Capítulo II. Sin mirar atrás.
La lucha fue ardua, pero finalmente lograron rescatar a Hanabi y llevarla a salvo a la aldea, junto al clan que la adoraba. Hinata pasaba unos días en el hospital por precaución, pero quién se había llevado la peor parte había sido Sasuke, tal vez precisamente porque había vivido allí y era considerado un traidor.
En otra aldea más.
Y allí Hinata había tomado finalmente una decisión vital, mientras aprovechaba la paz y tranquilidad de aquella habitación del hospital. Sólo Neji fue a visitarla y luego su hermana junto a su padre, quienes le agradecieron profusamente el rescate.
- Hinata, fuiste muy valiente y estoy orgullosa de ser tu hermana – dijo Hanabi, siempre tan seria, pero demostrando que de verdad valoraba el gesto. – aunque debo decir que Sasuke Uchiha peleó como nunca vi.
La mayor de las Hyuuga sólo asintió, mientras su hermana y su padre hablaban de aquella batalla, de cómo Hinata había dado muestras de una gran valentía y hablaron por sobre todo, de lo poderoso que se había mostrado Sasuke.
Sasuke.
Una sonrisa incómoda afloró en su rostro, y no pudo evitar recordar que tenía una deuda pendiente, que muy a su pesar, debía pagar. Era una cuestión de honor, él había pedido, había cumplido y ahora le correspondía a ella saldarla.
Hinata lo miró sorprendida, pensando que tal vez estaba jugando con ella. Intentó sonreír, pero algo en el gesto de Sasuke le dio a entender que no estaba jugando, que se lo decía muy en serio y la sola idea le provocó náuseas.
- ¿Por qué? – logró preguntar con un hilo de voz. Afuera la lluvia seguía cayendo, despiadada, ajena a todo lo que sucedía. Sasuke se cruzó de brazos, y ladeó un poco la cabeza, como queriendo observarla desde un ángulo distinto.
¿Era posible que fuese así de ruin? Había escuchado historias sobre ese hombre, de su "depravación", pero ella siempre pensó que eran exageraciones, puesto que habían varios colegas que no estaban contentos con su regreso. Pero ahora, estaba allí, frente a ella, tan normal, pidiéndole algo que no tenía nada de pudoroso.
- Nunca he tenido sexo con la heredera de un clan tan renombrado – la inflexión en aquella palabra la puso en alerta. ¿Acaso tenía algo contra los Hyuuga? No pasaba por alto para ella que de no haber sido exterminados, los Uchiha serían el clan más reputado de la aldea, y del gobierno probablemente.
Ella asintió en silencio. ¿Qué más podía hacer? Su padre había sido claro, sabía que estaba a contra reloj, que debían ir cuanto antes al rescate de su hermana y que, aunque le costase reconocerlo, estaba dispuesta a hacerlo, porque más valía la vida de su hermana que pasar una noche con un hombre al que no conocía muy bien.
¿Qué más daba?
- Antes del amanecer, los espero en la salida sur del pueblo y partiremos en seguida. Los de aquella aldea no se andan con rodeos y tu hermana lo puede estar pasando mal.
Volvió a asentir. Era lo que debía hacer, ¿no? La sola mención del peligro que corría Hanabi la hizo reaccionar. Se puso de pie.
- Así será, Sasuke-kun. Una vez que mi hermana esté a salvo, con nosotros, vendré a saldar la deuda que acabo de contraer.
Y sin esperar respuesta, porque ya todo estaba dicho, salió de esa casa que deseó nunca haber pisado.
Pero la suerte ya estaba echada y Hanabi ocupaba todos sus pensamientos.
"Voy a traerte de vuelta, hermana".
Su padre la llamó con insistencia, hasta que ella fijó la mirada en él. Le dijo que estaba bien y que estaría en el hospital el tiempo que fuese necesario, lo que provocó que se despidieran de ella. "Para que descanses" le dijo Hanabi, mientras le daba un beso en la frente. Hiashi sólo se limitó a despedirse inclinando la cabeza y se quedó sola al final.
Y de pronto cayó en la cuenta, Hiashi no le preguntó cuál fue el precio solicitado por Sasuke. No le importaba en absoluto, sólo tener de vuelta a su hija menor, la verdadera heredera. La hija que debió haber nacido antes, y que sólo fue una trampa de los acontecimientos. Pero aunque se lo hubiera preguntado, ella no lo diría, jamás, nadie lo sabría nunca y de todas formas, no le había dicho al maldito de Sasuke cuándo pagaría aquella deuda.
Hinata observó aquella habitación que le había pertenecido desde siempre. Era grande, luminosa y ordenada, puesto que se sentía confusa con el desorden. Observó la cama, de hierro forjado, con el edredón azul que le había tejido su madre, el piso de madera que lo cubría una alfombra de varios colores. El escritorio dónde solía escribir en un diario inconstante, a veces un día sí, a veces por semanas no tenía nada que contar, a veces llenaba diez páginas en un momento, porque al final, así había transcurrido su vida y aquello estaba por cambiar.
Observó las ventanas que daban al patio central del palacio, dónde podía apreciar ese hermoso jardín que tanto la regocijaba, en dónde luego comenzó a entrenar para convertirse en una ninja, y dónde dolorosamente se había dado cuenta de que no era tan hábil como su hermana.
Y por ello, había tomado una decisión.
Había solicitado audiencia con el consejo del clan, el venerable consejo de ancianos que decidían sobre la vida de los Hyuuga y tenía algo muy importante que comunicarles. Y en su calidad de "líder" del clan, se habían reunido conforme a su solicitud. Al menos le daban eso, al menos, pensó con algo de tristeza. Pero así eran las cosas y ya no quería quedarse detenida en el pasado.
Observó el bolso en dónde estaban todas sus pertenencias, su ropa, algunos libros. Y comenzó a doblar el edredón que su madre tan amorosamente le había tejido. Iba a dejarlo con sus otras pertenencias, cuando sonó la puerta.
- Adelante – dijo ella, observando el color azul del edredón.
Su primo ingresó a la habitación, con su aspecto solemne, pero a ella le gustaba esa expresión. Le parecía que Neji era un hombre muy guapo, aunque jamás se lo diría y podría decir que era su pariente más cercano. Atrás habían quedado los tristes días en que él guardaba rencor por las circunstancias de sus nacimientos, atrás había quedado la rabia, la tristeza y ambos habían terminado por aceptar sus condiciones y habían desarrollado una relación casi filial, en palabras de ella.
Él la observó, por algún motivo, su prima se había vestido de negro, lo cual acentuaba la palidez de su piel y el color de sus ojos. Se le veía bonita así.
- ¿Estás lista?
Hinata asintió y juntos se encaminaron al gran salón de audiencias. Ya la esperaban todos, y aunque se sintió un poco intimidada, decidió que lo diría todo y sin rodeos.
- Venerable consejo, les he pedido su asistencia a esta reunión porque tengo algunas cosas que informarles.
Algunos asintieron, otros la observaron con real curiosidad, sólo su padre la observaba fijamente, con un gesto indescifrable.
- He decidido que desde este momento, mi hermana, Hanabi Hyuuga sea quien cumpla la función de líder del clan.
Se escucharon algunos murmullos, ¿acaso estaban sorprendidos o aliviados al fin de lo que estaba sucediendo? ¿Qué más daba?
- Y también, abandono las propiedades Hyuuga, en dónde he residido hasta el día de hoy. Sólo me llevo lo que me pertenece, mi nueva residencia será en la aldea, por lo tanto, no hay nada que deba al clan.
Los murmullos se oyeron más fuertes aún, tal vez aquello sí que no se lo esperaban, lo vio en sus rostros. El que se marchara de sus dependencias, era algo realmente simbólico: los estaba dejando atrás, estaba dejando atrás su pasado Hyuuga, así lo veían los ancianos y así quería Hinata que lo viesen.
- A cambio de todo lo anterior, no aceptaré el sello. Todo lo dicho, que se haga valer desde este momento. Muchas gracias, honorable consejo. – y miró directo a Hanabi, quien le sonrió con franqueza.
Y con una digna reverencia, Hinata se retiró del gran salón, dejando atrás murmullos, gritos y una confusión en general. Sabía que había mandado al traste generaciones de tradiciones, pero estaba decidida a dejar todo aquello atrás: el clan no la consideraba digna y no era de su interés liderarlos, más le parecía una carga que un privilegio. Neji la siguió, él sabía, de hecho era el único, que estaba al tanto de la decisión de su prima. Y la apoyaba completamente, porque consideraba que los venerables ancianos no eran más que un grupo de idiotas que no eran capaces de ver el enorme potencial de Hinata. Él la conocía, la conocía muy bien.
- ¿Tienes todo listo? – le preguntó en voz baja. Le había encantado ver a su prima hacer frente con tanta dignidad al venerable consejo.
Hinata sonrió, con sinceridad, de verdad sentía que se había quitado un enorme peso de encima. Por fin podría ser libre, sin tratar de cumplir las expectativas de nadie, sólo viviendo a su ritmo. Nadie podría interferir con su libertad.
Al cabo de un rato salieron de la gran propiedad de los Hyuuga y se dirigieron al centro de la aldea. Hinata se había comprado un departamento, había ahorrado mucho y junto a la herencia de su madre, lo había podido concretar. Lo había hecho de forma sigilosa, sólo a Neji se lo había comentado, y ese había sido su primer acto como adulta, pensaba con un poco de orgullo. No se arrepentía y menos cuando llegaron a su nuevo hogar, un cómodo departamento de dos habitaciones y que ya estaba listo para habitar.
- Veo que lo pensaste todo muy bien, prima – dijo Neji, con algo de admiración. Observaba con interés la sala, con un gran sofá azul de terciopelo con una mesita de centro que ya tenía algunos libros. Miró también la mesa de diario para dos personas y algunas plantas que su prima había comprado. Siempre le habían gustado, y era experta en el uso de hierbas, por lo que no le extrañó en absoluto.
- Pues sí, Neji, lo pensé por mucho tiempo. Sólo… - algo le había quedado rondando de su breve discurso frente al consejo, su padre. Hiashi no había dicho nada, absolutamente nada. Y eso le ocasionaba una ligera sensación de desagrado.
- ¿Qué pasa? Creo que dejaste sin palabras al consejo, no se esperaban ese pequeño acto de insurrección, pero saben que estoy para apoyarte.
Hinata sabía muy bien a lo que se refería su primo. Aunque no fuese parte de la rama principal de la familia, Neji era respetado y hasta temido por aquellos viejos. Así que al menos no entrarían en conflicto directo con ella, porque a pesar de que la consideraran inferior a su hermana, no era una simple ninja. Era una kunoichi de rango, lo quisieran aceptar o no.
- El silencio de mi padre. Pero tienes razón, dudo de que quieran entrar en conflicto directo. Sé que Hanabi no lo permitiría tampoco.
Neji dio a entender que así lo creía también.
- Aun así, debes cuidarte, Hinata. Sobre todo cuando no esté cerca, porque no sabemos qué pensará el consejo.
Hinata sonrió con ternura a su primo, lo abrazó –para ello tuvo que ponerse en puntillas- y le dio un beso en la mejilla. Fue un pequeño gesto, pero Neji retrocedió de manera inconsciente, aunque Hinata ya se había alejado y no se había percatado de lo que había ocasionado en su primo.
- Pues bien, prima, creo que tu nueva libertad amerita una celebración. Y dado que somos las personas más elegantes de la aldea, debemos ir a beber por ahí.
- Qué bueno que lo mencionas, creo que sí, que esto merece celebrar.
Y ambos salieron a la noche de Konoha, dispuestos a disfrutar de esa pequeña victoria.
Hanabi alzó una mano, y al instante las voces se acallaron. Se puso de pie, para que todos los presentes pudiesen verla y oírla con claridad, lo que iba a decir no daría pie a contra argumentaciones y debía ser muy clara al respecto.
- Cómo líder del honorable clan, declaro que acepto todas las condiciones mencionadas por mi hermana – hizo hincapié en aquella palabra, para que no quedaran dudas de que su filiación siempre existiría y que nadie podría ponerlo en duda jamás. – y eso se extiende a su último punto. No habrá sello y sería un buen momento para dejar atrás esa práctica y así, caminar hacia un nuevo futuro. Muchas gracias.
Dicho aquello, tomó asiento, dando por finalizada su intervención. Fue su padre quién finalizó la reunión. Tendrían mucho de qué hablar, pero Hanabi estaba orgullosa de Hinata. Les había demostrado a todos lo valerosa que podía ser, al enfrentarlos de aquella forma.
Hinata no paraba de reír y todo lo parecía cargado de mucha gracia. Se habían encontrado con Naruto y Sakura, y más tarde se les habían unido Ino. Estaban muy entretenidos oyendo como Hinata contaba cómo había dejado al consejo sin palabras. Se le veía radiante, feliz, como no la veían hacía mucho. Neji, por alguna razón, no podía quitar los ojos de esa prima suya.
Era tan hermosa, y ni siquiera era consciente de ello.
- Debo ir al baño – dijo Hinata de pronto, había bebido demasiada cerveza, pero ¿qué más daba? Se había emancipado, nadie la iba a regañar por llegar tarde ni por haber bebido.
En forma zigzagueante, sin dejar de reír, se encaminó hacia los baños del bar. Mientras tanto, sus amigos seguían conversando.
- Qué bien se le ve – dijo Sakura, dándole un beso en la mejilla a Naruto, con coquetería. Al parecer pasarían una buena noche. Ino se dedicó a hablarle a Neji, pero en ocasiones, éste parecía un poco opacado por la situación social. De todas formas, eso no le molestaba a la rubia, ya que siempre le había parecido enigmático y atrayente.
Hinata chocó con la espalda de alguien, y sin dejar de sonreír pidió miles de disculpas, y cuando se dio la vuelta se encontró de frente con Sasuke.
"Oh, mierda".
De pronto recordó que tenía una deuda pendiente. Pensó que tal vez él se lo recordaría, pero sólo se limitó a saludarle y continuó casi sin mirarla, porque iba de la mano de una despampanante morena.
Hinata se lo quedó mirando. Él sin decirle una palabra, la había hecho sentir extraña. ¿Incómoda? No, no creía que era incomodidad, pero el hecho de saber que debía ir a su cama en algún momento, logró borrar la sonrisa de su rostro. De pronto se sintió enferma.
Continuará.
