Capítulo VIII. Bares, cerveza, y una extraña resaca.
Había estado todo el día sintiéndose incómoda, extraña. No había recibido visitas, ni tampoco se sentía con el ánimo de ver a nadie. Ya habían pasado algunos días desde lo de Neji y para su alivio, su primo no había intentado hablar con ella nuevamente y ella no se creía capaz de dirigirle la palabra otra vez, aunque lo extrañase un montón.
Se sentía muy sola, no tenía con quién compartir lo que estaba viviendo: sus amigas no podían saberlo, porque era algo demasiado íntimo para compartir: el sexo con Sasuke, la declaración de su primo, no era algo de lo que se sintiese impulsada a hablar. Ni siquiera podía acudir a Hanabi, porque sabía que reaccionaría mal por lo de Neji, tal vez pensaría como ella, que se habría aprovechado de aquel lazo familiar para acercarse a ella. Conocía a su hermana y no le hacía falta decir nada para saber cómo pensaba.
Y su padre.
Pues no sabía muy bien en qué términos se encontraba con él, desde que había salido formalmente de la familia. ¿Estaría conforme, estaría molesto? Porque no le había consultado a nadie sobre su proceder. A Neji se lo había comentado, pero cuando ya lo tenía completamente decidido y sólo se lo había hecho saber. A Hanabi tampoco le había confesado nada, pero suponía que ella se esperaba algo así, como todos los demás en el clan. Aun así, el silencio de su padre la inquietaba, estaba de acuerdo que su amor no fuera como el que profesaba por su hermana, pero era como si se hubiera olvidado de su existencia, ni siquiera la había visitado en su nuevo hogar y si bien, era uno de los escenarios que había imaginado, no podía evitar entristecerse el comprobar cuán poco la estimaba Hiashi.
Hasta ese momento, no se había percatado de lo sola que se sentía. Y aquella noche no deseaba estar en casa, auto compadeciéndose, sintiendo pena por sí misma, porque tampoco era una tragedia. Estaba viva, vivía bien, tenía amigos -aunque no pudiese contar con ellos en aquella pasada- y era una maldita Kunoichi de la Aldea de Konoha.
"Qué diablos", pensó mientras se ponía una chaqueta azul oscura, se calzaba sus botas de cuero negras -las amo, pensó mientras las compraba hacía algunos años-, una bufanda color mostaza y salía de su departamento. Esa noche iba a beber, sola, algo que no había hecho antes, pero la situación, según ella, lo ameritaba completamente.
"Estoy sola, y así lo decidí", pensó mientras entraba en un local que se veía tranquilo. Sus luces tenues le aseguraban que probablemente no la verían y podría lograr su cometido de beber y olvidarse un poco de su soledad.
- Una cerveza, por favor. Y unas papitas - le sonrió de forma encantadora al mozo, cuando le preguntó qué iba a ordenar.
De pronto se sintió como una persona adulta. Cuando era adolescente, cuando aún estaba encaprichada por Naruto, solía salir mucho con Kiba y Shino de noche, pero simplemente a recorrer la aldea o salir a los alrededores. Visitaban mucho un lago muy agradable, no era profundo, sus aguas eran prístinas y habían varios árboles a su alrededor, por lo que solían pasar tardes enteras riéndose de nada, a veces bañándose o a veces simplemente observando las nubes. Extrañaba esos tiempos, pero ahora cada uno tenía obligaciones y no tenía tiempo para perderlo junto a ellos.
Era adulta, pero se sintió sola, verdaderamente sola.
- Aquí tiene su pedido, señorita - dijo el mozo, sacándola de sus pensamientos. Le sonrió con galantería y se retiró porque tenía otras mesas que atender.
Hinata observó la cerveza.
"Al diablo" se dijo mientras comenzó a beber. Y continuó bebiendo por algunas horas, porque al final, ¿qué importaba? Nadie la estaba viendo, nadie le ponía atención y era una persona adulta que podía hacer cuánto quisiera. Ella, Hinata Hyuuga, la que había renunciado para satisfacción de todos, un clan respetado y reputado -se rió, con una risita tonta por aquella palabra - era una mujer adulta y estaba bebiendo y ni siquiera se dio cuenta de lo borracha que estaba, cuando apareció de pronto junto a aquel lago que tan buenos recuerdos le traía.
"¿Cómo llegué hasta acá?" y se sentó apoyándose en el tronco de uno de los árboles, que parecía cobijarla del frío de la noche.
- No sé qué estoy haciendo con mi vida - susurró abrazándose, ya estaba sintiendo el frío de la noche calándose en sus huesos.
- No sé qué haces en un lugar así, de partida - escuchó una voz muy cerca de ella. Y sabía muy bien de quién era. Buscó de forma torpe de dónde provenía la voz de Sasuke y se preguntó qué estaba haciendo él ahí.
- ¿Sasuke-san? - aunque sabía que era él, su mente no funcionaba de forma adecuada, estaba más lenta y torpe de lo usual, y sabía que ni debería estar hablando con él, pero se lo había encontrado casualmente.
¿Casualmente?
- Sí, yo, Sasuke - dijo con voz inexpresiva, sentándose junto a ella. La Hinata sobria se habría levantado y salido corriendo, pero ni eso se sentía capaz de hacer. Entonces se quedó en silencio, porque no tenía nada que decirle o tal vez, si abría la boca diría algo de lo que se arrepentiría después. Así que dirigió su vista al lago, porque ingenuamente creía que así podría eliminar los nervios que comenzaba a sentir. Por más ebria que estuviese, no olvidaba lo que había pasado entre ellos.
- No tuve oportunidad de decírtelo, Hinata, pero si lo hubiese sabido, jamás te hubiese pedido algo así. Lo siento - Sasuke parecía honesto, aunque no la estaba mirando directamente a ella, pero sí, se estaba disculpando por lo que había sucedido. Después de todo, era un ser humano como todos, ¿no?
- Y yo siento lo que pasó con Neji, de partida… de partida yo no tenía pensado decírselo y jamás hubiera permitido… eso que pasó entre ustedes - se le trababa la lengua, y le daban ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Era evidente que no llevaba muy bien el beber y ya dudaba si era realmente una mujer adulta y madura.
- Me lo merecía - y Sasuke se encogió de hombros. Tenía los brazos rodeando sus piernas y Hinata finalmente se giró a mirarlo. Qué guapo le parecía, entendía muy bien porque causaba aquel nivel de revuelo en la aldea, y entendía por qué era el soltero más codiciado de Konoha y ahí estaba, disculpándose por lo sucedido. Algo de decencia le quedaba.- Tu primo se preocupa por tí, y es obvio.
Se sintió incómoda por la mención de Neji, porque no podía ya disociar su imagen de aquella tarde en que se confesó ante ella. Aunque algo en la entonación de Sasuke era lo que le incomodaba más. ¿Acaso se había dado cuenta de que su primo la veía como algo más? Quizá qué había sucedido realmente esa noche en que se liaron a golpes, como unos bárbaros cualquiera. Sasuke sin dudas era inteligente y sagaz, y no se necesitaba sumar mucho para darse cuenta.
- No… no… no quiero hablar de eso, ¿podemos… hacer… como si no pasó?
Sasuke se giró hacia ella y la observó con una expresión extraña, y no sabía si no podía definirlo por lo ebria que estaba o porque simplemente era una persona difícil de definir de por sí. Tampoco lo conocía tanto, y pensar en eso le causó gracia y ebria como estaba, se puso a reír.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Yo… yo… sólo pensaba que no te conozco… pero, pe… pero, estuviste dentro… de mí - y soltó una risa tonta, absurda, definitivamente ya no estaba pensando con claridad y se arrepintió en el acto de haberlo dicho. Sasuke iba a pensar que era una real idiota, una joven que ni siquiera podía beber y no hacer el ridículo.
A pesar de todo, Sasuke sonrió y Hinata pensó que nunca lo había visto sonreír antes y se veía mucho más atractivo. Mucho más. Debería sonreír más a menudo, pero esta vez no lo diría en voz alta.
Comenzó a sentirse realmente mal, y muy, muy cansada. Trató de ponerse en pie, pero le fallaron las rodillas y volvió a su sitio y cerró los ojos.
Abrió los ojos con dificultad. Nunca antes en su vida había experimentado un dolor de cabeza así. Ojalá se la pudiese arrancar y lanzarla contra la pared, pero ciertamente un dolor así era casi desconocido para ella. Había recibido cientos de heridas de puño, rasgaduras de kunais, entre otras cosas, pero el dolor de una resaca era algo poco conocido para ella y por supuesto que lo detestaba.
De pronto se percató que estaba en su cama. ¿Cómo había llegado hasta ahí? Sintió un bufido junto a ella, y con terror, descubrió que estaba Sasuke acostado a su lado. De manera instintiva se miró el cuerpo y estaba vestida, tal como estaba la noche anterior, y para salir de dudas lo miró a él y también estaba vestido.
- Buenos días - dijo él, con una sonrisa extraña. Al parecer había visto la reacción de Hinata y le causaba gracia.
- Buenos días. ¿Me podrías poner al tanto?
- Estabas muy ebria anoche, te expusiste yendo hacia las afueras de la aldea y te dormiste. No quería cargar en la consciencia con tu muerte, porque si no has notado, es invierno y hace un frío de los mil infiernos.
Un infierno de hielo, eso sí que era gracioso. Así que debía agradecerle a Sasuke el que la hubiese salvado de una hipotética muerte. ¿Le pediría algo en especial en aquella oportunidad?
- Y no, no te hice nada.
- Pero estás aquí. ¿Cómo sabías dónde vivo?
Sasuke asintió, era lo obvio, así que le explicó que se había preocupado de verla así de mal, por lo que se acostó y terminó por quedarse dormido. Nada más, evadió por completo el hecho de que sabía dónde estaba viviendo -quizá Naruto o Sakura lo habrían comentado en algún momento-, le dijo que no tuviese miedo, porque prefería que la mujer estuviese consciente y despierta. Dicho eso, se puso de pie y la miró desde su altura.
- Y ahora que estás bien, me puedo ir.
- Sasuke-san, gracias. - dijo con honestidad Hinata, en el fondo tenía razón, si se hubiese quedado durmiendo podría haberle sucedido algo. Y de milagro, había aparecido él para salvarle la vida. - y gracias al destino que te puso ahí.
Sí, porque a lo mejor estaba muy ebria la noche anterior, pero ya podía pensar un poco mejor y algo no calzaba en toda esa historia. ¿Solía Sasuke vagabundear por esos lugares o había algo más? No es que creyese que el Uchiha la estuviese siguiendo, pero no creía en las coincidencias.
- De acuerdo, te ví en el bar y vi que estabas bebiendo más de lo que debías.
- Vaya, es como escuchar a mi padre.
Sasuke puso los ojos en blanco. Listo, él había intentado disculparse, había evitado que se hiciera daño, pero evidentemente Hinata tenía algo en contra de él y lo aceptaba, había sido un maldito hijo de puta con ella y parecía que nunca dejaría de verlo de aquella manera.
- En fin, ya me voy. A todo esto - dijo antes de darse la vuelta - ¿sabías que hay un montón de Hyuugas que te están observando?
No, no se había dado cuenta y no pudo evitar mostrarse más que sorprendida. Así que no se había librado del clan tan fácilmente como ella creía, una pequeña alarma de peligro se activó en su cerebro. No le sorprendía el hecho de saber que los Hyuuga espiaban, pues siempre lo hacían, pero saber que ella era el objetivo era un poco abrumador.
- No sabías.
Hinata negó con la cabeza y se puso de pie.
- Desayuna conmigo, es lo menos que puedo hacer por haberme ayudado anoche. Y así te puedo contar porqué hay tantos Hyuuga tras mis pasos.
Sasuke no era ningún chismoso, nadie podría decir eso de él, pero le intrigaba de todas maneras lo que sucedía en el interior de ese clan. Así que aceptó el ofrecimiento de Hinata y muy pronto se vio ante una taza de té especiado y galletas -por alguna razón, Hinata siempre compraba galletas en cantidades ridículas, pues siempre pensaba en las "visitas" y esta vez había valido la pena.
- Entonces en resumen, les dije que no los iba a liderar, que me iba de casa y que no aceptaba su sello.
Sasuke lanzó un suspiro de admiración. De cierta forma no podía quitarse de la mente a esa niña de doce años que conoció en los exámenes chuunin, y le costaba asociarla a la bella y atrevida mujer que tenía enfrente. Probablemente nadie del pueblo se imaginaba que ella sería capaz de dar semejante paso.
Así que por eso la espiaban.
- Y tú no te acostaste con la heredera de un "linajudo clan" - dijo para finalizar Hinata. Últimamente se le daba por decir cosas y luego reflexionarlas, pero debía hacerle saber que no se había salido completamente con la suya.
Él alzó una ceja, pero no dijo nada. Ella misma le había pedido que hicieran como "si nada pasó", pero era difícil cuando la observaba y se daba cuenta de que le atraía mucho aquella mujer. No sabía si era porque era silenciosa, discreta y porque no demostraba sentir algo por él. Era nuevo, era algo diferente, estaba acostumbrado a que las mujeres lo desearan y se lo hicieran saber, por eso no le era difícil llevar mujeres a su cama, no tenía que esforzarse ni pedirlo, simplemente sucedía.
Pero ninguna como ella. Definitivamente, Hinata Hyuuga era diferente y eso lo intrigaba. Y ahora que la conocía un poco más, notaba lo inteligente que era y cada vez le gustaba más. Estaba cansado de las tontitas de siempre, de las que no tenían mucho tema de conversación y de las que no tenían opinión sobre nada.
Qué aburrido resultaba todo al final, se había vuelto mecánico. Pero aquella noche vivida con Hinata no la podía olvidar. Y lo peor, deseaba volver a repetirlo, pero no se atrevía a decirlo, porque probablemente ella se negaría de plano.
La miró, ella seguía hablando de algo, algo sobre misiones y de pronto pensó lo agradable que sería despertarse con ella siempre y desayunar y poder hablar de temas interesantes.
- ¿Y crees que de verdad el clan aceptó tu negativa al sello?
Ella pareció dudarlo, pero negó con la cabeza. Lo había pensado con seriedad, y sabía que habría alguna facción que no estaría contenta de que no estuviesen respetando las tradiciones.
- No, pero es un riesgo que estoy dispuesta a asumir.
Continuará.
