Capítulo XVI. Al fin en casa.
Llegó muy cansada a su departamento. Había vivido horas intensas, había entablado una batalla como nunca antes la enfrentó -debía reconocer que ni al salvar a Hanabi había desplegado tal muestra de poder- y luego, todo había cambiado.
Hiashi, selló a uno de los ancianos, al que los lideraba entre las sombras, frente a todo al clan y amenazó con hacer lo mismo con cualquiera que se atreviera a siquiera pensar en sellarla a ella, a su hija mayor. Sin dudas era un acto extremo, que daría que hablar no sólo en el clan, sino que seguramente en la aldea, pero él lo creyó absolutamente necesario: no se aceptarían rebeliones de ningún tipo. Hanabi por lo demás, dió su beneplácito, porque ella misma había dejado en claro que no se tomaría ninguna acción en contra de su hermana, y su tono, como nunca antes, había sonado realmente amenazador, y se dirigió de forma directa al resto de los ancianos, porque en el fondo ellos eran los que habían cuestionado su liderato.
No se permitirían reuniones secretas, a menos que así lo expresara su líder.
No existiría otra líder que Hanabi Hyuuga, secundada por su padre, Hiashi Hyuuga.
No se tomaría ninguna medida en contra de Hinata Hyuuga, quien por lo demás, había dado muestras de un poder tan excepcional, que el resto de los ancianos comprendió que no eran rivales para ella. Hinata había contemplado absolutamente todas las alternativas, y mucho antes de tomar la decisión de ceder el liderazgo, había comenzado a estudiar y a entrenar, por ella misma, hasta alcanzar un nivel que estaba muy por encima de varios ninjas de la aldea. De una buena vez, debían dejar de verla como la ninja pequeña, que sufría en los entrenamientos y de la que no se esperaba nada, aquellos días habían quedado atrás. Además, les había quedado absolutamente claro que podía sellarlos, pues había encontrado la manera de hacerlo, aunque no les explicó el cómo.
No, aquello sería entregarles un valioso conocimiento que no se merecían.
Y no se permitiría que se espiase a Hinata, salvo expresa autorización de la líder del clan, puesto que sólo a ella le competía decidir quién se convertiría en un objetivo de los Hyuuga. Nuevamente, se dejaba en claro que era lo que significaba liderar un clan, se instauraba una nueva era, y nuevas serían las directrices que los dirigieran a contar de ese momento.
Hinata no se esperaba aquello, provocar una revolución en su antiguo clan, pero se alegraba que fuese su hermana quién propiciase aquellos cambios, evidentemente por su acción disruptiva, pero era una buena noticia que se modernizaran en algunos aspectos.
Y ella, prometió de forma solemne que no tomaría represalias contra nadie del clan, salvo contra quienes la atacasen en el futuro. Esas fueron sus parcas palabras, en esa reunión que jamás olvidaría. Todavía podía ver el deje de miedo, admiración y algo de respeto en muchos de los rostros de sus familiares, como nunca antes. Incluso su padre, en aquella ocasión, la miró de forma renovada, con un orgullo que no intentó disimular. Era toda una kunoichi, una de las mejores. Y era su hija, su primogénita, la que tanto se parecía a su madre.
Y así se lo dijo en privado, Hiashi le solicitó una reunión a solas, porque tenía muchas cosas qué decirle y aclarar. Ella estuvo tentada a no escucharlo, porque sentía que ya habían pasado muchas cosas, pero finalmente cedió y se encontraron en las dependencias privadas de su padre.
- Sé que no te demostré en el pasado lo importante que eres para mí. Fui frío, fui silencioso y aún ante tu partida guardé silencio.
La miraba directo a los ojos, demostrándole que sus palabras eran honestas y que conocía los errores que había cometido en el pasado.
- Sé que debiste sentir que te dejé de lado por tu hermana, pero no dudes jamás que te amo, que eres y siempre serás mi hija, elijas el camino que elijas. Sólo me sentí desconcertado cuando te fuiste y no me dijiste nada.
Hinata iba a responder, pero la mano en alto de su padre, le indicó que aún no terminaba de hablar.
- Y eso, lo respeto. Eres una mujer, una valiosa mujer y no lo digo sólo por lo que ha sucedido hoy. Aunque no lo creas, siempre te he observado, pero sí me ha sorprendido ver el nivel que has alcanzado.
- Gracias, padre - fue todo lo que pudo decir una turbada Hinata. Se imaginaba algo muy distinto, quizá algún castigo por todo el caos que había provocado, pero jamás que su padre le dijese todas esas cosas.
Cuánto tiempo esperó por palabras amables.
- Y también quiero que sepas que no sabía lo que se traían los ancianos del clan, y me avergüenza reconocerlo. - Hiashi miró al piso, quizá sintiendo algún tipo de remordimiento por permitir que actos así ocurriesen bajo sus narices. Pero desde ese momento tendría mil ojos en el resto del clan. - Si lo hubiese sabido, antes habría tomado las acciones que corresponden.
Hinata sonrió. Probablemente así era, pero su naturaleza le impedía confiar por entero en los demás.
- Si me lo permites, me gustaría visitarte en tu hogar, y saber cómo vives.
- Por supuesto que sí, padre. Eres bienvenido cuando lo desees.
Luego de ducharse, se recostó en su sofá y recordó que Hanabi también la visitaría próximamente. Con ella no había hablado de forma tan personal y debían enfrentar ciertos temas. Pero sería otro día, ella al fin se sentía tranquila y en su lugar, le constaba que no había Hyuggas rondando por ahí, por lo que supuso que acataban las órdenes de su líder.
- Es el comienzo de una nueva vida - susurró mientras se tapaba con una manta y se sumía en un plácido sueño. Tal vez los ancianos en algún momento volviesen a reunirse, pero ella los enfrentaría, no les tenía miedo.
Cuando ya cruzaba el umbral del sueño, golpearon a su puerta, y ella aún adormilada se levantó del sofá. "Qué lástima, sentía que iba a ser un sueño hermoso", y sonrió mientras abría la puerta y se encontraba con Neji. Despabiló al instante y se quedó inmóvil, sin saber si invitarlo a pasar o pedirle que se fuera, pero era su primo.
- Buenos días, Hinata.
- Buenos días, Neji, por favor entra.
Era extraño, como si fueran desconocidos. Se había instalado entre ellos un incómodo alejamiento y ninguno sabía cómo salvar la distancia que los estaba separando. Sintió un poco de tristeza, porque él la había acompañado en sus años de soledad. ¿Cómo podía simplemente permitir que se fuera de su vida? ¿Acaso no pensaba siempre en él? ¿Acaso no lo había extrañado a rabear aquellas semanas en que se habían alejado?
¿Acaso no estuvo esperando ese momento?
- Supe lo que pasó con el clan. Sé que no quieres verme -comenzó a explicarle Neji -, pero me es necesario decirte que te hubiese apoyado hasta el final, que hubiese entrado y destruido todo contigo, y sé que eres capaz de cosas así y más.
Ella asintió. Sí, pero seguramente no era el momento de hablar de capacidades, sabía que él había acudido a ella por algo más.
- Ino me dijo que habías ido a por mí, y en el fondo tengo la esperanza de que lo hubieses hecho para pedir mi ayuda. -en un gesto rápido, le tomó una mano y se la quedó mirando, como si fuese la cosa más hermosa del mundo. - y por un instante me sentí feliz, y a la vez, mi conciencia me dijo que debería alejarme de tí, porque si sigo adelante esto puede traernos consecuencias que no deseamos.
- Neji, yo…
- No voy a negar esto que siento por ti, Hinata, no tiene sentido ya. Es cierto, te amo, aunque estoy con Ino y ella lo sabe. Me ha apoyado, ha sido buena, a pesar de saber que eres tú a quién pienso todo el tiempo.
La mirada de Ino. Su sonrisa bella y franca.
Hinata cerró los ojos. No se esperaba que su primo al fin declarase todo lo que sentía por ella. ¿Qué debía hacer? Le había dicho a Ino que no iba a interferir entre ellos, pero algo en las palabras de Neji la hacía sentir confusa. ¿Qué era lo que en verdad le provocaba su primo? ¿O es que simplemente verlo así de vulnerable la confundía?
- Sé que es difícil para tí oír esto, pero es el momento de decirlo, de afrontarlo y no puedo seguir escapando de esto. Al principio, cuando era un niño, te odiaba. Te odiaba con mi alma, hasta que supe la verdad y comencé a quererte, era inevitable, y con el paso del tiempo, ese cariño se transformó en algo más. - Neji nunca se había explayado tanto con ella, era extraño, era nuevo. No podía dejar de observarlo, casi fascinada. - y aunque lo negué, me lo negué, simplemente sucedió, Hinata. No espero que lo entiendas, mucho menos que sientas lo mismo.
Se puso de pie. Ya estaba, ya se había confesado ante su prima. Ella no había respondido nada, ninguna palabra había salido de su boca, simplemente lo miraba, sorprendida, pero sin dejar traslucir alguna otra emoción. Si ella no sentía lo mismo, lo que era lo más probable, era mejor que se alejara de ella o sólo se haría daño. Tenía la posibilidad de iniciar una vida tranquila con Ino. Sí, era absolutamente claro que debía decirle adiós, aunque sí se veía en la obligación, siempre podría contar con él, y tal vez incluso, en algún futuro, podría volver a verla sólo como su prima.
Tal vez las cosas podrían ser como antes.
Entonces, se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta de salida.
No contaba con que Hinata lo abrazaría por la espalda, en un poco calculado movimiento y sentiría sus lágrimas en la espalda.
- No te vayas…, yo no puedo responderte cómo quieres, pero eres mi primo y te quiero - susurró la peliazul, con una infinita tristeza.
Neji se soltó, terriblemente enojado por las palabras de Hinata. Había abierto sus sentimientos como nunca antes lo había hecho y como probablemente no lo haría jamás, sólo para estrellarse contra un muro que se le antojaba inalcanzable. No, él no podía estar junto a ella sin desear todo de ella y lo que le pedía su prima le parecía casi egoísta. ¿Acaso esperaba que fingiera que todo estaría bien, que le sonriera al verla seguir adelante sin él?
Estaba muy equivocada.
- ¿Es por ese maldito Uchiha?
Continuará!
