Capítulo 8.
–¿Qué fantasma...?– preguntó Shuuya riendo nerviosamente –Aquí no hay ningún fantasma...
Tal vez, sólo tal vez, le habría sido más fácil convencerlo, si a su lado estática y con expresión de haber sido descubierta, su hermana no hubiera activado su poder parcialmente, desapareciendo únicamente la mitad inferior de su cuerpo.
–¡Ahhh! ¡Tsubomi no hagas eso!– la regañó, sacándola del trance, y viéndola desaparecer frente a él por completo.
–¡E-Ese fantasma!– respondió su hermano señalando el lugar donde antes estaba ella.
Exhaló resignado –Anda, Kousuke ya te vio, aprovechemos la oportunidad para presentarte– le dijo a su hermana tomando su brazo y haciéndola visible frente al castaño, que dio un respingo al verla aparecer nuevamente.
–P-Pero...– murmuró Tsubomi sin atreverse a mirar a Kousuke, no la culpaba, ser llamada fantasma por su propio hermano, debía doler.
–Por favor– le dijo tranquilamente, antes de volver a mirar a su hermano –. Ven Kousuke, tenemos mucho que contarte.
–N-No– negó el aludido de inmediato, temblando como una hoja aferrado al marco de la puerta –. N-No me voy a acercar a ese fantasma.
–No es un fantasma, se llama Tsubomi y aunque no la recuerdes, es nuestra hermana– le explicó.
–¡Si lo dices así se oye como una locura!– lo regañó Tsubomi.
–No es tan diferente a lo que tú me dijiste la primer vez que nos vimos...– se defendió.
–Eso no es cierto– negó ella.
–Bueno, ¡eso no importa!– exclamó antes de perderse en una típica discusión de "si y no" –Kousuke, lo que sucede es...– al regresar su atención al frente, lo único que vio fue la puerta abierta y ni rastro de su hermano –¡No me digas que se fue!
–¡Es terrible! ¡Le va a decir a todos! ¡Me van a enviar a un orfanato!– exclamó ella descontrolándose.
–¡Nada de eso! ¡Vamos tras él!– exclamó corriendo hacia el interior de la casa, aún sin soltar el brazo de su hermana.
Corrieron escaleras arribas, siendo testigos, apenas pusieron un pie en el corredor, de como la puerta de la habitación de Seto se cerraba. La guió frente a esa puerta e intentó entrar, pero el cerrojo estaba puesto.
–Seto, por favor ábrenos– le pidió dando un par de suaves golpes en su puerta.
–¡No!
–¡Vamos Seto, no seas terco! ¡Tenemos que aclarar esto!
–¡No quiero estar cerca del fantasma! ¡Y tú deberías alejarte también! ¡Podría poseerte como en esa película!– la voz de su hermano al otro lado de la puerta se escuchaba muy segura.
No quería reírse pero no pudo evitarlo –¡No digas tonterías!– volvió a golpear la madera –¡Anda abre! ¡Al menos a mí!
En ese momento sintió el forcejeo de Tsubomi por soltarse del agarre, no comprendió el motivo hasta que una parte del oscuro pasillo se iluminó al abrirse la puerta de sus padres.
Debía admitir que fue muy estúpido al quedarse viendo como la silueta de Ayaka se dibujaba en la sombra del piso, aún aferrado al brazo de Tsubomi... Y admitiría también que aquella patada en su pierna, que lo dejó saltando en un pie mientras se quejaba de dolor, se la merecía.
–¡Shuuya, ¿qué está pasando?!– exclamó la mujer en voz baja deteniéndose frente a él.
Miró por el rabillo del ojo en dirección a Tsubomi, quien por fortuna había logrado activar su poder a tiempo, no necesitaban complicar aún más las cosas. Volvió a observar a su madre de inmediato –¡Kousuke no me deja entrar, y tengo que hablar con él!
–¿Viste la hora que es? Ve a tu cuarto y deja dormir a tu hermano, lo que sea, puedes decírselo mañana.
–Pero, mamá Ayaka...
–Nada de peros, ve a dormir, mañana tienes escuela y no quiero excusas.
–Sí mamá Ayaka...– murmuró lastimeramente y cabizbajo se dio la vuelta para dirigirse a su habitación, a sabiendas que su madre no regresaría a la propia hasta que lo viera entrar.
Minutos después, Tsubomi entró a la habitación con una expresión llena de pesar.
–¿Por qué te quedaste en el pasillo?– le preguntó sentado en su cama.
–¿Esperabas que entrara por el agujero de la cerradura?– preguntó ella con molestia sentándose a los pies de la cama –Cerraste la puerta demasiado rápido, no me diste tiempo.
–Tienes razón, lo siento, pero si me demoraba, mamá Ayaka podría sospechar...– explicó a lo que ella asintió recostándose transversalmente en la cama.
–No sé por qué me molesto en mantenerme oculta... Ya todo está perdido...
–¡No digas eso! ¡Te prometo que mañana a primera hora hablaré con Kousuke y lo haré entender!– aseguró intentando contagiarle algo de esperanza –Esto en realidad es bueno, si logramos que Kousuke te conozca y nos ayude, convencer al resto será mucho más fácil.
–Kousuke no quiere saber nada de un fantasma como yo...
–Kousuke no sabe lo que dice– la corrigió de inmediato –. Cuando te conozca se hará tan cercano a ti como lo soy yo, o tal vez incluso más...– le aseguró sonriendo –Quizás incluso prefieras pasar las noches en su habitación de ahora en más– por algún momento aquel último pensamiento en voz alta le había borrado esa sonrisa.
–Ojalá...– murmuró ella incorporándose –El Kousuke de mis recuerdos sin dudas me aceptaría, pero este Kousuke no es como aquel...– comentó bajando de la cama para dirigirse a su tienda de campaña.
–¿Ah no...?– preguntó observándola con atención –¿Y yo soy como el de tus recuerdos?
Ella detuvo su camino para observarlo analíticamente, era como si nunca se hubiera planteado aquella pregunta –No exactamente...– respondió finalmente.
–Y... ¿A cuál de los dos prefieres?
–¡No preguntes tonterías!– exclamó ella metiéndose a la tienda de campaña y encerrándose allí.
Se quedó un rato allí sentado, observando en esa dirección con su rostro inexpresivo, hasta que el cansancio le ganó y finalmente se acostó pensando que si sentir un poco de celos de su hermano era raro, más raro era sentir celos de sí mismo en los recuerdos de Tsubomi.
Al despertar el día siguiente, lo primero en su campo de visión, fue su hermana, quien observaba por la ventana, suspirando cada determinado tiempo. No comprendió lo que ella hacía hasta que su cerebro acabó de despertar y recordó lo sucedido en la noche.
–Todo va a salir bien, ya verás...– le aseguró mostrándole una enorme sonrisa desde la cama.
–Dijiste que ibas a hablar con él a primera hora, pero ya son casi siete treinta– fue la respuesta de Tsubomi, quien ni se molestó en voltear a verlo.
–¡¿Las siete treinta?!– preguntó levantándose de inmediato, en cuestión de minutos lo llamarían a desayunar y él no se había despegado de las sábanas aún –¡Ya regreso!– corrió fuera de la habitación, más importante que vestirse a tiempo, era hablar con su hermano.
No se detendría a pensar en cuantos valiosos minutos pasó frente a la puerta de una habitación vacía suplicándole a Kousuke que le abriera o siquiera le respondiera. Tenía que detenerlo antes que se le fuera la boca, así que bajó a buscarlo encontrándolo en la cocina, de la peor forma posible.
–¡Por favor, tenemos que alejar ese fantasma de él!– exclamó observando con desespero a Kenjiro.
–Por última vez Kousuke, los fantasmas no existen– respondió el hombre pacientemente.
–¡Pero sí existe, yo lo...!– no le permitió continuar, y mientras cubría la boca de su hermano, le dedicó una sonrisa a su padre.
–No te preocupes por nada viejo, estábamos jugando y Kousuke se lo tomó muy en serio– explicó caminando hacia atrás mientras arrastraba a su hermano sin liberarlo en ningún momento a pesar de sus forcejeos.
No sería la primer vez que una broma de su parte mientras jugaban, hiciera que Kouske se alarmara y buscara ayuda en los adultos, así que Kenjirou no tuvo problemas en aceptar aquella mentira.
Ya en el patio, lejos del resto de los integrantes de la familia, lo liberó –¡Tenías que hablar conmigo antes de ir a contarle a todos!– le reclamó de inmediato.
–¡Anoche hablé y no me hiciste caso!
–¡Porque tenías que escuchar también mi versión de las cosas!
–Tú no puedes verlo, pero ese fantasma va a poseerte– aseguró su hermano viéndolo con preocupación.
–¡No va a hacer eso porque ella no es un fantasma! ¡Ya te lo dije Kousuke, es humana como tú y como yo!
–¡Desaparece como los fantasmas!
–¡Y tú lees la mente como los extraterrestes de ese comic! Pero eso no te convierte en uno de ellos...– inhaló profundo antes de continuar, esa era su oportunidad para sí o sí, convencerlo –Tú lees mentes, yo engaño, ella desaparece... ¿Lo entiendes...? Somos iguales...
Pero su hermano negó tercamente, ya estaba abriendo su boca para insistir en su punto, cuando lo escuchó exclamar a viva voz –¡Sí es un fantasma! ¡Ella sabe lo que va a pasar!
–¿Cómo que sabe lo que va a pasar?– preguntó desconcertado.
–Leí su mente varias veces– seguramente en su rostro se reflejó la sorpresa ante esa declaración, porque su hermano se vio en la necesidad de aclarar sus palabras –. ¿Creías que no iba a escuchar los pensamientos de alguien más en la casa cuando mis ojos se activaban por sí mismos?
–Entonces... ¿Ya lo sabías...?– preguntó lo obvio, aún así su hermano asintió –¡¿Le contaste a alguien?!
–No– negó –. Al principio no entendía de dónde venían, y cuando lo hice... Temí que me maldijera...– confesó bajando la mirada con vergüenza –¡Pero anoche tuve el valor para enfrentarlo!– levantó su mirada de pronto –¡Tienes que alejarte de él! ¡Es un fantasma! ¡Ningún humano piensa de esa forma!
–¿De qué forma...?
–No sé como explicarlo– negó –. Pero su mente es aún más confusa que la de las demás personas... Hay cosas que... Se contradicen... Hay más gritos... Hay más dolor... Leer su mente me lastima mucho más que con el resto– dijo lo último con lágrimas en sus ojos.
Exhaló poniendo una mano en el hombro de su hermano –Entiendo que lo veas de esa forma, pero créeme... Es humana, y su historia es tan rara que debe tener su mente hecha un lío... Aún así, es mi hermana... Y no quiero que se la lleven de aquí.
–Tus hermanos somos Ayano y yo– murmuró Kousuke con clara expresión de dolido.
–También, no quiero alejarme de ninguno de los tres... ¡Por favor Kousuke, ayúdame a que Tsubomi se quede!
–No voy a hacer eso– negó nuevamente cruzándose de brazos –. ¡Voy a salvarte de ese fantasma aunque no quieras!
Dicho esto, su hermano aprovechó el llamado de Ayaka a desayunar para correr hacia la casa, y él se quedó con los puños apretados a mitad del patio, temiendo por lo que pasaría a partir de ese momento.
Ya en la mesa, con toda la familia reunida, Kousuke no perdió oportunidad de contarle a todos, como Shuuya escondía un fantasma en su habitación. Y en medio de los comentarios semi-escépticos del resto, él decidió que si Kousuke quería jugar de esa forma, él también podía.
–¡Ja, claro! ¡Un fantasma!– exclamó él con todo el sarcasmo del que era capaz –Dime Kousuke, ¿qué más escondo? ¿Al hombre de las nieves? ¿Al monstruo del Lago Ness?
Mientras la familia reía, su hermano frunció el ceño observándolo antes de volver a mirar a Ayaka –Mamá, el otro día estabas comentando que Shuuya come mucho más, y ensucia el doble de ropa, ¿verdad?
–Sí, eso es verdad– asintió la mujer dejando de reír, para observar a su hijo.
"Esto no se quedará así" pensó antes de extender aún más su sonrisa –Y ahora parece que mi fantasma come y usa ropa– rió a todo pulmón –¡Kousuke cada día tiene más imaginación! ¿Verdad Ayano?– preguntó a su hermana que asintió divertida.
–¡Pues sí come! ¡Por eso te bañas dos veces al día! ¡Porque se bañan una vez cada uno!
–Mírenmeee~~ soy un fantasma en toallaaaa~~– murmuró en su voz más aterradora, habiendo usado su poder para verse como un niño de piel casi azul y enormes ojeras, con una toalla atada al pecho.
Mientras movía sus brazos como si intentara alcanzar a su hermano y este temblaba observándolo, Ayaka puso orden –¡Shuuya, ya deja eso!– él obedeció de inmediato deshaciendo su disfraz, pero su madre continuó hablando, esta vez viéndolo directamente –Bueno, fuera del asunto del fantasma, sí es un poco extraño que de un momento al otro hayas comenzado a comer y bañarte el doble– comentario que provocó que su rostro se tornara completamente pálido, lo cual por supuesto cubrió con una nueva máscara.
–Ya te dije Ayaka que es porque está creciendo– comentó Kenjirou, siendo completamente ignorado.
Era hora de usar la artillería pesada o aquello sería un completo desastre...
–¡Mamá Ayaka!– exclamó levantando la voz lo suficiente para que todos guardaran silencio y escucharan cada palabra –¡¿No puedes ver que Kousuke trajo otro cachorrito a la casa y quiere distraer la atención?!
–¿Otro...?– preguntó Ayaka ahora observando al castaño, cuyos ojos estaban completamente abiertos mientras negaba.
Bien, no había llegado hasta ahí, para no dar el golpe de gracia –Sí, otro...– asintió –Los esconde en el último cajón del armario, ese que nunca abres, hasta que mueren o huyen.
–¡ERA UN SECRETO!– lo escuchó gritar a su lado, un grito entre enfadado y dolido, sabía que se había pasado al revelar aquello, pero Kousuke se lo buscó.
El resto del desayuno transcurrió entre un sermón de Ayaka acerca de la regla de no animales en la casa, y los sollozos de su hermano.
–Entonces, ¿ya no se hablan?– le preguntó a Shuuya en cuanto regresó de la escuela y se fue directo a su habitación deprimido y de mal humor.
Él negó –Intenté hacer las pases a la hora del almuerzo, pero no quiere ni verme... Sé que estuve mal, pero... ¡Él tiene que entender!
Exhaló sentada en el suelo, observándolo preocupada –Te ahorraría muchos problemas si simplemente me largara de aquí...
–¡Eso ni lo pienses!– exclamó él observándola con molestia –¡Este es tu lugar! ¡Y si tengo que pelearme de por vida con Kousuke para que lo entienda entonces lo haré!
–No digas tonterías...– murmuró, él podía decir todo lo que quisiera, pero ya era suficientemente malo saber que él hacía miles de sacrificios para darle un techo bajo el cual vivir, como para no sentirse culpable cuando él peleaba con sus hermanos por su culpa...
Ella quería reunirse con su familia, no separarla.
Decidida a no dejar las cosas así, se levantó de su posición y caminó hasta la puerta.
–¿A dónde vas?– preguntó él.
–A hacer algo que debí haber hecho hace mucho– respondió seriamente activando sus ojos antes de abrir la puerta.
–¡No te vayas a ir!
–Tranquilo, estaré de vuelta en unos minutos– le prometió sabiendo que podría escucharla aunque no la viera, y salió.
Se mantuvo invisible hasta que entró a la habitación de Kousuke y cerró la puerta tras ella, en cuanto su hermano, que yacía sollozando en su cama boca abajo, abrazado a su almohada, giró su cabeza, ella reapareció frente a él.
–¡El fantasma...!– susurró en un hilo de voz, observándola con terror, y en cuanto lo vio tomar aire para gritar, supo que debía hacer algo.
–¡Si gritas te maldigo!– fue lo primero que se le vino a la mente, pero resultó bastante efectivo.
Pasó la llave, antes de caminar hacia un tembloroso Kousuke que la observaba fijamente hecho una bolita en su cama, no podía dejar que escapara antes de ser capaz de hablar con él.
Se sentó a los pies de la cama y le extendió la mano –Hola Kousuke, me llamo Tsubomi.
Se sentía raro hablarle de esa forma al que en sus recuerdos era tan apegado con ella, y se sintió aún más raro que él se negara a tomar su mano o siquiera responder el saludo, pero no podía culparlo...
–Antes que nada– comenzó a decir bajando la mano –. No soy un fantasma, soy una chica, y sí, Shuuya me ha escondido en su habitación desde hace un mes.
Si quería llegar a él debía ser sincera.
–Eres... La chica esa...– lo escuchó decir con desconfianza, seguramente recordando el día que llegó a la casa, creyendo ingenuamente que aquella familia la recordaría y añoraría.
Asintió a aquello –En esos momentos, hacía unos pocos días que había perdido a mi hermana, la única persona que quedaba de mi familia, en un incendio...– y contra todo su orgullo se levantó un poco la remera, dejándole ver una fea quemadura en su abdomen –Estoy segura de que yo también debí morir, pero por algún motivo no lo hice...– comentó viéndolo.
El rostro de Kousuke se veía sorprendido por completo –Por eso Shuuya dijo que eres como nosotros...– murmuró, al parecer, finalmente encajando las piezas.
–Sí, yo también tengo estos ojos...– encendió su poder frente a él, permitiéndole ver claramente el rojo en sus pupilas antes de desaparecer por unos segundos de su vista.
Aquello lo asustó bastante, pero al menos no intentó huir ni gritó, cosa que ella tomó como un avance.
–Dicho así, podría parecer que intento sustituir la familia que perdí, pero realmente siento que es aquí a donde pertenezco... No soy capaz de explicarlo del todo pero... Los he buscado desde el quince de agosto cuando tenía seis años... Sabía que ustedes dos estaban en algún orfanato, y si estas extrañas visiones no me hubieran alertado de lo que pasaría, y no hubiera podido salvarme a mí y a mi hermana de morir en ese momento... Sé que yo también habría estado en ese lugar, sé que allí nos hubiéramos conocido, sé que los Tateyama nos habrían adoptado a los tres...
–¿Visiones...?– lo escuchó preguntar con sus ojos muy abiertos, tal vez había sido demasiada información para darla de una sola vez.
–Yo debí morir hace seis años, cuando mi casa se incendió... Sin embargo esa noche desperté luego de una pesadilla y de alguna forma supe lo que pasaría y saqué a mi hermana de la casa antes que se incendiara... Desde ese entonces tengo recuerdos o visiones, como le quieras llamar, de las cosas que habrían pasado si hubiera permitido que todo siguiera como estaba escrito...– se encogió de hombros, consciente de que no era muy buena explicando ese tipo de cosas.
–Pero... Dijiste que tu hermana y tú...– murmuró luego de pensarlo un rato –¿Cómo ganaste tus ojos...?
–Hace poco más de un mes– repitió –. En un nuevo incendio...
Kousuke volvió a permanecer pensativo y en silencio.
–Mira... Yo no pretendo que me veas como una hermana, ni como una conocida, ni siquiera vine a pedirte que guardes mi secreto... Sólo quiero que perdones a Shuuya... Sabes tan bien como yo lo buen chico que es, y si reveló tu secreto, fue por mi causa... Si quieres enfadarte con alguien, esa soy yo...
–Yo no quiero enfadarme con nadie...– murmuró abrazándose a sus rodillas –Yo sólo quería salvarlo del fantasma y ahora mamá está enfadada conmigo y ya no podré salvar animalitos de la calle...
–Él está arrepentido... Y estoy segura de que podremos ayudarte a esconder esos animalitos, así que...
–Está bien... Volveré a hablarle– murmuró aún no muy feliz, pero bastante mejor de lo que estaba unos minutos antes.
–Eso quería escuchar– comentó sonriendo satisfecha antes de levantarse –. Hasta luego, Kousuke...– se despidió activando su poder y marchándose.
Si bien Kousuke aún no la reconocía como hermana ni nada cercano, para la noche él y Shuuya habían vuelto a ser tan unidos como siempre, y el resto de los integrantes de la familia seguían sin saber de su existencia, así que se podía decir que todo salió bien.
Ya en su tienda de campaña, en compañía del incondicional Chof, hizo un balance de su situación...
Las cosas poco a poco mejoraban, al menos su existencia ahora era conocida para dos personas, y con un poco de suerte no pasaría demasiado tiempo antes que el resto la aceptara también, pudiera caminar libremente por la casa, y ser una hija más para la pareja...
Aquel era un sueño demasiado perfecto para creer que algún día se convertiría en realidad, pero si perdía aquella esperanza... ¿Qué le quedaba...?
Con la ilusión de algún día recuperar aquello que realmente nunca fue suyo, se quedó dormida... Esa noche fue capaz de tener sueños en los que los cuatro hermanos, jugaban alegremente, y podía escuchar de Kousuke ese tan ansiado "Te quiero, hermana."
Continuará.
Hola hola, espero que les haya gustado el capítulo, lamento el final tan "meh..." pero no puedo terminar todos los capítulos con un gancho al siguiente, es muy cliché, y lo cliché hay que dosificarlo. (En realidad no supe bien como terminarlo...)
Estuve escribiendo también una escena de este fic pero que pasará dentro de mucho, y ahora quiero llegar a ese momento pronto, pero dudo que suceda, así que probaré que tal resulta adelantar escenas, cosa que nunca hice...
No tengo mucho más que decir, así que sin más paso a responder comentarios.
Yin-princesa-del-olvido: *pensamientos de Jin* –Y, ¿saben qué? Olviden el KanoKido, la mataré y listo...– Muchas gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado, y muchas gracias por los buenos deseos, ya estoy bien. Saludos.
Jeffy Iha: Seto está to' loco... Pero es un buen chico en el fondo, el problema es que en esta línea temporal, la ausencia de Kido, hizo que se comportara bastante diferente. Kano es un tierno en cualquier línea temporal, intenté que la escena luego de la película no quedara muy romántica porque aún son muy peques, pero aún así me gusta dejar ver el profundo cariño que se tienen. Gracias por comentar, espero que te guste este capítulo también, besitos.
Gracias por leer.
Hasta la próxima.
Trekumy.
