CAPÍTULO 3:

"Estaremos bien"

- Luffy…

Escuché su voz y al instante mi corazón se puso en pausa. Su voz había generado una descarga de alto impacto en mi pecho y sentí por momentos como los nervios me dominaban. Que sensación fría. Todo el sueño que había acumulado en ese rato que pasó se desvaneció en un chasquido. Pasaron algunos segundos en silencio hasta que finalmente decidí responderle, solamente por curiosidad…

- Nami… ¿estás despierta? –susurré.

- Si…

Ambos seguíamos acostados de espaldas y, a pesar de que habíamos comenzado una charla, parecía que ninguno de los dos tenía la intención de levantarse de la cama. Simplemente fluyó así.

- ¿Querías decirme algo? –consulté.

Pasaron algunos segundos de silencio y nuevamente, su voz se hizo presente de forma triste.

- ¿Crees que los demás estén bien? –respondía con otra pregunta.

- ¡Claro! ¿Por qué dudas de ello? –pregunté por lo bajo.

Sin pausa, me contestó.

- A veces, después de todo lo que pasamos me preocupa un poco cuando tenemos que pasar días alejados los unos de los otros. Aún me cuesta asimilar todo lo que va sucediendo, más sabiendo que quizás algún día no estemos más juntos. –concretó con tristeza. – Para mí sería algo muy triste perder a cualquiera de ustedes. Juro que me dolería demasiado.

La afonía se apoderó por unos segundos de nuestra charla, hasta que logré pensar en algo que pudiera calmarla y ayudarla a poder pensar en otras cosas. Sabía por dónde venía su preocupación: ella fue una persona que desde pequeña fue prisionera de los Gyojin. Maldito Arlong. Una vez que ella se nos unió a la tripulación, cambió completamente como persona. Se había convertido en una pirata libre.

- Nami, tienes que estar segura de que siempre estaremos bien. No nos va a pasar nada, todos somos muy fuertes y podemos defendernos. Yo creo que todos estarán bien, posiblemente refugiados en algún lugar o hasta incluso quizás hayan vuelto al Sunny. –declaré tratando de darle una forma a mi idea.

Oi, sorpresa: ¿y si todos estuviesen esperando nuestro regreso en el Sunny? También existía la posibilidad que únicamente Nami y yo estuviéramos fuera del grupo esta noche. No tenía nada de malo, pero ellos podrían estar preocupándose también por nosotros… excepto Sanji, creo que ese me dará un buen golpe si se entera de que estuve en la misma cama con la chica de sus sueños. De solo pensarlo me daba algo de gracia.

Volví a serenarme y redondeé mi respuesta.

- Los chicos estarán bien. Quizá hasta algunos estén juntos… quién sabe. Así como esta noche estamos solos tú y yo, ellos podrían estar reunidos también. Tranquila.

La pelinaranja suspiró levemente y esa acción me dio el indicio de que al menos algo de lo que había dicho le había servido para tranquilizarse un poco. Me dio algo de calma.

Luego de un rato en silencio y ya también un poco más relajado que antes, me ubiqué un poco mejor en mi espacio de la cama y pasé mi brazo por debajo de la almohada para estar algo más cómodo. Siempre tuve algo especial con esa posición. El brazo bajo la almohada, de costado y con una pierna flexionada. Cosas que dan placer… aunque la almohada parecía que estaba hecha de roca de mar (de tan dura que era me hacía doler la cabeza).

- Luffy…

Wow… había vuelto a hablarme.

- Dime –respondí al instante.

Pasaron casi diez segundos hasta que me respondió.

- ¿Podrías…? –susurró.

- ¿Hmmm?

- …darme un abrazo?

¿Eh? ¡¿QUÉ?!

Mi corazón automáticamente se convirtió en un cubo de hielo y comencé a sentir como la sangre comenzaba a circular cada vez más rápido por cada extremo de mi cuerpo. Una sensación completamente inexistente. Por un momento pensé que estaba soñando así que decidí darme un pequeño pellizco en la pierna. No resultó.

Aunque pensándolo bien… tampoco era algo taaaan extraño (creo), ¿podía negarle un abrazo a una compañera de tripulación? Creo que esa pregunta se había vuelto la excusa perfecta para complacer a las ganas que tenía de dárselo. Por algún motivo no sé… yo también quería ese abrazo.

Sin darle una respuesta, me di vuelta por dentro de las sábanas y pasé mi brazo por debajo de su cintura, para con el otro poder envolverla entre mis dos brazos. Apoyé mi cabeza en la almohada y aunque ya me encontraba así con ella, mantuve la distancia entre nuestros cuerpos para evitar algún malentendido.

- ¿Puedes… abrazarme un poco más fuerte? –preguntó con timidez.

Bingo. Si Nami. Puedo hacerlo. Quiero hacerlo. Lo haría siempre que me lo pidas. Okey, no sé si siempre. Pero en este momento, si.

Opté por arrimar mi cuerpo un poco más, a tal punto que nos quedamos pegados el uno al otro. Creía que, a esta altura, ya se había dado cuenta que no tenía problema en darle ese abrazo, y hasta me parecía una linda idea. Por lo bajo, piernas sentían el calor de las suyas, como también así mi abdomen y mi pecho rozaban con su espalda. Solo nos separaban nuestras remeras. Mi cabeza había quedado apoyada en la almohada detrás de la suya, lo que le permitía sentir mi respiración por detrás de su oreja.

El aroma de su cabello recién lavado me tenía respirando cada vez más y más profundo, lo que también me ocasionaba algunas cosquillas en la cara. Cerré los ojos y me permití volar por unos momentos y dejarme llevar por lo que estaba pasando. ¿Esto… se sentía querer a alguien de manera especial? ¿O qué era?

¿Estaba bien? ¿Estaba mal? ¿Era extraño? ¿Era algo que podía pasar? Eran algunas de las preguntas que seguramente vagaban por nuestras cabezas, o al menos si por la mía. En fin, que va…

Me dejé llevar por la situación y resguardándome en su petición, tomé su mano izquierda sin pensar lo que podía llegar a decirme. La sujeté fuerte y con mi dedo pulgar, empecé a acariciar despacio y sutilmente la parte superior de su mano.

No había respuesta alguna de su parte. Eso era bueno... supongo. Todo quedó envuelto en un gran silencio donde nuestros corazones parecían ser los que estaban comunicándose o purgándose de cierta forma. ¿Tan especial era lo que podíamos llegar a sentir el uno por el otro? Era tal el punto de satisfacción que por más que quisiera, no podía abrir los ojos. Tampoco quería hacerlo.

El futuro rey de los piratas, quien nunca en su vida había imaginado verse envuelto en una situación así, había tenido la necesidad de ser demostrativo con su compañera de tripulación. Icónico. Pareciera un Fanfiction.

- Luffy…

- Nami -respondí en voz baja.

- Arigato… -declaró mientras tomaba fuerte mi mano.

- Oi, no tienes que agradecerme. Yo siempre estaré contigo. –le dije por detrás del oído. – Yo siempre voy a cuidarte.

Por más de que mi corazón palpitaba a dos mil por hora debido a esta extraña emoción, todo lo que le decía era cierto. Era mi compañera. Jamás la abandonaría. Pero… también entendí que existen otras maneras de cuidar a las personas. De cuidar sus sentimientos. De cuidar su corazón.

La sentí apretar fuerte mi mano y acomodarse una vez más refregando su cuerpo en el mío. No le dije nada. De hecho, hasta me había generado algo de excitación su movimiento… y así fue cuando también me percaté de otra cosa muy interesante.

Estaba... durmiendo en ropa interior.


Próxima actualización en camino, jeje.