LA PRIMERA PRUEBA
El cerco de los dinosaurios en el baldío exterior a Hogwarts estaba explotado de gente. Habían venido de todos lados. Había una tribuna con gente de Brasil, otra con magos de México, y otra con chilenos.
-¡DEVUÉLVANNOS LAS ISLAS, HIJOS DE PUTA! -les gritó un argentino desde la otra tribuna.
-¡PERO SI ESOS ERAN LOS INGLESES, CONCHETUMADRE! -le gritó un chileno.
-¡USTEDES NOS VENDIERON, ES LO MISMO, VENDE-PATRIA!
-¡DEVUÉLVANNOS USTEDES LA PATAGONIA, WEONES!
-¡¿LA PATAGONIA?! ¡PERO DEJÁ DE VIVIR EN EL PASADO, CHILENO RESENTIDO!
Harry estaba en la choza de los campeones, apretujado entre los cincuenta participantes. Hacía un calor de la puta madre y estaban todos tan nerviosos que había un olor a chivo infernal. Afuera, la prueba iba a ser relatada por Marley, que era mago.
-¡Hola, chiques! -saludó Marley con la voz amplificada, re sonriente a las tribunas-. ¡Bueno, vamos a empezar acá el torneo… Mirko va a estar relatando, ¿nocierto, Mirko?
Se escucharon unos balbuceos de bebé incoherentes y las risas boludas de Marley.
-Va a estar con nosotros también Lizy Tagliani…
-¡HOOOOLA, BRUJITAS Y BRUJITOS! -se escuchó la voz de Lizy-. ¡Ay, Marley, te juro que no sabía quién eras vos! O sea, vi al dinosaurio ese de ahí, y te vi a vos, y digo, ¿cuál es cuál? ¡JAJAJAJAJAJAJA! ¡AY, NO, PARÁ! ¡BAJAME QUE SE ME VE TODO!
Marley había levantado a Lizy en el aire y la llevaba corriendo hacia los dinosaurios, mientras ella trataba de bajarse, los dos cagándose de risa.
-Harry, ¿estás bien? -preguntó Hermione dentro de la choza de los campeones.
-Sí, creo -dijo él, recontra nervioso-. Gracias a vos, que me explicaste bien el hechizo convocador, voy a poder convocar mi secador de piso y volar para robar el huevo.
-Buenísimo, Harry.
-¿Vos que tenés pensado hacer?
-Ah, no, yo me aprendí el hechizo vence-dinosaurios. Se lo tirás a la cara y caen desmayados al toque.
-¡¿Y por qué no me enseñaste a mí ese?!
-Disculpá, Harry, pero sos la competencia. Quiero ganar, ¿viste?
Entonces sonó el silbato y el primer campeón, Cedric Diggory, tuvo que salir al baldío, con nada más que su varita. La multitud rugía y gritaba como si fuera un partido de fútbol. Se notaba que las multitudes argentinas no sabían comportarse masivamente de una forma que no fuera futbolera.
-¡DEJÁ DE COMÉRTELA, CAGÓN! -gritaba Flitwick desde su tribuna.
-¡PASALA, BOLUDO, PASALAAAAAA! -gritaba Filch.
-¡¿QUÉ QUERÉS QUE PASE, CELADOR INFELIZ?! -le gritó Cedric-. ¡ES UN DINOSAURIO, Y ESTOY JUGANDO SOLO!
-¡PASAAAALAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! ¡COMILÓN!
Mientras los cincuenta iban pasando, la gente exclamaba gritos de miedo y asombro, y Harry no aguantaba los nervios. Escuchaba a Marley decir cosas como: "¡Uuuuuuuuuhhh!, ¡estuvo cerca!", "¡Ay, no, eso tuvo que doler!" y "¡Ufff, lo dejó más hecho mierda que Lizy! ¡No, Lizy, pará! ¡PARÁ, JAJAJAJ, AAAHAHHHH!" y la multitud riendo.
Cuando por fin le tocó el turno a Harry, a lo último, la multitud estaba tan hinchada las bolas con la prueba de mierda que no terminaba más que la mayoría se habían ido al carajo. Los pocos que quedaban eran de Slytherin y tenían carteles deseándole la muerte a Harry, y algunos de otras casas que se habían quedado porque apostaron con Fred y George y querían la guita.
-¡Molly! -dijo McGonagall, al ver que la señora Weasley tenía unas apuestas de Fred y George contra Harry en la mano-. ¿Apostaste a que Harry pierde?
-A que se muere -dijo ella, seria, mientras se comía un chori con chimichurri-. Disculpá, Minverva, pero necesito la guita.
Harry estaba adentro de la choza, cagado hasta las patas. ¿Cuál le iba a tocar? ¿El Terror del Desierto? ¿El Titanosaurio? Iba a estar él solo con un secador de piso de mierda, y estaba que se meaba de miedo.
-¡Y a continuación…! -se escuchó la voz de Marley-. ¡Nuestro último concursante! ¡Harry Potter no tiene la más puta idea, pero hay una sorpresa especial para él!
-¿Cómo que sorpresa especial? -dijo Harry para sí mismo dentro de la choza, con los ojos abiertos con terror.
-¡Cómo los cuatro dinosaurios que teníamos preparados ya murieron todos, no tanto por los hechizos que les tiraron sino más seguramente de hambre, trajimos un quinto dinosaurio nuevo para Harry Potter! ¡Uno más feroz que todos los anteriores!
-La re puta madre -dijo Harry, adentro de la choza-. Esto no va a ser bueno…
-¡El quinto dinosaurio, damas y caballeros, es el más feroz y terrible de todos! ¡Vive acá mismo, en Argentina, desde el período Jurásico, algunos dicen que está vivo desde el Cretácico, y los científicos estiman que va a vivir durante otros dos milenios más! ¡Damas y caballeros, démosle la bienvenida a nuestro quinto dinosaurio!
Se escucharon los gritos de emoción y aplausos de la gente resonando por todos lados.
-¡Y ahora, nuestro último campeón… HARRY POTTER!
Harry salió de la choza, caminó la distancia hacia el baldío cagado hasta las patas y cuando entró pegó un grito de terror que se escuchó hasta Longchamps.
-¡LA PUTA MADRE! -gritó Harry, sin poder creerlo-. ¡ESTO NO ES JUSTO! ¡ME TOCÓ MIRTHA LEGRAND!
-Hola, chiqui -lo saludó Mirtha, guiñándole un ojo.
-¡No es justo! -gritó Harry-. ¡Los demás eran más fáciles!
-Más vale que empieces -le dijo Mirtha, que estaba sentada sobre los huevos de oro-. Porque hoy tenemos una ME-SA-ZA, ¡CARAJO MIERDA!
-¡Accio secador de piso!
-¿Secador de piso? -se burló Mirtha, paseándose entre los huevos con una sonrisita arrogante-. ¿Lo digo o no lo digo? Conmigo no vas a poder. ¡YO SOY LA DUEÑA! Como te ven te tratan, y si te ven mal… ¡TE MALTRATAN!
-¡Callate la boca, Mirtha, déjame pensar!
-Yo no soy rencorosa, pero tengo memoria. No me llamen porque no voy a estar. YO NO NECESITO DE VOS PARA TENER AUDIENCIA, HARRY POTTER.
-¿Pero de qué mierda habla esta vieja?
En esas apareció el secador de piso de Harry, volando desde la ventana de su pieza. Aterrizó a su lado, con la parte de secador girando como una hélice. Harry se subió arriba y dio una patada al piso. Salió a los pedos volando por el aire hacia Mirtha.
-¡AAAHHGHHGHGHG! -Harry había tratado de agarrar el huevo, pero Mirtha lo sorprendió escupiendo una llamarada de fuego por la boca, que le pasó rozando el hombro y lo quemó-. ¡LA VIEJA PUEDE LARGAR FUEGO!
-¡ESTE ES EL ÚLTIMO AÑO DE LOS ALMUERZOS, HARRY POTTER… PARA VOS!
Abrió los brazos y salieron unas aletas de piel con membranas todas arrugadas. De repente, empezó a agitar los brazos y se puso a volar tras él, mientras sus ojos se volvían rojo fuego y escupía más llamas de la boca.
-¡AUXILIOOOOOOOOOOOOOOOO! -Harry voló con el secador a la mismísima mierda, lejos de todo, con Mirtha volando tras él riendo como desquiciada y lanzando fuego y volando con sus aletas de dinosaurio volador.
Se elevaron uno tras otro hasta lo alto de la torre Gryffindor, sobre los tanques de agua y las demás torres con diversos problemas edilicios en precario estado. De pronto Mirtha le pegó con su cola de dinosaurio al secador de Harry, que se fue al carajo.
-¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH! -Harry salió despedido por el aire, sin secador, cayendo a metros y metros de altura hacia algún punto de la avenida Pasco. Veía los camiones y colectivos abajo, cruzando en rojo y doblando en U. -¡AAAAHHHHHHHHHHHH!
Mirtha pegó un aleteo brusco, embistió en picada hacia él y de otro coletazo lo lanzó volando a la mierda en otra dirección. Harry se golpeó de frente contra otra de las torres de Hogwarts, que había quedado a medio construir porque justo los agarró el cambio de gobierno y les cortaron los fondos. Se golpeó contra los ladrillos rojos pelados sin revocar, resbaló por la pared y empezó a caer.
Harry se atajó de pedo de unos alambres sobresalidos y quedó colgando de ahí, aún a muchos metros del piso. El vértigo le llenó el pecho. Mirtha lanzaba rugidos animales y volaba en torno a una torre cercana, riendo de forma malvada.
Harry empezó a moverse por el alambre, colgando sobre el vacío, y localizó su secador de piso. Había ido a parar sobre unos cables de alta tensión que estaban enganchados precariamente contra el costado de una pared, justo debajo de la ventana de los dormitorios de los nenes de primer año.
-Casi… lo… tengo… -dijo Harry entre dientes, estirando el brazo para tratar de alcanzar su secador.
-¡SORPRESA! -gritó Mirtha, apareciendo volando por el otro lado de la pared, sus ojos rojos y su sonrisa diabólica-. ¡EL PÚBLICO SE RENUEVA!
Habían aparecido algunos alumnos asomándose por las ventanas, señalándolos y sacando fotos con sus celulares.
-¡CONMIGO NO VAS A PODER! ¿QUÉ TE PENSÁS QUE TENGO VEINTE AÑOS, HARRY POTTER? ¡BASTANTE ESFUERZO HAGO! ¡CARAJO, MIERDA!
Harry tomó impulso y saltó hacia los cables de alta tensión, justo cuando Mirtha escupía una llama de fuego a donde estaba él segundos atrás. Atajó el secador en el aire, los cables se rompieron todos y salieron chispas y electricidad por todos lados. Se cortó la luz en todo el edificio, y Mirtha quedó pegada a los cables, gritando y chillando a los alaridos. Harry se perdió en el vacío con el secador, y se hizo el silencio.
Todos en las tribunas contuvieron el aliento. ¿Qué había pasado? ¿Había muerto Harry? ¿O había muerto Mirtha? ¿Había sido ese el último año de los almuerzos? ¿Se venía el zurdaje?
Y entonces, de la nada, apareció Harry, volando con su secadora de piso y atravesando el cielo hacia ellos.
-¡SIIIIIIIIIIIII! -gritó Hermione, agitando el brazo en el aire y saltando-. ¡SIIIIIIIIIIIII!
Harry voló a los re pedos hasta el cerco y atajó al vuelo el huevo de oro.
Veinte minutos después, se había armado terrible joda en la Sala Común de Gryffindor.
-¡HARRY! ¡HARRY! ¡HARRY! -gritaban todos, alzándolo en brazos y vitoreándolo.
-Gracias, gracias -decía él, re contento-. Pero no fui el único campeón. La mayoría de ustedes compitieron también. Bueno, todos menos…
Sus ojos encontraron los de Ron. De pronto, todos lo bajaron y se fueron hacia otro lado, a festejar a los otros campeones que habían ganado también. Ron se acercó a Harry, tímido.
-Creo que deberías estar loco para haber metido tu nombre en ese mate -le dijo, mirándose los pies.
-Finalmente lo entendiste -le dijo Harry-. Te costó, ¿no?
-Bueno, no fui el único… -Ron lo miró avergonzado-. Todos decían eso a tus espaldas. O sea, todos los demás sí metieron sus propios nombres en el mate, ¿viste? ¿Cómo iba a saber que justo vos no lo habías hecho de verdad?
-¿Y por qué ahora me creés, si antes no?
-Nadie que te viera enfrentarte de esa forma a Mirtha Legrand podría haber dicho que te metiste voluntariamente.
-¿Sabés si la vieja murió al final?
-¿Mirtha, morirse? ¿Estás loco, vos? Te dejó ganar. Yo estaba en una parte de la tribuna donde llegué a ver cómo Dumbledore le pasaba guita a través de la ventana de su despacho, ahí la vieja se fue y desapareció en una limusina para el lado de Buenos Aires.
-Lo importante es que somos amigos de nuevo.
Los dos se abrazaron, y Hermione rompió a llorar a su lado. Harry se acercó a Ron y le habló al oído para que ella no escuchara:
-Aprovechá ahora, Ron. Decile que te gusta.
-¡Estás loco! -le dijo él, cagado de miedo-. ¡No puedo!
-¡Dale, boludo! ¡Te tiene todas las ganas!
Ron negó con la cabeza, muerto de nervios. Hermione se acercó a ellos y los abrazó a los dos, llorando.
-¡Ay, chicos! -dijo, dando patadas al piso, como loca-. ¡Cómo me ponen! ¡Son los dos tan idiotas! ¡Vení, Ron, dame un beso!
Quiso comerle la boca a Ron, pero Ron se fue para atrás, tropezó con una butaca y se levantó de golpe, asustado.
-¡Perdón, tengo que ir a alimentar a Pigwidgeon! -y se fue corriendo para su pieza.
Harry se dio una palmada en la frente.
-Bueno, ¿pasamos todos a la segunda prueba?
-Sí -dijo Hermione-. Pero antes, se viene la prueba inesperada.
-¿El baile de Navidad?
-Sí, eso también, pero yo hablaba de la prueba para detectar el COVID. Todo ese evento masivo de la primera prueba debe habernos infectado a todos. Dumbledore consiguió traer cuatro vacunas rusas, Harry. Quiere que vos te des una, él otra, Moody otra y McGonagall la cuarta si alcanza.
-¿Por qué yo?
-Qué se yo, Harry, me dijo que te diga eso.
-Debe preocuparle mucho mi seguridad.
-Sí, seguro, Harry, siempre dije que Dumbledore te quiere mucho.
-Todo marcha según los planes -decía Dumbledore en su despacho en ese momento, señalando la pizarra titulada "El cerdo para el matadero"-. Dos pruebas más, y Harry es carne para el asador.
-Profesor -sugirió Pettigrew, que estaba con él-. ¿Capaz podemos proteger a Harry de alguna forma, cuando llegue al cementerio? ¿Capaz, no sé, Moody puede aplicarle algunos encantamientos protectores para el duelo con Voldemort?
-No te gastes, Pettigrew -dijo Dumbledore, descorchándose un champagne-. Si se muere nos queda el otro, el fracasado ese de mierda que también nos sirve para lo de la profecía, ¿cómo se llama?
-¿Longbottom?
-Sí, ese. Pasame ese vaso, Pettigrew, que te sirvo un poco.
Brindaron juntos, re contentos.
