Capítulo XI. Al filo del peligro.

Luego de dos días, Hinata volvió a su departamento al fin.

Se sentía una mujer muy extraña, como si estuviese viviendo cientos de despertares al mismo tiempo, pero en el fondo, seguía siendo esa mujer silenciosa, algo tímida y más dada a la introspección.

Pero sin duda algo había cambiado.

Aun así, había pasado dos agradables días junto a un hombre que no sabía bien si podía considerar un amigo, un amante o un simple compañero shinobi. En realidad, no quería verlo como algo más cercano, porque luego de haber estado enamorada tantos años de una persona que ahora era feliz con otra, le había afectado aunque se lo quisiera negar mil veces. Lo mejor sería simplemente tomar las cosas de manera más sencilla y no pensar mucho en Sasuke.

Aunque era difícil.

Al abrir la puerta, se puso en alerta enseguida. Sabía que algo no andaba bien, aunque a primera vista todo parecía normal en su departamento, definitivamente habían pequeñas variaciones, sutiles cambios: alguien o algunas personas le habían visitado mientras ella pasaba el rato con el Uchiha y no tuvo la menor duda de que los Hyuuga eran los que estaban tras sus pasos. Ella les había permitido espiarla, haciendo como si nada pasara y tratando de vivir su vida de forma normal, pero seguía atenta. Sasuke -otra vez él- la había puesto en alerta y desde esa noche que vivía en estado de alarma y aquella visita era la prueba suficiente: estaban tras ella y sabía muy bien porqué.

El sello.

Lo que no tenía claro, era el motivo de la visita: ¿habrían ido de casualidad aprovechando que ella no estaba, o pensaron que la encontrarían para asestar el golpe final y sellarla?. El procedimiento era rápido, un mero trámite, pero ella quedaría a la deriva de cualquier decisión que se tomase a futuro, por la líder del clan, su hermana. ¿Sabría ella lo que estaba sucediendo? O peor, ¿estaría ella detrás de todo aquello? Pensar en eso le provocó un dolor sordo, pero luego se dijo con decisión que no, que confiaba en ella, que creía en ella, y que seguramente eran los ancianos fanáticos de las tradiciones los que la estaban buscando.

Y su padre. ¿Estaría de parte de aquel plan? De él, no podía dar nada por hecho o por sentado. Seguía sin saber qué pasaba por su mente. Pero qué más daba, tenía que actuar lo antes posible, es decir, tendría que buscar algo de ropa y salir de su departamento. ¿Pero a dónde iría? ¿Con Sasuke? Esa idea la descartaba de plano, no deseaba mezclarlo con su vida más íntima, sólo lo quería para ciertos asuntos, y este no era uno de ellos. Ir con Hanabi podría resultar hasta peligroso, porque sería ir directo a la boca del lobo, así que también estaba descartada acudir a ella.

Sólo le quedaba una alternativa, aunque sabía que podría recibir un gran no por respuesta, al menos debía decirle la única idea que se le ocurría.

Habría una guerra, sin duda, pero ella daría la pelea hasta el final. Seguramente aún la veían como la niña débil que temía a todo, pero eso había quedado atrás hacía mucho tiempo: cuando ya no tienes nada que perder, es cuando más puedes arriesgarte y enfrentarte a los problemas, es cuando más puedes demostrar de qué estás hecho. Ella siempre supo que no todos estarían de acuerdo en dejarla marchar así sin más, y ya era un asunto que no se podía dilatar más en el tiempo.

Si no iban ellos a buscarla, iría ella a por los Hyuuga.

Y para ello, se había preparado por mucho, mucho tiempo. Aun así, debía buscar a Neji para ponerlo al tanto. Seguía siendo su primo, seguía siendo una de las personas que más quería.

- No sabía que cocinaras tan bien. -dijo con sincera admiración Hinata. Sasuke puso los ojos en blanco, algo que solía hacer mucho ante sus comentarios.

- Vivo solo hace años, era eso o morir de hambre.

Pero la observaba con una sonrisa que ella no vio. Hacía años que no pasaba unos días así, como si tuviera un vínculo más profundo con alguien, y era algo que no le desagradaba en lo absoluto. De hecho, sentía que se podía acostumbrar a vivir con alguien como ella: hablar de todo, reír, tratar temas densos, comer y hacer el amor.

Ella le estaba diciendo algo, y lo sacó de sus pensamientos. Lo estaba invitando a comer o ella no lo haría. Qué educada qué era siempre, pensó y se puso a comer junto a ella.

Hinata cogió su abrigo negro y salió a las calles de la aldea. Sin pensarlo mucho más, se dirigió a la casa de Ino y golpeó la puerta, casi con timidez, con el corazón latiéndole muy rápido. Fue la rubia quien apareció con esa sonrisa encantadora de siempre.

- ¡Hinata! Por favor pasa, no te esperaba.

- Siento haber venido sin avisar, pero necesito tratar algo con Neji. - no era común en ella, pero la urgencia del asunto le impedía ser tan cortés como era siempre.

Ino le dijo que tomara asiento en un mullido sofá.

- ¿No sabías? Ayer se fue de misión, me dijo que se iría a despedir de tí.

Hinata se miró los pies. Ayer seguía en lo de Sasuke, así que seguramente los Hyuuga vieron que ella no abrió la puerta, ¿acaso no pensaron que ella no estaría? Evidentemente tendrían que haber notado que se había alejado algo de Neji, y al no haberlo recibido, habrían confirmado algo que no era. No se hubiera negado nunca a abrirle la puerta a su primo y eso tuvo que haber ocasionado la acción de los Hyuuga.

Así que los malditos se habían decidido al saber que su primo no estaría para ella.

- Ayer no estuve en mi departamento - comentó Hinata, sin deseos de entrar en detalle. - ¿Sabes cuándo podría volver?

- Creo que en unas dos semanas, es una misión de acompañamiento y la travesía es larga.

"Demonios", era demasiado tiempo, los Hyuuga ya estaban tras sus pasos y ella no quería tampoco perder más tiempo. Lo habían calculado muy bien, y no le extrañaba en lo absoluto. Aquellas personas que actuaban en las sombras no dejaban detalles al azar.

- Gracias Ino, lamento lo breve de mi visita, pero debo irme.

- Hinata, sólo quiero pedirte un favor.

La peliazul la miró con interés. ¿Qué podría querer de ella?

- Neji me contó todo lo que pasó con ustedes, fue muy honesto y eso sólo hizo que lo admirase mucho más, y yo lo acepté. - pareció pensar bien en las palabras que le diría a su amiga-. Me gusta, me gusta mucho y creo que hay pocos hombres que se le puedan igualar. Por favor, no te entrometas entre nosotros.

El tono de Ino no era amenazante en lo absoluto ni parecía rogarle nada, sólo estaba siendo la mujer directa de siempre. Sabía que Hinata tenía una historia con su primo, y que siempre estaría en el primer lugar de prioridad, pero ella amaba a aquel Hyuuga y deseaba ser clara con la que aún consideraba su amiga.

- Es lo que menos deseo - respondió Hinata, con honestidad - es mi primo y así lo veré siempre. Pero necesito tratar un tema familiar con él, sólo por eso vine a buscarlo. Por favor no pienses que quiero entrometerme en su relación, porque me hace feliz verlos juntos.

Ino asintió y volvió a dedicarle una de sus hermosas sonrisas. Recordó las palabras de Sasuke, que la Yamanaka era una de las mujeres más hermosas de Konoha y evidentemente era cierto. Hinata deseaba que de verdad le creyese, pero entendía que en asuntos así, era complejo siempre ser parte de una especie de trío que ella no estaba buscando.

Al despedirse, le pidió a Ino que por favor le dijera que a Neji que lo buscó. Él sabría el motivo.

Volvió a las calles de su aldea, habían asuntos más urgentes que debía tratar y no tenía tiempo para demostrar que no deseaba interrumpir nada.

- Tienes que cuidarte. Sé lo que es tener que estar atento a cada paso, a cada movimiento, sin saber si en alguna esquina o incluso en tu propia habitación podrías ser emboscado.

Ya era de noche, muy entrada la noche. Estaban desnudos y se habían tomado una pausa. Por alguna razón, Sasuke se había acordado de que estaba bajo vigilancia y que debía tomar precauciones.

Ella por supuesto que había estado en alerta máxima. ¿Pero por qué de pronto sacaba ese tema? ¿Por qué le importaría, después de todo? Por como hablaba de su clan, parecía tenerles una especie de manía. Por respuesta sólo le dijo que ella lo sabía muy bien, aunque pensaba si realmente era así.

Finalmente, y sin decir nada, Hinata desapareció de la aldea.


Capítulo XII. Los sentimientos de un padre.

Podía sentir el interés de los ancianos del clan, porque ya tenía la suficiente experiencia en aquellos menesteres. Sabía que estaban inquietos, que algo tramaban, pero él se había mantenido distante, aún con Hanabi, quién de forma sutil había querido saber qué pensaba sobre la resolución de Hinata.

Él no respondió.

Tampoco le respondió a los ancianos del clan.

El silencio era toda la respuesta que podía entregar.

Tampoco le respondió a Neji, quién fue a presentarle sus respetos y a decirle que se iba de las propiedades Hyuuga, lo cual no le había extrañado en absoluto. Conocía muy bien a ese sobrino, casi un hijo suyo, lo podía leer con claridad, ahora que Hinata no estaba entre ellos para él no tenía ningún sentido seguir viviendo con los demás Hyuuga. Él siempre se vería arrastrado a su prima, de alguna forma u otra y si bien le sorprendía que hubiese aflorado un sentimiento así, no le parecía en extremo extraño. Habían crecido juntos, había visto "florecer" a Hinata y hasta su padre notaba en la hermosa y decidida mujer en que se había convertido. Era igual a su madre, desde su presencia hasta su forma de ser.

No lo veía, pero puedo observar que Neji de forma silenciosa se había apostado a un costado en el pasillo y miraba atentamente los entrenamientos de Hinata. Algo en su expresión demostraba que estaba conmocionado, como si la estuviera viendo por primera vez. Había admiración, y algo más en aquellos ojos, que el propio joven Hyuuga no acertaba a describir. Así, había descubierto que Hinata era más que su prima. Y se preguntó qué consecuencias le traería al clan ese nuevo sentimiento que ya se habría arraigado en Neji.

Y le dolía la barrera que él mismo había impuesto entre ellos. Pero debía ser así, debía mostrarse de esa manera, frío y distante, hasta con Hanabi lo era, aún a pesar de las reticencias de su primogénita, él era de aquella forma. Sólo era que la personalidad de la ahora líder de clan se parecía más a la suya y por eso generalmente se asumía que la prefería a ella, lo cual era falso.

Él amaba a sus dos hijas.

Su madre gritó de alegría cuando vio los primeros pasos de una pequeña Hinata. Llamó a Hiashi, quien corrió directo a ella, pensando que algo habría sucedido. La encontró sonriendo encantada, mientras Hinata seguía dando pequeños y vacilantes pasos.

- Su primera caminata -dijo su esposa con aquella dulce voz.

Y él, sin decir palabra, sintió algo inexplicable.

También amaba y respetaba y seguía a pie juntillas las tradiciones del clan. En cierta medida, pensaba como los venerables ancianos, debían seguirse las tradiciones o se corría el riesgo de que el clan como lo conocían desde generaciones se viera debilitado. Por lo que la resolución de Hinata los había puesto en riesgo a todos, a ella, a él, a su hermana, a todos al final, porque todo el clan tenía claro lo que debía y necesitaba hacerse.

Sí, aquella hija suya lo había sorprendido también. Incluso se sintió de cierta forma herido, porque ella ni siquiera se había acercado a preguntarle su parecer. Simplemente lo decidió, y no era de extrañar, ciertas facciones le eran abiertamente hostiles, pero Hiashi creía que podría haber seguido liderándolos y demostrar que estaba a la altura, pero comprendió que a su hija no le importaba y que creía que Hanabi era la mejor alternativa. No, Hinata no tenía esa clase de ambiciones, ella tan sólo quería liberarse de la pesada responsabilidad y continuar con su camino, libre y labrado por ella misma. Eso lo había enorgullecido, sobre todo en aquel momento en que, vestida de negro, reluciendo en su extraña belleza, les había dicho en la cara a todos que se iba y no volvería. Él no dejó traslucir ninguna emoción, porque era lo que se requería de él.

Él conocía muy bien esa gran carga.

Hinata casi desfalleció. Había estado practicando todo el día, en un sector casi oculto de la gran casona. Los vendajes de sus manos estaban sucios, de tierra y sangre, pero ella parecía no querer detenerse. Ya tenía quince años, era ya era una chuunin de clase, pero eso no significaba de ninguna manera que dejaría de entrenar y entrenar, estudiar y entrenar, así se la pasaba y él desde las sombras observaba a esa hija.

¿Cómo era posible que el resto del clan no lo viese? Pero él la miraba siempre, Hinata no necesitaba demostrar nada a nadie, pero ahí seguía, entrenando hasta la extenuación.

Sabía en parte que se debía a que había sufrido una decepción, un traspié, pero era fuerte en su interior. No era consciente, pero se estaba convirtiendo en una jovencita muy hermosa. Él había conocido a su esposa a aquella edad y Hinata era su viva imagen. A veces, le resultaba doloroso mirarla y ver lo que había perdido.

Ahora, se sentía atacado por varios frentes, pero no era el momento de dar una declaración pública. Por la sencilla razón de que aún estaba procesando y observando el actuar de su hija y el resto del clan. Sabían que la espiaban, él también tenía gente tras sus pasos, y había podido notar que su hija estaba en alerta. Eso le había hecho sentir orgullo, su hija era una kunoichi en toda regla.

Pero sabía que debía dar una respuesta a los tantos frentes que lo requerían, tanto por el bien del clan, como por la suerte de Hinata. Y esta vez, no debía pensar como padre, si no como otrora líder de los Hyuuga, el respetado clan, el que siempre observaba las tradiciones, el que servía a Konoha con orgullo.

Y debía dar a conocer su parecer lo antes posible.

Muchas personas sufrirían por su decisión. Y eso, aunque no lo verbalizase, era algo que lo hería en lo más profundo.

Pero ya no dejaría pasar más tiempo.

Vestida de negro, lo que resaltaba sus preciosos rasgos, se había parado, casi desafiante, frente a todos aquellos seres que no la entendían y había decidido que los dejaba atrás.

"Si tan sólo pudieras, hija".


Continuará!

Hola. He estado liada. Había trabajado desde la casa por dos años prácticamente y hace poco tuve que volver de forma parcial al trabajo y mi rutina se ha ido al carajo.

Saludos!