Capítulo 6:

–¿Qué haces...?

–Armo la tienda de campaña...

–Eso ya lo sé, pero... ¿Por qué en tu habitación?

–¡Porque le encontré la solución a nuestro dilema!- aseguró Shuuya con una seguridad que iba totalmente en contra del enredo de lona y varillas que ninguno de los dos sabían para qué servían.

Apenas llegó de la escuela y antes de saludarla siquiera, subió al ático por una vieja tienda de campaña que no usaron más de un par de veces. Era pequeña, para una persona, y cabía perfectamente en su habitación.

–¿Cómo puede ser una una tienda de campaña la solución a nuestro dilema?- preguntó observándolo con curiosidad, antes de percatarse de algo –¿Tenemos un dilema?

Él asintió mientras intentaba colocar una varilla dentro de otra, en un desesperado intento por que todas esas piezas cobraran algo de sentido –Tenemos que buscar un lugar donde seas capaz de dormir tranquila y no ser... ¡Waaaa!- chilló, cuando una de las varillas se zafó de su mano debido a la presión que ejercía y le golpeó el rostro.

–¡Eres demasiado torpe!- lo regañó mientras él se revolcaba por el suelo con ambas manos cubriendo su cara.

Aquella era una característica que probablemente aprendió -o heredó- de su hermana, Maki también se enfadaba cuando la veía lastimarse por cometer una estupidez. Sin embargo él no respondió, de hecho ya no estaba moviéndose y aquello logró ponerla en alerta al instante...

Se acercó preocupada y con un tono de voz bastante más suave que el anterior preguntó –¿Shuuya, estás...?

–¡¿Te asusté?!- preguntó él levantándose de golpe, logrando hacerla saltar en el sitio con aquel repentino movimiento –¡No tienes que preocuparte! Mírame, estoy completamente bien- aseguró con una enorme sonrisa de oreja a oreja y su rostro sin una sola marca.

El impulso inicial por volver a gritarle fue olvidado al observar una de las varillas en el suelo, esa que lo había golpeado, en la cual se veía algo rojo... La tomó rápidamente, antes que él fuera capaz de ocultarla y la analizó más de cerca.

–Eres un mentiroso...- murmuró sombríamente.

–¿Eh...?- preguntó el aludido, apenas dejando ver un temblor en su sonrisa.

–¡Te heriste y estás sangrando!- aseguró moviendo la varilla frente a sus ojos como una prueba irrefutable –¡Estás engañándome con tu poder! ¡Odio que siempre hagas eso!- lo regañó.

–¿Siempre...?- preguntó al tiempo que su máscara se desvanecía, y una pequeña gota de sangre aparecía en su rostro, saliendo de su nariz –Es la primer vez que uso mi poder para ocultarte algo...- aseguró viéndola con desconcierto.

No supo qué responder a eso... Era la más pura verdad, en el poco tiempo que habían compartido, él había sido muy sincero con ella... Aquellos sentimientos de frustración y resignación al verlo usar su máscara, eran producto de esos recuerdos que su mente le mostraba... No de la realidad...

–Lo siento- murmuró finalmente, dejando la varilla a un lado mientras pensaba en qué usar de esa habitación para curar la pequeña herida.

–Shuuya, voy a entrar- se escuchó desde afuera, logrando que Tsubomi activara sus ojos en el momento preciso en que la puerta comenzó a abrirse.

–¡Ayano!- la saludó él con evidente nerviosismo –¿Necesitas algo?

–Ahm... No- negó su hermana acercándose –Te escuché hablando y me preguntaba si seguías ensayando para la obra, puedo ayudarte con eso si lo deseas...- ofreció antes de percatarse de la tienda de campaña aún desarmada tras él –¿Por qué la trajiste?- señaló el revoltijo de lona y varillas.

No lo dudó ni un segundo –¡Para jugar con ella!- aseguró con su mejor máscara, aquella que mostraba una enorme y brillante sonrisa...

Esa que por algún motivo tanto le molestaba a Tsubomi...

–¡Es una gran idea!- exclamó Ayano emocionada, pero su expresión cambió de inmediato al percatarse de algo –Pero es muy pequeña... No cabemos los tres en ella... ¿Por qué no traes la grande?

–Porque no cabría en mi habitación- respondió él de inmediato –¡Pero si nos apretamos podremos caber los tres!- aseguró con tanta convicción que la convenció de inmediato.

–¡Será divertido!- aseguró ella volviendo a sonreír –¡¿Que tal si la armamos juntos?! ¡Será nuestra misión secreta!

–¡Claro!- asintió sin borrar su sonrisa, no podía negarse a una misión.

–¡Es el turno del trío dinámico!- exclamó ella señalando el cielo en su típica pose de súper heroína –¡Iré por Kousuke!- avisó antes de correr fuera de la habitación.

Shuuya exhaló más tranquilo deshaciendo su máscara unos momentos –Tendrás que tener cuidado o te des...- le indicó a su amiga, pero una toalla en su rostro le impidió continuar.

–Descuida, iré a dar una vuelta mientras ellos estén aquí- aseguró Tsubomi limpiándole el rostro.

–¿Estás segura...? ¿No quieres quedarte...? Tal vez si te muestras frente a ellos... Después de todo también son tus hermanos...

–Prefiero no arriesgarme- negó dejando la toalla a un lado cuando el rostro de Shuuya estuvo limpio –Diviértete en la misión... Tal vez con su ayuda sí puedas armarla- le sonrió de lado antes de marcharse por la misma puerta que salió Ayano.

–E-Está bien...- murmuró observando como ella se marchaba.

Algo en aquella situación no le gustaba... Dejar ir a esa chica, su hermana, se sentía realmente mal... Se sentía casi como una traición.

–Llevar una doble vida es más complicado de lo que pensé...- murmuró ocultando la toalla manchada antes que sus hermanos la vieran e hicieran más preguntas de las necesarias.


La tienda de campaña resultó un buen lugar para dormir, protegida de la vista de cualquier persona que entrara a la habitación, y lo suficientemente cómoda en el saco de dormir, que Shuuya también bajó, como para abandonarse tranquilamente al profundo sueño.

Sueño que solía llegar con mucha facilidad, la misma que tiempo atrás, cuando compartía habitación con su hermana... No lo admitiría jamás, pero escuchar la respiración de Shuuya mientras dormía, funcionaba tan bien como una nana. Una cantada por esa madre que nunca conoció... O ésta que ni siquiera sabía de su existencia...

–Maki...- murmuró con suavidad cerrando sus ojos, no era la primer vez, ni sería la última, que se dormía recordando a su hermana, su rostro, su sonrisa...

Sus gritos llenos de dolor y desesperación, llamándola, intentando alcanzarla en aquel infierno de fuego... La realidad se mezclaba con esos recuerdos existentes sólo en su mente, dándole a la imagen de su hermana una apariencia extraña, producto de la diferencia de edad en ambas visiones, y a la escena un ambiente tan aterrador que deseaba gritar.

Pero el fuego estaba por todas partes, incluso en su interior, saliendo por su boca, sus ojos, su nariz, quemando su cabello y uñas, deshaciendo todo a su alrededor, excepto aquellos gritos, excepto el rostro desfigurado de su hermana frente a ella...

–Tsu...mi...- escuchó a lo lejos, pero esa voz era demasiado suave para tener sentido. Los gritos, sus propios gritos la anulaban casi por completo –¡Tsubomi!- la voz lo intentó nuevamente.

¿Por qué esa voz lo intentaba...? ¿Por qué esa sombra se acercaba? ¿Por qué la tocaba? ¿No se daba cuenta de que se consumiría junto con ella? ¿Que perecería inevitablemente porque aquel infierno del que escapó dos veces había vuelto por ella?

–¡Tsubomi! ¡Despierta por favor!- lo primero que vio al abrir sus ojos, con un grito atorado en su garganta, fue un par de ojos dorados que la observaban con franca preocupación –¿Te sientes bien?- le preguntó él incorporándose para quedar sentado en el suelo sin dejar de verla –Estabas gritando... Demasiado...

No respondió, no podía hacer nada más que observarlo con su respiración agitada, intentando comprender qué sucedía.

–Supongo que fue un sueño terrible...- comentó él segundos después, sonriéndole comprensivamente –Pero no tienes que llorar... Ya todo terminó, estás aquí con tu hermano, ¿recuerdas?

–¿Sueño...?- preguntó observando a su alrededor, estaba dentro de la tienda de campaña, y por lo que se veía, ya era de día –¡¿Cómo que llorar?!- exclamó sentándose, mientras pasaba una mano por sus mejillas húmedas.

–¡No tiene nada de malo!- aseguró Shuuya riendo ante la expresión de confusión en su rostro –Eres una chica, es natural que llores.

–¡No hagas esos comentarios estúpidos!- lo regañó pellizcándole el brazo.

–¡Ahh! ¡Ya, ya! ¡Yo también lloro a veces!- admitió con una lágrima saliendo del rabillo de su ojo, logrando que ella finalmente lo soltara –Eres un poco violenta cuando recién te despiertas...- se quejó sobándose el brazo.

–¿Hoy tienes escuela?- le preguntó cambiando el tema, mientras se secaba las lágrimas con la manga.

–No, hoy me quedaré todo el día aquí, así no te sentirás sola~~- canturreó divertido por la expresión que automáticamente se formó en el rostro de su hermana.

–¡Yo no me siento sola!- aseguró de inmediato, cruzando sus brazos frente a su pecho.

–Sí, como tú digas- asintió dejando el asunto a un lado o se ganaría otro pellizco –. Iré a desayunar, a ver qué puedo traerte- dicho esto, y sin esperar respuesta, se marchó con esa sonrisa pegada a su rostro que le daba la apariencia de quien no tiene preocupación alguna en el mundo.

Permaneció en el lugar, esperando por él... Shuuya era sorprendentemente bueno en aquello, llevaba casi una semana viviendo en su habitación y nadie sospechaba que él ocultara algo. Si las cosas continuaban de esa forma, podría quedarse allí de por vida y jamás la descubrirían, pero, ¿aquello era lo que ella quería?

Definitivamente, no. Buscaba recuperar la familia de sus recuerdos, una madre, un padre, y sus tres hermanos... Vivir ocultándose de todos, como si fuera el cachorrito que Shuuya metió a la casa a escondidas, o peor aún, su amigo imaginario, no le resultaba nada alentador...

Sin embargo, aparecer de pronto frente a todos, hablando de realidades alternas como si estuviera loca, tampoco era una alternativa... Tanto ella como Shuuya sabían perfectamente que aquello sólo la alejaría de esa casa de inmediato, probablemente sin posibilidades de regresar... Y desde aquella óptica, ser el amigo imaginario de su hermano, no sonaba tan mal...

Él no tardó en regresar, con algo de comida, y una expresión bastante triste en su rostro.

–¿Qué sucede?- preguntó, saliendo de la tienda de campaña al verificar que era él quien había entrado.

–Hay un festival en la ciudad vecina... Quieren aprovechar el día libre, así que iremos todos a ese lugar...

Asintió –Suena divertido, ¿por qué tienes esa cara?

–¡Porque no quiero ir!- exclamó observándola intensamente, esperando que ella comprendiera, la situación, pero por como lo miraba confusa, optó por explicarse mejor –Nos iremos todo el día, así que te quedarás sola en la casa...

–¿Y...?

–¡Y yo había pensado en pasar el día aquí...! Contigo...- murmuró lo último lastimeramente –Siempre me voy y te dejo sola, encerrada en esta habitación... Creí que al menos hoy podría lograr que tu día no fuera tan aburrido.

–Tonto...- murmuró bajando la mirada, temiendo que él pudiera leer la emoción en sus ojos –Hoy se irán todos, así que no tendré que estar aquí encerrada... ¡Podré recorrer la casa entera, así que no será aburrido!- exclamó lo último volviendo a verlo con una brillante sonrisa –Disfruta del paseo, estaré perfectamente- aseguró palmeándole un par de veces el brazo.

–¿Estás segura? Puedo decirles que no iré y...

–¡Nada de eso!- exclamó empujándolo en dirección a la puerta –¡Ve y diviértete con tu familia!

–Pero...

Echarlo de su propia habitación, y no permitirle volver a entrar, fue bastante efectivo para "convencerlo", así que minutos después todos se marcharon, y la casa quedó en completo silencio...

–Supongo que ahora puedo salir...- murmuró abriendo la puerta de aquella habitación en la que pasaba casi todo su tiempo.

Era una oportunidad única, normalmente siempre habría alguien en la casa, y el rato en que Ayaka salía de compras los día de escuela, y la casa quedaba sola, era un tiempo tan variables que no podía arriesgarse a salir.

Recorrió el pasillo de la segunda planta luchando contra su curiosidad, definitivamente no debía husmear la habitación de los demás... Aquello sería muy grosero de su parte... Pero cuando pasada apenas una hora, se aburrió de explorar los sitios comunes, toda la buena educación fue olvidada en pro de lo más parecido a una aventura en que podía embarcarse dentro de esa casa.

–Si no toco nada, no habrá problema...- se dijo a sí misma antes de entrar a la habitación de Kousuke.

Observó con detenimiento el lugar, lo recordaba a la perfección, o eso creía, ya que si bien era la misma habitación de sus recuerdos, no era exactamente igual... En ésta había algunos juguetes que no conocía, los colores de las sábanas y cortinas eran más vivos, y tenía el desorden natural de la habitación de un niño...

Esto último era lo que más le sorprendía... El Kousuke de sus recuerdos siempre había sido muy tranquilo e introvertido, y sobre todo, ordenado... Él sólo jugaba cuando estaba con ellos y al terminar ponía cada cosa en su lugar tal como Ayaka le había indicado desde el inicio. Kousuke era ante todo la imagen viva de la responsabilidad...

Pero al parecer en esta realidad... La realidad, Kousuke se comportaba más distendidamente, como un niño normal... Y saber aquello le daba tristeza y alegría por igual...

Kousuke era más feliz en ese mundo en que jamás la conoció... Casualidad o no... Se sentía bastante feo...

Intentando alejar aquellos pensamientos deprimentes de su mente, continuó su recorrido, y antes de pensarlo siquiera, estaba en la habitación de Ayano.

No necesitaba ser demasiado lista para asociar, menos cantidad de hijos, con más dinero, y aquello se veía reflejado en la habitación de su hermana, donde contó unos veinte peluches de todo tipo de animalitos, más algunas muñecas, y una mona banqueta a los pies de la cama. La habitación que recordaba era sin dudas más austera que la que tenía frente a sus ojos.

Salió de allí arrastrando los pies... Más dinero o cosas no significaba más felicidad... Pero Ayano nunca la había conocido, no hasta el día en que estúpidamente apareció de la nada frente a ella llamándola hermana... Y por lo poco que había visto desde ese entonces, la chica era absolutamente feliz con la vida que tenía...

Ayano y Kousuke no echaban en falta nada, y en aquella realidad en la que no existía para ellos, sin dudas eran más felices.

De pie a mitad del pasillo, sus ojos se fijaron en esa puerta que tan bien conocía del derecho y del revés...

Por pura malsana curiosidad abrió esa puerta, la que en otra realidad pertenecía a su habitación, sabiendo perfectamente lo que encontraría... Cajas, muebles viejos y muchas telarañas... Un depósito, Shuuya se lo había dicho cuando ella preguntó...

Cerró la puerta de inmediato y corrió a refugiarse en la habitación de Shuuya, no entendiendo por qué ver aquella habitación había hecho aún más grande y pesada aquella desagradable sensación en su pecho.

Tal vez porque verlo era confirmar sin lugar a dudas que ella no existió ni existiría para ellos...

La noche la encontró en el mismo lugar, sentada en el piso en una esquina de la habitación de Shuuya, observándola con detenimiento, intentando encontrar las diferencias con la de sus recuerdos... Intentando descifrar cuanto más feliz sería él sin su presencia...

Tampoco había duda de ello, él podía tomarlo como un juego frente a ella, pero esconderla y cuidar de ella le había complicado demasiado la vida... Sin contar que lo había convertido en un mentiroso...

–Supongo que he sido muy egoísta...- murmuró finalmente secando sus lágrimas mientras se ponía de pie –Sólo he pensado en mi felicidad todo este tiempo...

Garabateó una escueta nota de despedida en un papel que encontró por ahí, y lo dejó sobre su escritorio, antes de salir de la habitación.

Con sus ojos activados y su decisión más firme que nunca se dirigió a las escaleras, la ventana de la cocina estaba abierta según recordaba, y desde el patio le sería muy sencillo saltar la cerca hasta la calle para desaparecer de sus vida para siempre.

Y lo habría hecho, si en el momento en que se disponía a bajar la escalera, no se hubiera abierto la puerta principal, llenando de ruido la casa.

–¡Finalmente llegamos! ¡Estoy muerto!- escuchó exclamar a Kenjirou, mientras se ocultaba tras los barrotes, como si aquello hiciera alguna diferencia considerando que sus ojos continuaban activos.

–¡Pero fue muy divertido!- exclamó Kousuke con latente emoción en su voz.

–Y tú lo hiciste muy bien- le dijo Ayano a su hermano dándole un par de suaves palmaditas en la espalda –Lograste controlarlo muy bien pese a todas las personas que había.

Él asintió alegremente –Te dije que ya casi lo controlo por completo.

Un fuerte estornudo detuvo la conversación de todos.

–Has estornudado varias veces- comentó Ayaka dejando su bolso sobre el sofá para acercarse a Shuuya –¿Te sientes bien?

–¿Ehh? ¡Por supuesto! ¡Estoy perfecto!- exclamó él de inmediato.

–Bueno, no te ves enfermo...- comentó la mujer más tranquila –Tal vez sólo sea alergia a algo, pero por si acaso intenta no gastar demasiadas energías en lo que queda del día.

–¡Sí, mamá Ayaka!- asintió sonriendo –Voy a quedarme un rato en mi habitación- le avisó antes de correr hacia las escaleras.

Le cedió el tiempo justo para que entrara y cerrara la puerta tras él, antes de acorralarlo contra ésta.

–¡No le mientas a tu madre!- lo regañó, poniendo una mano sobre su frente sin darle tiempo a rechazar el contacto –¡Estás ardiendo! ¿Qué esperas conseguir fingiendo que no te sientes mal?

–No preocuparlos...- respondió sinceramente, ya sin energías para continuar manteniendo su máscara –¿Qué hiciste todas estas horas sola?

–¡Pensar en lo tonto que eres!- lo regañó tirando de él hasta obligarlo a acostarse –¡Te ves realmente mal! ¿Crees que no van a notar lo enfermo que estás?

–Nunca lo notan- respondió quitándose las mantas con las que Tsubomi acababa de cubrirlo.

–¡Pues eso se terminó!- sentenció volviendo a arroparlo a la fuerza –¡No te muevas!- le ordenó antes de tomar la pelotita de goma con la que solía pasar horas jugando cuando estaba sola, y salir.

–¿Qué vas a hacer...?- preguntó él débilmente, pero ella ya no estaba.


–¿Qué es eso...?- preguntó Ayaka, sentada en el sofá de la sala junto con Kousuke, mientras observaba una pelotita cayendo por la escalera, botando peldaño tras peldaño.

Madre e hijo se apresuraron a levantarse en un intento por encontrar al responsable de aquello, pero en lo alto de la escalera no había nadie.

–¿Un fantasma...?- preguntó Kousuke, observando con sus ojos muy abiertos como la pelotita, ya en el piso, rodaba hasta perderse bajo uno de los muebles.

–No es eso, alguien debió arrojarla, iré a ver...

–Ten cuidado mamá- murmuró el niño volviendo a sentarse en el sofá algo inseguro.

–Tranquilo no pasa nada- aseguró ella antes de subir.

Al llegar al segundo piso, pudo ver con claridad como la puerta de la habitación de Shuuya se cerraba con bastante fuerza.

–Este niño...- murmuró negando, mientras se dirigía hacia esa puerta –Shuuya, ya te he dicho que no juegues con eso dentro de...- el regaño se quedó atorado en su garganta al entrar a la habitación y ver a su hijo acostado y con una pinta terrible –Oh cielos...- murmuró acercándose para tomarle la temperatura –Debiste decirme que te sentías mal, cariño...

–Lo siento...- respondió él dejando de manifiesto en la debilidad de su voz, lo mal que se sentía.

–Está bien, mi niño- respondió sacando su pijama del armario –. Cámbiate, iré por algo de medicina y un paño fresco- le indicó antes de marcharse.


Pasada medianoche, todas las luces de la casa estaban apagadas, a excepción de la lámpara de noche de Shuuya. Él dormía en su cama, quejándose levemente por el malestar.

Ayano, que había insistido en cuidar de él, yacía dormida a su lado, sentada en el piso, con medio cuerpo sobre la cama. La pobre no aguantó ni media hora despierta en esa penumbra y silencio.

Cuando en un movimiento algo brusco, la tela sobre la frente de Shuuya cayó, Tsubomi salió del rincón en el que estaba oculta, para volver a refrescar el paño y devolverlo a su sitio, obteniendo como respuesta un suspiro aliviado por parte del chico. Y arriesgándose a ser descubierta, tomó una manta del armario para cubrir a Ayano con ella.

De alguna forma, ser capaz de estar ahí, colaborando con esas nimiedades, le hacía sentir bien... Si quedándose en esa casa, podía cuidar de ellos, así fuera desde las sombras, entonces su existencia tendía un sentido...

Con algo muy parecido a alegría, tomó la hoja que había dejado horas antes en el escritorio de su hermano, y la rompió arrojando los trozos a la papelera.

Era un hecho, permanecería en esa casa, ya que sólo así sería capaz de proteger de su familia.

Continuará...

¡Hola a todos!, antes que nada pido disculpas por tardarme tanto con esta actualización. Culpo a mis parciales, ellos tienen la culpa de todo lo que yo hago mal :P Espero volver a tomar ritmo con las actualizaciones de ahora en más.

Realmente planeaba que este capítulo fuera un poco más allá en la historia, pero se iba a alargar demasiado, y si bien no pasó demasiado, pues... Quedaba bien cortarlo aquí.

Estuve pensando bastante en lo que me comentaron al final de "Pesadilla", y yo también he pensado en que sería una buena precuela de esta historia, y si bien no planeo llevar esta por caminos tan oscuros como los de Pesadilla, la idea no es mala.

Sin más dilación paso a responder los comentarios:

Yin-princesa-del-olvido: Hola, ¡tanto tiempo! Se te extraña por aquí... Adoro que te guste, y es verdad que Shuuya es bastante maduro, y luego de ver el manga y las novelas, lo veo como alguien realmente maduro de pequeño, creo que durante la etapa del orfanato, él era el cable a tierra de los otros dos. Gracias por comentar. Besos.

Anónimo: Gracias por tu paciencia... Esta vez sí que la puse a prueba. Y sí es feo para Tsubomi saberse en esa situación, lo mismo para Shuuya que probablemente está sufriendo tanto como su hermana, intentando encontrar la forma de devolverle esa familia que el destino no quiso que se formara. Y es muy cierto, mientras se mantengan juntos, todo irá bien... Espero. Muchas gracias por el comentario, me hizo muy feliz :D

Pame chan 42: Como habrás visto en este capítulo tomé muy en cuenta tu comentario, y es que diste en el clavo respecto a lo que quería mostrar... Al no estar Tsubomi dándole lata con lo del keigo, y tenerse sólo ellos dos para sobrevivir en el orfanato, lo hizo más pegado a Shuuya y con ello un poco más alegre y despreocupado. Me encantó que lo notaras. Muchísimas gracias por el comentario, probablemente no habría ahondado tanto en aquello si no hubiera sido por tus palabras. Besos.

A continuación pegaré un aviso que vengo pegando en todas mis actualizaciones, así que si ya lo leíste, sáltate el siguiente párrafo.

Por cierto, antes de irme les comento que hay una loca loca idea dando vueltas en mi cabeza. Pero para poder llevarla a cabo me di cuenta de que necesito un medio de comunicación menos asíncrono que este, por eso y porque la verdad en mi cuenta original de facebook tengo a colegas del trabajo, alumnos, y familia, me creé una especialmente para ser yo misma... Es decir poder shippear sin preocuparme de lo raro que me verán al otro día y subir avisos de mis publicaciones y demás tonterías... Como acá no puedo compartir enlaces, dejé el enlace a esta cuenta en mi perfil, así que si alguien gusta agregarme como amiga sería genial. Amo charlar de KP, escritura y demás divagues en mi tiempo libre, y tomaré esa cuenta como una forma de comunicación con ustedes. Para terminar este aburrido monólogo les aviso que pondré este párrafo las siguientes actualizaciones que realice... (unas tres o cuatro más) Para llegar a más gente.

Sin más me despido.

Hasta la próxima.

Trekumy.