Capítulo XX. El festival de los fuegos artificiales de la primavera.

Encontró el panfleto bajo su puerta. En dos días se celebraría el festival de los fuegos artificiales, que celebraba el inicio de la primavera, la estación más querida por la aldea -la naturaleza brotando y floreciendo, los hermosos cerezos en flor, los verdes follajes - y prácticamente todo el pueblo se volcaba a las calles a observar el espectáculo que duraba una media hora. Niños, mujeres, hombres, ancianos, civiles, ninjas, todos disfrutaban la explosión de colores en el cielo nocturno de Konoha.

¿Iría? No le apetecía mucho salir a la calle, estaba en una especie de introspección y se sentía segura en la tranquilidad y silencio de su departamento. Había estado pensando mucho en aquellos días, y no tenía claro si estaba en condiciones de enterarse de ciertas cosas, por ejemplo, quién era esa hermosa pelirroja, o encontrarse con Neji en alguna esquina. Pero, ¿de qué valdría tanto aquello de sentirse y actuar como una persona adulta? ¿Acaso viviría recluida para siempre en su hogar y esperar a envejecer y morir? Era una idea ridícula y se dijo, una vez más, que ya no era una niña y debía en algún momento salir y enfrentarse a la vida. Sí, iría al festival, se pondría linda y sólo se limitaría a observar los fuegos.


Se miró al espejo por última vez. Se había puesto un vestido de terciopelo color vino, con unas sandalias planas negras y se trenzó el cabello, para luego formar una rodela y tomarlo, dejando unos mechones al lado de su rostro. Se estaba demorando a propósito, pensando que sería difícil encontrarse con algunas personas, y que prefería pasar desapercibida.

Salió a la calle y una brisa suave y agradable le golpeó el rostro. "Qué tonta", pensó, por niñerías se estaba perdiendo la vida, las tranquilas y apacibles tardes, las visitas al lago, por miedos que tarde o temprano debían desaparecer. Caminó con tranquilidad hacia el centro de la aldea, ya no debía faltar mucho para que comenzara el espectáculo y asumía que ya mucha gente se encontraba a la espera de que éste iniciara. Desde lejos comprobó que así era, y se adentró entre la gente, tratando de no observar a nadie directamente. Encontró un lugar, entre extraños y levantó su mirada al cielo, por el momento, sólo oía conversaciones ajenas, murmullos de extraños y se sintió calmada al fin. Encontrarse en medio de una marea de gente extraña la reconfortaba.

Eso, hasta que escuchó la voz de aquella mujer en la que había estado pensando hacía días. Sí, la podía reconocer en cualquier parte y poco le costó encontrarla. A ella, junto a Sasuke, lo cual supuso un golpe en el centro de su pecho. Entonces, ¿ella era alguien para él? se preguntó con amargura. Y todo empeoró cuando la mujer la miró a su vez y sonrió de forma sarcástica y se acercó mucho al Uchiha y tomó posesión de su brazo, como queriendo demostrarle que existía una especie de cercanía entre ellos. Había algo en su mirada, algo retadora, como queriendo decir "aquí estoy yo" y Hinata no podía apartar sus ojos de ellos dos, simplemente no podía dejar de observarlos y decirse que definitivamente ella estaba en algo con aquel hombre en el que no dejaba de pensar.

Así que había perdido.

Sintió como una lágrima le rodaba por la mejilla, pero se apresuró a limpiarla y finalmente pudo retirar su mirada de aquella pareja dolorosa. Ya estaba, era evidente que había perdido, pero al menos podía dejar de torturarse por ello, dejar de preguntarse e imaginarse cosas. Por lo menos podría dejarlo ir de sus pensamientos, al menos gradualmente y quizá, más temprano que tarde, tener la vida tranquila que anhelaba desde hacía tiempo. Alzó la vista, ya habían comenzado los fuegos, y eran hermosos aquellos colores que se dibujaban en contra del oscuro cielo. Y más bellos se veían sus ojos que absorbían todos esos colores y se adueñaban de sus pupilas, al menos aquellos fuegos le hacían sentir calidez en su interior, pero era consciente de que estaba luchando por no desviar la mirada y mirar a Sasuke, porque si lo hacía, volvería a llorar y eso no se lo permitiría. "Que sea muy feliz", pensaba mientras trataba de sonreír hacia el cielo.

Tan ensimismada se encontraba, que no notaba como Neji no le sacaba la vista de encima, aunque con todo el decoro posible. Tenía a Ino al lado y no deseaba herirla tampoco, porque a pesar de que no habían retomado su relación, sí estaban en contacto. Ella, como le había dicho en algún momento, lo esperaría, y él, en retribución a aquel sentimiento, le confesó todo: amaba a su prima y aunque ésta no le correspondía, él necesitaba con desesperación esperarla. No importaba, ella le daría su amistad y lo acompañaría en aquel proceso. No le ocultaba de todas formas, que seguía albergando la esperanza de en algún momento continuar con aquella relación que para ella había sido tan satisfactoria.

Sobre todo, cuando se había encontrado hacía unas semanas con Hinata.

Doblando la esquina se encontró con Hinata, la persona con la que menos querría hablar en aquel momento, pero la Hyuuga la saludó con cortesía. Al parecer volvía de una misión y se le veía algo cansada. Sentía que la odiaba desde que Neji había cortado con ella, pero debía reconocerse que era una decisión egoísta de él, ya que Hinata sólo había estado en medio de un vendaval.

- Ino, por favor, necesito que hablemos. ¿Tienes un tiempo? Podríamos desayunar en algún restorán.

La rubia dudó un momento, todavía le tenía manía, pero no podía negar que la Hyuuga estaba siendo civilizada y madura para la situación. Terminó por aceptar y terminaron desayunando juntas en uno de los locales de la aldea.

- Sé que no soy la persona que más te agrada de la aldea, pero quiero que sepas que siento mucho lo que pasó entre nosotras. Y que no deberíamos nunca enfrentarnos y menos por un hombre, aunque probablemente tú no, yo sí te considero mi amiga.

Hinata no dudó ni un segundo en decirle todo a Ino, todo lo que sentía y todo lo que pasaba. Estaba siendo honesta, era así cómo se sentía y ya estaba en Ino aceptar o no lo que le decía.

- Tienes razón, no me agradas mucho en estos momentos, pero tampoco creo que deberíamos pelearnos por un hombre. Comprenderás si no te considero una amiga muy cercana, pero tal vez el tiempo nos haga olvidar este mal rato.

La Hyuuga asintió, no estaba del todo mal y comprendía perfectamente el punto de Ino. Se la quedó mirando, qué hermosa era, qué niños más lindos tendrían si volviesen a estar juntos.

Y ahí seguía ella, obstinadamente observando el cielo, sin notar como Neji comenzaba a avanzar hacia ella, decidido a por lo menos oír algo de sus labios. Pero no contaba con que Ino le tomaría del brazo, de forma delicada, y cuando se volteó a verla, la vio negando con la cabeza. Parecía querer decirle "sabes que es una tarea perdida", sin embargo él se empeñaba en seguir contra cualquier lógica. Además, su prima se veía tan hermosa, que sentía que debía ir hacia ella, abrazarla y no dejarla más.

Pero…


Los fuegos continuaban, y ella había desistido de mirar a nadie más. ¿Qué sentido tenía torturarse de aquella manera? Hacía mucho tiempo se había permitido sufrir y observar en silencio y se dijo en algún momento que no volvería a cometer aquel error. Eso pensaba, hasta que sintió que alguien se ubicaba detrás de ella y se acercaba a su oído.

- Te ves preciosa, Hinata.

Y ella sintió como un escalofrío le recorría la espina dorsal y se erizaban los vellos de su piel. ¿Acaso era posible? No tenía la voluntad siquiera de darse la vuelta, quizá se lo estaba imaginando, pero de pronto sintió como una de sus manos le tocaba suavemente la cintura. Y sin poder contenerse más, se giró hacia él, hacia Sasuke, que por algún motivo, se había decidido a hablarle, a dejar de evitarla, y con esas simples palabras ella sintió un inexplicable nudo en la garganta. ¿Qué debía decirle? ¿Acaso él sólo la saludaba?

- Ese color te queda muy bien.

Hinata desvió la mirada y se volvió a encontrar a aquella mujer. ¿Era posible que fuese tan descarado de decirle aquellas cosas teniendo a su pareja a tan solo unos metros? ¿Estaba jugando? Sasuke notó su gesto, y le hizo una seña a aquella mujer para que se les uniese. La Hyuuga sólo tenía una cosa en mente: huir. ¿Se la pensaba presentar? ¿Es que acaso sería tan cruel? Ella lo había sido, pero sin saberlo, no sabía si se merecía aquello.

- Esta es mi amiga Karin. Nos conocemos hace mucho, ¿no? Ella es Hinata.

- Ah, esta es la mujer de la que tanto me has hablado, Sasuke. Hola, Hinata -algo en el tono de la voz de la pelirroja seguía siendo tan desagradable, pero la escena le pareció tan fuera de lugar que se quedó muda, sintiendo miedo de abrir la boca, porque en realidad no podía encontrar las palabras adecuadas y temía soltar alguna estupidez. - Es todo un portento, Sasuke.

Sólo atinó a mirar al aludido, con la inquietud clavada en el rostro. ¿Por qué le estaba haciendo eso?

- Vino a pasar algunos días a la aldea.

¿Por qué le daba explicaciones?

- Sí, pero ya luego me iré. Ya resolví algunos asuntos pendientes y Suigetsu me espera - respondió como si nada y se alejó de ellos. Se dedicó a observar los fuegos artificiales, que ya estaban en su recta final.

Hinata seguía sin decir palabra. ¿Estaba jugando con ella? ¿Por qué se la había presentado? ¿A qué iba aquella escena?

- ¿Puedo acompañarte a tu hogar? Después de los fuegos, claro. Se te ven bien los ojos, como si tuviesen mil colores.

No pudo evitar sonrojarse. ¿Por qué se estaba mostrando tan galante? Pensaba que no querría saber de ella nunca más. Finalmente asintió y trató de observar los fuegos, pero su vista se desviaba una y otra vez hacia el hermoso rostro del Uchiha. Tenía una sonrisa extraña en los labios, como si estuviera feliz, como si hubiese recibido alguna noticia muy buena y ella se preguntaba qué lo haría tan feliz. ¿Aquella mujer? No tenía sentido, por cómo se había comportado, era evidente que sí era una amiga y que pronto abandonaría Konoha.

Estuvieron ahí, juntos, sin decirse palabras hasta que todo terminó y la gente comenzó a dispersarse por el pueblo. Algunos irían a sus casas, otros seguramente se irían a celebrar en algunos de los varios bares de la aldea -era viernes-, y ella caminaba en silencio junto a Sasuke en dirección a su departamento. Sentía su corazón latir con fuerza, hasta el punto de sentir el tonto miedo de que él pudiese oírlo, pero él seguía con la vista al frente, caminando despacio, a su ritmo y pensó en lo agradable que se sentía al caminar junto a él, a pesar del silencio, que no era incómodo en lo absoluto. Era como si existiese una complicidad entre ellos que no había notado antes. Pronto llegaron a su departamento y entraron.

Un pequeño silencio.

- Perdón por no abrirte la puerta aquellas veces que fuiste, Hinata. Estuve tentado a abrirte todas aquellas veces, pero pensaba qué podrías querer y eso me frenaba. Tenía miedo de oír algo que no soportaría.

La peliazul le dijo que tomase asiento y le preguntó si quería algo. Él negó, en realidad sólo quería una cosa. Con que sí había estado siempre y no había querido verla. Se lo merecía en el fondo, pero ¿por qué estaba ahora en su departamento? ¿Sería bueno o malo lo que le iba a decir? Si era malo… tendría que vivir con ello y dejarlo ir. No volvería a su puerta y se quedaría con los recuerdos de lo vivido, porque no era de las personas que quisieran pasar su vida insistiendo, no era orgullo, era una especie de amor propio que vivía en lo más profundo de su ser.

- Luego Karin me contó de su encuentro, no dejaste ningún mensaje y ella tampoco me lo dijo enseguida. Ella tiene - parecía pensar bien en las palabras para describir a su amiga - una forma de ser bastante particular. Pero me ayudó mucho hablar con ella de ciertos temas, aunque no lo parezca, es sensata. Extraña sí.

- Sí, me di cuenta - dijo al fin Hinata. Le sonrió con algo de tristeza y se sentó a su lado. - Y yo lamento no haberme dado cuenta de que fui desconsiderada contigo. Yo…

No esperaba que Sasuke la besara sin previo aviso, con suavidad y luego con algo de ansiedad, pero no dudó en responder y rodearle el cuello con sus brazos, con algo de brusquedad, como temiendo que él se marchase de pronto. Había extrañado a ese hombre, sin dudas. Había pensado que nunca más estaría así con él, pero estaba sucediendo y se sentía compungida y excitada a la vez. Aún no sabía qué terreno estaba pisando

- Perdón - dijo él, alejándose de pronto - no sé si Neji y tú…

- Eso nunca pasó y ni siquiera debí haberlo considerado. - respondió en un susurro ella, perdiendo su mirada en aquellos ojos tan oscuros y que tanto había extrañado. De pronto, recordó la forma en que siempre la miraba cuando estaban en la intimidad y se preguntó cómo había sido tan ciega de no darse cuenta antes. - Pero, ¿qué quieres de mí, Sasuke?

- Por ahora, quitarte ese vestido que se te ve tan bien. Pero sin él te ves mucho mejor.


Hinata se quedó mirando el perfil de Sasuke. Todavía sentía un poco de estremecimiento cuando lo veía, era tan atractivo, tan varonil dentro de todo, y aún a contra luz, podía verse en su definición. La habitación estaba a oscuras, y no tenía idea de la hora que era, pero había pasado por horas placenteras. Él se había quedado dormido, pero le tenía la mano tomada y ella no quería perderse detalle de él, como si no lo hubiese visto antes en esas condiciones, pero le comenzaba a dar sueño también.

- Te extrañé. Extrañé ese aroma a hierbas que tiene tu cabello. - comentó tomándole un mechón de su pelo y llevándoselo a la nariz, para disfrutar de su olor.

Hinata sonrió mientras se le sentaba encima y se acercaba para besarlo con lentitud, mordisqueando con suavidad sus labios y dejando escapar pequeños gemidos, sintiendo como la respiración del Uchiha se aceleraba.

Se sonrojó al recordar las horas anteriores. Nunca lo había sentido tan apasionado, como queriendo tener cada rincón de ella, y ella... ella se entregó como si fuera la primera vez. Era como una novedad, era él mismo, pero sin lugar a dudas la estaba mirando como a otra persona. Sintió que él también sentía esa especie de ansiedad, de no saber qué terreno estaba pisando.

Él sí la había estado mirando, como le había comentado Sakura.

Ella, riendo, se dio la vuelta y sintió el peso de Sasuke sobre su espalda. Él comenzó a hacerle cosquillas y ella le rogó que parase, pero obviamente él no le hizo caso y siguió tocando su cuerpo. Luego de las cosquillas, vinieron las caricias en los rincones más íntimos, que eran sólo para él.

- ¿No te vas a dormir? - la voz algo adormilada de Sasuke la sacó de sus ensoñaciones. Por algún motivo, sintió vergüenza y sólo asintió con la cabeza. - Ven - Él se giró un poco hacia ella y la atrajo hacia su cuerpo, por lo que Hinata pudo reposar su cabeza en su pecho, sintiendo su respiración, gesto que le pareció estremecedor, íntimo y que deseó que se repitiera una y otra vez. Él la rodeó con un brazo y volvió a dormir.

Y así, apoyada en el pecho del Uchiha, protegida por él, se sumió en un sueño tranquilo y feliz. El día del festival de fuegos artificiales de la primavera había resultado perfecto.

Había pasado semanas horribles, porque se había comportado como una niña y cuando creyó que todo estaba perdido, él había aparecido como un milagro.


Si has llegado hasta acá: gracias. No quería dejar botado este fic, más que nada porque no me gusta tener pendientes en mi vida.

Saludos.