Capítulo III. Una deuda por pagar.
Era una noche muy fría, y Hinata estaba enfundada en un abrigo de color verde terciopelo, y una bufanda color vino oscuro. Habían tenido que pasar tres semanas, algunas misiones, algunos días de negación, antes de que se decidiera a pasar por la puerta de Sasuke.
En algunas ocasiones, se lo había encontrado en la aldea: en alguna esquina sin nombre, en algún otro bar, en algún puesto de verduras, y él jamás le había mencionado la deuda que tenía pendiente y esa era la maldita razón de que estuviese a punto de golpear para llamar a Sasuke. Pero le costaba dar ese pequeño paso, se sentía nerviosa, confusa, pequeña y extraña. Algo le provocaba aquel hombre que la hacía sentir como si tuviese catorce años todavía, cuando todo le ocasionaba miedo e incertidumbre y se preguntaba qué sería de ella a futuro.
Y ahí estaba, a punto de saber qué sería de ella. De pronto una duda surgió en su interior, ¿y si estaba con alguien más? Con Sasuke era más que posible y la mortificación sería mucho peor si lo interrumpía, aunque fuese para cumplir con su palabra. Había soportado estoica, y ni siquiera a Neji le había comentado, a pesar de que en más de una ocasión le había preguntado qué había pedido el Uchiha. "Nada importante" le había respondido ella y para cambiar la conversación, le preguntaba por Ino y Neji, por alguna razón, se mostraba sumamente incómodo, no entendía por qué, encontraba tan bonita a la Yamanaka y hasta dónde sabía, su primo no tenía una relación con nadie.
En las últimas semanas los había visto juntos, no de manera formal, pero era evidente que no era una relación de amigos nada más.
"Basta", estaba divagando sólo para posponer el asunto. Ya no más, cumpliría y luego haría como si nada pasara. Golpeó con fuerza a la puerta, pero con la esperanza de que no estuviera ese hombre.
Pero si estaba, porque unos segundos después apareció él, completamente vestido.
- Hinata - había algo de sorpresa en su voz. ¿Se le habría olvidado tal vez? Quizá ni siquiera recordase lo que había solicitado y esa pequeña esperanza la hizo sonreír, hasta que oyó como Sasuke hacía mención a la deuda, a que no la creía capaz de cumplir y otras cosas.
No lo había olvidado.
Ella entró en silencio, y agradeció poder dejar atrás ese frío de invierno que se estaba volviendo cada vez más cómodo. La casa de Sasuke tenía una temperatura muy agradable, como si no fuese la estación más fría del año.
- ¿Quieres un té?
- Sí, por favor - dijo ella por lo bajo. Todavía estaba de pie en el pasillo, hasta que Sasuke le dijo que podía tomar asiento.
Se sintió extraña, como si fuera otra mujer, o tal vez, que ella no estaba ahí para acostarse con el Uchiha. Es como si le estuviese haciendo una visita de cortesía, porque además él no se había abalanzado sobre ella, como alguna fiera bruta, cómo había pensado en algún momento. No, se estaba comportando como una persona civilizada y eso la ponía en extremo alerta. Quizá en el fondo deseaba que fuese un bruto despiadado para tener una razón obvia para salir corriendo de ahí.
Pero no, parecía ser un hombre común y corriente, que estaba tomando el té frente a ella. Y ella, sin saber qué decir o si debía decir algo al menos. ¿Pero qué sentido tenía si los dos sabían muy bien el porqué estaba ahí? No le interesaba ser cínica ni falsa.
Ya no dejaría pasar más el tiempo, se puso de pie y le preguntó a Sasuke dónde estaba su habitación, y éste con un gesto de la cabeza le dijo que detrás de ella, así que Hinata fue hasta el lugar y comenzó a quitarse la ropa. Quería que todo fuese rápido y poder marcharse lo antes posible.
- Me privaste del placer de desnudarte, Hinata - dijo Sasuke, llegando a la habitación, con algo de lujuria en la voz, porque ella ya estaba prácticamente desnuda. Se dio la vuelta, desafiante.
- ¿Vas a mirarme solamente? - y se tendió en la cama, tratando de esa forma ocultar el nerviosismo que la embargaba. Sabía que luego de esa noche algo cambiaría en ella, pero qué más daba.
Sasuke llegó hasta la cama y sin dejar de mirarla, comenzó a quitarse la ropa. Hinata no apartó la mirada, de todas formas le intrigaba Sasuke, siempre tan enigmático y apático en general, no podía negar que era un hombre hermoso, y su cuerpo, como el de un buen ninja, era perfecto. O eso pensó al menos, hasta que lo sintió sobre ella, y su peso la desconcertó.
La besó, un poco despacio al principio, porque Hinata mostraba algo de reticencia, lo que le causó algo de gracia. No le sucedía hace mucho que una mujer se mostrase poco interesada en tener sexo con él. De hecho, nunca le había sucedido, pero años de experiencia le habían dado armas para afrontar algo así. Poco a poco la Hyuuga fue respondiendo a su urgencia, y comenzó a acariciar su piel, lentamente, con algo de ¿vergüenza? ¿Era posible que aún se sintiese como esa chiquilla asustada como en los exámenes chuunins? No podía ser.
Pero no le importaba, porque al fin ella había llegado a él, y aunque no lo supiese - Sasuke se podía dar cuenta- se encontraba bella, con todo el esplendor de la juventud y la armonía de su cuerpo, mucho dónde debía, poco en otros lugares y tuvo que reconocer que era un cuerpo que podría acariciar por muchas noches.
Hinata, a pesar de todos sus prejuicios anteriores, se dio cuenta de que Sasuke se estaba comportando de una forma amable, dentro de lo que cabía esperar. La besaba con urgencia, pero no desesperado, y la acariciaba con algo de ¿ternura? ¿Acaso el Uchiha podía ser tierno? Ella no sabía, pero de pronto él intentó entrar en ella, y cuando ella gimió de dolor él se detuvo, estupefacto.
- ¿Hinata, tú..? - la voz ronca de deseo, la pregunta que se difuminó en el ambiente cargado de la habitación. Los olores de ambos estaban mezclados, al igual que sus cuerpos, en dónde todo era confusión de brazos, de caricias, de piernas enrolladas en su espalda, sus manos arañando su espalda y él preguntándose qué demonios hacer.
Ella lo miró, con expresión indefinible. ¿Acaso era tan extraño? Él pareció hesitar unos segundos, pero ya era muy tarde, ya el deseo se había colado en todo su ser y sabía que no podía dar marcha atrás, por lo que la penetró finalmente, con cuidado, y se quedó quieto para que ella pudiera asimilarlo.
- No te detengas - susurró ella, y algo en su voz le pareció hipnótico, embriagador, y no pudo más que continuar con sus embestidas, mientras los gemidos de aquella hermosa mujer se escapaban de sus labios entreabiertos, lo que lo hacía enloquecer.
Pasaron las horas, y Sasuke le enseñó a Hinata varias formas de hacer el amor.
Comenzó a vestirse, mientras iba encontrando su ropa desperdigada en el suelo de la habitación del Uchiha. Deseaba irse lo antes posible de su casa, y él sólo la observaba en silencio, debatiéndose en su interior. Terminó de ponerse el abrigo, y por primera vez en la mañana lo miró directo a los ojos.
- La deuda ha quedado saldada, Uchiha-san, ya no tenemos ningún asunto pendiente.
- Hinata, espera - Sasuke se puso de pie, desnudo como había pasado la noche, intentando decirle algo, pero que no sabía muy bien cómo decir. Ella apartó la vista, incómoda.
- No pasa nada - dijo ella, como restándole importancia a lo sucedido. Era lo que él quería, ¿no? Ella estaba agradecida porque arriesgó su vida por su hermana y ya no existían asuntos pendientes entre ellos ni con su clan.
Era evidente que no seguiría hablando del tema, y se despidió en silencio para salir lo antes posible de ahí. No quería que alguien la viese saliendo a esas horas de la casa de Sasuke, nadie más debía saberlo, no le importaba, o eso se decía mientras se alejaba cada vez más de ese lugar. Pero mientras más se alejaba, más sentía ganas de llorar, necesitaba llegar a su departamento lo antes posible, porque deseaba pasar horas bajo la regadera.
Sasuke se quedó observando el lugar en dónde Hinata se había despedido de él. Y se maldijo muy en su interior, porque nunca se le había pasado por la mente que ella llegaría virgen a él. Tenía todo el derecho a pensar lo peor de él y probablemente no volvería a verla, salvo en los encuentros casuales de la aldea.
Nunca le había pasado algo así, pero sentía algo parecido a la culpa.
"Maldita sea, si tan sólo me lo hubiera dicho".
De todas formas, ¿qué habría hecho él si lo hubiese sabido? Porque era inútil que se negase a sí mismo ciertas cosas.
Continuará.
O tal vez no. Últimamente he estado mirando el animé de Naruto Shippuden y hay tantas cosas que no me hacen sentido. Esta pareja siempre me va a gustar, porque la cannon realmente fue como planeada de último momento, a pesar de que una de las partes siempre estuvo obsesionada.
En fin.
Saludos y si llegaste hasta acá, gracias. Tal vez te enoje/moleste/irrite o no pase nada con lo que acabas de leer.
