What If

Capítulo IV: Besos

Roxas estaba seguro que era Ventus quién subía apresuradamente por las escaleras. No eran ni las tres de la tarde, Cloud estaba en la facultad y sus padres en sus respectivos trabajos. Y él... bueno, se había escapado de la escuela. ¿El motivo? El motivo estaba durmiendo en su cama, roncando y seguramente perdiendo saliva en su almohada favorita. Suspiró, la situación era incómoda: Sora lo abrazaba de la cintura, roncando, y él trataba de sentarse en el borde de la cama.

Para cuando Ventus abrió la puerta de la habitación, ya que la compartían, la cara de Roxas era un poema.

¿Tengo que preguntar que...?

Preferiría que no—. Roxas lo interrumpió tajante antes de que terminara la oración—. ¿Cómo estuvo la escuela? —. Intentó desviar el tema, su hermano sonrió de manera divertida.

Estuvo bien, pero ciertamente no la pasé tan bien como tú.

No es lo que estás pensando Ven—. Trató de defenderse, pero no era la primera vez que su hermano los encontraba así. Y estaba seguro que su gemelo se divertía con ello, es decir ya era visto—. Sora terminó con Selphie, y me pidió que lo acompañara es todo.

Sora es la primera persona que conozco que ya va por la tercera novia a los catorce—. Hablaban en susurros por miedo de despertar al castaño. Ventus miró su reloj, entró apresurado a la habitación, recogió un libro y lo miró—. Tengo que salir yo, vine por unas cosas. Hasta más tarde Rox.

Cuando su hermano entornó la puerta, Roxas sintió que Sora iba a terminar por estrangular su cintura si seguía presionándolo tan fuerte.

—Tengo diez minutos antes de salir al trabajo Sora.

Sora Leonheart estaba sintiendo la ansiedad en su cuerpo; no hacía más de media hora y había llegado, o irrumpido, en la casa de Roxas con Axel (quién seguía ahí) y su cabeza trabajaba frenéticamente buscando excusas, mentiras, que no lo dejaran en evidencia, pero era malo para ambas cosas. Acurrucándose en el sillón en casi una pelota de humanidad, Sora buscaba una excusa para justificar que estaba ahí; ya que ni él la tenía. Lo que había hecho a la hora de tomar el tren había sido impulsivo e insensato. Quizá. O quizá simplemente se le había antojado, es decir él ya estaba en vacaciones y tenía tiempo libre, y a veces se aburría en su casa. Y extrañaba a Roxas. También estaba el factor de la charla que había tenido con sus amigos. Eso era lo que había terminado por desencajarlo.

El castaño miró a Roxas de reojo, le daba la espalda buscando algo en la cocina, quizá debería decirle directamente lo que estaba en su cabeza. "Oye Roxas sabes estuve hablando con mis amigos y creen que es viable que estemos juntos". Sí sí, se oía perfecto... ¿qué estaba en juego de todo eso? Una amistad casi prehistórica. No podía saber en qué estaba pensando cuando dejo que tales ideas lo perturbaran, ¿y si realmente le gustaba Roxas... pero Roxas no le correspondía? Sora no había pensado en esa posibilidad. De igual forma tenía la idea de que al besarlo los fantasmas de las dudas se dispersarían y volverían a la normalidad, como era todo antes. Esa era su carta, la única realmente...

—Mientras Sora se entretiene en lalaland—dijo Axel—creo que sería bueno que me quedara hoy Rox, ya sabes para hacerle compañía.

—Ah cierto, no vuelvo hasta la noche—. Los ojos azules de Roxas se clavaron en él, ya estaba mirando su reloj de muñeca y se estaba preparando para salir—. ¿Puedes hacer eso Axel? Sólo será hasta que vuelva.

Sora no se animaba a hablar, sin decir una tontería innecesaria, menos en frente de Axel. Su corazón y mente eran un desastre y no parecían querer ponerse de acuerdo. En un instante tan efímero que casi no se percataba de ello, la mano de Roxas pasaba por enfrente de sus ojos para asegurarse que estuviera despierto. Sora pestaño, es cierto que se había espaciado, pero de un manotón algo brusco lo apartó.

—Sora, ¿escuchaste algo de lo que dije?

—¿Tal vez? —sonriendo torpemente, el castaño se mordió el labio inferior—. Sí, mamá, si te escuché. Me quedaré con Axel por el resto de la tarde—. La mirada dudosa de su amigo de la infancia le produjo un cierto escalofrío—. Ya, vete al trabajo, estaremos bien.

—Está bien, sólo no hagan de la casa un desastre.

—Tranquilo estoy a cargo yo—. Axel fue quién dijo eso, lo que hizo que Sora revoleara los ojos y Roxas se masajeara las sienes—. ¿Qué?

—Es eso justamente lo que me preocupa, Axel—. Caminando hasta la puerta Roxas lo miró de nueva cuenta—. Cualquier cosa me llamas...

—¡Tranquilo! ¿Qué nos puede pasar en una casa toda la tarde? —. El castaño no estaba seguro de que nada malo podría pasarles, temía que en un momento de debilidad confesara todo lo que había guardado por tantos días—. Enserio Roxas confía.

Cuando el muchacho desapareció por el pasillo, Sora murmuró para él un "diablos" y se permitió relajarse. Había sido una mala idea, estaba nervioso como para hacer algo coherente y se le dificultaba juntar las palabras en una misma oración; si tenía que ser honesto consigo mismo no debería haber tomado ese tren, quizá debería volver a casa. Pero no iba a poder volver a ver a Roxas a la cara por un largo tiempo si lo hacía, y si lo hacía iba a terminar diciéndole la verdad tarde o temprano… las mentiras no eran su fuerte. No. Más bien terminaba olvidándose de ellas luego de un tiempo. Era dura la realidad.

Por un motivo u otro el castaño quería eliminar el asunto de su sistema. Sacarse de la cabeza aquellas dudas. Pero se le complicaba explicárselo a Roxas; sin que este último no lo viera de forma extraña, en el peor de los casos lo bloqueará inclusive de su teléfono.

—¿Quieres hablar de algo Sora? —. Aparentemente había pasado demasiado tiempo hecho un rodillo de humanidad en el sillón ya que Axel se había levantado de la silla y estaba frente a él, en cuclillas y lo miraba algo preocupado.

—No lo sé Axel, solo tengo mucho en mi cabeza ahora mismo—dijo con honestidad, revolviendo su cabello al instante de cruzarse de piernas arriba del sillón—. Como para tratar de explicarlo.

—Si no quieres hablar por mí está bien, hay otras formas de ayudar—. El muchacho alto prendió un cigarrillo, y le hizo una seña a la puerta que daba afuera del edificio—. Por hoy la casa invita. Solo por hoy, más de hoy mi jefe me mataría.

Oh sí, iba a terminar tan ebrio antes que termine la tarde. Sora lo sabía, era intencional.

Vanitas sabía que probablemente Ventus lo seguiría. El muchacho no daba puntada sin hilo y había dejado en claro que estaba subestimándolo.

Caminó por un callejón oscuro hasta llegar a los suburbios de Midgar, cuidando sus espaldas. Las embocadas solían suceder más seguido de lo que realmente suponían. Seifer tenía dos espías o vasallos que darían no sólo su vida, sino que empeñarían el alma al peor postor para que ese malnacido sobreviviera. En este trabajo uno veía de todo y para ser precisos, Vanitas ya estaba más allá del bien y del mal. Tanto sus manos como su alma ya estaban manchadas con sangre y realmente no le interesaba. No tenía remordimientos sobre su trabajo, ya que el mismo siempre estaba en auge. El noventa porciento de la humanidad estaba corrompida y, de no ser por la existencia de Sora y Ventus, ya habría perdido la fe en ellos años atrás.

Podía notar la pobreza en la zona, desde las calles de tierra, las drogas que se veían a simple vista y el consumo de la misma a la vista de todo el mundo. Ahora ¿cómo diablos apenas sí podían vivir pero la droga nunca faltaba? Vanitas no entendía. Pero nuevamente no hizo una búsqueda psicológica al respecto. No había acordado verse con nadie para este asunto, tenía entendido que Seifer trabajaba aquí, había revisando el cuaderno de Ventus cuando de había quedado dormido y ahí había encontrado información que le faltaba. Con una mano estiró el costado de su capucha negra, sus ojos eran algo peculiar, y dudaba que desconocieran su existencia, así que debía ser precavido y ahí estaba. En un bar de mala muerte, o entrando en él.

Por lo poco que veía a esa distancia el hombre se movía como si fuese su hogar. ¿Tratos sucios? Muy probable. No era como si fuese algo nuevo, menos aquí. Vanitas no veía seguro entrar, pero no tenía otra forma de acercarse al objetivo que no sea esa. Él era una sombra en esto, y este acercamiento tenía un riesgo particular… no sabía cuánto iba a tolerarlo. Eligió el asiento frente al bartander no era una mesa individual como le hubiese gustado pero estaba lo suficientemente cerca de Seifer, no obstante no escuchaba la conversación.

—¿Le sirvo algo? —. El hombre que servía tragos le pregunto con educación.

—Una cerveza—. No lo miró al responder sus ojos estaban fijos en el objetivo. Este no pareciera que fuese a mover un músculo de ahí por un largo tiempo. Los lugares cerrados y llenos de imbéciles le molestaba; de hecho le molestaba tener que respirar el mismo oxígeno que ellos.

Miró su reloj de muñeca escondido en la manga del buzo, no eran ni las tres de la tarde. Sabía que iba a cometer un asesinato a plena luz del día. La sonrisa retorcida no demoró en aparecer en sus labios, si algo había perdido había sido la adrenalina del momento; ya no estaban esas dudas de cuando había comenzado con este trabajo. Ya toda esa inseguridad se había ido para dar paso a la automatización de su persona. Vanitas sabía que así era con cualquier trabajo; el comenzar y hacerlo a diario traía consigo ello. Probablemente se terminará aburriendo pronto, más pronto de lo que creía; y debía ir detrás de otra cosa.

Lo único que nunca lo aburría era Ventus. Pero no era algo para analizar en este momento, había comenzado a beber su cerveza y las tres de la tarde pronto se convirtieron en las seis; ya estaba maldiciendo por lo bajo cuando Seifer por fin empezó a salir del lugar. Vanitas se preguntó si habría notado su presencia o si seguía pasando inadvertido para el hombre. Pronto descubriría eso. Al levantarse la presa se levantó él; notó que el sol empezaba a ocultarse en esa zona abandonada y su sombra empezaba a mostrarse en las paredes de los callejones, las risas de Seifer y sus dos acompañantes resonaban y hacían eco. No lo inquietaba pero el escenario tenía un gramo de adrenalina esa que había olvidado hace tiempo.

Antes de que pudiera parpadear, Seifer y los otros dos se habían dado vuelta y cruzaron miradas con él. Vanitas sonrió, ya le había parecido extraño: salir tarde del bar, estar caminando en un terreno desértico. No obstante el ya estaba preparado, sacó el cuchillo de mano y lo empezó a girar en su dedo adoptando una figura engreída.

—Eres exactamente como esperabas que serías—. Seifer habló. Su voz ponderada resonó—. Si me creías tan idiota debo pensar que no oíste hablar de mi—. Ya, el tipo de persona que a Vanitas más les disgustaba: el creído.

—Tal vez la gente no te conoce tanto como crees—. No obstante lo que el hombre no sabía era que lidiaba con alguién similar a él—. ¿No crees que las personas tienen algo mejor de qué hablar que no sea de ti?

Seifer rió con ganas; sacando el arma de su bolsillo. Un arma de nueve calibre, las balas podrían perforar su cráneo en menos de unos minutos.

—Veamos si opinas lo mismo después de esto, ¿huh?

Trueno y Viento se lanzaron contra él, suponiendo que sea para paralizarlo y que el arma hiciera su trabajo pero fallaron miserablemente, ya que él era más ágil y había podido visualizar lo que iba a ocurrir. Haciendo gala de ello Vanitas se limitó a evadirlos, cuanto más él se moviera más le iba a costar a Seifer apuntarle. Si las anotaciones de Ven eran correctas, no se iba a arriesgar a perder a estos dos. Y esa sería su carta. La diferencia entre ellos era que Vanitas no le temía a morir, era una de las condiciones que había aceptado al iniciarse en las calles, era un alma rendida a la situación que le dejara el destino. Pero si moría esta noche, pensó mientras evadía y daba golpes, y se jugaba la vida se le jugaba en un hilo, ¿qué pensaría Ven de ellos?

Oh y si Ventus seguía sintiendo lo mismo que hace cuatro años atrás… Y si pudiera regresar y hacer las cosas bien. Vanitas sonrió de lado, cuando la sangre en su brazó brotó abundante en un ligero descuido…

—Parece qué hablas más de lo que lo haces, insolente.

… Y pensaba en dar la cara entre a la muerte. Tuvo miedo.

—Aw, no pienses que realmente se termina aquí—dijo luego de sentir el cuchillo enterrarse en el estómago de uno de los dos y apartarlo de la pelea—. Debe ser agradable que hagan el trabajo por uno, cuidado que no se te vaya a arruinar tu manicura.

Él de verdad quería ver a Ven en estos momentos; y a Sora. Cómo olvidar a su estúpido gemelo.

Ventus estaba corriendo. Había terminado de desbloquear la cerradura con una ganzúa algo maltrecha que tenía desde adolescente. Cuando uno tiene un abusivo como Vanitas pegado las veinticuatro horas de los siete días la defensa personal incluía abrir cerraduras. Había optado ignorar la petición que Vanitas le había hecho cuando tantas horas habían pasado. Le había advertido que llegaría tarde pero Ven no creyó que sería tanto. Además estaba esa ligera sensación que algo estaba pasando y no podía frenar el latido bajo su ojo derecho. El párpado no le dejaba de temblar furiosamente y estaba seguro de que se trataba de él; no había nadie más que le generará esa sensación de malas vibras que él.

Su celular vibraba en el bolsillo de su pantalón. Cruzaba la miseria de una zona abandonada y en vez de sentir miedo por ello, sintió tristeza. Había deje de educación, menores fumando, el alcohol se olía en el aire. La escena partía el corazón de cualquiera. Los suburbios, un lugar que no quería volver a pisar en su vida. Pero eventualmente se volverían a repetir, tragó saliva mientras entraba en el centro del lugar, algunas casas estaban devastadas por anteriores guerras y la gente podía habitar desde remolques hasta en desechos de materiales de construcción. El corazón se le estrujó en el pecho mientras trataba de localizar la zona que Aqua le había mandando por mensaje de texto. Cómo no iba a sacarlo de su bolsillo; había memorizado el lugar en su cerebro.

Y a pesar de tener buena memoria visual no encontraba indicio del punto de encuentro, o lo encontraba, ya que unas gotas de lluvia con el viento anunciaban una tormenta, y al correr para resguardarse unas huellas en el barro llamaron su atención. Era parte de su trabajo, estás anomalías solían representar situaciones de tragedia. Más por las distancias en las que estaban ubicadas la distancia entre unas y otras… Ventus revoleó los ojos. ¿Quién sería lo bastante prepotente para meterse en un callejón de ese estilo? Por supuesto que lo sabía; se apresuró caminando más rápido para terminar corriendo. Su corazón había empezado a martillado en su pecho, hasta que no tuviera indicios de dónde estaba Vanitas sabía que no se iba a calmar. La ansiedad la sentía a flor de piel y cada paso lo asustaba más, lo que sea que encontrara iba a tener que aceptarlo.

Lo que temía estaba frente a sus ojos: había dos cuerpos en el suelo cubiertos de sangre uno miraba al cielo, otro los ojos estaban abiertos mirando el suelo. A Ven se le subió el sabor amargo del vómito. No obstante podía reconocer esos cabellos en pico cubriéndole el rostro. Vanitas yacía sentado en el suelo con la espalda recargada en los ladrillos de la pared.

—V-Vanitas…—dijo en un susurro. Una sirena sonaba cerca de ellos. Pero si estaba muerto no valía la pena sacarlo de ahí. Estaba temblando, cada paso que daba lo acercaba a una realidad que no estaba preparado afrontar. La súplica de su alma era que no sea lo que estaba pensando. Le levantó el mentón y notó que respiraba, y él volvía a respirar a su par. Las sirenas cercanas lo apresuraron a cargarlo en su espalda—. No te preocupes te sacaré de esto, idiota.

En toda su vida había sentido tanto miedo como en estos momentos. Mientras trataba de correr, agitado, Ventus sintió la lluvia fría en su rostro, era una lluvia renovadora que tranquilizaba su desbocado corazón y su atormentada alma. Esta era una situación que pasaba gracias a Vanitas, situaciones límites. Era la segunda vez que lo salvaba, la primera vez había pasado cuando tenía quince años Vanitas se había metido con los abusivos del colegio su cabeza había golpeado contra la canilla del desagüe y había perdido la consciencia inmediatamente. Por supuesto se había llevado uno con él y otro había quedado muy maltrecho; él se había encargado de sacarlo de la escena y llevarlo a un hospital. Sora había armado bastante escándalo cuando ingresó furioso con su hermano y Leon había tenido que dar explicaciones en dirección.

Había cosas que no se olvidan. Lo particular era que todos los momentos inolvidables venían de la mano de Vanitas. Todos ellos. Aquellos irreversibles, los reversibles, los dolorosos, los graciosos (porque el humor negro era su especialidad) e inclusive los únicos. Roxas y Sora habían participado también. Cuando llegó al edificio Ven respiró como si se hubiese sacado un peso de encima. El temor por el que la policía los encontrara lo había perturbado todo el camino y creyó que iban a terminar tras las rejas; pero los crímenes en los suburbios eran cosa de todos los días… por eso no le extrañaría que hayan resignado la búsqueda. Con cuidado y como pudo lo recostó en la cama, terminando por acomodar sus piernas y buscó en la bolsa de Vanitas algo como un botiquín de primeros auxilios sin encontrarlo.

Suspiró frustrado y se fijó en su bolsa si había algo que ayudará. Sin éxito alguno recurrió al baño, por suerte había gasas en el botiquín, cortas pero iban a ayudar. La principal hemorragia, notó, estaba concentrada en su brazo y tenía un hematoma importante en la cabeza, que si bien podría indicar una contusión, no sangraba. Por el momento solo podía concentrarse en la hemorragia, sus conocimientos tampoco llegaban a otra cosa. Se apresuró busco la cinta adhesiva que estaba en su bolso y comenzó a vendarlo. Dudo en si debía quitarle la ropa y tratar de despertarlo, pero se detuvo y pensó que lo mejor sería dejarlo así. Lo ideal sería llamar una ambulancia pero dudaba que sea lo más sabio dadas las circunstancias y no había forma de evitar a la policía si lo hacía.

Llegó a la solución de vendarlo así como estaba, dejarlo dormir así como estaba y dedicarse a hace cambio de vendaje una vez estuvieran rojas. Y así lo hizo, tenía un plato hondo con agua hirviendo y todas las gasas del baño. Cada tanto caminaba alrededor de la habitación tratando de apaciguar la ansiedad, sin mucho resultado, cada minuto que pasaba sus ojos azules se clavaban en los de Vanitas esperanzados con que estuvieran abiertos. La noche había caído sobre ellos, Ven tenía sus dedos enlazados en los de Vanitas, el muchacho se mantenía cálido. Había colocado tantas mantas sobre él. Resignado, Ventus terminó sentándose en el costado de la cama sin soltar la mano del muchacho que yacía en la cama aún inconsciente. Quería que despertara, la respiración era suave. Debía ser algo bueno. Diablos, no entendía nada de estas cosas y le hubiese gustado haber tomado un curso de primeros auxilios.

—¿V-Ventus? —. Ven saltó de la silla alterado. Y si hubiese sido un gato probablemente ya estaría colgado de la mampara. Obviamente saltó, pero fue encima de Vanitas—. Idiota… m-me estás aplástando…

—Lo lamento, ¿cómo te sientes? —. Preguntó con cuidado, delicadamente.

—…No quieres saberlo, creeme—. Verlo vulnerable no era algo común pero estaba vivo, respiraba a su par, el mismo aire e iba a gritarle a continuación de no ser por la oración que le siguió a eso—. Escucha bien porque solo lo diré una vez…

—Te estoy escuchando, y me vas a tener que escuchar a mi después.

—Lo lamento.

Fue un segundo, unos minutos, no podría saberlo correctamente ya que su cerebro se espacio bastante tiempo. ¿Había oído bien? Estaba con inseguridad de preguntar, no debía preguntar. Vanitas no lo había mirado a los ojos, más bien miraba la pared se cubría la boca con el brazo sano y había un ligero rubor en sus mejillas. Tenía el ceño fruncido y había un brillo especial en sus ojos dorados que no pudo distinguir. No obstante no sabía porque se estaba disculpando de la nada. No, realmente no tenía idea. Así que debía preguntar.

—¿Por qué? ¿De qué te estás disculpando?

—Ya sabes porque idiota—. Negó con la cabeza, Vanitas se ruborizó y se enojó más—. Olvida que dije algo.

—Oye, tenés una lista conmigo sobre cosas de las que deberías disculparte. Me cuesta identificar a cuál te refieres es todo—. Busco sus ojos, pero su contraparte le daba la espalda, había girado con mantas con su brazo sano y cubría su rostro—. Vanitas—. Lo movió con suavidad, sin tener resultados—. ¡Vanitas!

—Que ruidoso eres, por si no lo sabes acabo de salir de una situación "complicada".

—Eso y esto son dos cosas distintas y lo sabes—. Otra vez lo movió, y otra vez hasta Vanitas maniobró para que estuviera de su lado de la cama—. O sea que tienes fuerza para esto pero no para hablar—. Se quejó.

—Esto y aquello son dos cosas distintas—. Antes de entrar en su juego de palabras, Ventus fundió sus labios en un beso.

Un beso profundo en el cual dejó salir la frustración, la ansiedad, todo lo que había vivido aquella noche. Era un torbellino de emociones. Un beso urgente que demandaba todo de ellos dos. Vanitas le correspondió dejando escapar un suspiro placentero sobre sus labios, su boca lo invitó a pasar deseoso terminando de fundirse. Cuando su lengua húmeda chocó con la de Vanitas y sus manos entraron debajo de su remera se perdió. Se perdió totalmente. La urgencia de su sexualidad en el jean frotaba con la suya propia; ambos respiraban agitados y pronto él estaba totalmente desnudo. No podía recordar la última vez que habían intimado pero era igual que la segunda vez.

Esa noche ambos se durmieron envueltos entre tantas colchas el sudor y el olor a sexo que había quedado cómo un afrodisíaco en la habitación rondando. Su cabeza se recostó sobre el hombro un brazo cruzado en su pecho. Ventus durmió con una paz con la que no había dormido en años y, a jugar por la respiración pausada, suponía que era lo mismo para Vanitas.

Roxas estaba camino al bar en la motocicleta. Había pedido salir antes de su trabajo para ir a buscar a Sora que se había quedado dormido allá. Gracias a Axel. Porque estaba seguro que había involucrado al castaño en esto. Desde que había llegado a Traverse Town, Sora se había comportado diferente. Esta bien que no había podido hablar mucho (solo cuarenta minutos) pero el castaño era tan transparente que fue palpable al momento de cruzar aquella puerta. Era extraño, a pesar de estar conectados vía celular él no tener una pista era ilógico para él. Si algo le incomodaba era que Sora no hubiera podido confiar en él.

Esta vez iba a mirarlo derecho a los ojos y preguntarle, y esperaba que el castaño le respondiera con sinceridad y no evasivas. Llegó al tercer distrito, la calle empedrada dificultaba la movilidad, apagó el motor y se quitó el casco. Era una zona tranquila por lo que la cadena para resguardarla la dejo en el asiento. Ahora sólo tenía que buscar a Sora y volver a su casa; Axel no había sido muy específico en el mensaje sólo puntualizó que el castaño se había quedado dormido y dudaba que fuese por tener sueño. Sus resacas no eran buenas de lidiar, Roxas lo sabía mejor que nadie. Cuando dichas situaciones sucedían, Vanitas mágicamente desaparecía, Ven no sabía qué hacer al respecto y siempre lo dejaban a él solo lidiando con todo.

Y esta no era la excepción. Afortunadamente, el bar aún no abría por lo que no iba a tener que atravesar un lugar lleno de personas, golpeó las puertas para ser recibido por Axel quién sonreía de lado y hacía señas con su pulgar para que pasara.

—Ustedes dos tienen que arreglar algunas cosas, ¿huh? O varias, dependiendo de cómo se mire—dijo cuando Roxas pasó por la puerta. Se sintió algo fastidiado ante la acotación.

—¿Acaso sabes algo que yo no sepa? —. Quizá la falta de exclusividad le molestaba, no podía decidirlo.

—Hey, sabes que yo soy tu mejor amigo, no tienes que sentirte celoso—. Axel lo miró engreído—. Aunque por ahí no sea por mí.

Antes que pudiese contestar el castaño salía afuera, adormilado y con ambas manos en la cabeza. Miraba el suelo y arrastraba los pies; debajo de sus ojos resaltaba el color verde de su (probable) indigestión. Roxas se preguntó si ahora mismo sería un buen momento para conversar y resolverlo. Era raro pero estaba experimentando la tan mencionada ansiedad; él no la sufría usualmente. Era una ocasión particular.

—Ugh, creo que voy a vomitar—dijo el castaño, sin dejar de masajearse las sienes—. ¿Podemos irnos?

—Sí… pero ¿crees poder subirte a la moto? —. Había sido un descuido haber venido en ese vehículo, que se decir era algo obvio que no iba a poder girar con él o agarrarse, un descuido y ambos terminarían en el asfalto de cara al suelo.

—Si quieres puedes venir a buscarla mañana, por mí no hay problema.

—Gracias Axel—. Tras decir eso, cruzó un brazo de Sora por encima de sus hombros, y lo sujeto de la cintura.

Caminaron largas cuadras hasta llegar al distrito principal; a decir verdad no sólo no habían intercambiado palabras sino que tampoco habían cruzado miradas. Roxas no entendía como algo que era habitual en ellos se había convertido en un momento incómodo. Él quería saber lo que ocurría con Sora pero eventualmente, no sabía si debía darle su espacio y dejarlo elegir cuando hablarlo. En estos cuatro años que habían estado separados nunca se había dado cuenta cuánto lo había extrañado. Era curioso, porque entre el trabajo y la vida diaria esos pensamientos no se cruzan. Ahora que estaba de vacaciones y sin tantas cosas en la cabeza, y la extraña actitud de Sora, todo parecía tener sentido.

Tener la cabeza ocupada para no pensar, el primer instinto de supervivencia, inconscientemente. El castaño detuvo sus pasos en la esquina del distrito dos y recostó su espalda en la esquina terminando de sentarse en el suelo con el ceño fruncido.

—Creo que mezcle demasiado—dijo, algo malhumorado. Roxas limitó a cruzarse de brazos mirándolo de reojo—. Nada me molesta más que hagas eso Roxas.

—Esta bien, está bien, me siento—. Por un momento creyó que sería una buena oportunidad para encararlo. Mirándolo de reojo remojó sus labios con su lengua y fue directo al punto—. Me vas a decir que esta pasando…

Sora se sobresaltó un poco en el lugar se podía ver los hombros tensos. Por ahí no se lo esperaba, por ahí sí. No habría forma de saberlo, como era de esperarse nunca sabía o predecía cómo podría reaccionar. Él era impredecible; no podría catalogarlo como una cualidad o una desgracia, pero de lo que sí estaba seguro era que él nunca estaba mentalmente preparado para nada.

—Así que te diste cuenta—. Fue un susurro, casi imperceptible, que si no hubiese estado tan cerca probablemente no lo hubiese escuchado—. ¡Es difícil de explicarlo! Ugh—. Se agarró la cabeza y lo notó en conflicto con él mismo.

—Pensé que había confianza entre nosotros para estas cosas…

—No es eso, idiota—. Sora detuvo el tren de balbuceos y seguramente, dedujo, reconoció su agresividad al segundo de soltar eso—¡Esta bien, está bien! Lo haremos a tu manera—. El castaño suspiró hondamente y, con las mejillas rojas, escupió—. Bésame.

Roxas creyó por un instante que había oído mal; es decir hubo un lapso de segundo en el que su cerebro dejo de pensar y de producir ideas. Ese lapso en el miró fijo a Sora quién veía el suelo como la cosa más interesante del mundo. Sus mejillas rojas, visiblemente incómodo y una mano sosteniendo su rostro. Ese lapso en el cual él mismo estaba sintiendo el calor en sus mejillas, estaba seguro que hasta sus orejas ardían y había empezando a mover sus manos en diversas posturas. Se rascaba la nuca para luego desacomodarse los picos de cabello.

Sora y él besándose. Esa sería su primera vez también; no había sido besado en dos ocasiones pero sin sentimientos de por medio. Roxas pensó, cuando su cerebro volvió a producir ideas, en su amistad y en lo que podría pasar después de eso, en su conversación con Axel días atrás y tratar de visualizar el futuro de ahora en adelante.

—¿E-estás seguro de eso? ¿Por qué…?

—No, no estoy seguro de nada. Pero tuve una conversación con Riku y Kairi—. Sora se detuvo frustrado—. No importa, estoy curioso al respecto… y pensé "y si"—. Clavó sus ojos azulados lleno de inseguridades en él—. No tenemos que hacerlo igual si no quieres. Sé que es raro, inclusive para mí.

—Bueno.

Eso fue todo lo que dijo, Sora estaba hablando pero él había dejado de escuchar al momento de escuchar "y si…". No iba a lastimar a nadie intentarlo, en el caso de que funcionara habrían encontrado su felices para siempre, y si no seguirían como hasta ahora. Lo que sí se complicaría sería en el caso de que uno no sintiera nada y el otro de todo. Pero no quería enfrentar un panorama miserable ahora mismo. Ambos estaban nerviosos, el aire alrededor de ellos era pesado. El corazón bombeaba más sangre de lo habitual y ninguno de ellos se animaba a cruzar miradas.

—¿Seguro, seguro…?

—Tuve una conversación con Axel hace unos días…—. Se sinceró, carraspeando su garganta—. Similar a la tuya, Sora.

—Aa. Entiendo—. El castaño respiró hondo otra vez—. ¿Estás listo…? Voy a contar hasta tres…

Roxas quiso decir "no" pero era el mismo miedo que quería hablar por él; asintió con la cabeza y ambos tenían los rostros frente a frente. Para cuándo Sora terminó de contar, él sintió los labios sobre los suyos. Los mismos temblaban como los suyos propios, estaban secos y lo que siguió fue un aleteo de mariposas en la boca de su estómago. Apenas sí tenían la boca entre abierta, apenas sí chocaban las respiraciones… los ojos que antes tenía fruncidos y cerrados se relajaron al igual que todo su cuerpo y presentía que Sora estaba sintiéndose como él. Lo que se había iniciado con nerviosismo paulatinamente iba dejando esas inseguridades e iba cambiando a algo que no había palabras para explicarlo.

Roxas no podía explicarlo, sus sentimientos afloraban como al abrir la caja de Pandora. Ignorante de que todo eso estaba en él y nunca lo había sabido. Sentimientos que llenaban el lugar y lo hacían sentir completo.

En ese momento solo existían Sora y él. En ese pequeño rincón de la ciudad, ajenos a lo que ocurría a su alrededor.

Tbc

N/A: perdón la demora! Pensaba actualizar en una semana pero me tomo más tiempo del debido

Ya el próximo es el último. Gracias por haber llegado hasta acá, y nos leemos la proxima. Abrazos enormes!