16 de diciembre de 1971

Dora se sentó en su cama en Grimmauld Place, exhausta. Había estado practicando magia sin varita y no verbal toda la noche. Desde que Dumbledore escribió que es posible que no pueda usar su varita en situaciones sociales precarias, especialmente antes de ser admitida en Hogwarts, Tonks trataba de prepararse para la posibilidad de que tenga que protegerse de los mortífagos sin su más valiosa herramienta.

Le tomó mucho más esfuerzo del que quería lanzar tantos hechizos. Lanzó con éxito todos los encantamientos y hechizos básicos que aprendió en sus primeros años en Hogwarts —de su línea de tiempo original—, pero los maleficios y hechizos más complejos eran más difíciles de practicar sin un compañero de duelo.

Sudando, decidió que era mejor seguir mañana en su práctica de duelo con Moody y se acostó. Con suerte, para la Gala de Invierno de los Malfoy tendría suficiente práctica para arreglárselas por sí sola en una habitación llena de supremacistas de sangre.

22 de diciembre de 1971

—¡Sirius vuelve hoy, Dora! —dijo Regulus, emocionado.

A Dora le enterneció ver a Regulus tan alegre. Estaba ansiosa por ver a Sirius y Regulus como hermanos amorosos antes de que su relación se rompiera por ideologías opuestas.

—No puedo esperar a verlo —dijo Dora con sinceridad.

Habían pasado semanas —para ella— desde que vio a su primo favorito.

Kreacher apareció en la habitación y se inclinó a modo de saludo.

—Se solicita al amo Regulus y a la ama Dora en el salón —anunció, y con un chasquido de sus dedos, se fue.

—¡Eso significa que Sirius ya casi llega! —gritó Regulus.

Agarró la mano de Dora y corrió escaleras abajo con ella hasta el salón. Entraron, un poco sin aliento, para encontrar a Orión esperándolos. Saludó con la cabeza a los dos niños, y ambos se sentaron en un sofá esperando a que Walburga llegará con Sirius a través de la red flu.

Regulus se movía de emoción junto a Dora, y ella apenas podía contener su propia emoción. Unos minutos después, las llamas de la chimenea brillaron de color verde y Walburga salió con un Sirius Black desaliñado. Regulus, Dora y Orión se pusieron de pie para saludarlo.

El rostro de Sirius estaba sonrojado; Dora no supo decir si era por el frío de la estación de Kings Cross o si Walburga lo había abofeteado. Con amargura, pensó que lo segundo era más probable.

El rostro de Sirius se iluminó cuando vio a Regulus y Dora.

—Recuerda tus modales, niño —le murmuró Walburga a Sirius.

Sirius caminó con confianza hacia Regulus y le dio un firme apretón de manos. Se giró hacia Dora y le sonrió. Sirius se inclinó, ella hizo una reverencia y él le besó los nudillos.

—Sirius, ella es tu prima Pandora —entonó Orión—. Puedes llamarla Dora. Es la hija de tu tío Alphard.

—¿El tío Al tuvo una hija? —preguntó Sirius—. ¿Por qué nadie me lo dijo?

—Si te molestaras en abrir las cartas que te enviamos, esto no habría sido una sorpresa —se burló Walburga—. ¡Kreacher! —llamó.

El viejo elfo doméstico entrecerró los ojos al ver a Sirius, pero le hizo una reverencia de todos modos.

—¿Sí, ama?

—Lleva las cosas de Sirius a su habitación y asegúrate de que esté bien vestido antes de la cena —ordenó Walburga.

—Como usted ordene, ama —estuvo de acuerdo Kreacher e hizo una reverencia antes de irse con las cosas de Sirius.

—Kreacher les avisará cuando sea la hora de cenar. Su madre y yo tenemos asuntos que discutir —dijo Orión, se puso de pie y se fue con Walburga, dejando a los tres niños en el salón.

Tan pronto como los adultos estuvieron fuera de su vista, Regulus y Sirius se abrazaron con fuerza. Los ojos de Dora se humedecieron al verlos. A pesar de la insistencia del Sirius mayor sobre los desacuerdos con su hermano menor, ver a los hermanos abrazarse era conmovedor. Prometió tratar de ayudarlos a salvar su relación antes de que Sirius perdiera a Regulus para siempre.

Sirius olvidó por un momento que Dora estaba en la habitación. Él la miró de arriba a abajo.

—Se parece a mí… y a Andrómeda —dijo por fin.

—Parecido familiar —comentó Dora.

Tonks se enorgullecía de poder mantener la apariencia de un Black durante tanto tiempo. Se sintió afortunada de tener a Andrómeda como su madre.

—¿Eres en serio la hija del tío Al? —preguntó Sirius pensativo—. ¿No bateaba para el otro lado?

Regulus se sonrojó y Dora se rio. Aunque sabía la verdad sobre su tío Al, tuvo la gracia de mantener la compostura, ya que no estaba segura de si él había compartido la verdadera naturaleza de su relación con Titus con la familia.

—Padre nunca se casó —explicó Dora—. Fui criada por mi mamá en Estados Unidos antes de que ella falleciera.

—¿Quién era tu mamá? —preguntó Sirius con brusquedad—. No es que importe con quién estás relacionada…

—Mi madre era Rosemary Scamander.

—¿Scamander? ¿Cómo Newt Scamander? —preguntó Sirius, con incredulidad en su rostro.

Dora sonrió.

—Sí. Newt es mi abuelo. Él quería que fuera a Hogwarts, así que me envió a vivir con mi padre después de la muerte de mi mamá. Sinceramente siempre pensé que iría a Ilvermorny como mamá y la abuela Tina. Comienzo el próximo otoño.

—Increíble —susurró Sirius—. Debes saber mucho sobre criaturas mágicas.

Dora sonrió.

—¡Sí! Le he estado rogando a mi padre y al abuelo Newt que me dejen tener un familiar, pero la tía Walburga se rehúsa a permitírmelo.

—¿Cómo puede siquiera negarse? —preguntó Sirius, incrédulo—. Tu familiar provendrá del mismísimo Newt Scamander.

—Ya sabes cómo es madre —argumentó Regulus—. Desde de tu selección, ha querido que todo sea perfecto. Asegurarse de que Dora conozca la etiqueta sangre pura adecuada es lo único que le impide hechizarnos a padre y a mí.

—¿Tienes lecciones de etiqueta? —preguntó Sirius—. ¿No eres una sangre pura?

—Lo soy —respondió Tonks—. Pero me crie en Estados Unidos, así que no conozco la etiqueta sangre pura británica. Lo odio. No sé cómo tú y Reg lo lograron —les frunció el ceño a los niños—. Si escucho una vez más que soy una cerda, juro por mi magia que convertiré mi nariz en la de un cerdo.

Sirius y Regulus se rieron de la idea. Si tan solo supieran que ella en verdad podría hacerlo.

—Una vez que llegas a Hogwarts, es mucho más fácil —aseguró Sirius—. ¿Crees que serás una Gryffindor como yo? —se jactó—. Soy el primer Black en siglos que no fue clasificado en Slytherin —infló su pecho.

Tonks se rio.

—No, creo que preferiría ser una Hufflepuff como el abuelo Newt —dijo.

—¿Hufflepuff? —preguntaron Sirius y Regulus al unísono.

—Prefiero ser una Hufflepuff que una Slytherin —explicó Dora.

—¿Por qué? —preguntó Sirius.

Dora sonrió.

—Nadie sospecha de un Hufflepuff —les guiñó un ojo.

—Eso es lo más Slytherin que he escuchado —dijo Sirius—. No hay forma de que vayas a ser una Hufflepuff.

Dora sonrió con timidez y coquetería.

—Ya veremos, ¿no?

En ese momento, Kreacher apareció de nuevo en el salón y les dijo que eran requeridos en el comedor para cenar. De mala gana, los tres niños dejaron la seguridad de su propia compañía para cenar con Walburga y Orión.

24 de diciembre de 1971

Dora se paró frente al espejo y miró su reflejo: estaba vestida con costosas y llamativas túnicas de invierno. Era la noche de la gala de invierno de los Malfoy, y ella sería presentada por primera vez a la familia Malfoy como una nueva prima Black. Toda su familia extendida asistiría a la gala, junto con varias familias que sabía que simpatizaban con la causa de Voldemort. Era una noche importante y tenía la intención darle un buen uso a sus habilidades de investigación como aurora.

La tía Walburga le había proporcionado las túnicas y le había prestado sus joyas para que las usara. Antes de tocar las joyas, Tonks las había escaneado en busca de maldiciones. Escondió su varita en su túnica para poder usarla en caso de emergencia. Su última sesión de entrenamiento con Moody había sido agotadora después de que le dijera que quería practicar magia sin varita y no verbal. Se sentía más segura de sus habilidades, pero no lo suficiente.

Un suave golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Tonks atravesó la habitación de invitados —que ahora era suya— de Grimmauld Place y abrió la puerta para encontrarse con Sirius vestido elegantemente con una túnica de gala en la entrada.

—¡Te ves tan elegante y guapo! —dijo Dora.

Sirius se sonrojó e hizo una mueca a la vez.

—Te ves preciosa, Dora, pero odio esta túnica —se lamentó—. Lo bueno es que solo la uso en estas ocasiones —suspiró y preguntó—: ¿Me permites escoltarte abajo?

—Por supuesto, Sirius —dijo Dora, tomando el brazo ofrecido por Sirius.

Sirius y Dora bajaron las escaleras y encontraron a Regulus, Walburga, Al y Orión esperándolos.

—¿Lista? —le susurró Al a Dora cuando se paró a su lado.

—Sí —confirmó Dora, se acercó a la chimenea y siguió a Sirius y Regulus a la mansión Malfoy.

Dora tuvo suerte de que Sirius y Regulus hubieran llegado antes que ella, porque casi se cae de bruces en el salón de la mansión Malfoy. Regulus se había acostumbrado a su torpeza y había estado esperando su caída antes de que llegara. Sirius soltó una carcajada antes de ayudar a Tonks a ponerse de pie.

Sirius se rio.

—Cuidado, no te vayas a caer.

—No me digas.

La chimenea brilló de nuevo y Walburga, Al y Orión salieron de la red flu. Los elfos domésticos estaban esperando a los Black y los escoltaron al gran salón de baile.

Dora se quedó boquiabierta cuando entró en el salón de baile. Era hermoso y mucho más lujoso que todo lo que había visto en Hogwarts. Era como si el mismo invierno se hubiera instalado en el salón de baile. Las hadas revoloteaban, la nieve encantada caía del techo y los pinos nevados cubrían el perímetro de la habitación. El lugar estaba lleno de las brujas y los magos mejor vestidos que Dora jamás había visto en su vida. Si no hubiera sabido que la mayoría de ellos eran supremacistas de sangre, se habría impresionado.

—Orión, Alphard, Walburga —llamó una voz profunda—. Me alegra que hayan podido venir.

Los adultos lo saludaron antes de presentar a los niños. Orión dio un paso adelante y fue el primero que habló.

—Abraxas, seguro recordarás a mis hijos Sirius y Regulus.

Sirius y Regulus le hicieron una reverencia profunda a Abraxas Malfoy. Abraxas los miró con detenimiento, en especial a Sirius. Sin duda había escuchado sobre la "traición" de Sirius.

Alphard dio un paso adelante, colocando con gentileza una mano en la espalda de Dora.

—Abraxas, permíteme presentarte a mi hija Pandora Black.

Dora hizo una reverencia y Abraxas tomó su mano para besarle los nudillos. Dora odiaba esta tradición, en especial cuando los hombres mayores como Abraxas portaban miradas tan lascivas al hacerlo.

—Escuché que te reconectaste con tu hija, Alphard —comentó Abraxas—. Está relacionada con los Scamander, ¿no?

—Sí, Newt Scamander es su abuelo materno —confirmó Alphard—. Su madre fue Rosemary Scamander, una bruja sangre pura estadounidense.

—Excelente —comentó Abraxas—. Con su pedigrí, podemos esperar grandes cosas de ella.

¿Pedigrí? ¿Acaso soy un perro o qué? Estos idiotas me están tratando como si solo sirviera para dejar descendencia, pensó Dora.

—Su magia es demasiado avanzada y poderosa para su edad —declaró Alphard con orgullo—. Estoy tan orgulloso de ella.

Dora sintió un nudo en su estómago de nuevo. ¿Qué está haciendo?

Abraxas levantó una ceja.

—¿En serio? ¿Le importaría demostrarme sus habilidades, señorita Black?

Alphard le guiñó un ojo a Dora y ella accedió.

—Por supuesto, señor Malfoy.

Dora se concentró y juntó las palmas de sus manos. Pensó en el encantamiento y conjuro pequeñas llamas azules en sus manos. Muy controladas, como esperaba. Cuando Hermione crezca, tendré que agradecerle por el hechizo. Dora agrandó y disminuyó las llamas en sus palmas por unos minutos hasta que las separó y estas desaparecieron.

—Extraordinario —dijo Abraxas, sin duda impresionado por la joven bruja—. Un poder absolutamente extraordinario para una joven bruja. Como se esperaría de su familia.

—No podría estar más de acuerdo, Abraxas —admitió Alphard.

—Estoy tan contento de que tal poder se unirá a nuestra familia con Narcissa —dijo Abraxas con un brillo en los ojos—. Aunque la pérdida de su hermana fue una tragedia.

—Sí, la pérdida de nuestra sobrina mayor fue una tragedia —lamentó Walburga—. Pero casi no se siente gracias a nuestra joven sobrina Dora.

Están hablando de mi madre como si estuviera muerta. Tonks sofocó la ira que la inundaba.

—Alphard, ¿me permitirías mostrarle el talento de tu hija a nuestros invitados? —preguntó Abraxas.

—Por supuesto, Abraxas —concordó Al—. Vamos, Dora.

Dora siguió a Al, lanzándole una mirada triste a Sirius y Regulus, quienes parecían abatidos por tener que separarse.

—Volveré —susurró Dora antes de ser arrastrada para encontrarse con los sangre puras.

Dora les demostró la llama un par de veces más a varias familias que resultaron impresionadas con la joven bruja. No estarían tan sorprendidos si supieran que en realidad tengo 25 y no 11 años, pensó con amargura. Dora se tuvo que recordar que era una aurora en la línea de tiempo equivocada y que tenía más poder del que podía demostrar.

Luego de unas demostraciones más, Dora logró obtener un vaso con sidra espumosa y rápidamente se la bebió para transfigurarlo para otras familias. Estaba orgullosa de poder transfigurar el vaso en varias cosas sin la necesidad de una varita y sin tener que decir el conjuro en voz alta, haciendo que se convirtiera en el centro de atención del evento.

—¿Por qué me estás haciendo mostrarles mi magia? —le preguntó Dora a Al cuando tuvo un momento libre—. Se supone que debo de observarlos.

—Si creen que eres poderosa, estarán más dispuestos a hablar contigo —explicó Al—. Créeme.

—Está bien —estuvo de acuerdo Dora—. Gracias a Merlín que Sirius, Regulus y tú están aquí para evitar que me vuelva loca.

El baile comenzó y Sirius avanzó con rapidez para pedirle a Tonks el primer baile. Tonks gimió; había practicado innumerables veces con Regulus las últimas semanas, pero aún no conseguía coordinarse lo suficiente para no tropezarse.

Sirius era muy bueno bailando, lo que sorprendió a Tonks.

—¿Cómo estás, Dora? —susurró.

—Supongo que bien —murmuró Dora—. Detestó ser tratada como una atracción de circo.

—No sabía que eras tan buena con la magia —confesó Sirius—. ¿Tu mamá te enseñó todo eso?

—Sí —dijo Dora, no dispuesta a dar más detalles—. Mis abuelos también me enseñaron varios encantamientos.

—Podrías ser clasificada en Ravenclaw —advirtió Sirius.

—Mi…

Dora se atragantó por unos minutos, tosiendo un poco por lo que supuso sería el juramento inquebrantable.

—El amigo de mi abuelo era un Ravenclaw. No creo que esté hecha para esa casa.

Dora se regañó por casi revelar que su padre era un Ravenclaw. Ted Tonks había sido un Ravenclaw, pero Alphard definitivamente fue un Slytherin.

—¿Aún necia con ser una Hufflepuff? —preguntó Sirius.

—Por supuesto —dijo Dora sonriendo.

La canción terminó y Regulus apareció para pedirle el siguiente baile a Dora. Después de un tiempo bailando con él, Dora se sorprendió al ver a otro chico acercándose para pedirle un baile. Miró a Sirius —quien veía con el ceño fruncido al chico—, pero debido a sus lecciones tuvo que aceptar su mano.

—Señorita Black —dijo y le besó sus nudillos—, soy Odysseus Goyle, nos conocimos antes. ¿Me permitiría un baile?

—Por supuesto, señor Goyle —aceptó Dora.

Él será un mortífago en el futuro, pensó.

Tan pronto cómo terminó el baile, otro chico —que se presentó como Atlas Avery— se acercó para bailar con ella. Otro mortífago. Luego vino el tercer mortífago: Morpheus Mulciber. Después el cuarto mortífago: Eryx Crabbe. Luego el quinto mortífago que casi hizo que Dora vomitara ya que lo había visto recientemente después de su fuga de Azkaban: Antonin Dolohov.

¿Acaso esto nunca terminará? Era inquietante para Tonks bailar con tantos mortífagos que —basándose en su físico— aún eran estudiantes en Hogwarts. Eran solo niños tratando de seguir los pasos de sus padres. De no ser así, se hubiera sentido halagada con toda la atención, en lugar de la clara competencia para cortejarla antes de que se comprometa con alguien más.

Para su fortuna, Sirius apareció antes que el sexto mortífago: Orpheus Nott, el hijo de Cantankerous Nott.

—Al parecer eres muy popular, prima —comentó Sirius.

—Nunca había recibido tanta atención de los chicos antes —reconoció Dora—. Sinceramente no sé qué hacer.

—Después de tus truquitos de magia, escuché a madre y padre hablar con varias familias que estaban interesadas en arreglar un compromiso contigo para sus hijos —admitió Sirius.

—Tengo 11 años —remarcó Dora—. No necesito un prometido —siseó.

Sirius se encogió de hombros.

—Has demostrado ser una poderosa bruja sangre pura —la hizo girar en el baile—. Cualquier familia sería afortunada de poder estar conectada con los Scamander gracias a ti.

—Uf —bufó Dora—. No quiero casarme con alguien a quién no ame.

Dora pensó en Remus. Sabía que lo vería en Hogwarts el próximo año. ¿Cómo diablos sería capaz de estar con él a este ritmo?

—No todos pueden lograrlo, Dora —dijo Sirius con gentileza—. ¿Escuchaste lo que pasó con Andrómeda?

Sirius tenía una mirada triste en su rostro.

—Fue eliminada del árbol genealógico por casarse con un hijo de muggles —susurró Dora—. Actúan como si estuviera muerta. No es justo.

Sirius la miró con curiosidad. Dora se dio cuenta de que aún no le había dicho a Sirius que no compartía los mismos puntos de vista que su familia.

—Para ellos lo está —admitió Sirius—. Andrómeda era mi prima favorita. Ahora ya no sé si la volveré a ver.

—Estoy segura de que encontrarás una manera, Sirius —le aseguró Dora—. Escuché que ya es madre.

Sirius sonrió.

—¿Drómeda tuvo un hijo? No puedo esperar a conocerlo y demostrarle que no todos los Black son malos.

—Es una niña.

Dora sonrió, recordando cuando se encontró con su madre y ella misma como bebé hace unas semanas en el hospital.

—Espero poder conocerla algún día —dijo Sirius.

—Lo harás —le aseguró Dora—. Estoy cien por ciento segura de que la podrás conocer.

La canción casi terminaba y Dora se tensó.

—Antes de que sea arrastrada para bailar con otro idiota sangre pura —murmuró Dora—, ¿podrías acompañarme a conseguir algo de tomar? No puedo seguir bailando.

Sirius levantó las cejas ante el lenguaje de Dora.

—Lo sé, lenguaje colorido —admitió Dora—. Pero en serio necesito tu ayuda.

—Sirius levantó su brazo y llevó a Dora a buscar otro vaso con sidra para que pudiera descansar por unos minutos.

—Dora, querida —dijo una voz familiar detrás de ellos—. ¿Te importaría acompañarnos? Me gustaría presentarte a alguien.

Tonks se giró para ver a Pollux y Cygnus detrás de ella.

—Sí, abuelo —estuvo de acuerdo Dora—. ¿Sirius también vendrá?

—No, él se quedará aquí con su hermano —dijo Pollux, fulminando con la mirada a Sirius.

Dora se entristeció, pero sabía que era mejor no objetar.

—Muy bien, abuelo —dijo en voz baja—. Estaré encantada de conocer a otro buen mago o bruja.

—Es el mejor —dijo Cygnus y le ofreció su brazo—. El más grande mago que esté mundo jamás ha visto.

Dora comenzó a entrar en pánico. No estaban hablando de Dumbledore. Ahora estaba siendo escoltada por el padre de su madre y el abuelo de Sirius por un pasillo de la mansión Malfoy. Tonks sintió como un escalofrío la recorría cuando llegaron al final del pasillo.

Cygnus llamó a la puerta.

—Pueden pasar —anunció la voz de Abraxas.

Al entrar en un lujoso salón, Tonks se encontró con varios rostros que la aterrorizaban: Bellatrix, Rodolphus, Abraxas y Lucius Malfoy, y un hombre cuyo rostro era casi hermoso, pero inhumana-mente desfigurado. Su apariencia no era del todo humana: sus ojos poseían un brillo rojo y tenía unas extrañas hendiduras como nariz. Si bien nunca se había encontrado antes cara a cara con él, pudo intuir —por todo lo que había escuchado— que él era Lord Voldemort. Dora se obligó a respirar para evitar caerse.

—Bienvenida, señorita Black —dijo Abraxas—. Permítanos presentarle a uno de los más grandes magos de todos los tiempos.

Dora asintió, aterrorizada por completo por las personas que la rodeaban. Su mano se movió hacia su varita y recordó cerrar su mente lo suficiente en caso de que Voldemort decidiera usar legeremancia. Estaba en serio agradecida de haber hecho el juramento inquebrantable, ya que así Voldemort no podría ver esos recuerdos a menos de que ella se lo permitiera.

Pollux tomó a Dora —quien temblaba de miedo y hacía todo lo posible para controlar sus emociones— de los hombros y la llevó hacia Voldemort.

Pollux le hizo una reverencia profunda a Voldemort.

—Milord —dijo—, ella es mi nieta Pandora Black. Es la hija de mi hijo Alphard y la difunta Rosemary Scamander, hija de Newt Scamander.

Dora le hizo una reverencia nerviosa a Voldemort.

—Milord —murmuró.

A diferencia de los demás, él no tomó su mano, por lo que estaba agradecida.

—Escuché que es demasiado talentosa para su edad, señorita Black —habló Voldemort.

Su voz alta y fría envió otro escalofrío por su espina dorsal.

—Muéstrale al Señor Tenebroso lo que puedes hacer —ordenó Cygnus.

Dora conjuró las llamas como lo había hecho antes. Luego vio un vaso vacío, lo tomó y lo transfiguró múltiples veces antes de dejarlo de nuevo sobre la mesa de té. Toda su magia fue hecha de forma no verbal y sin varita.

—Qué increíble dominio de la magia, señorita Black —la elogió Voldemort.

Dora se sintió incómoda al recibir elogios de Voldemort.

—Como se esperaría de su familia —declaró Voldemort.

—Gracias —murmuró Dora.

—Es muy modesta —observó Abraxas—. Me atrevo a decir que será una excelente adición a la causa cuando sea mayor.

—Sí —concordó Voldemort y miró a Dora a los ojos.

Dora sintió como entraba en su cabeza. Estaba agradecida de que su oclumancia prevendría que Voldemort viera algo incriminatorio.

Sus recuerdos de su baile con varios chicos, casi cayéndose al salir del flu, el té con Alphard y la curiosa maravilla del jardín delantero de los Scamander vinieron a su mente. Deseó que los recuerdos de Grimmauld Place, Kreacher y las cenas con los Black permanecieran lo más relevante posible mientras Voldemort profundizaba en su memoria. Le costó mucho esfuerzo mantener su mente cerrada que casi pensó que se desmayaría. Cuando Voldemort paró de repente, Dora dejó escapar un suspiro de alivio. Sin embargo, volvió a invadir su mente y los recuerdos de la Cabeza de Puerco, estar sentada en la lúgubre habitación con su mochila de Hufflepuff, visiones de la Casa de los Gritos y el suave resplandor de San Mungo vinieron a su cabeza antes de que siquiera pudiera prepararse y cerrar su mente. Las memorias volvieron a las risas de Regulus, su reunión con la familia Black y su diversión con los escarbatos de Newt. Voldemort paró de nuevo y Dora vio varias estrellitas. Dumbledore no había mentido cuando dijo que Voldemort era un muy buen legeremante.

—Interesante, señorita Black —dijo Voldemort, el brillo rojo de sus ojos ahora era prominente—. Es muy buena oclumante.

Todos en la habitación miraron a Dora.

—Mi madre me enseñó, milord —mintió Dora.

Por favor, créeme. Por favor, por favor, por favor. Tonks volvió a cerrar su mente, a pesar del intenso dolor de cabeza que ahora poseía.

—Vi que estuvo en Hogsmeade, señorita Black —comentó Voldemort—. ¿Podría decirme por qué?

—Cuando llegué a Inglaterra y me estaba adaptando a vivir con mi padre, el director me ayudó a organizar mi educación —explicó Dora—. Se suponía que iría a Ilvermorny como mi madre, pero mi abuelo y padre acordaron que Hogwarts era una mejor opción. El director me dio la mochila —agregó, esperando que no haya notado el diseño de Hufflepuff.

—Hogwarts es la mejor escuela de magia —musitó Voldemort—. Incluso si es dirigida por un viejo tonto —siseó.

Varios gruñidos se escucharon por toda la habitación.

—No será sorteada en la casa de Slytherin, señorita Black —declaró Voldemort.

Los siseos y gruñidos fueron reemplazados por jadeos. Incluso Tonks dejó escapar uno. ¿Cómo lo supo?

—Veo mucha lealtad en usted —continuó Voldemort—. Quizás terminé en Hufflepuff, como su abuelo.

Dora sonrió un poco.

—Pero asegúrese de asociarse con las personas correctas, señorita Black. Para que así no cuestione su lealtad.

—Sí, milord —dijo Tonks en voz baja—. Le agradezco su consejo.

Pollux se aclaró la garganta.

—Milord, ¿puedo devolver a mi nieta al salón? Ha captado la atención de varios jóvenes maravillosos. Tengo grandes esperanzas de una unión fructífera algún día —profesó.

—Sí, deja que la niña se divierta —dijo Voldemort—. Será fundamental en la producción de poderosos herederos sangre pura para nuestro nuevo mundo.

Dora asintió e hizo una reverencia, sin saber que más podía hacer. Con el corazón martillándole con fuerza en el pecho, siguió a Cygnus afuera de la habitación y de regreso al lujoso salón de baile.

Voldemort sería el tema de sus pesadillas esa noche.