Pronto se seguirán revelando más cosas jujuju~

¡Saludos! Me gustaría que disfrutaran de la lectura, éste episodio tiene ligero lemon, así que les recomiendo discreción.

Les agradecería que apoyaran la historia, como puedan, con favs, likes, comentarios, etc., me animan a seguir y también ayudan a los demás a encontrar mi historia interesante con sus reviews. Si tienen alguna duda, pueden enviarme mensajes o visitarme en mi IG /OnlyStarling

Hasta la próxima~

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Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Riot Games tiene los derechos de los personajes usados.

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Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^

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El Baile del Cuervo

Por Clarisce

Capítulo 32: Celos y Envidia

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Ese desagradable aroma y sabor, pensó la joven recién juzgada, se arrastró en su celda para buscar la fuente, ahora estaba oscuro, ni si quiera amanecía.

Se arrepentía por cómo las cosas resultaron, su amado y ella fueron salvados por aquella pequeña niña que siempre la perseguía para aprender algo nuevo, sonrió, Irelia era una bendición en su vida, ella… era fuerte y tenía un corazón amable.

Las puertas desde el exterior hicieron un ruido, se abrían, pronto se incorporó y arrinconó, si eran guardias, quizás querrían lastimarla, después de todo… había provocado al emperador al lastimar a su favorita.

Durante el juicio no pudo aguantar más la tensión y mientras los guardias la golpeaban, en algún punto, quedó inconsciente.

— Sea breve —dijo el guardia quien trajo una visita encapuchada a ver a Idiz, éste no respondió y sólo se inclinó.

— ¿Quién es? —preguntó la joven, no veía mucho, tenía los ojos hinchados.

Las puertas de la celda exterior sonaron, haciendo saber que el guardia que los vigilaba ya no estaba cerca.

— No me conoces —dijo con voz suave, extendió sus manos con un paquete— tómalo, es para ti y tu esposo.

— ¿Es veneno? —preguntó, pero era algo tonto decirlo, si fuera veneno no se lo dirían… tal vez alguien de parte de la señora Fleuran quería vengarse e impedir que se reuniera con Adrien otra vez.

— Para nada —suspiró sabiendo que no le creería— pero creo que me conoces —afirmó quitándose la capucha que cubría su identidad.

— Es el emperador —dijo asustada y pronto se echó al piso sin mirarlo.

— Le-Levántate, no hagas eso, podrían descubrirme —dijo un poco sorprendido— ¿cómo sabes que soy yo?

— Vi… una… ehm… un dibujo de mi esposo que hizo de usted, perdóneme.

— Levanta tu cabeza, ven y recibe esto —dijo y con miedo, aún, la joven se acercó cual si fuera un perro, tomó el paquete y sonrió levemente— ¿por qué viene a verme? No soy… nadie importante.

— Irelia es amiga mía, quisiera darte detalles, pero supongo que lo sabrás luego.

Desenvolvió el paquete y miró emocionada al hombre que la visitaba.

— Esto es comida y… medicina.

— Sí —dijo tratando de seguir suavizando su voz, no quería intimidarla.

— Es muy diferente a como era en la corte y… le agradezco mucho haber creído en mí.

— Tu hermana es importante para mí, es… noble de corazón y te dije que es mi amiga, creo en su testimonio. Espero puedan sentarse libremente a platicar de esto cuando regreses.

— ¿Qué quiere decir? ¿Regresar? —se cuestionó debido a la resolución de su sentencia, ser desterrados no era un estatus que pudiera cambiar.

— Cuando muera, podrás regresar.

— Señor, no puede… —decía, pero fue interrumpida por el guardia, quien abría las rejas.

— Mucha suerte, Idiz —se despidió para luego cubrir su rostro nuevamente e irse.

¿Qué quería decir con eso? ¿Cómo que podría regresar cuando muriera? ¿Acaso se refería a sí mismo? No, no podría decir algo tan arriesgado, podía ser una mentira.

Al revisar la medicina, dejó caer un sobre, lo levantó del piso y lo leyó apoyada en una de las paredes, era una carta, por fuera tenía su nombre, ¿qué podría contener?

El revuelo en la capital había sido similar al de un escándalo en la época anterior a ellos, Swain juntó sus manos, al llegar de la corte consoló a Irelia y la llevó a su villa para dejarla dormida en su habitación, luego fue hacia su estudio, buscó acomodarse frente a su escritorio mientras pensaba en lo sucedido.

"¿Qué se te metió en la cabeza? No creo el teatro que has armado, no creo que sientas algo por cualquier ser vivo en éste mundo. Darkwill preferiría morir a mostrar un poco de humanidad, lo sé" —se mordió las uñas.

La agitada casa sonó pronto más ruidosa de lo habitual, aunque no sería así por mucho, a la media noche ellos se marcharían con un equipaje ligero, era bueno que Lille fuera bueno organizando lo básico, enviarían lo demás en los días siguientes.

Dejó sus uñas en paz para mirar por la puerta, en cualquier momento llegaría aquel miserable hombre en busca de respuestas que a duras penas él tenía.

TOC TOC TOC

— Adelante.

— Escuché todo lo que pasó.

— Uhm… —fingió no interesarse, buscó algunos papeles para disimular.

— Swain.

— ¿Uhm?

— Swain, ¿sabes que dejaste en peligro a esa mujer?

— No estaba en peligro.

— Casi cortan sus manos y no te moviste, fue como en el pasado, ¿recuerdas? Cuando esperaste que nuestro enemigo actuara antes para que reaccionases.

— Es distinto.

— Sí, es distinto —afirmó preocupado— porque esa mujer postrada ahí, no era mi amada, era la tuya.

— Darkwill no permitiría que le quitaran las manos, es su favorita.

— ¿Por qué estabas tan seguro? Lo conoces como yo, sabes que él no era un humano en el pasado. Tuviste suerte y ella no lo sabe.

— Estoy adolorido, el veneno que pusieron en la bebida todavía hace efecto y… ella lo entiende.

— Siempre pensé que el demonio era quien te hacía actuar de esa manera, siendo calculador, esperando oportunidades, sacrificando personas como piezas, pero… comienzo a dudar. Creo que fuiste tú todo ese tiempo.

— Mi querido y exagerado amigo, al principio me amenazaste con que no me encariñara con ella —giró sus ojos rojos hacia él, como un ave de presa— después te pareció bien que la quisiera y ahora cuestionas mis acciones, ¿de dónde sale tanta volatilidad?

Darius caminó directo a su escritorio, puso sus manos sobre éste y miró con atención sus respuestas. Pensó en algún punto que era bueno que Jericho Swain pudiera sentir emociones como las que él sintió alguna vez, sentir afecto por otra persona que no fuera sí mismo, podría hacer que tomara las decisiones desde una perspectiva más humana, así que pensó en dejar que sucediera, pero con el juicio y sus acciones, la forma en que no actuó para defender a Irelia sólo porque quería ver la reacción de Darkwill, le pareció maquiavélica y cruel.

Y si… pudo hacer eso con alguien que lo amaba sin condiciones, ¿qué haría con él? Si lo requiere, ¿lo sacrificaría? ¿Sacrificaría a su amada? ¿Cuál era el límite?

— Mi hermano irá en la caravana con tu esposa, por fuera con su caballo. Avísame si marcharás con tu familia o nos seguirás más tarde, para asignarte a alguien.

— Mano de Noxus, te agradezco —dijo sin evadir su mirada, no estaba parpadeando, algo peligroso pasaba por su mente.

Darius se marchó, caminó un poco incómodo por los pasillos, pensó que podría comer algo antes de ir para organizar a los caballeros y los carruajes, pero algo lo distrajo, eran las luces de la cocina, ¿quién podría estar ahí a esa hora? Todos los sirvientes habían sido enviados a ayudar en la mudanza.

Asomó su cabeza por la puerta y notó a alguien frente al lavado, parecía lavar una taza con agua que caía muy fuerte por la llave, cuando la puerta resonó como un chillido, esa persona notó su presencia.

— Eres tú… —dijo Emeri, soltó la taza a un lado y se limpió el rostro con el dorso.

— ¿Qué haces? ¿No deberías preparar la maleta de tu señora?

— Sí, sólo que pensé que querría algo para beber, estaba nerviosa, me rogó que la dejara ir a ver a su hermana, pero ella iba a irse esta noche y la ex señora Idiz se iría mañana, no coincidirían y todos debemos seguir las órdenes del emperador —comenzó a lagrimear con los labios fruncidos.

— Vamos, cuéntame, tengo unos minutos para escucharte.

— No tengo nada —volvió a limpiarse el rostro— yo… —pausó y sin resistirlo más habló— tuve mucho miedo —soltó su sentir y comenzó a llorar sin hacer mucho ruido— la ama me alejó y casi la lastiman; además el joven amo… —se detuvo en seco.

— ¿Qué?

— Después de que el joven amo fue empujado en la corte, yo intenté correr tras ella, pero sentí que algo me detenía, pero no había nada, miré a mi ama a los pies del emperador y… sólo sentí ésta fuerza sobrenatural obligándome a quedarme quieta… entonces, los ojos del joven amo, brillaron, estoy… estoy segura de que fue él, ¿piensas que estoy loca?

— ¿Estás segura?

— Sí, creo que el joven amo usa artes oscuras, creo que me impidió moverme y creo que… quería dejar que lastimaran a mi ama.

— Es raro que estés molesta con un Swain.

— Él no es mi amo, la señora Irelia lo es, yo le debo mi lealtad a ella y te cuento esto porque —suspiró— tú no eres leal al joven amo.

— Ya no llores —suspiró y la abrazó— averiguaré qué pasa.

— ¡Suéltame, tarado! —dijo fuerte mientras lloraba.

— A veces ser una sirvienta leal es un dolor de huevos, ¿verdad? Debes ver cómo intentan sacrificar a tu ama y lloras porque no puedes ir en contra de Jericho, te entiendo.

— Yo… yo… ¡eres un tarado!

Le golpeó con sus puños, pero Darius no lo sintió, después de todo era una niña para él, como si fuera una hermana pequeña que lo atormentaba día a día con sus ocurrencias.

— Pronto tendrás más recursos y si necesitas ayuda, dímelo, ¿sí?

— ¿Irás con nosotros a la fortaleza? —se separó con la cara roja, había llorado demasiado.

— Eventualmente. Aunque yo todavía tengo un asunto que resolver, llegaré un par de días después.

— Darius —dijo suave— ¿crees que el amo Swain vaya a matar a mi señora?

Quería decirle que no era posible, estar completamente seguro antes de emitir una palabra, pero se quedó callado mirándola y esa fue más que una respuesta, Emeri miró triste a la nada y se acomodó su vestido.

— Voy con mi ama —dijo y Darius le dio unas palmadas en la cabeza.

— Y no llores.

— ¡No estoy llorando! ¡Tarado! —se alejó resoplando como una niña.

Más tarde ese mismo día, después de recogerse y empacar lo más básico, Irelia subió al carruaje con Emeri, ésta le llevó una canasta con un poco de comida, desde sándwiches, empanadillas, un poco de arroz y otras legumbres, seguro aguantaría hasta la próxima parada donde encontrarían más.

— Emeri.

— Dígame, ama.

— Escribí una carta, ¿crees que puedas dársela a algún sirviente y que se la den a mi hermana?

— Claro, no lo dude —extendió sus manos e Irelia le entregó la misma— ya vuelvo, la encargaré a alguien.

Se fue a toda prisa, los caballos relincharon, estaban ansiosos por partir, Emeri también sentía esa presión, pero una misión era una misión.

La puerta fue abierta nuevamente e Irelia volteó para preguntar qué había pasado, suponía que era su pequeña amiga.

— ¿Olvidaste algo?

— Mi cielo —dijo Jericho entrando.

— ¡Jericho! —respondió emocionada al ver la cara de su amado.

Éste entró y se sentó frente a ella, había gastado mucha energía para consolarla hace un rato y no quería que se acostumbrara a tanto cariño.

— ¿Y Emeri?

— Fue por un encargo.

— Ahora que viajaremos juntos, creo que debo decirte algo, la fortaleza es un lugar muy frío y probablemente sea peligroso, no creo que tengas miedo, pero no es una zona turística donde podremos tener la luna de miel que quería.

— No pensaba eso —respondió— pero cualquier lugar en el que estemos juntos, será un alivio para mi alma.

— Lo lamento —dijo suave, no era la primera vez, pero sentía que le debía una disculpa.

— ¿Por qué?

— Te dije que seríamos una pareja real, pero en estas circunstancias debes entender que mi deber es velar por la familia. Mi padre fue asignado a algunas tareas lejos de la capital también, así que no nos acompañará, serán mis hermanos, mi madre y tú.

— Entiendo que no pasaremos mucho tiempo juntos y que debes trabajar, aun así —tomó las frías manos de Jericho pero éste no se inmutó— dormiremos juntos y velaremos el uno por el otro allá.

— No podemos consumar nuestro matrimonio, tener hijos no es recomendable, el clima es extremo, sin contar con que hay tribus salvajes desconocidas. Así que nos guardaremos por un tiempo.

— ¿Hasta cuándo? —preguntó un poco conmocionada.

— Hasta que podamos volver a la capital —apretó las manos de su amada— debes entender que esto no era lo que quería y que son las consecuencias de tus decisiones.

Se soltó de golpe.

— ¿Qué pasa? —preguntó sin emoción Jericho.

— Prometiste que íbamos a ser una pareja.

— Esa promesa estaba sobre la idea de tener el ambiente ideal para ello, no conmigo ocupándome de la casa de los Swain allá en lo desconocido, ni con mi familia atormentándonos. Los hijos vendrán, no te preocupes tanto.

— Realmente… ¿me quieres? ¿O estás molesto por lo que hice en la corte? —dijo seria.

— ¿Por qué estaría molesto?

— No lo sé.

— Si no lo sabes, entonces tal vez no es nada.

— ¿A qué viene ese tono? —frunció el ceño.

— ¿A qué viene esa pregunta?

— ¿Es por el emperador?

— ¿Lo es? —preguntó frío.

Irelia parpadeó rápidamente varias veces e intentando relajar su mirada volvió a la conversación, convenciéndose a sí misma de que nada de eso debía tener un gran significado.

— Eres un idiota —afirmó— vete si quieres, no necesito de un marido que no sirve para cumplir sus funciones. Es más, quédate en la capital, disfrutarás de la compañía de otros noxianos estúpidos como tú.

— No tengo hogar, podría pedirle a Stelia que me cobije.

— Hazlo —dijo igual pero irritada— si vas a quedarte aquí en la capital necesitas quien te caliente, ¿o serás igual de frígido que conmigo? Supongo que a una mujer tan básica no le importará tenerte, aunque sea como un broche.

— ¿Frígido? —dijo molesto.

— Sí, frígido.

— Cuida tu lengua.

— Opino que ustedes dos se merecen, no son más que helados frascos sin interior.

— ¿Y el emperador es muy cálido contigo? ¿Es por eso que te ofreció la fortaleza del noreste?

— No me la ofreció, nos envió allá, pero sí, él es más cálido —mintió, no conocía al emperador, sólo quería ver rabiar a Jericho.

Respiró con agitación y sus ojos rojos se encendieron para lanzarse a ella, con los brazos hacia su cuello.

— Aprieta —pidió Irelia enojada.

La soltó, no iba a hacer lo que ella quería, en cambio se puso sobre ella, y tomando su rostro la besó con más intensidad de lo que ella imaginaría, se fundió en ella tan fácil que le quitó la respiración, la volteó y la puso sobre él, ésta vez abriéndole las piernas para que ella sintiera lo que él tenía en su entrepierna.

Irelia le golpeó el pecho con el puño varias veces y cuando finalmente se soltaron, ella miró sofocada al mismo, éste tenía el pelo revuelto, la camisa abierta y el pantalón muy abultado.

Quiso moverse de esa posición, pero él la obligó a permanecer ahí y sentirlo mientras hablaban de nuevo.

— ¿ESO TE PARECE FRÍGIDO? —dijo con voz fuerte.

— Vete… —respiraba agitada.

— Te enviaré embarazada si tanto quieres luchar con la adversidad.

— ¿Por qué cambiaste? —dijo suave y lo miró con ternura— Tú no eres así, no eres… esta bestia —le acarició el rostro.

— Irelia… —un dolor de cabeza le hizo cerrar los ojos, se apartó de ésta y fue a un lado del carruaje sin poder comprender por qué había un zumbido capaz de hacerle retorcerse de dolor.

— ¿Estás mejor?

— Irelia… perdóname —dijo como si volviera en sí.

— ¿Es otra vez esa voz?

— No hay voces, soy yo, soy… ese yo que… ese yo que recuerdo —apretó los labios— y cuando regreso, veo todo lo que hice y me arrepiento, ¿estoy loco? —la miró.

— Mi amor —dijo Irelia acercándose a él, se puso a su lado, pasó su brazo por encima y apoyó su cabeza en su pecho— lo que importa es que estás aquí.

— Estoy volviéndome loco, yo… ¿y si la próxima vez te lastimo?

— No me forzaste, yo quería que me besaras y quería que consumáramos lo nuestro, aunque fuera aquí —se rio levemente— créeme que, si no quisiera, te rompería los brazos y piernas.

Era un tormento estar con una mujer así de temible, pensó Swain al momento, su cuerpo reaccionó con un escalofrío recorriéndole.

— Te creo, mi cielo —suspiró ya más enfriado.

¿Cómo lidiarían con ésta nueva aventura? Estaba seguro de que nada de lo que caía en sus manos ahora sería por gracia de Darkwill, sin duda un plan se forjaba, pero descifraría el significado para no seguir en esta densa y pasiva oscuridad muy pronto.

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Fin de Episodio 32
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