Capítulo 5:
–¡Sabía que mamá Ayaka escondía algo importante en los estantes de arriba!– exclamó alegremente entrando a su habitación con un paquete de galletas.
–No deberías tomar cosas sin permiso– murmuró ella recibiendo el paquete y abriéndolo con cierta desesperación, su estómago no había dejado de doler en días –, sobre todo si no lo necesitas...
–Pero lo necesito– comentó sentándose en el piso con sus piernas cruzadas frente a ella –. ¿Cuántas horas hace que no comes?
–... Muchas...– confesó mientras masticaba –Más de dos días...
–¡¿Tanto?!– exclamó preocupado –Eso no está bien, tienes que hacer tres comidas al día...
–¿Tres?– preguntó viéndolo con sorpresa, tal vez las hiciera en aquella mansión, pero era tan pequeña en esa época que no lo recordaba, y con su hermana apenas si comían un par de veces, y a veces ni eso –Vas a acabar engordando si comes tanto...– comentó mientras comía la quinta galleta.
–Claro que no~– comentó él riendo –. Te prestaré algo de ropa para que te pongas luego de bañarte– dijo mientras buscaba una remera y pantalones cortos en su armario.
–¡¿Voy a usar tu ropa?!– preguntó ella viéndolo con sorpresa –E-Eso suena muy... ¡Pervertido!
–Te parecería más pervertido si me metiera a la habitación de Ayano para robarle ropa– comentó divertido.
–Dame eso– murmuró dejando las galletas y quitándole las prendas de sus manos.
Caminó hacia la puerta, pero antes de abrirla se detuvo para verlo con preocupación –¿Qué haré si alguien intenta usar el baño mientras estoy dentro?
–Es verdad...– murmuró Shuuya pensativo –¡Lo tengo!– exclamó luego de unos segundos –¡Entraré contigo!
–¡¿Que tú qué?!– chilló horrorizada cubriéndose el cuerpo instintivamente con la ropa que él acababa de darle –¡Sí eres un pervertido!
–¡No lo soy!– se defendió mientras negaba –Puedes hacer eso de volverte invisible así estarás segura de que no podré verte, y si alguien intenta entrar les diré que estoy bañándome, entonces no sospecharán.
Lo miró con desconfianza durante largos minutos al cabo de los cuales accedió sin ser capaz de pensar en una mejor opción.
–¡No se te ocurra mirar hacia aquí!– le advirtió Tsubomi esforzándose por mantener activos sus ojos, mientras se desvestía detrás de la mampara que separaba la ducha del resto del baño.
–No voy a mirar, ya te dije que no soy un pervertido– dijo él de espaldas a ella observando la aburrida puerta del baño.
Tardó unos veinte minutos en bañarse, en los cuales no le quitó la vista de encima de Shuuya, podía recordarlo perfectamente y confiar en él, pero eso no quitaba que aún no controlaba del todo sus poderes y si se le ocurría girarse, ella pasaría la vergüenza de su vida.
–¡¿Aún no?!– preguntó él por quinta vez –¡Las niñas se tardan demasiado!
–¡Lo hice lo más rápido que pude!– se quejó ella cerrando el grifo y estirando el brazo para alcanzar la toalla –¡No vayas a mi...!– se quedó en silencio cuando escuchó pasos.
–Shuuya, ¿estás ahí?– escucharon la voz de Ayaka desde el otro lado.
Y entonces la máscara del chico se activó en todo su esplendor frente a ella –¡Claro mamá Ayaka, estoy bañándome! ¿Necesitas algo?– preguntó entreabriendo la puerta, viéndose ahora con el cabello y cuerpo húmedos, cubierto únicamente por una toalla amarrada a su cintura.
–No, nada...– negó la mujer –Me pareció escucharte hablar con alguien– echó un vistazo rápido al interior del baño –, pero parece que oí mal...– comentó pensativa –Bueno, te dejo para que te vistas, date prisa o cogerás un catarro.
Él asintió risueñamente cerrando la puerta con el cerrojo, para deshacer su máscara –¿Lo ves? Te dije que saldría bien...– comentó una vez que los pasos se perdieron en la distancia, sin embargo no recibió respuesta –¿Tsubomi? ¿Por qué no me respondes...?
Lo único que llegó a sus oídos fueron unos leves sonidos que no tardó en reconocer como sollozos. Giró instintivamente, dejándose llevar por su preocupación, la mampara estaba cerrada, pero podía ver claramente la silueta de su nueva amiga sentada en el piso y cubierta por la toalla.
–¿Estás llorando...?– preguntó acercándose a la mampara –¿Te asustó que fueran a descubrirnos?
–N-No...– escuchó su entrecortada voz –L-La... extrañaba...
Lo entendió al instante... Él era muy consciente de lo que se sentía extrañar a una madre, en su lugar él también estaría llorando.
Se arrodilló a pocos centímetros de la mampara –Ya verás que pronto lograremos que te acepten y podrás pasar todo el tiempo que quieras con mamá Ayaka– intentó animarla.
–Soy una desconocida para ella... Lo soy para todos...– murmuró respirando hondo en un intento por detener sus lágrimas.
–¡Yo te conozco!– la corrigió de inmediato –Y voy a hacer que todos te conozcan y te quieran– apoyó una mano en el acrílico que los separaba –. Promesa de hermano...
Su expresión llena de preocupación cambió por una sonrisa cuando ella apoyó su mano en el mismo sitio que él al otro lado de la mampara.
–Gracias...– respondió más tranquila, casi feliz. Pasado aproximadamente un minuto en el que ninguno de ellos se movió, Tsubomi se percató de algo –¡Estás mirando hacia aquí!– chilló.
Lo siguiente fueron una serie de acusaciones e intentos vanos de defensa, gritos que por un milagro, nadie en la casa escuchó.
El resto del día se la pasó sola en el cuarto de Shuuya jugando con una bolita que rebotaba por doquier y leyendo unos comics, como él le explicó, no había mucho que hacer allí ya que la mayoría de sus juguetes estaban en la sala porque siempre jugaban todos juntos.
Era tal cual lo recordaba, incluso la habitación de Shuuya era idéntica en cada detalles a la que ella ya conocía... Aquello le hizo cuestionarse si su presencia realmente era importante en el mundo, ya que las cosas parecían funcionar de la misma forma aunque no estuviera...
Y si era así... ¿Por qué continuaba en ese mundo? ¿Por qué el destino no había borrado su existencia y ya?
–En realidad... Hizo algo parecido...– murmuró observando el espejo de cuerpo entero que había en una esquina el cual no reflejaba su imagen.
Por la noche, luego de que Shuuya le ofreciera parte de su cena, la cual por supuesto llevó a escondidas a su habitación, un nuevo dilema se presentó ante ellos.
–¡No voy a dormir en tu cama!– negó con sus brazos cruzados.
–¿Por qué no? Somos hermanos, Kousuke y yo a veces dormimos con Ayano...
–¡Es diferente!– aseguró ganándose una mirada llena de intriga por parte de él –Dormiré en el piso– decidió muy segura.
–No voy a permitir que duermas en el suelo– esta vez era él quien negaba –. La idea de sacarte de la calle era que no tuvieras que volver a hacer ese tipo de cosas... Usa mi cama, yo dormiré en el sofá de la sala– propuso tomando una manta de su armario.
–Dame eso– ordenó ella quitándole la manta de sus manos –. Esta es tu habitación y debes dormir aquí, yo dormiré en el sofá– aseguró abriendo la puerta al tiempo que activaba su poder.
–¡Espera! ¡¿Qué harás si alguien te descubre?!– la siguió mientras ella caminaba por el pasillo.
–Despertaré antes de que se levanten, no te preocupes, nadie va a verme.
–Pero...
En ese momento la puerta de una de las habitaciones se abrió –Shuuya... ¿Con quién hablas?– preguntó Ayano observándolo desconcertada, a sus ojos su hermano estaba completamente solo.
Tardó apenas un segundo en cambiar su expresión a una enorme sonrisa y girar para encarar a su hermana mayor –Ensayo los diálogos para una obra de la escuela– mintió.
–¡¿Tendrán una obra de teatro en la escuela?! ¡¿Por qué no me contaste?! ¡¿Qué obra representarán?! ¡Te ayudaré a ensayar!– Ayano solía hablar muy rápido cuando algo la emocionaba.
Tsubomi decidió continuar su camino, dejando a su hermano ocuparse del aprieto en el que se había metido. Al llegar a la sala escuchó sonidos en la cocina, recordando en ese momento que sus padres se acostaban siempre un poco más tarde que ellos.
Caminó hasta la puerta de la cocina y se quedó observando a Ayaka, quien terminaba de lavar los trastos y ordenar un poco el lugar. Permaneció en ese lugar, abrazando la manta como si fuera un peluche, añorando esos recuerdos de un pasado que estaba sólo en su mente, en el cual la única madre que conoció le enseñaba el arte culinario.
Debía sentirse afortunada, Shuuya había puesto todo de sí para regalarle una probada de aquella vida que anheló durante años... Pero la pérdida de su hermana estaba demasiado fresca y dolía más de lo que quería admitir. Sin contar que esas personas no eran su familia realmente, no existía para ellos, Shuuya era el único nexo que tenía con aquellas personas... Al parecer no importaba la realidad que viviera, él siempre acababa siendo su cable a tierra.
–Ya es tarde, ven a dormir– escuchó la voz de "su padre", justo a tiempo para hacerse a un lado, antes que él chocara con ella.
–Ya casi termino– respondió Ayaka, mientras Kenjirou se posicionaba tras ella y le hacía un masaje en los hombros –. ¿No notaste raro a Shuuya...?– le preguntó luego de unos segundos.
–¿Raro...? No, noté nada fuera de lo normal en él...
–Tal vez sólo sean impresiones mías, pero creo que comió bastante más en la cena...
–Está creciendo– fue la simple respuesta de Kenjiro que ahora abrazaba a su mujer por detrás, siendo más una carga que una ayuda para ella.
–Se bañó dos veces en el mismo día... Eso nunca había pasado...– continuó ella secándose las manos –Hasta la semana pasada debíamos batallar para que lo hiciera tres veces a la semana...
–Está creciendo...
–¿Eres consciente de que esa no es la respuesta a todo?– le preguntó Ayaka girándose para verlo con el ceño fruncido.
–¡Pero es cierto! Cuando los chicos comienzan a crecer, se preocupan más por su apariencia, seguro hay "algo" por lo que quiere verse mejor y hacerse más fuerte...– explicó el hombre haciendo énfasis en el "algo".
–¿Insinúas que le gusta una compañerita de la escuela?– preguntó Ayaka observándolo con sorpresa –¿No es muy pequeño para eso?
–¡Pero si ya está entrando en la adolescencia! Es lo más natural del mundo, no hay de qué preocuparse.
–Nuestros pequeños están creciendo...– exhaló ella dejando el paño que había usado para limpiar, sobre la mesada –Ya terminé, vamos a dormir.
–¿Sólo dormir?– preguntó él con desilusión, recibiendo un codazo leve en las costillas como respuesta.
Tsubomi los siguió con la mirada hasta que se perdieron escaleras arriba, permaneció un par de minutos más en la oscura cocina, antes de regresar al sofá y acostarse allí cubierta por la manta. No tardó en quedarse dormida, había sido un día realmente muy largo, y el calor de su hogar sólo aumentó la profundidad de su sueño.
–¡LA NIÑA ESA!– aquel grito desaforado la despertó.
Logró darse cuenta de lo que sucedía a una velocidad sorprendente para alguien que acababa de despertar. Kenjirou frente a ella la señalaba chillando como una niñita que acaba de ver un fantasma.
En tal situación hizo lo más maduro para alguien de su edad... Huyó raudamente valiéndose de su habilidad para ocultarse apenas salió del campo de visión del hombre.
–¡Kenjirou, ¿Qué sucedió?!– salió Ayaka de la cocina observando a su esposo aún señalando el asiento.
–¡Es la niña de ayer! ¡Se metió a la casa!– exclamó –Estaba en el sofá... ¡¿Olvidamos cerrar la puerta?!
–¿La niña de ayer...? ¿Hablas de la que entró diciendo que era tu hija...?– lo miró seriamente cruzándose de brazos –¿Por qué esa niña tendría tanto interés en esta casa...? ¿No será tu hija realmente?
–¡No, claro que no! ¡Eso es imposible!– chilló aún más fuerte al borde de la hiperventilación.
–¿Por qué hacen tanto escándalo?– entró Shuuya a la habitación con su sonrisa característica.
–Tu padre dice que la niña de ayer estaba aquí.
–¿La niña...?– preguntó pensativo –¡Pero si era yo!– aseguró de la nada entre risas –¡Te di un buen susto, viejo!
–¿Eras tú...?– preguntó Tateyama observando a su hijo con sorpresa y desconcierto –¡¿Qué hacías durmiendo en el sofá, y disfrazado de esa niña?!
–Divertirme con tu cara– se rió –. ¡Tienes que admitir que fue muy gracioso!
Mientras Kenjirou fruncía el ceño, Ayaka se acercó a su hijo –Shuuya... No debes usar tu poder para molestar a otros... Sobre todo a tu familia... Si lo haces las personas un día dejarán de confiar en ti– no fue un regaño, sino más bien un consejo, esa era la forma en que Ayaka educaba a sus hijos.
Tsubomi observaba todo escondida tras la escalera, no pasaban más de veinticuatro horas desde que llegó y ya había logrado que Shuuya fuera regañado por su culpa.
–Lo siento mamá Ayaka...– murmuró Shuuya fingiendo arrepentimiento, al tiempo que sus hermanos bajaban por la escalera.
–No es conmigo con quien debes disculparte...
–Lo siento papá...
–Así está mejor...– asintió el hombre con sus brazos aún cruzados.
Mientras Ayano y Kousuke miraban con curiosidad la escena Ayaka aplaudió una vez –¡Ese es mi niño!– exclamó sonriente –Vamos a la mesa, el desayuno está listo.
Se sentó a comer con el resto de su familia... Casi todos al menos...
Se sentía un poco preocupado porque no tenía idea de dónde se había metido esa chica que conoció el día anterior pero ya consideraba parte importante de su familia.
–¿Por qué regañaban a Shuuya?– preguntó Ayano observando a sus padres.
–Usó sus poderes para asustar a tu padre– respondió Ayaka.
–¿De qué te disfrazaste esta vez?– le preguntó Kousuke, esforzándose por no dejar entrever su emoción, sin embargo él nunca fue bueno para mentir.
–De la niña de ayer– le respondió a su hermano, ganándose un gesto lleno de sorpresa.
–¿Por qué hiciste eso?– esta vez fue Ayano quien se dirigió a él.
–Para ver la expresión de papá, ¡debieron ver su rostro!– respondió con una sonrisa llena de picardía –¡Fue muy divertido!
–A mí no me pareció nada divertido– murmuró Kenjiro fingiendo molestia, mientras sus hijos se reían.
–Pero...– comenzó a decir obteniendo nuevamente la atención de los presentes –¿Y si no hubiera sido una broma...?
–¿A qué te refieres...?– Ayaka fue la primera en preguntar.
–Si esa niña que vio papá, hubiera sido realmente la niña de ayer... ¿Qué habrían hecho?
–Reforzar la cerradura– respondió Kenjirou de inmediato.
Ayaka le lanzó una mirada de desaprobación –La llevaríamos nuevamente con su familia, por supuesto– le explicó a su hijo.
–¡Pero!– interrumpió –¿Y si ella no tuviera familia...? ¿Que tal si esa niña fuera una huérfana como lo fuimos Kousuke y yo antes que nos adoptaran?– prosiguió ignorando la mirada llena de intriga de sus hermanos.
–Creo que en ese caso deberíamos comunicarnos con la gente de servicios sociales, para saber como proceder– respondió Ayaka luego de pensarlo unos momentos.
–¿Para adoptarla?– ocultó muy bien la ilusión en su voz.
–Más bien para ingresarla en un orfanato– respondió esta vez Kenjirou de una forma que se le hizo bastante cortante.
Miró a Ayaka esperando que ésta contradijera a su esposo, pero lamentablemente la encontró asintiendo –En ese caso creo que intentaría dejarla en el mismo orfanato que los encontramos a ustedes, se veía como un buen sitio...
La forma en que Kousuke bajó la mirada no pasó desapercibida para él, no tenía nada de lindo ser llamado monstruo como lo hacían en ese sitio, sin embargo había algo más apremiante en su mente.
–¿Por qué no adoptarla...?– preguntó arriesgándose a que sospecharan por su insistencia, pero debía dejar esa idea dando vueltas en sus cabezas... Tal vez así sería más fácil que la aceptaran.
–Tres es la cantidad perfecta de hijos– declaró Kenjirou –Ni uno más.
–¡Pero...!
–Tu padre tiene razón– intervino Ayaka –. No podemos permitirnos mantener a otro hijo– sentenció.
Y con eso el tema se terminó...
Al acabar el desayuno corrió a buscarla, tenía que asegurarse de que estaba bien y no se había metido en más problemas, todo eso antes que sus hermanos terminaran de aprontarse para salir rumbo al colegio.
Después de cinco minutos recorriendo la casa entró rápidamente a su habitación, lo suficientemente rápido como para verla pegar un respingo y desaparecer antes de percatarse de quién había entrado.
–Ya te vi– dijo él cerrando la puerta –. Tienes que ser más rápida que eso si no quieres que te descubran.
–Lamento haber hecho que te regañaran...– murmuró ella apareciendo frente a él –Tendré más cuidado...
–¡Eso no importa!– comentó alegremente acercándose –Pero por el momento no deberían volver a verte... Si mis padres saben que estás aquí te enviarán a un orfanato– explicó, cambiando su expresión a una llena de preocupación.
–Sí, ya lo escuché...– asintió Tsubomi.
Y se sintió feo... Si a él le había dolido que hablaran de enviarla lejos, cuanto más a ella que la única familia que tenía ni siquiera la conocía... El grito de sus hermanos llamándolo, lo sacó de aquella línea de pensamientos.
–¡Tengo que ir al colegio! Tú quédate aquí, mamá Ayaka limpió mi habitación ayer así que no creo que venga hoy, pero mantente alerta por si acaso. Cuando regrese pensaremos en algo para esta noche– le aseguró tomando su mochila.
–Está bien– asintió ella aún con esa expresión desolada en su rostro.
–¡Todo va a salir bien! ¡Hasta luego!– se despidió antes de marcharse dejando su puerta bien cerrada.
Salió de la casa junto a Kousuke y Ayano, deteniéndose unos segundos en la entrada observando hacia la ventana de su habitación. No podía verla, pero sabía que ella estaba ahí...
–Shuuya...– lo llamó Kousuke acercándose –¿Qué pasa...?
–¡Nada!– exclamó sonriéndole –¡Vamos o se nos hará tarde!– corrió rebasando a Ayano mientras era seguido por su hermano.
–¡Esperen! ¡No corran!– les gritó su hermana mayor corriendo tras ellos.
Con una mano sobre el cristal los observó alejarse... Una escena muy fresca en su mente, sólo que en sus recuerdos, ella corría a la par de Shuuya llegando a ganarle en algunas oportunidades...
Cuando ellos se perdieron en la distancia miró hacia atrás, encontrando un plato de comida que seguramente Shuuya había dejado allí al entrar a buscarla...
–Es como si escondiera un cachorrito de la calle en su habitación...– susurró acercándose a la comida –Se siente raro... No pertenecer a ningún sitio...
Continuará...
¡Perdón por la demora! Comenzaron las clases nuevamente y mi vagancia extrema se activó... También quería terminar "Pesadilla" para ponerme a full con este, pero estoy un poco bloqueada en ese... (Demasiada sangre en la escena, no me deja ver claramente lo que pasa xD)
Ahora sí, pasando a este fic, planeaba que el capítulo llegara bastante más lejos, pero iba a quedar muy largo y me tardaría más en publicar, así que decidí que era un buen sitio para cortarlo aquí. Espero poder publicar el siguiente pronto... Las ideas están, pero me hace falta el tiempo.
Espero que les haya gustado el capítulo, hace mucho tiempo me hacía ilusión volver a narrar a los hermanitos de peques, y si bien esta historia tiene un tema triste, es agradable ver a Shuuya y Tsubomi de peques, interactuando.
Y por supuesto muchas gracias por los comentarios, a continuación paso a responderlos.
Yin-princesa-del-olvido: Muchas gracias por tu comentario, me hizo muy feliz que te haya gustado el capítulo. Yo también espero que Tsubomi sea capaz de salvar a Ayano u.u... Espero que te guste este capítulo. Besos.
NatsyKxK: ¿Me buscaste en Google? :O ¡Me siento famosa! Es un gran halago que leas mis historias y que Tres caminos lo hayas leído tantas veces. Y está bien, te guardaré un poco de estos niños hermosos. Espero que este capítulo te haya gustado y quedo a la espera del acoso/amor. Saludos.
Muchas gracias por leer.
Hasta la próxima.
Trekumy.
