Capítulo 7.
–Shuuya...- lo llamó Ayano.
Acababa de despertar, y apenas abrió sus ojos se encontró con el rostro de su hermana –Hola...- la saludó aún débil, pero sintiendo que el malestar de la noche anterior, ya no existía –¿Te quedaste aquí conmigo?- preguntó sonriendo conmovido... Ayano era muy dulce y maternal, adoraba esa parte de ella.
–Sí... Lo siento, me quedé dormida... ¿Te sientes mejor?- le preguntó quitándole el trapo de la frente y tomándole la temperatura.
–Sí, ya estoy bien- asintió él –, aunque me siento un poco cansado.
–No te preocupes, le diré a mamá que hoy no irás a clase- aseguró ella intentando reconfortarlo con su sonrisa –¡Ahora sólo preocúpate por descansar!
–Gracias Ayano- murmuró girándose en la cama para seguir durmiendo.
–Emm... Shuuya, ¿tú...?- comenzó a decir ella insegura, ya que si él quería descansar debería permitírselo, pero en cuanto su hermano volvió a girarse viéndola con expresión de intriga, decidió continuar –¿Tú me cubriste con esta manta?- le preguntó enseñándole la tela.
–¿Eh...? No...- negó confundido.
–Debió ser mamá entonces...- dedujo, guardando el abrigo en el armario –Duerme, bien... Nos vemos en la tarde- se despidió y salió de la habitación con su ánimo intacto a pesar de haber dormido en una posición tan incómoda.
Shuuya se giró nuevamente, sonriendo al pensar en las energías que tenía Ayano, pero no llegó a cerrar sus ojos cuando su cerebro, ya un poco más despierto, ató cabos.
Se bajó de la cama, fue hasta la tienda de campaña, y tal como lo imaginó, la encontró dormida dentro. La sacudió levemente pero Tsubomi no daba señales de querer despertar, y tomando en cuenta que su hermanita solía despertar con los primeros rayos de luz, que su sueño fuera tan pesado en plena mañana sólo podía significar una cosa...
–Así que no dormiste por cuidarme...- dijo en voz baja, sonriendo estúpidamente... Saber aquello le entibiaba el alma por algún motivo.
Retornó a su cama pensando en lo dulce que fue al cubrir a Ayano con una manta, y cambiar el trapo en su frente, que al despertar seguía bastante húmedo, prueba inequívoca de que había sido humedecido minutos antes.
No necesitó más que volver a apoyar la cabeza sobre la almohada para quedarse dormido, con aquel sentimiento en su pecho que le regaló los más bonitos sueños.
–¡No deberías estar levantado!- lo regañó poniendo los brazos en jarra, dándole la apariencia de una chica mucho más grande de lo que era.
–¡Pero ya me siento bien! Estar todo el día acostado es aburrido...- volteó a verla un momento antes de concentrarse en su trabajo nuevamente –Además quiero terminar esto...
–No entiendo qué intentas hacerle a ese calcetín- murmuró ella observando como él rellenaba la prenda con algodón.
–Cuando termine te lo diré~
Resignada, se recostó en la cama de su hermano y se dedicó a escuchar música en su celular, desde el día en que Shuuya le prestó el aparato por primer vez, se podría decir que se hizo adicta a la música.
No era como si no escuchara música antes que eso, pero la música ocasional en aquella mansión emitida por alguno de los pianos dispersos por los diferentes pisos de la misma siempre se le había hecho monótona y lúgubre.
Sin embargo aquel aparato estaba repleto de tonos vibrantes llenos de alegría acompañados por voces de distintos colores y tonalidades que narraban historias de todo tipo, si esa no era la combinación perfecta, ¿qué lo era?
No supo cuanto tiempo pasó, en el momento en que la voz de Shuuya, más fuerte de lo usual la despertó.
–¡Ya estoy bien mamá! ¡No tienes que entrar!- a pesar de no entender bien el significado de las palabras, al abrir sus ojos, y observar la expresión de pánico de su hermano, sosteniendo la puerta que su madre intentaba abrir, comprendió que estaban en problemas.
–¡Shuuya, por última vez! ¡Déjame entrar!- ordenó Ayaka desde el otro lado, se escuchaba sorprendida y preocupada por la extraña actitud de su hijo.
Activó sus ojos al instante, y siguiendo un instinto bastante tonto rodó hasta el borde de la cama cayendo al suelo –¡Uhh!- se quejó en voz baja, antes de volver a rodar hacia debajo del mueble.
Ignoró por completo la conversación entre Shuuya y Ayaka una vez que éste la dejó entrar, en esos momentos todos sus sentidos estaban alerta, observando una enorme araña frente a ella. No era fobia, pero tener un bicho de esa magnitud a pocos centímetros de su rostro la había paralizado por completo, lo cual era una ventaja, porque de otra forma su grito se hubiera escuchado en tres cuadras a la redonda.
–Hey... Tsubomi...- sintió como su hermano la llamaba una vez que Ayaka se marchó –Ya puedes salir.
Por fortuna aquello la sacó de esa especie de trance en que había caído, se arrastró fuera de ese lugar a toda velocidad, incorporándose de inmediato en cuanto pudo, con su corazón latiendo a mil y su respiración agitada –¡¿Cuántas veces te he dicho que limpies debajo de tu cama?!- le reclamó a viva voz sin importarle si era escuchada por alguien.
–Ehh... Ninguna...- respondió él dando un par de pasos hacia atrás.
–¡Pues límpialo!- ordenó señalando aquel terrible lugar al que esperaba nunca tener que regresar.
–Sí, sí, luego...- le restó importancia, observando divertido como ella se quitaba algunas telarañas del cabello con expresión de asco y se sacudía el polvo de la ropa –¡Ya terminé mi sorpresa! ¿Quieres verla?
–¿El calcetín?- preguntó olvidando por un momento el mal momento que vivió con la araña.
–¡Ya no es un calcetín! ¡Mira!- se lo enseñó, y por fortuna reprimió el impulso inicial de preguntarle qué era esa cosa –¡Es un muñeco! Puedes ponerle nombre- se lo ofreció.
–Ahh...- asintió insegura aún sin tomarlo, analizando la forma del "muñeco".
Luego de varios segundos dedujo que las dos bolas en las que había sido dividido el calcetín eran probablemente la cabeza y el cuerpo del muñeco, y los botones en una de las bolas sus ojos... Tardó un poco más en comprender que esa línea insegura y temblorosa hecha con marcador era la boca, y que dos rayas más en la otra bola eran sus brazos.
–No tiene piernas...- comentó observándolo, esperando haber comprendido bien la forma de esa cosa.
–No supe como hacerlas...- se encogió de hombros –Pero tómalo, es tuyo.
–¿Mío...?- preguntó sosteniendo el muñeco que no pesaba nada y daba aún más miedo que aquella arañota –¿Por qué...?
–Es un regalo por haberme cuidado toda la noche- declaró orgullosamente –. La semana pasada nos enseñaron en la escuela como hacerlos, pero aquel lo tiré camino a casa porque era feo, ¡este quedó mucho mejor!
Volvió a mirar al muñeco preguntándose qué aberración salida de los infiernos podía quedar peor que aquello. Sin embargo él le había dedicado horas a su creación, estando aún enfermo, y todo para agradecerle algo que hizo por simple instinto.
Aquello era tierno por donde se lo mirara... No como el muñeco que seguía viéndose horrible.
–Gracias...- le sonrió sinceramente –Lo llamaré... Chof...- jamás ni bajo tortura le revelaría que ese nombre era un acrónimo para "Cosa horriblemente fea", el único nombre en el que podía pensar al verlo.
–¡Me alegra que te haya gustado!- exclamó él, realmente feliz.
"¿Y yo cuándo le dije que me gustara...?" se preguntó yendo a dejar el muñeco en su refugio, era una buena forma de protegerlo y esconderlo al mismo tiempo.
Esa noche comprendería que no fue buena idea, ya que al irse a dormir se topó de frente con aquella cosa que había olvidado por completo y probablemente le provocaría pesadillas...
Sin embargo, con toda su fealdad aquel "muñeco" era su única pertenencia... Ni la ropa que usaba, ni la toalla con la que se secaba, ni siquiera la comida que comía, habían sido destinadas a ella... Desde la muerte de su hermana, lo único suyo realmente además de su cuerpo, era ese muñeco...
Y al contrario que su cuerpo... Ese muñeco no era casi un fantasma que podría desaparecer en cualquier momento...
En otras palabras, Shuuya le había regalado mucho más que un muñeco deforme, le había regalado una prueba de su existencia... Y aquello era invaluable...
Abrazó al pequeño Chof, sintiéndose feliz, observándolo con cariño, cariño que por muy grande que fuera, no era capaz de hacerlo ver ni medianamente lindo...
–¡Qué feo eres...!- le susurró, riendo con suavidad para no despertar a su hermano.
El fin de semana llegó nuevamente, y con él, una maratón de películas de terror para los tres hermanos, maratón que Shhuya esperaba con ansias.
–No puedo creer que nunca hayas visto una película de terror- comentó él tomando una manta de su armario, sabía perfectamente que terminarían quedando dormidos en el sofá de la sala.
–Maki decía que esas películas eran estúpidas, y tampoco teníamos televisor en nuestro apartamento, así que...- se encogió de hombros.
–¡¿Estúpidas?! ¡Pero si son las mejores películas que existen! ¡Tienes que venir con nosotros a verlas!
–¡¿Te volviste loco?! ¡Van a descubrirme!- exclamó, tal vez demasiado alto.
–¡Para eso tienes el poder de desaparecer!
–Pero no puedo mantenerlo por mucho tiempo, y ustedes planean pasar toda la noche así...
–No te preocupes, estarán todas las luces apagadas, sólo quédate un poco atrás y nadie te verá- le restó importancia tomando su brazo –¡Vamos o nos perderemos el inicio de la película!
Exhaló resignada dejándose arrastrar, estaba arriesgándose demasiado con aquello... Pero en el fondo, realmente anhelaba pasar un poco de tiempo con los tres...
No sería como en sus recuerdos, ellos no sabrían de su existencia, pero al menos técnicamente... Los cuatro estarían haciendo una actividad de hermanos...
Era algo...
Ya en la sala, escuchando a Ayano y Kousuke comentar detalles de la película que verían en cuestión de minutos, con su poder activado, se acomodó en el piso, detrás del sofá, sintiendo una enorme nostalgia y felicidad, al ser capaz de compartir tiempo con ellos al menos unas horas.
Shuuya, no tuvo problemas en arrojarle una bolsa de snacks sin que sus hermanos se dieran cuenta, y mientras ella intentaba coordinar sus movimientos para abrirla al tiempo que los demás, en un intento por no llamar su atención con el sonido, la película comenzó.
Había visto un par de películas en su vida, pero ésta era mucho más interesante desde el principio. El ambiente oscuro, el crujir de la madera de aquella casa abandonada en la que los protagonistas se adentraron, la banda sonora tan misteriosa, y una historia profunda y un poco triste, todo aquello la atrapó al instante…
Aunque compenetrada en la trama, no podía evitar observar con diversión y ternura como Ayano abrazaba a sus hermanos susurrándoles que no tuvieran miedo, que ella los protegería. Desde su posición no podía verlo, pero se hacía una clara idea de como Kousuke debió estrechar el abrazo al momento de susurrarle un "Y yo a ti".
Shuuya por su parte declaraba orgullosamente que nada lo asustaba, en el momento en que se dio lugar el primer gran susto de la película. Cuatro gritos de terror acompañaron la aparición del feo rostro que ocupaba toda la pantalla y ese sonido inesperado.
Aún no el todo recuperados del susto inicial, los tres que estaban en el sofá voltearon a verla, dos rostros aterrados, y uno desesperado la observaban.
En ese preciso momento no estaba segura de sí sus ojos continuaban activos o no, así que en un acto reflejo huyó escaleras arriba a esconderse tras la primer puerta que encontró.
–¿Q-Qué fue ese grito...?- preguntó Kousuke al borde de las lágrimas.
–No lo sé, pero vino de atrás...- murmuró Ayano observando la bolsa de snacks a medio comer en el suelo.
–No sé de que hablan, yo no escuché nada- negó Shuuya sonriendo con naturalidad, su máscara activa y la certeza de que debía cambiar el tema lo antes posible.
Si sus hermanos sospechaban algo, sería desastroso, aún no había encontrado el momento justo para presentarles a Tsubomi, no podían darse el lujo de correr riesgos.
–¿U-Un fantasma...?- murmuró Kousuke haciéndose una bolita en el sofá.
–N-No lo creo... L-Los fantasmas no existen...- aseguró Ayano intentando mostrar una seguridad que claramente no sentía.
–¡Claro que no existen!- aseguró, caminando hasta bolsa y levantándola –Creo que la lancé sin querer cuando me asusté- explicó encogiéndose de hombros –Este debió ser el ruido que escuchamos.
–Que raro que esa bolsa hiciera un sonido tan parecido al de un grito...- comentó Ayano pensativa.
Aquello lo tranquilizó, Ayano había creído su mentira, pero casi se le detuvo el corazón cuando vio claramente como los ojos de Kousuke, enfocados directamente en él, destellaban en un carmesí profundo a pesar de la oscuridad.
–¡Kousuke!- lo regañó Ayano, logrando con eso que su hermano desactivara su poder al instante –No uses tus poderes en una situación como esta, si Shuuya dice que eso pasó, entonces debemos creer en él.
–Lo siento...- se disculpó el aludido bajando la mirada apenado.
Regresó al sofá sintiéndose algo culpable por mentirles de esa forma pero, ¿qué alternativa había? –Continuemos viendo- sugirió sentándose a un lado de Ayano, siendo atrapado de inmediato al igual que Kousuke en el protector abrazo de la mayor.
No pasó desapercibido para él, la forma en que Kousuke lo miró de reojo antes de volver su mirada a la pantalla, ese solo gesto logró martirizarlo el resto de la película.
Pero había otra cosa que le preocupaba, y lo mantuvo completamente ajeno al desarrollo del resto de la película; Tsubomi...
Era su primer película de terror, aquel rostro horrible la había aterrado, y en esos momentos estaba sola en algún lugar de la casa probablemente muerta de miedo. Sentía deseos de correr a buscarla, pero con la situación como estaba, eso lo haría parecer aún más sospechoso, sobre todo a los ojos de Kousuke.
Por fortuna su maratón no duró más que una película y media, como de costumbre, en cuanto la segunda película se puso un poco lenta, sus hermanos se quedaron profundamente dormidos. Y como siempre, él se dedicó a arroparlos con la manta que llevó y apagar el televisor.
Sin embargo esta vez no regresó al sofá a dormir con ellos, en puntillas de pie subió las escaleras y se dirigió al lugar en que seguramente la encontraría.
–Tsubomi...- la llamó entrando a su propia habitación y encendiendo la luz –Lo siento, no pude venir hasta ahora...- se disculpó abriendo la tienda de campaña en la que seguramente estaría escondida –¡Tu grito se escuchó muy diver...!- se detuvo a mitad de la frase –¿Chof?
En efecto, el único que estaba dentro de la tienda era el muñeco, y ahora que lo pensaba, ella nunca le había dicho por qué lo bautizó con un nombre tan raro, pero no era momento de pensar en eso.
Salió de la habitación y recorrió los lugares comunes de la casa, el baño, la cocina, el estudio de sus padres, incluso la buscó en el patio, pero no estaba en ningún sitio.
Regresó al piso de arriba preocupado, Tsubomi no se metería en un problema tan grande como ocultarse en la habitación de sus padres con ellos durmiendo dentro, y era improbable que lo hiciera en la de sus hermanos, entonces vio aquella puerta...
Ella le había contado que en esa otra realidad, de la que solía hablar con tanta añoranza, el cuarto que usaban como depósito era su habitación, sin pensárselo dos veces abrió la puerta y entró al lugar.
Intentó encender la luz, pero luego de presionar el interruptor cinco veces sin efecto alguno, se dio por vencido.
–Ay viejo... Mamá Ayaka te dijo que cambiaras el foco hace varios meses...- comentó para sí mismo adentrándose en el lugar aún a oscuras –Tsubomi, ¿estás aquí?- preguntó viendo a todos lados en un intento por ajustar sus ojos a la penumbra, esa tenue luz de luna que se colaba por la ventana no era de mucha ayuda.
Se adentró un poco más, y comenzó a revisar entre las cajas, ella tenía que estar allí y él tenía que ser capaz de encontrarla. En eso pensaba cuando una corriente de aire venida de algún sitio cerró la puerta, haciéndolo saltar por la impresión, por fortuna logró reprimir un chillido.
Caminó hacia la puerta con la intensión de volver a abrirla, no tenía relación con que lo que estaba sucediendo se pareciera demasiado a una de las escenas de aquella película, pero se sentía más seguro si la puerta se mantenía abierta.
Detuvo su camino cuando un sollozo quedo llegó a sus oídos, tragó duro sintiendo un escalofrío recorrer su espina y giró en esa dirección.
Por fortuna en lugar de una niña fantasma en camisón, lo que encontró fue a su hermanita, hecha una bolita, con sus manos cubriendo sus oídos y sus ojos fuertemente cerrados.
–Tranquila...- le habló con suavidad, relajándose la instante mientras se arrodillaba frente a ella –Esos fantasmas y monstruos no existen, sólo fue una película...- le recordó tomando sus brazos y obligándola a destapar sus oídos.
Aquella mirada llena de temor, las lágrimas que bajaban por sus mejillas y su respiración agitada la hacían ver tan indefensa, tan diferente a la Tsubomi fuerte, independiente y un poco violenta que él conocía...
No lo resistió, la abrazó con fuerza en un intento por confortarla, en cuanto ella respondió el abrazo, se percató de que era la primer vez que estaban tan cerca. Era tibia y suavecita, y sus abrazos lo hacían sentir muy bien, como si en esos momentos fuera capaz de protegerla de cualquier cosa...
En ese momento una parte bastante egoísta en su interior lo decidió; buscaría más de esos abrazos, así tuviera que obligarla a ver películas de terror, para luego ser capaz de envolverla en sus brazos y recordarle que él siempre estaría allí para ella.
Se quedaron un rato más así, hasta que finalmente se sintió más calmada.
–Me vieron, ¿cierto...?- preguntó Tsubomi separándose lentamente con un leve sonrojo en su rostro.
–¡Claro que no!- negó de inmediato sonriéndole –Todo está bien, no sospechan nada.
–Pero, ellos... Ustedes estaban viéndome de esa forma...
–Estaba viendo a dónde sabía que estabas, pero no podía verte en realidad y estoy seguro que ellos tampoco- explicó levantándose y extendiéndole su mano –. Tu poder es muy efectivo en situaciones como esa, sólo espero que no lo mejores hasta el punto en que ya no pueda encontrarte.
–No creo que pueda llegar a ese nivel...- murmuró aceptando la ayuda para ponerse de pie.
Sonrió complacido, al menos ahora su hermana pensaba en otra cosa –Si eso pasa entonces tendré que volverme aún más bueno en encontrarte- aseguró conduciéndola fuera de esa habitación.
–Te oyes como un acosador...- susurró Tsubomi ya en el pasillo, cuidando no despertar a nadie.
Se limitó a reír levemente, algo en aquella situación le hacía feliz...
Un abrazo, seguido por el corto camino a su habitación con sus manos unidas, la sensación de haberla salvado de la oscuridad y el temor, de haber sido su protector, y quizás la única persona en el mundo capaz de encontrarla... Eran muchas cosas para no tener bonitos sueños esa noche...
Esperaba que ella también los tuviera...
La última noche de verano había llegado finalmente, y esa madrugada, mientras todos en la casa dormían, fue arrastrada por Shuuya al jardín.
–Sigo creyendo que esto es un poco peligroso...- comentó sentada en el pasto, sintiendo la ligera brisa que mecía su cabello que aún no llegaba a rozarle los hombros.
–Hace casi un mes que estás aquí y apenas si has asomado la nariz fuera, no podemos dejar pasar el verano sin una pijamada al aire libre- aseguró su hermano recostado en el pasto, observando las estrellas con emoción –. Antes, Ayano, Kousuke y yo armábamos la tienda de campaña grande aquí y pasábamos la noche acampando, es muy divertido...- respiró hondo con sus ojos cerrados –Debe ser genial poder dormir bajo las estrellas todos los días.
Lo miró de reojo –No siempre hay estrellas...- comentó apoyándose en sus hombros, para observar el cielo –Dormir a la intemperie apesta, no desees algo como eso.
La mirada de Shuuya se dirigió a ella al instante –Es cierto, ¿cuánto tiempo pasaste durmiendo en la calle...?
–Demasiado para mi gusto...- respondió desinteresadamente –En la ciudad no se ven las estrellas, sólo hay frío, un suelo muy duro, y demasiadas personas pasando cerca como para que alguien sea capaz de dormir tranquilamente...
–Lo siento... No quería hacerte recordar eso...- murmuró quedo, volviendo a mirar las estrellas –Yo también dormía en el suelo...- comentó después de un minuto de silencio –En mi casa, la primera...
–¿No tenías una cama...?- preguntó ella girándose un poco hacia él para observarlo con atención, él se limitó a negar –¿Tu familia era muy pobre?
–Supongo... Nunca pensé que algún día tendría toda una habitación para mí solo... Es muy agradable vivir en esta casa, pero... Desearía seguir viviendo allí... Con mi mamá...
Aquellas palabras le dolieron en el alma, él siempre se mostraba tan alegre que parecía casi imposible que fuera un niño con tanto dolor en su interior.
–Ojalá ese maldito día no existiera...- murmuró ella recordando el incendio de la mansión, sabiendo perfectamente que fue la fecha exacta en que él perdió a su madre aunque en esa realidad nunca hubieran hablado del tema.
–¿Tu primer casa era un lugar muy lujoso?- preguntó él, según recordaba en algún momento mencionó haber vivido en una mansión.
–Sí, pero no querría regresar... Era un lugar sombrío y aterrador, la única persona que me quería allí era mi hermana...- al decir esas palabras no pudo evitar hacer una analogía con el presente, al parecer estaba destinada a vivir dependiendo de una única persona que velara por ella y la protegiera...
–Y... ¿Tu mamá...?- preguntó tentativamente girándose también para verla a los ojos.
–Mi mamá... Yo no...- comenzó a responder, pero el sonido de la puerta trasera de la casa abriéndose la interrumpió.
–¡Shuuya! ¡Aléjate de ese fantasma!- la suplicante voz de Kousuke resonó tras ellos.
Continuará.
Esta vez me pasé mucho en el plazo de entrega de este capítulo, realmente lo siento, sé que no es excusa pero tengo mis excusas bien preparadas aquí en estas tarjetas... (xD)
A algunos ya les he comentado, pero para el resto les cuento que estoy en el último año de la carrera, cursando 13 asignaturas anuales y el año lectivo terminaría teóricamente (porque siempre se retrasa un poco) en octubre, así que se imaginarán que estoy hasta el cuello de obligatorios y parciales finales. Y si fuera sólo eso ok, pero yo tengo la mala costumbre de enfermarme muy seguido, ahora estoy saliendo de una gastroenterocolitis que me tuvo días casi sin comer y recién hoy logré andar normalmente sin marearme, así que este capítulo es producto de las nauseas y el dolor de cabeza. Por todo esto y porque estuve sin inspiración el capítulo se retrasó, y por lo dicho antes calculo que la situación se mantendrá hasta principios de noviembre.
Ya hecho mi descargo, paso a hablar del capítulo... Debido a los spoilers de la séptima novela que consumí al derecho y al revés porque se trata de mi idolatrada líder, dudé si modificar los capítulos anteriores para cambiarle el nombre a la hermana de Tsubomi por el que ahora es canon, finalmente me decanté por mantener todo como estaba, ya para los siguientes fics tomaré esa versión. De hecho tengo muchas cosas en mente con las revelaciones de la novela, pero temo hacer mucho spoiler escribiendo sobre eso, así que esperaré un tiempo.
En fin, espero que el capítulo les haya gustado, yo creo que con dolor de cabeza no escribo nada bien, pero realmente es un capítulo de transición, porque ahora sí se viene lo bueno... En cuanto termine los estudios intentaré hacerme un Chof, y si queda algo parecido al que me imagino, le tomaré una foto para mostrarles, claro que si alguien tiene uno sería genial compartirlo, para cosas como esas tengo el facebook...
Muchas gracias a todos por pasarse por aquí y siempre darme su apoyo y buenas vibras, sin más dilación paso a responder los comentarios.
Ryuunoko: ¡Aww! Bienvenida a este fic. Es tan tierno que digas que soy lo que te mantiene en el fandom, me hace muy feliz. Me alegra que te guste como se desarrollan las cosas, pensar en como sería todo sin Tsubomi allí es muy divertido y a la vez desafiante. Me gustó mucho la teoría alternativa en la cual Tsubomi se convierte en la líder de una mafia, la imagino siendo adoptada por un mafioso, y criada en ese contexto, adquiriendo el título una vez que su padre muere... Sería interesante la personalidad que adquiriría en aquel contexto... Mmm... Me gusta... Y tranquila, le robarán ropa a Seto... Ellos crecerán más o menos igual, hasta que ella se estanque y Seto siga unos centímetros más.
Mi teoría es que al poseer sus recuerdos de esa otra realidad, ya al adquirir sus poderes poseía cierta teoría con la que manejarlos más fácilmente, sin contar que es más grande que en la otra realidad y eso también ayuda, y aunque aún no puede controlarlos al 100% ni extenderlos más allá de sí misma, fue muy útil en su situación.
Ojalá pudiera volver a los capítulos diarios, pero ya expliqué arriba mi situación actual, espero poder retomar ritmo en poco más de un mes... Hasta entonces tendremos que lidiar con la ansiedad (a mí también me pone nerviosa pasar mucho sin actualizar). Muchísimas gracias por el comentario. Besos.
Yin-princesa-del-olvido: Y Kido sigue muerta en el manga... Y si lees la séptima novela... ¡Nada no dije nada! ¡Esto no tienen nada que ver con que matar a la líder se haya vuelto deporte nacional para Jin! Muchísimas gracias por el comentario, espero que este capítulo te haya gustado. Besos.
Jeffy Iha: Yo también te extrañaba, por cierto, me encanta el fic del mago... Tengo que dejarte otro comentario. Sí, a mí también me preocupa lo poco creíble que es que tengan a Tsubomi en la casa y nadie la detecte, pero como ves, ya no será tan así. Y sí, creo que su instinto está por encima de todo, ella va a proteger a su familia de una forma u otra, aunque en este capítulo no se haya reflejado mucho, ya lo hará, creo... Kano es un terroncito de azúcar algunas veces, me encanta hacerlo tan dulce de peque, cuando no tenía mil y un secretos que esconder de todos... Aunque ahora sí tiene un secretito que esconder, no es lo mismo, este secreto no lo está comiendo por dentro... Este secreto hasta lo hace un poco feliz. Muchas gracias por el comentario, nos vemos.
Muchas gracias a todos por leer.
Hasta la próxima.
Trekumy.
