Capítulo 16

Abrió sus ojos con algo de dificultad, la luz la lastimaba y su cuerpo dolía demasiado. Observó la habitación con una mezcla de confusión y apatía… Su cabeza la estaba matando y esa presión en su pecho no se iría pronto.

Dolía demasiado, su madre se había ido para siempre… No sólo de su vida, también de la de sus hermanos… Y ella, quién era probablemente el único ser en el mundo con el poder de salvarla… Falló miserablemente…

—Finalmente despertaste…— la cansada y melancólica voz de Shuuya la sacó de sus pensamientos.

Se quedó viéndolo, estaba destrozado, tanto que se le notaba aún con sus ojos encendidos en un brillante carmesí, y ella… No fue capaz de sostenerle la mirada por mucho tiempo…

Era la culpable de aquel sufrimiento, la que nunca hacía nada bien… Su padre, su hermana y ahora su madre… Todo era su culpa...

—¿Duele...?— le preguntó Shuuya sentándose en la cama, su propia cama, donde la dejó descansar la noche anterior cuando ya no pudo más.

Sólo entonces se percató de los vendajes en sus brazos —¿Me curaste...?— preguntó débilmente a lo que él asintió —Gracias…

—Vendrán a despedirse de… Mamá…— murmuró él dando todo de sí por mantenerse fuerte —Debería comenzar a preparar el altar… Dudo que alguien más lo haga…

No le pasó desapercibida la forma en que se refirió a Ayaka, nunca, ni en sus recuerdos ni en lo que llevaba con él en esa realidad, lo había escuchado llamarla simplemente "mamá". Seguramente él también se arrepentía de muchas cosas… Él también deseaba volver el tiempo atrás, él también quería despertar de esa odiosa realidad.

—¿Cómo… Están los demás...?

Él rió con resignación —Supongo que lo imaginas… Seto huyó al bosque, no creo que regrese hasta la noche… El viejo está encerrado en el laboratorio y Ayano… En su habitación…

Lo observó sin poder evitar que sus ojos volvieran a llenarse de lágrimas —Lo siento… Lo siento tanto…- sollozó sacando el anillo que en algún momento guardó en su bolsillo y aferrándose a él -¡No pude salvarla! ¡No me escucharon! ¡No hago nada bien!— chilló desahogandose.

—Nadie podría…— lo escuchó decir, su voz tan afectada como la propia —Fue… El destino…

—¡Pero yo lo sabía! ¡¿De qué me sirve saberlo si no soy capaz de evitarlo?!

Él negó, claramente no sabiendo qué responder, y sin energías para pensar demasiado en ello. Tsubomi lo entendía… No existía una respuesta para aquello, sus recuerdos eran inútiles a fin de cuentas.

Ella era inútil en aquella realidad, el dolor de su familia era la mayor prueba…


Debía cuidarlos, poner a un lado su propio dolor y ocuparse de esas personas que amaba como a su familia.. Después de todo eso eran, los cuatro eran la única familia que le quedaba.

Preparó el altar, colocando la mejor foto que encontró de su mamá, un incienso y una vela a su lado… No quedó muy conforme con el trabajo pero era lo mejor que podía hacer…

Aunque ella merecía más… Mucho más…

De rodillas frente a aquel improvisado altar, rompió en llanto una vez más… Su mamá… Su segunda madre, esa que le enseñó tanto, esa que tanto lo quiso…

Ella no merecía aquello…

—¿Por qué...? ¿Por qué también tú...? ¿Será que soy una… Maldición...?— preguntó lo último en un susurro.

Pero no recibió respuesta… Su madre ya no estaba allí para responder a sus dudas, para aliviar esos temores… Miró a su alrededor, su padre y hermanos tampoco estaban en condiciones de preocuparse por él…

En esos momentos estaba completamente solo con su dolor e inseguridades…

—M-Mejor… así…— murmuró para sí mismo —Los demás… Todos están sufriendo, no necesito preocuparlos aún más…— decidió secando esas lágrimas que sentía como inmerecidas y molestas, levantando su mirada para ver aquella solitaria fotografía —Por favor mamá, si no es mucha molestia… Ayúdame a cuidar de ellos…— le pidió forzando una sonrisa antes de hacer una reverencia y levantarse decidido.

Su dolor, su llanto, sus lamentos, de nada servían en esos momentos, debía ser fuerte y cuidar de la familia que su mamá tanto amó, esa era la mejor ofrenda que podría regalarle.


Un par de semanas pasaron, y mentiría si dijera que las cosas habían regresado a la normalidad, sin embargo de alguna forma todos se las apañaron para regresar a sus vidas usuales.

O casi todos…

Oculta tras la puerta entreabierta observaba con atención los torpes movimientos del que consideraba su padre. Si bien sabía que el hombre se las apañaba medianamente bien en la escuela para realizar su trabajo y no preocupar a nadie, aún con lo poco que lo conocía era evidente que él nunca volvería a ser el mismo.

Encerrado día y noche en aquel laboratorio oscuro y húmedo, en el que desde la tragedia no se volvió a abrir una ventana.

—No sé ni para qué sigo ocultándome…— se dijo a sí misma negando con resignación.

Kenjirou, el único que no sabía la verdad de su existencia, la había visto varias veces por la casa en momentos en que ella bajaba la guardia y no alcanzaba a activar su poder a tiempo. En ninguna oportunidad hizo comentarios o preguntas referidas a su presencia por lo que era evidente que el hombre si no lo sabía por Ayano o Kousuke, lo había deducido por sí mismo.

—Supongo que a esto llaman un secreto a voces…— susurró girándose para darle un poco de intimidad, estar preocupada por su padre, no le daba derecho a espiarlo en todo momento.

—¿También lo notaste...?— preguntó Ayano quien pareció haber aparecido de la nada frente a ella.

Por poco fue capaz de reprimir un chillido —¡Me asustaste!— le reclamó en voz baja.

—Lo siento, creí que habías notado mi presencia— se disculpó la mayor regalándole una de sus adorables sonrisas.

El anillo de su madre brillaba intensamente colgado del cuello de Ayano, aquello le hacía sentir un poco aliviada, haberle contado lo sucedido aquella noche y entregarle el anillo había sido doloroso, pero necesario para que su hermana pudiera levantarse y seguir adelante.

—Pero…— continuó la castaña —Papá… También te preocupa, ¿verdad?— le preguntó viendo hacia aquella puerta que rara vez se abría.

Asintió —Es natural que le cueste superarlo, pero… Ya no parece el mismo…

Notó claramente como los ojos de su hermana brillaron perspicaces —Ven, tengo que decirte algo…— le indicó tomando su mano mientras la conducía escaleras arriba, hasta su habitación.

Se sentó en la cama curiosa, y supo que la cosa iba en serio cuando vio como Ayano cerraba con llave.

—Necesito tu ayuda— la escuchó decir, con mirada decidida y sus puños cerrados.

—¿Mi ayuda para qué...?

—Para espiar a papá.

Aquello sí que fue una sorpresa, la observó con sus ojos muy abiertos, Ayano, la misma que se odiaba a sí misma por ocultarle algo, cualquier cosa a sus padres… Le estaba pidiendo aquello.

—Ayano, ¿P-Por qué...?— preguntó aún desconcertada… Una cosa era ocultarse para tener un hogar junto a su familia, pero una muy diferente era espiar a alguien descaradamente, aquello se le hacía horrible… Las personas no deberían jugar de esa forma con la intimidad de sus familiares...

—Papá… No es el mismo…— comenzó a explicar su hermana, con mirada nerviosa y desesperada —¡Tú también lo has notado! Creo que Shuuya y Kousuke no se dan cuenta… Pero algo muy extraño sucede con él…

—¿Algo extraño...?— preguntó preocupada, todo el tiempo le había atribuido el comportamiento de Kenjirou al duelo, pero lógicamente Ayano conocería a su padre mejor que nadie.

—¡Hay demasiadas cosas! La extraña desaparición de mamá… Por lo que me contaste su cuerpo simplemente se esfumó…— asintió, tampoco entendía aún del todo bien la escena surrealista que presenció aquella noche, de hecho con el tiempo había intentado atribuir sus confusos recuerdos al estado de desesperación en el que se encontraba, intentando convencerse de que simplemente imaginó aquello —Luego papá… Él a veces me mira de una forma… En la que no parece él… Tan hostil y sin sentimientos…— se veía realmente aterrada —No tengo pruebas, y fuera de eso es simplemente una corazonada, pero siento que algo anda muy muy mal… Que si no hago nada… Todo se va a terminar…— confesó sollozando finalmente.

—¡N-Nada malo va a pasar!— exclamó bajando de la cama y abrazándola —Tranquila, todo está bien, te lo aseguro… Papá volverá a la normalidad muy pronto...

—No quiero… No quiero que nuestra felicidad se vaya…— sintió como su hombro se humedecía con lágrimas de desesperación —Quiero que sigamos siendo una familia… Una familia feliz… Mamá desearía eso… ¡Quiero cumplir con el deseo de mamá!

Continuaba sintiendo que su hermana exageraba, sin embargo asintió —Si te hace sentir más tranquila… Te ayudaré…— exhaló sabiendo que se arrepentiría, pero no podía negarse con Ayano en ese estado.

—¡¿Lo harás?!— preguntó su hermana separándose un poco para verla con ilusión en sus aún húmedos ojos —¡¿Me ayudarás a saber qué está pasando?!

—Te ayudaré a saber que no pasa nada malo— la corrigió sonriéndole —. Entonces dime, ¿qué quieres que haga?


El plan maestro de Ayano dejaba bastante que desear, un simple "Entra al laboratorio cuando no esté y revísalo todo" no podía ser llamado plan, ni siquiera misión… Pero se sintió bien que la nombrara miembro especial de la pandilla que los tres hermanos compartían.

En el fondo siempre había anhelado formar parte de aquel grupo que escondían tan celosamente de los adultos, así que haría su mejor esfuerzo por cumplir con aquella "misión secreta", esa de la que los otros miembros no podían enterarse.

Se descubrió a sí misma como alguien extremadamente buena en aquello de ocultar, y estaba segura de que Shuuya no habría sospechado nada, si no fuera porque Ayano era patética cuando de guardar secretos se trataba.

—¡Anda dime!— le pidió su hermano por novena vez en esa media hora —¿Por qué te nombró miembro de la pandilla? ¿Por qué ahora pasas horas en su habitación?

Rodó sus ojos —Ya te dije que no pasa nada, sólo hablamos de cosas de chicas.

—¿Cosas de chicas como...?

—Como esas cosas que los chicos no deben saber— respondió dándole la espalda —Si te cuento no tendría sentido ocultarse para charlarlo con Ayano.

—¡Pero soy tu hermano!— exclamó el rodeándola para poder ver su expresión, en un vano intento por deducir algo —¡Tu hermano favorito!

—¡¿De dónde sacaste que eres el favorito?!

—¡¿No soy el favorito?!— exclamó —No puedo creerlo… Heriste mi corazón… Mi alma…— fingió una expresión de tristeza demasiado exagerada.

—¡Deja de hacer el tonto! ¡No tengo un hermano favorito de la misma forma que yo no soy la favorita para ti!— exclamó, sonriendo de lado cuando él puso aquella expresión llena de desconcierto, clara muestra de que ella ganó.

Definitivamente… Se sentía muy buena en aquello de ocultar…


Llovía torrencialmente, sus hermanos y padre estaban en sus respectivos colegios, por lo que tenía tiempo suficiente… Hasta el momento no había podido sacar nada en limpio, el laboratorio siempre cerrado, y su padre comportándose de esa forma tan sombría, sin embargo esa tarde él olvidó cerrar con llave, algo muy conveniente para Ayano y ella misma.

Entró con cuidado, no debía mover nada de su lugar, el celular de Ayano estaba en su mano, su hermana le había pedido fotos de cada cosa extraña que encontrara, dudaba tener que fotografiar alguna cosa, pero le dio gusto al llevarlo.

La mesa estaba llena de papeles, textos antiguos y algunos informes modernos, tipeados en computador o escritos a mano, algunos de puño y letra de Ayaka, otros de Kenjirou, nada relevante, lo único que destacaba en aquel escritorio cubierto por completo de leyendas urbanas y registros históricos que tenían más años que palabras, eran los informes de los únicos dos alumnos de Kenjirou.

Algo que si lo pensaba tampoco era extraño, él trabajaba con unos chicos muy enfermos por lo que sabía, Ayano era amiga de ambos de hecho, así que no era destacable que su profesor guardara informes médicos de ambos, sin embargo los revisó un poco, más por hacer tiempo y justificar el hecho de haber entrado a hurtadillas allí.

—¡Kokonose Haruka!— exclamó al leer el nombre junto a aquella foto a la que tan poca atención le había prestado hasta el momento —¡Sí es él!

Aún agitada miró hacia atrás, temiendo ser descubierta por esas personas que no estaban en la casa, sin embargo no tardó más que unos segundos en volver a mirar aquellos papeles, sintiendo que había sido una enorme casualidad que su padre fuera el maestro de aquel viejo amigo.

Ayano hablaba mucho de Haruka, se sintió estúpida al nunca haber sido capaz de hacer la conexión, pero era agradable saber que el chico continuaba con sus estudios, después de la muerte de Maki había perdido su rastro por completo.

Leyó un poco el informe sintiéndose mal por la detallada explicación de aquella enfermedad de la que tan poco sabía… En esos momentos era cuando tomaba consciencia de lo frágil que era su vida…

Estaba a punto de dejarlo estar cuando algo en la descripción de la enfermedad de Haruka llamó su atención, no conocía mucho de lenguaje médico, informes o diagnósticos pero… ¿Era normal que el documento frente a ella hiciera tantas referencias a las cosas que podrían matarlo y el tiempo que tomaría cada muerte?

Era horrible, no tardó en darse cuenta de que aquel texto de más de cinco páginas era un manual bastante detallado que analizaba los pro y contra de distintos métodos que podrían ser usados para asesinar a un chico con su enfermedad cardíaca sin dejar evidencias.

Sintió deseos de vomitar, y cuando nerviosamente abrió el informe de Enomoto, las referencias a su muerte eran aún más evidentes, incluso se planteaba la posibilidad de usar distintos venenos con ella.

En cuanto escuchó la puerta principal supo que había perdido la noción del paso del tiempo, así que sólo alcanzó a dejar aquellos informes más o menos como los había encontrado y activar sus ojos en el momento exacto en que su padre entró al laboratorio.

—Dejé abierto…— lo escuchó decir con su voz monótona.

Por fortuna para ella, él se sentó frente al escritorio con la puerta aún abierta detrás, por lo que sin pensarlo más, salió de aquel horrible lugar, lo más lejos posible de esos documentos.

Ayano, que llegó media hora después, la encontró en su habitación, sollozando en un rincón.

—¡Tsubomi! ¡¿Qué te sucede?!— se acercó a ella preocupada.

—Tenías… razón…— logró articular, forzándose sin éxito a dejar de llorar —Algo malo… Algo muy malo pasa con papá…

Continuará.

Lo siento tanto, sé que no tengo excusas, pero realmente he estado bastante atareada por eso hace tanto que no escribía. Ya saben, el trabajo, y no es que no tenga tiempo físico para escribir, pero es real que normalmente estoy muy cansada en mi tiempo libre y las ideas no fluyen… O fluyen de pena, y es justamente por eso que hace unos 4 meses que estaba atascada en el primer párrafo de este capítulo.

Pero regresé, y no prometo actualizar muy seguido pero intentaré retomar cierta regularidad. Así que lamento si el capítulo no quedó del todo bien, cuando retomo la escritura luego de mucho tiempo siempre es más forzada, es de esas cosas que se pierden cuando dejan de practicarse.

En fin, basta de excusas, yendo al capítulo, espero que a pesar de todo les haya gustado, como ven las cosas están cambiando un poco… Y… Dejaré mi estupidez en evidencia, pero les contaré una curiosidad; fue recién cuando estaba escribiendo que Tsubomi leía el informe de Haruka que me di cuenta (se podría decir que junto a ella), de que ese Haruka era el mismo que conoció tiempo antes… Así de tonta soy u.u…

Ahora sí paso a responder el review:

Madmoiselle Noir: Muchas gracias por leer y decir que voy bien, es verdad que todos están rotos, pero intenté no profundizar demasiado en aquello, ya lo hice en Tres caminos y no quería repetirme, ya que mi idea de como lo sobrellevarían es similar a lo que escribí en esa época. Gracias por comentar, espero que te haya gustado este capítulo. Besos~

Eso es todo por el momento, espero que hayan disfrutado del capítulo y mil gracias por continuar leyendo a pesar del tiempo.

Hasta la próxima.

Trekumy.