Capítulo XIII. Recordando una batalla.

Sasuke fue quién ordenó que se ocultasen tras los árboles que rodeaban la gran mansión en dónde estaba recluida Hanabi, luego de que su hermana echase un vistazo con su poderoso Byakugan y lograse dar con su ubicación exacta. Hinata asintió, porque sabía que en una misión así, debía acatar las órdenes, cuales fuesen, y sin peros. Debía confiar en la experiencia del Uchiha, tanto en la aldea, como en la lucha que solían mostrar aquellos aldeanos.

Los guardias tenían un aspecto temible. Altos, macizos y armados hasta los dientes. Si así era sólo en el exterior, ¿qué les esperaba una vez que estuviesen en el interior? Hinata observó a Sasuke, quién no dejaba traslucir ni el menor atisbo de miedo. No, porque sabía que era un ninja poderoso y un par de katanas enormes no lo iba a detener.

De hecho, parecía disfrutar un poco ante lo que se avecinaba y ella se preguntó si él no estaría loco de alguna manera. Sin embargo debía ser honesta, no sabía mucho sobre él ni se había preocupado por averiguar más: sólo sabía que había desertado hacía unos años de la aldea, que se le consideró un traidor, pero luego de algunos años, pudo redimirse y había vuelto a Konoha. Pero en vez de tratar de reinsertarse en sociedad, decidió recluirse en las ruinas de su antiguo clan. Naruto y Sakura eran sus amigos, y parecían entenderlo completamente y en ocasiones propiciaban que se integrara a la vida del pueblo, pero la propia personalidad parca del Uchiha se lo impedía.

Tampoco ella era la reina de la sociedad en Konoha, y bastante poco se desenvolvía en aquel ambiente, aunque sus amigos la alentasen siempre, ella ponía alguna que otra excusa y prefería quedarse en casa, leyendo algo, cuidando sus plantas, o entrenando.

Volvió en sí cuando Sasuke hizo una señal: bajó el brazo. Eso significaba que él se enfrentaría a los guardias, él sólo había aclarado. Ella no protestó, pero se preguntaba si sería capaz de hacerlo sin ayuda, al final había acudido una veintena de Hyuugas a la misión. Pero el Uchiha en un extremadamente rápido movimiento, llegó hasta los guardias y los noqueó en segundos, ella casi ni pudo ver lo que había sucedido, no paraba de llover y el ruido de la lluvia y el viento la embargaban.

Había utilizado sólo taijutsu, pero de forma tan efectiva y poderosa, que los guardias cayeron pesadamente al suelo, sin siquiera notar lo que había sucedido. Entonces, entraron todos a la mansión, silenciosos, pero letales, sabiendo que aún les aguardaba una gran lucha en el interior.

Hinata vio como utilizaba el chidori y comprendió por qué, a pesar de todo, era un ninja respetado: era una técnica que requería una gran cantidad de chackra y poder, y él simplemente lo hacía parecer tan fácil. Y mientras lo observaba, alguien corrió hacia ella, por lo que activó de inmediato el Byakugan y extendió su mano, preparada para asestar todos los golpes necesarios para liberar a Hanabi.


Sentía que perdía demasiada energía, pero ya habían avanzado por varias habitaciones de aquel lugar. Miró al Uchiha, se veía como si nada, como si fuese un simple juego y nada más. Su atención estaba completamente enfocada en la batalla, en dar instrucciones y en combatir, nunca habían cruzado la mirada, pero con sus manos indicaba todo: desde dónde atacar, qué ubicaciones debían tomar, hasta de dónde debían defenderse. Era como si conociera el lugar de toda la vida, pero ella sabía que no era así necesariamente, realmente Sasuke era poderoso, un ninja de sumo cuidado, quién parecía no tener miedo a nada. ¿Cómo era posible tener un arrojo así? Sin duda ella también se podía mostrar temeraria en una pelea, pero siempre tenía en mente a los suyos, siempre con esa idea de que quería volver a verlos, que los necesitaba y comprendió que Sasuke no tenía aquello, porque hasta dónde sabía, no tenía con quién volver.

Pero qué sabía ella, al final.

No era el momento para aquellos pensamientos, tampoco, se maldijo la peliazul, antes de entrar a una gran habitación, justo detrás de Sasuke, y con alivio vio a Hanabi. La tenían amarrada y cuatro samuráis la estaban custodiando. Se veían aún más amenazantes que los guardias en la entrada, mejor pertrechados y ya en alerta por todo el ruido del combate. En aquel instante, su mirada se desvió a Sasuke y notó que comenzaba a reunir una cantidad impresionante de chackra, a tal nivel que sintió como un escalofrío le recorría la espalda. ¿Era posible que una sola persona fuese capaz de reunir una cantidad tan bestial, que podía no sólo verla, sino que sentirla a su alrededor?

Ella jamás sería capaz de algo así, y a pesar de todo, no pudo menos que admirarlo. Sin dudas, el curso de los acontecimientos habría sido muy distinto. Pero ya había visto a su hermana y el alivio fue enorme. Ella continuó golpeando con el Byakugan a todos los que se interponían entre ella y Hanabi, lo cual tampoco era un ataque débil.

De hecho, había perfeccionado una estrategia en la que llevaba mucho tiempo trabajando: combinaba el ancestral Byakugan con genjutsu y taijutsu, por lo que podía ver más lejos, golpear más certera y poderosamente y también jugar con la percepción de su oponente, lo que le daba una pequeña, pero implacable ventaja.

Estaba orgullosa, ella había llevado la antigua técnica de su clan a su máximo nivel, entrenando sin cesar, esforzándose y aunque evidentemente Sasuke se llevaba la peor parte de la batalla, no podía decirse que ella era una rival débil. Lo notó en algunos rostros de sus familiares, algo sorprendidos de su comportamiento en batalla. Notó algo de ¿respeto? Qué más daba, ella había trabajado en ello, había seguido su "camino del ninja" cómo decía siempre Naruto.

No pudo evitar sentir un estremecimiento cuando pudo abrazar a su hermana.

Ya estaba bien. Estaba todo bien, ahora que la tenía junto a ella y pronto estaría a salvo junto al clan que la adoraba.


Capítulo XIV. Enfrentamientos.

Estaba sola en el bosque. Decidió que ya no escaparía y que enfrentaría a su clan, fuera cual fuera el resultado, y lo haría sola. No pediría ni siquiera la ayuda de su hermana, ni de sus amigos, ni siquiera de Neji -aunque tampoco podía ayudarla-. Llevaba horas entrenando, pero se sentía aún con fuerzas. Había aprendido a canalizar su chakra de forma eficiente, por lo que aún en entrenamiento, era capaz de utilizarlo de forma adecuada y así nunca tener que detenerse hasta que ella decidía que era suficiente.

Eso no lo sabían los Hyuuga, pero tanto daba. Buscó ropa en el pequeño bolsito que había sacado de su departamento, y dejó ropa negra fuera, quería verse solemne, quería que recordasen el día en que les dijo adiós, quería que recordasen que ella había cumplido con su parte, pero ellos no. Ellos no la querían como líder, dudaban de su capacidad y de sus habilidades y ella cedió sin problemas el liderato ante su hermana, ella no tenía esa ambición, ella tenía otras ideas en mente, pero aun así esos ancianos no la dejarían en paz.

Entró al agua para darse un chapuzón y limpiarse el sudor del arduo entrenamiento. Quería limpiarse, como un acto cargado de simbolismo, de su antigua yo, de la antigua débil y llorosa niña que le temía a todo. No sabía muy bien lo que le esperaba, pero no pensaba retrasarlo más.

Ya no.

Se vistió con lentitud, sintiendo como el aire frío le golpeaba la piel, aquello le hacía sentir revitalizada, más viva que nunca. Se trenzó el cabello y decidió que ya estaba lista para ir hacia su antigua morada. No entraría de forma amigable, ni callada, entraría como a lo de verdad iba: a una guerra contra personas que no le habían dado tregua, que no la querían y que buscaban doblegarla. Entonces, ella iría contra ellos y ya vería qué tan acertado era su creencia en su hermana, además. Sería una puesta a prueba de todo lo que creía, eso pensaba mientras avanzaba rauda por los techos de la aldea, y cada vez veía más cerca la gran mansión que una vez habitó, en la que creció y creó recuerdos, pero que a medida que se acercaba, le parecía un lugar muy lejano a ella.

Se detuvo ante la gran puerta, y con el byakugan activado, junto a una gran cantidad de chakra, la destruyó por completo, con estruendo, esquirlas y confusión. Al parecer, los centinelas no la habían visto, y sonrió mientras era mejor en algo que ni imaginaban. De pronto, todo en la gran casona se volvió caos, gritos, mientras una Hinata absolutamente nueva, avanzaba por los pasillos buscando a los "venerables" ancianos del clan. Los iba a reunir a todos porque tenía algo en mente, todos aquellos que la querían ver caer, caerían.

Porque eran ellos o ella. Aunque sinceramente deseó que las cosas fuesen distintas.


- ¡Hanabi-sama! ¡Es Hinata-sama quién destruyó la puerta principal y al parecer viene a atacarnos! -le comunicó un ansioso sirviente a la actual líder del clan. Se le veía aterrorizado, sorprendido, como si todo fuese una terrible pesadilla.

A Hanabi le costó entender y asociar que el ruido que ya se escuchaba cada vez más próximo era debido a su hermana. ¿Sería posible? ¿Por qué motivo? Sin pensarlo un segundo más, se levantó de su cama y corrió por la casa con la esperanza de encontrar a su hermana y saber qué diablos estaba pasando. Mientras avanzaba, veía a sus familiares correr en sentido contrario, y en ese momento escuchó un ruido parecido a una bomba explotando y vio el fuego. ¿Acaso había sido en verdad Hinata? ¿Dónde estaría su padre? De pronto, lo único en lo que pensaba Hanabi Hyuuga era en encontrar primero a su hermana, antes que Hiashi, porque no sabía lo que podía suceder si él la encontraba primero.

Dobló en uno de los tantos pasillos y la vio, pero sintió que aquella mujer con un extraño byakugan activado y un increíble nivel de chakra, no era su hermana. No, su hermana era dulce, era tranquila, era un ser pacífico, que sí podía evitar los conflictos y elegir la paz, no dudaría de lo último… No podía ser de ninguna forma aquella misma mujer que se mostraba ante ella.

- ¡Hermana! -gritó con algo de desesperación. Nunca hubiese imaginado que ella sería quién los estaría emboscando. Siempre pensó que sería una aldea enemiga o un clan contrario, pero nunca ella.

- No te busco a tí, Hanabi -respondió Hinata, mirándola, de una forma extraña, como si tampoco la reconociese. "¿Qué te han hecho, Hinata?", pensó con amargura su hermana y en el fondo sabía lo que ella estaba buscando.

- Tú no eres así…

Su hermana mayor sonrió con tristeza. No, no era así, pero no le habían dejado más alternativa. Día tras día, la habían acechado, pensando que sería una presa fácil, subestimándola hasta el infinito, y ella les estaba demostrando que era todo lo contrario y no le importaba si en el proceso tenía que destruir su antigua casa. Ella iba tras esos ancianos, de hecho, ya tenía a tres de ellos amarrados con un nudo de chakra, por el cuello. En sus rostros se podía leer la estupefacción.

Le faltaban cinco. Ella sabía que eran ocho venerables ancianos los que ostentaban el poder en la oscuridad.

- Por favor, Hanabi, no te pongas en mi camino. - no deseaba enfrentarse a su hermana, pero lo haría si era necesario. Y sin esperar una respuesta, porque podría no gustarle, continuó avanzando por los pasillos, lanzando aros de fuego que quemaban todo a su paso y despejaban su camino de forma increíblemente fácil. Los tenía identificados, no era difícil para su nivel de entrenamiento.

Los ancianos que ya había capturado le rogaban que los soltase, gemían como niños y no se creían todavía que habían caído ante la otrora líder del clan, pero ella no los oía en lo absoluto. Fueron tan ciegos, sólo mirando a Hanabi, sin darse cuenta de que Hinata estaba desarrollando otra clase de poder. Si la hubiesen visto, si se hubiesen dado cuenta antes, no habrían ideado ningún plan en contra de ella y habrían seguido en la sombra, pero fueron ciegos, muy ciegos y ahora una extraña Hinata avanzaba destruyendo todo a su camino, con fuego y chakra.

Y era claro, ella les haría pagar de alguna forma su conjura.

Entonces, una voz, que conocía tan bien, le gritó que se detuviese. Era su padre, que al fin haría saber su parecer. Hinata se detuvo finalmente, porque ese momento lo había esperado prácticamente toda su vida. Ya terminaría una vida de incertidumbre y podría sacarse años de dolor y tristeza, de soledad y abandono de encima. Tanto daba si le decía que la quería o que en el fondo la despreciaba, al menos la certeza era mejor que vivir en una eterna penumbra.

No sólo iba a por los viejos, a los que lanzó de forma brusca contra un rincón. También iba por Hiashi y ya lo tenía al frente.

Sin dudarlo un segundo, se lanzó contra su padre. Le iba a demostrar a quién había subestimado todos aquellos años, y esta vez, dejó fluir todo su chakra, porque sabía que no sería una batalla sencilla. Su padre la recibió, pero esquivando su golpe, bajando su cuerpo para darle con su propio byakugan en el torso, pero ella a su vez, con una velocidad que no le había visto jamás, le hizo el quite y apareció tras él. Hanabi apareció en aquel momento, pero supo de inmediato que aquella no era su batalla y que no le correspondía entrometerse. Era una deuda que tenían entre ellos tres hacía mucho tiempo.

Demasiado.

La menor de las hijas de Hiashi no pudo culpar a su hermana, ella había sido testigo de todo, y aunque se moría de terror de perder a cualquiera de ellos, no podía entrar en batalla. Se sentía inmovilizada, como si estuviese contemplando la peor película de terror de su vida, y ni siquiera sintió cuando una sombra rauda pasó junto a ella, casi rozándola y se interpuso entre su padre y Hinata.

No podía ser.


Continuará.

Hola, muchas gracias si llegaste hasta aquí. Saludos!