What If

Capítulo 3: Nosotros

A los once años de edad, Vanitas volvió por primera vez con un ojo morado a su casa. Ni se molestó en darle explicaciones a su gemelo que lo miraba con los ojos de par en par y lo seguía hasta la cocina dónde él iba a buscar hielo.

Así que de molestar pasaste a ser molestado—. Sora recostó su cuerpo en el marco de la puerta, divertido, sonriendo irónico—. Dime Vanitas, ¿qué se siente?

Vanitas estaba tranquilo, demasiado, había agarrado dos cubos de hielo y los había arropado en un trozo de tela antes de presionarlo sobre el ojo. Por algún motivo estaba satisfecho con la respuesta de Ventus. Después de torturarlo tantos años, el muchacho había respondido. Sentándose en la silla sin soltar el hielo, Vanitas miró a Sora de reojo y murmuró, casi divertido.

Solo digamos que tuve un buen momento. El pájaro escapó de la jaula—dijo, burlón, cruzándose de piernas—. Fue divertido.

¿Estás hablando de Ven? —. Sora revoleó los ojos, algo enojado—. No entiendo que es lo que quieres de él Vanitas, y no creo que sea divertido para él.

Siempre asumes que se trata de él—. Empezaba a levantarse, el castaño lo fastidiaba a veces, sobre todo cuando le salía la vena protectora—. Y, por cierto—dijo, dándose vuelta a mitad del pasillo y mirándolo por encima de su hombro—, esto sólo sería asunto de Ventus y mío.

Antes que Sora pudiera responderle, Vanitas se había asegurado de ponerse los auriculares de su celular. No era que odiara que Sora se entrometiera, no, no le importaba en absoluto, lo que le molestaba era que le exigiera explicaciones sobre algo que no quería (sentía) decir. Por otro lado, al llegar a su habitación, echarse en la cama y seguir con el hielo en su ojo, Vanitas aún tenía en el foco de su visión el rostro desencajado de Ventus.

Y le encantaba.

Vanitas Leonheart era un mercenario que trabajaba de manera independiente. Se había iniciado como personal privado de una empresa con negocios turbios, donde la droga era la entrada de dinero más importante de la misma. Él se encargaba de limpiar o atosigar en el caso que una persona acumulara una deuda muy grande y no terminaba pagándola, en la mayor parte de los casos aquellos terminaban muertos, por él. Después de un año y siete meses había considerado que ya había tenido suficiente de aquello y comenzó a trabajar por su cuenta. El dinero no resultaba un problema para él, solía manejarse en el anonimato y los depósitos se hacían por medio de transferencia bancaria. Ahora mismo su cliente era ShinRa ubicada en Midgar, un tal Seifer Almasy líder de una manada de asesinos que asesinaban solo por matar. No tenía detalles de qué había pasado con ShinRa y esté hombre y a Vanitas no le interesaba en lo más mínimo, pero la suma considerable que habían depositado en su cuenta era exorbitante.

El problema que había en particular con este "asunto" era Ventus. ShinRa sabía que la prensa aparentemente iba a buscar datos de Seifer, y la segunda orden era eliminar a cualquiera que se acercara. Vanitas hackeó las computadoras de cada una de las empresas de periódicos y su sorpresa fue ver que Ventus Strife era el encargado de hacerlo. No podía decir que estaba totalmente sorprendido (ya sabía su trabajo) pero... no iba a permitir que algo le pasara a Ventus. ¿Podría decirse que lo hacía por amor? No, Vanitas lo hacía por ego. Es decir, él y él solo podía hacer la vida de ese chico miserable de alguna forma. El problema de hace cuatro años atrás siempre hacía mella en sus nervios. Había resentimiento hacia Ven desde que había salido corriendo de la fiesta; al recordar esto mordió levemente su labio inferior. Ventus no sólo se había ido como alma que se lo llevaba el diablo, sino que nunca más había vuelto.

Y no entendía el porqué. Y lo odiaba. No saber sus reacciones o no poder anticiparlas. Vanitas no podía entender, adivinar a Ventus y eso le generaba hasta cierto grado de incertidumbre.

"Próxima Estación Midgar, esperamos que haya disfrutado su viaje"

Ni él ni Ventus habían cruzado palabra alguna desde ese beso, simplemente se habían sentado distanciados y evitando cruzar las miradas. Había tensiones, Vanitas lo sabía... Era una emoción latente, aun estando distanciados. La tensión sexual, la ira eran reales y él se encontró disfrutando de la situación. ¿Por qué no? Ventus lo había abandonado cuatro años, hecho a un lado, y ni siquiera tuvo la delicadeza de despedirse. Dos días después de aquella vez el muchacho ya había desaparecido, y con desaparecer Vanitas hacía referencia a establecerse en otra ciudad, dejándolo a él. Nunca tuvo en cuenta todo lo que Ven había dejado atrás, a él sólo le importaba lo que a él le sucedía y el rechazo que había sentido en ese momento. Sus ojos dorados se clavaron intensos en los de Ventus al momento de pararse y caminar hacia la estación. Eran las seis de la mañana, el sol comenzaba a salir y a cegarlos, Ventus frente a él le devolvió la mirada con algo de nerviosismo. Vanitas conocía las expresiones del muchacho, hasta podía olerlas.

—Voy a buscar dónde hospedarme, tú puedes hacer lo que quieras—. Antes que el muchacho pudiese caminar lejos de él, Vanitas qué tenía las manos en sus jeans, sacó una para pararlo en seco. Ventus revoleó los ojos—. ¿Ahora qué?

—A veces creo que no me escuchas Ven-Ven—dijo de manera burlona—. Trabajamos juntos en esto, ya tengo el hotel dónde nos hospedaremos—. Oh la tensión sexual al tacto, Vanitas palpaba en el brazo desnudo de Ven como la piel temblaba bajo su tacto—. No necesitas estar tan nervioso, no es como si nada no hubiese pasado antes.

Un tenue rubor, apenas perceptible, cubrió las mejillas de Ven y él muchacho hizo fuerza para soltarse.

—No necesitamos hospedarnos juntos para trabajar juntos Vanitas—. Retrucó, el tono de voz seguro de él no lo apaciguó. Aunque sí podía ver que algo en Ventus había cambiado, no mutado, pero sí al hablar se lo escuchaba más convincente. Y, de nueva cuenta, no le interesaba. Tomo al muchacho unos centímetros (muy pocos) más bajo que él de las piernas y lo cargó en el hombro—. ¡Oye! ¿¡Qué haces?! Quiero que me bajes, ahora.

—¿Eso es una amenaza? Si gritas estoy seguro que media estación se dará vuelta para ver tu espectáculo, pero nadie va a interferir. Si te gusta llamar la atención, adelante.

Ventus suspiró en su oído, resignado. Tal y como Vanitas había dicho segundos antes, si bien había muchas miradas sobre ellos nadie intervenía. Y Vanitas sabía el porqué: las personas en líneas generales eran tan egoístas como él. Nadie iba a arriesgarse por otro ser humano.

—Sólo bájame, puedo caminar por mi cuenta.

A las seis de la mañana sonó el despertador de Roxas. El muchacho se estiró en la cama y bostezó sonoramente, se había quedado hasta tarde organizando las maletas ya que en dos días estaría en Destiny Island. Antes de enjuagarse el rostro, Roxas fue derecho a la cocina a preparar café; sus ojeras tenían dos pliegues y sabía que le iba a costar llevar su anatomía al trabajo. Eran uno de esos días dónde todo le costaba el doble, casi podía presentirlo. El resto de sus amigos seguían durmiendo, casi podía escuchar los ronquidos de Hayner que, a veces, lo despertaban a él a altas horas de la madrugada, no entendía en que estaban pensando los genios que habían diseñado este apartamento. Las paredes parecían hechas de papel y los cuartos estaban uno al lado del otro. Si Roxas pudiese volver el tiempo atrás hubiese hecho trampa para que le tocara Olette. Esa mujer era pacífica hasta dormir. Sin tener en cuenta que, de vez en vez, Hayner y Olette dormían juntos. Él no los juzgaba es decir ya eran una pareja sólida con planes de matrimonio, pero los sonidos que hacían él podía escucharlos. En HD.

Sabía que la situación no era eterna, no había pasado una semana desde que lo habían hablado, pero era muy probable que Hayner y Olette buscaran algo para ellos, y Pence volviera al negocio familiar de sus padres en Twilight Town. ¿Y él? Para ser organizado Roxas temía un poco a quedarse solo. Se había acostumbrado a la rutina, a los ruidos, la constante compañía... Y en un abrir y cerrar de ojos todo se habría ido. El tiempo era algo cruel, pero era la prueba del avance, un avance que él no veía venir en su persona. Para Roxas cada día era igual, su rutina era igual, su forma de vestir era igual. Suspiró y sacudió su cabeza, dejó la cafetera haciendo su trabajo y fue derecho al cuarto de baño, por suerte contaban con dos... Muy en el fondo se preguntaba para él mismo si Sora tenía la misma incertidumbre que él acerca de su futuro. Sonriendo fugazmente pensó por una centésima de segundo lo inútil que resultaba pensar en eso.

A las ocho de la mañana debía ingresar a la oficina, ubicada en el segundo distrito de la ciudad. Si bien solo le implicaba unas cuantas cuadras, Roxas se manejaba con la moto que había heredado de Cloud por lo tanto tenía tiempo de disfrutar del silencio y la soledad.

O esos eran sus planes, la puerta y quien sea que tocara a las seis de la mañana pretendían otra cosa... hablando de rutina, y asumiendo que se trataba de quién cobraba el alquiler, Roxas abrió la puerta sin preguntar.

—Yo, mi buen Roxas—. Axel, la barbilla de Roxas se abrió ligeramente y se volvió a cerrar. En su puerta estaba el pelirrojo con su traje de bartander sonriendo—. Aww, ¿qué pasa? ¿No esperabas visitas tan temprano? Vinimos a alegrarte la mañana.

—Axel. ¿qué demonios estás haciendo a esta hora? —. Él no se caracterizaba por tener un amanecer con unicornios, no... todo lo contrario. Roxas amaba la soledad y silencio en esos momentos. Era el único momento del día que tenía para sí mismo, y sus pensamientos depresivos.

—¿Ni un abrazo de buenos días? —. Se ve que su expresión y su ceño fruncido daban miedo, porque Axel empezó a hacer un gesto con las manos simulando tranquilidad—. Tranquilo, solo bromeo. Sigues igual eh. Vine porque encontré algo que ciertamente no es mío, ¿lo memorizas?

Antes de que Roxas termine de procrastinar sobre la visita una mata de cabellos en picos y castaños se asomaron por encima de Axel.

—Axel, ¿puedes moverte de la puerta? No alcanzo a ver a Roxas, de hecho, no puedo ver nada de lo que hay delante mío que no sea tu trasero.

—Ahora tú me culpas de que seas tan enano como mis medias...

—¡¿A quién le dices enano?!

Entre tanto griterío Roxas sentía una licuadora en la mitad de su cerebro, no podía estar siquiera contento, sorprendido por la aparición (sin previo aviso) de Sora en su apartamento. Y lo peor era que el ajetreo era de tal magnitud que iban no sólo a despertar a sus amigos, sino también a los vecinos. Tratando de recuperar la coherencia, Roxas suspiró y volvió a suspirar masajeándose las sienes. La situación frente suyo era hasta cierta forma cómica: Sora tratando de llegar al rostro de Axel para golpearlo, y el segundo deteniéndolo de la frente con una mano. Estaba de más mencionar que Axel era inhumanamente alto y su espalda hacían dos castaños; pero Sora simplemente era de corto temperamento.

—Pueden guardar silencio, es un edificio, no un zoológico—. Al decir esto se apartó de la puerta para dejarlos pasar. Ambos susurraron al unísono "lo siento" y entraron... Como animales. Claro, ¿por qué él iba a creer que sería distinto?

—Wow, no quiero imaginar lo que sale pagar esto a fin de mes, Rox—dijo Sora, tirando su mochila en el piso y entrando casi corriendo. La palabra clave era "casi".

—Lo compartimos entre Olette y el resto. Quienes duermen—. Esperaba que entendieran el mensaje subliminal que había allí. Claro, sólo esperaba—. ¿Qué haces aquí Sora? Creí que nos veíamos en dos días, con el resto.

—Acerca de eso...

Roxas sentía que alguna explicación elocuente, y sin sentido se avecinaba, por lo que decidió reformularse.

—Espera a que termine de ducharme—

—Ya que estoy aquí y hay café hecho creo que me quedaré un rato—. Axel lo interrumpió caminando a la cocina, y notando la cafetera ya llena—. Después de todo no es cómo si tuviera algo que hacer—. Eso era cierto, el horario laboral de Axel terminaba a la mañana—. Por cierto, Roxas, te ves terrible.

En todo caso ya no había nada que hacer; no era como si pudiese echarlos. No, bueno tal vez a Axel, pero no a Sora quién suponía había viajado desde Destiny Island. Hoy el día tenía un aire distinto, Roxas no sabía cómo explicarlo, pero tenía una sensación que el día de hoy no iba a ser precisamente tranquilo.

Para cuando llegaron al hotel de Midgar Ventus sentía que podría caerse dormido de nueva cuenta; el viaje y el estrés del mismo lo habían agotado mentalmente. Muchas emociones para su persona. Parpadeó y se tomó su tiempo para mirar la habitación, no era muy grande: contaba con una cama para dos personas, una mesa de luz, un escritorio, un escritorio en la esquina con una notebook, un sofá chico a los pies de la cama y una lámpara alta al costado del sofá. Ventus suspiro derrotado. Tenían una cama doble, una cama doble. El pensamiento se le repitió como un mantra y el espacio personal que suponía tener ya había desaparecido desde el momento en que había subido a ese tren con Vanitas. Mejor aun… desde que Vanitas ingresó a su departamento, a su vida una vez más.

A este punto, y con los recientes eventos, Ventus estaba resignado. La vida no parecía querer que su pasado se fuera. No, más bien el destino quería que Vanitas volviera. O el mismo inconscientemente, lo cual hacía más triste la situación. Era miserable, o se sentía como tal, e ignoraba lo que Vanitas quería de él. Lo conocía demasiado bien como para saber que tras todo esto que estaba sucediendo era por algún motivo. Algo. O bien simplemente quería intimar con él. Ventus dudaba de eso pero era una opción. Vanitas era demasiado frío como para dejarse llevar por sus instintos carnales. Además no era algo que ya no hubiese pasado entre ellos. El primer beso, la primera vez juntos en una cama. Todo lo habían hecho juntos. Pero no era más que una ilusión de él. Físicamente era real pero no más que eso.

—Es casi deprimente verte recordando cosas de hace años atrás—. La voz de Vanitas lo sacó de su letargo, ¿por cuánto tiempo había estado en silencio en la puerta de entrada? Ventus no lo sabía.

—No siempre es acerca de vos Vanitas—dijo revoleando los ojos—. El mundo no gira alrededor tuyo—. Lo que decía era cierto, Ven solo pensaba en que era un idiota. Mil veces idiota—. ¿A qué hora salimos por Seifer?

Quiso desviar el tema, Vanitas podía leerlo como un libro abierto. Era consciente desde hacía tiempo, y Ven había llegado a la conclusión de que no importaba cuántas veces dialoguen, no se entendían. La comunicación fallaba. Ellos fallaban. Esta absurda química que mantenían estaba tan mal en tantos aspectos que Ventus podría demorar un día entero enumerándolas. No estaba seguro si Vanitas entendía eso. O si le interesaba siquiera entenderlo.

—Ven-Ven dije que trabajaríamos juntos… No que iríamos juntos—. Hizo énfasis en esto y Ventus solo pudo parpadear incrédulo. En su dedo índice giraba un juego de llaves. Revoleó los ojos de nueva cuenta—. Oh no me pongas esa expresión.

—Con los años te volviste poco original—. Sonrió y cruzó sus brazos—. ¿De verdad crees que puedes encerrarme aquí mientras tú sales a hacer nuestro trabajo? No lo creo Vanitas, pero puedes intentar.

Y lo vio. Su gesto se contorsionó en una mueca casi sorprendida. Teniendo en cuenta las pocas gesticulaciones que tenía, Ventus había algo grande. Ahora quién sonreía era él y no el muchacho frente a él. Quién no sabía ya como reaccionar.

—¿Es este algún juego Ventus? —. Vanitas sonrió, bajando sus párpados, Ven podía notar sus largas pestañas negras siempre le habían resultado llamativas, eran masculinas y largas—. Si vamos a jugar preferiría que sea en otros términos y situaciones.

La sonrisa era lasciva y Ventus intuyó a dónde quería ir. Al mismo lugar que quisiera ir él si las circunstancias fuesen distintas.

—No. No voy a entrar en eso—. Había seriedad en eso, pero tanto Ventus como Vanitas sabían que al mínimo contacto las cosas entre ellos iban a terminando enredados en las sábanas sudando. Ven era realista y la realidad dolía.

Era una sensación envolvente, casi aturdidora que podía hacer sucumbir a su corazón en una arritmia severa.

—Nos subestimas Ven—. Carcajeó un poco sonoramente—. Ambos sabemos dónde vamos hoy en la noche. Te recomiendo que lo asimiles desde ahora, antes que generes esos pensamientos, vomitivos y tristes.

Antes que Ventus dijera algo más, Vanitas ya lo había arrinconado contra la pared tomándolo de las muñecas. Escena similar a la del tren solo que más suave. Ven suspiró… el día que su corazón y su cabeza sabía que haría lo correcto. Cerró los ojos casi por instinto pero el beso nunca llegó. Abrió uno de los ojos al sentir el peso de la cabeza de Vanitas en su hombro. Aún no lo había soltado, simplemente de quedó ahí quieto por un largo tiempo. Estaba seguro que él podía escuchar su corazón desde dónde estaba. Todo su ser temblaba, no quería ceder. Esta situación ya se había repetido tantas veces entre ellos. Cuando aún la palabra nosotros existía, cuando ellos eran un nosotros, y la palabra tenía sentido.

Vanitas se apartó con suavidad, pero lo amarró más fuerte de las muñecas. Ventus podría haberse soltado en cualquier momento. Tanto el carácter como la fuerza que tenía era suficiente como para ello. Pero no lo hacía y estaba muy seguro que en este momento era una mera presa. No obstante, y para su sorpresa, Vanitas lo fue soltando paulatinamente y apartó un mechón de su frente posando sus labios en ella. Los ojos azules de Ven se abrieron perplejos, a pesar de la situación la acción había resultado distinta. Estaba muy seguro que nunca había pasado eso. El corazón le golpeaba con más fuerza y tan pronto como había sucedido aquello estaba terminando. Había un brillo extraño en sus ojos dorados y una seriedad, si bien habitual, era más distante.

Como si ahora mismo estuviera fuera de su alcance.

Vanitas se apartó, buscando su buzo en la mochila. El mismo tenía una capucha que cubría sus cabellos y ocultaba parte de su rostro.

—Volveré tarde. Sé un buen chico y quédate.

Y ahí estaba otra vez la sonrisa burlona característica de él.

A/N: Gracias por leer y dejar comentarios! Me hicieron muy felizz.

Quiero que sepan que es la primera vez que relato desde el punto de vista de Vanitas así que me resultó un reto. Cualquier consejo es más que bien recibido.

Un abrazo enorme!