03- Palm Kiss
A pesar del día difícil que habían tenido, cada uno por su lado, finalmente consiguieron un momento de paz al caer la lúgubre noche sobre el Infierno mientras ambos yacían en la habitación del príncipe, olvidándose del exterior y del resto de las personas, creando una pequeña burbuja de seguridad donde podían dejar caer el peso de sus hombros.
Stolas suspiró en señal de relajación y permaneció recostado de lado para mirar fijamente a su novio, quien imitaba su postura mientras enfocaba su mirada en los pliegues desordenados de las sabanas de la cama del demonio contrario, luciendo perdido en alguna idea fugaz de su cabeza atiborrada de desprecio propio.
Cualquiera que hubiese sido lo que taladrara la cabeza de Blitz se vio espantado cuando sintió la cálida y suave mano de Stolas acariciando su mejilla blanquecina por las quemaduras de sus traumas de juventud.
- ¿Qué pasa, cariño? – preguntó con un atisbo de curiosidad y consternación genuina.
- ¿Eh? – se confundió el diablillo al despertar a la realidad – ¡Ah! No… no es nada, Stolas. Solo… fue un día demasiado largo.
El príncipe no se convenció del todo con esta respuesta, pero escogió no insistir al respecto para no presionar ni asustar a su pareja. Sabía lo que le sucedía cuando alguien buscaba forzarlo a confesar algo doloroso o triste; lo había visto con sus propios ojos y prefería morir antes que volver a repetir esa situación tan destructiva.
Solo permaneció observándolo con curiosidad, memorizando sus rasgos con cuidado y atesorando su presencia.
Sin embargo, su concentración se vio interrumpida cuando vio como este apoyaba su propia mano encima de la suya que aún tocaba su mejilla y en un gesto sorpresivamente dulce deslizó sus labios por la palma de la mano de obsidiana hasta besar su piel descubierta. Una, dos, tres veces antes de comenzar a repetir su acción en cada dedo de su mano, volver a hacerlo sobre la palma de la mano de Stolas e incluso llegando a su muñeca.
- Blitzy – lo llamó el príncipe sin poder esconder el intenso rubor de su cara – ¿Qué estás haciendo?
- Quiero sentirte – respondió rápidamente el otro en medio de sus besos dulces, frenando repentinamente y mirando con temor a su pareja – ¿E-Es… algo malo?
Conmovido hasta las lágrimas, Stolas apartó con lentitud su mano besada, se acercó un poco más a su amado diablillo y se acomodó con cuidado de tal forma que su cabeza reposara contra el pecho del contrario mientras lo rodeaba con sus brazos en un abrazo cálido, percibiendo como los latidos de Blitz se aceleraban ante su cercanía y su tacto amoroso.
- Me encanta cuando lo haces – respondió a los temores de su novio antes de besar su clavícula cubierta por su ropa casual y hundirse en su abrazo con más profundidad. Pudo sentir como Blitz, tras algunos segundos de quietud absoluta, abrazaba su cabeza y enredaba sus dedos entre las plumas de allí. Su respiración ya no era tensa y se sentía como una dulce melodía acompasada por los latidos de su corazón.
- Eres un cursi, Stolas – musitó Blitz mientras cerraba los ojos en calma – Me encantan los idiotas cursis.
- Entonces yo salgo ganando, cariño – se río Stolas una vez más mientras iba cayendo en un estado somnoliento.
Sintiendo que estaba viviendo su sueño más maravilloso convertido en una realidad ahora que podía dejarse caer en los brazos del único hombre que sería capaz de amar por el resto de la eternidad.
Y esperando que en esta vida y en todas las que hubiera por venir, siempre se volviesen a encontrar y enamorar como en esta primera vez.
