—Ah, sí. ¡Conozco a todos los héroes de París! ¡Lady Noire y yo somos mejores amigas! —dijo Lila, escupiendo otra mentira de sus labios.

Marinette quería llamarle la atención. Gritarle que nunca en un millón de años sería su mejor amiga, pero si lo hiciera, expondría su identidad como Lady Noire y no podía dejar que eso pasara.

—De hecho, Anatis me invitó a salir. Tuve que decir que no por una razón obvia, pero nunca me sentí tan halagada en mi vida.

Una vez más, Marinette quería empujar su cara contra el escritorio y gritarle. Su compañero era demasiado puro y precioso como para estar con ella. Haría lo que sea para protegerlo de esa bruja. Merecía algo mejor.

—¿En serio? —preguntó Alya emocionada—. Ah, eso me recuerda. Cuando hablé con Anatis, por accidente lo llamé Mister Bug, pero me corrigió.

Lila se rio, haciendo que Marinette apretara su puño con tanta fuerza que se encajó las uñas en la mano.

—Claro que lo hizo. Se llamaba Mister Bug, pero después de que le sugerí el nombre de Anatis, decidió llamarse así.

Marinette jadeó en silencio cuando la sangre goteó por su mano. Levantó la mano limpia, llamando la atención de la señorita Bustier.

—¿Puedo ir al baño, por favor?

La señorita Bustier asintió.

—Claro, pero por favor, sé rápida, Marinette.

Marinette se levantó y caminó hacia el baño. Entró y comenzó a lavarse la mano. Plaga salió de su cartera y se estiró.

—¡Cielos, qué hambre tengo! —dijo Plaga y sonrió un poco—. ¿Tienes algo de queso?

Marinette sonrió.

—Claro —lo sacó de su cartera y se lo entregó.

Plaga sonrió y lo tomó de inmediato mientras Marinette le sonreía con cariño. Lo tragó y la observó antes de mirar su pata.

—La mayoría de la gente se quejaría de tener un kwami al que le gusta el queso apestoso.

—No voy a insultar tu gusto. Me gustaría hornearte algunas golosinas.

—¡Ah! ¡Me saqué la lotería contigo!

Plaga se rio, haciendo que Marinette sonriera.

—Entonces, ¿por qué estamos en el baño?

—Me lastimé y quería limpiarme —murmuró Marinette, mostrándole su mano.

Plaga levantó una ceja.

—Por Lila siendo Lila. Al parecer, Anatis la invitó a salir y Lady Noire es su mejor amiga. ¡Ja! ¡Como si fuera cierto!

Plaga sonrió, flotando.

—Suena como que Lila es una mentirosa.

Marinette suspiró.

—Lo es —se secó las manos y abrió la cartera—. Bien, es hora de volver al salón.

Plaga la saludó y voló hacia su cartera. Marinette la cerró y regresó al salón mientras sonaba la campana. Alya la saludó con la mano cuando salió. Marinette se acercó, pero contuvo el ceño fruncido ya que Lila estaba allí.

Alya sonrió, emocionada.

—Oye, niña. ¡Lila ha aceptado darme una entrevista más tarde!

Marinette frunció el ceño un poco.

—¿Estás segura de que es una buena idea? Se equivocó con el nombre de Anatis.

—La escuchaste. Ella sugirió ese nombre.

Marinette frunció el ceño y cruzó los brazos.

—No, no lo hizo.

Alya frunció el ceño.

—Se hizo llamar Anatis de inmediato. No Mister Bug.

—¿Puedes probarlo?

Marinette frunció el ceño.

—Sí. Fue justo después de que volviera a la normalidad. Se presentó como Anatis.

Alya se mordió el labio.

—¿Hubo otros testigos? —preguntó.

Marinette frunció el ceño aún más.

—¿No me crees?

—Bueno, fuiste akumatizada.

—¡Por qué ella me incriminó! —gritó Marinette y se pellizcó la nariz—. Solo estoy diciendo que revises tus fuentes. Lo último que quieres es descubrir que estaba mintiendo después de que lo publicaste.

—Entiendo tu preocupación, Marinette, pero sé lo que estoy haciendo —respondió Alya con una sonrisa—. Esta es una primicia que no puedo perderme.

—Bien. Me voy a casa a almorzar —dijo Marinette, se giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia la salida antes de detenerse—. Había otros dos testigos, Alya. Ryuko y Aspik estuvieron ahí.

Alya suspiró.

—Y ahora están retirados.

Marinette giró sobre sus talones y siguió caminando. Ya que no estaba prestando atención, terminó chocando con alguien. Se cayó y jadeó antes de levantarse e inclinarse.

—¡Lo siento mucho! —dijo, enderezándose.

Los ojos de Marinette se abrieron y un rubor se apoderó de su rostro cuando vio a Adrien sonriéndole y levantando las manos.

—Está bien, Marinette. ¿Estás bien?

—Soy buena, digo… ¡estás bien! ¡Estoy bien! —exclamó Marinette, agitando la mano antes de huir, dejando a Adrien con una ceja alzada.

Marinette hizo un giro brusco y disminuyó la velocidad antes de entrar en la pastelería. Su madre levantó la vista y sonrió mientras atendía a un joven.

—Hola, cariño. ¿Has vuelto temprano?

—Olvidé mis libros —respondió Marinette mientras se acercaba, dándose cuenta de quién era—. ¿Luka?

Luka se dio la vuelta y se encontró cara a cara con Marinette. Sonrió, haciéndola sonreír un poco.

—Hola, Mari.

—¿Qué haces aquí?

—¡Está comprando unos macarrones para su amiga! —arrulló su madre, haciéndola levantar una ceja.

—No sabía que tenías amigos —dijo Marinette, mirándolo antes de darse cuenta de cómo sonó.

Su rostro se sonrojó y levantó las manos con miedo.

—Digo…

Luka sonrió.

—Está bien, Mari.

Marinette estaba contenta de que Luka no se ofendiera.

—La conocí hace poco. Ella me ha ayudado mucho.

—Eso es bueno.

Marinette sonrió, pero no pudo evitar sentirse decepcionada. Lo ignoró ya que se suponía que estaba enamorada de Adrien. Si Luka consiguió una novia, entonces ella estaba feliz por él.

—Me alegro de que hayas encontrado a alguien compatible contigo.

—¡Ah! ¡Ella no es mi novia! —dijo Luka, frotándose la nuca con la mano.

Marinette levantó una ceja.

—Es una compañera artista. Es una mecenas de las artes. Ojalá pudieras conocerla. Ustedes dos se llevarían muy bien.

Marinette sonrió.

—Me encantaría conocerla.

Le encantaría conocer a una artista. Luka tenía un gusto increíble en la música, así que tal vez su elección de amigos también debe ser fantástica.

—¿Tal vez podrías traerla algún día? ¡Podría hornearle algunos macarrones!

Luka sonrió con nerviosismo.

—S-Sí, eso sería genial —se giró hacia su madre—. Una gran caja de sabores mixtos para llevar, por favor.

Su madre sonrió.

—Claro —los empacó para él—. Serán 18€.

Luka sonrió.

—Tome —le dio el dinero en efectivo antes de tomar la caja y saludarla.

Marinette lo saludó y sonrió cuando él se fue.

Su madre sonrió.

—Parece un buen chico —comenzó a acomodar los macarrones que traía.

Marinette sonrió.

—Sí, lo es —subió las escaleras.

Marinette guardó los libros que había olvidado y se hizo un sándwich. Cortó una rebanada de queso y la tiró al aire. Plaga salió volando y la atrapó, tragándosela entera. Ella se rio mientras terminaba su sándwich.

—Vamos. Tenemos que volver a la escuela. Tenemos clase con la señorita Mendeléiev.

—Oh, qué alegría.

(***)

—¡Nathaniel! ¡¿Qué estás dibujando?! —gritó la maestra Mendeléiev, golpeando el escritorio del pelirrojo con su mano.

Marinette frunció el ceño cuando Nathaniel saltó y comenzó a tartamudear.

—¡Estas distracciones son la razón por la que repruebas ciencias!

—Lo lamento —dijo Nathaniel.

—Te vas ahora mismo directo a la oficina del director y le muestras tus dibujos —exigió la maestra Mendeléiev, lo que le hizo guardar sus cosas—. Y eso sí lamentarás.

Nathaniel se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta, mirando hacia abajo mientras avanzaba. Marinette frunció el ceño, sintiendo lástima por el chico, pero antes de que alguien pudiera decir algo, Nathaniel tropezó con una mochila y cayó al suelo. Todos sus cosas se salieron de su mochila, su libreta entre ellas, que aterrizó abierta en una página mostrándolo como un superhéroe. Marinette frunció el ceño y miró a Alya, quien se veía sorprendida mientras la señorita Mendeléiev lo ayudaba a ponerse de pie. Eso no impidió que Chloé agarrara su libreta y la mirara.

—Uh, mira, Sabrina. ¡Es él como superhéroe! ¡Y mira a quién está salvando! —exclamó Chloé, señalando el dibujo.

Sabrina se inclinó para mirar.

—¡Es Marinette!

Chloé se giró para mirarla con una sonrisa maliciosa en su rostro.

—¡Está totalmente loquito por ti, Marinette! —se rio, arrancando una página.

Nathaniel pareció horrorizado y fue por su libreta.

—¡Dame eso! —declaró, arrebatándosela de su mano.

—¡Suficiente! —dijo la maestra Mendeléiev, levantando las manos antes de mirarlo—. ¡Nathaniel! ¡Fuera!

Nathaniel la miró aterrorizado y salió corriendo del aula. Marinette frunció el ceño mientras la maestra caminaba hacia el frente de la clase y se aclaraba la garganta.

—De tarea harán una presentación sobre la física de partículas. Se dividirán en equipos de tres y tendrán dos días para planificar y escribir su presentación. ¿Entendido? —preguntó la maestra Mendeléiev, mirándolo.

Los estudiantes asintieron.

—Bien. El primer equipo en presentar su trabajo serán Alix, Max y Kim, el segundo serán Juleka, Rosa e Iván. Mylène y Lila trabajarán con Nathaniel. Espero que le informen sobre la tarea.

Mylène asintió.

—Por supuesto, maestra.

Lila sonrió con dulzura. Marinette agradeció mentalmente que no estaba atrapada con Lila.

—El siguiente grupo para la presentación de física serán Nino, Adrien y Alya —dijo la maestra Mendeléiev.

Marinette se inclinó y le susurró a Alya que tuvo suerte.

—El siguiente Sabrina, Chloé y Marinette.

—Tú no tienes suerte —murmuró Alya.

Marinette se dio un facepalm.

—Maestra, ¿podría ponerla en otro grupo? —pidió Chloé, haciendo que la maestra la mirara—. Sabrina y yo trabajamos mejor solas.

La señorita Mendeléiev la miró con las manos en las caderas ya que Chloé intentó salirse con la suya

—¡Es una presentación en grupo, no parejas! ¡Soluciónenlo!

—Odio solucionarlo —murmuró Chloé.

La campana sonó. Marinette miró a Alya con esperanza.

—No cambiarías de grupo, ¿verdad, Alya? —preguntó.

Alya colocó su mano sobre su hombro.

—¿Y lidiar con ese par de terror? Lo siento —declaró.

Marinette bajo la mirada.

—Pero te prometo hablar bien de ti entre las partículas y la física —agregó Alya.

—¡Eres la mejor!


—¡Ella es tan argh! —Marinette suspiró revisando los libros.

Plaga flotaba a su alrededor. La biblioteca estaba completamente vacía y se suponía que Marinette se encontraría con Chloé y Sabrina allí. Había descubierto que Chloé no tenía intención de hacer el trabajo e iba a hacer que ella y Sabrina lo hicieran. Sin duda, se enfrentó a ella y le dijo a Sabrina que la estaba usando. Sabrina la alcanzó en el patio y la abrazó, declarándola como su nueva mejor amiga y que acabarían con Chloé diciéndole a la señorita Mendeléiev la verdad.

—¿Quién se cree que es? Haciendo que Sabrina haga el trabajo.

—¿Por qué estamos aquí antes que todos los demás? —preguntó Plaga.

—Porque necesitaba un lugar tranquilo lejos del horrible comportamiento de Chloé y las mentiras de Lila —respondió Marinette.

La campana sonó, señalando el comienzo de la siguiente clase que se llevaría a cabo en la biblioteca.

Marinette abrió su cartera y Plaga entró volando, justo cuando entró la clase. Sabrina se acercó a ella.

—¡Hola, amiga! —Sabrina exclamó, colocando un montón de libros en la mesa.

Marinette sonrió.

—Hola.

Chloé se acercó.

—Sabrina, ¿mi tarea ya está lista? —preguntó, revisándose las uñas.

—¡No y ya no haré tu tarea nunca más!

—Si quieres sacar una buena calificación, necesitas trabajar con nosotras, Chloé —agregó Marinette, haciendo que la chica rica frunciera el ceño—. No vamos a hacerte la tarea.

—¡¿A qué te refieres con que no vas a hacer mi tarea?! —gritó Chloé atónita.

Sabrina se mantuvo firme.

—¡Marinette tiene razón! ¡Yo no soy tu esclava! —dijo.

Marinette suspiró.

—Bueno, en realidad yo no dije eso —respondió.

Chloé apretó los dientes antes de sonreír y acercar su bolso a ella.

—Pero Marinette no compró una súper linda boina en Gabriel y yo sí —declaró, sacando la boina y balanceándola frente a sus caras—. Y tal vez podría prestártela.

Marinette se giró y la miró con una expresión facial de sorpresa y disgusto.

—Disculpa, pero ¿tratas de sobornarla para que sea tu amiga… con eso? —preguntó con una voz casi incrédula, señalándola.

Sabrina miró la boina con una expresión de anhelo.

—Ah… ¡Es una boina realmente adorable que se vería fantástica en mí! —declaró, mirándola aún más.

—¡No, discúlpame, pero tú estás tratando de robarme a mi mejor amiga con tarea! —dijo Chloé.

Tan pronto como terminó, varias boinas cayeron sobre ella de la nada. Marinette saltó sorprendida cuando sucedió.

—¡Ah! ¡Mi cabello!

Chloé intentó protegerse de la lluvia de boinas, pero una secadora de pelo gigante apareció de repente y comenzó a perseguirla, lo que la hizo gritar mientras Marinette observaba impactada. En seguida corrió detrás de un estante de libros mientras todos los demás se escondían o escapaban de la biblioteca. Abrió su cartera y Plaga se asomó antes de mirarla.

Plaga sonrió.

—Parece que tenemos una situación muy peluda.

Marinette sonrió.

—Transformación —alzó el puño—. ¡Plaga, las garras!

Plaga fue absorbido por el anillo. Marinette levantó la mano mientras se cargaba antes de deslizarla sobre su cara, creando la máscara y su larga trenza. Pasó su mano por su cabeza, creando las orejas antes de estirar su brazo izquierdo mientras una energía verde fluía por su cuerpo, creando su traje. Giró sobre su lugar mientras recorría su cuerpo, transformándola en Lady Noire antes de deslizar sus manos como un gato y hacer una pose. Tan pronto como se transformó, salió de su escondite y se lanzó sobre la secadora de pelo gigante. La secadora la esquivó y ella se giró hacia Chloé y los estudiantes restantes.

—¡Corran y escóndanse! —Lady Noire ordenó antes de saltar y darle una patada a la secadora seguido de un golpe con su vara.

La secadora desapareció y Lady Noire frunció el ceño y miró alrededor. Notó que un chico miraba toda la escena, pero parecía extraño. Traía puesto un traje inusual y tenía la piel lila: debía de ser un akuma. Saltó a los estantes superiores, pero el akuma la vio y se fue corriendo. Se detuvo por un momento para dibujar una pared entre Lady Noire y él. Lady Noire frunció el ceño una vez que él se fue, bajó de un salto y revisó a los estudiantes.

—¿Todos están bien?

—¡Lady Noire! —gritó Alya, acercándose con rapidez desde su escondite con su celular en la mano—. ¿Puedes darme una entrevista? ¿Anatis está aquí también? ¡Ah! ¿Qué tal si saludas a tu mejor amiga? ¡La entrevistaré más tarde!

—¿Mi mejor amiga? —preguntó Lady Noire antes de darse cuenta de que Alya se refería a Lila y se cruzó de brazos—. El único mejor amigo que tengo es mi guapo compañero Annie.

Alya frunció el ceño y detuvo el video.

—¿Entonces no eres la mejor amiga de Lila Rossi? —preguntó, frunciendo el ceño.

—No conozco a Lila Rossi —dijo Lady Noire, cruzándose de brazos.

Algunos de los otros estudiantes salieron de su escondite.

—Ahora lo siento, pero tengo que irme. Hay un akuma suelto.

Alya frunció el ceño y bajó la mirada.

—Claro.

Lady Noire hizo una mueca, pero tal vez Alya al fin pueda comprender que no se puede confiar en Lila.

—Gracias.

Alya se alejó con tristeza y agarró su mochila. Lady Noire sacó su vara, pero se detuvo cuando Adrien se acercó.

—Señorita Noire —dijo Adrien, agarrándola del brazo y haciendo que ella lo mirara.

Marinette habría dado cualquier cosa por este momento.

—Creo que no debió haber dicho eso sobre Lila. Sé que está mintiendo, pero sus mentiras son inofensivas y si la exponemos, podría ser akumatizada. Hacer sufrir a los malos jamás los vuelve buenos.

Sus palabras la sorprendieron. Claro, él se las había dicho antes, pero ella nunca pensó que alentaría a un superhéroe a hacer de la vista gorda. Sus mentiras lastimaban a las personas, pero aún no a él. Lady Noire tiró de su brazo y empujó su pecho con fuerza.

—¡Escuche bien, señor Agreste! Las mentiras lastiman a las personas. Si no le hubiera dicho a Alya que su fuente es falsa, entonces ella la habría entrevistado y luego, una vez que las mentiras de la señorita Rossi salieran a la luz, ¡su blog y su elección de carrera se habrían arruinado! ¿Te gustaría que ella mintiera sobre ser tu amiga?

—Solo estoy diciendo que no debemos menospreciarla. Quizás lo está haciendo para hacer amigos.

—¡Entonces debería intentar ser honesta! —Lady Noire gruñó.

Adrien frunció el ceño y Lady Noire meneó la cabeza.

—No tengo tiempo para esto. Un akuma anda suelto y parece estar apuntando a la señorita Bourgeois. ¡Disculpen, todos, les sugiero que vayan a casa!

Algunos estudiantes asintieron. Lady Noire sacó su celular y marcó el número de Anatis.

—Annie, ¿dónde estás? —murmuró cuando se fue al correo de voz—. Anatis… tenemos otro akuma y tengo una idea de quién es su objetivo. Encuéntrame en Le Grand Paris.

Con eso, Lady Noire saltó por la ventana y comenzó a dirigirse hacia el hotel. No le tomó mucho tiempo llegar allí. Esperó unos minutos antes de suspirar. Fue a entrar al hotel cuando escuchó un golpe. Se dio la vuelta y vio a Anatis sacudiéndose el polvo.

—Recibí tu mensaje.

Anatis sonrió, haciendo que su corazón se acelerara.

—¿Podrías ponerme al corriente?

—Claro —respondió Lady Noire—. Un nuevo akuma apareció en Françoise Dupont. Todavía no estoy segura de qué lo causó, pero sí que tiene su estilo para ilustrar su punto. También parece tener un objetivo en mente… ¿estás bien?

—Otro akuma en Françoise Dupont es preocupante. Si lo incluimos en la lista, ya sería el décimo akuma de la escuela en las últimas semanas —señaló Anatis, frunciendo el ceño.

Lady Noire frunció el ceño y comenzó a contarlos con los dedos.

—Lady Wifi, Burbujeo, Quiebratiempo, Corazón de Piedra y la Reina del Mal —murmuró Lady Noire y frunció el ceño—. Solo cuento cinco.

—Te estás olvidando de Clima Tempestuoso, Búho Negro, Destructor y Princesa Justicia. Todos están relacionados con la escuela. El Búho Negro es el director y los otros tres son estudiantes allí —explicó Anatis—. Si cuentas a este nuevo… eso lo hacen diez.

—Bien, eso es preocupante —admitió Lady Noire.

Anatis asintió.

—En fin… su objetivo… ¿Quién es? —preguntó.

Lady Noire señaló con la cabeza el hotel, haciéndole fruncir el ceño.

—¿La hija del alcalde?

—Ella fue la única a la que atacó.

Anatis suspiró.

—Bueno, al menos sabemos qué quiere —sacó su yoyo.

Anatis lo abrió e hizo un acercamiento a la habitación de Chloé. Suspiró cuando vio una figura de cartón de sí mismo y a Chloé lanzando sus brazos alrededor de él. Lady Noire soltó un resoplido de risa mientras él cerraba el yoyo.

—¡Uh, parece que la señorita Bourgeois está enamorada de ti!

Lady Noire se rio antes de fingir ser Chloé; se puso la mano contra la cabeza y jadeó con dramatismo.

—¡Oh, Anatis! ¡Soy la chica más afortunada del mundo! ¡Me salvaste de nuevo!

—Por favor, detente —murmuró Anatis y volvió a abrir el yoyo.

Anatis gimió de vergüenza cuando Chloé se acercó para besar la figura de cartón, lo apagó y lanzó su yoyo hacia abajo. Se balanceó hasta ahí con Lady Noire siguiéndolo. Ambos aterrizaron y golpearon la ventana. Chloé de inmediato empujó la figura de cartón a un lado antes de darse la vuelta luciendo enojada, pero su expresión se convirtió en una de alegría cuando los vio. Corrió y abrió la ventana.

—¡Lady Noire! ¡Anatis! —chilló Chloé—. ¡¿Están aquí para salvarme de ese horrible artista?!

—¿Artista? —preguntó Anatis.

Lady Noire se encogió de hombros.

—Te dije que tenía su estilo para ilustrar su punto.

Anatis suspiró.

—Pensé que solo estabas usando una expresión… no haciendo una broma —se giró hacia Chloé—. ¿Podemos entrar, por favor?

—¡Claro! —dijo Chloé, abrió la ventana y se dejó caer en su sofá—. No puedo creer que los héroes de París están aquí para protegerme personalmente.

—Necesitamos hacerte algunas preguntas —respondió Anatis, mirando alrededor antes de cruzar los brazos—. Parece que este… Demoilustrador… te tiene a ti como objetivo, Chloé… ¿sabes por qué?

Anatis notó que ella estaba dibujando en algo y que Lady Noire parecía tensa. Estaba sentada en la mesa con las piernas cruzadas y encorvada. Chloé lo miró y parpadeó.

—¡No! —exclamó Chloé—. ¡Por qué todo el mundo me adora!

—Sí, porque eres tan adorable —dijo Lady Noire de una manera sarcástica.

Anatis la miró y levantó una ceja, pero Chloé no se dio cuenta de que fue sarcástica. Ella se levantó de un salto y miró a Lady Noire con una expresión de asombro.

—¡Sí! ¡Lady Noire dijo que soy adorable! —gritó Chloé, avanzó y sacó su celular—. ¡Tenemos que tomarnos una foto las dos juntas! ¡Espera, mejor los tres!

Chloé de repente agarró a Anatis y lo acercó para la foto, asegurándose de que estuviera cerca de ella cuando la tomó.

—Qué desagradable —murmuró Lady Noire, alejándose.

Chloé tomó otra de ella y a Anatis, quien suavemente empujó la cámara a un lado y se volvió hacia ella.

—¿Estás segura de que no sabes quién podría ser el akuma? Es muy importante que seas honesta con nosotros. Podría ayudarnos a atraparlo más rápido.

—¡Sí! ¡Todos me aman! —afirmó Chloé, mirando las fotos—. Bueno, por supuesto que yo luzco genial, pero Lady Noire, ¡tú no tanto! ¡Nos tomaré otra!

Chloé avanzó y la puso a posar de nuevo, tomando otra foto. Lady Noire movió su brazo y se alejó de ella.

—Perdón. Pero no me gustan las fotografías —dijo Lady Noire, acercándose al sofá.

Anatis se acercó y sonrió un poco.

—Parece que alguien tiene una fan —bromeó.

Lady Noire se cruzó de brazos y resopló.

—Sí… gracias…

Anatis se rio un poco.

—Entonces, ¿en serio crees que Demoilustrador está detrás de ella?

—Por supuesto —respondió Lady Noire, haciendo que Anatis frunciera el ceño.

Lady Noire notó el dibujo de Chloé. Lo recogió y lo miró con una expresión molesta.

—¡Ay! ¡¿En serio?! ¡No lo creo! ¡Vámonos!

Lady Noire comenzó a caminar hacia la salida, sin duda molesta.

—¡Vaya, espera! ¿Qué quieres decir con que nos vamos? Me acabas de decir que estás segura de que Demoilustrador está detrás de ella —señaló Anatis.

Lady Noire salió.

—¿Y sí Demoilustrador la ataca de nuevo? ¿No crees que deberíamos protegerla?

—¡Bien! ¡Tú te quedas! ¡Adiós! —dijo Lady Noire, caminando hacia el borde del edificio.

Anatis frunció el ceño y la siguió.

—¡¿Por qué te despides?! —preguntó, molestándose un poco—. Fue tu idea venir aquí.

—¡Por qué tú eres él que quiere protegerla, no me necesitas! —señaló Lady Noire y saltó.

—¡Lady Noire! —gritó Anatis.

Lady Noire desapareció entre los edificios de París. Chloé salió corriendo y saludó con la mano.

—¡Ah! Lady Noire, textéame, ¡¿sí?! —gritó, saludando.

Anatis suspiró y se volvió hacia ella, solo para encontrarla mirándolo de una manera preocupante.

—Eh… Voy a asegurarme de que sea seguro… espera adentro.


Marinette aterrizó en su habitación, volvió a la normalidad y lanzó su cartera a un lado. Plaga salió volando y la miró enojado, haciéndola suspirar con suavidad.

—Disculpa, Plaga —murmuró Marinette y levantó los puños—. Chloé… es que… ella desespera a esta gata.

Plaga se rio.

—Suena como alguien que conozco —la miró—. Tranquila. Anatis podría llamar en cualquier momento con noticias de que ha sido atacada.

Marinette suspiró.

—Ay. Lo dejé con ella… ay, me va a odiar —se sentó en su cama—. Soy una horrible heroína.

Plaga se rio, flotando.

—No, no lo eres. Solo necesitas ser menos testaruda… no es que no sea divertido.

—Lo sé, Plaga. Es difícil tranquilizarme… en especial en la escuela —musitó Marinette y sus ojos se abrieron—. ¡No puede ser! ¡Sabrina! ¡El proyecto!

Marinette agarró su celular y vio que Sabrina la había llamado quince veces.

—¡Cielos! —expresó Plaga.

Marinette se dejó caer en la cama. Plaga vio a alguien en la ventana y de inmediato se escondió. Marinette saltó cuando su ventana se borró. Jadeó sorprendida y con miedo cuando Demoilustrador entró en su habitación. Deseaba haberse quedado con Anatis.

—¡Eres tú… de la biblioteca! —dijo Marinette mientras retrocedía con miedo—. ¡¿Qué haces aquí?!

—Solo quería verte —respondió Demoilustrador, sorprendiéndola.

—O-Okey… —balbuceó Marinette y se giró hacia él—. ¡¿Pero por qué atacaste a Chloé?!

—¡Por qué ella es cruel y egoísta! —afirmó Demoilustrador.

Marinette se encogió de hombros.

—Eso no lo discuto —farfulló y lo miró—. ¿Y tú vas a lastimarme?

Demoilustrador pareció sorprendido por la simple sugerencia.

—¡¿Q-Qué?! ¡No! Eres Marinette… eres hermosa, dulce y perfecta… Jamás te lastimaría.

—Vaya… eso es… muy… hum… ¿halagador? —dijo Marinette dudosa, moviendo las manos—. Hum… ¿gracias?

—Sí y… solo vine a preguntarte… si… hum… bueno, hoy es mi cumpleaños… y… ¿te gustaría venir a mi fiesta? —preguntó Demoilustrador, rascándose la nuca con nerviosismo.

En verdad no estaba actuando como un supervillano.

—Oh… hum… en realidad… hoy no tengo mucho tiempo… —dijo Marinette, agarrando su carpeta escolar para dar a entender su punto—. Es que tengo que trabajar en una presentación y… tengo que llamar a mi… amiga para… reunirnos… y…

—¡Por favor, Marinette! ¡Solo seremos tú y yo! —suplicó Demoilustrador y dibujó algo en su brazo.

Un pequeño dibujo apareció de la nada. Demoilustrador lo atrapó y se lo presentó. Marinette lo tomó y sus ojos se abrieron. Era precioso.

—Qué maravilla. Soy yo —dijo Marinette asombrada, mirándolo.

—¿Te gusta? —preguntó Demoilustrador, haciéndola volver a mirar el dibujo.

Marinette notó la pequeña marca de explicación en la esquina, lo que le hizo darse cuenta de quién era el akuma.

—Me… encanta tanto que absolutamente iré a tu fiesta —declaró mientras un plan comenzaba a formarse en su cabeza.

Demoilustrador sonrió un poco, sin duda feliz por su respuesta.

—Con una condición.

—Lo que tú me pidas, Marinette.

—No quiero que lastimes a Chloé —dijo Marinette—. Yo no soporto la violencia.

—Por ti y solo por ti.

Demoilustrador se puso de pie. Marinette lo miró mientras comenzaba a dibujar un jet pack.

—Nos vemos en la salida de la iglesia de Notre Dame al atardecer.

Con eso, Demoilustrador salió volando por su ventana. Marinette soltó el aliento que había estado conteniendo. Plaga salió volando y sonrió.

—¡Alguien tiene una cita con un supervillano! —bromeó, haciéndola suspirar.

—Nathaniel está enamorado de mí… y su otro yo, el Demoilustrador va a ser aplastado por Anatis y Lady Noire.

—Suena como un plan.


~Mientras tanto~


—¡Ay! ¡Sabrina es tan egoísta al obligarme a hacer este proyecto sola! —se quejó Chloé mientras Anatis hacía guardia.

Hasta ahora Demoilustrador no había aparecido y Lady Noire no había regresado. Anatis entendía por qué Lady Noire no quería protegerla, pero no es como si pudieran elegir a quién perseguía el akuma. Si pudieran, los tendrían persiguiendo a Hawk Moth. Anatis suspiró y revisó su yoyo. Había estado aquí durante tres horas.

—Ay… me duele el cerebro…

A Anatis también le dolía el cerebro, pero no por la misma razón. Chloé le estaba dando un dolor de cabeza. Anatis saltó cuando Chloé apareció de repente a su lado.

—Oye, Anatis. ¿Qué tal eres para la física de partículas? —preguntó Chloé.

Para fortuna de Anatis, alguien llamó a la puerta. Chloé se apresuró y la abrió.

—¡Adrikins!

Adrien sonrió.

—Hola, Chloé. Pensé en venir a verte

Chloé lo dejó entrar. Anatis levantó una ceja cuando Adrien lo miró.

—No sabía que tenías compañía. Soy Adrien Agreste.

—Anatis… —respondió Anatis, estrechando la mano extendida de Adrien—. Eres el hijo de Gabriel Agreste, ¿no?

Adrien asintió.

—Sí.

Chloé hizo un puchero.

—¿Por qué estás aquí?

—¡Es mi guardaespaldas! ¡Ese horrible akuma está detrás de mí! —exclamó Chloé con dramatismo y devolvió su atención a Anatis—. ¡En fin, no me respondiste, Anty!

—Lo siento, Chloé, pero no se me da la física —respondió Anatis.

Su yoyo sonó. Anatis lo abrió y vio que era Lady Noire. Se excusó y salió.

—No puedes irte saltando de aquí y luego llamarle a la mariquita, Lady Noire.

—Lo siento, Annie. No estuvo bien —contestó Lady Noire—. Pero aproveché el tiempo para investigar un poco. Descubrí que Demoilustrador está enamorado de una de sus compañeras.

—Buen trabajo, gatita —respondió Anatis.

Chloé trató de convencer a Adrien de que hiciera su trabajo.

—Ella podría ser la clave para derrotar a Demoilustrador. ¿Sabes quién es?

—Sí —respondió Lady Noire—. Te acabo de enviar una foto.

Anatis movió el celular de su oído y lo miró. Era Marinette en su pose habitual, haciendo la señal de paz. Volvió a poner su yoyo en su oreja.

—¿Está enamorado de Marinette Dupain-Cheng? —preguntó Anatis.

—Sí. También descubrí que Demoilustrador la invitó a su fiesta de cumpleaños esta noche. Creo que Marinette podría ayudarnos a capturarlo.

—Suena como un buen plan —respondió Anatis—. ¿Quieres hablar con ella o debería hacerlo yo?

—Tú deberías hacerlo —respondió Lady Noire—. Yo tengo una… misión secreta muy importante.

—Okey. Así que haré que Marinette distraiga a Demoilustrador para que yo pueda vencerlo.

—Solo asegúrate de que Marinette esté a salvo —dijo Lady Noire—. Nos vemos luego. ¿Estarás bien por tu cuenta?

—No te preocupes por mí, gatita. Estaré bien —respondió Anatis y colgó.

Anatis asomó la cabeza en la habitación y sonrió. Chloé levantó la vista y lo saludó con la mano.

—Ya no está en peligro, señorita Bourgeois, así que… nos vemos.

Antes de que pudieran decir algo, Anatis saltó del edificio y se balanceó hacia la pastelería. Aterrizó en un techo cercano y entrecerró los ojos cuando Marinette salió por la puerta lateral, solo para ser interceptada por una chica pequeña con cabello naranja. Observó cómo ella y la chica —que parecía un poco espeluznante ante su perspectiva— hablaban. Anatis se acercó un poco más para escuchar. La chica pelirroja de repente le arrebató una carpeta azul.

—¡No puedo creer que te haya hecho la tarea de geografía! —exclamó la chica con lágrimas en los ojos y salió corriendo.

Marinette parecía que se sentía culpable por ello. Suspiró y bajó la mirada. Anatis bajó de un salto y se aclaró la garganta.

—Por un momento pensé que tenía que salvarte de esa niña. Parecía… aterradora… —murmuró Anatis y se giró hacia ella.

Marinette lo miró, lo que le hizo frotarse la nuca con nerviosismo.

—Lo siento por aparecer sin avisar antes.

—No te preocupes… pero ¿está todo bien? —preguntó Marinette, empujando su cabello detrás de su oreja.

Anatis miró alrededor antes de volverse hacia ella.

—¿Podría hablar contigo en privado? —preguntó.

Marinette asintió, lo llevó a su casa y subió a su habitación. Anatis levantó una ceja al ver su ventana borrada. Marinette se sentó y le sonrió con dulzura.

—¿De qué quieres hablar, Anatis? —preguntó Marinette, haciéndolo saltar.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Uno, eres famoso y dos, me lo dijiste antes de saltar de la torre Eiffel después de que volviera a la normalidad. Aspik me trajo a casa a salvo —explicó Marinette.

Anatis asintió.

—Cierto. Lo habría hecho yo, pero estaba a punto de volver a la normalidad… en fin… ese chico que te invitó a su cumpleaños no te conviene.

—¿Cómo supiste que Demoilustrador me invitó a su cumpleaños?

—Oh, bueno… es un secreto… lo siento —murmuró Anatis con nerviosismo.

Marinette se rio.

—Mi lady mencionó que Demoilustrador está enamorado de ti y… necesitamos tu ayuda para liberarlo de la influencia de Hawk Moth.

—¿Necesitas mi ayuda? —Marinette jadeó y jugó con sus manos—. ¿E-Estaré a salvo? ¿Qué pasa si intenta lastimarme?

—No te preocupes —dijo Anatis, tomando sus manos—. Estaré ahí para protegerte.

—E-Está bien. ¿Qué tengo que hacer?

Anatis sonrió, haciendo que Marinette le sonriera.

—Tienes que quitarle el lápiz de dibujo. Yo me encargo del resto.

—E-Está bien. Lo veré al atardecer por el Sena.

—¿En qué parte?

—En la salida de la iglesia de Notre Dame —respondió Marinette.

Anatis asintió y se fue volando hacia el Sena. Entró por la ventana de su habitación.

—Tikki, motas fuera.

Luka atrapó a la kwami, le dio una golosina y cayó sobre su cama.

—¿Estás bien?

—Marinette tiene una cita esta noche… con un supervillano… —murmuró Luka, tomó su celular su celular y puso una alarma para media hora antes del atardecer.

Tomó su guitarra y comenzó a tocar.


Anatis estaba en la cima de Notre Dame esperando a que el akuma apareciera. Un sonido lo hizo mirar hacia el agua. Un barco se movía despacio por el agua. Anatis saltó a una azotea más baja y corrió hacia adelante cuando vio a Marinette sentada junto al que asumió que era el villano. Se balanceó hacia el puente y se paró en la orilla cuando el barco comenzó a pasar por debajo. Marinette lo vio y comenzó a distraer a su cita antes de agarrar el lápiz para él. Anatis enrolló su yoyo alrededor del villano.

—Se acabó, Demoilustrador —declaró, haciendo que el villano gruñera de ira.

—Soy un idiota.

Demoilustrador suspiró derrotado, pero luego pareció enfadado.

—¡En realidad creí que te gustaba, pero eres exactamente como Chloé! ¡Molestándome! ¡Burlándote! ¡Engañándome!

—¡Oye, ella no te ha hecho nada! —intervino Anatis.

Marinette suspiró, claramente molesta.

—¡¿Por qué todo el mundo me compara hoy con Chloé?! —gritó Marinette.

Demoilustrador de repente se arrojó hacia adelante, lanzando a Anatis hacia Marinette lo que le quitó el lápiz de la mano. Demoilustrador saltó, lo atrapó y dibujó una jaula alrededor de ellos. Anatis lo fulminó con la mirada mientras intentaba mover las barras. Plaga miró a Marinette con preocupación. Marinette lo escondió cuando Demoilustrador aterrizó sobre la jaula.

—Y retiro lo que te prometí.

Demoilustrador sonrió mientras hacía un hoyo en la embarcación.

—Chloé recibirá una pequeña lección que nunca olvidará.

Con eso, Demoilustrador saltó hacia el puente, dejándolos para que se ahogaran con el barco. Anatis miró alrededor, envolvió su yoyo en las barras y comenzó a jalar. Marinette observó cómo doblaba las barras antes de pasar a las de al lado y repetir su acción hasta que hubo un hueco. No era lo bastante grande como para que pasaran, pero Anatis se acercó a Marinette, arrojó su yoyo y lo enredó en una farola. Marinette se sostuvo cuando Anatis tiró del yoyo, haciendo que ellos y la jaula salieran volando. Lo desenvolvió, lo arrojó hacia Notre Dame y los balanceó hacia la iglesia antes de girar y lanzar su yoyo hacia una farola de nuevo. Anatis aterrizó en el suelo con Marinette en sus brazos. La bajó y revisó que estuviera bien.

—No estás herida, ¿o sí?

—No, estoy bien, pero Demoilustrador irá tras Chloé. Puede que ella no me caiga bien, pero…

Anatis sonrió.

—No te preocupes. Yo me encargo —sostuvo su mano—. Lo hiciste muy bien, Marinette. Gracias por ayudarme.

Marinette se sonrojó.

—D-De nada.

Anatis le sonrió.

—Te llevaría a casa, pero tengo que detener a Demoilustrador. ¿Hay algún lugar cerca al que puedas ir? —preguntó.

Marinette asintió.

—Iré al Libertad, es la casa de mis amigos y está cerca —murmuró.

Anatis asintió, la saludó, saltó a las azoteas y se dirigió al hotel Le Grand Paris. Le dejó un mensaje a Lady Noire, diciendo que necesitaba su ayuda. Se balanceó por la ciudad. Escuchó un grito cuando llegó al hotel por lo que saltó hacia el balcón y entró corriendo a la habitación para ver un tacón gigante persiguiendo a Chloé. Antes de que pudiera hacer algo, una vara lo golpeó y le rompió el tacón, destruyéndolo.

—Ups. Se rompió el tacón. Cuida tus tobillos.

—Es bueno verte, gatita —comentó Anatis mientras giraba su yoyo como un escudo.

Demoilustrador los fulminó con la mirada.

—¿Cómo estuvo tu misión secreta?

Lady Noire sonrió.

—Muy fácil

—¡En los cómics, a esto se le llama enfrentamiento final! —gritó Demoilustrador, atrayendo sus atenciones antes de fruncir el ceño—. El asunto es que si la conocieran, nadie se molestaría en salvarle ni un cabello. ¡Ella es realmente odiosa!

—¡Ah! ¡No es cierto! ¡Todos me adoran! —exclamó Chloé, acurrucada en una esquina.

Demoilustrador aprovechó la oportunidad para dibujar tres guantes de boxeo gigantes y dirigirlos hacia ellos.

—¡¿Ah?!

—¡Cuidado! —declaró Lady Noire, girando su bastón pero uno de los guantes de boxeo la sacó de un golpe de la habitación.

Anatis saltó y envolvió su yoyo alrededor del que se dirigía a Chloé, destruyéndolo. Lanzó su yoyo hacia Demoilustrador, pero él dibujó una pared de vidrio, bloqueando el ataque antes de dibujar una hoja de sierra giratoria y lanzársela. Anatis giró su yoyo, usándolo como escudo, pero redirigió la hoja hacia Chloé que gritó y se hizo bolita. Anatis lanzó su yoyo, pero una vez más una vara se le adelantó y la detuvo, destruyéndola. Lady Noire agarró la vara, la dividió en dos y se las lanzó a Demoilustrador que las esquivó, pero una de ellas rompió la lámpara cerca de él. Demoilustrador entró en pánico y miró alrededor en busca de una nueva fuente de luz. Anatis levantó una ceja hasta que se dio cuenta de por qué entró en pánico.

—¡Lady Noire, no dibuja en la oscuridad! —declaró y le lanzó su yoyo a Demoilustrador que dibujó otra pared de vidrio—. ¡Así que apaga las luces!

—¡Entendido! —dijo Lady Noire y levantó su mano—. ¡Gataclismo!

Lady Noire corrió hacia el interruptor de luz con la energía oscura en su mano, pero Demoilustrador borró el interruptor antes de que ella pudiera tocarlo, dejando en su lugar un agujero en la pared.

Demoilustrador sonrió.

—Aquí vamos, gatita —dibujó una arropea en su tobillo—. Una pelota y una cadena para que juegues.

Lady Noire le siseó como un gato, pero jadeó cuando Demoilustrador comenzó a borrar el suelo.

—Lo malo es que los que se atraviesan en mi camino los borro —dijo Demoilustrador y el suelo debajo de los pies de Lady Noire desapareció.

Lady Noire cayó, pero se agarró al borde del suelo. Anatis jadeó y dio un paso adelante para ayudar, pero tuvo que retroceder cuando el suelo cerca de él desapareció. Frunció el ceño cuando el anillo de Lady Noire sonó, anunciando que solo le quedaban cinco minutos.

—Antes de que te vayas, tienes algo que quiero.

—¡Anatis! ¡Esta gata no tiene nueve vidas! —gritó Lady Noire mientras se sostenía.

Anatis entendió la indirecta y arrojó su yoyo hacia arriba.

—¡Amuleto Encantado! —gritó y atrapó la pequeña bola saltarina que apareció—. ¿Una bola saltarina?

Demoilustrador se rio.

—¡Trata de detenerme con eso, insecto!

—Usé una para derrotar a Princesa Justicia, ¡así que tú serás pan comido!

Anatis sonrió cuando su visión encantada iluminó las lámparas.

—¡Veamos quién puede ver en la oscuridad!

Con eso, Anatis lanzó la bola saltarina hacia una de las lámparas, rompiéndola al igual que las otras cuando la pelota saltó por la habitación. Demoilustrador jadeó, permitiendo que Anatis arrojara su yoyo y le quitara el lápiz de la mano. Saltó y lo atrapó, partiéndolo a la mitad. El akuma salió y la arropea en el tobillo de Lady Noire desapareció. Ella subió y sonrió mientras Anatis abría el yoyo.

—¡Es hora de terminar con la maldad! —gritó y lo arrojó hacia el akuma, atrapándolo.

Anatis presionó el yoyo, abriéndolo y una mariposa blanca salió volando.

—Adiós, mariposita.

Anatis agarró la bola saltarina y la arrojó al aire.

—¡Miraculous Ladybug! —gritó.

La bola saltarina estalló en un enjambre de mariquitas que recorrieron el hotel y el resto de París, arreglando todo. Demoilustrador volvió a ser Nathaniel que miró alrededor confundido y Lady Noire se acercó a Anatis.

—¡Ganamos! —exclamaron los dos y su anillo sonó.

—Tengo que irme, bugaboo —dijo Lady Noire y tomó su vara—. ¡Nos vemos!

Anatis la saludó y se acercó a Nathaniel.

—Vamos, te llevaré a casa.

—¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí? —preguntó Nathaniel mientras Anatis lo ayudaba a levantarse.

—Es una larga historia.