Capítulo VI. La conjura de los ancianos.

Estaba cansado, muy, muy cansado. Había visto guerras, enfrentamientos, guerras civiles y ya tenía una edad que consideraba excesiva. Aun así, seguía siendo la cabeza del clan, entre las sombras, pero al fin y al cabo era la persona más respetada del clan Hyuuga, a pesar de que fuese Hanabi quien ostentase el liderato.

No les molestaba en absoluto, de hecho consideraron la decisión de Hinata del todo acertada y correcta y se mostraron complacidos cuando ésta renunció a cualquier intento de liderarlos. Era lo correcto, era lo que se esperaba y había cumplido el papel a la perfección, y supieron reconocer la valentía y arrojo de esa primogénita que creían tan incapaz.

Con lo que no contaban, era con que a la par de renunciar a su papel de líder, también lo había hecho al rechazar el sello, el sello centenario que era una parte fundamental de sus tradiciones y aquella mujer había tenido el coraje de decirles en sus caras que no lo aceptaría. Y para mayor horror, Hanabi lo había confirmado y se había atrevido a decir que deberían dejarlo atrás.

"Qué niña más tonta", pensó el anciano. Las bases de la grandeza de su linaje se debían precisamente a las tradiciones. Generación tras generación, habían visto como ciertos ritos se cumplían de manera rigurosa y en eso se asentaban las bases de la institución que eran todos como uno de los clanes más prestigiosos de Konoha.

¿Y por qué lo eran? ¿Por qué eran tan respetados y renombrados? Gracias a las tradiciones que habían observado por tantos, tantos años y ahora unas tontas jóvenes querían acabar con una de sus tradiciones fundamentales y no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Ya podía ser un viejo al que le costara caminar, pero seguía pensando con toda claridad y su poder seguía siendo aún mayor que el de otros miembros.

Mucho mayor que el de Hiashi, por cierto.

Hiashi. Nadie en el clan sabía lo que pensaba el padre de aquellas jóvenes. Como era su costumbre, no dejó traslucir ninguna emoción mientras Hinata renunciaba a todos, ni cuando Hanabi asumió con dignidad su nuevo cargo. Nadie supo qué pasó por su mente en aquellos momentos y era uno de los asuntos que lo preocupaba. No podía desdeñar la autoridad de aquel hombre, del que no sabía si considerar un aliado o no. Tendría que averiguarlo, y con eso se refería a espiarlo.

Porque así se llevaban haciendo las cosas desde generaciones en los Hyuuga.

Una criada ya entrada en años, entró en la habitación del venerable anciano. Le llevaba una taza de té verde, costumbre que no variaba a través de los años. Siempre bebía su taza de té verde cuando caía la tarde y ya se escuchaba el canto de las aves en los jardínes de la casona.

- Misuki, dile a los ancianos que quiero verlos, en el lugar de siempre.

La criada asintió. Era una de las que mejores sabía y conocía a aquel viejo y sabía muy bien a qué se refería. Ya eran décadas de servicio y se había ganado la confianza a pulso de aquella familia, siendo discreta, silenciosa, siempre como una sombra cuando la situación lo ameritaba.

Esta era una de aquellas ocasiones.

Así que rauda, pero muy discreta, se acercó a todos los ancianos requeridos, ella sabía que no eran todos los ancianos del clan, si no que un selecto y pequeño grupo. Todos asintieron, sabían que era un asunto que debían tratar a la brevedad y de forma inflexible.

La tradición debía cumplirse, y eso debían aprenderlo todos.

Inclusive aquellos que le habían dado la espalda al clan y lo habían abandonado sin mirar atrás.

¿Qué se creían aquellas muchachas inconscientes?

Sólo tenían un pero. Un pero que eventualmente podrían manejar, sin embargo era importante, y más que eso, era poderoso y no les convenía entrar en franco enfrentamiento con él. Porque Neji podría pertenecer a la rama secundaria de la familia, pero era un ninja de cuidado y lo respetaban, sin duda.

En realidad, tanto a Hinata, como Hanabi y a Neji los consideraban dignos representantes de los Hyuuga y debían andarse con cuidado.

"Maldición", pensó uno de ellos con algo de amargura, si tan sólo Hiashi mostrase públicamente su postura frente a la insurrección de Hinata, todo sería tan fácil y podría definirse en una sesión del consejo. Pero su silencio era un peligro.

Nunca en todos sus años se había enfrentado a una situación de ese tipo.

No le gustaban los cambios.

Le gustaba seguir las viejas tradiciones, como a todos los otros ancianos. Era lo obvio, por eso eran lo que eran.

Capítulo VII. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?

Sakura la visitó aquella mañana, con la excusa de que tenían cosas que hablar y en realidad, no necesitaba que la pelirosada le inventase algo para pasarse por su departamento. De hecho, había descubierto que le gustaba recibir visitas y podía pasarse horas en conversaciones superfluas, o en acaloradas discusiones sobre filosofía y lo que el otro entendía por sí y por qué otro entendía por no.

Simplemente le gustaba estar con sus amigos.

- Traje estos pasteles que horneé yo misma. Ya sabes, una de las cualidades que he debido cultivar es la cocina, porque Naruto que come - dijo con algo de desazón Sakura. Era increíble, pero Naruto podía tener siempre hambre.

- Muchas gracias, voy a traer el té y podremos hablar cuánto quieras. Estoy desocupada toda la semana, de hecho.

No tenía misiones a la vista, lo cual era bueno, porque significaba que las cosas estaban en paz, pero no le gustaba estar mucho tiempo sin actividad. En el fondo, le gustaba ser una kunoichi y servir a la aldea.

Hinata preparaba un té con especias delicioso. Así al menos le mencionó Sakura unas tres veces. Los pasteles no estaban nada de mal, de hecho Hinata comió varios, mientras trataban temas sin importancia y se reían de cosas banales y tontas.

- Y bueno, entre otras cosas, el otro día Neji y Sasuke se liaron a golpes y terminaron en los calabozos.

La peliazul estaba llevándose un pastel a la boca, pero se detuvo de golpe, porque en efecto, aquella inocente frase de Sakura le había parecido una bofetada en el rostro. No pudo evitar enrojecerse y sentirse muy, muy avergonzada, aunque no sabía muy bien porqué.

En realidad no tenía idea de lo que ella le estaba comentando, nadie le había dicho nada y sabía muy bien cuál podía ser la razón de que su primo se hubiese comportando de aquella forma, aunque ella pensaba que había sido clara y que deseaba que el asunto no trascendiera más allá. De Sasuke se esperaba cualquier cosa en realidad, pero rogaba en su fuero interno que no supiera nadie más la causa.

- ¿E-en s-serio? - no pudo evitar tartamudear, el nerviosismo pudo más que ella y volvió a ser aquella niña de doce años que se le daba fatal hablar.

- Sí, fue Naruto quien tuvo que ir a sacar a Sasuke en mitad de la noche, aunque no le dijo jamás el motivo de su pelea con Neji. Y sabes lo insistente que es Naruto, pero no pudo, aunque le rogó mucho, sólo logró que Sasuke lo amenazara con golpearlo a él también- dijo en tono pensativo, llevándose un dedo al mentón - pensaba que tú lo sabrías, eres muy unida a tu primo. Quizá quién sepa sea Ino, no sé.

Y soltó una sonrisita, que le taladró los oídos a la Hyuuga. Seguía pasmada, y estaba pensando en el porqué, porqué, porqué.

- Es extraño igual, Neji siempre me ha parecido tan compuesto, tan caballero. Y a pesar de lo que digan de nuestro querido Sasuke, tampoco tiene ese ser de querer liarse a golpes con todo el mundo. Ya pegó suficientes en el pasado.

Hinata sólo pudo asentir. Una pequeña incomodidad se iba apoderando de ella, poco a poco. Así que ese era el motivo de la visita de Sakura, simplemente quería saber qué diablos había pasado y ella, por supuesto que no diría una palabra. No le importaba mentirle a su amiga, de hecho era imperativo que no dijera nada al respecto y la creyera completamente ignorante.

Porque si le comentaba algo a Sakura, Naruto lo sabría y luego todo Konoha se enteraría del asunto y era lo que menos deseaba en aquellos momentos. Seguía sintiéndose mortificada, cuando se encontraba en algún lugar con Sasuke no podía evitar recordar lo que habían vivido. ¿Acaso él la recordaría apenas? Con tantas mujeres desfilando por su cama, probablemente no.

Probablemente no.

- Estoy tan intrigada como tú, quizá deberíamos reunirnos con Ino. Por lo que sé, pasa mucho tiempo con Neji y eso me alegra - Hinata pudo decir al menos una verdad. Sabía que algo estaba pasando entre su primo y la bella rubia, y le alegraba que al fin Neji se decidiera a formar vínculos con personas que no fuesen Hyuuga.

- ¡Qué buena idea! ¿Puede ser aquí, no? - los ojos de jade brillaron. Sin duda que le encantaban las reuniones sociales y chismear sobre todo lo que se pudiese. A Hinata le encantaba que fuese así y ni intentase ocultarlo. Hinata asintió, desde que tenía un lugar en el mundo al que podía considerar como propio, no tenía problemas en recibir a la gente que quería. Sakura sonrió y continuó hablando de otras cosas, y aunque la Hyuuga asentía y a veces hasta sonreía, su mente estaba en otro lugar.

Aquella tarde la visitó Neji, como solía hacer frecuentemente. Más que nada le informaba acontecimientos de la familia, resultados de misiones. Pero esta vez Hinata sabía que debía afrontar a su primo, aunque fuese un asunto incómodo, y si lo pensaba bien, era la primera vez que debían afrontar un asunto que evidentemente los pondría en conflicto, lo que no sucedía desde hacía muchos años.

- Sakura estuvo aquí en la mañana y me comentó que te peleaste con Sasuke.

Su primo se quedó en silencio. Era como si lo hubiese encontrado haciendo algo malo, y estuviese a punto de recibir un regaño. Pero Hinata no parecía molesta, parecía más bien triste. Claro, ella le había dicho que no deseaba que el asunto tomara otros ribetes, y él dejándose llevar por la rabia, simplemente había ido tras el Uchiha, sin pensar en cómo se sentiría ella.

- ¿Por qué, Neji? Yo deseo que ese asunto quede atrás y ahora voy a tener que explicarle a Sasuke que yo no pedí que te cobraras venganza. Por eso no quería decir nada.

Neji no había pensado en eso. No había pensado que ahora Hinata se sentiría con el deber de ir con ese bastardo y pedirle ¿disculpas? Qué idiota había sido y todavía no encontraba las palabras para decirle, ¿decirle qué? ¿Qué la amaba y que no soportaba el hecho de que había yacido con ese maldito al que no podía ni nombrar?

- No Hinata, no tienes nada pendiente con ese maldito Uchiha, eso ya quedó claro. Es el honor de la familia el que está en juego y…

- ¿Desde cuándo te importa el honor de los Hyuuga, primo? - preguntó Hinata, algo sorprendida. Neji si era orgulloso, pero estaba orgulloso de lo que él era y lo que había conseguido ser gracias a sus habilidades, no le debía nada a su clan, que lo había relegado a un segundo plano simplemente por las circunstancias de su nacimiento.

Ella estaba triste.

- Pues ahora me importa, y por favor no te acerques a Sasuke, él no debió jamás ponerte una mano encima.

- ¡Era mi deber! Era la vida de Hanabi la que estaba en juego, ¿qué más te daba si me tuve que acostar con él? No es la gran cosa, no era necesario hacerlo más grande.

Neji cerró los ojos. Otra vez Hinata le recordaba que había tenido sexo con otro hombre, con otro que no era él. Se había entregado a otro y ella estaba ahí, diciéndolo como si nada, como si fuese algo normal que él debía asumir sin más. Pero él mismo se lo había buscado.

- Le entregaste tu virginidad, Hinata, y él no es digno…

- ¡¿Cuál es el problema?! - no sabía por qué, pero estaba molesta por el cuestionamiento de su primo. Tal vez sí había perdido el respeto de él después de todo, pero tampoco tenía derecho a cuestionarle nada. Nadie, nunca, ella no se arrepentía de nada.

Ella debía hacer lo que se debía hacer. Ya era una mujer adulta. Una mujer que se hacía cargo de lo que hacía.

- ¡No estoy dispuesta a que me cuestionen! Al final, fui por mi propia decisión, porque qué tiene más importancia: seguir siendo una pura florecita o haber salvado a mi hermana y de paso sacarme el peso de enci...

Neji se levantó del sofá y sin poder contenerse, simplemente la besó con brusquedad, porque no tenía otra forma de justificar lo que había hecho. La besó con intensidad, con deseo, porque era lo que quería hacer desde hacía mucho tiempo, pero no contaba con que Hinata le diese con el Byakugan en el centro del pecho y lo apartase con brusquedad.

Y de pronto, se dio cuenta de que había cometido un terrible error. Hinata lo miraba estupefacta, hasta con asco, aterrorizada ante lo que su primo había hecho. ¿Acaso estaba loco? ¿Acaso creía que simplemente andaría por la vida regalándose ante cualquier persona, incluido los Hyuuga? ¿Acaso él no estaba en una especie de relación con Ino? ¿Acaso se creía que ella no tenía ni el menor sentido de lealtad?

- Vete.

- Hinata, por favor…

- Por favor, vete. No vuelvas, no quiero volver a verte. - y se dio la media vuelta para encerrarse en su habitación. Ya no quería escucharlo ni verlo, era evidente.

¿Qué había hecho?

¿Qué diablos había hecho?

Del otro lado de la puerta, en su habitación, una confusa, atormentada y triste Hinata, se deslizaba por la puerta hasta caer al piso y simplemente largarse a llorar.

¿Cómo no se había dado cuenta de lo que le pasaba a Neji? Y de pronto todo se hizo claro: el apoyo irrestricto, la compañía de siempre, su forma de ser y comportarse con ella, el no querer hablar de su relación con una mujer -algo que haría cualquier persona que está comenzando un vínculo afectivo-, y se sintió profundamente engañada. Y asqueada. Ella nunca lo vio como un hombre, sí notaba lo atractivo que era, pero era parte del cariño profundo que sentía por él, era una especie de orgullo filial que sentía cuando lo observaba, pero no pasaba de eso.

Nunca se le habría ocurrido jamás establecer una relación con alguien a quien veía casi como a un hermano. Era incorrecto, era inmoral, era...

¿Acaso ella había hecho algo mal? ¿Acaso había algo malo en ella?

Pasó horas llorando aquella noche.

Continuará [este lío]…