—Esta es una adaptación de la saga literaria y de películas conocida como Crepúsculo o Twilight, escrita por Stephenie Meyer y en que pretendo corregir todo lo que yo creo que fueron errores argumentales, tratando de mantener la trama de la obra original, pero dando más profundidad a los personajes. La mayoría de los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero he creado personajes menores para incorporarlos y dar sentido al relato. Les sugiero oír "Decode" de Panamore para Izumi e Itachi, "Dusk Till Dawn" de Zayn Malik & Sia para Sasuke & Sakura, "You Don't Own Me" de Saygrace & G-Eazy para Ino & Sai, "Fire On Fire" de Sam Smith para Fugaku & Mikoto, y "Hear You Scream" de Blackbriar para el contexto del capítulo.
Residencia Katon/Healy, Alaska
Huir no era algo que Itachi hubiera deseado hacer, pero ese primer día después de clases ni siquiera había podido regresar a casa con sus hermanos, simplemente había subido a su auto y se había dirigido al último lugar seguro que había conocido antes de trasladarse a Forks con su familia; con sus "primos", los Katon, en Alaska, junto a una reserva natural. Se sentía como un cobarde, había escapado de esa chica de gran belleza y cuyo magnético encanto solo lo hacía sentirse cada vez más tentado por su sangre, y trasladarse a Alaska no había cambiado mucho las cosas en la semana que llevaba allí; Tamane, Hanabi, Isamu, Hana y Shisui habían sido muy amables con él, "vegetarianos" también y con un autocontrol sublime mediante el que no se alimentaban de humanos, por lo que Itachi se sentía en casa…a la par que prisionero. Se alojaba en la sala de música que los Katon tenían en su casa, un espacio relativamente vacío y monocromático, con paredes gris oscuro, con un sofá y un sillón de cuero marrón claro en lados opuestos de la entrada, con cinco guitarras muy diferentes colgando de las paredes y una batería en el fondo; no había cama y él no la necesitaba, no dormía al ser vampiro y podía ocupar su mente con lo que quisiera, manteniendo una de las guitarras en su regazo, jugando con las notas al rasguear las cuerdas, buscando inspiración musical para alejar su mente de sus problemas, normalmente componía usando su piano, pero no estaba en su hogar y buscar inspiración lo ayudaba a distraerse, aunque parecía imposible en este caso.
—Itachi—llamó Shisui desde el umbral de la habitación, haciéndolo alzar la vista. —¿Te estoy molestando?— preguntó amablemente, no siendo esa su intención.
—No, no tengo concentración para componer nada— sosegó el Uchiha, dejando la guitarra a un lado, apoyada contra el sillón en que se encontraba sentado.
—Dicen que después de las tragedias o penas, la música desaparece— comentó el Katon, acercándose para tomar asiento en el sofá contiguo. —Yo creo que es mentira, creo que es cuando más se puede componer, pero el enfoque no es el mismo, por ello no es sencillo de ver— era contradictorio, pero al mismo tiempo tenía sentido a su entender. —Hanabi e Isamu creen que debería dejarte en paz, creen que te molesto— comentó, omitiendo a su esposa que siempre lo comprendía mejor que nadie.
—No lo haces— aseguró Itachi, no teniendo otro amigo tan cercano como él. —Yo he sido muy grosero con todos, en especial con Tamane— estaba de mal humor y eso siempre sacaba lo peor de él, sin importar el contexto.
—Nunca le vas a corresponder, ¿no?— cuestionó Shisui directamente, sabiendo que podía formularle aquella pregunta.
Sentado sobre el sofá contiguo, con la espalda perfectamente recta y un matiz diferente en su voz, que denotaba sus orígenes hispánicos, Shisui era un individuo alto, de físico musculoso, con corto cabello negro como la tinta y peinado en puntas con cierto aire rebelde y entre aristocrático al mismo tiempo, acostumbrado al frio clima de Alaska y a tener que aparentar ser humano para transmitir normalidad, vistiendo un suéter invernal marrón oscuro de cuello alto y cerrado por una cremallera, de largas mangas ceñidas, pantalones térmicos color negro y cortas botas marrón claro. Tamane Katon, a quien Itachi siempre consideraba su prima, era una de las mujeres más hermosas que podía existir; alta, esbelta, seductora, de brillantes ojos de un curioso color violeta y largos rizos entre almendra y dorado que siempre llevaba sueltos, un sueño para cualquier hombre…pero no para él, que había dejado de fascinarse por el físico femenino desde que era inmortal; Tamane, al igual que Hanabi e Isamu, llevaba siglos aprovechando su inmortalidad, yéndose a la cama con vampiros y humanos por igual, de ellas precisamente había surgido la leyenda de los súcubo, entidades femeninas que seducían a los humanos para llevárselos a la cama y los mataban tras alimentarse de estos, aunque de eso hacía ya muchísimo tiempo. Tamane siempre se había sentido atraída por él, desde que se habían conocido hace medio siglo, Itachi lo sabía por su dolor para leer mentes, mas, aunque la consideraba hermosa, no sentía lo mismo que ella, pero nunca se lo había dicho por temor a herirla.
—Es muy hermosa, pero es como una hermana para mí— aseguró Itachi por fin, no pudiendo ver a la Katon de otra forma. —Sé que el rechazo no ha sido fácil de aceptar de su parte, pero no puedo corresponder un sentimiento que no comparto— temía lastimar sus sentimientos, por ello nunca se lo había dicho explícitamente.
—No tienes idea de cuánto la ilusionó tu llegada, Tamane realmente creyó que habías cambiado de opinión— confesó Shisui con una media sonrisa.
—No puedo sentirme peor por jugar inconscientemente con sus expectativas— suspiró el Uchiha, lamentando ilusionarla de esa forma. —No todos tenemos tu suerte, Shisui, te convertiste en uno de los nuestros y encontraste a tu alma gemela— él siempre había compartido su inmortalidad con Hana a quien había conocido poco después de ser convertido, y en solo décadas la había hecho su esposa.
—No sé qué sería de mí si no tuviera a Hana— admitió el Katon con una irrefrenable sonrisa, sintiéndose pleno al tener a su amada consigo. —Un día encontraras a esa parte de ti, lo que falta y que te permitirá aceptarte, así es con todos, en tanto estén abiertos a ello. Solo piensa en Fugaku y Mikoto, Sai e Ino, Sasuke y Sakura— auguró mencionando a las felices parejas dentro de su familia, suponiendo que no le sería difícil en tanto hiciera a un lado su mal genio y carácter difícil.
No iba a mentir, sentía algo de envidia de los miembros de su familia; Fugaku lo había convertido a él primero, salvándolo de morir por gripe española en 1918, luego en los años 20 había convertido a Mikoto para salvarla de morir e ineludiblemente ambos se habían enamorado; en los años 30, Fugaku había convertido a Ino a quien había encontrado al borde de la muerte, y tanto él como Mikoto habían esperado que pudiera convertirse en su pareja…pero Ino nunca le había atraído de esa forma y solo un par de años después ella había rescatado a Sai de morir, convirtiéndolo en vampiro y comenzando una relación con él; por último, en los años 50, Sakura y Sasuke habían llegado básicamente de la nada a sus vidas, ambos guiados por el don de la dulce pelirosa para ver el futuro, pudiendo anticipar que serían una familia maravillosa juntos. Sasuke manipulaba las emociones y Sakura veía el futuro, mas pese a ser tan diferente sus dones, se amaban con una fuerza e incondicionalidad que cualquiera envidiaría, muy diferente del fuego y pasión constante que Sai e Ino se profesaban, o que la ternura y devoción que Fugaku y Mikoto sentían. Itachi estaba feliz por los miembros de su familia…pero mentiría si dijera no desear encontrar lo mismo, su vida era solitaria, frenando constantemente sus impulsos, pero ahí sentado y huyendo de sus problemas sabía que no conseguiría nada, una semana lejos se lo había hecho entender, y necesitaba aprender a soportar la presencia de Izumi Yamamoto.
—¿Volverás a casa?— preguntó Shisui finalmente, como si pudiera leer su mente.
—Sí, me iré en unas horas— asintió Itachi, sabiendo que no conseguiría nada si permaneciera allí.
—No sé qué es con lo que estás lidiando, no has querido hablar de ello— recordó el Katon, respetando lo que su amigo decidiera hacer, —pero sé que lo afrontaras, no eres el tipo de persona que huye— era valiente, aunque no quisiera reconocerlo.
—Ojalá fuera ese tipo de persona— negó el Uchiha, no sintiéndose valiente en absoluto. —Fui cobarde de humano, tuve que ser convertido muriendo de gripe española, cómodamente en casa y exento de luchar en la guerra, cuando debí morir en ella— sabía que la Primera Guerra Mundial había sido un conflicto sin sentido, pero su pasado idealista continuaba vivo en él. —Debí formar parte de algo en lo que creía...pero no, dejé que las lágrimas de mi madre y su miedo a quedarse sola me convencieran de quedarme— aun no sabía cómo sentirse respecto a su pasado.
—Y por ello estás donde estás— recordó Shisui, no gustándole la línea que seguían sus pensamientos. —No reniegues de lo que te ha llevado aquí, no conseguirás nada subsistiendo de ello. Mejor aférrate a que todo sucede por algo, y busca tu propósito, esa es la clave para sobrevivir— el presente era lo que era, podía cambiarse para bien…mas no el pasado, ese permanecía congelado. —Ya me entiendes— agregó con humor, ya que teóricamente no estaban vivos al ser vampiros.
—Gracias, Shisui, siempre sabes que decir— Itachi sonrió ladinamente, sabiendo que estaba escuchando al mejor erudito. —Creo que es lo que necesitaba oír— Shisui siempre sonaba como un hermano mayor sabio, justo lo que él necesitaba.
—Eso hacen cuatro siglos de vida más que tú, amigo— presumió el Katon con fingida arrogancia, provocando la inevitable risa del Uchiha.
Convertido en el siglo XVI, Shisui había abandonado su natal España luego de conocer a Hana, su alma gemela, trasladándose juntos a los Estados Unidos en medio de la pujante fiebre del oro y ambos se habían asentado en Alaska con la familia Katon tras unirse a ellos…una decisión arriesgada, pero que había probado ser acertada, y eso era justo lo que él le sugería a Itachi, hacer algo que quizás sonase arriesgado, pero que podía tener todo el sentido y/o traerle toda la felicidad que él merecía obtener. Una hora después, no teniendo nada que llevarse pues solo había emprendido viaje a Alaska con la ropa que llevaba puesta y los útiles en su mochila, Itachi se despidió afectuosamente de sus primas; Hana le deseó lo mejor con su seductor acento español, Shisui no necesito pronunciar ni media palabra para recordarle que estaba de su lado, Isamu y Hanabi le desearon lo mejor y recordaron que podía volver cuando quisiera, y por último Tamane lo abrazo afectuosamente, a lo que él correspondió con idéntico afecto, mas, leyendo su mente y viendo todos los pensamientos románticos que ella tenía…ante lo que él solo contestó con un beso en la frente y llamándola "hermana". Subiendo a su auto y encendiendo el motor cuanto antes, Itachi dejo atrás el hogar de la familia Katon, sumergiéndose en la carretera y emprendiendo su viaje de regreso a Forks, no importándole conducir toda la noche y no necesitando dormir, en su lugar esa conciencia le permitiría armar un plan sobre como relacionarse mejor con la chica Yamamoto, quizás así dejase de sentirse atraído por su sangre…
Forks, Washington
Era tarde por la noche, ya casi eran las diez y la única luz que iluminaba el hogar del jefe de policía Ryuu Yamamoto provenía de la sala, este lo vio tan pronto como estacionó su patrulla fuera de la casa luego de otra larga jornada de trabajo y que superaba el horario determinado oficialmente, pero él era un hombre entregado al deber y nada le impedía arrojarse temerariamente al peligro de ser preciso para proteger a otros, guardando las llaves de su vehículo en el bolsillo de su pantalón tras cerrar la puerta, dirigiéndose hacia la entrada principal, subiendo las escaleras y encontrando la puerta cerrada, puerta que abrió con la copia de llaves que siempre llevaba consigo, teniendo su hija la otra. Ocupándose en lo suyo incluso a esa hora de la noche, Izumi se encontraba recostada en el sofá de la sala, sosteniendo un libro con su mano izquierda y pasando página con la derecha, aun vistiendo el mismo pijama que esa mañana, no habiendo tenido motivos por los que salir de casa y prefiriendo quedarse a montar guardia, ocuparse del aseo general, de cocinar y luego concentrándose en estudiar para regresar a la universidad el lunes, por lo que aún tenía todo el día de mañana para descansar; escuchando el ruido de la cerradura de la puerta principal, Izumi se sentó mejor sobre el sofá y alzó la mirada hacia su padre al escuchar la puerta principal cerrarse, esbozando una inmediata sonrisa y viendo una expresión que mezclaba el orgullo y preocupación adueñarse del rostro de su progenitor tan pronto este enfocó su mirada en ella desde el umbral de la sala.
—No necesitabas quedarte esperándome, Izumi— recordó Ryuu, nunca pudiendo pedirle que fuera la adulta responsable que, sin embargo, siempre era.
—La verdad me quedé leyendo, y estaba por irme a la cama— aseguró Izumi, ocultando el hecho de que estaba matando el tiempo mientras lo esperaba. —¿Café?— consultó, dejando el libro sobre la mesa de la sala y levantándose del sofá.
—Gracias— asintió el Yamamoto, necesitando encarecidamente de ello y agradeciendo que su hija siempre se adelantara a ello.
Siendo su madre un espíritu libre, que no se amoldaba a lo que la mayoría consideraría apropiado y siendo siempre dejada en casa por un padre que trabajaba por un bien mayor, Izumi había aprendido a ser autosuficiente a los cinco años, había elegido su propia ropa y reunido sus útiles por su cuenta, había aprendido a cocinar a los siete, a los ocho ya podía ir y regresar de primaria sola y quedarse a pasar el fin de semana con sus amigas, solo debía preocuparse por su padre en todo momento y lo hacía con gusto, dirigiendo sus pasos hacia la cocina, encendiendo el hervidor que ya contenía agua y colocando en el microondas la cena ya preparada para su padre. Como de costumbre, Ryuu no pudo evitar sentirse orgulloso por su hija, que literalmente apartó la silla de la mesa de la cocina y lo invitó a sentarse, dejando frente a él una taza, café y azúcar para que él preparase su café como mejor le placiera, en tanto ella esperaba a que su cena—que ya había preparado de antemano para él—estuviera lista; Izumi no hacía nada por obligación, todo nacía de ella misma, siempre había sido así, y sin embargo Ryuu no podía evitar sentir cada día que tenía por hija a la chica más perfecta que pudiera existir. Pensando de antemano en su regreso a clases el lunes y no sabiendo si volvería a ver al gruñón de Itachi Uchiha, Izumi no pudo evitar morderse el labio inferior, queriendo preguntarle a su padre sobre la familia Uchiha—no sabía dónde vivían, solo que los hijos del doctor Uchiha estudiaban en Seattle como ella—, mas no sabiendo si él sabría algo, ¿Qué perdía con preguntar en cualquier caso?
—Papá, ¿Puedo preguntarte algo?— inició Izumi, escuchando el hervidor apagarse automáticamente y por lo que llevo este hacia la mesa.
—¿Personal o laboral?— inquirió Ryuu con fingida seriedad mientras su hija servía el agua en su taza.
—Personal, jefe— rio la pelicastaña, dejando el hervidor sobre la mesa y volviéndose hacia el microondas. —¿Conoces a la familia Uchiha?— indagó apagando el electrodoméstico y llevando el plato hacia la mesa junto con los cubiertos.
—Sí, conozco al doctor Uchiha desde que llegó a la ciudad— asintió el pelinegro, agradeciendo el momento en que su hija dejo el plato frente a él, no tardando en comenzar a comer lo que él consideraba la mejor cena del mundo tras servir su café.
—¿Viven en Forks?— se sorprendió Izumi, tomando asiento frente a su padre.
—Había olvidado hablarte de ellos— se reprochó Ryuu en voz alta ante su propio despiste. —¿Has visto a sus chicos?— preguntó, no habiendo tocado el tema anteriormente y estando genuinamente interesado en su convivencia para con ellos.
—Uno de sus hijos es mi compañero de clases, estudia Antropología— minimizó la pelicastaña con una fingida sonrisa, eligiendo no decir que no se llevaban bien.
—Tenemos suerte de que el doctor Fugaku haya decidido mudarse aquí, en medio de la nada, más siendo un eminente cirujano, puede que uno de los médicos más completos que hay, y el mejor que hemos tenido— elogió el pelinegro, admirando el trabajo y profesionalismo del doctor Uchiha. —Su esposa también es muy amable con todos en la ciudad— solo había elogios para ella, su dulzura y belleza desde que había llegado a Forks. —¿Sabes? Creí que sus chicos darían problemas, siendo tan numerosos, pero se comportan mejor que la mayoría y son una familia muy unida— no había tratado a los chicos personalmente, pero su conducta solo merecía elogios.
En un pueblo tan pequeño como Forks, el recelo y la desconfianza abundaban si de recibir a personas nuevas o de otras ciudades se trataba, era algo malo e implícito en el sentimiento americano, mas Ryuu era una excepción a la regla y—mientras su hija se había encontrado en Jacksonville, ayudando a Hazuki a aclimatarse a su nuevo entorno y adaptándose a su trabajo como diseñadora de una marca de moda—se había encargado de dar la bienvenida al doctor Fugaku Uchiha y su familia tras su llegada a Forks, admirando todo lo que se sabía de él con respecto a su curriculum profesional. Esos primeros días de los Uchiha en la ciudad habían sido muy ilustrativos para el jefe Yamamoto, había tenido serias dudas sobre los hijos del doctor Uchiha, siendo una familia tan numerosa, habitualmente no era fácil controlar a tantos chicos, mas para su asombro las chicas eran dulces como ángeles y los chicos extraordinariamente disciplinados, sin excepción, por lo que él podía quedarse tranquilo, mas ahora siendo estos compañeros de universidad de su hija; escuchando atentamente las palabras de su padre, Izumi se alegró por no haber sido prejuiciosa. Sakura había sido amable con ella hasta ahora, sonriendo siempre a todo el mundo, media universidad suspiraba por ella al igual que por Ino, aunque ella parecía más distante y arrogante; nadie se atrevía a acercarse a Sasuke y Sai, ambos imponían mucho, el primero con su estoicismo y el otro con su fuerza física, ya habiendo superado a Rock Lee en todos los deportes…luego estaba el insondable Itachi.
—Ojalá pueda tratar con ellos, se escuchan maravillosos— deseó Izumi sinceramente, esforzándose por no pensar en sus problemas con Itachi.
—Como nosotros— presumió Ryuu, absolutamente orgulloso de su hija.
—Sí, señor sexy— rio ella, elevando su ego de sus días como seductor en su juventud.
—Soy un casanova incorregible— asintió él, como si se lamentase por ello.
Esperando a que su padre terminara de comer, Izumi meditó en la familia Uchiha, perfectos desconocidos hasta donde sabia y que pese a los prejuicios de quienes los rodeaban habían conseguido ser aceptados o abrazados por su comunidad como amigos de toda la vida, y ella no iba a negarlo, tenían un encanto muy particular a su alrededor y no solo por su ineludible atractivo, sino por el hecho de que quien los conociera parecía quedar encantado, ¿Por qué Itachi tenía que ser tan malditamente diferente? Tan pronto como su padre termino de cenar, Izumi se quedó a lavar los platos como siempre, ordenándole con temple autoritario que preparase su ropa para el día siguiente y que luego fuese a darse un baño para irse a dormir, por lo que su progenitor no osó cuestionarla, sonriendo para si al sentirte como un niño reprendido por su madre. Guardando los platos en la alacena y asegurándose que todo estuviera en orden, Izumi fue la última en abandonar la cocina como de costumbre, recogiendo su libro de la sala, apagando las luces en el camino hacia la escalera, a la planta alta, a su habitación, deseándole buenas noches a su padre y elevando la voz mientras lo escuchaba entrar en la ducha y encerrándose ella en su habitación para continuar leyendo o estudiando. El domingo pasó rápidamente de igual forma, solo que ella se ocupó de abastecer la despensa al ir de compras y de preparar comida para su padre para al día siguiente, reunió sus pertenencias y el lunes por la madrugada se despidió de su progenitor con un beso mientras este aun dormía.
Como siempre, Izumi subió a su auto y se dirigió a Seattle.
El lunes por la mañana comenzó como siempre, Izumi dejo sus pertenencias en la residencia, llegando casi al mismo tiempo que sus amigas y dirigiéndose juntas a la universidad, separándose para que ella asistiera a su primera clase, luego reuniéndose durante la clase de deportes, volviendo a separarse para que ella volviera a clases y reencontrándose en el almuerzo; Izumi notó que Itachi nuevamente no había asistido ese día, pero esta vez ni se inmuto, volvió la mirada por sobre su hombro hacia la mesa en que estaban los hermanos Uchiha, intercambiando una sonrisa con Sakura que siempre era la más amable de todos, y cuando la campana sonó, Izumi se dirigió a su próxima clase. La Yamamoto vestía una blusa naranja de escote en V que formaba pliegues con detalles en dorado y malva, encima un abrigo azul oscuro que permanecía abierto, a juego con unos pantalones anchos que parecían de tela y cortos botines de un matiz más brillante, con su largo cabello castaño cayendo sobre su hombro derecho y tras su espalda, peinado por un cintillo de cuentas doradas de fantasía y a juego con unos pendientes en forma de lagrima. Tardándose un poco más en su casillero, encontrando notas de amor de admiradores secretos—algo común desde su primer año en la universidad—, Izumi cruzó el umbral para ingresar en la clase del señor Iruka; Teorías Antropológicas Clásicas, sorprendiéndose al ver a Itachi en su mesa…había vuelto. No dejándose impresionar ni pretendiendo ser incondicionalmente amable esta vez, Izumi se dirigió a su mesa y tomó asiento en el lugar vacío.
—Hola— saludó la Yamamoto escuetamente, apenas y dirigiéndole una mirada mientras abría su cuaderno y dejaba su estuche sobre la mesa.
—Hola— contestó el Uchiha para su asombro, con una voz grave a la par que asombrosamente cálida que la hizo observarlo con sorpresa. —Lamento no haberme presentado contigo la semana pasada, soy Itachi Uchiha— se disculpó como ella tanto había querido que hiciera una semana atrás. —Tú eres Izumi, ¿verdad?— mas bien afirmo, no siendo nada extraño que supiera su nombre a esas alturas.
—Si…— asintió la pelicastaña, apenas y pudiendo entender su cambio para con ella.
—Hoy repasaremos a los principales autores que influyeron en el advenimiento de la Antropología Científica; Marx, Durkheim, Weber y Mauss, identificando a quien pertenecen las citas en las hojas que les entrego— inició el profesor Iruka, a quien la Yamamoto había ignorado totalmente hasta ese momento, devolviéndola a la realidad cuando este dejo la hoja de trabajo en el escritorio del Uchiha y ella. —Y si hacen bien la primera parte les tengo reservado un pequeño regalo. Bien, comencemos— aplaudió mientras terminaba de entregar las hojas al resto de sus alumnos.
—Primero las damas— sugirió el azabache con una sonrisa y tendiéndole la hoja, actuando completamente diferente de como había hecho una semana atrás.
Nada más verla entrar en el salón, Itachi había esperado que ella lo ignorase olímpicamente, quizás así le resultase más fácil resistir el aroma de su sangre…mas asombrosamente se encontró fingiendo respirar naturalmente cuando ella entró, su sangre seguía siendo igualmente tentadora, pero ahora que conocía su aroma él podía resistirse a la idea de beber de esta; la fuerza de su autocontrol le permitió darse cuenta de lo mucho que la había ofendido, siendo un pedante arrogante, frio y distante con ella que solo había tratado de ser amable, mientras que ella era amiga de todos, todos los chicos del salón literalmente estaban pensando en ella—hasta los que tenían novia—y tenerla a su lado solo hizo que desease conocerla para saber que provocaba tanto interés. Concentrándose en la actividad a realizar, sosteniendo la hoja de trabajo en sus manos, Izumi tuvo la tentación de observar por el rabillo del ojo si estaba viviendo la realidad o si habían reemplazado al Uchiha con un nuevo compañero de actividades...pero pronto se dio cuenta de que en efecto era él; el mismo cabello negro como el ébano, largo, liso y recogido en una coleta baja, los mismos ojos negros como ónix solo que con una mirada ahora cálida, vestía una sudadera gris claro con capucha y encima un abrigo azul oscuro con bolsillos a cada lado del abdomen, jeans negros y cortas botas de igual color, con una pulsera de cuero en su muñeca derecha, teniendo esta un dije sobresaliente con el emblema del abanico rojo y blanco que también llevaban sus hermanos.
—"El trabajo y la acción es lo que pone en contacto al ser humano con la misma naturaleza y con lo demás. A través de esto, el hombre transforma la naturaleza y ocupa un puesto determinado en la sociedad, de modo que la esencia humana es el conjunto de las relaciones sociales dadas en el trabajo"— leyó Izumi lentamente y con un tono fluido, teniendo la completa atención del pelinegro. —Creo que es Marx— dedujo tras pasar un instante, volviendo la mirada hacia él para tener su opinión.
—Sí, Marx— asintió Itachi de inmediato y manteniendo su sonrisa ladina, compartiendo su opinión y elogiando silenciosamente su mentalidad ágil.
—Estuviste fuera una semana, espero que no hayas estado enfermo— comentó la pelicastaña mientras anotaba el nombre del autor en la línea punteada.
—Tuve unos problemas personales— minimizó el pelinegro, fingiéndose nervioso como hacían los humanos. —Me disculpo si fui grosero contigo, no era mi intención. Mis hermanos y yo aún somos nuevos aquí, y a diferencia de mis hermanas, no somos buenos socializando— explicó mejor, no siendo una mentira, y recibiendo la hoja de manos de la pelicastaña para leer la siguiente cita. —"Es la sociedad la que nos forma a su imagen, nos llena de creencias religiosas, políticas y morales que controlan nuestras acciones"— leyó, contemplando la expresión analítica de ella por el rabillo del ojo.
—Suena a Durkheim— dedujo la Yamamoto, encontrando su mirada con la de él.
—Sí, Durkheim— confirmó el Uchiha, escribiendo prontamente la respuesta en la línea bajo la cita. —¿Te gusta la lluvia?— preguntó mientras escribía, escuchando a la pelicastaña ahogar una risa. —¿Qué?— inquirió, extrañado con su reacción.
—¿Me preguntas sobre el clima?— cuestionó Izumi, no sabiendo si estaba jugando.
—Si— volvió a asentir Itachi. —¿Es un mal tema de conversación?— supuso, no sabiendo cómo interpretar su reacción al no poder leer su mente.
Todo eran respuestas ensayadas, protocolos de conducta y de comunicación que al menos él llevaba aprendiendo un siglo, estar rodeado de humanos le permitía olvidar el monstruo que era, condenado a la inmortalidad y a alimentarse de la sangre de otros seres—animales o humanos—, dejarse tentar por la sangre era masoquista, pero también favorecía el autocontrol; por esta serie de rutinas ensayadas, Itachi siempre estaba capacitado para sostener conversaciones con humanos, obtener información o simplemente aparentar ser lo que no era, humano, y leer las mentes de las personas a su alrededor ayudaba…pero en este caso nada de lo que había hecho antes daba resultado, no podía leer la mente de Izumi Yamamoto ni anticiparse a lo que ella pensaba, fallando en su intento de sostener una conversación. No es que hablar del clima no fuese un buen tema de conversación, de hecho, era perfecto para dos personas que intentaban romper el hielo, como era su caso y el de Itachi a la luz de lo incomodo que había sido su trato la semana anterior, interactuando solo un día, mas, increíblemente las palabras parecían fluir naturalmente entre ambos o al menos en su caso, esbozando una sonrisa en todo momento mientras se repartían las obligaciones de la actividad asignada por el señor Iruka, no parecía que se llevasen mal…y ella estaba analizando todos estos contrastes en todo momento, preguntándose que era diferente esta vez a hace una semana, deseando que su trato hubiera sido así desde el principio. Mas él le había hecho una pregunta y merecía una respuesta:
—No— sosegó Izumi. —No me gusta la lluvia, lo frío, lo húmedo, nada de eso— admitió por fin, viéndolo morderse el labio inferior para no reír. —¿Te hago reír? Dame eso— desafió quitándole la hoja de las manos con fingida bravuconería, procediendo a leer la siguiente cita. —"No es simplemente para mostrar poder que un hombre arroje monedas de cobre al mar. Al hacerlo, también está sacrificando a los dioses y espíritus"— dejo pasar un instante tras leer, sabiendo de quien se trataba. —Mauss— concluyó volviendo la mirada hacia el Uchiha, tendiéndole la hoja.
—Mauss, totalmente— concordó Itachi, divertido con su actuar y procediendo a escribir el nombre del autor en la hoja. —Si odias la lluvia y el frío, ¿Por qué elegiste quedarte en el lugar más lluvioso de los Estados Unidos?— preguntó directamente, exponiendo el motivo de su diversión. —Escuche que tu madre se trasladó a Jacksonville por trabajo, podrías haberte quedado con ella— en Jacksonville tendría el clima que le gustaba, ¿Qué hacía en un lugar que evidentemente no le agradaba?
—Sí, podría haberlo hecho...pero es complicado— asintió la pelicastaña, no habiendo hablado del tema ni siquiera con sus amigos…mas, sintiéndose cómoda con él.
—Creo que podré comprenderlo— presumió el azabache con fingida sapiencia, su don para leer mentes le daba cierta experiencia si de conversaciones se trataba. —Si quieres hablar, claro— agregó en caso de ser invasivo y no sabiendo como anticiparse a nada de lo que ella pudiera sentir ante su mente insondable.
—No le he comentado esto a nadie, pero mi madre no se mudó solo por trabajo— inició la Yamamoto en voz baja, no queriendo que nadie más escuchara. —Mis padres se están separando, aunque ellos no quieren que lo sepa— admitió, sintiéndose increíblemente bien por solo exponer su problema y ser escuchada.
—Oh, lo siento, no quería incomodarte— se disculpó el Uchiha sinceramente y por inercia, no teniendo idea de que ella llevaba esa carga.
—No, tranquilo, no es un problema para mí— negó Izumi, no queriendo incomodarlo, solo sintiendo que abrirle su corazón lo ayudaría si es que él tenía sus propios problemas y no sabía con quien hablar…como ella. —Sí, me apena que ya no se lleven bien, pero no hay mucho que pueda hacer al respecto— ya se había resignado a ello hace tiempo.
Mostrándose alegre y optimista todo el tiempo—no dejando jamás que sus amigos la vieran triste o enojada a menos que mereciera la pena, mas jamás hablando de su vida personal— , Izumi normalmente ocultaba sus problemas, su padre y su madre se habían estado esforzando más en recomponer su relación en lugar de en pensar en cómo sus problemas la estaban afectando, sus discusiones, sus peleas por las noches, y ella era buena ocultando todo eso, sepultándolo bajo capas de optimismo, igual que toda la presión que le provocaba ser el centro de atención de todos en su universidad o sus compañeros y/o grupo de amigos, mas Itachi era el primero que simplemente le preguntaba por ella misma y disfrutaba de escuchar la verdad, y era lindo que alguien lo hiciera. Regresando su atención a la hoja, con aun una actividad pendiente y que él se ofreció a leer, recibiendo un inmediato asentimiento de parte de la Yamamoto, Itachi observó a la pelicastaña por el rabillo del ojo, deseando más que nunca poder leer su mente o tener el don de su hermano Sasuke para leer sus emociones, concentrándose en leer, mas teniendo parte de su atención dividida en la bella pelicastaña, quien no tenía la típica mentalidad de una chica cuyos padres se estaban separando, estaba muy tranquila todo el tiempo y no parecía ser capaz de pensar en si misma sino que en los demás en todo momento, lo que sumado a su gran belleza—con aquel lunar en su mejilla derecha, bajo su ojo—le daba un encanto solo comparable al de Ino o Sakura, y muy diferente de ambas, única en cierto modo…
Ambos siendo buenos en los estudios, lo que saltaba a la vista, pues habían sido el primer grupo en contestar las actividades del señor Iruka—lo que les había valido un cuestionario especial con puntos extra para la primera evaluación la semana siguiente, y les permitiría prepararse mejor—, Itachi e Izumi se estaban llevando asombrosamente bien, su conversación no había terminado dentro del aula de clases sino que esta se había postergado más bien debido a la entrega de la actividad y por sentir ser el centro de atención de todos, quienes parecían haber acallado sus propias charlas solo para espiar sus interacciones. El momento en que la campana del recreo sonó fue un alivio, no porque ambos volvieran a sentirse incomodos entre sí, sino porque ante el ruido de los pasillos, con los alumnos saliendo de sus clases como ellos mismos, ambos por fin podían retomar su conversación: resultó una sorpresa para Izumi que nada más levantarse de su asiento, Itachi se ofreciera a cargar con sus útiles, acompañándola en su camino por el pasillo hacia su casillero, deteniéndose en el camino en el suyo para que pudiera cambiar sus útiles por los de la siguiente clase. Cerrando la puerta de su casillero tras cambiar sus útiles y sin necesidad de la ayuda de la bella Yamamoto, Itachi la alentó a que retomasen su conversación, recordando perfectamente que lo último de lo que ella le había hablado era de la separación de sus padres, y cuanto más escuchara de ella y su vida, más fácil le resultaría entenderla…o eso esperaba, mas escucharla en cualquier caso era fascinante.
—Mi madre siempre está ocupada, es amiga de fiestas, de no estresarse por nada, incluyéndome, y disfruta vivir a su manera— prosiguió Izumi, no queriendo aburrirlo con sus problemas, mas para su asombró él no dejaba de observarla atentamente. —Yo solía quedarme sola en casa todo el tiempo, y no tenía nadie con quien hablar en la ciudad, por lo que decidí regresar a Forks luego de un mes con ella— llegando finalmente a su casillero, Izumi abrió la puerta de este, extrayendo sus útiles de la siguiente clase mientras Itachi le tendía su estuche y guardaba el resto dentro por ella. —Gracias— sonrió ante su amabilidad, cerrando la puerta del casillero. —Sé que mi mamá estará bien por su cuenta, y en cualquier caso me llama casi a diario para saber cómo estoy— mas eso solo abría una brecha entre ellas a su entender.
—¿Y ahora eres infeliz?— inquirió Itachi sin saber bien que inferir, cualquiera estaría hundido en la peor depresión solo con lo que ella le contaba.
—No— negó la pelicastaña con una ligera sonrisa, no siendo la más feliz, pero no sintiéndose desdichada por eso. —Puede que el clima aquí no me guste, pero tengo a mis amigos de toda la vida, a mi padre y no me veo yendo muy lejos de cualquier forma— era su sitio de confort y no sabía si algún día podría abandonar todo eso.
—Lo siento, realmente quisiera poder leer tu mente— admitió el azabache, sonando meramente como una expresión, mas siendo una realidad en su caso. —No piensas como la mayoría de la gente que haya conocido y quisiera entenderte— solo escuchar sus vivencias hacia que deseara saber más de ella, pese a no poder leer su mente.
—Espero que eso sea algo bueno— sonrió ella únicamente, sintiendo que caminaba entre nubes de incertidumbre, no sabiendo cuánto duraría su buen humor.
Teniendo más de un siglo de vida y habiendo estudiado muchas carreras antes de conocer a Izumi Yamamoto, Itachi estaba repleto de vivencias si de socializar se trataba, aunque esto solo fuera para aparentar normalidad, y ello le había permitido aprender que gran parte de las personas, ya fueran chicas o chicos, no dejaban de emplear la palabra yo, yo, yo, yo…no dejaban de pensar en sí mismos, era increíblemente asombroso como la gran mayoría tenia pensamientos vacíos o banales; su hermana Ino ya era todo un caso, siempre pensando en sí misma y en lo bella que era, o Sai que siempre suspiraba por ella allá a donde fuera, y sin embargo, Izumi Yamamoto era un mar en calma con su mirada pacífica y su mente insondable ocultaba miles de pensamientos bajo su estampa de optimismo, ¿Quién era realmente? Apoyándose en la pared que marcaba el umbral de un pasillo al otro, no teniendo un casillero a su espalda, Izumi no pudo evitar observar con fascinación a Itachi Uchiha, admitiendo en silencio que no era en absoluto el chico pedante, orgulloso o malhumorado que había creído que era, de hecho, era muy agradable y tenía una sonrisa muy cálida y que esbozaba de vez en vez, como si lo que ella estuviera diciendo fuera lo más interesante del mundo, no era la típica expresión embobada o aburrida de algunos chicos, que apenas y tenían la mente más profunda que una piscina, él no...¿Qué había hecho que actuara tan diferente antes?, ¿Ella había sido la causa?
—Bueno, no te negaré que estaba algo preocupada la semana pasada, creí que me odiabas o que había hecho algo para caerte mal— admitió Izumi ya que estaban hablando con honestidad. —No es que este acostumbrada a caerle bien a todo el mundo, pero tus hermanos y tu son nuevos, y sé que a veces puede ser difícil encajar, por lo que quería ofrecer mi ayuda, si es que la necesitaban— ofreció, aguantando desde hace una semana para decirle eso a él y no a sus hermanos.
—Gracias por la amabilidad, en serio— sonrió Itachi, no habiendo esperado que dijera algo tan desinteresado y nadie lo había hecho hasta ahora, pero ella no parecía ser como la mayoría en absoluto. —Soy yo quien tiene que disculparse por como actué, no tú— reconoció, sintiéndose más culpable que nunca por haberla despreciado desde el principio…pero aun podía ponerle remedio aparentemente. —¿Comenzamos de nuevo?— sugirió sin apartar su mirada de la de ella.
—Eso me gustaría, compañero— asintió la pelicastaña, tomándose el atrevimiento de llamarlo así porque habrían de continuar juntos en las clases del señor Iruka.
—Tenemos otra clase a la que ir, podemos seguir esta conversación— sugirió el pelinegro, sintiéndose aliviado en lugar de aterrado esta vez, —si quieres— agregó, recordándose sus modales como caballero del siglo XX.
—De hecho, ahora yo seré quien te interrogue— decidió la Yamamoto fingiéndose severa y viéndolo fruncir el ceño con extrañeza, —me encantaría saber sobre Alaska— expuso por fin, queriendo oír lo que él tuviera que decir ahora.
Una de las primeras universidades que Izumi había revisado estando ya en su segundo año de secundaria había sido la de Anchorage en Alaska, su programa de Ciencias Sociales y de la Comunicación era maravilloso, claro que el clima no difería mucho del que había en Forks—habiendo más nieve y frio, mientras que en Forks lo que abundaba era la lluvia y las nubes—, pero lo cierto es que aunque sonara idealista, todo lo que deseaba era tomar una mochila con ropa y libros e irse muy lejos, aventurarse al mundo y conocer todo lo que este tuviera a bien ofrecerle, ya fuera bueno o malo…pero era demasiado cobarde para intentarlo y no podría vivir consigo misma si le rompiera el corazón a su padre y se fuera sin mirar atrás, eso es lo que su madre había hecho e Izumi no quería ser ese tipo de persona. Sonriendo ladinamente, Itachi no supo si sentirse sorprendido o bien honrado de que por primera vez alguien con quien hablara se interesara por él, normalmente sí que había un interés de parte de la población femenina, pero estás se sentían atraídas como polillas por una llama, por el camuflaje que implicaba ser vampiro, mas no veía nada de esta tonta fascinación en los ojos de Izumi, ambos retomando su camino hacia su siguiente clase mientras escuchaban el timbre sonar, siguiendo su propio ritmo mientras él le hablaba de su vida en Alaska; no podía hablar de lo que era realmente, un vampiro, pero podía hablarle de su vida en el aspecto humano, aunque no tuviera nada de humano, pero realmente quería abrirse con alguien y ella quería escuchar.
Izumi Yamamoto era un verdadero enigma.
Cuatro Días Después
No iba a decir que se había vuelto inmune, pero si había aprendido a tolerar el tentador aroma de la sangre de Izumi Yamamoto, aprendiendo a tolerar el tenerla como compañera de actividades y ya recibiendo ambos las felicitaciones del señor Iruka Umino, además, comenzando a trabajar juntos en otras de sus clases en común sin que esto fuera una obligación; la bella pelicastaña era un enigma, justo cuando Itachi creía armar una serie de ideas sobre lo que podía dar vueltas por su mente para entenderla y desentenderse de la fascinación que sentía para con ella, Izumi expresaba ideas verbales que contradecían todo lo que él podría prever, no era una persona fácil de leer en absoluto. Alegre, sonriente, dulce y amable todo el tiempo, la forma de proceder de Izumi no era normal o no lo era en el sentido humano, su interés personal en la vida de los demás en el sentido de tratar de hacer algo siempre para ayudarlos o alegrarlos, jamás hablando de sí misma, era algo extraño, Itachi no se había encontrado con un corazón tan desinteresado en el siglo que llevaba vivo, hasta los grandes eruditos y filántropos pensaban en sí mismos alguna vez, pero Izumi Yamamoto no. Con ese pensamiento, Itachi aguardo a que Sai saliera de clases, apoyado contra su auto, siendo el único que faltaba; Ino estaba de pie tras su auto apuntando la cámara de su teléfono en su dirección mientras se acomodaba el cabello; Sasuke sostenía el paraguas de Sakura sobre ambos mientras ella esbozaba una sonrisa y observaba a la nada, sujetándose de su brazo para asirse a la realidad.
—Tu futuro está cambiando tanto que no puedo seguirle el ritmo— comentó Sakura tan pronto como su visión terminó, observando a su hermano por el rabillo del ojo. —Algo está cambiando, tu vida parece estar en una encrucijada— concluyó acercándose más a Sasuke quien envolvió su brazo derecho alrededor de su espalda baja.
—Suenas como una falsa gitana— se burló Itachi con una sonrisa ladina y alzando la mirada en su dirección, tenía mucho mejor humor desde que había regresado.
—No te veo matando a nadie, si es lo que preguntas— simplificó la Haruno encogiéndose de hombros, ser sutil con Itachi jamás resultaba.
Envuelta en una chaqueta impermeable verde musgo—de hombros caídos, dejando entrever su suéter blanco de cuello alto, con mangas abiertas bajo los brazos y cerrada por seis botones—, y vistiendo jeans negros así como botas marrón claro para la nieve, con su largo cabello castaño cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, Izumi abandonó la universidad y dirigió sus pasos por en medio del estacionamiento, saludando a las personas en su camino, intercambiando una mirada con Itachi que se encontraba junto a su propio auto y que le sonrió ladinamente, no sabiendo ella si sonreír o irritarse por el vapor blanquecino que emergió de su boca al respirar debido a la nieve que comenzaba a caer; detestaba el frio, pero la nieve no le desagradaba tanto y era agradable de contemplar. La semana había transcurrido más rápido de lo que Izumi hubiera previsto originalmente, tener a Itachi como compañero y poder sostener largas conversaciones con él había hecho que todo fuese más fácil e increíblemente la había hecho mantener su sonrisa habitualmente falsa o forzada con los demás; según le había contado, él había perdido a sus padres a los diez años, y había sido adoptado por la familia Uchiha—confirmando así que no tenía vínculos sanguíneos con ninguno de sus hermanos y hermanas—, creciendo en Ithaca, Nueva York, y mudándose tiempo después a Anchorage en Alaska, donde había cursado la secundaria y sus primeros dos años de universidad hasta que su padre se había trasladado por trabajo a Forks, admitiendo que el lugar le gustaba mucho.
Todo sucedió muy rápido, otra visión cruzo el campo de visión de Sakura; Rock Lee tomó con demasiada velocidad la curva para salir del estacionamiento, patinando por el hielo formado ante el clima frio y dirigiéndose inevitablemente hacia donde Izumi se encontraba, y solo Itachi pudo verlo al leer sus pensamientos. A solo un metro de la salida del estacionamiento, que terminó de cruzar, Izumi frunció el ceño y volvió la mirada por sobre su hombro, escuchando un sonido extraño, viendo la furgoneta azul oscuro de Rock Lee—quien en vanó intento recuperar el control—patinar en su dirección a gran velocidad y todo lo que la Yamamoto pudo hacer fue quedarse inmóvil como una presa ante un depredador, cerrando los ojos. Haciendo uso de su velocidad sobre humana, guiando por sus instintos que le gritaban que actuara, Itachi corrió hacia Izumi, interponiéndose en la trayectoria de impacto, envolviendo su brazo derecho alrededor de su estrecha cintura y alargando su mano izquierda para frenar la furgoneta de Rock Lee, mas alejando su tacto tan pronto como esta se detuvo, pretendiendo abrazar a Izumi y cubrirla como escudo para cualquiera que los viera; sintiendo su cabeza chocar fuertemente con el vehículo contra el que se vio empujada y que amortiguó gran parte del golpe, evitando que saliera herida, Izumi no pudo evitar quejarse y llevarse una mano a la sien izquierda, alzando entonces la mirada hacia el Uchiha, no pudiendo creer que él la hubiera salvado.
—¿Estás bien?— preguntó Itachi sujetándola de los hombros y apoyando una rodilla en el suelo mientras la ayudaba a sentarse.
—Si...— suspiró Izumi, choqueada por lo cerca que había estado de morir a la par que no pudiendo entender como había podido salvarla.
Sintiendo un sordo dolor en el oído izquierda, a la altura de las sienes y que le hizo recordar lo cerca que había estado de morir, Izumi intentó levantarse, ante lo que Itachi mecánicamente mantuvo uno de sus brazos alrededor de ella, apoyándose en sus piernas y ayudándola levantarse lentamente, sin soltarla, haciéndole sentir que estaba a salvo, mas nada de esto la hizo olvidar lo que acababa de pasar; lo había saludado con la mirada al salir de la universidad y cruzar el estacionamiento, lo había visto a unos diez metros de distancia, junto a su auto y sus hermanos, a quienes ahora localizo con la mirada, volviendo la mirada por sobre su hombro. Ellos seguían ahí, del otro lado; Sakura de pie junto a Sasuke que mantenía su brazo alrededor de ella, y de pie junto a ambos Ino quien también volvió la mirada en su dirección, e Itachi no pudo evitar aparta la mirada incomodo, esperando que Izumi no hiciera preguntas…pero no podía tener esa certeza. Acostumbra a tener visiones como aquella todo el tiempo, y ya habiendo visto a Izumi en sus visiones al momento de trasladarse a Forks, Sakura no pudo evitar esbozar una sonrisa al saberla a salvo, logrando prever la decisión de Itachi que lo quisiera aceptar o no se había vuelto muy apegado a ella…pero Sasuke e Ino junto a ella no pensaban lo mismo, la rubia apenas y pudiendo creer lo que había visto, diciéndose que estaba en un error, y el azabache frunciendo el ceño, habiendo estado concentrado enteramente en la pelirosa como para ver a Itachi hasta que hubo sido demasiado tarde, y en cualquier caso no respaldaba el actuar de su hermano.
—¿Qué diablos pasó?— preguntó Ino, apenas y habiendo visto a su hermano cruzar el estacionamiento a su conocida velocidad
—Izumi casi muere, pero Itachi la salvó— resumió Sakura disimulando su sonrisa al saber a la pelicastaña a salvo.
—Dime que no corrió hacia allí y detuvo el vehículo— gruñó Sasuke, no pudiendo creer que su hermano se expusiera y a ellos de ese modo.
—Es exactamente lo que hizo— asintió la pelirosa, pudiendo sentir su ira y preocupación debido a su vínculo.
¿Es que Itachi se había vuelto loco? En ese ambiente, en el estacionamiento, donde casi todos los estudiantes estaban reunidos a esa hora, cruzar el estacionamiento solo para salvar a la chica Yamamoto...era una suerte que Itachi fuera tan rápido como para que nadie viese siquiera un borrón cruzar la distancia, y solo si prestara demasiada atención, ¿En que estaba pensando? Cerrando bruscamente el paraguas y que arrojó al interior del auto de Sai, Sasuke subió a este y dio la espalda a su hermano, desentendiéndose de las decisiones que tomara Itachi y negándose a dejar que ello los pusiera en peligro; no siendo capaz de leer la mente como Itachi, pero si conociendo a Sasuke, Sakura se subió al asiento del copiloto e inmediatamente entrelazó su mano con la suya, llamándolo a mantener la calma y diciéndole que todo estaría bien, ella ya podía anticiparlo por una de sus visiones del futuro. Siendo ayudada por Itachi a ponerse de pie, sintiendo que de otro modo caería al suelo, aun en extremo abrumada por lo que acababa de pasar y no alcanzando a entender como él había conseguido salvarla de morir, Izumi prontamente se vio rodeada por una estampida de sus compañeros de universidad y por sus amigos, todos intentando acercarse, tocarla y preguntándole mil y un veces si estaba bien en un panorama que habría atosigado a cualquiera, pero afortunadamente Itachi se mantuvo a su lado y envolviéndola con uno de sus brazos, instando a mantenerse atrás para darle espacio y no sofocarla en tanto los profesores llamaban a la ambulancia…
Hospital Comunitario, Forks
Preocupado en todo momento de las dudas y preguntas que veía en los ojos de Izumi, el humor de Itachi paso de la inquietud al divertimento al acompañarla al hospital de Seattle; el doctor y enfermeras se habían asegurado de comprobar que ella estaba bien e incluso le habían pedido que se quedara para evaluarla por la noche, mas la Yamamoto era increíblemente terca cuando se lo proponía, insistiendo al doctor que estaba bien, él por otro lado apenas y había requerido una revisión externa, ya que no tenía rasguños ni nada—por obvias razones—, y ya que no podía dejar que ella volviera sola a Forks en su estado, él se ofreció a conducir su camioneta de regreso a su hogar. Le habían dado un permiso médico, por cuando dos tres días, para que descansara en casa, diagnosticada de una contusión cerebral menor, pero que creían merecía observarse…que ridículo, incluso Itachi se había ofrecido a llevarla a casa, por lo que viajo durante las próximas horas sentada como una niña castigada en el asiento del copiloto de su auto, escuchando a Itachi hablar por teléfono con su hermano Sai y pedirle que condujera su auto. Al llegar a Forks, Izumi no pudo evitar entornar los ojos al ver que Itachi la llevaba al hospital para otro chequeo y ella no pudo rehusarse, más cuando escuchó por una de las enfermeras que ya habían llamado a su padre; ahora sí que no podía escapar, sentada en la camilla con Itachi a su lado cuando su padre por fin ingreso en la habitación, haciendo gala de su autoridad como policía.
—Izumi, ¿Estás bien?— interrogó Ryuu, acercándose a su hija y casi arrodillándose frente a ella como si fuera una niña de diez años.
—Tranquilo, papá, estoy bien— sosegó ella, no queriendo que armase un espectáculo…no estaba en el hospital por gusto.
—Hable con el padre de Lee, el chico se despedirá de su licencia por un largo tiempo— advirtió el jefe Yamamoto, haciéndola entornar los ojos. —Pudo haberte matado— recalcó, no siendo esto poca cosa para él, no podrir vivir si algo le pasara a su hija.
—Sí, pero no paso— contrarió la pelicastaña, desde niña su papá no dejaba de verla como una bebé y ella siempre luchaba por intentar que la viera como una adulta.
Teniendo a Itachi a su lado en todo momento y a quien observó por el rabillo del ojo, como diciéndole todo es tu culpa, Izumi fingió una sonrisa amable cuando la enfermera terminó de tomarle los signos vitales, desvaneciendo esta y reemplazándola por su expresión de disgusto y que casi hizo reír a Itachi; así que ella tenía su carácter, solo hacía falta que cruzara los brazos sobre su pecho y marcara un puchero y luciría igual que una niña enfurruñada, era divertido y curioso de observar, Izumi Yamamoto ciertamente no reaccionaba como nadie que hubiera conocido. Las puertas dobles de la habitación se abrieron entonces, permitiendo que el doctor ingresara para examinarla; se trataba de Fugaku Uchiha, el padre de Itachi, debía ser igual de alto que él o unos centímetros más, aparentaba unos treinta años o poco más, de corto cabello castaño por encima de los hombros y ojos negros, con una mirada entre seria y serena al mismo tiempo—muy similar a la mirada de Itachi cuando estaba de mal humor, solo que él no parecía tener su mal genio—y difusas arrugas debajo de los ojos, similares a las ojeras que Itachi tenía. Irguiendo la espalda por inercia, acostumbrada a comportarse en presencia de doctores—detestando los hospitales—y más viendo al doctor Uchiha sostener en su mano derecha las radiografías que le habían tomado en Seattle, Izumi se sintió tentada a cruzar los dedos tras su espalda para poder irse a casa pronto, mas nada le impidió notar el sonrojo de la enfermera que la atendía ante la llegada del doctor…al parecer todos los Uchiha generaban esa reacción.
—Oí que la hija del jefe está aquí— comentó Fugaku nada más entrar, dirigiendo sus pasos hacia la camilla donde se encontraba la señorita Yamamoto.
—Doctor Uchiha— saludó Ryuu, notoriamente más relajado al saber que él atendería a su hija.
—Ryuu— correspondió el doctor Uchiha con una discreta sonrisa ladina a la par que intercambiando una mirada con su hijo de pie junto a la camilla. —Yo me encargó, Lin— sosegó a la enfermera, que se acercó para susurrarle que su esposa había llegado por Itachi antes de retirarse. —Fue un golpe fuerte, ¿Te sientes bien?— preguntó, colgando las radiografías al negatoscopio y volviéndose hacia ella.
—Sí, perfectamente— asintió Izumi, mostrándose amable y solo deseando salir de ahí.
—Mira aquí— pidió él, encendiendo una pequeña linterna para reconocer sus ojos mientras le indicaba que siguiera el movimiento de su índice. —Podrías experimentar estrés postraumático o desorientación— advirtió, terminando el examen tan pronto vio que ella no tenía problema en sus reflejos. —Tus signos vitales están bien y no hay lesión en la cabeza, parece solo haber sido una contusión menor— diagnostico, revisando el registro que la enfermera había dejado.
—Gracias a su hijo, habría estado perdida sin él— admitió la pelicastaña, volviendo la mirada hacia el Uchiha con una ligera sonrisa, debiéndole el estar viva.
—¿Él es su muchacho?— preguntó Ryuu con sorpresa, no habiendo conocido al chico hasta entonces y sintiéndose agradecido por su ayuda para con su hija.
—Sí, Itachi— asintió el doctor Uchiha. —Itachi, él es el jefe de policía Ryuu Yamamoto— presentó, alzando brevemente la mirada mientras hacía unas anotaciones extra en el registro.
—Es un gusto señor— el pelinegro extendió su mano hacia el jefe de policía como lo instaban sus modales.
—Igualmente— correspondió el jefe Yamamoto, estrechando su mano. —Gracias, muchacho, de verdad— apreció, debiéndole mucho por lo que había hecho.
—No se preocupe— desestimó Itachi, no necesitando ningún reconocimiento. —Estaba cerca y tenía que hacer algo, cualquiera lo hubiera hecho— simplificó, siendo esto una verdad…a medias.
Luego de finalizado el examen, Izumi recibió el permiso médico del doctor Uchiha para irse a casa…pero con el consejo de descansar por al menos dos días, lo que implicaría faltar a clases, e Izumi no osó en protestar estando su padre presente; su padre permaneció dentro de la habitación firmando unos papeles que la enfermera le entregó y ella aguardó en la sala de espera, revisando su teléfono y soltando un suspiro al ver media docenas de mensajes de disculpa de Rock Lee, quien incluso le envió una fotografía de él en el hospital, teniendo una esquince en el brazo derecho, por lo que ella le envió un mensaje de que lo perdonaba y le deseó una pronta recuperación. Ya que la sala de espera estaba mayoritariamente vacía, fue fácil para Izumi reparar en el eco de voces en el pasillo exterior, volviendo la mirada por sobre su hombro, se trataba de Itachi hablando con su padre y una tercera figura que ella identificó como su madre; era una mujer alta, esbelta y de físico menudo, con largo cabello azabache azulado que caía hasta la mitad de su espalda, con un ligero flequillo enmarcando los lados de su rostro, de brillantes orbes ónix y piel nívea, con facciones dulces y hermosas como las de un ángel, aparentaba ser menor que su esposo el doctor Uchiha, de cuando mucho veintiocho años, y vestía una blusa agitanada azul brillante con mangas ceñidas en las muñecas, pantalones de tela color negro y zapatos de tacón. Sabiéndose observado y excusándose con su madre con un beso en la mejilla, Itachi ingresó en la sala de espera y acercó hasta la Yamamoto:
—¿Realmente estás bien?— preguntó Itachi con sincera preocupación, sentándose frente a ella y analizándola con la mirada.
—Si— asintió Izumi, profundamente agradecida con su ayuda, mas muy confundida también. —Itachi, ¿Quisieras explicarme como llegaste tan rápido junto a mí?— preguntó, queriendo entender como había podido salvarla.
—Me dirigía hacia ti, estaba a solo un metro de distancia— señaló el Uchiha con gran seriedad, tratando de convencerla de ello.
—No, estabas junto a tu auto, al otro lado del estacionamiento— contrarió la Yamamoto de inmediato, no estando loca y habiéndolo visto bien.
—Izumi, te golpeaste la cabeza, estás confundida— volvió a insistir el pelinegro con su carismática sonrisa, envolviéndola a la mentira que quería hacerle creer.
—Sé lo que vi— protestó la pelicastaña vehemente, dándose cuenta de lo que él estaba haciendo. —Detuviste la camioneta, la empujaste con tu mano, no me imagine nada de eso— detalló, no siendo una tonta ni queriendo ser vista como tal.
—Nadie va a creerte— desestimó él con una seriedad y falta de emoción que la sorprendió.
—No iba a decírselo a nadie— justificó ella, no siendo su intención ofenderlo. —Solo quería agradecerte por salvarme— expuso finalmente, él merecía eso cuando menos.
—De nada— asintió Itachi, mas previendo que ella seguía pensando en el tema. —No dejaras de insistir, ¿cierto?— inquirió a modo de afirmación.
—No— confirmó Izumi sosteniéndole la mirada, necesitando saber la verdad.
—Entonces, espero que goces la decepción— se despidió el Uchiha, dando por terminada la conversación.
Izumi hablaba en serio, puede que Itachi no pudiera leer su mente, pero en el poco tiempo que llevaba conociéndola había aprendido que sus ojos siempre exponían lo que ella verdaderamente sentía; pena, melancolía, emoción, alegría y ahora honestidad, que el resto de personas a su alrededor no lo vieran era cosa suya, pero él sí y no pudo evitar sentirse agradecido de que ella mantuviera en secreto lo que él había hecho para salvarla, pero no le daría la explicación que ella quería, era demasiado peligroso, por lo que finalmente se levantó de su lugar frente a ella y abandonó la sala de espera, al encuentro de su madre que aguardaba de pie en la entrada. Viendo todo con ojos analíticos y habiendo despedido a Fugaku para que encendiera el auto—habiendo finalizado su turno de 16 horas—, Mikoto fingió hacer la vista gorda cuando Itachi paso a su lado y envolvió uno de sus brazos a su espalda, mas ella esbozó una amable sonrisa para la chica Yamamoto antes de seguir con su camino, previendo que había asuntos que discutir. Aún más confundida que antes con respecto a Itachi Uchiha, pero correspondiendo a la amable sonrisa que su madre tenía para ella—siendo tan maravillosa como su padre había dicho—, Izumi los siguió con la mirada hasta perderlos de vista y un par de minutos después su padre se reunió con ella en la sala, por lo que se dirigieron a casa en silencio…hasta que su padre le dijo que había informado a Hazuki de lo ocurrido, por lo que tras llegar a casa Izumi se pasó las siguientes horas tratando de convencer a su madre de que estaba bien.
E intentó no pensar en cómo Itachi había podido salvarla.
Residencia de la familia Uchiha/Forks
Reunidos en su hogar y esperando a que Itachi, su padre y su madre regresaran, los hermanos Uchiha se encontraban sumidos en su propia incertidumbre, temiendo que el secreto de lo que eran realmente se expusiera por causa del actuar de su hermano menor; paseándose en círculos como leona enjaulada y con las manos en las caderas estaba Ino, que vestía un traje negro de cuerpo completo, de escote redondo que resaltaba sus curvas y esbeltez, con pantalones anchos al final y cortos botines negros, además de un ligero abrigo gris claro que permanecía abierto, con su largo cabello rubio cayendo tras su espalda y su flequillo cubriendo parcialmente uno de los lados de su rostro, con el collar de plata con el dije de la familia Uchiha alrededor de su cuello. Observando atentamente a Ino como siempre, solo teniendo ojos para su hermosa esposa, amiga y amante de estar ella en la misma habitación, Sai estaba sentado en el sillón junto a la chimenea que crepitaba por la mera costumbre de aparentar ser humanos; el pelinegro vestía una camiseta blanca de cuello redondo, detallando perfectamente sus músculos, con las mangas subidas y exponiendo la pulsera de cuero en su muñeca derecha con el emblema Uchiha en relieve, jeans azul oscuro y pesadas botas cortas anudadas por cordones, normalmente Sai no se dejaba estresar por nada y no tenía mucho que decir con respecto a lo que estaba pasando, pero todo lo que inquietara a Ino también lo inquietaba a él, porque siempre estaría de su lado ya sea que tuviera razón o no, porque solo se tenían el uno al otro.
—Esa chica nos expondrá ante todos— suspiró Ino hasta entonces en silencio con sus frustraciones. —Tendremos que actuar ahora— no había tiempo que perder.
—No necesitaríamos movernos si eliminamos a esa chica— declaró Sasuke de acuerdo con ello. —Si ella no está aquí, no habrá necesidad de irnos— era simple de ejecutar.
—Sasuke, no— protestó Sakura estrechando su mano contra la suya y no queriendo que sumergiera su mente en derroteros como ese.
—¿Por qué no esperamos hasta que Fugaku y Mikoto lleguen?— sugirió Sai, tampoco queriendo anticiparse hasta que estuvieran todos reunidos.
—Es lo mejor— confirmó la pelirosa, agradeciendo su intervención y dirigiendo una severa mirada a su esposo, que asintió sin otra opción.
En el sofá frente a la chimenea se encontraban Sakura y Sasuke, ambos teniendo opiniones muy diferentes sobre lo que se debería hacer con respecto al comportamiento de Itachi y en lo concerniente a Izumi Yamamoto; con su aspecto tan femenino, grácil y angelical, Sakura se encontraba sentada con la espalda recta y las manos cruzadas sobre su regazo, vestía una blusa blanca de encaje, sin mangas y de escote cuadrado, encima una especie de corto bléiser de terciopelo esmeralda con dobladillo marcado, cortas mangas por sobre los codos y con bolsillos a cada lado de la cintura, jeans gris oscuro y tacones de igual color, con una gargantilla de plata con el emblema Uchiha abrazando su cuello. Sin desvanecer su ceño fruncido y manteniendo las manos cruzadas frente a su rostro, Sasuke vestía un suéter gris azulado de cuello alto, cerrado con una cremallera, de mangas largas que le cubrían completamente los brazos, pero exponiendo de igual modo la pulsera con el emblema Uchiha en su muñeca derecha, jeans negros y botines negros, preocupado enteramente por su esposa que entrelazó una de sus manos contra la suya, intentando calmarlo. Por fin el auto de Fugaku se detuvo en el exterior y en un par de minutos su padre, su madre e Itachi ingresaron en la casa, dirigiéndose a la sala donde ellos se encontraban, Fugaku y Mikoto sin nada que decir, acercándose al sofá vacío y tomando asiento para comenzar la discusión familiar, mas Itachi eligió permanecer de pie y cabizbajo, sabiendo que, de haber problemas, seria enteramente por su causa.
—Lo siento, no quise poner a ninguno de ustedes en riesgo— inició Itachi intercalando su mirada entre su familia. —Fui imprudente y asumiré toda la responsabilidad. Estoy dispuesto a irme si eso mejora las cosas— era lo menos que podía hacer.
—No, Itachi— negó Mikoto, irguiéndose y acercándose a él, no pudiendo perderlo.
—Mikoto tiene razón, no puedes irte ahora, eso sería lo contrario de útil— respaldó Fugaku seriamente, contemplando todos los posibles escenarios. —Esa chica podría decir algo— mas, podrían armar una mentira para desacreditarla.
—No lo hará— aseguró el pelinegro, confiando en Izumi y en su palabra.
—¿Cómo lo sabes?, ¿No dijiste que no podías leer su mente?— inquirió Ino, para nada segura de lo que él quería hacerles creer.
—Sakura— nombró Itachi, necesitando que ella viera que sucedería a futuro.
—No veo que pasará si simplemente la ignoramos— negó la pelirosa, no pudiendo darle una certeza ni a ninguno de ellos.
—¿Por qué correr el riesgo? No deberíamos dejar cabos sueltos ni evidencia, jamás lo hemos hecho— discutió la rubia, manteniendo su posición. —Esa chica se golpeó la cabeza, tal vez resultó ser más grave de lo que parecía. Los humanos se van a dormir con la posibilidad de no despertar por la mañana. Yo lo haría limpiamente— se ofreció sin que le temblase la voz en absoluto.
—Sí, Ino, sabemos lo competente que eres como asesina— comentó el pelinegro con toda intención de ofenderla, y ante lo que ella avanzó para responderle.
—Basta— disuadió Fugaku poniéndose de pie e impidiéndoles atacarse como pretendían. —Ino, hice la vista gorda en Rochester hace 90 años, porque sentí que merecías obtener justicia por lo que te habían hecho. Pero esto no es igual, Izumi es inocente y, por si lo olvidan, la hija del jefe de policía. No es una opción— determinó, no consintiendo que se tomasen vidas inocentes y menos en aquel caso.
—Bien, pero no me mudaré— advirtió la rubia molesta. —Me gusta aquí, hay tan poco sol que llegamos a parecer normales— todos estaban a gusto de haber regresado.
—No tenemos que decidir ahora, podemos esperar y ver si es necesario— intentó mediar Mikoto pasando su mirada por todos sus hijos. —Itachi parece seguro del silencio de la chica Yamamoto— y ella siempre confiaba en su criterio.
—Sasuke— advirtió Itachi, leyendo la mente de su hermano. —Ella no pagara por mi error, no lo permitiré— previno, dispuesto a proteger a Izumi.
—¿Y debemos correr el riesgo, entonces? Ella debió haber muerto hoy, Itachi, así no estaríamos teniendo esta discusión— espetó el azabache, disgustado en extremo. —No permitiré que Sakura esté en peligro, no importa que el riesgo sea pequeño— Sakura era todo para él y no dejaría que le sucediera nada, ni emocional ni físicamente. —Y no digas entender lo que siento, porque no has vivido lo mismo que yo, no lo entiendes— ninguno de ellos había vivido lo mismo que él.
—Te lo advierto, no dejaré que lo hagas— volvió a insistir el pelinegro, sosteniéndole la mirada a su hermano y viceversa…Sasuke estaba dispuesto a todo por su esposa.
—Paren los dos, es suficiente— acalló Sakura alzando la voz con firmeza y haciendo que su esposo se resignase. —Izumi no dirá nada, no hay de qué preocuparse— declaró por fin, viendo un destello del futuro. —Te dije que se avecinaba un cambio— comentó a su hermano únicamente, viéndolo palidecer al leer sus pensamientos.
—No...— Itachi jadeó incrédulo ante lo que Sakura había visto. —No, no, me niego a hacerlo— discutió enérgicamente, retrocediendo con incredulidad.
—Esa parte del camino está escrito, puedo verlo— insistió la pelirosa, enormemente feliz en contraste con él y sonriendo emocionada.
—Pues cambiaré el futuro— porfió el pelinegro intentando convencerse de ello.
—¿Qué ves, Sakura?— preguntó Sasuke concentrando toda su atención en su esposa que sonrió con emoción renovada mientras encontraba su mirada con la suya.
—O Itachi bebe la sangre de Izumi, o acepta lo que está sintiendo por ella— admitió la pelirosa en voz alta, sorprendiendo a todos con sus palabras.
—¿Te estás enamorando?— cuestionó Ino entre sorprendida e indignada por ello.
—Eso complica las cosas, pero nos da tiempo— consideró Fugaku, ante lo que Itachi bufó por lo bajo antes de cruzar la sala hacia la puerta trasera de la casa. —¿Sakura?— inquirió, no sabiendo que decidiría hacer su hijo a la luz de esta nueva información.
—No se ira, solo va a caminar— sosegó ella con la sapiencia que le daba saber lo que sucedería en el futuro…o poder adelantarse a las decisiones de otros, más bien.
Deseando más que nunca poder leer la mente de Sakura como Itachi si podía, queriendo ver lo que estaba por venir y que solo ella podía ver, Sasuke observó atentamente el rostro de su esposa, que volvió la mirada en su dirección con una dulce sonrisa antes de inclinarse y besarlo en la mejilla, diciéndole con esa sola acción que todo estaría bien y él jamás cuestionaba lo que ella decía, así se habían conocido después de todo. Sasuke era diferente de todos su hermanos, le habían dado la inmortalidad para pelear en guerras, siempre luchando por sobrevivir, sintiendo la culpa de aquellos que asesinaba, siendo una marioneta…estrechando la mano su esposa contra la suya, Sasuke nuevamente se recordó lo perdido que estaría sin su ángel de corto cabello rosado, que lo había esperado por 30 años sin haberlo conocido, solo por haberlo visto una visión y dándole esperanzas así como una vida totalmente nueva; Itachi merecía obtener lo mismo, ¿Pero con una humana? Saliendo por la puerta trasera, Itachi llegó al puente colindante que daba con el jardín trasero de la casa, era una suerte que vivieran en las afueras de Forks, así podían disfrutar de su propio espacio, apoyándose él en el barandal de cuerda y observando el agua del rio…¿Qué había hecho para pasar por lo que Sakura había visto en su visión? No iba a negar que Izumi Yamamoto era muy hermosa, incuso para los estándares humanos, con una belleza entre común e inusual al mismo tiempo, sembrando un amplio abanico de estragos y trastornos en su vida. No, tenía que ser un error…
El día de su accidente había sido el viernes, justo al final de las clases, pero la hoja de permiso dada por el doctor Fugaku Uchiha estaba emitida desde el lunes, lo que quería decir que ella no tendría que volver a clases, pudiendo despertar tarde ese día, pero ello no la hizo sentirse feliz en absoluto sino que la irritó, detestaba estar en casa relegada a las labores de Cenicienta, no pudiendo hacer más que ordenar la habitación de su padre y la propia, lavar la ropa y los platos, asear todo de arriba abajo, y solo entonces pudiendo dedicar tiempo a estudiar, mas si ella no hiciera esas cosas, nadie más las haría; su padre entendió su estrés y la invitó a cenar a la cafetería de la señora Haruka Kurosaki esa tarde al salir del trabajo, liberándola de cocinar. La pelicastaña vestía una blusa blanca—debajo una camiseta blanca de escote redondo y sin mangas—de cuello alto y cerrada por cinco botones dorados, con abullonadas mangas ceñidas en los codos, pantalones anchos verde musgo que lucían enrollados a la altura de las rodillas por las botas de cuero marrón rojizo que usaba, con su largo cabello castaño recogido en dos coletas que caían sobre sus hombros. Sintiéndose como en su casa en la cafetería de Haruka, ya que era el lugar donde cenaba habitualmente cuando su hija no estaba en casa y no tenía a alguien para cocinar tan bien como ella, Ryuu hojeó despreocupadamente el periódico mientras Izumi lo observaba entre cariñosamente y frustrada al mismo tiempo, la hacía feliz pasar tiempo con su padre, pero se sentiría más útil si pudiera regresar a sus clases en lugar de retrasarse.
—No tenías que invitarme a comer, puedo cocinar perfectamente— recordó Izumi con tono calmado pero severo en el fondo, pues él le había prohibido cocinar durante sus días de permiso. —Y debería volver a la universidad en lugar de quedarme en casa haciendo nada— agregó esperando poder convencerlo de llamar a la universidad.
—No, nada de esfuerzos para ti por ahora— negó Ryuu, siendo firme por su bien. —Tus profesores lo entienden perfectamente, y siempre vas adelantada en tus calificaciones— justificó, concentrado en el periódico para no ceder a sus demandas.
—Lo que te costara— gruñó la pelicastaña sin otra opción, alzando la mirada hacia la mesera y dueña del lugar que dejo los platos sobre la mesa. —Gracias, señora Haruka— apreció con su mejor sonrisa.
—Pide el postre que quieras, ¿si, linda?— consintió la señora Kurosaki acariciando el hermoso cabello de la hija del jefe Yamamoto. —Lo mejor para la princesa de la casa— recordó antes de alejarse de la mesa para atender a los demás clientes.
—Me pediste una ensalada— suspiró Izumi, no sabiendo si reír o enfadarse con su padre. —¿Por qué no pides una para ti la próxima vez? Come menos carne— sugirió golpeándole amistosamente el abdomen, aunque no estaba nada gordito.
—Por favor, estoy tan sano como un caballo— protestó Ryuu dejando el periódico sobre la mesa y observando su apetitosa hamburguesa.
—Si tú lo dices— rio ella por lo bajo, devorando un trozo de tomate. —¿Qué tal el trabajo?— preguntó, no habiéndolo visto en casi todo el fin de semana.
—Bien, salvo por los ataques de este extraño animal— comentó el jefe escasamente, mas sabiendo que tenía la completa atención de su hija. —No creo que se trate de un animal, se encontraron huellas de humano que se dirigían hacia aquí— su hija palideció de preocupación al escucharlo. —Le pedí a Harusame que hablara con los profesores de la reservación, para que los chicos tengan cuidado y se alejen del bosque. Utakata estará bien— aclaró, sabiendo lo mucho que ella se preocupaba por el hijo de su mejor amigo, a quien había crecido viendo como un hermano menor.
—¿Crees que sea algo grave?— inquirió Izumi, ya que los asesinatos continuaban sucediendo desde el condado de Mason y se estaban acercando a Forks.
—Espero que no— fue todo lo que Ryuu pudo decir. —¿Si te lo pidiera, te quedarías en casa?— solicitó a su hija, sabiendo que era demasiado, mas queriendo estar tranquilo.
—Soy buena en eso, y necesito adelantar mis estudios— asintió la pelicastaña, no siendo buena saliendo dentro de la ciudad, —probablemente tendré evaluaciones que rendir cuando regrese a la universidad— comentó comiendo un trozo de lechuga.
—Sobre eso, el chico Uchiha se pasó por mi trabajo y dejo esto para ti— recordó el jefe de policía, bajando la mirada hacia su portafolios con expedientes que revisar.
—¿Itachi?— se sorprendió ella cuando su padre le tendió una carpeta de cuero.
—Si— confirmó Ryuu regresando su atención a su cena. —Dijo que habría ido a casa para entregártelo personalmente, pero imagino que necesitas descansar— la verdad el chico era muy amable y respetuoso con su hija, formado a la antigua usanza como un caballero, por lo que ya se había ganado su respeto.
Era demasiado para que pudiese ignorarlo, Itachi Uchiha seguía siendo una figura contradictoria; guapo, inteligente, con un humor de perros y quien ella no podía comprender, a la par que con un secreto que ella deseaba entender y al mismo tiempo mantener—había sido muy lindo con ella, cuando no estaba de mal humor, y trabajaban muy bien juntos como compañeros en sus clases en común—, y pese a no ser amigos siquiera, había encontrado tiempo para escapar de sus clases en la universidad y conducir las cuatro horas de distancia entre Seattle y Forks solo para entregarle a su padre el trabajo que deberían entregar al señor Iruka esa semana, sobre los autores de las Teorías Antropológicas Clásicas. Revisando la carpeta, Izumi se sintió conmovida al ver que de hecho la mitad del trabajo de investigación ya estaba listo, Itachi había encontrado tiempo para hacer su parte en tiempo record y, sabiendo que ella no querría ser un lastre ni obtener una buena clasificación haciendo nada, le había dejado la otra mitad que ella se comprometió a realizar tan pronto como regresara a casa, dejando la carpeta sobre la mesa y concentrándose en su cena con mejor humor. Itachi Uchiha continuaba siendo un misterio, uno muy complejo y que no sabía si quería desentrañar—como si por intentarlo fuera a descubrir algo malo—, pero alguien tan atento para con ella no podía ser una mala persona, no cuando ni siquiera su propio entorno podía comprenderla como él sí.
Itachi tenía sus razones para mentir y ella tenía sus razones para respetar eso.
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las próximas actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros" , luego "El Origen del Clan Uchiha" y por último "El Rey de Konoha" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, así como todos los dolores de cabeza que seguramente le doy), a LizzyMichaellis25 y userZiha (agradeciendo contar con su apoyo y aprobación, y dedicándoles esta historia por lo mismo), y a todos quienes siguen, leen o comentan esta y todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Sol de Media Noche, Vínculos y Familia Uchiha: Abró el capitulo adaptando una de las escenas del libro "Sol de Media Noche" de Stephenie Meyer, que narra los eventos de Crepúsculo desde la perspectiva de Edward, pero no profundizando mucho en este como personaje, por lo que yo elegí representar mejor a Itachi y su vinculo con el clan Katon, teniendo entre sus "primos" a Shisui a quien ve como un hermano mayor, pero si uso muchos de los pensamientos del libro para profundizar en Itachi y sus interacciones con Izumi. Con respecto a Izumi, ya profundizamos más en como se siente y en lo que cree como personaje y protagonista de la historia, aunque en esta historia comparte este papel junto a Itachi, teniendo ambos mucho en común y fascinándose el uno del otro ya que no piensan como la mayoría y tienen respuestas innatas muy similares. En este capitulo por fin conocemos más a la familia Uchiha—a quienes representó más como una familia—y sus pensamientos; Ino extremadamente vanidosa, Sai que suspira por ella siempre, Sakura con su alegria por la vida y sus visiones del futuro que comienzan a involucrar a Izumi, Sasuke quien tiene un oscuro pasado pero que solo piensa en proteger a Sakura y hacerla feliz, Mikoto que es la madre amorosa que piensa en su familia y siempre es amable con todos, y por último Fugaku como el patriarca y mediador de la familia.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
