-Truco -dijo Harry, mirando sus cartas mágicas. Cebó un mate y se lo pasó a Ron.
-Quiero retruco -dijo Ron, alzando una ceja mientras tomaba el mate. Estaban solos en la Sala Común de Gryffindor. Era Navidad, así que Hermione y los demás chicos se habían ido con sus viejos. Harry se quedó porque no se fumaba a sus tíos, y Ron porque sus viejos habían caído en cana. -Los cagaron, no fue su culpa -le comentó, contándole lo que había pasado-. Les quisieron usurpar la casa y papá le pegó al chorro con un fierro y lo dejó medio boludo. A mis viejos los mandaron en cana y al chorro le dieron los papeles de la casa. Derechos Humanos le consiguió laburo en el sector público. Ahora el chorro cobra en dólares, tiene prepaga OSDE y la tenencia de Ginny.
-Qué cagada, che -dijo Harry, mirando sus cartas-. Quiero vale cuatro.
Ron mostró el ancho de espadas. La carta se movió sola y clavó la espada en el medio del ancho de bastos de Harry, que empezó a chorrear toda sangre y cayó muerto sobre la mesa.
Harry entonces se probó la capa de invisibilidad que le habían dado para Navidad, se la había dejado su viejo antes de quedarla. Con ella, descubrió una sala del edificio con un espejo antiguo y mágico.
-Es el espejo del OJETE -le dijo una voz. Harry se dio vuelta asustado y vio a Dumbledore.
-Casi me cago encima del susto, señor.
-¿Qué ves cuando te ves ahí, Harry?
-A mis viejos, señor.
-No me mientas que cuando vos gateabas yo ya tenía que tomar viagra para que se me pare la chota.
-Está bien… Me veo con Tinelli, señor -admitió, cabizbajo-. Estoy en el bailando. Levanto a Charlotte Caniggia y Jimena Barón está de jurado.
-Interesante, Harry. Sí, creo que llegó la hora de que te cuente la historia de tus viejos.
-¿Los mató Voldemort?
-No, Harry. Voldemort era un sicario nomás. No te hiciste famoso por él, ni tampoco porque nadie entendiera cómo un bebé había matado al sicario más poderoso de todos los tiempos. No… Te hiciste famoso porque tenían que tapar una noticia que había salido por el atentado a la AMIA y todos los medios pasaron la noticia tuya durante tres meses seguidos. No hablaban de otra cosa. Que el bebé encontrado esto, que lo otro… nos tenían las bolas llenas. Todos los días salía algo nuevo: "Habla la señora que trabajaba limpiándole la casa a la hermana de la prima de la tía de la madre del bebé…", "encuentran huellas de una ardilla en la casa de al lado de la casa donde apareció el bebé…", "la autopsia de la ardilla reveló positivo en COVID-19"…
Dumbledore respiró hondo.
-Harry, hay alguien detrás de lo que te pasó de bebé. Alguien mucho más poderoso que Voldemort. Alguien con poder. Alguien que lo mandó a matar a tus viejos.
-¿Quién?
-No sé quién, Harry. Hace diez años me pregunto eso. Es alguien que se mueve sigilosamente, actúa sin que nadie lo sepa, te espía sin que te des cuenta. Tiene impunidad, nadie sabe nada de lo que hace… ¿Se te ocurre quién puede ser, Harry?
-¡Un político!
-Es lo más probable, Harry. Lo más probable… Y algo me dice que ahora que vos estás en Hogwarts, va a tratar de venir a buscarte a vos. Pero no pasa nada, eh, vos tranca palanca. Que está todo piola. Mientras yo esté acá, vos fumá. Ahora bien, Harry, todo esto que te conté es re turbio, así que no puede salir de acá, ¿estamos? Tomá, tomá -sacó una bolsa llena de guita, se la dio y se fue. Con toda la guita que le estaba sacando a Dumbledore, a Harry ya le faltaba re poco para la Nimbus 2000.
Llegó mayo a Hogwarts, y Harry, Ron y Hermione fueron de Hagrid a tomar el té, una tarde de sábado. Hagrid era, como dije en el capítulo anterior, un tipo grandote y peludo. Vivía en una choza de chapa cerca de la alambrada que daba a la calle, y su trabajo era sacar la escopeta y amenazar a los chorros que saltaban adentro para afanarle a los alumnos. Tenía fama de pedófilo, ya que siempre invitaba a los nenes más chiquitos a tomar el té, por motivos raros que nadie entendía.
-Sí, pasen, pasen -dijo cagándose de risa, con cara de depravado, empujando a Ron adentro y cerrando la puerta de la choza con cara perversa, revisando alrededor que nadie mirara. Empezó a calentar el tecito mientras Hermione lo miraba nerviosa.
-Hagrid, tenés que decirnos qué mierda está pasando -le dijo Harry.
-¿De qué hablás, capo?
-No te hagas el gil -le dijo Ron-. Sabemos que vos sabés todo lo del Nico Flamenco. Desembuchá.
-La puta madre… -Hagrid empezó a jugar con su barba, nervioso-. ¿Cómo supieron lo del Nico Flamenco?
-Lo encontré en un libro -dijo Hermione, muy satisfecha consigo misma-. De la sección prohibida. Estaba toda llena de porno, pero en un libro de trabas había una foto del Nico en bolas con Dumbledore.
-Sí, y yo me acordé que una vez a la noche los vi en los bosques de Palermo -dijo Harry.
-Bueno, bueno, ya fue -Hagrid resopló-. Miren, les cuento, pero no digan nada, ¿estamos?
Los tres asintieron.
-Dumbledore es cliente del Nico hace añazos -dijo Hagrid, sirviendo el té-. El Nico le vende la merca, ¿entienden? Ustedes son muy chicos para entenderlo…
-Fred y George nos dan porro todo el tiempo -dijo Ron.
-Bueno, sí, la merca te pega más -explicó Hagrid-. La cosa es que tiene un ladrillo de coca mágico que no se termina nunca. Y encima pega mucho más. Se llama el "Piedrazo Filoso". El Nico Flamenco y Dumbledore consumen hace bocha de años de esa. Es de la buena, pero buena mal. La mejor. El Nico la fabricó hace banda de años, hace como 600 y pico de años que está metiéndole a la blanca esa y no la puede dejar. Así que Dumbledore dijo que lo iba a ayudar a dejarla, y la escondió en algún lado del castillo.
-¡Noo, qué zarpado! -dijo Harry-. ¡Yo la quiero! ¿Cómo la encontramos?
-¡Callate la boca, pelotudo! -le dijo Hagrid, enojado-. No sabés lo que decís. Mejor no se metan con las drogas, ustedes, ¿está claro? Tienen una educación acá, no la tiren a la mierda así nomás. Yo duré tres años en Hogwarts nomás y no pasé más porque estaba re duro todo el día. Ustedes pueden llegar más lejos. Prométanme que no van a ir a buscar esa piedra, ¿estamos?
-Dale, dale, Hagrid, no te preocupes -dijo Ron.
Más tarde, en la Sala Común, se armó una discusión entre ellos.
-¡Yo quiero ir a buscarla! -dijo Ron-. ¡Estoy re careta!
-¡No, Ron! -decía Hermione-. ¡Ya escuchaste a Hagrid! ¡Tenemos que valorar la educación, estudiar y ser buenas personas!
-¡Vos porque tenés viejos de clase media! -dijo Ron-. ¡Yo quiero escaparme de la realidad de mierda que vivo!
-¡Pero si vivís en esta escuela conmigo, ¿qué decís?!
-Sí, ¡una escuela de mierda! ¡Ayer se me cayó el cielo raso encima mientras dormía! ¡Y me fui a bañar y salieron todas ratas de la cañería! ¡Con mi fobia a las arañas, Hogwarts me va a matar antes que la droga, con todos los bichos que hay!
-Yo digo que tenemos que ir a buscarla -dijo Harry, evitando la mirada desesperada de Hermione-. Pero no para consumirla.
-¿Entonces para qué? -dijo Ron.
-¿No les parece raro? El día de la Copa América, Snape fue para el baño. Él liberó a Maradona. Snape trata de conseguirla. Dumbledore me dijo que el que mandó a matar a mis viejos es alguien poderoso, probablemente un político. Snape no es importante ni poderoso, pero es de Slytherin. ¿Y si la quiere para alguien de Slytherin más poderoso que él? A los políticos les encanta la merca, lo saben todos. ¿Hay algún político vinculado a Slytherin?
-Oh, Dios mío -dijo Hermione, comprendiendo-. ¿Cómo no lo vi antes? El fundador de la casa Slytherin, en 2010, fue… pero no, no puede ser.
-¿Quién? -preguntó Harry-. ¿Cristina Kirchner?
-No -explicó Hermione-. Ella fundó la escuela, y la casa Gryffindor.
-¿Gryffindor?
-Sí, y el fundador de Slytherin fue… la oposición. El entonces jefe de gobierno porteño. Mauricio Macri.
Todos se miraron entre sí, asustados.
-Para mí fue él -dijo Ron-. Ese hijo de puta de Macri. ¡Snape quiere la piedra para él! Esos Slytherin son unos caretas, y Macri quiere la piedra, ¡está claro!
-No -saltó Harry-. ¡No puede ser! Macri no podría hacer eso.
Ron se quedó boquiabierto por la sorpresa.
-Vos…
Harry se puso rojo.
-¿Y qué? -saltó Harry entonces, enojándose-. ¡Sí, yo! ¡No soy K, ¿me entendés? ¡Es más, ¿sabés qué?! ¡Soy Anti K! ¡Para mí que la que quiere la piedra es la Kretina! Piénsenlo. Dumbledore dijo que estaban tratando de encubrir algo de la AMIA cuando yo nací. ¡Está claro! ¡Es ella! ¡Cristina está atrás de todo!
-¡Tus tíos caretas te hicieron amar a Macri!
-¡Cualquiera, ¿qué decís?! ¡Mis tíos apoyaban a Lavagna!
-Ah, son unos pelotudos.
-¡Basta! -gritó Hermione-. Esta discusión no tiene sentido. ¿Por qué Macri o Cristina iban a querer la piedra? No sé, es raro. Tienen toda la guita. Pueden tener la merca que quieran.
-A lo mejor es para venderla -dijo Harry-. Aunque la junten en pala, siempre quieren más. Así son.
-¿Y qué hacemos, Harry? -dijo Ron.
-Solo hay una forma -dijo él, muy serio-. La conseguimos antes que ellos, la vendemos nosotros, y con la guita nos vamos a la recontra mierda. ¿Qué dicen?
Así que, esa noche, los tres fueron al tercer piso ocultos con la capa para volverse invisibles. Allí, tras una puerta donde habían visto meterse a Snape un día, encontraron una puerta trampa.
-No abre -dijo Ron, tirando de la manija. Harry miraba alrededor. -¿Ahora qué hacemos? Tiene que estar acá abajo, loco.
-Yo creí que iba a haber algo protegiéndola -dijo Hermione-. Un monstruo, no sé, algo…
-Sí que hay algo, miren -dijo Harry, señalando a una mesa.
Los tres se acercaron y alumbraron con sus varitas.
-¿Qué es esto? -dijo Ron.
-Es un formulario -dijo Hermione, tomando la hoja de pergamino y leyendo-. Es un simple… formulario.
-Qué raro.
-¿Y qué dice?
-Hay que llenar una solicitud de declaración jurada para que se abra la puerta trampa. Chicos, esto es algo muy, muy formal. Me parece que es un formulario del ANSES.
-Ya lo entiendo -dijo Harry, comprendiendo, asustado-. Es la primera prueba. Completar un formulario declaración jurada para bajar. Qué inteligentes…
-Bueno, está claro que hay que mentir -dijo Ron de inmediato-. ¿Qué dice? Uh, ni ganas de leer. ¿Por qué no le pagamos a alguien? ¿No hay un empleado por acá para coimear?
-No -dijo Hermione, aterrada-. Estamos solos. No hay empleados para coimear.
-¿Contactos? -sugirió Ron-. ¿Alguno de ustedes conoce a alguien que labure acá, así nos hace pasar?
Los dos negaron con la cabeza.
-Es una trampa, Ron -dijo Harry, asintiendo con severidad-. Es un formulario para completar como declaración jurada, pero no hay empleados para coimear, y no hay conocidos que nos hagan pasar a la siguiente prueba…
-¡La puta madre! -dijo Ron, muy afectado-. ¡¿Y ahora qué hacemos?!
-Solo hay una forma -dijo Harry, con mucha valentía-. Tenemos que completar el formulario.
-¡ESTÁS LOCO! -dijo Ron de inmediato.
-Harry, no… -dijo Hermione, rompiendo en lágrimas-. Por favor, no lo hagas.
Pero Harry ya había tomado la lapicera y empezó a hacerlo.
"Nombre: Harry James Potter".
-¡BASTA, HARRY! -gritó Ron, tratando de detenerlo-. ¡NO SIGAS! ¡AUNQUE SEA MENTÍ, PONÉ DATOS FALSOS!
-No va a funcionar -dijo Harry-. Tiene magia. Va a saltar la ficha.
-¡Pero Harry! -gritó Ron, desesperado-. ¡TE VA A IR A BUSCAR LA AFIP!
-Tenemos que hacer sacrificios, Ron…
Movió la lapicera, que estaba atada con un hilo a la pared, y completó el otro campo: "Edad: 11 años".
Abajo decía: "Firma y aclaración".
-Harry, no lo firmes -suplicó Hermione, sin dejar de llorar-. Todavía podés dar marcha atrás. Vamos a encontrar otra forma…
Pero Harry se llenó de coraje y firmó con su firma real, y puso la aclaración abajo.
Al instante, la puerta trampa se abrió.
Harry se apartó de la hoja de papel.
-Listo -dijo, respirando hondo-. Vamos, tenemos que seguir adelante.
Ron avanzó tras él hacia la puerta trampa.
-Qué valiente -dijo Hermione, llevándose las manos al pecho conmovida, y fue tras ellos. Los tres saltaron y cayeron muchos metros bajo tierra, en un lugar oscuro y profundo. Cayeron encima de algo suave y que los succionaba, grumoso y asqueroso, con olor a podrido, que les amortiguó la caída.
-¿Qué es esto? ¿Una planta?
-No -dijo Hermione, asustada-. Me parece que sé lo que es…
-¡ES UN TANQUE LLENO DE AGUA DEL RIACHUELO! -gritó Harry, aterrado-. ¡SÁLVESE QUIÉN PUEDA!
El "agua", que en realidad era una sustancia como una esponja podrida, los succionaba hacia abajo.
-¡AAAHHHGGGGGGG! -Ron se hundía, agitando los brazos, gritando enloquecido. Hermione consiguió salir, y tiró de la mano de Harry, que salió tras ella.
-¡TENÉS QUE RELAJARTE, RON! -gritó Hermione-. ¡ES LA ÚNICA FORMA PARA QUE TE SUELTEN LOS QUÍMICOS INDUSTRIALES!
-¡NO PUEDO! -gritaba Ron, luchando por mantenerse a flote-. ¡EL ÁCIDO ME ESTÁ DISOLVIENDO LAS PIERNAS! ¡AYUDA!
-No va a relajarse -dijo Harry, mirando a Hermione-. ¡¿Qué hacemos?!
Hermione cerró los ojos y se concentró.
-"Lo único a lo que teme la contaminación del Riachuelo, es…" -recitó la niña, tratando de recordar-. ¡Lo tengo! ¡Un decreto de saneamiento ambiental, que solo puede pasar mediante magia!
Hermione agitó su varita y un montón de decretos salieron de allí, disparados contra el tanque que contenía la sustancia verdosa. Cuando los decretos municipales empezaron a atacarla, la sustancia se contrajo en sí misma y, finalmente, liberó a Ron.
-Ron, ¿estás bien? -preguntó Harry, ayudándolo a salir.
-Sí, sí -dijo él, limpiándose la túnica.
-Bien ahí, Hermione -dijo Harry-. Esa sustancia nunca pensó que iba a llegar el día en que viera esos decretos. Vamos, mepa que es por acá.
Los tres cruzaron una cámara oscura que conducía a una puerta, pero estaba cerrada con llave.
-Tiene que haber alguna llave en algún lado -dijo Harry, buscando alrededor, pero no había nada.
-Harry… -Hermione apuntó a un costado con la cabeza. Había una ventanilla con el letrero "inmobiliaria". Tras ella, atendía un hombre con cara de garca.
-Dejame hablar a mí -dijo Harry. Los tres se acercaron y Harry se aclaró la garganta. -Hola, buen día, ¿cómo va? ¿Tiene la llave que abre esa puerta?
-Sí, pibe, tenés que llenar todo esto -dijo el tipo, sin levantar la mirada, y les pasó una pila de papeles-. Necesitás cinco garantías propietarias, cuatro recibos de sueldo, boleta de los últimos tres meses de servicios de agua, luz y gas… Te cobramos cinco meses de alquiler de adelanto como garantía, tenés que firmar un pagaré por ochenta mil pesos y dejar a tu hermana como depósito.
Los tres compartieron una mirada asustada.
-A lo mejor, señor… -dijo Hermione, haciéndose la sexy y acercándose a la ventanilla mirando al tipo con cara provocativa-. Podemos llegar a algún… "arreglo" -le guiñó un ojo.
El tipo frunció el ceño.
-Tenés once años, pibita. No te ofendas, pero estás más fea que la mierda, encima. O me consiguen todo eso que les dije, o se vuelven por donde vinieron.
Bajó la mirada y siguió escribiendo en su computadora.
Los tres se dieron la vuelta y se alejaron.
-Está difícil -dijo Ron, pensativo-. No se me ocurre nada.
-No tengo ni para sobornarlo -dijo Harry, buscando en sus bolsillos-. Me dejé la guita en la pieza. ¿Qué hacemos?
-¡Harry, mirá! -dijo Hermione, señalando una pared lejana. Fueron para allá, y vieron un montón de objetos colgados. Se acercaron para mirar con más atención: Había una pistola, un uniforme de la federal, un traje de pitufo azul, uno de gendarmería, uno de la bonaerense y otro de la metropolitana.
-Ya sé -dijo Harry-. Hermione, vos ponete el de la metropolitana. Ron, vos agarrá el arma.
Diez minutos después, Ron se acercó a la ventanilla y apuntó al tipo con el arma.
-¡DAME LA GUITA! ¡DALE PORQUE TE QUEMO, ¿ME ENTENDISTE?!
-¡Soplame la verga! -le gritó el tipo-. ¡El vidrio es anti balas, pelotudo!
Ron dejó el arma apoyada ante la ventanilla, y en ese momento apareció Hermione, con el uniforme de la metropolitana.
-¿Qué está pasando acá?
-¡Este tipo me quiere matar! ¡Tiene un arma! -gritó Ron, señalando al arma que estaba adelante del hombre, en la ventanilla.
-¡No! -dijo él-. ¡Mentira!
-Bueno, bueno, bueno -Hermione sacó una libreta y se puso a escribir-. Vamos a tener que levantarle cargos por posesión y tenencia de arma ilegal, disturbios públicos… Te van a caber un buen par de añitos, ¿sabés? Andá diciéndole chau a tu inmobiliaria.
-¡No! -dijo el hombre, saltando de la silla-. ¡Flaca, pará! ¡No me podés hacer esto!
Pero Hermione confiscó el arma y se fue con Ron. Entonces apareció Harry, con el uniforme de la federal.
-Ufff, qué cagada, loco -dijo, cruzándose de brazos y negando con la cabeza-. Qué bajón, che. Te van a cerrar todo el negocio. ¿Tenés familia?
-¡Sí! -dijo el tipo, al borde de un ataque de nervios-. ¡Me quiero matar!
-Bueno, mirá, hagamos esto -dijo Harry, apoyándose ante la ventanilla y mirándolo fijo a los ojos-. Esa mina que te levantó los cargos es de la metropolitana, ¿sabés? Yo estoy más alto, soy de la federal. Tengo unos conocidos que aprietan dos teclas en la computadora y te dejan limpito, como nuevo, reluciente. Desaparece todo.
-¡Por favor!
-Sí, sí, favor es la palabra -dijo Harry, mirando alrededor con actitud sospechosa-. Pero vos sabés que un favor va a cambio de otro favor, ¿no?
-¿Qué querés?
-Bueno, ¿sabés qué? Me vendría bien la llave para abrir la puerta de allá. ¿Qué decís?
Dos minutos después, Harry, Ron y Hermione abrieron la puerta y pasaron a la siguiente prueba.
-Creo que ya veo cómo viene la mano con esto -reflexionó Hermione-. La primera prueba era para medir la valentía. La segunda el conocimiento. Y esta la viveza. Le hicimos una cama, y pasamos.
La siguiente prueba era una mesa enorme con cuatro sillas y un mazo de cartas.
-¿Qué es esto?
Ron abrió grandes los ojos.
-Ya sé qué es esto… Chicos, es una partida de truco mágico.
Se sentaron en tres de las cuatro sillas, y de repente apareció una estatua y ocupó la cuarta.
-Tirá los doces -ordenó la estatua-. Va sin jardinera y a treinta. Dale.
Ron empezó a repartir, y le salió un doce a la estatua, y después otro a él mismo.
-Yo juego con la estatua -dijo Ron, nervioso, y cambió de lugar-. Tomá, cortá, Harry.
Empezaron a jugar. A medida que pasaba el partido, se iban poniendo más nerviosos. La estatua jugaba muy bien. Agarró a Harry dos veces haciéndole señas a Hermione.
-Real envido -cantó Hermione, y se la vio muy nerviosa, y Harry puteó por lo bajo.
-¿Ah, sí? -dijo la estatua, y se empezó a cagar de risa-. Quiero ver, flaquita.
Hermione no tenía nada.
-La re puta madre -dijo Harry, tirando las cartas de mal humor.
Más tarde, iban abajo por cuatro puntos, y a Ron y a la estatua les faltaban dos para llegar a las treinta.
-¿Tenés tantos? -preguntó Harry. Hermione asintió, y como no sabía mentir supo que era verdad.
-Envido.
-¿Te gustan? -le preguntó Ron a la estatua.
-Metele, dale -dijo ella.
Harry se miró con Ron.
-Lo entendés, ¿no? -dijo Ron-. La única que les queda es conseguir seis puntos. Tenemos que cantar tantos tres veces. Y entonces ustedes dos van a ganar, y van a poder seguir adelante.
-¡No, Ron! -gritó Hermione-. ¡Si hacemos eso, vos vas a perder con la estatua!
-Debo hacerlo -dijo él, muy serio-. Ustedes encuentren esa piedra, y después me la consumo toda y me olvido del dolor. ¡ENVIDO, CARAJO!
La estatua se quedó de piedra. Literalmente.
-Está bien, Ron -dijo Harry, asintiendo con valentía. Entonces clavó los ojos en la estatua, con ira. -¿Dijeron… envido?
-Uy, están cargaditos, eh -dijo la estatua, y miró a Ron-. Guarda que la flaquita no miente, eh.
-Yo estoy más cargado -le dijo Ron-. ¡QUIERO!
-Uh, la puta madre -la estatua se tapó la cara-. La flaquita canta primero.
-Hacelos mierda, Hermione -dijo Harry, mirándola fijamente. Ella sonrió y asintió con astucia.
-¡VEINTISIETE! -gritó, triunfante.
Harry y Ron se quedaron de piedra.
-¡¿Quééééééé?! -Harry no lo podía creer-. ¿Veintisiete? ¿Eso era estar cargada para vos?
La estatua se empezó a cagar de risa.
-Listo, Ron, los hicimos mierda -le dijo-. Mesa.
-Mesa -dijo Harry, mirando a Hermione con ganas de matarla.
-Bueno, yo… -Ron miró sus cartas. Entonces las dio vuelta y se las mostró a los demás. -Veintisiete también. Ustedes son mano. Ganaron.
-La re puta madre, Hermione -Harry transpiraba de los nervios y del alivio, a la vez.
-¿Cantaste envido, envido, envido con veintisiete? ¡Hijo de puta! -la estatua saltó sobre Ron, le pegó un puñetazo en la boca del estómago y Ron cayó inconsciente al suelo. Después se fue, abriéndoles la puerta para que pasaran a la siguiente prueba.
-¡Ron! -Hermione se tiró al piso y le tomó el pulso. Ron estaba inconsciente. -Harry, tenés que seguir vos. Mandate a la próxima prueba, yo me quedo a cuidarlo. Vos podés, Harry. Yo sé que vas a vencer al que esté atrás de todo esto.
-Gracias, Hermione. Bueno, voy a seguir solo. Si no vuelvo en diez minutos, andate de acá y llevatelo. Si muero, sean felices, pero guarda que me parece que es medio violín Ron, tené cuidado.
-Dale, Harry. Suerte.
Harry avanzó a través de la puerta. Había un fuego que rodeaba todo, y en el medio estaba el espejo del OJETE. Lo reconoció enseguida. Y enfrente a él, estaba una persona. Una persona tapada con una túnica que la cubría por completo, desde la cabeza hasta los pies.
-¿Quién sos? -le preguntó Harry.
-Hola, Harry -dijo la figura, sin darse la vuelta-. Sabía que ibas a venir.
-No sos Snape…
-No, Harry. Era Quirrell el que laburaba para mí. Pero se murió. Le tuve que pegar un tiro adelante del tipo de la inmobiliaria para hacerlo pasar por homicidio culposo y hacerle una cama para que me diera la llave.
-¿Vos mandaste a matar a mis viejos?
-Sí, Harry, fui yo. Voldemort solo era un sicario. Solo laburaba para mí, como Quirrell. No era nadie. Yo fui el que los mandó a matar.
-¿Pero por qué?
-Ellos sabían mucho, Harry. Tus viejos laburaban en la ex SIDE, ¿no te dijeron? Estaban atrás de mí hacía tiempo, así que tuve que mandar a matarlos. Para que la gente no supiera que soy una persona corrupta. Tengo miles de causas de lavado de dinero, choreos, guita blanqueada…
Harry no podía decir si tenía voz de hombre o de mujer, porque hablaba en un susurro diabólico.
-¡¿Quién sos?! ¡¿Macri?! ¡¿Cristina?! ¡Da la cara!
-Bueno… Si eso querés, Harry… Voy a mostrarte quién soy.
A Harry se le paró el corazón. La figura se dio la vuelta y empezó a sacarse la capa, hasta que esta cayó al suelo y reveló quién era.
-¡NO PUEDE SER! -gritó Harry, cagado hasta las patas-. ¡VOS!
-Sí, yo -dijo Marcelo Tinelli, mirándolo fijamente a los ojos, muy serio.
-¿Cómo puede ser?
-Dejame explicarte, Harry -dijo Tinelli, paseándose por la habitación-. Hace bocha de años que estoy atrás de todo lo que pasa, ¿entendés? Yo soy el verdadero villano de la historia argentina. ¿Cristina? ¿Macri? Pero no, Harry, pensá un poco. Esos políticos están cuatro años y se van. Ocho, con suerte. Yo hace como treinta años que estoy, y, ¿quién me saca? No me saca nadie. Telefé intentó sacarme. Canal 9 intentó sacarme. Pero siempre vuelvo. ¿Entendés? A mí no me sacan. Hace décadas que controlo todo.
"Cuando asume un político, yo me presento en su oficina y le explico que acá el que está a cargo soy yo -dijo Tinelli-. O hacen lo que yo digo, o son boleta. La droga la manejo toda yo. Yo controlo a los barra bravas. Si el presidente de turno no hace lo que digo, le tiro a todos los barras encima, y chau, es boleta. Nadie dijo ni mú nunca, porque saben que no les queda otra.
-Sos un hijo de puta -dijo Harry, lleno de rabia. Tinelli se rió con maldad.
-Es un ataque de dos puntas, Harry. Por un lado estupidizo a la sociedad con mi programa de mierda. ¿O me vas a decir que cuando te ves en este espejo no te ves bailando para Jimena Barón? Con la mente de los argentinos controlada, después viene la fase dos del plan. Voy por atrás, haciéndome el boludo -levantó las cejas-. Dirigiendo San Lorenzo, haciéndome el tranqui. ¿Por qué te pensás que Messi juega mejor en el Barcelona que en la selección, Harry?
-Me estás jodiendo que vos hiciste eso.
-Invité a Messi a jugar en San Lorenzo -explicó Marcelo-. Pero me dijo que no. "¿Ah, sí?", le dije yo. "¿Así que no te gusta Almagro? ¿Preferís Europa? Dale, listo". Le mandé a matar a una hija. Tenía otra antes, ¿no sabías? A partir de ahí se quedó todo mansito. Cuando viene al país viene cagado hasta las patas. Desde Ezeiza que le tiemblan las gambas. ¿Cómo va a jugar bien?
-Te odio, Marcelo. Mirá que te perdonaba lo de mis viejos, ¡pero te metiste con la pulga! ¡Sos una mierda!
Pero Tinelli se rió aún más.
-Eso no es nada, Harry. ¿Sabés quién mató a Nisman?
-No. Por favor, decime que no…
Asintió de nuevo.
-Cristina no fue, Harry. Me reí tanto cuando vi en TN cómo decían que había sido ella. ¿Cristina, asesina? Pero por favor, si es una pobre tonta que era manejada por el marido. Pero al marido lo manejaba yo, ¿sabés? Y a Macri lo manejaba yo también. Yo le dije que suba el dólar porque había publicado unas cosas de casa que ya no me servían en Amazon. ¿Sabés quién le dijo a Alberto que extienda la cuarentena? Yo. Porque estaba empezando una serie en Netflix. Acá el poronga soy yo, Harry. El que controla todo soy yo. Mandé a matar a Nisman porque se estaba metiendo a investigar lo que no debía. Ya me había llamado a interrogar a Freddy Villareal y a la enana Feudale. Era peligroso tenerlo con vida.
-¡SOS UN HIJO DE PUTA! ¡TE VOY A MATAR!
Harry sacó su varita, pero entonces Tinelli metió la mano en su saco y sacó… la suya.
-¡¿Sos un mago?!
-Obvio que soy un mago, Harry. ¿Cómo te pensás que logro mi rating sino? Ahora vení para acá. Estoy tratando de sacar la piedra esta del orto del espejo y no sale. Me veo con la piedra, pero no la tengo. Vos seguro sabés algo, vení para acá o te mato.
Harry se movió hacia el espejo, lentamente. Se vio a sí mismo reflejado. El Harry del espejo le guiñó un ojo y se empezó a acariciar el bulto. Harry se quedó con la cara arrugada. ¿Por qué su reflejo se tocaba el bulto? Entonces el bulto se puso duro, pero mucho más de lo normal. ¿Qué estaba pasando?
Y entonces sintió algo pesado encima de los huevos y lo supo: la piedra acababa de materializarse en sus calzones.
-¿Y? -dijo Tinelli-. ¿Qué ves?
-Me veo… me veo… sentado con Susana. Hay un dinosaurio en el estudio. Está vivo.
-¡Estás mintiendo!
Tinelli sacó la varita y Harry supo que llegaba su fin.
Entonces, algo salió del espejo. ¿Qué era eso? Y lo supo: eran sus padres. Sus viejos salieron de una forma fantasmal, solo visible para él, o eso creyó.
-Harry, amor mío, tenés que cerrar los ojos -le dijo su mamá, mirándolo.
Harry obedeció. Cerró los ojos y escuchó los gritos de Tinelli.
-¡NOOOO! -gritaba Marcelo, y parecía que estaba invadido por un gran dolor-. ¡NOOOOOOOOOOOOOO!
Todo se puso rojo, y Harry cayó inconsciente.
Despertó tres días después, en la enfermería. Dumbledore estaba con él.
-¡Dumbledore! ¿Qué pasó?
-Lo derrotaste, Harry -dijo él, muy sonriente.
-Pero, ¿cómo? ¿Cómo pasó?
-Cuando cerraste los ojos, Tinelli murió -explicó Dumbledore-. Verás, Harry, Tinelli solo vive cuando lo mira la gente, ¿entendés? Ésa es su debilidad. Vos cerraste los ojos, dejaste de mirarlo… Y listo, se fue.
-Wow -dijo Harry, impactado por la explicación-. Pero señor, ¿y la piedra?
-Fue destruida, Harry. Tuve una charla con mi amigo el Nico Flamenco, y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.
-¿Qué le va a pasar?
-Tantos años entrándole a la piedra lo dejaron muy débil, Harry. Con la abstinencia, sí, temo que va a morir. Pero le queda el suficiente efecto en la sangre para poner sus asuntos en orden.
-Señor, ahora que murió Tinelli, ¿se va a terminar la corrupción en Argentina?
-Harry, me temo que la corrupción en Argentina siempre va a estar ahí. Acechando. Esperando la oportunidad para atacarnos otra vez. No creo que tenga suficientes fuerzas en este momento para hacer un llamado a elecciones primarias, pero tampoco se ha ido del todo, porque forma parte de nuestra cultura, y eso es algo que debemos entender.
El año terminó con un gran asado en el Gran Salón, después de los exámenes finales. Hagrid sacaba los chorizos y los iba metiendo en el pan y en otra parrilla, al lado, Sprout daba vuelta la carne.
Harry le clavó al diente a un pedazo bien jugoso de vacío y se sirvió ensalada mientras le sonreía a Ron y Hermione.
-Fue un año de la puta madre, ¿no?
-No pudimos conseguir la guita para irnos del país, pero aprendí algo -dijo Ron-. Aunque se caiga todo a pedazos, Hogwarts es nuestro hogar. Acá estamos en casa.
Ron se clavó un choripán, y Harry se sirvió una bondiola de cerdo.
-Debés sentirte mal de tener que volver con los forros de tus tíos, ¿no? -preguntó Hermione, comiendo ensalada rusa.
-Dumbledore me dio veinte mil dólares para que no diga nada de lo que pasó -reveló Harry entonces, y los otros se quedaron boquiabiertos-. Así que creo que este verano va a estar muy bueno…
-Disculpen, ¿escuché la palabra dólares? -dijo Fred, apareciendo con George en la mesa, ambos comiendo un choripán.
-Compartila, Harry -dijo George-. Nosotros te hacemos alta fiesta.
-Sí, Harry, venite a casa en el verano y rompemos todo. Pero primero hay que echar al ocupa y sacar a mamá y papá de la cárcel.
-Listo, hagamos esto -dijo Harry-: Ustedes se ocupan de la bebida y Hermione y yo sacamos al ocupa, ¿dale? Fred, vos comprate unos cajones de Fernet, vos George comprá la coca y mandale cervezas a lo loco, Ron, vos comprá un Gancia para Hermione y una Sprite. Nosotros dos vamos con los dólares a tribunales a ver al juez, y arreglamos todo en diez minutos. ¡Vamos que se va a armar alta joda!
