?!– chilló sumamente sorprendida.

–¡JAJAJAJA! ¡Acerté!– estalló en risas –No, yo no leo la mente, pero arrugas la nariz cuando piensas en decir una mentira– aseguró con una enorme sonrisa.

Esa sonrisa tan perfecta y brillante con la que tantas noches soñó.

–Lo sé...– asintió finalmente, ignorando la expresión confundida de Shuuya, quien en esos momentos se preguntaba internamente por qué sabía tan certeramente aquella característica de esa chica que acababa de conocer –Kousuke es quien lee mentes...– declaró, consiguiendo que él la viera sorprendido –Y tú puedes cambiar de forma y engañar a todos...

–¿Cómo puedes saber eso...?– preguntó Shuuya, observándola con seriedad.

–Yo... Tengo recuerdos... Recuerdos de cosas que no pasaron...– comenzó a explicar.

Así fue como decidió arriesgar, jugarse todo en esa oportunidad única que el destino le había presentado, si Shuuya no le creía se alejaría sin dudarlo, pero si lo hacía... Las cosas mejorarían...

De alguna forma no tenía dudas de que él haría que mejoraran...

Tardó casi media hora en contar parte de su historia, habló de sus recuerdos sobre ellos, su hermana, sus ojos... Él no emitió sonido en todo ese tiempo, ni una palabra, y el que se quedara viéndola inexpresivamente, estaba poniéndole los pelos de punta.

–¡Di algo!– chilló al terminar su relato y esperar un minuto sin obtener señales de vida aún.

–¿Te das cuenta de que todo eso suena a una locura...?– preguntó él monótonamente sin dejar de verla a los ojos.

–Sí...– murmuró apartando la mirada –Lamento haberte hecho perder el tiempo...– dijo finalmente levantándose del piso donde ambos habían permanecido sentados hasta el momento, y con sus puños cerrados se dirigió hasta la salida del callejón.

No sabía a dónde iría, sólo que se alejaría, no tenía caso seguir torturando a alguien que tenía una vida perfecta sin ella y sus locuras... Si lo quería, a él y a los demás, les permitiría continuar con sus vidas tranquilas.

–Sin embargo te creo...– lo escuchó decir, palabras que tardaron unos segundos en tomar forma en su pesimista línea de pensamiento.

–¡¿Qué?!– exclamó volviendo sobre sus pasos hasta quedar de pie, delante del niño.

–No me preguntes por qué...– la miró con un rostro lleno de confusión y estupefacción –Pero creí cada palabra que dijiste– se puso de pie –. No sé qué esté sucediendo, pero en lo que a mí respecta... A partir de ahora somos hermanos– le sonrió nuevamente.

–¿Lo dices en serio...?– preguntó al borde de las lágrimas.

–Por supuesto, ¡y no empieces a llorar de nuevo!– exclamó lo último mientras la tomaba de la mano –Regresemos a la casa, me escapé, así que los demás deben estar preocupados.

–¡¿Te escapaste?!– exclamó horrorizada como si ella nunca lo hubiera hecho, pero de inmediato se reparó en un pequeño detalle –¿Regresemos...?

–¡Claro!– asintió como si fuera lo más natural del mundo –¿Creías que te iba a dejar aquí sola?

–Pero... Ellos no creerán mi historia...– murmuró, intentando negarse a avanzar.

–Eso no puedes saberlo hasta intentarlo, después de todo si yo te creí, tal vez ellos también– aseguró dándole ánimos, pero ella no se veía muy convencida –. Y si no lo hacen, no importa, tienes el poder de hacerte invisible, así que será fácil mantenerte oculta.

–¡¿Quieres que viva oculta en tu casa?!

–Hasta que logremos convencerlos– asintió, dando por zanjado el asunto y comenzando a caminar tirando de su brazo.

–¡Eso es imposible! ¡Van a encontrarme! ¡¿Dónde voy a dormir?!

–¡En mi habitación!

–¿En tú...?– murmuró con su rostro tornándose completamente rojo –¡Pervertido!– chilló.

Se permitió ser guiada, tomando consciencia de cada detalle, su cálida mano que le entibiaba hasta el alma, la armoniosa risa del rubio que le hacía sentir feliz, y el dirigirse a aquella casa con la que tanto soñó, confiando plenamente en él...

Las cosas no habían salido como lo esperaba, pero finalmente su vida se encaminaba un poco...

Y con Shuuya de su lado, le era imposible no sentirse esperanzada respecto al futuro.

Continuará.

Perdón por el retraso, de verdad, lo siento. Estuve intentando terminar el capítulo de Pesadilla, pero estoy en una parte medio compleja, y uff... Si esperaba a terminarlo no escribiría este nunca.

Me quedó un poco corto, pero sé que agradecerán al fin que algo salga bien :D. Estaba ansiosa por escribir esta parte... Shuuya es una ternurita... ¿Puedo comérmelo?

También estuve un poco inactiva porque empecé un canal en Youtube de gameplays. Y armar los videos en buena calidad consume algo de tiempo.

En fin, muchas gracias a todos por leer la historia y el apoyo de siempre, a continuación responderé el comentario al capítulo anterior.

NatsyKxK: ¡Hey! ¡Qué bueno tenerte por aquí también! Muchas gracias por comentar, y aquí tienes más, espero que lo disfrutes. Saludos.

Gracias a todos por leer.

Hasta la próxima.

Trekumy.