Capítulo XV. Una vuelta de tuerca.
Sasuke inspeccionó el departamento de Hinata. Evidentemente habían entrado antes que él, por lo menos para un ojo tan agudizado como el suyo. Pudo notar que Hinata ya había estado en el lugar, pero que se había marchado porque seguramente era consciente de que ya era un objetivo de algunos Hyuuga.
Se maldijo. Había intentado localizarla, pero no la había encontrado. ¿Acaso ya su clan la habría capturado? Pensaba que no, porque aunque no se lo hubiese comentado a nadie, era él quien se encontraba tras los pasos de los ancianos del clan, quién se escabullía en la gran casona del linajudo clan y oía sus conversaciones.
Todo había ocurrido cuando notó por primera vez que estaba siendo observada por los Hyuuga y Hinata aún no era consciente de ello. Él, impelido por un cargo de consciencia que no se iba -tal vez algo de un mínimo de decencia tenía al final-, se había avocado a la tarea de vigilarla, pero porque deseaba saber qué buscaba en realidad el clan con ella. O eso se decía al menos, pero no podía negar que cada cosa que veía de ella era un rasgo que le gustaba y provocaba que pensara en ella de forma seguida. Era tan distinta, pero en un sentido absolutamente claro y si lo pensaba bien, desde pequeña no se parecía a otras chicas de su edad.
"Alimenta siempre a los animales en la calle".
"Suele leer mucho, hasta quedarse dormida en el sofá".
"Entrena mucho, más de lo que debería, pero aun así es persistente aunque nadie lo vea".
"Cuando no bebe en exceso, suele reírse de todo, es como si el mundo se volviese un completo circo, pero tiene una risa hermosa".
"Es ridícula cuando se trata de comprar galletas, debe tener decenas de paquetes y se las da a las visitas siempre, eso compensa su ridículo empeño de compradora compulsiva de galletas".
"Siempre cumple de forma eficiente sus misiones, y hace sentir bien a la gente que debe servir, alejándose del prototipo de ninja frío e indiferente, pero sin caer nunca en sentimentalismos".
"Tiene unas plantas muy bonitas, a mí se me muere todo".
"Le gusta mucho dormir".
"No es muy fanática de la televisión, aunque le gustan los programas de historia o de animales".
"Neji se alejó de ella".
Ese último punto fue el que más notó, por la sencilla razón de que sabía de antemano que su primo albergaba sentimientos por ella, y había sentido alivio cuando la había dejado de frecuentar.
¿Acaso él también sentía cosas por ella?
¿O sería tan cínico de decirse una y otra vez, que jamás amaría a nadie, que jamás se rebajaría a sentir cosas por otra persona que no fuese él?
Porque así había sido su vida desde que había retornado del exilio. Se había refugiado detrás de una coraza de indiferencia, frialdad y pedantería y sólo se relacionaba mediante encuentros casuales que no le dejaban la menor huella al día siguiente. Eso, hasta que se le había ocurrido la brillante idea de decirle a Hinata Hyuuga que debía pasar una noche con él si quería que fuese en rescate de su hermana.
Al principio lo había dicho casi por impulsividad. Le había parecido casi conmovedor que ella le dijera, prácticamente con ingenuidad, que pagaría lo que fuese y bueno, él simplemente pensó que era una buena forma de ponerla a prueba. Se preguntaba hasta dónde llegaría su determinación y si seguía siendo la niña inocente y temerosa de todo que recordaba. Pero, contra todo lo que se esperaba, ella lo había aceptado, en parte resignada, y en parte porque sabía que no tenía tiempo que perder.
Sí, tenía determinación.
Así pudo comprobarlo en la batalla que libraron por rescatar a Hanabi. No se lo había dicho, pero la consideraba una mujer de características excepcionales, y aunque había sido todo por salvar a su hermana, no dudaba en que en el fondo así se enfrentaba Hinata ante las adversidades. Por algún motivo, no se lo dijo y pensó que tal vez hubiese sido bueno que se lo comentara, porque en su opinión, tenía un pobre autoconcepto y su clan ayudaba bastante en el hecho de que ella se viera como una poca cosa.
Y luego, ella no había corrido a su cama, como sabía que habrían hecho otras en su lugar. No, primero tenía otras prioridades, otras cosas de importancia y luego, varias semanas después, se acercó a su casa. Él verdaderamente se sorprendió, porque no pensaba que ella cumpliera y él tampoco iba a insistir -no lo había hecho a pesar de que se la había encontrado un par de veces-, aunque ella le intrigase profundamente. Pero había ido, había cumplido y él había pasado una de las mejores noches de su vida. Claro, eso tampoco se lo había dicho, porque se pondría en evidencia y se encontraría en una situación vulnerable que no estaba en sus planes, pero aquella hermosa y encantadora Hyuuga lo había cambiado todo. Sí, no tenía sentido mentirse, pensaba mientras estaba sentado en el sillón de Hinata, pensando en dónde rayos estaría y si estaba bien. Porque si le pasaba algo…
Si le pasaba algo, los Hyuuga lo iban a pagar muy caro, y nada lo detendría. Salió del departamento con un objetivo claro en mente.
Ella había pagado una deuda, pero él se sentía aún más en deuda con ella. Y buscaría la forma de redimirse.
Porque si algo necesitaba, era que ella lo viera de forma distinta.
De pronto, escuchó un gran estruendo y una gran -enorme- concentración de chakra. ¿Acaso era posible? No se quedó a pensarlo y salió directo al único lugar que tenía sentido para él.
Hiashi se quedó observando, atónito, a esa hija suya. No le quedaba más remedio que enfrentarla, no le quedaba otra salida. Pero en ese momento, alguien que no se esperó jamás entró en escena. ¿Qué diablos estaba sucediendo?
- No lo hagas, Hinata - su voz, como siempre, era tan serena, rozando la frialdad. - Yo lo hice y estoy pagando el precio hasta hoy.
La mayor de las Hyuuga retrocedió por instinto. ¿Qué hacía allí Sasuke? ¿Por qué estaba ahí? Su mente trabajaba a toda velocidad para entender aquella escena. Ella no sentía rabia, estaba como en una especie de trance, casi sin darse cuenta de que había dejado sólo caos atrás.
- No sé qué haces aquí, pero esto no tiene que ver contigo. Ni con mi padre, pero tengo asuntos pendientes.
- Lo sé, Hinata -dijo el Uchiha acercándose a ella, quería darle a entender que no la iba a enfrentar, que estaba de su lado, pero que no era necesario destruirlo todo a su paso. ¿Qué no había aprendido de todo lo que se decía de él?
- ¿Qué asuntos son esos? - bramó Hiashi, acercándose peligrosamente a su hija.
- Los asuntos que los ancianos de tu clan se traen conmigo. Me han estado espiando y vigilando, y creo saber el motivo: desean sellarme a pesar de todo.
Hiashi se detuvo. Hasta la voz de su hija se notaba diferente, ¿acaso era el resultado de su técnica desarrollada? Era evidente que había estado entrenando y desarrollando una técnica propia, que hasta su chakra era mayor y más poderoso y controlado. También se preguntó por qué diablos estaba Sasuke ahí, pero al ver que se movía para ponerse frente a Hinata le daba a entender que estaba ahí para apoyarla.
¿Qué diablos estaba pasando?
- ¿Y qué piensas hacer, entrando en medio de la noche y destruyendo todo? - preguntó Hiashi, con voz gélida. Le costaba mirar a Hinata, pero sabía que no podía tratarla ya como a una niña.
- Los voy a sellar. Ellos llevarán en su frente el sello maldito, no yo.
Su tono de voz fue el usual, como si hubiese estado describiendo el clima del verano.
El rostro de Hiashi, de Hanabi, hasta de Sasuke, demostraban que no se esperaron ni en mil años una resolución como aquella, pero algo en el tono de Hinata no daba lugar a dudas: ella estaba dispuesta a hacerlo. Su padre se avanzó un paso, pero Sasuke activó su sharingan y se puso en posición de lucha.
- No dejaré que le hagan daño. - fue todo lo que dijo.
- Esto no es contigo Uchiha, y yo no voy a hacerle daño a mi propia hija - respondió con rabia Hiashi. Nunca se le pasó por la mente ponerse en contra de su primogénita, ni cuando ella renunció a ellos ni en ese instante en que amenazaba con destruirlo todo.
No, él la iba a detener, pero para evitar que resultase dañada ella en el transcurso de aquella extraña batalla. Hiashi sospechaba de aquellos ancianos, pero Hinata parecía estar mejor enterada. Con que se rebelarían contra la autoridad de Hanabi, sellando a Hinata y así dejarla a merced de cualquier decisión que se tomase en el futuro. Y eso, no lo permitiría jamás, él mismo los castigaría porque habían atentado contra el principio fundamental que regía a los Hyuuga: el respeto total al líder, era eso y no el maldito sello el que los había mantenido por lo alto por tantas generaciones.
Lo que no podía evitar preguntarse era, ¿en verdad Hinata había descubierto el modo de poder sellar a aquellos viejos? ¿Cómo era posible?
Continuará.
Hola! Espero que estén bien, les agradezco de corazón el tiempo que se dan para leer y también cuando me dedican algunas palabras. Me alegran el día. Un abrazo.
