En una apacible tarde de viernes, en la que la bulliciosa casa Loud permanecía extrañamente tranquila, vemos a un impaciente Lynn Sr. dando toda clase de vueltas de su alcoba al comedor; mientras esperaba a que bajase por las escaleras, la que para muchos era su hija favorita. "Lori".
Y es que durante esos días Lori había regresado a casa para poder pasar algo de tiempo con su queridísima familia, tras haber culminado con éxito sus difíciles exámenes semestrales.
Aprovechando que la casa estaba parcialmente sola, —y que su amada esposa había salido a recoger a varios de los niños—, Lynn padre se mantuvo esperando a su hija con bastantes ansias; antes de que se fuese a encontrar con su particular grupo de alegres amigas.
Con la mayoría de su estresado cuerpo sudoroso, —y un extraño escalofrío recorriéndole de la cabeza a los pies—, se mantuvo esperando ansiosamente a que bajase su adorada primogénita; y tan pronto lo evidenció, se acercó a ella con muchísimo cuidado, y procedió a decirle todo lleno de impaciencia:
—¡Ay, cariño! No sabes cómo me alegra que hayas decidido pasar estos días en casa. Acompáñame Lori Lú, que necesito comentarte algo.
Al ver a su padre completamente raro, decidió seguirle el paso sin hacer demasiadas preguntas; para tratar de descubrir qué rayos era lo que le estaba sucediendo.
De ese modo, ambos entraron de manera veloz en la única alcoba que había en el primer piso; y una vez ahí, Lynn le pide muy despacio que se siente en todo el borde de la espaciosa cama.
Tan pronto estuvo acomodada, comenzó a observar cómo su padre empezó a caminar de un lado para el otro de la habitación, como para tratar de llenarse de valor; hasta que de forma casi repentina, se dirige a ésta todo lleno de alteración:
—¡Ca-Cariño! Me imagino que te estarás preguntando por qué te hice venir. Y la razón, aunque es algo corta, no es tan fácil de explicar.
—¡Que es lo que ocurre, papá! Literalmente me estás empezando a poner nerviosa.
Al ver como su hija se iba tornando de lo más perturbada, —y tras aspirar aire todo lleno de inquietud—, se mantuvo parado en todo el frente de la arreglada cama; para luego decirle con muchísimo temor:
—A ver, cariño, ¡cómo te lo explico! —exclamó con el rostro enrojecido—. ¡Hmm! ¡Verás! Aunque nuestra familia es algo numerosa, no se diferencia de a mucho con cualquiera de las demás... Salvo por unas pocas "tradiciones", que se han ido preservando a lo largo de las distintas generaciones.
Mientras hablaba, Lori mantenía el ceño claramente fruncido, al no tener idea alguna de lo que su agitado padre le estaba mencionado.
—No, no te entiendo, papá. ¿Qué es lo que me tratas de decir?
—Como eres mi hija mayor, y ya prácticamente eres toda una adulta, creo que puedo confiar en ti.
—Habla rápido papá. ¡No le des más vueltas al asunto!
—Está bien, cariño, ¡te lo diré! —afirmó visiblemente nervioso—. Como sabrás, faltan unas pocas semanas para que Lincoln cumpla los 12 años. Y bueno, al ser el único chico en toda la casa, quiero que cumpla con una tradición que se ha extendido durante un largo tiempo en nuestro lado de la familia; por lo que necesito de tu ayuda para poderla realizar.
—¿M-Mi ayuda? ¡¿Y cuál es esa tradición familiar?! —señaló toda llena de curiosidad.
—¡Tener sexo un día antes de su cumpleaños! —afirmó con impaciencia.
—¡E-Espera, papá! ¡¿Acaso quieres que me acueste con Lincoln?! —replicó con sus facciones ligeramente tensionadas.
—No, no... ¡Claro que no! Como se te ocurre decir esas cosas. Es solo que la tradición consiste en que el varón Loud consiga perder la virginidad un par de días antes de su décimo segundo cumpleaños, y bueno... Mi padre hizo conmigo lo mismo que había hecho su padre con él, y el padre de su padre, y el padre de su padre, y el padre de su padre...
—Ay, ¡ya papá! Literalmente me quedó bastante clara esa parte. ¡Por favor continua!
—¡Disculpa cariño! Lo que hizo tu abuelo y todos los demás fue llevarnos a donde estaban las, ¡Mmm! "cariñosas". Y a decir verdad, no me gustaría que Lincoln pasase por una experiencia parecida.
—Pe-Pero, ¿y entonces? ¡¿Como pretendes que te ayude?!
—¡Es muy simple! Necesito que convenzas a alguna de tus amigas para que decida tener sexo con tu hermano un día antes de la fecha señalada. ¡Ehm! Para ser más específicos, dentro de 2 semanas exactamente.
—¡Espera, papá! Cómo puedes pedirme eso. Yo sé que mis amigas no son precisamente unas santas, pero tampoco son de las que se acuestan con cualquier sujeto así como así. Y mucho menos si es menor que ellas.
—¡Eso lo tengo claro, cariño! Es por eso que quería darte un cierto "incentivo" de carácter financiero, para que puedan estar más cómodas a la hora de hacerte ese favor.
—¡¿Dinero?! Literalmente me estoy empezando a sentir bastante incómoda con todo esto.
—Vamos, Lori. ¡No seas así! Hazlo por tu viejo padre.
—¡Pero papá!
—Discúlpame pequeña, lo último que quise fue tratar de incomodarte. Sé muy bien que eres una chica muy conservadora y correcta, pero esta es la última vez que te pido un favor parecido; y espero de corazón que entiendas lo mucho que significa esto para el abuelo y para mí. Qué dices cariño, ¿nos vas a ayudar con tus amigas?
—¡Aghk! ¡No es justo que seas tan manipulador! —sollozó un poco molesta—. Y ya que hablaste de dinero, ¿de cuánto estamos hablando con exactitud?
Luego de escuchar las agitadas palabras de su hija, se mete rápidamente las manos en el bolsillo; y tras sacar una pequeña pila de billetes, se dirige a esta con un poco de preocupación:
—Tenía pensado darte unos 600 dólares para todo este asunto, pero al ver tu agitada reacción, creo que tendré que duplicarlos.
Con sus pequeños ojos azules totalmente expresivos, Lori empieza a observar cómo su padre le daba en sus manos un llamativo fajo en billetes nuevos de $100; los cuales la dejaron callada, y con la mente en blanco.
Al ver que su ofrecimiento había sido de su agrado, Lynn la observa con cautela durante unos pocos segundos; luego de lo cual, le dice con lentitud:
—Escúchame bien, Lori Lú. Tu eres la única que nos puede ayudar en estos momentos. —indicó completamente serio—. Y si todo sale según lo planeado, te deberé una bien grande. Qué me dices, ¡¿eh?!
Visiblemente impactada, Lori se mantuvo en un claro silencio observando los billetes en su mano; hasta que, de forma repentina, tan solo respondió:
—¡Mmm! ¡No lo sé, papá! Es una decisión bastante difícil. ¡Pero te prometo que lo voy a pensar!
—Me parece muy bien, cariño. Pero no lo pienses demasiado. —alegó con una corta sonrisa—. ¡Y una cosa más! Está de más decir que ni tu madre ni tus hermanas se pueden enterar de esto.
—Pierde cuidado papá. Soy muy buena guardando secretos.
Fue así como Lori no tardó en colocarse nuevamente de pie, para luego abandonar la alcoba con indudable sobresalto. Era la primera vez en mucho tiempo en la que se sentía tan incómoda al hablar con su adorado padre; y no tenía idea alguna de cómo afrontar esta situación.
Tras salir de la habitación, el jefe de la casa se retira a toda prisa con rumbo a la cocina; dejando a Lori sentada en el sofá, y con la mente puesta en su más reciente conversación.
Mientras pensaba en si debería de decirle o no a sus amigas sobre la propuesta que le había hecho su padre, Lori se mantuvo con la mirada perdida en todo el frente del televisor; hasta que, de un instante al otro, es interrumpida por su pequeña hermana Lola.
—¿Que ocurre, Lori? ¡Te ves bastante incómoda!
Al escuchar las palabras de su hermana, la inquieta rubia sale momentáneamente de su pronunciado trance; y no demora en replicar:
—¡Ah, Lola! No, no es nada. Es solo que estaba pensando en unas cosas que me pidió papá. ¡Pero no es nada serio!
—¿Estás segura de eso? Porque a mí me parece que lo que te pidió papá es sumamente importante.
—¡¿Pero qué...?! ¿Acaso estuviste espiándonos?
—¡¿Espiarlos?! ¡Por supuesto que no! Solo digamos que me gusta recabar información en los momentos adecuados, para poder emplearla más tarde en mi propio beneficio. ¡Y vaya si encontré algo interesante!
—¡Que rayos quieres, Lola! Ya escuchaste a papá. Esto es un asunto de suma importancia como para no tomárselo en serio.
—¿Y acaso he dicho algo para que pienses que estoy jugando? No, no, no, no, nó... ¡Todo lo contrario, querida! Vengo a traerte una propuesta que de seguro te resultará fascinante.
—¡¿Propuesta?! ¿De qué demonios me estás hablando?
—A ver, querida. ¡Como te lo explico! —susurró con una malvada mueca dibujada en su perfecto rostro—. Estoy segura de que no le quieres contar lo sucedido a ninguna de tus amigas, por miedo a que se sientan ofendidas, y lleguen a pensar que vives en una familia de sucios pervertidos. ¡¿O acaso me equivoco?!
En ese momento Lola estaba completamente radiante, esbozando una inmensa sonrisa que poco a poco se fue tornando mucho más desmedida.
—¡Pero no te preocupes! Se cómo solucionar todo este asunto sin que coloques en juego tu amistad de tantos años con las zorras, ¡Ujum! Digo... ¡Con tus adorables amiguitas! Y lo único que tienes que hacer, es darme $1400 dólares.
—Pe-Pero, ¿de qué estás hablando? Como que $1400 dólares, si de seguro escuchaste que papá solo me dio $1200. Y además, ¿qué rayos puedes hacer tú para solucionar todo este asunto?
—¡Tranquilízate, Lori! A tu edad esos disgustos son muy malos.
—¡Pero qué dices! Si tan solo soy mayor que tú unos pocos años.
—Eso no es lo importante ahora, sino lo que puedo hacer por ti. ¡Verás! Tengo muchos años trabajando en los concursos de belleza, y conozco a muchas colegas, sus hermanas mayores, e inclusive a las fáciles de sus madres; quienes podrían solucionar todo este asunto sin ningún esfuerzo.
—¡¿Te refieres a...?!
—¡Por supuesto! Con tal de tener el dinero necesario para invertirlo en más concursos de belleza, serían capaces de acostarse hasta con el tonto de nuestro hermano. Y de hecho, he escuchado rumores de que varias madres lo han hecho con los jurados, para que sus feas hijas ocupen mejores lugares.
—Y si sabes que es así, ¿no te molesta el estar ayudando a la competencia?
—¡Por supuesto que no! —afirmó llena de seguridad—. Esas pobres chicas no serían capaces de ganarme ni si tuviesen todo el oro del mundo. ¡Ujum! Y volviendo a nuestro asunto... ¿Quieres que te ayude o no?
Aunque estaba supremamente molesta por la abusiva actitud que estaba teniendo su hermana, sabía que no estaba del todo equivocada. Por lo que sí con su ayuda podía quitarse todo este problema de encima, con gusto le daría todo el dinero que había recibido, —e inclusive un poco más—; con tal de salir bien librada. Ya más adelante vería como se desquitaría de la pequeña niña engreída.
—Está bien, Lola. ¡Te daré lo que me pides! Pero ten presente que, si me haces quedar mal, soy capaz de arrancarte ese lindo cabello de concurso de un solo tironazo. ¿Te quedó claro?
—Si, si... ¡Lo que tú digas!
De ese modo Lori le entregó los $1200 que le había dado su padre, más otros $200 dólares que tenía en el bolsillo; y se fue rápidamente hacia su propia alcoba, para terminarse de vestir.
Al ver que su violenta hermana se había marchado del lugar, Lola empieza a girar su pequeño cuerpo a manera de celebración; tras haber conseguido una buena cantidad de dinero.
Mientras bailaba toda llena de confianza, —y con sus lindos ojos azules bien cerrados—, pega un grito de manera repentina, al escuchar un leve zumbido que provenía de su espalda.
Llena de pánico voltea su silueta con indudable sobresalto, consiguiendo observar con bastante ofuscación, como su sombría hermana Lucy emergía de la chimenea.
—¡¿Pero qué rayos, Lucy?! Casi me matas del susto. —indicó visiblemente asustada—. ¡Qué haces ahí escondida!
—¡Suspiro! Solo estaba buscando un lugar tranquilo, en el que pueda encontrar un poco de inspiración para mis poemas.
—¡Bien por ti, querida! ¡Espero que lo encuentres!
—¿Y tú qué haces bailando sola en medio de la oscuridad? —indicó Lucy en un corto quejido.
—¡Nada en realidad! Solo estoy contenta de lo maravillosa que es mi vida, y me dieron ganas de sacudir todo mi cuerpo para poder sentirme mucho más viva. Deberías de intentarlo, para ver si así se te quita ese extraño tono pálido que tienes en la piel.
—¡Con qué era por eso! ¡Suspiro! Y yo que pensaba que estabas contenta por haberle quitado a Lori todo el dinero que le había entregado papá.
—¡Espera! ¡¿Nos estabas espiando?! —indicó visiblemente indignada— ¡Pero qué vulgar eres!
—¡Fue sin querer! —señaló con una corta sonrisa—. Pero dime Lola, ¿en verdad piensas decirles a tus amigas que se acuesten con Lincoln?
—¡Para nada! Eso sería un verdadero suicidio social. Sin mencionar que les daría algo con que sobornarme.
—¿Y entonces qué harás? ¿Acaso no te da miedo que Lori te arranque el cabello? Sabes muy bien que si sería capaz.
—¡Por supuesto que me da algo de miedo! Pero para que eso no ocurra, solo tengo que encontrar a alguien más que ocupe mi lugar.
Diciendo esas palabras, la pequeña princesa se retira calmadamente de la penumbrosa sala; dejando a su siniestra hermana mayor, con indudables ganas de ver que sucedería más adelante.
Con el naciente problema en las manos de la pequeña chismosa, se dio inicio a la impensada cuenta regresiva, que anunciaba la llegada del cumpleaños #12, del ignorante chico albino. ¿Podrá la pequeña princesa continuar con la tradición familiar?
Al día siguiente, —y tras empezar a recordar como el dinero era lo que más escaseaba en esa familia—, se puso a recorrer en silencio cada una de las otras habitaciones; hasta lograr encontrar a la presa correcta.
Fue así como adentrándose sin permiso en la recamara de Luna, —y tras preguntarle sin tapujos si necesitaba algo de dinero—, Lola procede a explicarle con todo tipo de detalles la extraña petición que había hecho su padre, para ver si de esa manera decidía ocupar su lugar.
—¡Espérame un minuto, hermana! Déjame ver si entendí bien. Dices que si encuentro a alguien que se acueste con Lincoln, un día antes de su cumpleaños, y en horas de la noche, me vas a dar... ¿Cuánto fue que me dijiste?
—¡$900 dólares!
—Si, si… ¡Eso fue lo que creí escuchar!
—Pero mamá y papá no se pueden enterar de esto. Y mucho menos Lincoln... ¡Es para no dañarle la sorpresa!
—¡Mmm! Si, si, ¡comprendo!
—Y entonces qué me dices, Luna... ¿Aceptas?
—¡Por supuesto, hermana! —afirmó llena de emoción—. Con ese dinero puedo invitar a Sam a salir. ¡Eh! Digo... Puedo buscarle una novia prendida a nuestro queridísimo hermano, para que lo haga debutar.
Una vez que Lola abandonó la habitación, la ruidosa rockera llamó por teléfono a su atractiva pareja; totalmente dispuesta a invitarla a salir.
Luego de una alocada noche de muchos bailes y gritos excesivos, Luna se despierta completamente expectante; al volver a recordar, que tenía que encontrar alguien que pasara la noche con su pequeño hermano.
Ligeramente ofuscada, —y con el rostro colmado de un colosal cansancio—, empezó a recordar la manera en la que Lola se había acercado a ella. Por lo que llena de un raro entusiasmo, decidió ir en busca de alguien más; a quien poder transmitirle tan pesada carga.
Fue así como caminando bien despacio, comenzó a recordar como Lynn se la pasaba siempre buscando a algún patrocinador; para poder adquirir sus artículos deportivos. Por lo que luego de tener las ideas claras en su cabeza, se fue directamente a buscarla.
Tras encontrar a Lynn en el patio, y lograr apartarla decididamente hacia un costado, la impaciente rockera le explicó los pormenores para ayudar a Lincoln; ofreciéndole a cambio $740 dólares para sus gastos.
Realmente emocionada, Lynn aceptó cuanto antes tan inusual ofrecimiento; y un par de días más tarde, —y tras conseguir recordar que no había hecho nada para saldar su deuda—, fue en busca de su hermana Leni.
Después de aceptar el trato, y tras recibir $600 dólares, Leni se fue inmediatamente a donde estaba su hermana Lisa; a quien le dio $700 dólares para que ayudase al pobre chico.
De esa manera fueron pasando los días dentro de la casa Loud, en los que las integrantes de la familia siguieron realizando toda clase de promesas y tratos de lo más absurdos; a medida que se iban gastando la mayoría del dinero que quedaba.
Al llegar finalmente el día, —y tras haberse rotado el problema varias veces entre todas—, nadie dentro de la casa estaba para nada segura, de a quien le había tocado la gran responsabilidad.
Ese mismo día en horas de la mañana, Lynn padre salió en el auto con su único hijo; y aprovechando que estaban a solas, procedió a explicarle un poco sobre su inesperada tradición.
Aunque el chico en un principio se veía de lo más confuso y extrañado, lentamente se fue llenando de una extraña excitación; al saber lo que le esperaba al finalizar la tarde.
Al ver la naciente calentura que presentaba su hijo, —y tras animarse a contarle un par de historias picantes para romper la tensión–, procedió a entregarle una caja con un par de preservativos; para que estuviese más protegido al momento de entrar en acción.
Tras conseguir explicarle con cuidado el por qué estaba haciendo todas esas cosas, —y hacerle prometer que continuaría con su particular legado familiar—, Lynn le pide al pobre chico que estuviese más tranquilo, y que disfrutase con agrado de la excepcional velada que le había preparado.
Cuando el reloj marcaba las 6:15 de la tarde, vemos a las distintas integrantes de la familia Loud, deambulando sin mayores prisas por el centro comercial. Y entre los distintos grupos que se habían conformado, se destacaba el de Leni, Luan, Lynn y Luna; quienes permanecían en la plaza de comidas, charlando alegremente de ese día tan particular.
—Chicas, chicas, ¿alguien sabe a quién le tocó buscarle pareja a Lincoln? —preguntó ansiosamente Luna.
Totalmente extrañadas, se miraron las caras las unas a las otras; hasta que de forma casi repentina, Lynn responde de manera directa:
—Yo era la última en horas de la mañana, aunque por suerte Leni aceptó tomar mi lugar, a cambio de cederle mi turno para entrar al baño.
Al ver que Leni asentía de manera afirmativa con la cabeza, Luna le pregunta con llamativa curiosidad:
—Y dinos, Leni. ¿Con cuál de tus amigas dejaste a Lincoln? Quizás fue con Mandee o Jackie... ¿O tal vez Becky o Fiona?
—¡¿O acaso fue con Miguel?! —atinó a decir Luan.
Mientras sus tres hermanas menores se reían a carcajadas, Leni coloca su mirada perdida; y comienza a susurrar con bastante serenidad:
—¿Y por qué tendría que haberlo dejado con alguna de mis amigas?
—Uy, Leni, ¡pero que astuta nos saliste! —respondió velozmente Luan—. ¡Aunque tienes toda la razón! Lo mejor era decirle a alguna conocida, para evitar tener futuros malentendidos.
—Pero de qué están hablando chicas, ¿no se supone que solo iban a pasar el rato juntos? —preguntó Leni de lo más confundida.
—¡Si! Pero saltando desnudos el uno encima del otro. —exclamó Lynn con una enorme sonrisa.
Al darse cuenta de que sus hermanas tenían razón, Leni toma su teléfono y empieza a hacer la mímica de que le había entrado una llamada; y tras ponerse poco a poco de pie, simplemente les dice:
—¡Uhm! ¡Pero qué mala señal hay en este lugar! Lo siento chicas, pero tengo que atender esta llamada. ¡Las veo al rato!
Tras decir esas palabras, Leni se va corriendo a toda prisa de la plaza comercial; dejando a sus hermanas mucho más que asombradas, y en un claro silencio.
Una vez que la nerviosa rubia estuvo lejos, Luna empieza a girar su rostro de un lado para el otro; y totalmente intrigada, no demora en preguntar:
–Oigan, chicas. Y a todas estas... ¿Alguien sabe con quién se quedó Lily?
Con el pasar de los minutos, y al ver las 6:25 de la tarde reflejadas en su reloj, Leni empieza a llenarse cada vez de mayor angustia; al darse cuenta del terrible error que había cometido.
Y es que justo antes de marcharse de su casa, —y al darse cuenta de que faltaban pocas de sus hermanas por salir—, tomó a la pequeña Lily entre sus brazos, y tras acostarla con cuidado en la angostada cama del ausente albino; le dio indicaciones para que lo esperase en ese lugar.
Como era habitual casi siempre en ella, no había logrado comprender el extraño pedido, que de manera indirecta les había hecho su padre. Por lo que al darse cuenta de que había dejado a Lily sola en casa, empezó a hiperventilar; mientras trataba de encontrar alguna posible solución.
Aunque tenía más que claro que Lincoln sería incapaz de hacerle algo a su inocente hermana pequeña, sabía que tampoco se podía llegar a relajar. Ya que si el resto de sus hermanas se llegasen a enterar de que le había ofrecido a Lily para hacerle compañía, y de que además había dañado por completo la inesperada tradición de su familia; de seguro no volverían a confiar en ella, y no se lo harían olvidar por el resto de sus días.
Tras intentar llamar sin éxito alguno a Mandee, Jackie, Becky e inclusive a Dana, se fue corriendo a toda prisa para tratar de localizar a Fiona; antes de que cumpliera con su turno.
Luego de llegar a Reininger's, y lograr darse cuenta de que tan solo estaba Miguel; su mundo entero se comenzó a desmoronar
Visiblemente asustada, se fue cabizbaja a la sala de empleados; y al darse cuenta de que estaba vacía, no pudo evitar llenar sus ojos con muchísimas lágrimas. ¿Podrá la distraída de Leni encontrar algún reemplazo? ¿O acaso se verá obligada a ocupar su lugar?
Un par de minutos más tarde, y cuando el reloj marcaba exactamente las 7:15 de la noche, vemos a un agitado Lincoln Loud subiendo a toda prisa por la escalera de su casa. Y al llegar al segundo piso, y conseguir evidenciar cómo la alcoba de Lori permanecía con las luces encendidas; decidió asomarse con muchísimo cuidado, para ver si alguien más había ingresado.
Con el cuerpo todo tembloroso, comenzó a entreabrir la puerta todo lleno de ansiedad. Hasta que después de varios suspiros, —y una aguda sofocación en todo su abdomen—, consiguió visualizar con gran extrañeza; como una ligera sombra se empezaba a materializar en todo el frente de sus asombrados ojos. ¿Acaso Leni había vuelto temprano a casa?
A pesar de saber que esto pasaría, —y de encontrarse lo suficientemente cerca—, no lograba asimilar que rayos hacía esa hermosa mujer de cabellera rojiza; tendida sobre la cama de una de sus hermanas. ¡Pero si era la señora Carmichael!
Notablemente impactado, no dejaba de preguntarse una y otra vez en su cabeza, que era lo que podía estar haciendo en ese sitio tan vacío. ¿Acaso había venido a buscar a Leni?
Al ver como el asombrado albino se mantenía parado en todo el frente de la entrada, —y sin atreverse a tan siquiera respirar—, la calmada mujer se sienta poco a poco sobre el borde de la cama; y comienza a decirle con muchísima tranquilidad:
—¡Hola, pequeño! Justo a ti te estaba esperando.
—A, ¡¿a mí?! —replicó todo lleno de agitación.
—¡Por supuesto! —añadió con una corta sonrisa—. Sé que soy la jefa de tu hermana, y que te resultará extraño verme lejos de la tienda; pero si estoy acá, es para cumplir con mi parte de una promesa.
Sin tener para nada claro lo que estaba pasando, —ni lo que había hecho su padre para lograr convencerla—, Lincoln se mantuvo con la mirada perdida en sus deslumbrantes facciones; totalmente fascinado con su increíble belleza.
Al ver como había captado toda su atención, —y de forma mucho más que sorpresiva—, la señora Carmichael empieza a separarse lentamente de la cama; y una vez que lo consigue, comienza a quitarse la parte más alta de su colorido traje.
Luego de retirarse la chaqueta, posó sus manos sobre la parte trasera de su apretada falda. Y sin siquiera esbozar el más mínimo gesto de nerviosismo, se desabrochó poco a poco el escondido cierre; hasta ver como su elegante prenda, caía delicadamente al piso.
Con la mayor parte de su cuerpo sudoroso, Lincoln se mantuvo petrificado y con los ojos bien abiertos; mientras veía como la jefa de su hermana, lentamente se había empezado a quitar su blusa.
Bastaron unos cuantos segundos en prolongado silencio, para poder apreciar a tan increíble mujer, tan solo cubierta por su atractiva ropa interior.
La Sra. Carmichael llevaba consigo una atrevida tanga ajustada de color blanco, la cual estaba decorada con pequeñas hebras rosadas en sus encajes, y un sutil lacito rojo en su parte superior; que la hacía lucir de lo más adorable.
Al ver a la jefa de Leni tan solo cubierta por tan reducidas prendas íntimas, el tenso muchacho no pudo evitar llevar sus manos sobre su marcada entrepierna; como tratando de ocultar su desmedida erección.
Aunque solía aparentar ser bastante seria y estricta... ¡Era todo lo contrario! Ya que al ver al nervioso chiquillo tratando de esconder con prisa sus electrizantes partes, no pudo evitar sonreír toda llena de dulzura; mientras iba separando cada vez más sus propias piernas, para que pudiese observarla mejor.
Con su lasciva silueta totalmente erizada, —y tras mirar al albino de manera muy sensual—, posó sus manos sobre la parte media de su espalda; y lanzando un tierno suspiro, procedió a quitarse su ajustado sujetador.
Al ver como su brasier se iba separando poco a poco de su lado, Lincoln no pudo evitar emitir un corto gemido ampliamente escandaloso; que lo obligó a posar de manera inmediata su vista, sobre el expuesto pecho de su calmada pareja.
Al ver la forma en la que ese par de gloriosas tetas se alzaban con total descaro en todo el frente a su sorprendido rostro, no pudo evitar temblar de manera acelerada; mientras intentaba controlar por cualquier medio posible, el agobiado ritmo de su intranquila respiración.
La Sra. Carmichael tenía unos senos ligeramente ovalados, que a pesar de no ser demasiado grandes, si lucían bastante sobresalientes.
Al ver los llamativos pechos en frente suyo, y lograr visualizar los hinchados picos oscuros en su parte superior, no pudo evitar compararlos con las grandiosas tetas que tenía su madre; a quien se las había visto algunas veces por error, cuando se cambiaba con la puerta entreabierta.
Si antes estaba caliente, en ese instante dejó completamente de pensar. A pesar de sentirse incómodo por tener en frente suyo a una extraña mujer con quien no había cruzado más de unas cuantas palabras, no podía dejar de verla todo ofuscado.
Cuando vio que el pequeño albino estaba todo colorado, llevó sus manos rápidamente sobre la parte media de sus muslos, y las comenzó a subir sin ningún tipo de reparo; hasta lograr posarlas sobre el contorno de su tanga.
Completamente animada, posó una vez más su vista sobre el trastornado rostro del muchacho, y tras empezar a sonreír de manera complaciente, fue descendiendo poco a poco sus traviesos dedos; hasta conseguir dejar su peludo coño al descubierto.
Una vez que estuvo totalmente desnuda, se mantuvo bien erguida y con los brazos en su cintura; para que el atento chico no perdiese detalle alguno de su imponente anatomía.
Al ver a la jefa de su hermana completamente al natural, Lincoln sintió una portentosa punzada en la parte baja de sus rugosas bolas; que le hizo oscilar el cuerpo con muchísima consternación. Aunque no tenía del todo claro cómo rayos iba esto a terminar, se moría de ganas por enterrarle su estresado pene en lo más profundo de aquel ensortijado matorral; hasta que su sudado cuerpo se quedase sin energías.
Con su aclarada silueta realmente expuesta, empezó a extender su mano hasta donde se encontraba su pareja; y tras acariciarle la barbilla de manera muy calmada, volvió a sonreír al ver como el inquieto chico se mantenía vibrando.
Llevada por la adrenalina, la señora Carmichael tomó la mano de Lincoln con enorme cuidado, y la llevó con cautela hacia su propia intimidad; luego de lo cual, simplemente le dijo:
—¡Vamos pequeño! Puedes tocarme todo lo que quieras, que para eso estoy aquí.
Al terminar de decir esas palabras, pudo ver como el enmudecido muchacho empezó a acariciar su coño con mayor confianza; jugando con sus brillantes vellos de color rojizo, y sin dejar de acariciar el humedecido contorno de su inflamada abertura.
En ese momento tenía su zanja tan sensible y lubricada, que no podía evitar sacudir su silueta de manera acelerada; a medida que el osado chiquillo le desplazaba los dedos hacia el interior de su robusta vagina. En ese confuso lapso de tiempo se sentía tan caliente y alterada, que no podía dejar de desear tener su pene, en todo el centro de sus gruesas piernas.
Completamente acalorada, empezó a desabrocharle los dos pequeños botones que tenía en la parte más alta de su arrugada camiseta naranja; y una vez que se los consiguió aflojar, estiró sus pequeñas manos con bastante apuro, y poco a poco se la comenzó a quitar.
Con su aplanado pecho totalmente desprotegido, Lincoln volvió a estirar sus manos con inusual velocidad, hasta conseguir introducirle un par de dedos en lo más profundo de su aceitado sexo.
A medida que la penetraba, no podía dejar de sonreír por la grandiosa sensación que se mantenía experimentando. Era la primera vez que exploraba un coño de esa manera, y no podía dejar de sentirse emocionado.
Mientras Lincoln jugaba con su sexo, la jadeante mujer no tardó en posar sus manos sobre la diminuta pantaloneta blanca que tenía el muchacho en ese instante. Por lo que absolutamente deseosa, posó sus afilados dedos en los elásticos gastados de los costados; y tras aplicarle fuerza sin mayor cautela, procedió a bajársela hasta conseguir dejarlo en ropa interior.
Al ver a su sonrojada pareja tan solo cubierta por unos ensanchados calzoncillos rojos con dibujitos de Ace Savvy, no pudo evitar compararlo con su pequeño hijo; quien también era un fiel simpatizante del aclamado super héroe.
Aunque en circunstancias normales ese tipo de prendas íntimas le habrían hecho salir corriendo a toda prisa, este no era para nada el caso; por lo que en lugar de quererse alejar, empezó a sentirse extrañamente atraída.
Llevada por lo que sentía, no tardó en posar su mano en la parte baja del abdomen del muchacho; y tras sentir sus finos dedos adentrándose cada vez más profundo, decidió igualar sus acciones. Fue así como de manera repentina, metió sus dedos por dentro de su colorida ropa interior; y al ver que su extasiada pareja no decía nada, lo sujetó con cautela por su erguida intimidad.
Tan pronto tuvo la punzante verga del chico entre sus dedos, no pudo evitar jadear con llamativa ofuscación; dando inicio a una serie de continuos movimientos acelerados, que hicieron sonrojar a ambos.
Luego de sacudir su polla con desbordante agrado, tomó su ropa íntima por los costados, y se la procedió a quitar de manera muy veloz; hasta conseguir dejarlo totalmente desnudo.
Al verlo con el cuerpo tembloroso, no pudo apartar la vista de su punzante intimidad; la cual se veía tan reluciente y linda, que no podía dejarla de observar.
En ese confuso instante de la noche, algo en su revuelta cabeza no la dejaba ni pensar. Y es que, aunque se moría de ganas por chuparle la verga al asombrado chico, no podía darle la espalda a la terrible humedad que sentía entre las piernas.
De ese modo y tras tomarlo por los hombros, empezó a guiarlo hasta lograr situarlo en todo el frente de la cama. Y una vez que estuvo ahí, lo empujó con fortaleza en todo su pecho; hasta dejarlo tendido y con su rojiza polla apuntando al cielo. ¡Ya no había chances para más! Necesitaba sentir su oscilante pene entre su raja.
Una vez que estuvo boca arriba, se lanzó sobre su cuerpo de manera muy eufórica; hasta conseguir posar sus caderas por encima de su oscilante hombría.
Al ver a la afanosa madura, totalmente inquieta y con su cuerpo imponente bañado en sudor, posó su mirada poco a poco sobre la suya; y con algo de timidez presente, no demora en susurrar:
—¡E-Espera un momento!
—Que sucede, pequeño. ¿Acaso quieres que me detenga?
—¡Eh! N-No... ¡No es eso! —exclamó visiblemente asustado—. Es solo que papá me dio una pequeña cajita, para que la usase cuando tuviese compañía.
—¿Te refieres a unos preservativos?
—¡Eh! ¡Si, si! Eso mismo. —indicó desviando la mirada.
—Me agrada ver que tu papá pensó en todo. ¡Aunque no creo que sea necesario! Hace un par de años que estoy operada, por lo que puedes correrte dentro de mi sin problema alguno. —afirmó toda llena de serenidad—. Además, sé que a los chicos eso les encanta; y como es tu primera vez, no creo tener de qué preocuparme.
Al ver como el exaltado albino se iba tranquilizando, tomó su rojiza polla toda llena de confianza; y procedió a acomodarla en la peluda entrada que demarcaba su intimidad.
Luego de estar bien acoplada, —y tras cerrar los ojos de manera momentánea—, se dejó caer muy lentamente y sin ningún tipo de esfuerzo; hasta conseguir alojar su punta en todo el centro de sus inflamados labios.
Con su pene en posición, empezó a rotar las caderas de un lado para el otro. Y al ver como el ofuscado chiquillo de a poco se iba retorciendo, continuó descendiendo con magnífica intensidad; hasta lograr devorar su miembro de una sola sentada.
Una vez que estuvo bien acomodada, miró al tenso chico directamente a sus brillantes ojos; y sonriendo con bastante gracia, le dice con inusual suavidad:
—Muchas felicidades, Lincoln. ¡Oficialmente eres todo un hombre!
Luego de decir tan inesperada oración, empezó a batir de a poco sus ensanchadas caderas, haciendo estremecer con furia al ofuscado chiquillo de cabello blanco; quien de a poco empezó a girar su rostro de un lado al otro.
A medida que cabalgaba a su sensitiva pareja, la señora Carmichael batía su coño a una gran velocidad; y entre más aceleraba su brioso impulso, mayor era el afán con el que se mordía sus delgados labios.
Una vez que la tuvo bien adentro, empezó a mecer su cuerpo sin ningún tipo de prisa; permitiendo que sus calientes flujos, impregnase completamente la polla de su asombrado amante.
Tan pronto estuvo lo bastante lubricada, comenzó a desplazar sus caderas de atrás hacia adelante; hasta poder ver al agobiado chico bajo suyo, delirando completamente sobre la cama.
Con su polla alojada en lo más recóndito de su dilatada abertura, la señora Carmichael apretó sus labios con incomparable fortaleza; para intentar apaciguar toda esa elevada calentura, que le estaba carcomiendo sus receptivas entrañas. Entre más saltaba sobre su vibrante polla, mayores eran sus ganas de hacerlo acabar.
De un instante al otro, —y tras ver la inigualable forma en la que sus inquietos pechos empezaron a rebotar—, Lincoln se mantuvo con la mirada perdida y en un claro silencio; siendo incapaz de apartar la vista de su lado.
Contemplar la inigualable manera en la que sus pequeñas tetas se mantenían rebotando, le hicieron perder poco a poco lo que le quedaba de concentración; y lo obligaron a mantener la mirada fija en cada uno de sus acalorados saltos.
A medida que lo cabalgaban, Lincoln se fue acercando de manera directa a su inevitable final. Por lo que lleno de un intempestivo malestar en todo el cuerpo, comenzó a recorrer su delicado cuello con sus ansiosas manos; hasta lograr posarlas sobre sus relucientes tetas.
Totalmente eclipsado por tan maravillosa sensación, empezó a estrujar sus senos, y a chupetear su punta con relativa timidez; y a medida que los iba estimulando, comenzó a ser exprimido con mayor obstinación.
Entre más pasaban los minutos, mayor era la intensidad e increíble determinación, con la que la extasiada pareja intercambiaba toda clase de feroces caricias.
Visiblemente inquieta, —y sin tener para nada claro como aquel pequeño chico había aguantado tanto—, no tardó en sacudir cada vez más fuerte sus ensanchadas caderas; al momento de sentir como le mordía los pezones con inmensas ganas.
De un instante al otro, la señora Carmichael empezó a intensificar el eufórico ritmo de sus salvajes arremetidas, subiendo y bajando ferozmente sobre la maltratada polla de su enmudecido amante; hasta verlo retorcerse de manera veloz sobre la arrugada cama.
Entre más aceleraba el ritmo de sus brutales movimientos, Lincoln batía su pecho con increíble desazón; como tratando de controlar los inclementes embates pronunciados, a los que estaba siendo sometido.
En ese breve lapso de la noche, el pobre chico se veía tan alterado; que no tardó en alucinar ante el más leve roce sobre su cuerpo. Y es que su mojado coño lo estaba haciendo resoplar con tantas ganas y velocidad; que estuvo a punto de quedar al borde del colapso.
A medida que sus sudados sexos se iban compenetrando, la extasiada madura continuó incrementando sus desmedidos movimientos de cintura; casi al tiempo en que emitía desesperados quejidos de ansiedad.
La señora Carmichael estaba cerca de su propio límite, —y su inquieto compañero no se quedaba atrás—. Por lo que de un momento a otro apoyó las manos sobre el sudoroso pecho del albino, para tratar de mantener el equilibrio; y lograr dar rienda suelta a toda esa desbordada pasión que recorría abiertamente por sus venas.
Así se mantuvieron jadeando durante varios minutos más. Hasta que de un instante al otro Lincoln se aferró como pudo a sus sudorosas caderas, y comenzó a intensificar cada una de sus emocionadas embestidas; hasta lograr percibir el estimulante choqueteo, que era producido por sus afiebrados sexos.
Fue así como entregado al inevitable placer, sujetó a su pareja por su maravilloso trasero; y tras levantar su pelvis con sorpresiva efervescencia, la continuó suspendiendo hasta hacerla coincidir con sus irregulares movimientos desfasados.
Cargado de una cruel impaciencia en todo el cuerpo, —y con sus cosquilleantes bolas a punto de reventar—, llevó su rostro a la altura de sus brillantes tetas; y tras mirarla fijamente a sus brillantes ojos, le susurró con enorme intranquilidad:
—No aguanto... ¡N-No aguanto más! Estoy a punto de soltarlo.
—Descuida, pequeño. ¡Lo estás haciendo muy bien! —exclamó con un tono maternal—. Puedes correrte cuando quieras.
Fue así que, sin fuerzas para continuar aguantando, procedió a enterrarle la polla con inigualable convicción; hasta prácticamente comenzar a sentir la exorbitante manera en la que su electrificado glande, raspaba las paredes aceitadas de su acalorado conducto vaginal.
Una vez ahí, —y con la mayoría de su jadeante cuerpo visiblemente enrojecido—, empezó a venirse con tantas ganas y ferocidad; que estuvo a punto de desplomarse sobre la cama.
Al sentir la manera en la que su viscosa leche se adentraba en lo más profundo de sus vibrantes entrañas, la sonriente madura arqueó la espalda con inocultable desenfreno; hasta prácticamente comenzar a temblar con elevada intermitencia.
Después de darse cuenta de la salvaje forma en la que le habían inundado todo su interior, levanta poco a poco su revuelta cabeza; y tras mirarlo fijamente a su colorado rostro, le dice con bastante entereza:
—Estuviste muy bien, pequeño. —exclamó con la boca toda abierta—. ¡Y vaya si me hiciste sudar!
Una vez que terminó de hablar, permaneció totalmente quieta y en absoluto silencio; mientras su temblorosa pareja, acababa de bombear su semen en medio de sus blancas piernas.
A pesar de haber llenado una buena parte de su aceitado conducto vaginal, Lincoln se mantuvo penetrándola de manera ampliamente indiscriminada; hasta comenzar a sentir como su entumecido falo, se empezó a replegar hasta su estado inicial.
La indescriptible mezcla de sensaciones que tan abiertamente le habían provocado, lo tenían con las piernas mucho más que electrizadas; y con el ritmo de su respiración a punto de claudicar.
El llameante coño de la señora Carmichael lo había dejado machacado, y con su pequeña polla mucho más que adolorida; pero lleno de una entrañable sonrisa que era incapaz de poder ocultar.
Luego de exprimir hasta la última gota de su esencia, la extasiada madura se desplomó rápidamente al lado del cansado chiquillo; quien se veía tan alterado y con el cuerpo entero bañado en sudor, que era incapaz de emitir algún quejido.
Satisfecha por haberse quedado con la primera vez del muchacho, su cuerpo entero no dejaba de tiritar; y se comenzó a sentir cada vez más sofocada, al darse cuenta de la lasciva manera con la que este la había empezado a observar. En todo el tiempo que llevaba de vida jamás se había sentido tan deseada, y que el causante de todo fuese un simple niño pequeño, extrañamente la había comenzado a calentar.
Aprovechando su notable cercanía, la jefa de Leni empezó a acariciarle su pecho con bastante lentitud, deslizando sus esbeltos dedos por encima de sus reducidos pezones; los cuales no tardaron en tornarse totalmente duros.
Sin siquiera detenerse a descansar, continuó descendiendo su mano de manera muy calmada, cruzando por su vientre, hasta llegar a sus pequeños muslos; en donde se mantuvo realizándole todo tipo de caricias sin ninguna clase de recato, hasta hacerlo batir su cuerpo sobre la ablandada cama.
Al ver lo nervioso que este se encontraba, —y sin dejar de acariciar sus muslos de arriba para abajo—, llevó sus brillantes labios por encima de sus rosados pezones; y de manera rápida se los comenzó a chupar.
Bastaron unas cuantas caricias para que el ansioso chiquillo empezase a batir todo su cuerpo con inmensas ansias, y su cansado pene volviese a recuperar su vitalidad perdida.
Al darse cuenta de lo que sus lascivos estímulos le habían provocado a su amante, tomó su polla entre sus tersos dedos, y lo comenzó a masturbar de manera muy pausada; hasta verlo resoplar con llamativas ansias.
Lincoln estaba completamente enrojecido, y por más que lo intentase, no era capaz de alejarse de su lado. Fue así como de manera repentina, la fogosa milf se empezó a separar poco a poco de su lado; dejando al pobre chico con la verga palpitando y mucho más que sensitiva.
Luego de constatar la manera en la que el tenso albino sacudía su pene de un lado para el otro, procedió a acomodar todo su cuerpo de manera lenta sobre la cama; y una vez ahí, —y tras mirarlo con deseo—, le hizo señas con un dedo para que se metiera entre sus piernas.
Sin tiempo que perder, Lincoln se acomodó como pudo en medio de su ofuscada silueta, y se mantuvo mirando su peluda entrepierna; hasta finalmente llenarse de valor.
Con su miembro en posición, empezó a acariciarle las piernas hasta conseguir alojarle un dedo en el interior de su vagina; la cual estaba empapada y realmente temblorosa.
La callada madura estaba visiblemente ansiosa, y su erizada figura no dejaba de tornarse roja. Es por ello que bastó con apoyar su glande en la entrada misma de su encharcada hendidura, para que esta la engullese con enorme rapidez; hasta lograr sumergirse en un delirante mar de auténtica exaltación.
Fue así como de manera casi repentina, Lincoln comenzó a descender su cuerpo con increíble delicadeza; logrando percibir la extasiante manera en la que la abultada punta de su enrojecido garrote, se iba abriendo paso dentro de los lubricados labios vaginales de su consternada pareja.
En el instante en el que la dura polla del albino se abrió camino en medio de sus piernas, su pareja pegó un leve suspiro cargado de incondicional placer; que le hizo palpitar la verga con descomunal agrado.
La señora Carmichael estaba muy agitada y con la mirada claramente encendida; y a medida que el muchacho se adentraba cada vez más lejos en medio de sus largas piernas, mayor era el desconcierto con el que sacudía todo su estresado ser.
A medida que iba siendo penetrada no podía dejar de recordar, el momento exacto en el que decidió adentrarse en toda esta locura. Y es que tan solo un par de horas atrás, mientras estaba dando una vuelta rápida por todo el almacén, vio como Leni permanecía claramente de rodillas, con los ojos llorosos y el rostro enrojecido; lo cual se llevó de manera rápida toda su atención.
Al ser testigo de tan inusual escena, rápidamente se acercó a su lado; y tras colocarle una mano sobre su espalda, procedió a preguntarle sobre lo que le estaba sucediendo:
—Pero Leni, ¿qué es lo que te ocurre? ¿Por qué te ves tan abatida?
Tras darse cuenta de que su jefa estaba a su lado, Leni se puso muy nerviosa, y en lugar de evadir su pregunta, o decirle que todo estaba bien, la sujetó con fuerza de una de sus piernas; y procedió a decirle todo lo que le estaba pasando.
A medida que la contemplaba, la señora Carmichael no podía creer que eso en realidad le estuviese pasando; permaneciendo en un completo silencio, mientras iba escuchando cada una de sus reveladoras palabras.
Una vez que le explicó al detalle lo que le venía sucediendo, comenzó a ponerse muy lentamente de pie; y una vez estuvo reincorporada, empezó a mirarla con inusual agitación.
Impactada por la más reciente forma con la que ésta la miraba, la señora Carmichael intentó alejarse de su sitio con total perturbación; al quizás intuir lo que podría suceder. Pero al ver que esta se quería marchar, Leni se interpuso en su ruta de escape; y procedió a decirle toda llena de ansiedad:
—Se, Señora Carmichael. Usted siempre dijo que todos los integrantes de Reininger's somos una gran familia. ¡¿Verdad?! Y ahora más que nunca necesito de su ayuda.
—No, no... ¡Espera! Pero qué rayos me estás diciendo. —señaló mucho más que confundida.
—Necesito que me ayude a salvar la tradición de mi familia. —exclamó con la mirada levemente desviada—. Se que es algo muy sorpresivo, y no tiene motivo alguno para llegar a hacerlo; pero se me está acabando el tiempo, y no se me ocurre nadie más a quien poder acudir.
—Pe, pero, Leni. ¡¿Acaso sabes lo que me estás pidiendo?!
—Se que es algo repentino, pero también sé que usted es mi mejor opción, ya que es joven, elegante, exitosa e increíblemente hermosa; por lo que de seguro mi hermano estaría de lo más complacido.
Al ver como su jefa se mantenía en silencio, continuó dándole con todo para tratar de convencerla. En ese sorpresivo instante de la noche hablaba con tantas ganas y seguridad; que parecía ser otra persona.
—Por favor señora C. ¡Usted es la única que puede ayudarme!
Luego de escuchar los insistentes alegatos de su mejor empleada, lentamente empezó a bajar la guardia; hasta que, sin llegar a darse cuenta, empezó a considerar la idea de poder socorrerla.
Tras unos largos segundos en total silencio, —en los que se mantuvo escuchando las despiadadas súplicas de la incansable rubia—, la expectante madura se hizo lentamente para un lado; y tras mirar a Leni de reojo, le dijo con incomparable suavidad:
—¡Hmm! ¡No lo sé, Leni! Es algo muy arriesgado. Si alguien más se llega a enterar de que me metí con tu hermano menor, podría estar en serios problemas.
—Descuide señora Carmichael. Puedo ser muy tonta y despistada, pero cuando me lo propongo... ¡Soy muy buena guardando secretos!
Al ver los claros gestos animados de la impaciente chica en frente suyo, desplaza la mirada hacia un costado; y tras permanecer dubitativa durante varios segundos, procede a decirle con la voz totalmente sería:
—Sigo pensando que todo esto es una gran locura. Pero si lo aprueban tus padres, y me das tu palabra de que no me meterás en ningún problema; creo que podría considerarlo.
—¡Tiene mi palabra señora C! Le prometo que nadie más se enterará.
Al ver su expresión de lo más dispuesta, la mira fijamente sin siquiera pestañear; y tras tomar aire durante unos pocos segundos, se dirige a esta con bastante calma:
—Está bien Leni. ¡Hagamos un trato! Estoy dispuesta a pasar la noche con tu hermano pequeño, y a hacerlo sentirse de lo más a gusto posible; pero solo si me prometes que en un par de años, harás lo mismo con mi único hijo.
En ese instante Leni estaba tan increíblemente concentrada, que no era capaz de apartar la vista de sus rozagantes labios.
—Esta idea de una tradición familiar para que los chicos aprendan sobre el sexo desde muy temprana edad me parece muy ingeniosa, ya que pueden instruirse en un entorno más seguro; y no aprenderán cosas raras en la calle. Entonces, Leni... ¡¿Qué me dices?!
—¡Lo que usted diga, jefa! —respondió toda llena de felicidad.
Después de varios minutos explicándole lo que tenía que hacer, —y tras entregarle las llaves de su casa e indicarle cuál era su habitación—; la intranquila mujer de cabellera rojiza quedó lista para cumplir con su parte del trato.
Justo antes de salir, —y al ver la hora en el reloj—, procede a preguntarle con bastante agitación:
—Dime la verdad Leni. ¿Crees que aún pueda llegar a tiempo?
—¡Por supuesto! Linky puede ser muy lindo e inteligente, pero siempre llega tarde a todos lados. Así que no me extrañaría que apareciese después de las 7:15 de la noche.
Luego de sellar su pacto con un inusual apretón de manos, la nerviosa madura fue directo a su destino; dejando a la sonriente rubia de mirada confusa, sin tener para nada claro lo que tendría que hacer en el futuro.
De vuelta al presente, —y tras salir de su letargo ampliamente pronunciado—, la señora Carmichael empezó a separar cada vez más rápido sus gruesas piernas; para facilitar la incursión de su lascivo acompañante.
A medida que la penetraba, podía sentir la incomparable calidez que desprendía de su ensanchada abertura; así como la inconfundible manera en la que su dilatado interior, palpitaba con cada una de sus feroces estocadas. Su mojado coño lo estaba haciendo resoplar con tantas ganas y velocidad; hasta conseguir dejarlo alterado.
Sin darse cuenta, la jefa de Leni había empezado a contraer su cuerpo, y a batir sus apretadas caderas bajo el incesante ritmo de sus enérgicas embestidas; permitiéndole al sudoroso muchacho de cabello blanco, adentrar su miembro en la parte más resguardada de su aceitado conducto vaginal. Aunque no consiguió arañarle su fondo, si pudo introducirle la polla hasta el mismísimo final.
Entre más la perforaba, mayores eran los feroces latigazos que se llegaban a producir, por la elevada velocidad con la que iban a chocando sus acalorados sexos. En ese lascivo instante de la noche estaban tan calientes y compenetrados, que hasta llegaron a generar un poco de eco en cada una de sus salvajes arremetidas.
El calor proveniente de su lascivo coño, sumado al punzante miembro de su atrevido acompañante; había disipado la poca cordura que aún prevalecía en su confusa cabeza.
A medida que pasaban los minutos, sus sensibles cuerpos se fueron tornando cada vez más rojos y sensitivos; llegando a intercambiar innumerables alaridos, cargados de un excepcional placer.
Pronto, los incesantes gemidos que iba produciendo el tenso chico, se fueron transformando en feroces gruñidos colmados de ansiedad; que fueron consumiendo su reducida resistencia.
Entre más la penetraba, sus cuerpos se fueron compenetrando con mayor intensidad; hasta permitirle al angustiado chico con mirada desvanecida, percibir el extraordinario aroma que emanaba de su sensual aliento.
Con las pocas fuerzas que aún le quedaban, la continuó presionando con muchísima ferocidad; hasta conseguir lograr que su ansiosa hombría, se adentrase sin obstáculo alguno dentro de su viscosa abertura.
—¡Oh, si Lincoln! No pares, ¡no pares! Siento un hormigueo en lo más profundo de mi vagina.
Ya sin fuerzas para continuar, —y bajo la atenta mirada de los distintos los osos de peluche que tenía Lori sobre su cama—, Lincoln la continuó penetrando de manera muy salvaje. Hasta que llevado por la inclemente adrenalina que batía su cuerpo, le enterró su polla en lo más profundo de su aceitada cavidad; y comenzó a llenarle su coño sin ninguna clase de recato.
Tras sentir como su abultado sexo iba siendo rellenado, envolvió las piernas sobre las caderas del muchacho; como para hacerle saber lo bien que la estaba pasando.
Luego de varios minutos de intensos roces, —y cuando el jadeante chiquillo se había quedado sin energías—, le enterró su estaca todo lo que pudo; y cayó rendido sobre su sudoroso cuerpo. Al cabo de una faena absolutamente intensa, en la que permanecieron bien pegados y sin hacer ningún tipo de ruido; se mantuvieron muy tranquilos y con la mirada satisfecha, a medida que iban recuperando el aliento perdido.
Un par de minutos más tarde, cuando finalmente lograron cubrir sus transpiradas siluetas, la señora Carmichael descendió con completa calma hasta la entrada de la casa; y una vez ahí, procede a decirle con bastante ligereza:
—La pasé muy bien, pequeño. Solo espero que esto se quede entre nosotros. ¡Ehm! Y bueno... Cualquier día de estos cuando vayas al centro comercial, espero que me pases a saludar. —susurró con visibles ganas—. Ah, y una última cosa... ¡Feliz cumpleaños, Lincoln!
Tan pronto como la señora Carmichael abandonó del todo la silenciosa morada, Lincoln se mantuvo bien tranquilo junto a la entrada principal; como tratando de asimilar lo que le había ocurrido.
Luego de unos cuantos segundos, —y con un semblante más alegre en sus enrojecidas facciones—, empieza a subir las escaleras de manera muy calmada; para poder ir de vuelta a su pequeña habitación.
Visiblemente relajado, el joven albino continuó adentrándose sin mayores prisas por el oscurecido corredor del segundo piso; hasta conseguir llegar a la entrada de su alcoba.
Una vez ahí, —y tras girar la cerradura con enorme cuidado—, da un par de pasos hacia el frente de su cama; para luego susurrar de manera muy calmada:
—Jamás imaginé que la señora Carmichael estuviese dispuesta a tener algo conmigo, y eso que pensaba que el regalo de papá no podría ser más sorprendente... ¡Verdad Lily!
Tras decir esas palabras, posa inmediatamente la vista sobre su hermanita más pequeña, quien se mantenía acostada en todo el centro de la cama; sin intensiones aparentes de quererse retirar.
Lily permanecía completamente desnuda, con la mirada perdida, y las piernas mucho más que separadas; siendo incapaz de llegar a mover ni uno solo de sus músculos. Pero lo que más llamaba la atención en ese instante, era la manera en la que diversos hilillos oscurecidos de su sangre, salían desprendidos de los costados de su inflamada vagina; hasta conseguir formar una pequeña mancha sobre el colchón.
Al ver como su hermanita permanecía completamente inamovible, —y con la mirada mucho más que desvanecida—, Lincoln la observa con inusitada seriedad; y procede a decirle de manera muy relajada:
—¡Este día ha sido una completa locura! Y es que jamás me imaginé que esa fantástica sorpresa de la que tanto me había hablado papá, fueses precisamente tú. —señaló con una corta sonrisa—. Y aunque me hubiese encantado el poder estar con Lori, Leni, e inclusive con Lola; no puedo negar lo bien que la pasé a tu lado. —exclamó con agrado mientras se sobaba las bolas—. Creo que hice bien en llegar a casa una hora antes.
Al ver a su hermana con el cuerpo inmóvil, —y lograr contemplar la deslumbrante hora en el reloj—, el animado muchacho la mira directamente al rostro, y procede a decirle con bastante exaltación:
—Se que me demoré bastante cuando bajé a tomar agua, pero es que no esperaba recibir visita. ¡Pero descuida! —sollozó con un extraño brillo en su mirada—, aún falta poco más de una hora para que vuelvan a casa los demás; así que podemos continuar en donde nos habíamos quedado.
Fue así como completamente sonriente, empieza a quitarse su ensanchada pantaloneta blanca con bastante lentitud; hasta conseguir quedar con su colorada polla de lo más erguida.
—Ah, Lily... ¡Y una cosa más! Creo que esta vez quiero intentarlo sin usar preservativo. Con la señora Carmichael se sintió verdaderamente genial, y me gustaría poder correrme dentro de ti.
Luego de quitarse toda la ropa, —y tras comenzar a respirar con gran agitación—, acomoda su brillante polla en medio de sus pequeñas piernas; y procede a penetrarla con total profundidad.
Tan pronto como sintió la firme estaca del albino adentrándose nuevamente entre sus tiernos labios, la agotada niña pegó un corto resoplido cargado de intensidad; que la hizo intentar zafarse de su abusivo hermano mayor. Aunque por más empeño que pusiese en sus esfuerzos, no iba a poder lograr alejarse de su lado.
De ese modo, Lincoln la comenzó a penetrarla cada vez con mayores ganas, consiguiendo chocar su punta contra su esponjoso útero; casi al tiempo en que besaba con agrado sus brillantes labios, para tratar de sofocar sus extenuantes gemidos.
Cautivado por lo bien que se sentían sus entrañas, no tardó en prometerse a sí mismo que no volvería a usar un condón; y retomó sus esfuerzos para tratar de disfrutar al máximo de tan maravilloso regalo.
Visiblemente emocionado, —y al ver como la puerta de la alcoba permanecía entreabierta—, la empuja de manera veloz con una de sus piernas; hasta quedar encerrado con su hermanita más pequeña.
Y así fue como Leni alteró una tradición familiar que se venía llevando a cabo entre los padres y los hijos de los Loud durante varias generaciones; cambiando el destino de sus pacíficas vidas... ¡Para siempre!
