Capítulo IX. La conjura de los ancianos continúa.

- Venerable anciano, hemos notado que Neji y Hinata han cortado el contacto y hace semanas que no se hablan ni él la visita. De ser así, se nos facilita enormemente dar cumplimiento a la tradición.

El viejo asintió, sin duda era una gran noticia, aunque desconociera el motivo que había separado a aquellos primos, debía ser un motivo importante. Pero tanto le daba a él, lo que le importaba es que eso volvía vulnerable a Hinata y era lo que necesitaban poder proceder.

Le dijo a su informante que podía retirarse, no sin antes agradecerle el buen trabajo que estaba realizando su equipo. También le habían comentado que la habían visto en más de una ocasión con Sasuke Uchiha, pero que no parecía ser algo serio. Probablemente fuesen amigos, pero no más que eso, por lo tanto el Uchiha no les suponía ningún problema.

Debían actuar cuánto antes, pero siempre desde las sombras. Llamó a su criada y como la vez anterior, le ordenó que avisase a los ancianos, porque tenía información importante que entregarles. Y como siempre, ella cumplió de forma diligente y discreta.

"Hiashi", pensó el anciano. Hiashi seguía siendo un problema, porque de manera inaudita, aún no se había declarado con respecto a esa hija suya que sólo había traído repercusiones al clan.

"¿Qué estarás pensando, Hiashi?".

No podía preguntarlo de forma directa, porque podría ponerlo en alerta. Sólo si apoyaba la decisión de su hija, pero si no, podría ser la ayuda final que requerían. Tener a Hiashi de su parte sería más que suficiente, una muestra clara de autoridad. Pero de todas formas, ya había trazado un plan. Poner el sello era rápido, infalible. Sólo debían encontrar a Hinata sola, rodearla, lograr que se arrodillara y podrían sellarla.

Así de sencillo. Así de rápido.

Y ahora que no contaba con el apoyo de Neji, mejor todavía. No sería una gran lucha, ¿qué podría hacer la menuda Hinata contra el poder del clan? Así desde las sombras, silenciosos, discretos, darían una clara señal: las tradiciones existían para mantener viva la institución.

Pronto los demás ancianos se reunieron y se alegraron de saber que Hinata se había puesto ella misma en aquella situación: abandonando el hogar familiar, se encontraba sola y a la deriva y por algún motivo - no les interesaba cuál, en realidad - había dejado de contar con el apoyo de su primo.

Bastaba que la encontrasen desprevenida y podrían actuar. ¿Luego qué represalias podrían tomar contra ellos? Se sentían desde ya impunes, ni siquiera se paraban a pensar que la lealtad y obediencia al líder del clan también era una parte de las tradiciones que debían observar, de hecho el principal deber era seguir su liderazgo, porque sólo así se mantenía el orden, respeto y la unión, pero convenientemente, eso no lo consideraban tan importante.

Y tan exultantes se sentían, que no notaban como una sombra sigilosa, tomaba nota de cada una de sus palabras.


Hinata fue de compras, y como iba muy cargada con unas bolsas de papel que poco la dejaban mirar, dobló por la esquina y se encontró de frente con Neji de la mano de Ino. Por un momento su mente se quedó en blanco y se quedó parada frente a ellos sin poder decir palabras. Lo pensó y por lejos, era el momento más incómodo de su vida y por más madura que se sintiese, estaba ocultando sus ganas de dar la media vuelta y salir corriendo.

- ¡Hola Hinata! - saludó Ino, alegremente, acercándose a ella y besándola en la mejilla. Se la veía radiante, como si estuviese viviendo en un sueño lleno de nubes. Los ojos le brillaban y no podía parar de sonreír.

Hinata devolvió el saludo, en voz baja, pero con cortesía, tratando de sonreír y parecer normal, pero le costaba fingir lo que no sentía: sus sentimientos eran incomodidad y opresión en el pecho que no podía evitar sentir. Neji la estaba mirando, y la saludó. Ella devolvió el saludo por educación y porque no quería armar una escena en plena calle, poniendo a ambos en evidencia. Imaginaba que no le había comentado nada a la rubia.

- Tienes que venir a visitarnos un día -dijo una despreocupada Ino, tomando un brazo de Neji y acercándose mucho a él. - Nos encantaría recibirte en nuestro hogar.

¿Encantaría? ¿Recibirte? ¿Nuestro? ¿Así todo en plural? ¿Así que luego de haberse declarado, había corrido a los brazos de Ino? No pudo evitar sentirse confusa, y por algún motivo, traicionada. Así que ahora vivía con ella, había pasado de no relacionarse con prácticamente nadie a vivir ahora con una mujer. Y no una cualquiera, sino que una de las más bellas de todo maldita Konoha.

- Por supuesto - respondió Hinata, con una media sonrisa, evitando mirar a Neji, pero podía sentir la mirada de éste, fija en ella. Era evidente que estaba mintiendo, ni por asomo iría a visitarlos, pero no quería parecer sospechosa. ¿Y si tan sólo su primo estuvo jugando a algo retorcido? Si así era, podía decir que estaba frente a un perfecto desconocido y pensar en eso le hizo creer que iba a perder la cordura. - Bueno, me alegra verlos tan bien, pero debo dejarlos, ya saben, tengo que llevar esto a casa - dijo levantando las bolsas y dedicando una sonrisa al viento.

Sin darse cuenta, apuró sus pasos y llegó casi corriendo a su departamento. Sólo atinó a dejar las bolsas en el suelo y sin saber por qué, comenzó a llorar. No entendía el motivo de su congoja, porque en teoría debería estar feliz de saber que Neji en realidad estaba con otra persona y tal vez había sido una mera confesión, pero en el fondo sabía que le había dolido verlo de la mano con Ino.

¿Qué le pasaba? ¿Su pequeño orgullo estaba herido?

Qué tonta era.

Sí, era muy tonta, y se sintió más sola todavía y no se le ocurrió mejor idea que salir esa tarde fría rumbo a un lugar que no pensó que volvería a visitar.


Continuará. Y sé que lo que continué no les gustará.

PD: estuve de vacaciones, por eso me había demorado en actualizar. No quería ver un monitor en aquellos maravillosos días. Saludos!