—Esta es una adaptación de la saga literaria y de películas conocida como Crepúsculo o Twilight, escrita por Stephenie Meyer y en que pretendo corregir todo lo que yo creo que fueron errores argumentales, tratando de mantener la trama de la obra original, pero dando más profundidad a los personajes. La mayoría de los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero he creado personajes menores para incorporarlos y dar sentido al relato. Les sugiero oír "Teach Me To Fight" de Yonaka para Izumi, "Reason To Live" de Citizen Soldier para Itachi, "Carry You" de Novo Amor para Utakata, "There's Nothing Holdin Me Back" de Shawn Mendes para Sasuke & Sakura, y "Eyes On Fire" de Blue Foundation para el contexto del capítulo.
Era su último día libre, volvería a clases mañana temprano y aun así el director de la universidad le había enviado un correo diciéndole que podría llegar más tarde si lo necesitara o ausentarse si necesitaba más tiempo, Izumi se mordió el labio para no estallar en carcajadas, solo deseando regresar a clases para ver a sus amigos y olvidarse de lo miserable que era su vida el resto del tiempo; adoraba a su padre, con todo su corazón, pero estar constantemente en casa y presa de la monotonía le recordaba fragmentos de su pasado que deseaba olvidar; las discusiones de sus padres por las noches y que había escuchado a lo largo de los años, ella callándose las cosas y no pudiendo hablar de sus problemas con nadie, aprendiendo a ser buena concentrándose en los demás. Negando en silencio, la Yamamoto cerró la puerta a su espalda mientras descendía los escalones hacia el buzón del correo para revisar que había llegado; en clase jamás vestiría tan sencilla, una camiseta lavanda de escote redondo y que pasaba inadvertida bajo una sudadera gris abierta hasta la mitad del pecho, con las mangas subidas, pantalones deportivos gris oscuro y zapatillas blancas, con su largo cabello castaño cayendo libremente sobre sus hombros y ligeramente despeinado; la sola visión de su amiga, natural, sin artificios y siendo ella misma, hizo que Utakata sonriera mientras avanzaba hacia el hogar de la familia Yamamoto con las manos en los bolsillos de su chaqueta impermeable y sonriendo aún más ante la guardia baja de su amiga, que revisaba lo que se había encontrado en el buzón y no reparó en alguien acercándose.
—Izumi— nombró el Kirigakure, haciendo que ella por fin alzara la mirada con sorpresa.
—Utakata— sonrió la Yamamoto, siempre feliz de verlo. —¿Qué haces aquí?, ¿No deberías estar en clase?— preguntó extrañada, conteniéndose para no abrazarlo.
—Me escape, no se lo digas a mi papá— contestó él para sorpresa de su amiga. —Supe de tu accidente y tenía que venir a verte— se apresuró a justificar, ya previendo un regaño de su parte. —¿Estás bien?— preguntó observándola detenidamente.
—Sí, perfectamente— asintió ella, lamentándose por preocuparlo. —Solo me golpee en la cabeza— agregó, pudiendo leer la mirada analítica y angustiada en sus ojos.
—Suerte que eres una cabeza dura— comentó Utakata, inevitablemente divertido.
—Qué lindo— secundó Izumi con sarcasmo, aunque sabiendo bien que no era mentira.
Conocer a Utakata y hacerse su amiga había sido indiscutiblemente fácil para Izumi, era un chico u hombre muy alegre y que irradiaba mucha energía positiva, además, ella era hija única y no tenía hermanos al igual que Utakata no tenía nadie con quien expresarse libremente, y cuando se habían conocido de pequeños—ni siquiera sabiendo hablar—habían estado tan llenos de afecto para otros, que habían formado un vínculo indisoluble, viéndose como hermanos—mayores en el caso de Utakata, siendo unos meses menor que Izumi, y menores en el caso de Izumi—ante lo que Izumi por fin se lanzó a abrazarlo, con el Kirigakure elevándola fácilmente del suelo, disfrutando del abrazo y sabiendo cuanto ella necesitaba de cosas así, por pequeñas que fueran. Alzando un dedo frente a él, pidiendo paciencia a su querida amiga y hermana, Utakata extrajo del interior de su chaqueta un paquete cerrado que tendió a la Yamamoto que lo recibió con fingido recelo, sosteniéndole la mirada al pelicastaño lo más posible mientras abría el paquete…la mayor sonrisa se adueñó del rostro de la Yamamoto al encontrar un libro nuevo en el interior, este sobre mitos y leyendas japonesas que era una de sus lecturas favoritas, ¿Cómo es que Utakata siempre sabía que hacer o decir para hacerla sonreír? A su mente vinieron todos los momentos en que había podido llorar contra su pecho, con él abrazándola, él nunca preguntando nada y sabiendo que ella no querría hablar de lo que era doloroso, mas siempre dándole libertad de expresar el dolor que guardaba.
—Ay, gracias— Izumi tragó saliva al sentir que se le quebraba la voz por la emoción. —Sabes que tendré que volver a la escuela esta semana— agregó, temiendo no poder tener tiempo suficiente para leer aquel libro.
—Pero necesitaras distracción y supuse que esto ayudaría— desestimó Utakata encogiéndose de hombros, confiando en que ella encontraría tiempo para leerlo.
—Sí que lo hará— aseguró ella abrazando el libro aun en el paquete contra su pecho.
—Escuche que Itachi Uchiha te salvo— comentó él finalmente, no sabiendo que pensar.
—No puede haber secretos en un lugar como este— masculló la Yamamoto, no sabiendo si estar agradecida por ello o no.
—Todo se sabe pronto— sonrió el Kirigakure, entendiendo su incomodidad. —Te daré un consejo, aléjate de él, ese sujeto me da mala espina— admitió por fin, sabiendo que podía ser honesto con su amiga y ella misma con él.
—¿Lo conoces?— inquirió Izumi viéndolo negar, lo que la hizo fruncir ligeramente el ceño. —No empieces con tus prejuicios, Utakata, por favor— había sido aprensivo con los chicos con que ella se relacionaba desde su pre adolescencia, siempre actuando como un hermano sobreprotector. —Estamos en la misma universidad, lo quiera o no tengo que verlo— agregó, no pudiendo evitarlo y queriendo conocer mejor a Itachi Uchiha.
—Lo siento— se disculpó Utakata, bajando la cabeza como un perro regañado y sabiendo que se había excedido, guiado por su preocupación.
—Descuida— sosegó ella, no pudiendo culparlo. —¿Quieres pasar?— invitó, señalando la puerta principal con la mirada. —Al menos bebe algo, si voy a ayudarte a mentir— condicionó con tono burlón y extorsionándolo falsamente.
—No puedo rehusarme así— obvió él con una sonrisa, ya estando ahí de cualquier forma.
No mentía, se había escapado de la última clase de la universidad en la Reserva Jinchuriki—a unos cuantos kilómetros de distancia—, pidiéndole a sus amigos que mintieran por él con los profesores en tanto él visitaba a Izumi, reprochándose mentalmente el no haber encontrado tiempo antes, mas sintiendo que podía respirar tranquilo al verla sana y salva, siempre considerándola tan frágil y menuda con su esbelto físico, deseando protegerla de todo y de todos de serle posible mientras la seguía hacia la escalera y de ahí a la entrada de la casa, mas diciéndose que ella era capaz de cuidar de sí misma. Se habían conocido siendo prácticamente bebés, sus padres siendo mejores amigos y ya que, en el caso de Izumi, su madre siempre tenía otras cosas más importantes que hacer o estaba intentando salvar su matrimonio con su padre, había sido fácil para ambos encontrar tiempo que pasar de pequeños, alojándose en la caja de Utakata muchas veces hasta cumplir ocho años aproximadamente, cuando sus respectivos padres ya no habían visto con tan buenos ojos que durmieran en la misma cama o pasaran tanto tiempo juntos. Ellos no podían ver lo mismo que ellos sí, ambos no se veían en absoluto el uno al otro como un chico y una chica, sino que se veían como dos hermanos, y en momentos como ese Izumi se sentía infinitamente segura y a salvo junto a Utakata, que envolvió uno de sus brazos alrededor de sus hombros, alargando su brazo libre para abrir la puerta y permitirle ingresar, con él cerrando la puerta tras ambos.
Estando juntos no existían barreras ni mascaras.
Tan pronto como el hervidor se apagó automáticamente, Utakata lo retiró y sirvió las tazas de café de ambos mientras Izumi se encontraba en la planta alta, acomodando el libro que él le había obsequiado en su librero, así como dejando las cartas que habían llegado sobre la mesa de noche de la habitación de su padre y solo entonces bajando, el pelicastaño escuchó claramente el eco de sus pisadas, terminando de servir ambas tazas de café al mismo tiempo que ella ingresaba en la cocina. Izumi era genuinamente desinteresada, elegía enterarse de las vidas de otros y ayudarlos si podía antes que pensar en su vida y en sus propios problemas, invitando a Utakata a hablar y enterándose de las interacciones de la tribu Jinchuriki, que era como seguían llamándose las personas que integraban su familia, miembros de un antiguo asentamiento nativo originario de la zona y cuya cultura estaba desapareciendo. Así como Izumi había crecido con Utakata, también lo había hecho con sus amigos; Han, Haruto, Yagura, Yugito, Blue B, aun cuando estos fueran mayores que ella, y en las últimas semanas se había enterado por Utakata—para su preocupación—que Han había desaparecido, en palabras del Kirigakure, su amigo y primo había estado actuando muy raro en los días y semanas previas a su desaparición, era mayor, lo que siempre había hecho que Izumi lo respetara, mas según Utakata, había estado actuando irascible, gruñón, temperamental en extremo, y luego había desaparecido durante una semana…para regresar súbitamente hace unos días.
—¿Han regreso?— repitió Izumi con sorpresa, agregando un poco de leche a su café.
—Sí, pero actúa extraño; se ve más fuerte que antes, se cortó el cabello y no habla con nadie excepto Reto o Blue B— contestó Utakata, notoriamente preocupado mientras bebía un largo trago de su taza.
—¿Formaron una especie de camarilla o qué?, ¿No se permiten chicas?— preguntó la Yamamoto con un ligero aire sarcástico, intentando animarlo.
—No lo sé, todo se está volviendo demasiado extraño— negó el Kirigakure, esbozando una muy ligera sonrisa. —Además, lo primero que Han hizo al volver fue terminar con Yugito y comenzó a pasar tiempo con Fu— agregó, nada de acuerdo con aquella decisión.
—¿Qué?— aquello sí que la descolocó completamente. —Pero si han estado juntos desde la secundaria, ¿Qué lo hizo cambiar así?— conocía a Fu, era una chica maravillosa y muy dulce en contraste con su prima Yugito, mas ninguna de ellas mejor era mejor que la otra como para que Han eligiera entre ellas.
—No tengo idea, pero me preocupa— suspiró Utakata, mas paralizándose al sentir el eco de un vehículo estacionándose afuera.
—Es mi padre...Vete por la parte de atrás— decidió Izumi tan pronto como escuchó la puerta de la patrulla cerrarse, sujetando a su amigo del brazo y guiándolo por el pasillo principal de la casa. —Envíame mensajes si necesitas hablar de lo que sea, ¿sí?— recordó, siempre estando disponible para él y viceversa.
—Gracias, y tú ten cuidado con los autos— asintió Utakata con tono burlón, cruzando el umbral de la puerta trasera de la casa, viéndola fruncir el ceño ante su broma.
Tenían unos generosos segundos entre escuchar el eco de la puerta de la patrulla de su padre cerrándose sonoramente y luego saludando a los vecinos que siempre lo entretenían hablando antes de entrar a casa, por lo que Utakata e Izumi se dirigieron hacia la puerta trasera de la casa, que daba con una vista del bosque, la huida perfecta. Justo cuando Utakata se dio la vuelta para irse, Izumi movió su pierna velozmente para darle una patada en el trasero y que casi lo hizo tropezar ante lo abrupto de esto, mas este volviendo en cualquier caso su mirada hacia ella por sobre su hombro, con su característica e inconfundible sonrisa que esbozaba cada vez que estaban juntos y despidiéndose de esta forma, internándose en el bosque colindante al hogar de la Yamamoto y moviéndose por este, conociendo un atajo que le permitiría no ser visto, como si jamás hubiera estado ahí. Manteniendo los brazos cruzados sobre su pecho por un momento, Izumi también sonrió con el ánimo más aligerado, siempre sintiéndose libre con Utakata, observando la partida de este por sobre su hombro y dirigiéndose por fin sus pasos hacia los pasillos, dándose prisa en llegar a la cocina y dejar la taza vacía de Utakata en el lavabo al mismo tiempo en que su padre cruzaba la puerta principal; sosteniendo su taza de café con leche como si no hubiera sucedido nada, Izumi cruzó el umbral de la cocina, recibiendo a su padre con una amable sonrisa, actuando como la hija perfecta y que nunca se metía en problemas que él tanto se enorgullecía de tener.
—Hola, papá— saludó Izumi, recibiendo un beso en la frente de parte de su padre, que se quitó la chaqueta y colgó su pistolera en la percha de la entrada. —¿Buen día en el trabajo?— inquirió, siempre buscando distraerlo de cualquier problema.
—Sí, pero podría ser mejor— asintió Ryuu, siguiendo los pasos de su hija hacia la cocina. —Izumi, tu mamá llamó otra vez— informó, haciendo que su hija entornara los ojos.
—Es tu culpa, no debiste decirle lo que paso— reprochó ella, dejando su taza sobre la mesa e invitando a su padre a tomar asiento mientras ella encendía el hervidor; tenía su teléfono apagado precisamente para no hablar con su madre.
—Sí, supongo que tienes razón, siempre se preocupa— asintió él, con expresión pensativa. —La oigo diferente, me parece que es feliz— comentó mientras su hija le acercaba la azúcar y el café. —Sus compañeros de trabajo y el cambio de entorno deben haberla ayudado— ya que su hija le dio la espalda en ese momento, él no pudo ver el miedo en sus ojos, el miedo a que él saliera lastimado si descubría la verdad.
—Sí, parece ser feliz, aunque con ella nunca se sabe— contestó Izumi únicamente, no pudiendo decirle la verdad, no pudiendo herirlo así.
Izumi no era la hija perfecta que su padre creía tener, en realidad y al margen de la dulce mariposa social—así la llamaban sus amigos—que todos creían que era, era una rara solitaria que prefería quedarse en casa leyendo o escuchando música clásica, que disfrutaba de ir de compras, pero que siempre sentía que no podía encajar, Utakata era la única excepción a la regla y solo él entendía las mentiras que ella se callaba; su madre había estado frecuentando íntimamente a varios colegas de su trabajo, pero ella no sabía si tenía amantes o no y no le interesaba; su padre por otro lado era un caballero a la antigua, jamás pensaría en ver a otra mujer estando casado y le dolía inmensamente a Izumi tener que callarse la verdad, ¿Cómo romperle el corazón? Sintiendo las lágrimas en sus ojos y un nudo en la garganta, Izumi llevó el hervidor a la mesa tan pronto como este se apagó automáticamente, sirviendo la taza de café de su padre, que le dirigió una sonrisa mientras terminaba de prepararla. Como de costumbre, Izumi se tragó el nudo en su garganta, parpadeo hasta dejar de sentir las lágrimas y se dijo que estos problemas no eran importantes, que ella no era importante, concentrándose en volver a clases al día siguiente, así podría olvidarse de lo terribles que eran sus problemas, eligiendo pensar en autores que admiraba y ya no vivían, en las frívolas vidas de sus amigos y prefiriendo lidiar con ser el centro de atención en su universidad, pese a su disgusto. Al final del día, Izumi se fue a la cama deseando que el día siguiente fuera mejor…
Esa mañana, Izumi llegó temprano al margen de lo que podían creer el director o los profesores, enterándose que de hecho habría un viaje para los mejores alumnos de la universidad al Seattle Art Museum y, naturalmente con sus buenas calificaciones, ella estaba en la lista y confirmó su asistencia; a ella se sumaban sus compañeros Tenma Izumo y Tamaki Nekobaa, además de los hermanos Uchiha; Itachi, Sakura y Sasuke, lo que le valió enterarse que en contraste con su hermano, Sakura estudiaba física cuántica y Sasuke ciencias políticas, ¿Es que podían ser más diferentes? Aguardando a un par de pasos de uno de los autobuses que la llevaría y a los demás alumnos al Seattle Art Museum, por fin libre de atención luego de saludar a media universidad que se había acercado para saber de ella, Izumi observó a Itachi del otro lado del estacionamiento, junto a su Volvo plateado, no sabiendo que pensar mientras este esbozaba una sonrisa ladina observándola; según sabia, él no había sido objeto de adulación ni sea había visto rodeado de espectadores tras haberla salvado, sí que muchos habían intentado hablar con él, pero naturalmente discreto, Itachi los había ignorado a todos. Itachi observó a la bella Yamamoto a la distancia, con gran curiosidad que se esforzaba por disimular, sintiéndose humano, casi temblando y no sabiendo que decirle si estaba cerca, deseando acercarse…pero el grupo de amigos de ella se le adelanto, corriendo a envolverla en abrazos y saludos llenos de efusividad a los que ella contestó con una sonrisa.
—Eres tú— gruñó Kiba haciéndola girar en círculos mientras la cargaba en sus brazos, luchando por tenerla más que el resto de sus amigos y provocando sus risas.
—Estás viva— celebró Tenma, abrazándola tan pronto como Kiba la dejo libre.
—Sí, fue solo una falsa alarma— rio Izumi, sintiéndose como una especie de muñeca y adoración junto a ellos, lo que tenía mucho encanto.
—Izumi, aún falta tiempo y no queremos agobiarte, pero queríamos pedir tu ayuda— se aventuró a solicitar Tamaki, envolviendo uno de sus brazos alrededor de ella.
—¿Ya están planeando el baile? Hay tiempo de sobra— decirse gratamente sorprendida era un eufemismo para ella.
—Es la única manera de que todo salga bien— respaldó Shinko, intercambiando una mirada con sus amigos. —Por favor— apremió con las manos en posición de oración.
—Okey, les compartiré mi playlist, y tratemos de salir de lo cotidiano al elegir el tema, nada trillado— determinó la Yamamoto, llevando registro de todo en su mente y viendo asentir con gran emoción a su grupo de amigos.
—Andando, chicos, suban a los autobuses— alentó el profesor Iruka con una expresión naturalmente amable, estando al frente del viaje.
Despidiéndose de sus amigos ante esa señal, pero manteniéndose cerca de Tenma y Tamaki, junto a quienes se sentó, Izumi procedió a subir al autobús y permaneció el silencio durante el resto del viaje, observando su teléfono y enviando su playlist a Tenma, así como buscando ideas para el baile de fin de año, no queriendo dejar nada al azar como era el caso de sus amigos, y solo regresando su teléfono a su bolso tan pronto como el autobús se detuvo, bajando de este junto a sus amigos y entregando el pase que le habían dado en la universidad en la entrada. Conocido como SAM y ubicado en el 1300 de la Primera Avenida, en Seattle, el Seattle Arft Museum o "Museo de Arte de Seattle" operaba tres instalaciones principales: su museo principal en el centro de Seattle; el Museo de Arte Asiático de Seattle en Volunteer Park, Capitol Hill; y el Parque Olímpico de Esculturas en el paseo marítimo central de Seattle, resultando su primer edificio un lugar fascinante de contemplar con solo cruzar el umbral. Con tantos otros compañeros de universidad a su alrededor, Itachi se esforzó por alcanzar los pasos de Izumi, resultándole fácil de localizar, hacia fácil competencia al buen gusto de Sakura al vestir y a la belleza de Ino; portaba una falda rosa con dobladillo en degrade en A, estampado de flores lavanda pálido, un suéter rosa pálido que asemejaba a una chaqueta, a juego con la bufanda que envolvía su cuello, con su largo cabello castaño recogido en una coleta alta que dejaba caer su cabello a la altura de la nuca, con un cintillo lavanda pálido sobre la coronilla a juego con los pendientes plateados con un corazón de cristal purpura.
—¿Realmente crees estar bien? Para planear el baile, me refiero— comentó Itachi al situarse a su lado, observando la misma pintura que ella se detuvo a ver.
—Tienes buen oído— comentó Izumi, habiéndose dado cuenta que él buscaba alcanzarla desde hace rato. —Sí, estoy bien, compañero de trabajo— sonrió inevitablemente, profundamente agradecida con él. —Gracias por dejarme el trabajo de la semana, fue lindo de tu parte— agradeció, habiendo entregado el trabajo al señor Iruka esa mañana.
—Estamos juntos en ello, no podía hacerlo solo— obvió él, habiendo cumplido con su parte y agradeciendo que ella hiciera lo mismo.
Como vampiro que era, su antiguo yo, su esencia humana, se había paralizado en el momento en que había sido convertido; su personalidad, sus gustos, aversiones, estados de ánimo y deseos al igual que con los miembros de su familia; Fugaku con sus modales del siglo XVI, Mikoto con su actitud angelical de principio del siglo XX, Sai con su actitud laxa de cazador y libertino, Ino con su actitud petulante de niña rica, Sasuke con sus valores texanos y puritanos del siglo XIX, y Sakura con su relajada usanza de los años 20. Tratar con Izumi Yamamoto era inmensamente difícil, por un lado, estaba lo extraordinariamente hermosa que era, no solo físicamente sino también en personalidad, siempre amable, dulce y que no respondía de la forma que uno esperaría nunca, con esa mente suya siendo todo un enigma, aún más de lo que ella ya de por si era. Siempre alerta y observando lo que lo rodeaba por el rabillo del ojo, Itachi notó a Sasuke y Sakura a un par de metros de donde él estaba, ambos fingiendo contemplar una de las pinturas, aunque la atención que Sasuke dirigía a Sakura se comparaba con quien creyera tener ante sí a la Venus de Milo; esos dos llevaban más de setenta años casados y sin embargo seguían completamente embelesados uno del otro…pero era hermoso percibir tanta devoción, lealtad e incondicionalidad, Itachi siempre sentía su mente en paz al leer en los pensamientos de Sasuke y Sakura, todo ese amor genuino era un verdadero tesoro, ¿Y él?, ¿Cómo debía tratar a Izumi Yamamoto? Temía decir algo equivocado y ofenderla.
—Izumi, sé que tienes preguntas... — inició el Uchiha, recordándose actuar siempre como un caballero con ella, o no demasiado para no desconcertarla.
—Las tengo, evidentemente, gracias por considerarlo— asintió la Yamamoto, interrumpiéndolo con su sarcasmo característico.
—Pero la respuesta es muy simple; una descarga de adrenalina— completó el azabache finalmente, absteniéndose de sonreír ladinamente ante su divertido sentido del humor. —Es muy común, búscalo en internet— simplificó, esperando que eso la dejara más tranquila, pero era imposible saber que pensaba al no poder leer su mente.
Entornando los ojos en su mente, no pudiendo creer en lo que él le decía—aunque si tomó nota de investigar el tema en internet como él decía—, Izumi no supo que pensar, manteniendo su atención en las obras de arte a su alrededor, pasando a la siguiente y cruzando incómodamente los brazos sobre su pecho, no creyendo las mentiras que Itachi quería hacerle creer, mas ella misma no habiendo pensado en ellas precisamente porque si él tenía razones de mentir, ella también y no iba a hacerlo sentir mal solo para saciar su curiosidad…mas, mentiría si dijera que no quería respuestas. Como nunca, Itachi deseó leer la mente de Izumi, si ya por sí mismo no deseara hacerlo todo el tiempo, resultándole Izumi Yamamoto el mayor de los enigmas, una parte de él se aferraba a la visión de Sakura—a quien observó por el rabillo del ojo, viéndola sonreír como una adolescente enamorada teniendo a Sasuke a su lado—sobre un futuro con Izumi y en el fondo él estaba habido de ello, habiendo llevado hasta ahora una existencia solitaria, pero la otra parte racional de su mente y que le decía que las visiones de Sakura podían ser subjetivas, se decía que nada de eso sería posible y esa misma parte lo instaba a intentar entenderla. ¿Por qué Izumi Yamamoto guardaba silencio?, ¿Por qué no verbalizaba sus dudas? Cualquiera lo haría de estar en su lugar, debería sentir miedo, pero ahí estaba ella de pie a su lado, como si fueran amigos, pero no podían serlo...Itachi detuvo sus pensamientos tan pronto como leyó la mente de Tamaki Nekobaa, quien corría hacia Izumi.
—¡Izumi!— la Nekobaa se situó a la diestra la pelicastaña, que intercambio una mirada con Itachi, quien inclinó la cabeza y se retiró en silencio. —Kiba me invitó al baile— anunció jubilosa, tendiéndole su teléfono en que aparecía el mensaje del Inuzuka. —Creí que te invitaría a ti, ¿no lo hizo?— inquirió, ya que Izumi era la primera elección de todos en la universidad, y de hecho ella ya había tenido que rechazar a muchos.
—No, pero sabes que soy una solitaria empedernida, probablemente vaya al baile sola y me ocupe de supervisar todo— sosegó la Yamamoto, rechazando sistemáticamente los mensajes de sus compañeros de universidad invitándola al baile. —Harán una hermosa pareja— aseguró, sabiendo que su amiga estaba enamorada de Kiba desde la secundaria.
—Gracias— sonrió Tamaki abrazándola efusivamente. —Tienes que ayudarme a escoger el vestido a tiempo— pidió con sus ojos, brillantes y suplicantes como los de un gato.
—Aún falta mucho, pero lo haré— aseguró Izumi, incapaz de negarle su ayuda y consejo.
Durante el primer año y para contentar a sus amigos, Izumi había accedido a bailar una vez con Kiba y otra con Tenma la noche del baile de fin de año, pero este año prefería quedarse sola y encargándose de todo en lugar de siendo el centro de atención y no bailar con nadie, prefiriendo dejar todo eso a sus amigas, su ánimo era todo menos festivo a la luz de los últimos acontecimientos relacionados con la separación de sus padres—que lamentablemente seguía sin ser oficial, lo que solo dilataba más las cosas y la torturaba aún más—, y dudaba que eso cambiara, pero siempre encontraba alegría en pequeñas cosas como en este caso el ayudar a Tamaki—y a Shinko, cuando esta supiera con quien iría al baile, aun faltando dos meses, mas siendo todos previsores—a escoger el vestido que usaría, siendo todo muy precipitado en su opinión. Aunque sonriendo para su amiga, que le compartió todas las ideas que ya tenía sobre el vestido que deseaba comprar para el baile, Izumi volvió la mirada por sobre su hombro, localizando a Itachi a unos dos o tres metros de ella, de pie junto a sus hermanos, diciéndose mentalmente que necesitaba entender que secretos ocultaba Itachi Uchiha, compañero de clases o no, ella tenía curiosidad…pero, por otro lado, ella sabía lo que era tener razones para mentir y no se sentía capaz de abordarlo y descubrir algo quizás no grato, ¿Cómo debía actuar entonces? Su consciencia estaba en una acalorada lucha contra su curiosidad intelectual y lo uno iba de mano con lo otro, ¿Debería callarse? Si era lo mejor, lo haría…
Mas, ojalá Itachi eligiera callar en lugar de seguir mintiendo.
Seattle Art Museum, Parque Olímpico de Esculturas
En el último tramo de su recorrido, ya habiendo visitado el Seattle Art Museum con sus maravillosas obras de arte y el Museo de Arte Asiático, Izumi reviso las fotografías que había tomado con su teléfono, sonriendo distraídamente mientras enviaba las fotografías a su madre, no siempre estaban en los mejores términos, pero ambas acordaban compartir parte de su día a día, y aunque su madre odiaba Forks, no odiaba Seattle. En la primera parte del recorrido, Itachi se había alejado prudentemente de ella debido a la aparición de Tamaki, e Izumi había entendido que hubiera mantenido su distancia, Tamaki podía ser muy encimosa y permaneció a su lado durante el resto de su estadía en el Seattle Art Museum, pero no así al subir al autobús y llegar al Museo de Arte Asiático, de hecho, Izumi había esperado que Itachi se acercara a ella otra vez para que pudieran hablar, pero no lo hizo en ningún momento ni menos al llegar al Parque Olímpico de Esculturas, aunque nada de eso quería decir que ella estuviera sola; los chicos que no le habían preguntado por mensajes si iría al baile con ellos, y que habían acudido al viaje por sus buenas calificaciones, no dudaron en preguntárselo personalmente, aunque ella los rechazo de igual forma. Acomodando su bolso sobre su hombro derecho, Izumi acercó sus pasos hacia uno de los autobuses mientras otros de sus compañeros subían, mas deteniéndose y permitiendo que estos subieran al ver a Itachi acercarse, esperándolo con intención de hablar, lo mismo que hizo él, situándose en silencio a su lado.
—Izumi, hay algo que debo dejarte claro— inició el Uchiha en voz baja, aprovechando que nadie se concentraba en ellos o eso notaba él al leer las mentes de los demás.
—Si es por mis preguntas, ya no las haré si te incomoda, es más, está olvidado— aseguró la Yamamoto, intentando prever lo que diría…pero era imposible como siempre.
—No sé trata de eso, sino de nosotros— negó Itachi, arrepintiéndose de inmediato por aludir la palabra "nosotros" para su vínculo, "nosotros" era una palabra demasiado comprometedora para sus estándares. —No debemos ser amigos— aclaró por fin.
—Creo que debiste pensarlo antes— difirió Izumi frunciendo el ceño de forma inevitable, sintiendo sus palabras como una patada en el estómago. —Sabes, intente entenderte, pero en verdad puedes ser irritante— acusó, observándolo molesta. —Si me odias, como aparentas, ¿Por qué no dejaste que me atropellaran? Así te habrías evitado este arrepentimiento— no podía pensar otra cosa por su forma de actuar.
—¿Crees que me arrepiento de haberte salvado?— cuestionó él sorprendido, observándola fijamente y sin dar crédito a lo que oía.
—No puedo interpretar otra cosa— replicó ella con brusquedad, resultándole obvio.
—Entiende esto; tú no sabes nada de mí— espetó el azabache apretando los dientes, molesto no con ella sino con no poder leer su mente.
Por supuesto que no la odiaba, de hecho, se encontraba luchando con acercarse más a ella que lo seducía con su presencia, hechizándolo con su belleza, pero ella era la humana con la sangre más deliciosa que él había olido y él un vampiro, ¿No era lo correcto guardar distancia? Sintiendo que había permanecido al margen el tiempo suficiente, e intercambiando una mirada con Sasuke quien como siempre intentó disuadirla de ser tan entusiasta y alegre con todos—lo que desconcertaba y confundía a muchas personas, principalmente chicos, que la seguían a todas partes para su frustración, pues estaban casados—, Sakura acercó sus pasos hacia Itachi e Izumi, teniendo la excusa de abordar el autobús, volviéndose el centro de atención de la Yamamoto con esa acción. Sakura vestía una chaqueta impermeable gris perla que se envolvía a su cuerpo resaltando sus curvas, forrada en piel en todo el cuello haciéndola ver como una estrella de cine de las películas de los años 20, con su corto cabello rosado dándole ese aire moderno y resaltando el collar con el emblema del abanico rojo y blanco abrazando su cuerpo, pantalones negros anchos al final y botines negros de tacón; contrastantemente distante, Sasuke se mantuvo a unos tres o cuatro pasos de distancia, vestía una chaqueta impermeable color blanco, de cuello alto y cerrado que dejaba parcialmente expuesta la capucha de su sudadera gris oscuro, jeans azul oscuro de aspecto desgastado y cortas botas negras, sosteniendo el paraguas que compartía con la pelirosa en su brazo derecho.
—Hola— saludó Sakura para frustración de su hermano. —Eres Izumi, ¿cierto? Soy Sakura— se presentó a la pelicastaña que correspondió a su sonrisa. —¿Vendrás con nosotros?— preguntó, rogando que su hermano dijera sí.
—El autobús está lleno— negó Itachi, dando la espalda a la Yamamoto y procediendo a subir al autobús, prefiriendo responder a la pelicastaña con el silencio.
—Fue un gusto— se despidió Izumi, manteniendo su sonrisa por la amable Haruno.
—Igualmente— asintió la Haruno con idéntico gesto, ambas dándose la espalda casi al mismo tiempo.
Apesadumbrada por la actitud de su hermano, que podía actuar de manera imprevista para sus visiones, Sakura subió al autobús resignada, volviendo la mirada por sobre su hombro hacia Sasuke, que la observó con una expresión más serena que estoica como mostraba con todos, y quien no tuvo problema en enviarle oleadas de calma a través de su vínculo al encontrar sus miradas, siguiéndola muy de cerca, ignorando completamente a Izumi Yamamoto, pero prometiendo silenciosamente que hablaría con Itachi para que cambiara su actitud si es lo que su esposa tanto quería. Formado a la antigua usanza del siglo XIX—habiendo nacido en 1842—, Sasuke podía ver desde lejos que Itachi estaba comportándose como un idiota con la chica Yamamoto, él no era quien para hablar pese a ser teóricamente un año mayor por haber sido convertido en vampiro a los veintitrés, pero intentaría mediar en la situación para que su esposa estuviera feliz. Dirigiéndose hacia el autobús contiguo, y que aun tenia asientos vacíos o eso dedujo por la efusiva llamada de Tenma y Tamaki, que le habían guardado un lugar, Izumi no pudo dejar de pensar en Itachi, intentando entenderlo; no ser interesante no era una novedad para Izumi, no una que le quitara el sueño y no iba a ir detrás de Itachi por ello, persiguiéndolo como un perrito, si él quería que lo dejara tranquilo, eso sería lo que ella haría, mas abordando el autobús y sentándose junto a sus amigos, Izumi no pudo evitar preguntarse, ¿A qué se refería Itachi con que era mejor no ser amigos? Como saberlo…
El día después de su viaje al Seattle Art Museum, Izumi hizo exactamente lo que Itachi le había pedido; se sentó a su lado en Teorías Antropológicas Clásicas, no le dirigió la palabra más que para realizar las actividades asignadas, y en las otras clases o se sentó en otro lugar o simplemente no dijo ni pio, si esto desconcertó, extraño o hizo feliz Itachi, ella no tenía como saberlo ni le intereso, mas sí que lo sentía observándola cuando ella no se daba cuenta, ¿Quería hablarle o era un idiota indeciso? Porque ella empezaba a decantarse por lo segundo. El viernes, tercer y último día de la semana, comenzó igual que el anterior, la diferencia era que ahora ella se daba cuenta de que—como una niña berrinchuda—intentaba ignorarlo, pero en el fondo seguía dándole importancia, intentaba entenderlo; ya habían pasado dos días de su regreso, y sin embargo seguía siendo el centro de atención, cubriéndose distraídamente el rostro con una de sus manos cuando Kiba les pidió a los demás en el comedor que se hicieran a un lado mientras caminaba hacia su mesa, y Tenma sostenía su bolso para que ella no hiciera esfuerzos; además, la ayudaban llevando sus útiles a sus clases, ¿Es que creían que era una invalida? Y los saludos efusivos de todos desde sus mesas solo la incomodaban aún más, eso y los mensajes de Rock Lee que no cesaba de disculparse con ella, aun no pudiendo volver a la universidad por su esquince, mas, al menos eso le permitió ignorar a Itachi Uchiha en la mesa de siempre con sus hermanos mientras ella se acercaba a su mesa.
Paralelamente, Itachi se concentró en parecer humano, comiendo las patatas fritas en su plato, intentando ignorar la mirada severa de Sakura que estaba especialmente cariñosa esa semana con Sasuke, quien tenía sus brazos alrededor de ella, con su silla pegada a la suya, ambos compartiendo auriculares y escuchando música; la Haruno portaba un vestido color jade de escote alto y cuadrado adornado con bordados de flores de cerezo en el contorno, mangas holgadas hasta los codos y falda hasta los muslos, medias negras que resaltaban sus esbeltas piernas y botines negros de tacón, y teniendo su corto cabello rosado presionado contra el pecho de Sasuke y resaltando el collar con el emblema Uchiha abrazando su cuello en perfecta combinación con la pulsera de cuero que Sasuke tenía en la muñeca derecha y que quedaba en evidencia con su brazo por sobre su pecho. Ve a hablar con ella, la frase que Sasuke le envió con el pensamiento fue la gota que rebaso el vaso, arqueando una ceja cuando alzó la mirada en su dirección y siendo una orden por su tono; el azabache vestía una camiseta blanca de cuello alto bajo una sudadera negra de cuello alto y cerrado, mangas ceñidas con una línea gris claro desde el hombro a la muñeca, jeans azul oscuro y zapatillas negras. Sai e Ino, perfectamente concentrados en ellos mismos, pasaban desapercibidos en la mesa y, le gustase admitirlo o no, Itachi no pudo contradecir a Sasuke, en especial cuando tenía razón, prestando atención a la mesa de Izumi y su grupo tan pronto como estuvo a su alcance.
—¿Por qué están peleando ahora?— inquirió la Yamamoto al llegar a su mesa, viendo a Tenma y Kiba sostener una conversación a la que no prestó atención hasta ese momento. —Oh, ¿Durmieron juntos?— inquirió burlonamente, detonando la risa de los integrantes de su mesa y de las mesas contiguas.
—No bromees con eso, estoy comiendo— se quejó Kiba haciendo malabares con las patatas fritas al dejar su bandeja sobre la mesa.
—Sería interesante de imaginar— consideró Shinko, riéndose a costa de Tenma que fingió vomitar ante la sola idea.
—Mucho— respaldó Tamaki cubriéndose los labios para no estallar en carcajadas.
—Estábamos hablando de La Push, queríamos ir este fin de semana— aclaró el Inuzuka, tomando asiento junto a Tamaki.
—Como saben, yo no solo surfeo en la internet— presumió el Izumo subiéndose a su silla como si fuera una tabla de surf.
—Tenma, te paraste una vez, y tenías diez años— desestimó la Nekobaa, no viéndolo de forma tan heroica.
—Podríamos ver ballenas— alentó Shinko, halando del pantalón a Tenma y haciendo que bajara de la silla.
—Claro, quizás vea a Utakata y los chicos— consideró Izumi en voz alta, ya que la reservación Jinchuriki estaba cerca. —Ofrezco mi auto, ustedes decidan quién va conmigo, ya regreso— ofreció, excusándose para dirigiese a la fila del almuerzo.
Corriendo hacia la fila del almuerzo antes de que los demás se terminaran la comida, Izumi sonrió a la encargada y que tuvo la amabilidad de guardarle lo que sabía era su favorito; tarta de frutas y un poco de budín de maíz, tendiéndole una manzana y que la Yamamoto recibió agradecida, mas soltándola por accidente mientras acomodaba sus platos en la bandeja; aprovechando ese momento, Itachi alcanzó la manzana antes de que tocara el suelo, tendiéndosela a la pelicastaña, que dejo libre un suspiro tan pronto como lo vio situarse a su lado, teniendo una expresión que o era de frustración o alegría, mas Itachi no tenía como saberlo al no poder leer su mente. De alguna forma, Izumi Yamamoto sabia como ser el centro de atención con su belleza; vestía una blusa beige pálido cuya textura asemejaba lentejuelas, pero sin nada de presunción, de cuello alto y con un borde de encaje en este y en los hombros ante la ausencia de mangas, falda gris perla hasta la rodilla de aspecto formal que resaltaba su esbelta figura, cómodos botines gris perla de tacón y su largo cabello castaño estaba recogido en una especie de coleta trenzada que dejaba su rostro, exponiendo unos largos pendientes plateados con cristales purpuras a juego con el dije de la cadena alrededor de su cuello. Agradeciendo mentalmente la insistencia de Sasuke para hacerlo hablar con Izumi, Itachi no pudo evitar observar su delicado semblante, sus rasgos tan finos, sus ojos oscuros, el lunar bajo su ojo derecho…habría sentido que se le aceleraba el corazón, pero este no latía.
—Hola— saludó Itachi, recordando sus modales y buscando no ofenderla esta vez.
—Largo— refunfuño Izumi quitándole la manzana y devolviéndola a su bandeja, convocando toda la paciencia de que disponía.
—¿Qué?— inquirió el azabache, confundido mientras ella pasaba lentamente junto a él.
—Dijiste que no debíamos ser amigos, estoy honrando eso— replicó la pelicastaña con sarcasmo. —Tus cambios de humor me dan torticolis— agregó ya comenzando a sentir dolor en el cuello, caminando con lentitud y dándole tontamente tiempo a hablar.
—Me disculpo por eso— admitió el Uchiha, mas sabiendo que eso por si solo no era suficiente. —Lo pensé mejor y comprendí que estaba siendo muy idiota contigo— era la verdad, aunque la voz cuerda en su mente luchara por admitirlo.
—Qué bueno que lo entendieras— asintió la Yamamoto escuetamente, no queriendo ilusionarse esta vez.
—Oye, dije que sería mejor no ser amigos, no que no quiero serlo— puntualizó Itachi caminando a su mismo ritmo.
—Vaya diferencia— suspiró Izumi, absteniéndose de entornar los ojos. —¿Me dirás la verdad?— preguntó con acritud.
—No, tal vez no— negó el azabache, no pudiendo mentirle en eso. —¿Qué teorías tienes?— inquirió teniendo mucho cuidado de su tono, para no ser oídos.
—Ninguna, no había pensado en ello— obvió la pelicastaña, volviendo la mirada hacia él y confirmando su honestidad. —Lo que si notó es que eres un buen chico, a pesar de que intentes parecer distante para alejar a los demás— obvió, sorprendiéndolo o eso noto por su expresión. —Además, eres muy agradable y tenemos la mitad de nuestras clases juntos, por lo que no quiero que nos llevemos mal, o acabaremos matándonos antes de que termine el semestre— agregó, no siendo poca cosa en su opinión.
No pudiendo dirigirse a su mesa, donde sus amigos los atosigarían a ambos con preguntas y ya sintiendo sobre si los ojos de Tamaki, Kiba, Shinko y Tenma, por no citar a todos los demás en el comedor, Izumi se acercó con un bandeja a una mesa vacía, pero no para sentarse sino que para hablar con Itachi, haciéndoselos saber a sus amigos al observarlos por el rabillo del ojo y quienes fingieron estar en lo suyo en lugar de prestando atención a ellos dos, que era lo obvio, tanto que Itachi—que podía leer perfectamente la mente de los demás a excepción de la de Izumi—no pudo evitar sonreír ladinamente. La mente de todos era muy fácil de leer y siendo Izumi Yamamoto el centro de atención, todo convergía en una única interrogante; ¿Iban a ser novios? Eso era lo que se preguntaban todos cada vez que los veían a los dos juntos e Itachi no pudo evitar sentirse honrado por la asociación…pero, estaba formado a la antigua usanza, había sido humano hasta 1918; en su tiempo, las mujeres habían luchado por conseguir el voto y ser admitidas en la educación, por lo que respetaba y admiraba la fortaleza intelectual de Izumi, y aunque ya conocía a su padre, dudaba que ambos se conocieran lo suficiente como para invitarla a salir, con marcados limites, claro. Recordando los planes de sus amigos de ir a La Push el fin de semana y ya que Itachi y sus hermanos también vivían en Forks, Izumi considero que lo mejor para limar asperezas y comenzar de cero de nueva cuenta era un fin de semana libre de preocupaciones, invitando al Uchiha a socializar.
—¿Estás ocupado este fin de semana?— preguntó Izumi finalmente, volviendo la mirada en su dirección.
—¿Me estás invitando a salir?— inquirió Itachi inmensamente sorprendido, mas esforzándose por no demostrarlo.
—Creo que sí— asintió la Yamamoto, dándose cuenta entonces de lo que parecía su invitación. —No con una intención romántica, si es lo que te preocupa; mis amigos y yo iremos a la playa este fin de semana, La Push, en la reservación— explicó lo más claramente que le fue posible, no queriendo causar un malentendido. —Podrías venir, e invita a tus hermanos, si quieres— sugirió, no teniendo problema con ello.
—No puedo este fin de semana— se disculpó el Uchiha, mintiendo tan convincentemente como le fue posible. —Nuestros primos vendrán de visita de Alaska, y mi madre no nos dejara salir— usar a Shisui como excusa no era nuevo, y él ya podría cobrarle el favor.
—Oh, será para otra ocasión entonces— disculpó ella, entendiéndolo y agradeciendo que se encontrasen en mejores términos esta vez.
Agradecía enormemente la invitación de Izumi, por un lado le dio una patada a su orgullo masculino de principios del siglo XX al ser quien lo invitara en lugar de él a ella, lo que le causo admiración, pero por otro lado también le provoco ternura su ingenuidad, aventurándose como una conquistadora en un mundo que creía conocer pero que en realidad era totalmente diferente, e interiormente Itachi deseó que eso siguiera siendo así; ella no veía todos los secretos, mentiras e intrigas que habían en su mundo, ella se centraba meramente en ser humana e incluso en ello destacaba como una flor de loto en medio de un lodazal…era un pequeño e inocente corderito, y él un león que luchaba por no ceder a sus instintos. Intercambiando una última mirada con Izumi, compartiendo ambos una discreta sonrisa y manteniéndose en términos amistosos esta vez, ambos tomaron caminos separados; Itachi volvió a su mesa, recibiendo una severa mirada de parte de Ino, una discreta sonrisa de Sai, y el completo desinterés de Sasuke y Sakura sumergidos el uno en el otro y que lo ignoraron. Izumi por otro lado, regreso a su mesa con sus amigos, y cuando estos—muertos de la curiosidad—le preguntaron de que había hablado con Itachi, ella simplemente dijo que él quería disculparse por un malentendido y que lo había invitado a La Push el fin de semana, pero que él se había negado porque estaría ocupado, fin de la conversación y sus amigos no insistieron más con el tema, aunque ansiando la confirmación de un posible romance, lo que la hizo sonreír.
Deberían esperar sentados, eso no sucedería.
Playa La Push/Condando de Clallam, Washington
Incluso en un lugar como Forks, donde llovía la mayor parte del tiempo y el sol apenas y era visible en contadas oportunidades en primavera y verano, existía el deleite por acudir a la playa e Izumi no pudo negarse al viaje a La Push tras regresar a Forks ese fin de semana; se levantó temprano el sábado, desayuno con su padre y dejo preparado el almuerzo antes de subir a su camioneta y dirigirse a las casas de sus amigas Tamaki y Shinko, todas viajando en su camioneta hacia La Push, encontrándose en el camino con Kiba que viajaba en su furgoneta junto a Tenma y siguiéndolas en su camino hasta la playa. Entre La Push y Forks había menos de veinticinco kilómetros de densos y vistosos bosques verdes que bordeaban la carretera, con el bello rio corriendo y siendo vistoso desde la ventanilla de la camioneta y que Izumi mantuvo abajo, sintiendo el aire helado mecer sus cabellos, protegido por una gorra de felpa lavanda semejante a una boina, con el resto de su cabello fluyendo sobre sus hombros en rebeldes ondas por el baño que había tomado esa mañana, sonriendo al avistar la playa en forma de media luna; Kiba aceleró presuntuoso como era para estacionarse primero, mas Izumi se tomó su tiempo y se estacionó junto a su furgoneta, alentando a sus amigas a salir primero y bajar sus cosas en tanto ella tomaba su bufanda color lavanda y la envolvía alrededor de su cuello, ciñéndose mejor la chaqueta para lluvia purpura claro que cubría su ropa, puede que estuviera en una playa, pero el clima no era el mejor y ella detestaba la lluvia.
Tras contemplar el clima, Kiba, Tamaki y Tenma prepararon sus cosas y regresaron al interior de los vehículos para cambiar sus ropas por los trajes de neopreno para entrar al agua, el Inuzuka y el Izumo tomando sus tablas de surf que habían traído para la ocasión; sonriendo a Shinko, que permaneció sentada al interior del asiento de copiloto de su camioneta y que le ofreció unos dulces, permaneciendo de pie y con la espalda apoyada contra su vehículo, Izumi observó el color gris oscuro del agua, no teniendo animo alguno de mojarse para la ocasión. Sabía nadar, había aprendido siendo muy pequeña por insistencia de su madre, que siempre la había llevado de vacaciones a Phoenix, en Arizona, escapando de Forks en los veranos; ello había tenido sus frutos, puede que su madre no fuera la progenitora más presente en contraste con su padre, pero en esos viajes a Phoenix, Izumi había aprendido a tocar el piano y a bailar ballet desde los nueve años. La fuerte brisa que soplaba desde el mar hizo estremecer a Izumi, que acomodó la bufanda lavanda alrededor de su cuello, y el aire frío y salado la hizo relamerse los labios con incomodidad, anticipando que se fragmentarían por el clima que erosionaba los enormes riscos que se divisaban a lo lejos, entre la niebla que avanzaba y se retiraba en un acompasado baile, como la espuma que empujaban las olas, y que decir de los pelicanos que sobrevolaban la zona al igual que las diminutas gaviotas. Mas, nada le impidió sentir que su amiga, sentada en el asiento del copiloto, quería decirle algo:
—Estoy esperando a que Tenma me invite al baile, pero pasan los días y no lo hace— comentó Shinko en voz muy baja, para que solo ella la escuchase. —Ni sé si lo hará— agregó, apoyando los brazos en el umbral de la ventanilla.
—¿Y por qué no lo invitas tú, Shinko?— inquirió Izumi volviendo la mirada por sobre su hombro.
—¿No crees que lo asuste?— supuso la Inari, habiendo previsto hasta entonces un curso tradicional de las cosas; que Tenma la invitase, no ella a él.
—Para nada— negó la Yamamoto, recordando la reacción positiva de Itachi ante su invitación a La Push. —Eres hermosa, fuerte e inteligente, y si no te acepta, es porque no te merece— auguró, alargando una de sus manos y entrelazándola con la suya.
—Eres la mejor, siempre sabes que decir— apreció la peligris, halándola hacia si en un efusivo abrazo por la espalda desde su posición.
—Solo soy tu amiga, y es la verdad— desestimó la pelicastaña, no creyendo merecer ningún elogio. —¡Utakata!— reconoció, zafándose del abrazo de Shinko.
Justo como esperaba que sucediera, incluso un fin de semana, donde debería estar descansando y entreteniéndose en lo que le placiera, Utakata estaba en los territorios de la Reservación Jinchuriki donde estudiaba en la universidad junto a sus amigos, que también pertenecían a la cada vez más pequeña tribu Jinchuriki, y al verlo acercarse junto a sus amigos Yagura y Haruto—también de cabello castaño y largo hasta los hombros, una costumbre entre los adolescentes de la tribu—, Izumi corrió de su lugar junto a su vehículo, arrojándose a los brazos del Kirigakure que la cargó y elevó del suelo entre rizas. Utakata siempre hacia eso para luego decirle que estaba cada vez más delgada, interrogarle sobre si comía, o pellizcarle las mejillas, una tradición desde pequeño, pero esta vez y al dejarla sana y salva en el suelo, Utakata simplemente le sostuvo las manos y la observó de forma contemplativa, como si aún buscara los efectos del accidente sufrido en la universidad y donde por poco la habían arrollado; paralelamente, igual de preocupada y recordando las palabras de su padre sobre ese extraño animal que hacía peligrar las vidas de tantos últimamente, Izumi alzó sus manos para peinarle el cabello al Kirigakure, analizando que se encontrase bien. Tamaki, Kiba, Shinko y Tenma no se extrañaron ni sorprendieron con la cercanía entre Utakata e Izumi, ya estaban sobradamente acostumbrados a verlos ser en extremo íntimos, lo que podía hacer parecer que estaban enamorados, mas no era así, simplemente tenían un vínculo único.
—Hola, chicos— saludó Izumi, concentrándose solo entonces en los amigos del Kirigakure.
—Hola, Izumi— correspondieron Yagura y Haruto, casi nerviosos con solo verla.
—¿Me estás siguiendo?, ¿Debería preocuparme?— interrogó la Yamamoto, retrocediendo para apoyar la espalda contra su camioneta, con él situándose a su lado.
—Estás en mi reservación— difirió el Kirigakure con fingida arrogancia, tocándole la punta de la nariz como a un perrito regañado.
—Siempre tienes excusas para todo— bufó la pelicastaña cruzando los brazos sobre su peso con falso aire enfurruñado.
—Acompañen a Izumi, quizás este triste— pidió Tamaki, hasta entonces en silencio. —No vino Itachi— mencionó, sorprendiendo a los miembros de la tribu Jinchuriki.
—¿Lo invitaste?— se sorprendió el Kirigakure, sabiendo que ella lo había hecho con ingenuidad y desconociendo el tratado de su tribu.
—Si, a él y a sus hermanos, pero tuvieron un compromiso— asintió la Yamamoto, no viendo mayor inconveniente en ello.
—Fue muy lindo de tu parte, nadie los invita a socializar en la universidad— sonrió Shinko, admirando el buen corazón de su amiga.
—Es que nos parece que no se unirán a lo que hagamos— se apresuró a aclarar La Nekobaa, sabiendo lo sensible que era Izumi de saber que alguien era discriminado.
—Además, él y sus hermanos son muy raros— comentó Tenma en un arrebato de sinceridad.
—Eso es cierto— secundó Kiba, encogiéndose de hombros despreocupadamente.
—¿Los conocen? No deberían hablar así— reprendió Izumi, no gustándole que se hablara mal de nadie ni mucho menos de alumnos nuevos que habían sido perfectamente amables con todos hasta ahora, en especial Sakura.
—Lo te decepciones porque no vinieran, Izumi, no habrían venido, aunque los invitaran— intentó sosegar Yagura con una ligera sonrisa de amabilidad.
—¿Por qué?— inquirió la pelicastaña, no entiendo el motivo para tal cosa.
—Los Uchiha no vienen aquí— respondió Haruto, zanjando el tema con su tono de voz.
Los Jinchuriki tenían sus propias reglas, siendo una "cara pálida"—con los Jinchuriki llamaban a los humanos que no pertenecían a su tribu—, Izumi lo sabía desde pequeña, había crecido sentada en las faldas de la madre de Utakata y escuchando por las noches las historias de la tribu de boca del señor Harusame, tenía muchos privilegios dentro de la tribu y eso le permitía entender lo que en ocasiones parecían procederes o decisiones irracionales…pero, en este caso no entendió en absoluto que razones podían tener para decir que los Uchiha no pisaban aquel lugar. Espero no ser la única, pero en realidad parecía ser la única que sentía interés o hasta preocupación por los Uchiha, ya que, al volver la mirada hacia sus amigos, vio a Shinko hacerse la desentendida, y a Tamaki, Tenma y Kiba concentrarse de lleno en prepararse para entrar al agua, despidiéndose de ella para dirigirse allí sin dilación, y tanto Utakata como sus amigos permanecieron con ella, fingiendo que no se había hablado de nada, ¿Eso quería decir que Itachi le había mentido? Ella le había creído cuando había dicho que tenía un compromiso que involucraba a su familia y a sus primos de Alaska, ¿Había hecho mal por ser tan crédula? Recibiendo un caramelo que Shinko le ofreció, Utakata sonrió a Izumi cuando ella volvió la mirada en su dirección, qué más quisiera él que contarle todas esas verdades que ella desconocía, pero si lo hiciera la pondría en un gran peligro, mas…¿Era justo mantenerla en la ignorancia? El creía que no, de otro modo la dejaría indefensa…
Mientras Tamaki, Kiba y Tenma estaban en el agua, y a quienes se habían unidos otros chicos de la universidad que no habían podido evitar sumarse pese a llegar hace solo unos momentos, y en tanto Shinko se encontraba ocupada leyendo y escuchando música en el asiento del copiloto de su camioneta, que se ofreció a cuidar, Izumi aceptó la invitación de Utakata de pasear por la playa, dejando a Haruto y Yagura para quedarse con Shinko y evitar que estuviera sola; eran buenos chicos, muy tradicionales y respetuosos, por lo que Izumi confiaba en que serían los chaperones ideales para cuidar a su angelical amiga. Con una de las manos en el bolsillo de la chaqueta de Utakata, teniendo su mano entrelazada con la suya, disfrutando de ese calor particular que tenía desde pequeños y que lo asemejaba a un perrito en invierno, Izumi intercambió distraídas sonrisas con él y viceversa, volviendo ambos la mirada hacia las olas que chocaban contra la costa de arena gris oscuro, caminando ellos a una prudente distancia, cerca de las rocas que los protegían del oleaje. Las paredes de los escarpados acantilados de las islas se alzaban sobre las aguas, mas cerca desde donde ellos estaban, con alturas desiguales y coronados por austeros abetos que se elevaban hacia el cielo, y la playa sólo tenía una estrecha franja de auténtica arena al borde del agua, detrás de la cual se acumulaban miles y miles de rocas grandes y lisas que, a lo lejos, parecían de un gris uniforme, pero de cerca tenían todos los matices posibles: terracota, verdemar, lavanda, celeste grisáceo y dorado mate.
—No te has acercado al bosque, ¿verdad?— preguntó Izumi rompiendo con el silencio.
—No más cerca que esto, y mi padre está prohibiéndome salir los fines de semana— asintió Utakata, evidentemente decepcionado.
—Oh, que horrible, tu solo y encerrado en tu taller haciéndole mejoras al auto— comentó la pelicastaña con aire dramático. —Cuanto sufres— construir cosas en su taller era lo que más le gustaba, ella lo sabía bien.
—Me conoces muy bien— sonrió el Kirigakure, sintiéndose infinitamente a gusto con ella. —Solo me dejo venir porque le dije que Yagura y Haruto me acompañarían— agregó, recordándose mentalmente que su padre no sabía de su escapada de clases hace dos días.
—Sobre eso, ¿Qué significa lo que dijeron? Eso de que los Uchiha no vienen aquí— cuestionó la Yamamoto, queriendo respuestas y sabiendo que las obtendría de él.
No iba a olvidar el tema, si tuviera una mente tan pequeña—permitiéndose hablar despectivamente de otros solo en su mente—como el resto de sus amigos, habría seguido la corriente a Itachi que había intentado hacerle creer que había visto cosas que no eran, pero no, ella no se había dejado embaucar por sus palabras dulces y sabía que él ocultaba un secreto, que respetara ese secreto y eligiera mantenerlo era una cosa, pero en el fondo de su mente seguía dándole vueltas y este caso no era diferente, salvo por una excepción. Utakata era su amigo, ambos no se guardaban secretos, desde niños, siempre habían sido incondicionalmente leales y honestos, e Izumi esperaba que eso se mantuviera, porque ella quería saber que era todo ese asunto entre los Jinchuriki y los Uchiha, ¿Cómo podían tener un asunto si los Uchiha se habían mudado de Alaska hacía ya casi dos meses? Diciéndose mentalmente que ya debería haber previsto eso, que conocía lo suficiente a Izumi para saber que ella no se conformaba con respuestas simples porque su mente era todo menos simple, Utakata esbozó una sonrisa ladina de admiración, pudiendo palpar el carácter y temperamento oculto de Izumi bajo su habitual fachada de adorable corderito, pero al mismo tiempo de nerviosismo; lo ideal sería que Izumi no hiciera preguntas, el regreso de Han luego una semana desaparecido había traído consigo más dudas que respuestas y Utakata en particular estaba muy nervioso, pero no podía dejarla en el desconocimiento, ella más que nadie merecía saber parte de la verdad.
—No debería hablar de eso— inició Utakata, ante lo que la pelicastaña solo arqueó una ceja. —Es solo una vieja historia de terror— aseguró, esperando que ella se rindiera.
—Lo que más me gusta; quiero oírlo— sonrió Izumi, aún más interesada. —Por favor, sabes que no se lo diré a nadie— rogó con ojos adorables cual corderito.
—Está bien, pero no es una historia que desconozcas del todo— inició él, tomando aire y organizando las ideas antes de contarle todo. —¿Recuerdas las leyendas de que los Jinchuriki descendemos de los lobos?— preguntó, sabiendo que ella ya las conocía.
—Sí, tu padre nos hacía dormir con esas historias cuando me quedaba en tu casa de pequeños— asintió ella, siempre habiéndose sentido fascinada por ello. —Pero, ¿Qué tienen que ver los Uchiha con eso?— inquirió extrañada, no viendo relación alguna.
—Se supone que descienden de un clan enemigo— simplificó el Kirigakure, no pudiendo ser más explícito. —Según la leyenda, mi bisabuelo, el jefe de la tribu, los descubrió cazando en nuestro territorio— era su deber conocer la historia, mas eso no quería decir que la entendiera del todo. —Mis antepasados creían que los Uchiha eran una amenaza, pero estos aseguraron ser diferentes, "buenos", y finalmente ambos bandos hicieron un tratado, delimitando sus fronteras, por lo que se acordó una paz para mantener lo que eran en secreto de los "caras pálidas"— resaltó es última palabra, ya que Izumi era uno de ellos. —A los pocos años los Uchiha se fueron, y se pensó que no volverían— a su padre y a los miembros de la tribu les había sorprendido su regreso, según había oído.
—Creí que se habían mudado hace poco— comentó Izumi, parpadeando confundida ante aquello.
—Regresaron más bien— corrigió Utakata, tampoco entendiendo completamente aquello.
—¿Y qué son?— interrogó ella, solo entendiendo que eran "buenos" por su relato.
—Ni siquiera yo lo sé— negó él con total honestidad. —Mi padre aún cuenta esas historias, pero sigo sin entender que significan— era demasiado joven para entenderlo, y esta respuesta pareció contentar a la Yamamoto.
Despidiéndose de Izumi al final de la tarde, Utakata deseo poder decirle la verdad, desearía contarle aquellas historias que llamaban a los Uchiha "chupasangre" en lugar de "los fríos", que era un término que ella había crecido escuchando por las historias de la tribu, mas no asociaría esa palabra con los Uchiha, no viéndolos en su día a día en la universidad, no viendo el peligro que realmente eran y él desearía protegerla desesperadamente…pero la tribu Jinchuriki tenía sus reglas y él debía respetarlas para su desgracia. Aferrándose a la palabra "buenos" en el relato de Utakata, intentando darle forma a aquello que él había aludido en su historia y que se relacionaba con lo que ella había crecido escuchando, Izumi se sintió más tranquila, despidiéndose de Utakata al final de la tarde y regresando a Forks con sus amigos, dejándolos en sus casas y luego regresando a la suya, preparándose una taza de café mientras esperaba a que su padre regresara del trabajo; Izumi había crecido junto a los miembros más jóvenes de la tribu Jinchuriki, escuchando sus leyendas y aprendiendo de su conexión con la naturaleza, mas, leyendo un viejo libro de leyendas Jinchuriki que el señor Harusame le había obsequiado de pequeña esa noche, Izumi eligió creer en Itachi y en que era una buena persona, manteniendo su mente tranquila al preparar su equipaje el domingo, despidiéndose de su padre el lunes en la mañana con un beso en la mejilla mientras él dormía, embarcándose de regreso a la universidad y dejando sus pertenencias en la residencia.
Itachi era una buena persona, lo sentía en su corazón.
El lunes comenzó como un buen día, Izumi asistió a su primera clase concentrándose de lleno en sus obligaciones y aun teniendo a todos caminando sobre las aguas a su alrededor, no fueron pocos lo que le ofrecieron ayudarla a llevar sus útiles, o alzando la voz para que le abrieran el paso y no le obstaculizaran el caminar, lo que la hizo sentir abochornada, luego se dirigió a la clase de deportes y finalmente a su tercera clase de la mañana para luego escuchar la campana del almuerzo, yendo con tiempo de sobra y siendo una de las primeras en la fila del almuerzo, saludando a las encargadas de turno y recibiendo una generosa porción de salmón con ensalada de tomate con la que se dirigió a su mesa de siempre. Esa mañana fue especialmente luminosa, no porque el sol brillara sino por el deslumbrante atuendo de la Yamamoto, Itachi la vio desde lejos; una sencilla blusa color durazno pálido con lentejuelas bordadas, de cuello alto y redondo con cortas mangas por sobre los codos y metida en la cintura de un pantalón que asemejaba de tela, ancho al final y que ocultaba unos cortos botines de tacón, con su largo cabello castaño cayendo en ordenadas ondas sobre sus hombros por un cintillo de cuentas doradas en forma de mariposa como el colar alrededor de su cuello. Alguien como ella debería ser el centro de atención, y sin embargo ese día estaba sola en su mesa, por lo que el Uchiha no dudo en ignorar la rutina y acercarse hasta ella para hacerle compañía, no pudiendo olvidar su invitación la semana anterior y que él había rechazado forzosamente.
—Hola— saludó Itachi llamando su atención, haciendo que ella alzara la mirada.
—Hola— correspondió Izumi con una ligera sonrisa. —Con razón está lloviendo, es un milagro que me saludes— comentó con su habitual tono burlón.
—Que adorable— apreció él, haciéndole gracia su forma de ser. —Estas sola hoy, ¿Te molesta si me siento?— preguntó, no queriendo incomodarla con su presencia.
—Adelante— asintió ella, disimulando lo mejor posible su sorpresa mientras lo veía sentarse a su lado. —Mis amigos están ocupados con los preparativos del baile, por lo que no es tan extraño— explicó, ya pudiendo percibir los murmullos de toda la cafetería entrelazados con su nombre y el del azabache.
—Izumi, estuve pensando…— inició el Uchiha, queriendo honrar la invitación que ella le había hecho la semana anterior.
—Que peligroso— interrumpió la Yamamoto, disfrutando de hacerlo rabiar.
—¿Me dejaras terminar?— inquirió Itachi abiertamente y perfectamente tranquilo, ante lo que ella alzó las manos en señal de cese al fuego. —No pude dejar de pensar en lo amable que fuiste el fin de semana al invitarme y a mis hermanos a la Push, y si no estás ocupada, quería invitarte a cenar para devolver tu invitación— explicó, sintiéndose como un tonto por no saber cómo aplicar sus modales del siglo XX al presente.
—No estoy segura— contestó Izumi, entendiendo lo que quería decir. —¿Cuánto durara esta racha de buen humor?— cuestionó cruzando las manos debajo del mentón. —¿Sin compromisos?— arqueó una ceja al preguntarlo, no queriendo que él se confundiera.
—Si, como dos amigos— asintió el azabache, respetando todos los límites de antemano.
—Está bien, acepto entonces— confirmó la pelicastaña, teniendo un nudo en la garganta a causa de los nervios, ¿Era una cita? Con él nunca podía saberlo.
—¿Te parece si salimos después de clases?— preguntó Itachi, queriendo que ella decidiera eso.
—Claro— volvió a confirmar Izumi, no teniendo nada que hacer o en que objetar.
Izumi no pudo evitar analizar al Uchiha desde la cabeza a los pies; vestía una camiseta marrón oscuro de cuello en V que asemejaba a una camisa, de cortas mangas por sobre los codos y teniendo los brazos recargados sobre la mesa exponiendo su pulsera de cuero con el emblema del abanico rojo y blanco, en una postura más encorvada que de costumbre, jeans azul oscuro y cortas botas marrón claro, con su largo cabello ébano recogido en una coleta baja como de costumbre, se veía igual que siempre…no, algo en él había cambiado, aunque aún no podía saber el que exactamente, En ese momento dejo de importarle el coro de murmullos de sus demás compañeros presentes en el comedor, recordó lo que Utakata le había dicho en su viaje a La Push y sin embargo ella desestimó esto completamente, viendo al Uchiha esbozar una sonrisa ladina y hacerle una señal con la mano para que comenzaran a comer, ante lo que ella sonrió y lo obedeció, ambos observándose por el rabillo del ojo y comiendo al mismo tiempo, ajenos a todo lo que los rodeaba. Estaban a mediados de Octubre y el baile de fin de año sería en Diciembre, era precipitado comenzar a planificar todo, pero ellos eran parte del comité de bienvenida y se encargaban de todos los eventos de la universidad desde su ingreso el año anterior—Izumi había ingresado unos meses antes por sus excelentes calificaciones, preparando el terreno para ellos—, pero Tenma, Shinko, Tamaki y Kiba ya tenían todo previsto un panorama tras su reunión, ingresando en el comedor antes de que acabara el recreo.
—Entonces, ¿El tema de nuestro baile de graduación es Monte Carlo?— confirmó Tamaki en voz alta y con expresión pensativa.
—Sí, esmoquin y bond; James Bond— asintió Tenma, teniendo la aprobación de Kiba.
—No puede ser...— jadeó Shinko al cruzar el umbral del comedor, viendo lo que sus amigos no.
Concentrados como estaban sus amigos en discutir sobre el tema del baile y que al final someterían a votación mediante una encuesta telefónica, ninguno reparó en lo que Shinko si hasta escuchar su jadeo de sorpresa y entonces todos siguieron la dirección de su mirada hacia su mesa, abriendo la boca como peces en el agua y contemplando anonadados el que debía ser el cuadro más perfecto; sonriendo más relajada de lo que cualquiera la hubiera visto, Izumi estaba hablando con Itachi Uchiha, quien estaba sentado a su lado y sin su habitual aspecto distante como sus hermanos en su mesa de siempre, tenía una mano despreocupadamente en los bolsillos del pantalón y la otra sobre la mesa, tomando un bocado de su bandeja de vez en vez como Izumi, pero sin apartar sus ojos de la pelicastaña. Solo entonces prestando atención al coro de murmullos de los demás presentes en el comedor y que no cesaban de preguntarse si Itachi e Izumi estaban saliendo, Tamaki y Shinko salieron de su estupor, gesticulando un chillido de emoción para no gritar como locas por haber sido las primeras en prever que algo así ocurriría, ¡Pero la realidad era aún mejor! Tenma y Kiba por otro lado parecían seguir sin poder creerlo, como más de algún bobo decepcionado que hubiera pensado que podía conquistar a Izumi, mas todos habrían de admitir su derrota, el brillo en los ojos de Itachi Uchiha denotaba que a usanza del gran Julio Cesar; había llegado, visto y conquistado. Mas, aún faltaba la decisión de la gran Cleopatra; ¿Seria presa o conquistadora…?
PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 No sé que historia actualizaré la próxima semana, ya que debo un favor a una amiga, pero las siguientes actualizaciones a esa serán; "Dragon Ball: Guerreros Saiyayin", luego "El Rey de Konoha", y por último "Caballeros del Zodiaco" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, así como todos los dolores de cabeza que seguramente le doy, habiendo actualizado en agradecimiento a su apoyo incondicional), a LizzyMichaellis25 y userZiha (agradeciendo contar con su apoyo y aprobación, y dedicándoles esta historia por lo mismo), y a todos quienes siguen, leen o comentan esta y todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Diferencias con el Canon & Sentimientos Florecientes: La principal diferencia con el canon original de Crepúsculo no son solo los diálogos sino también el vinculo entre Utakata e Izumi, ya que en esta versión y si bien ella no sabe de los vampiros y metamorfos, si ha crecido rodeada de las historias de la Tribu Jinchuriki, conoce las leyendas y al final esto le permitiría entender los secretos del mundo al que pertenece, esto también hace que los miembros de la Tribu la tengan en consideración y vean como parte de su familia, especialmente en el caso de los miembros más jóvenes. Ahora que Itachi sabe sobre las visiones de Sakura—quien intenta acercarse a Izumi y, aunque discrepa en su mayoría, Sasuke no duda en apoyarla incondicionalmente—, comienza a aceptar los sentimientos que le guste admitir o no ya esta sintiendo por ella y que sin embargo son demasiado recientes, por su parte si hay atracción pero aún no se decide a actuar en consecuencia; Izumi por otro lado, esta más concentrada en entender a Itachi y en respetar sus desconocidas razones para mentir como para estudiar sus propios sentimientos, por lo que su vinculo comenzara siendo de amistad y no romance.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), y una posible adaptación alternativa de "Crepúsculo" que he comenzado a desarrollar :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
