Capítulo 10
–¡Soy yo!– anunció Kousuke entrando al cuarto de su hermano –¿Qué haces...? Ayano está esperándonos... Hoy tenemos un día muy atareado...
–Amh... Sí...– murmuró levantándose de la cama en la que remoloneaba –Vamos...
Ambos salieron de la habitación y dieron un par de pasos antes que Kousuke se detuviera observando con intriga a Shuuya –¿Qué sucede? Te ves… Raro…
El aludido negó –No importa… Olvídalo– le pidió en el mismo tono desanimado que mostraba desde hacía un par de días.
–¡Claro que importa! Dime– le pidió observándolo con preocupación –Es sobre Tsubomi, ¿verdad? Por eso crees que no va a importarme– dedujo viéndolo a los ojos.
–¿Cómo lo sabes?– preguntó Shuuya observándolo sorprendido.
–No necesito mis poderes para tener una idea de lo que pasa por la cabeza de mi hermanito– le sonrió afablemente –Anda dime, te la pasas diciendo que también es mi hermana, por lo tanto me incumbe.
Estaban en plena víspera de navidad, y a seis meses de la llegada de Tsubomi a la casa, muchas cosas habían cambiado, y otras tantas permanecían inmutables. Ya que si bien la chica continuaba escondida en la habitación de Shuuya sin que nadie a parte de los dos chicos de la familia supiera de su existencia, Kousuke había madurado considerablemente en ese tiempo, tanto física como emocionalmente.
–No sé… No la veo bien, esos dolores de cabeza son cada vez más constantes, y creo que se debe a que ha usado demasiado su poder, pero si no lo hace acabará siendo descubierta…– confesó el rubio exhalando su frustración –No sé qué hacer para ayudarla… Y he comenzado a pensar que estar aquí le hace daño… Tal vez… No fue tan buena idea mantenerla oculta…
–No creí que alguna vez te escucharía admitir eso… Recuerdo que te lo dije muchas veces– comentó Kousuke poniendo una mano en su mentón –Pero el único lugar al que podría ir es un orfanato, y ambos sabemos que no son buenos sitios… Así que creo que hiciste lo correcto.
–¿Lo dices en serio?– preguntó con algo de esperanza viendo como su hermano asentía –Pero… ¿Qué pasará con ese dolor que siente? Aunque fuera capaz de pagarle a un médico, no podemos simplemente ir y decirle que ese dolor se debe a sus ojos rojos…
–Tendrá que usar menos su poder entonces…
–Lo dices como si fuera tan fácil, sabes perfectamente lo cerca que hemos estado de ser descubiertos estos meses, no podemos arriesgarnos de esa forma.
–La tuviste en tu habitación seis meses, es sorprendente que hayas podido esconderla tanto tiempo… ¿Cuánto tiempo más esperas mantener esa mentira?
–Hasta que llegue el momento en que pueda presentarles a Tsubomi y todos la acepten…– respondió algo inseguro, aquella pregunta lo torturaba cada noche.
–¿Realmente crees que eso pasará algún día?– preguntó sinceramente Kousuke –Que pase el tiempo y la mentira se haga más y más grande, ¿no lo hace aún más complicada la situación?
–Eres cruel…– murmuró después de casi un minuto de silencio, y retomó su camino hacia la sala donde le darían los toques finales al arbolito con Ayano.
Kousuke permaneció en medio del pasillo unos minutos, preguntándose si había dicho algo malo, él no quería ser cruel, solamente estaba diciendo la verdad.
Despertó cuando ya había anochecido, su cabeza aún dolía pero no quería pasar el día entero dormida, así que se levantó y activando sus ojos, salió del cuarto de su hermano, bajó a la sala y admiró el arbolito, con una considerable cantidad de regalos bajo él, ninguno para ella, que los tres niños de la casa habían armado la noche anterior bajo su constante supervisión.
Se dirigió a la cocina, donde la familia disfrutaba de su cena navideña, sabía perfectamente que aquella manía de observarles en todo momento, de estar allí cuando ellos disfrutaban momentos en familia, era justamente lo que le estaba causando todo aquel sufrimiento, mantener su poder activo durante varias horas, día tras día, era un esfuerzo demasiado grande para su menudo cuerpo.
Pero a pesar de cuanto se quejara su cuerpo, lo necesitaba… Cada vez más, una necesidad tan intensa que por satisfacerla valía cualquier sacrificio.
Permaneció en el umbral de la puerta observando a sus hermanos y padres disfrutar de aquella abundante cena, rememorando aquella misma escena en sus recuerdos, en la cual el lugar junto a Ayano ahora vacío, era ocupado por su persona. Una realidad donde nadie ignoraba su presencia, donde todos en el lugar la amaban.
Cuando la cena acabó, los tres niños corrieron a la sala a ver aquella tradicional película navideña, mientras Kenjirou era obligado a ayudar a Ayaka en la ardua tarea de dejar impecable aquella cocina.
–No puedo creer que hayan hecho una adaptación de Cuento de navidad, con Godzilla…– comentó Shuuya una vez que la película comenzó.
–Los guionistas son personas con mucha imaginación– comentó Ayano abrazando a sus hermanos como siempre que veían una película lo hacía.
La ocasional charla continuó, a excepción de Kousuke, que se mantuvo toda la película en silencio, completamente compenetrado en aquella trama que ya conocía de memoria.
Ya en su habitación, secó sus lágrimas, esa adaptación de la obra de Charles Dickens, aún siendo bizarra, le había transmitido el mensaje muy claramente; "Lo que hagas hoy, puede volverse en tu contra mañana", era un buen mensaje, y nunca se había sentido aludido… Hasta ese año…
Esa niña que tanto rechazo le generaba debido a su propio egoísmo, estaba pasando por una situación terrible, y si bien aún no podía creer en aquella historia de un universo paralelo, sabía perfectamente que Tsubomi no era mala persona, solamente estaba demasiado sola en el mundo, tal como lo estuvo él mismo antes de ser llevado al orfanato y conocer a su hermano.
En pocas palabras aquella película le hizo darse cuenta de lo mal que se portó con ella, y de que si seguía por ese camino, algún día sería demasiado tarde para poder enmendarlo.
Sin perder más tiempo rebuscó en uno de sus cajones, era poco, pero funcionaría como señal de tregua, o incluso podría tomarse como un símbolo de amistad… Luego de unos minutos finalmente encontró aquel lazo púrpura que en algún momento le compró a Ayano pero nunca se atrevió a regalarle, y corrió a la habitación de su hermano en busca de Tsubomi.
Entró sin avisar, encontrando la habitación vacía, pero no necesitó más que esperar unos pocos segundos para que aquella niña se hiciera visible frente a él.
–Shuuya no está– le informó –. Dijo que iría por algo de lo que sobró de la cena.
–Te buscaba a ti de todas formas– comentó sonriéndole ante su expresión de desconcierto –. No pude envolverlo, y aún faltan unos minutos para las doce, pero… Feliz navidad– le entregó el lazo.
–¿Para mí...?– preguntó señalándose a sí misma –¿Estás seguro?– el temblor en su voz se le hizo casi tierno.
Asintió –Me di cuenta de que he sido muy malo contigo, y egoísta… Pero ya no voy a ser así… ¿Me perdonas?
El súbito abrazo que ella le dio lo tomó por sorpresa, pero fue aún más inesperado que se largara a llorar en su hombro –¡Claro que sí! Gracias por el regalo…
Sonrió respondiendo el abrazo –Creo que te quedará bien cuando dejes crecer tu cabello.
Volvió a asentir con una linda sonrisa en su rostro mientras se separaba –Gracias Kousuke…
–No es nada– le restó importancia –. ¡Hasta mañana!– se despidió antes de salir de la habitación sintiéndose muy bien.
–Bien hecho– la voz de su hermano lo tomó por sorpresa.
–¿Desde cuándo estás aquí?
–Desde hace un rato– respondió Shuuya son su característica sonrisa y una bandeja en sus manos –, no quería interrumpir~~.
–No había nada que interrumpir, sólo estaba dándole su regalo– se encogió de hombros.
–¿Y mi regalo?– preguntó su hermano fingiendo un puchero.
–Lo tendrás mañana, ¡buenas noches!– se despidió alejándose de él.
–¡No es justo!– lo escuchó decir antes de meterse a su habitación.
Realmente esperaba que de ahora en más las cosas salieran bien para todos, incluso para Tsubomi, un nuevo año comenzaría muy pronto y tal vez su sueño de ser reconocida por el resto se haría realidad…
Mientras todos dormían bajó a hurtadillas a la sala, y tomó aquel pequeño paquetito que había pasado desapercibido para todos, ese sin etiqueta o destinatario, ese que había dejado unos días antes para Tsubomi, pero que ya no tenía sentido entregarle…
Lo desenvolvió y miró por unos instantes, un broche de mariposa hecho con piedras de fantasía que brillaban mucho, le había gustado desde la primer vez que lo vio en la vitrina de aquella tienda por la que solían pasar camino a la escuela, pero ese era el problema… Era un accesorio para el cabello demasiado lindo, uno que dejaría en vergüenza al sobrio lacito de Kousuke. Y aunque supiera que para Tsubomi aquel lacito valía mucho por lo que significaba, no quería desmerecer el regalo de su hermano en absoluto.
Así que sintiéndose un poco triste, pero con la certeza de que era lo mejor, lo arrojó a la basura.
Un nuevo año comenzó, y aquello sólo podía significar una cosa; el final de las vacaciones de invierno estaba a la vuelta de la esquina…
–¡Vamos! ¡Te enseñaré a hacer muñecos de nieve!– exclamó tirando de su brazo, sin lograr gran cosa.
–Ya te dije que no quiero… Ve tú solo– respondió ella intentando soltarse del agarre.
–¡Kousuke también estará! ¡No voy a dejarte aquí sola mientras nosotros jugamos con la nieve!
–¡Pero tampoco puedes obligarme! ¡No quiero ir!
–¿Y si te suplico?– preguntó lastimeramente dejando de tirar de ella.
–¡No iré Shuuya! ¡Ya vete y déjame en paz!– le gritó antes de encerrarse en la tienda.
Exhaló derrotado y se marchó sin entender qué bicho le había picado ahora.
Extrañaba a Maki, la extrañaba con todas sus fuerzas, aquella angustia en su pecho era terrible siempre, pero en esa época, en la cual no podía evitar recordar a su hermana, lo feliz que fue a su lado y la forma en que siempre lograba tomarse el día libre en el trabajo para estar con ella en su cumpleaños, todo se volvía aún más duro.
Hecha una pelotita en el piso, dentro de aquella tienda de campaña que cumplía funciones de barrera protectora del mundo exterior, sollozó quedo durante horas, deseando una vez más que la realidad hubiera seguido su correcto curso, y haber desaparecido en aquel incendio.
Si no pudo salvar a su hermana, al menos pudo haberse ido con ella…
Como debió ser desde un principio…
Poco antes de la hora de la cena, Shuuya y Kousuke permanecían sentados alrededor de la tienda, la comida que el rubio había llevado para Tsubomi al mediodía estaba ya fría e intacta, y ambos se miraban sin saber realmente qué pensar.
–Tsubomi por favor… Al menos sal a comer algo…– le suplicaba Shuuya habiendo agotado todos sus recursos.
–Tal vez esté dormida ya... – sugirió Kousuke, pero Shuuya negó de inmediato.
–¿No escuchas que está llorando? Algo malo le está sucediendo…– exhaló antes de acercarse y susurrarle a su hermano un simple –Haz lo tuyo…
–¿Lo mío...?
–Sí– asinitó aún en un susurro –, usa tu poder y sabremos de inmediato lo que le sucede.
–¿Estás seguro...? ¿Y si lo descubre y se enfada? Apenas acabamos de hacer las pases, no quiero molestarla ahora…
–No se va a enterar, y si lo hace diremos que yo te obligué… ¡Anda, ¿no quieres saber qué le pasa?!
Kousuke se limitó a asentir resignado antes de activar sus ojos... Frunció el ceño, la mente de esa niña siempre le daba dolor de cabeza, era tan confusa y llena de oscuridad… Tardó un par de minutos pero finalmente encontró algo…
–¡Ohh!– exclamó, llamando la atención de Shuuya que lo miró con infinita curiosidad –Mañana es su cumpleaños…– le susurró –No entendí bien pero… Creo que llora porque extraña a su hermana...
–¡¿En serio?!– exclamó Shuuya, y antes de que Kousuke pudiera reaccionar, su hermano ya tiraba de él sacándolo de la habitación –¡Tenemos que hacer algo!– exclamó una vez fuera.
–¿Hacer qué...?– preguntó Kousuke con lógico desconcierto –Somos dos chicos que no tienen casi dinero, no podemos pedirle ayuda a Ayano o nuestros padres, y debemos mantenerla oculta… No se me ocurre una forma de hacer un festejo para ella…
–Lo sé… Pero hay que hacer algo… O darle algo… No podemos dejar que su cumpleaños pase desapercibido, ¡sólo hay uno al año! ¡Es algo muy importante!
–Tal vez podamos regalarle algo… ¿Qué crees que querría...?– lo miró fijamente, después de todo, de ambos Shuuya era quien más la conocía.
–¿Pasar su cumpleaños con su familia?– preguntó el rubio irónicamente –Podemos darle un detalle, pero no lo que ella realmente quiere…– concluyó torciendo la boca en señal de desencanto.
–¡O tal vez sí!– exclamó Kousuke luego de sopesarlo un momento. Rió al ver la expresión de sorpresa en el rostro de su hermano –Escucha, mañana…
–¡Ya te dije que no quiero ir!– chilló una vez más como desde que salieron de la casa, se sentía horrible, en cualquier momento se largaría a llorar, y su hermano no hacía más que molestar, obligándola a ir a ese parque que poco le interesaba en esos momentos…
En lo último que podía pensar ese día era en salir a jugar.
Shuuya la condujo hasta los columpios, la sentó allí contra su voluntad, y comenzó a columpiarla antes de que pudiera bajarse, obligándola con eso, a sostenerse con fuerza de la cadena.
No pasaron ni dos minutos antes de que el columpio comenzara a detenerse al tiempo que lo escuchaba decir un –¡Mira ahí están!– y en cuanto observó en aquella dirección se sorprendió de ver a Ayano y Kousuke entrando al parque.
–No vayas a desaparecer~– le indicó tomando su mano y acercándola a sus hermanos.
–¡¿Qué crees que estás haciendo?!– chilló ella intentando soltarse del agarre sin éxito.
–¿Me vas a decir que no quieres pasar el día con tu hermana?– le preguntó viéndola con una sonrisa –Por cierto… ¡Feliz cumpleaños!
Continuará.
Uff esto costó… No el capítulo en sí, pero en el proceso de dos días que me tomó escribirlo, rompí dos computadoras, un ratón, intenté usar una tablet como netbook con dudosos resultados (no pude configurar el teclado USB, así que tenía que hacer algo muy raro para tener tildes y ñ, pero no tenía signos de apertura de la exclamación y la interrogación) y finalmente terminé acondicionando mi hogar para poder usar una máquina más o menos cómodamente… Fue duro y perdí mi adorada notebook en el camino, pero aquí está el capítulo.
Espero que les haya gustado, sé que el tiempo está avanzando muy de prisa, pero si no no pasa nada y se vuelve aburrido… Nuestros pequeños están creciendo y pronto… Y editándolo lo noté muy cortado, pero créanme, cuando paso mucho tiempo sin escribir pierdo la fluidez, y ésta sólo se recupera escribiendo, así que espero que el siguiente sea mejor.
Por otro lado, agradezco muchísimo a quienes están comentando y siguiendo la historia a pesar de que tardé tanto en actualizar, espero que este capítulo haya sido de su agrado.
Paso a responder comentarios :D
Yin-princesa-del-olvido: En realidad no conseguí trabajo, trabajo tengo desde hace mucho, simplemente conseguí mi título. Y muchísimas gracias por comentar, pronto me pondré con Tu legado, lamento la tardanza con ese, pero cuando la musa no quiere… No se la puede obligar….
Espero que hayas disfrutado del capítulo, besos~
Jeffy Iha: Jeffy! Muchísmas gracias por el comentario! He estado muy atareada por eso no comenté en Abracadabra, pero siempre encuentro un tiempito para leer los capítulos que subes, con suerte a partir de ahora sí podré :D. Respecto al asunto de las mentiras, pues sí, ya todos sabemos lo que se viene y será muy doloroso… Y respecto a Seto… Es cruel, pero no es un mal niño, solamente es un chico que ve como llega alguien de la nada y básicamente le roba la atención de su hermano… Con Mary la cosa fue diferente… Digan lo que digan fue amor a primera vista, no sé si romántico o amor como el que sintió por aquel cachorrito abandonado, tal vez un poco de ambos… Me mataste con eso de que tu madre reaccionó como Tsubomi… Puedo imaginarme la situación y es muy divertida en mi cabeza… No se me ocurrió una manera interesante para narrar la forma en que Shuuya le contó sobre el período de las niñas así que queda a tu gusto, o tal vez en un futuro ellos recuerden algo, aún no lo decido. Muchas gracias por comentar, espero que este capítulo te haya gustado, saludos :D.
Gracias por leer, hasta la próxima.
Saludos.
Trekumy.
