02- Forehead Kiss
Se había tratado de una crisis. O algo parecido.
Blitz nunca le había dado nombre a los instantes de su vida en que colapsaba debido al peso de sus propias emociones, sus traumas acumulados y el odio desmedido hacia si mismo; simplemente los dejaba transcurrir y salir dañado tanto física como emocionalmente de esas instancias. En ocasiones ahogándose en alcohol, helado o murmullos desesperados.
Los vivía solo, como correspondía. Porque nadie tenía que cargar con su mierda por más aplastante y dolorosa que fuese; nadie podría soportar convivir con algo así, siquiera él mismo aunque fuese la causa y la víctima al mismo tiempo.
O de eso se convencía hasta que su relación con Stolas ascendió de ser compañeros de cama, a dos conocidos ligando y finalmente a una pareja de novios sacados de alguna novela cursi de romance medieval de esas que tanto disfrutaba el príncipe.
Porque esas instancias de quiebre perdieron toda privacidad en el instante en que Stolas lo descubrió una noche encerrado en el baño de su humilde departamento mientras lloraba hasta ahogarse de dolor mientras yacía bajo el grifo de la ducha en una cascada de agua fría, todavía vistiendo un par de prendas de ropa ya empapadas por completo. Stolas había entrado en pánico al verlo así y solo reaccionó a sostenerlo en sus brazos a pesar de empaparse a si mismo por igual y cubrirlo con una toalla mientras lo acunaba en su pecho para que llorara de forma segura. Blitz siquiera había alcanzado a sentir la vergüenza de ser descubierto o la ira por la invasión de su privacidad; se vio embargado por una dolorosa compasión y empatía reflejada en los latidos del corazón de Stolas que podía escuchar al yacer recostado contra las plumas de su pecho. Y debido a todo eso, solo pudo llorar a gritos ahogados hasta quedarse sin lágrimas y sin fuerzas en el cuerpo. Aunque intentó explicarle al príncipe búho lo que acababa de suceder, este lo silenció con una caricia en su rostro; entendía lo que pasaba y no necesitaba ninguna aclaración o excusa al respecto. Con que lo dejase acompañarlo en su dolor era suficiente.
No fue la última vez que ambos tuvieron una instancia así.
Ahora, casi en piloto automático, el diablillo había manejado su camioneta destartalada hasta el lujoso palacio de Stolas; tras estacionarse mal y escalar hasta el balcón con las puertas abiertas, Blitz ingresó en la habitación de su pareja y lo buscó desesperado con una mirada que comenzaba a derramarse en lágrimas de sufrimiento acumulado. Para su fortunio, Stolas se encontraba con la atención desviada de una novela de romance en el momento en que escuchó el movimiento en la entrada del balcón de su habitación; una señal implícita de la llegada de su caballero de brillante armadura.
Pero en cuanto vio su expresión de agonía dolorosa, dejó todo de lado y se aproximó al diablillo, sosteniendo su rostro entre sus manos y percibiendo la triste calidez de sus lágrimas humedeciendo sus manos finas de Goetia.
- Mi amor – susurró con cuidado mientras se inclinaba hacia abajo y besaba con devoción y cuidado la frente de Blitz, justo en su marca de corazón fragmentado.
- Stolas… y-yo solo…– se intentó explicar el asesino con expresión abatida y sorbiendo por la nariz.
- No me tienes que explicar, cariño – lo interrumpió Stolas volviendo a besar su frente y extendiendo sus brazos – Ven aquí, bebé.
Blitz se deshizo en llanto estrepitoso antes de correr al abrazo de su novio y derramar lágrimas ardientes en su pecho, aferrándose con desespero a su cuerpo bajo el miedo avasallador de ser abandonado a su suerte. Siquiera recordaba que situación había desencadenado su quiebre emocional, solo que al momento de suceder había reaccionado a correr al calor del cariño de Stolas con la intención de refugiarse en sus cálidos brazos de obsidiana.
Algo de lo que todavía no se convencía de ser digno de recibir.
Así que solo pudo perderse en el cálido gesto del príncipe, calmarse con su aroma a flores dulces y sentir su amor depositado en besos sobre su marca de vida en su frente mientras musitaba lo mucho que lo adoraba.
Y tal vez esperando convencerlo que era más que digno de recibir su amor y su corazón. Porque Blitz se merecía cada estrella del universo, incluso si nunca llegaba a creerlo realmente.
