Teóricamente Improbable.
Summary: En opinión de Cormac, Parkinson no es más que una chica sangrepura que peca de creída. En opinión de Pansy, McLaggen es poco menos que una mosca particularmente molesta. Cuando dos de los egos más grandes de Hogwarts se juntan, es teóricamente improbable esperar buenos resultados. Romance. Smut eventual.
Disclaimer: Los personajes y el mundo en el que se desarrollan no me pertenece. Lo demás, cosecha mía.
N/A: La historia está contada en capítulos independientes (que sí siguen orden cronológico) inspirados por prompts. Los capítulos pueden incluir palabras malsonantes, referencias de índole sexual y eventualmente, smut. Advertidos están.
Dos.
Prompt: "Lumos", "Soy prefecta"
La Torre de Astronomía.
Las doce con quince.
Las putas doce con quince. Se suponía que Smith debía estar allí desde hacía quince minutos y pues no, no está.
El muy idiota lo ha dejado plantado.
Cormac ya había empezado a preocuparse desde que llegó a la Torre de Astronomía y no encontró al Hufflepuff esperándolo, pero pensó que todo el mundo tenía derecho a retrasarse un poco. Es decir, unos tres o cinco minutos. No quince. Jamás quince.
Mete las manos a su abrigo y rebusca en sus bolsillos hasta sentir los ocho galeones que le costará la botella de Whiskey de Fuego que Smith les ha ofrecido. Entre los cinco chicos de su dormitorio han reunido el dinero y ese tonto rubio les prometió que el intercambio se realizaría igual que todas las veces anteriores: a medianoche, en la Torre de Astronomía.
Nunca antes ha faltado a su palabra, pero para todo hay una primera vez. A lo mejor se ha quedado dormido o ha decidido hacer uso personal del alcohol. O le han confiscado la botella; o ha tenido que parar a cagar en algún baño. En realidad, las posibilidades son infinitas.
–Lumos.
Cormac sabe que está jodido incluso antes de que se termine de pronunciar el hechizo. Zacharias Smith podrá ser un tipo extraño, pero definitivamente no tiene voz de mujer. Ni se pone perfumes con olor dulzón, ya que estamos en ello.
–Mira a quién tenemos aquí – canturrea la chica, a la que Cormac aún no puede ver porque la muy cretina se ha colocado tras él. Maldiciendo su suerte y su estúpida decisión de darle la espalda a la puerta del salón de Astronomía, Cormac inhala fuerte, se prepara mentalmente para mentir y se da la vuelta.
Encaramada sobre el alféizar de un ventanal, Pansy Parkinson lo mira triunfante.
Tiene la varita en alto, alumbrando el espacio que existe entre su posición y el punto donde Cormac se ha quedado parado.
A diferencia de él, ella todavía lleva puesto el uniforme, túnica incluida y todo. El cabello (¿por qué demonios se está fijando en su cabello?), le cae lacio sobre los hombros, con una pequeña cinta colocada a forma de diadema. Está jugando con su varita entre los dedos, con el rostro ligeramente ladeado y una estúpida sonrisa de suficiencia dibujada en sus facciones, esperando a que él reconozca su presencia.
–Parkinson – concede Cormac.
Se le pasa por la mente preguntarle si ya ha dejado de ser la elfina doméstica de Snape, pero por primera vez en su vida, se lo piensa mejor.
–¿Me vas a decir que estás haciendo aquí, McLaggen?
Ni siquiera se está esforzando por disimular la alegría de su voz. Cormac alza las cejas y retoma su actitud petulante.
–¿Te importa?
–Pues mira, sí – admite ella, como quien no quiere la cosa –. Eso de quitar puntos sin enterarme del cotilleo es un pelín aburrido.
–Tú no puedes quitarme puntos – le suelta Cormac. Porque no puede, ¿verdad? ¡Si ella también está fuera de la cama a medianoche! Y encima va un curso por debajo.
–Oh, claro que puedo – le contradice Pansy. Se acerca el haz de luz al cuerpo y entonces Cormac es capaz de ver la reluciente insignia plateada brillando sobre su pecho –. Verás, soy Prefecta.
Merlín, como si no fuera ya una noche de mierda.
–Pensé que los prefectos patrullaban en parejas.
El efecto de sus palabras en Parkinson es casi inmediato: le flaquea la sonrisa y de repente su postura se torna un poco rígida. Se recupera en unos segundos, claro, que la educación que su madre le debe haber dado a esa chica la tiene preparada para montar cara de póker aún en situaciones de emergencia.
Cormac se regocija en su pequeña victoria; ha hecho el comentario adrede, porque está al tanto de las habladurías que aseguran que Parkinson y el insoportable hurón albino de Draco Malfoy han terminado. Y no en los mejores términos, si es que los rumores resultan ciertos.
–Pues suerte la tuya que te has topado sólo conmigo – le dice Parkinson, bajándose de un brinquito de su asiento –. Así que dime ya, McLaggen, ¿qué haces aquí? ¿Te ha dejado plantado Granger?
–¿Hermione Granger? – pregunta Cormac, aunque es obvio que Pansy se está refiriendo a ella –. Oh no, hace meses que he pasado mis intereses a.… otras cosas.
Por la mirada que Parkinson le dedica, Cormac está seguro de que ella también ha escuchado los rumores de que Hermione le ha dado calabazas. Más de una vez, de hecho.
– ¿Y bueno? – vuelve Pansy a la carga –. Si no ha sido Granger, ¿a quién esperabas aquí, McLaggen?
Parkinson se ha parado a un escaso metro de él. Cormac no puede evitar erguirse cuan alto es, sacando un poco el pecho en el proceso.
–Vine a comprar Whiskey de Fuego – se sincera porque, de todos modos, ¿qué tiene ya que perder? Lo ha atrapado una prefecta, seguro que le resta una cantidad ridícula de puntos a Gryffindor y encima de todo, no ha podido hacerse a con el alcohol.
–Oh, ya. Uno de los prefectos de Ravenclaw se ha encontrado a Smith cuando subía el séptimo piso. Le ha confiscado el alcohol, por supuesto. Supongo que por eso no ha llegado a tu...cita.
Cormac niega con la cabeza, incrédulo, y se pasa una mano por el cabello. Pedazo de idiota que es Smith.
Pansy le sonríe una vez más, al parecer encantada de ejercer una posición de poder sobre él. Lleva los labios rojos, haciendo contraste con lo pálida que es su piel.
–A tu dormitorio, McLaggen – ordena Parkinson, dándose media vuelta y mostrándole el camino escaleras abajo con la luz de su varita.
Sintiendo la imperiosa necesidad de rodar los ojos, Cormac pasa a un lado de ella y atraviesa la puerta. Le hace un gesto a Pansy para que baje ella primero los peldaños y le sigue hasta que llegan al descanso del séptimo piso. Justo cuando se empieza a preguntar si Parkinson pretende escoltarlo el resto de su camino hasta la torre de Gryffindor, la chica se para en seco y le informa que tiene que encontrarse con los demás prefectos dos pisos abajo.
–¡Ah, casi lo olvido! –Se vuelve Pansy, cuando él está a punto de tomar el pasillo de la izquierda –. Veinte puntos menos para Gryffindor.
Ay, este par me gusta tantísimo. Es muy divertido escribirlos, pero si a alguien más que a mí les gustan no duden en escribir algún comentario, que siempre serán bien recibidos. ¡A más ver!
