12 años antes
—¡NOOOO, NO QUIERO NOOOOOOOOO!— El pequeño Vegeta de 5 años hacía una escena en el comedor real, una nana cargaba a Tarble mientras las otras trataban de controlar la rabieta del príncipe que se salía de control.
—Su majestad, tiene que comer para crecer grande y fuerte como su padre.—
—NOOOOO NO, QUIERO COMIDA DE MI MAMI, TRAE YA A MI MAMIIIIIII, MAMIII.—
Las nanas ya no sabían cómo lidiar con la situación, hacía unos meses la reina había perdido su batalla y al príncipe heredero le costaba comprender que su madre no regresaría. Las peleas diarias desgastaban al personal y el príncipe rechazaba las comidas, los atuendos, e incluso los estudios, no le conformaba absolutamente nada.
—Vegeta, joven príncipe, si deja de llorar traeré algo para usted.— La nueva tutora de Vegeta se acercaba al príncipe, quien con mucha curiosidad miro a la mujer. La señora Celry extendió su mano y le mostró un par de pulseras hechas artesanalmente. Para todo lo que había en palacio, no eran más que una baratija que intrigó al príncipe, las tomó con cuidado y las examinó brevemente.
—No brillan.— Las soltó al momento de comprobar que no se trataba de joyas preciosas, sino de cuentas de fantasía en un humilde hilo.
—Fíjese bien en ellas joven príncipe, observe el interior de las gemas centrales.— la mujer insistía levantándolas del piso y entregándolas nuevamente, esta vez el príncipe las miraba de cerca, logró ver algo, un símbolo de infinito que cambiaba de dirección.
—¿Por qué cambia?—El príncipe en su inocencia infantil se fascinaba por el artefacto y la mujer sonreía, había captado su atención.
—Porque en la vida hay ciclos que inician y terminan, como la vida misma, sin embargo hay cosas infinitas, como la amistad verdadera. ¿Usted tiene algún amigo joven príncipe?—
—Ah ah— Vegeta miraba sus pequeñas manos intentando contar, pero negaba con la cabeza.
—Es porque es muy obstinado, observe con cuidado, como miró estas gemas, puede que algún amigo le esté esperando en algún rincón.—
El pequeño volvió a observar las gemas y rápidamente echo un vistazo a su alrededor. —No sea impaciente, la amistad llega por sí sola y recuerde que el valor de las cosas se lo damos por lo que significan, no por lo que cuesten. Si usted coopera podremos encontrar un amigo.— Vegeta guardó las pulseras en su bolsillo y accedió a comer. Poco a poco iba superando su duelo y tras un par de años el príncipe maduraba dejando de lado sus rabietas para irse concentrando en travesuras y desarrollar su fuerte carácter. Era un chico demasiado voluntarioso y rara vez estaba fuera de problemas.
El palacio de la capital del Este abarcaba un área bastante amplia, pero los lugares donde Vegeta podía deambular, estaban estrictamente limitados ya que no era de la incumbencia del príncipe visitar cada uno de los rincones del castillo. Sin enmbargo para el joven Vegeta eso no era una mera sugerencia, un día explorando en las zonas prohibidas se encontró con la puerta de la gran cocina real, al entrar, un desfile de cocineros y ayudantes se concentraban en sus labores. Parecían soldados gritando y coordinando cada platillo. Los fogones estaban ocupados y con tanto movimiento que el pequeñín pasaba inadvertido. Se deslizó hasta la despensa donde descubrió una gran reserva de bayas, probó una y eran dulces y ácidas, un sabor particular. Así que se sentó a asaltar todo lo que podía, se estaba dando tremendo festín con los ingredientes principales de algunos platillos que se servirían en la cena de palacio, era una visita de estado así que el banquete debía ser perfecto. No obstante, a Vegeta no le interesaba, no estaba al tanto y mucho menos invitado, eran cosas de adultos y a él solo le importaba la diversión.
—¡Oye niño! ¿Qué haces? ¡Deja eso, te van a regañar! Ay no, mira nada más, mi madre te hará añicos.— Un chico de la edad de Vegeta lo sorprendía mordisqueando a diestra y siniestra dentro de la alacena. —¿Qué no sabes que el Rey tendrá una fiesta? Mi madre es la chef principal y se va a enfadar mucho.—El chico preocupado intentaba jalar a Vegeta para que no continuara asaltando la cocina, pero el príncipe únicamente tomó un gran trozo de queso y lo partió por la mitad con las manos, entonces se lo ofreció al preocupado niño.
—¿No quieres?—El príncipe miraba firme esperando que el niño cayera en complicidad y posiblemente en caso de ser capturados, pudiera deslindarse de su culpa, el chico se relamía los labios y pasa a saliva.
—Si quiero, pero no debo, esto es para el Rey y la gente que vendrá en la noche, mejor ven.— El chico se levantaba y caminaba invitando a Vegeta al comedor de empleados. Era una zona donde Vegeta tampoco había entrado nunca así que aceptó solo por la experiencia.
Al acceder a la sala pudo ver dos mesas largas llenas de sillas, una cocina alterna a la real con refrigeradores que guardaban la comida de los empleados. El pequeño corría al refrigerador y sacaba un par de recipientes, tomaba una gran porción de fideos de una olla y servía algunas guarniciones. —No tengas pena, este no lo prepara mi mamá, pero igual es muy bueno, cuando no nos da tiempo de comer en casa, venimos aquí.— El chico sirvió sus fideos con Kimchi y comenzaba a sorberlos, luego Vegeta se sentaba y observaba el platillo con detenimiento, no era la elegancia a la que estaba acostumbrado, tampoco la gran mesa con variedad de carnes y comida internacional, era un simple y artesanal plato de fideos.
Vegeta se animó a probarlo y el chico sirvió algo de carne de cerdo en el plato del príncipe. —Mira, prueba esto, te va a gustar.— Vegeta degustaba la nueva comida al principio con precaución, no tenía idea si le gustaría o si sería alérgico, pero nadie le llamaría gallina, sorbió un poco de fideos y mordió la humilde guarnición. Para su sorpresa, un estallido de sabores llegaba a su paladar, nunca había probado tan deliciosa carne, tenía una salsa dulce y ácida que combinaba perfecto con el kimchi. —¿Te gusta?— el niño preguntaba y Vegeta afirmaba sin hablar y sin dejar de comer en un claro signo de aceptación de la comida. —¿Puedes creer que el payaso del príncipe rechaza estas delicias? Es un tonto, por cierto, me llamo Raditz ¿Cuál es tu nombre niño?—
Vegeta se rió —Mi nombre oficial es Ouji Vegeta Cuarto, y si rechacé esto fui un completo idiota.—
Raditz dejaba de comer y se ponía azul, rojo y de mil colores por la vergüenza, no sabia en dónde meter la cabeza para que se lo tragara la tierra.
—Pe... perdón su majestad.— Raditz dejaba de comer, pero Vegeta acababa con el plato completo. —Otro.— El príncipe pedía más y Raditz le servía, el régimen del Rey era muy duro con todo aquel que los desafiará o insultara, el chico temblaba pero Vegeta muy calmado lo tranquilizó.
—No te preocupes, se que era un niñito llorón, pero ya tengo 7 años, ya soy grande.—
—Yo también tengo 7.—
—Aproveché que mi padre está preparando su viaje a occidente para explorar dónde no tengo permitido entrar. ¿Tú vienes seguido?—
—No, hoy no tuve clases y por eso vine, casi siempre estoy en la escuela.—
—¿Escuela?—
—La primaria militar Saiyan, allí entrenan a las fuerzas élite desde pequeños. ¿Tú en qué escuela vas?—
—No voy, estudio con la momia viviente una sarta de tonterías. ¿Que entrenan en esa escuela?—
—Pues artes marciales mixtas, yo estoy enfocado en lucha, pero también hay Muay y Jujitsu. Los más grandes entrenan Ninjitsu y Box, bueno además de aprender lo normal, supongo.—
—Quiero entrenar, iré a esa escuela a partir de mañana.—
—Mañana es sábado, no tenemos clases.—
—Entonces vendrás mañana y me enseñarás.—
Una mujer no muy alta, de semblante tranquilo entraba a la cocina armada de un cucharón. Tenía puesta una filipina de chef negra, su pulcro mandil blanco y un gorro alto, tan alto que se podia ver a varios metros de distancia entre la multitud. De primera instancia parecía una mujer amable pero todo cambió al ubicar a Raditz comiendo con otro chico en la cocina de empleados.
—¡MUCHACHO TROGLODITA! VAS A PAGAR LO QUE MORDISQUEASTE Y NO TE BASTARÁ LA VIDA PARA ARREPENTIRTEEEEE.—
—Ma... ¿Mamá?— Raditz chillaba ante la golpiza que le propinaba Gine con el cucharón. Vegeta observaba y no sabía muy bien qué hacer, por una parte estaban reprendiendo a Raditz por una travesura orquestada por él, eso estaba bien, no estaba pagando por su propio crimen, pero, si algo soportaba menos que ser retado por sus mayores, era ser ignorado. Su orgullo y ego sufrieron un tremendo golpe bajo ¿Cómo era posible que esa mujer pensara que su miedoso hijo era el autor de tanta osadía? Él y nadie más que él era capaz de lograr tan perfecto arte y fue cuando su boca soltó las palabras más rápido que su cerebro.
—Ese niño no es capaz de comerse los ingredientes, esos los comí yo y fueron deliciosos.—
—¿Qué dices?— La chef Gine se volvía furiosa contra Vegeta, pero apenas lo vio lo reconoció, a diferencia del personal general de cocina, Gine era un miembro de la corte y esposa del General más importante del ejército.
Vegeta se sobaba la panza y se reía, deteniendo así la paliza que Raditz estaba recibiendo.
—Príncipe Vegeta.—La chef hizo una reverencia y puso detrás de ella el cucharón con el cual castigaba a Raditz.
—Vamos a jugar Raditz, chef, gracias por la comida.— Vegeta salió rimbombante seguido de un tímido Raditz, quien corría esquivando a su madre.
—Gracias príncipe, es un gran amigo.—
—¿Amigo?—Vegeta se sorprendió, nunca lo habían considerado su amigo, ¿Era así de fácil? ¡Llegaba solo!
—¡Ven, vamos por mis juguetes!—Vegeta dirigió a Raditz a su habitación y sacó el par de pulseras que tenía guardadas. —Yo me pongo una y tú otra, cualquiera que se meta contigo se mete conmigo. Amigo.—
En la actualidad.
—Bienvenido Doctor Briefs, gracias por venir a compartir su tecnología. Mi nombre es Celry, soy diplomática de la Capital del Este y represento a su magestad el Rey en tierras extranjeras. El príncipe sufrió un accidente y me habló de su regenerador.— Celry hacía pasar al padre de Bulma al lobby de la habitación de Vegeta, ambos tomaron asiento en unos sillones forrados imitación piel color marrón y sirvieron café dispuesto en la mesa de centro. Celry observaba con cuidado, a pesar de todo lo que gritó el príncipe, la mujer tenía la obligación de comprobar si era seguro su uso para el tratamiento de su alteza.
—Ah, con mucho gusto, traje el Regen 6 Beta, me comentó su secretario que se trata de una herida de bala.— el Dr. Briefs trataba de no parecer nervioso pero por dentro estaba temblando, era la primera vez que alguien tan importante de oriente probaba uno de sus inventos.
—Así es Doctor, fue una herida limpia pero lesionó algunos tejidos, el príncipe es muy joven y tiene inquietud por seguir con la práctica de deportes de alto rendimiento, ya fue operado pero la recuperación se estima al 90% en 6 meses, pero evidentemente quiere recuperarse lo antes posible y al 100%, desconozco si sería posible.—
—Muy bien, ¿Puedo ver los estudios?— El Dr. se ajustaba los lentes y Celry proyectaba los estudios de imagen en su computadora. El padre de Bulma daba varios clicks, agrandaba y achicaba las imágenes, sacó una pluma de su bolsillo, la agitó y comenzó a dictar las anotaciones que se sincronizaban con sus lentes. Era sorprendente ya que tenía acceso a su computadora en una realidad virtual proyectada por sus anteojos, luego con un holograma podía teclear y jugar en el aire como si tuviera una pantalla touch. —De acuerdo a los estudios, el regen 6 aún no tiene la potencia para repararlo al 100%, pero podría haber unos ajustes junto con mi hija y debería funcionar. Si está de acuerdo podemos actualizar el software poco a poco para tener una recuperación perfecta y evitar alguna cicatriz.—
—¿Quiere decir que con su invento, será como si nunca hubiera recibido la bala?—
—Es correcto, nuestra tecnología trabaja por medio de nano bots que penetran por los poros de la piel y crean una recuperación indolora y total en un par de semanas.—
—Es parecido a nuestra tecnología que ataca las células cancerígenas, pero aún no hemos podido hacerlo trabajar dentro de rangos seguros ¿Cómo puedo asegurar que no terminarían dañando al príncipe?—
—La tecnología de corporación cápsula ya trabaja en el sector público de occidente, no debería haber problemas, además tanto mi hija Bulma como yo, estaremos al pendiente.—
Vegeta miraba su celular, entraba a Instagram una y otra vez, no se atrevía a darle me gusta a ninguna fotografía de Bulma, así que pasaba una tras otra, fotografías de ella, de sus amigas idiotas, de... comida. —Es estúpida ¿A quien le importa saber que se trago?— nuevamente ella con sus amigas, y muchas publicaciones con el imbecil de Yamcha.
—Niña imbecil, no se da cuenta de que el idiota ese solo se aprovecha.— Las ganas de comentarle que era la mujer más tonta del mundo no le faltaban, pero en primera estaba con poco movimiento y en segunda, la cuenta era de su hermano, no tenía caso decir las cosas si no era de frente.
Apenas estaba pensando en cómo ocultaría su identidad al Dr. Briefs cuando sorpresivamente se giró el picaporte y ahí estaban, cruzando miradas de frente, evidentemente el padre de Bulma se sorprendió al ver a Vegeta y éste solo volteaba la cara para mirar hacia otro lado, no estaba listo para ser descubierto. —Si serás idiota Vegeta.— Se susurraba para si mismo.
—Recuerde que ha firmado un contrato de confidencialidad, no podrá hablar ni decir nada a nadie sobre el Príncipe.— Celry estiraba la mano con el contrato y recordaba. —Eso incluye a su hija y todos sus amigos, la identidad del príncipe probando nueva tecnología debe ser resguardada.— Celry había acordado con Vegeta un contrato que resguardase su identidad como príncipe para evitar que el Rey se enterara del accidente, entre más pronto tuvieran a Vegeta en casa sano y salvo, el pellejo de la anciana correría menos riesgo.
—Y es para hacer más fácil la vida de Bulma, no quisiera tener paparazzi en la escuela ¿No es verdad?—
—Es verdad, disculpa Vegeta, perdón príncipe.—
—No se preocupe, Vegeta está bien.—El príncipe otorgaba su permiso para ser tuteado y hacía una seña para que Celry saliera de la habitación .
Mientras el científico colocaba la férula y la programaba, Vegeta no pudo evitar preguntar por la cámara de gravedad y los drones de Bulma, sería muy útil tener una en casa. —Disculpe, sobre la cámara de gravedad...—
—¡LO SIENTO! ¿Estoy en problemas? ¿No sabía que eras un príncipe, de lo contrario jamás hubiera probado mis inventos contigo, mil disculpas.—
—¡De ninguna manera! No se preocupe, yo estoy muy interesado en seguir con la prueba, pienso que sería adecuado poder adquirir su tecnología.—
—Bueno... sería adecuado, pero aún no tengo permisos para producción en masa y venta, además es muy complicado crear una.—
Vegeta sonrió con malicia.—¿Entonces es única en el mundo?—
—Si y está instalada en mi casa.—
—Perfecto, ¿Podría ir a entrenar seguido a su casa?—
—Por su puesto, pero ¿Me meteré en problemas?—
Vegeta se quedó pensativo. —Mmm no.— Dijo riéndose y el Dr. Briefs acompañó la risa del muchacho forzando la propia. —En problemas estaría si alguien más accede a ella... ¿Está de acuerdo?—
—Sin problema Vegeta, en realidad ese cuarto lo hice para Bulma, es necesario un entrenamiento para pilotar naves espaciales, pero seamos sinceros a mi hija no gusta hacer ejercicio.—
—Podría hacer que le guste.—
—¡¿Qué?!—
—¿Qué?— Vegeta se ruborizaba y volteaba hacia la ventana, el Dr. Briefs se quedaba en un silencio incómodo para después aclararse la garganta .
—Bueno, yo saldré de viaje pero Bulma vendrá mañana a actualizar.—
Vegeta se ponía nervioso, no debían descubrir tantas personas su verdadera identidad o su participación como combatiente quedaría comprometida. —Disculpe, Bulma no se puede enterar que soy el verdadero príncipe, verá, a mi me gusta mucho hacer artes marciales y mi padre intervendría para no dejarme competir.—
—Eso es muy triste, no te preocupes, ella sabe que te dispararon ¿No? Solo eres su compañero de clases, no tiene por qué sospechar nada si le dices a los diplomáticos que se vayan.—
—¿Qué? No me obedecen, no se irán.—
—¿No eras el principe? Apuesto a que lo resolverás, yo no le digo nada a Bulma y tú encárgate de tu personal.—
Vegeta se quedaba esa noche en el hospital, no tardaba en contactar a Tarble para que le ayudara a hacer una maniobra evasiva con Celry y Bulma, de ninguna manera deberían enterarse de la verdadera identidad de Vegeta, si salía a la luz podría meterse en serios problemas, ya tenía suficiente con pagarle a Tights y "negociar" con Briand, no quedaba nada que ofrecerles a Bulma y las fastidiosas, que dicho sea de paso, estaban no enojadas, lo que le sigue.
A la mañana siguiente, Vegeta envió a Celry a convencer al director de que la responsabilidad era totalmente suya y que no perjudicara a Goku, en caso que la respuesta fuese negativa, se le tramitaría una beca por parte de la monarquía Ouji, era usual el apoyo a los alumnos orientales que destacaban en el extranjero, así que no habría problemas. Lo de su amigo estaba resuelto. Tarble por su parte llegó al medio día al hospital, sabía el horario de Bulma y ella acudiría terminando su grupo de debate. Celry tal vez regresaría a la misma hora que Bulma estuviera con Vegeta así que se puso manos a la obra.
—¿Qué se siente pasar tu suspensión escolar hospitalizado?— Tarble se burlaba de su hermano mayor.
—Hmp... No lo sé, ¿Qué sentirás si te vuelo la cabeza?— A Vegeta no le hacían las bromistas, menos en una situación n delicada cómo alejar a los inútiles de su habitación por unas horas, sería complicado evadir al enemigo.
—Bueno, siempre puedo irme a casa y no ayudarte.—
—Está bien... ¿tienes idea de lo que harás con Nappa? Envíe a la anciana a hacer los trámites de Goku, así que tardará un buen rato.—
—Deja todo en mis manos, solo... ten cuidado con Bulma, está muy enojada contigo.—
—No me asusta la fastidiosa.—
—Ajá... ya vengo, voy a mandar al león por presas.—
Tarble salió a buscar a Nappa para encargarle una lista interminable de ingredientes y materiales, hacerlo ir de un lado a otro de la ciudad les daría tiempo para que llegara Bulma, hiciera la actualización y hasta pudiera pasar el rato.
—Hey Nappa, ¿Ya sabes que llegará el señor Touma muy pronto? Solicita esta lista de ingredientes.—
—¿Qué? ¿Tan pronto? ¡Que bien! Por fin algo de arroz bien hecho, ya me había cansado el ramen instantáneo y la pizza.—
Tarble sonreía y entregaba una gran lista al calvo grandulón, Nappa recibía la lista y la analizaba.—Es necesario ir exactamente a las tiendas que dice aquí? Digo, la mitad podría hallarla en el súper mercado que está cerca de la embajada.—
—¡NOOOO! Touma se molestara demasiado, sabes que prefiere la calidad sobre todas las cosas, además no debe notar que arriesgas mi salud y la de mi hermano dándonos pizza y hot dogs todos los días ¿O si?—
—Tiene razón Duque Tarble, iré de inmediato ¿Seguro que estarán bien sin guardia?—
—Es un hospital muy seguro, yo sé cuidarme solo y dudo que Vegeta pueda escapar, habría que darle una mano jajaja.—
Nappa salía en búsqueda de toda la lista que pedía Tarble, la segunda parte del plan era quitar el título de la habitación de Vegeta, Celry había tenido la increíble idea de registrar a su hermano como Príncipe Vegeta Ouji. Se acercó a la puerta y discretamente jaló el nombre de su hermano pero al momento de desprender la etiqueta con el nombre, la dañó, así que decidió tirarla a la basura. Observó los demás cuartos sin nombre salvo el del al lado, había un enfermo más, para uniformar todas las habitaciones le quitó el nombre, no debía causar problemas ¿verdad? Era un hospital de prestigio con personal capacitado.
—Que hambre tengo.—Tarble decidió bajar al comedor, seguro que Vegeta estaría bien un rato solo. Bulma tardaría un poco más y estaba ansioso por otro sazón que no fuera la cafetería de la escuela o la mala cocina de Nappa. En el camino abría la cuenta de Instagram y observaba sus búsquedas. —Mmm Vegeta mira mucho el perfil de Bulma, ¿Le gustará Bulma? ... no lo creo, se odian, tal vez mire algo más.— entraba al perfil y no había dado ni un solo me gusta, pero había muchas fotografías de Bulma con Yamcha en un restaurante, se le hizo agua la boca y buscó donde era ese lugar. #DesertCookStation, era el restaurante de Yamcha, definitivamente iría pronto.
Vegeta descansaba un rato en su habitación del hospital, esperaba que todo saliera bien, pero en caso de que la fastidiosa mayor lo descubriera, tendría que amenazarla de alguna manera para que no soltara la boca, si se lo llegaba a decir a sus amiguitas, en pocos minutos lo sabría toda la escuela, no confiaba nada en la pelos de elote y menos en la ingenua.
La puerta de la habitación se abría sin previo aviso, Vegeta pensaba que era Bulma y por un momento su corazón latió ansioso, se tranquilizó cuando vio que no se trataba de Bulma. Se molestó ya que esa gente parecía no tener el mínimo de respeto por su alteza.
—¡¿QUÉ NADIE LES ENSEÑÓ A LLAMAR A LA PUERTA?! IMBECILES.—
—Señor Satan, vengo a cambiar sus medicamentos, me han dicho las enfermeras que no quiere tomarlos así que los inyectaremos.— Una doctora seguida de varios enfermeros m entraban al cuarto de Vegeta. Tenían un uniforme completamente blanco y sin botones a la vista, usaban unas gafas de seguridad y guantes largos.
—Me temo que está equivocada, soy el Príncipe Vegeta y ya me dieron mis medicamentos hace rato, puede retirarse.—
—Lo sé señor Satan, ayer era el hombre más fuerte del mundo y hoy es un príncipe, no vaya a comenzar de violento o lo tendré que sedar de nuevo.—
—¿Qué? ¿Acaso no sabe leer? ¡Afuera dice mi nombre!—
—Tranquilo señor Satan, no vaya a moverse o lo tendré que hacer que lo canalicen nuevamente, permita que le pongan su medicamento.—
—Pero... ¡LÁRGUESE DE AQUÍ INMEDIATAMENTE!—Vegeta se ponía a la defensiva y empujaba al la médico con su brazo derecho, no permitiría que esa mujer loca le inyectara quién sabe qué cosa.
Al defenderse el paciente, la doctora apretó un botón en la cama de Vegeta, inmediatamente llegaron 6 guardias vestidos de blanco con el mismo uniforme de la enfermera extraña. —El paciente psiquiátrico está en crisis, necesito administrar barbitúricos.—
—¡¿QUÉ?! ¡NO TENGO NINGUNA CRISIS! ¡LA LOCA ES USTED! ¡SUÉLTENME!— los guardias detuvieron fuertemente a Vegeta quien de por sí estaba mermado en su cuerpo debido a la herida de bala, la enfermera administró rápidamente una dosis de calmantes y Vegeta se relajó entrando en modo Zen.
Bulma llegó al hospital y se cruzó con Tarble, quien acababa de tomar un refrigerio y regresaba a la habitación de su hermano.
—Ay Tarble, no pensé que estuvieras aquí.—
—¿Dónde más estaría? Mi deber es acompañar a mi her... primo, a mi primo favorito si.—
—Es verdad, tú y ese patán son parientes, es que tú eres tan amable y educado que ni los relaciono.—
—Vegeta es ... especial, pero tiene su lado bueno, ya solucionó lo de Goku.—
—¿Si? Wow, todos creímos que le expulsarían por ser becado ¿Cómo hizo Vegeta para que le regresaran su beca a Goku?—
—No lo sé, pero lo importante es que Goku seguirá en la preparatoria y podrá participar en muchos torneos.—
—Genial, venía dispuesta a hacerle sufrir en la actualización de software pero me convenciste de ser buena.—
Ambos tomaron el elevador al piso donde estaba la habitación de Vegeta, entraron al lobby privado y no había nada de movimientos o ruido, se miraron entre sí y escucharon un fuerte golpe seguido de carcajadas. Vegeta se había caído de la cama y se intentaba levantar sin mucho éxito. Ya se había des canalizado e intentaba quitarse el cabestrillo.
—¡HERMANO! Ven ayúdame, essstoy en el piso jajajaja.—
—Her... ¡Primo! ¿Qué te pasa?—
—El primo que exprimo jajaja ¡LEVÁNTAME INSECTO INÚTIL ES UNA ORDEN DE TU PRÍNCIPE!—
—Eee... está como loquito ¿No ves?—Tarble volteaba a ver a una muy sorprendida Bulma, que no sabía que decir. —Ah... ayúdame a levantarlo, seguro que algo le dieron.— Tarble corría a levantar a su hermano y Bulma le apoyaba.
—Estás muy pesado, coopera.— Bulma servía de soporte para levantar a Vegeta y éste de un salto la acorralaba contra la cama.
—¿Y tú? ¿Qué haces aquí? Eres bonita.—
Los ojos de Vegeta estaban desorbitados y Bulma sorprendida del estado eufórico de su compañero de clase.
—¡VOY POR SU MÉDICO, CUIDA QUE NO SE MATE!—
—¡NOOO TARBLE! ¡NO ME DEJES CON ESTE LOCO!—
Tarble salía corriendo a buscar ayuda y. Bulma quedaba atrapada a merced de Vegeta.
—Eee... escucha Vegeta, tienes que portarte bien o te voy a golpear.—
—Me gusta cuando te enojas.—
Vegeta se acercaba a Bulma y la besaba sorprendiéndola, la chica no sabía que pensar, en la obra el beso estaba marcado como parte de su actuación aunque ella lo sintió demasiado real, ahora el tipo estaba completamente fuera de sí y lo primero que se le ocurría ¿Era besarla?, por un momento ella cerró los ojos y correspondió el beso, pero recordó que ella tenía un novio que la quería " ¿QUÉ DEMONIOS HACES BULMA BRIEFS?" La chica reaccionó y empujó a Vegeta.
—¡AAAAAY QUÍTATE!—
—Muchacha de mis pesadillas, yo te voy a salvar.—
—¿De qué hablas? Vegeta ¿también sueñas con alguien?—
—Contigo, siempre ... no olvidaría a la chica más hermosa del mundo.—
—¿Qué? —
Un golpe de la puerta asustó de pronto a Bulma, la pareja de jóvenes volteó y un hombre muy alto con cabello rizado y crespo, barba acampanada y estructura sumamente musculosa entró al cuarto, estaba vestido con una bata de paciente y gritaba desenfrenado.
—YOOO SOOOOY MR. SATAN Y SOY EL
HOMBRE MAS FUERTE DEL MUNDOOOO.—
—Jajaja Fantoche, te vencería con una sola mano.— Vegeta levantaba su mano derecha en señal de que sería la única mano que usaría. Y no haría trampa, tenía solo un brazo para moverse.
—PELEEMOS Y A VER QUIÉN GANA.—
Bulma se apresuró a ponerse al medio.
—¡¿ESTÁS LOCO?! ¡CÓMO SE TE OCURRE RETAR A UN TIPO TAN GRANDE VEGETA!—
—¡Quítate!— Vegeta empujaba a Bulma con gran fuerza contra su cama de hospital y se ponía en guardia.
El paciente Señor Satan gritaba cual guerrero espartano mientras el joven Vegeta se preparaba para dar un golpe, Bulma observó como el par de pacientes locos apenas si se mantenían en pie. —¡Ay por Dios Vegeta, estás haciendo el ridículo! Esto es una pelea de inválidos.—
Al momento en que vegeta se acercó para atinar un golpe al señor Satan, el gran hombre tuvo un espasmo y cayó desmayado.
—Ja, ni siquiera te golpee y te desmayaste del miedo.— Vegeta avanzó a trompicones, mientras detrás del hombre estaba la doctora que le había suministrado medicamentos a Vegeta y una serie de médicos y enfermeros extra seguidos de Tarble.
—L... lo siento, hubo una confusión, los nombres en la habitación no estaban registrados, ya sedamos al señor satan y pasaremos al muchacho.— la doctora estaba muy apenada tras su confusión.
—Usted no pasará nada más ¿Acaso no sabe leer historias clínicas? ¡Está despedida! disculpen el inconveniente, en adelante la doctora Miguel se hará cargo del paciente Satan y personalmente me encargaré de brindar las comodidades necesarias al señor Vegeta.— El director del hospital sacaba al señor Satan de la habitación de Vegeta y ayudaban al príncipe a recostarse y canalizarlo de nuevo para poderlo sedar mientras pasaba el efecto de los medicamentos. Un par de enfermeras invitaban a Bulma y Tarble a pasar al lobby en lo que atendían a Vegeta.
—Vaya Bulma, que pena que hayas visto a Vegeta así de loco.— Tarble se disculpaba con la chica. —Menos mal estaba tan mareado que no podía mantenerse en pie.—
—No te preocupes Tarble, no le creo nada de lo que dijo.—
—¿Qué otras cosas dijo? ¿Hablo de su padre o de mi?—
—Mmmm no, mmm nada relevante.—
Los médicos salieron de la habitación de Vegeta y dieron permiso a Bulma de pasar a hacer la actualización del Regen 6.0. La joven se sentó y se puso unas gafas como las de su padre que le desplegaban una computadora. El equipo se conectaba al Regen vía Bluetooth y comenzaba a hacer una actualización verificando el trabajo de los nanobots.
—Así dormido no te ves tan peligroso... ay ya me hiciste enojar de nuevo... ¡¿Cómo se te ocurre llevar un arma real?! ¿Acaso querías matar a alguien? Estás loco Vegeta, completamente loco.—Bulma trabajaba rápidamente y afirmaba en silencio.
—¿Crees que Vegeta se recupere para el torneo de invierno?—
—Por su puesto, está en manos de la mejor tecnología, tiene suerte, ni un rasguño le va a quedar.—
—Entonces Padre no se enterará ¡Que bien!—
—Pues no, no quedará rastro de nada, regresaré en tres días para la siguiente actualización. En verdad el accidente de Vegeta permitió que los nanobots progresaran muchísimo.—
—Gracias Bulma, te veré mañana en la escuela.—
Los nanobots trabajaban en la recuperación del hombro de Vegeta, pero su mente estaba en otro lugar, se transportaba a una tierra antigua, donde no podía reconocer absolutamente nada, no había nadie allí mismo, solo un fuerte sonido de alguna fuente de agua, tal vez un río o el mar. Corría hacia el sonido y se encontraba con una gran cascada que caía produciendo un hermoso arcoíris. Se sentía tranquilo hasta que miro al otro lado del río a una joven que observaba la naturaleza, parecía que tomaba muestras del agua y hacía anotaciones en su cuaderno. ¿Bulma? La joven tenía el cabello azul, pero no todas las chicas de cabello azul eran Bulma, aún así decidía tomar el riesgo de atravesar la corriente para encontrarse con ella y verificar si se trataba de quien a estas alturas, en su mente era su Bulma.
La chica se levantaba y parecía no percatarse de qué Vegeta intentaba acercarse a ella, avanzaba hacia el interior de la selva, despreocupada. Vegeta apresuraba el paso para alcanzarla mientras la mujer se internaba más profundo entre la maleza, el chico corría pero avanzaba muy poco hasta perderla totalmente de vista.
Estaba rodeado de árboles y plantas, demasiada vegetación y los rayos del sol apenas penetraban entre las hojas, Vegeta trataba de encontrar a la chica pero no podía adivinar que rumbo había tomado, buscaba ramas rotas o algún indicio del camino que había tomado la misteriosa mujer sin éxito hasta que un rugido seguido de un grito desesperado le indicó el lugar donde se encontraba.
—¡BULMAAAA!— Vegeta corría entre el follaje tratando de encontrar a la chica, instintivamente pensaba que era Bulma aunque no estaba seguro que fuera ella. Al fin la halló tirada boca abajo en un charco rojo. Como pudo llegó hacia ella y trató de revivirla, era demasiado tarde, algo la había atacado. Su corazón latía con fuerza e impotencia, las lágrimas que trataba de retener le brotaban y el seguía intentando reanimar a la chica, la miró de cerca y no parecía ser Bulma ¿O si?, no podía identificar quién era, quizá la chica de sus sueños no era Bulma, como fuese sintió la pérdida nuevamente, la había dejado ir una vez más. Tomaba su mano entre las suyas.
—Perdóname, nuevamente no pude hacer nada.— mientras la chica desaprecia enfrente de sus ojos. Todo parecía calmado nuevamente, pero de pronto un rugido. Algo estaba cerca, se puso alerta se oía por todas partes, caminaba en círculos lentamente, con su respiración entrecortada esperando un próximo rugido, con la atención puesta en todos sus sentidos. Roar, un rugido más cerca, pero ¿Por dónde? Parecía estar en todas las direcciones.
Un par de ojos brillantes se asomaban entre la maleza y luego dos, luego toda la selva se iluminó, rugidos seguidos uno de otro. ¿Acaso sería el fin? De pronto un fuerte dolor en su hombro izquierdo, la mordida de un gran felino con ojos y cabello verdes.
—Si no eres mío , no eres de nadie.—
—¡Eres la loca! ¡SUÉLTAME ESTÚPIDA!—
—No serás de nadie.— El felino volvía a morderlo y sentía dolor nuevamente, se trataba de soltar.
—Es un sueño, solo un sueño... despierta.—
Vegeta despertaba en otra realidad, tampoco era su habitación del hospital, más bien una construcción moderna, como un despacho de oficinas y solo había un camino: subir las escaleras. Comenzaba lentamente sin entender bien lo que hacía , así que subió hasta que nuevamente vio a Bulma. Afortunadamente esta vez estaba feliz, preparando quizás una fiesta, ya era mayor, no era una chica de 17, tendría tal vez unos 30 años, estaba con su madre y un pequeño bebé.
—Mira, me gusta este babero para mi nieto.—
—Bebé Trunks se ve hermoso con lo que sea que use.—
Bulma se veía tan feliz y Vegeta sonrió, camino hacia ellas, tal vez podría echar un vistazo a esa ilusión. Le sentaba bien ser madre, pero ¿Quién sería el padre? Los celos invadieron al príncipe y se cruzó de brazos, nadie parecía notar su presencia hasta que escucho una voz molesta, rechinó los dientes y ahí estaba... el imbecil.
—¡Oye Bulma! Encontré el carrito que buscábamos.—
No podía ser, acaso... ¿la fastidiosa de Bulma había preferido al bueno para nada? Vegeta se enfurecía, ¿Que tenía ese insecto que no tuviera el? ¡Era el príncipe más poderoso del mundo! ¿Sería rechazado a favor de un plebeyo? Vegeta se detenía y pensaba. Se trataba de un sueño ¿no? una posibilidad, pero no tenía que ser real. Así que se acercó a Bulma y le hizo una pregunta.
— Disculpe señora ¿Qué día y hora es?—
—¡¿ME LLAMASTE SEÑORA?!— El rostro de Bulma comenzó a deformarse así como el todo mundo en esa tienda extraña.
—Lo sabía.— Vegeta se burlaba, tenía las de ganar en su sueño, podía controlarlo ¿o no?
—¡ATAQUENLO ÉL LO SABE!—Una voz espectral resonaba como si fuera el rugido de la selva y varios mostruos lo perseguían, Vegeta comenzaba a crear su propio mundo pero al alcanzarlo un monstruo arañó su hombro izquierdo y nuevamente el dolor insoportable, así que hullo tan rápido como pudo.
—¡DESPIERTAAAAAA!—
Vegeta despertaba bañado en sudor nuevamente en su cuarto de hospital. Al principio le costeaba entender si estaba en la realidad o no, incluso perdió un poco la noción de donde se encontraba. Respiro profundamente y observó su celular, las 4:30 de la mañana. Y mensajes del descerebrado de Goku.
Sin Vergüenza: Vegeta ¿Estás vivo? Te quería ir a visitar pero tuve una audiencia en la escuela. No se cómo pero un Rey oriental pagará mis estudios. ¡No es genial! Me dijo una señora muy agradable que le habías comentado mi caso. La única condición es ganar los torneos regionales y seguir compitiendo.
Era demasiado temprano para contestar, por lo menos para algo servía la inútil Celry, tenía aspecto serio y conseguía caerle bien a los profesores.
Más tarde en la escuela, las chicas se reunían en la cafetería como era costumbre, los estudiantes se fijaban el la nueva adquisición del colegio, un chico oriental alto, de largo cabello negro, mirada profunda y cuerpo atlético, lucía su uniforme escolar con absoluta elegancia y estilo. Era misterioso, callado y daba una vibra de rebeldía innata. Todos abrían paso mientras el deambulaba buscando una mesa para poder sentarse.
—Bulma, ¿Ya viste el nuevo? ¡Está buenísimo!¿No crees?—Lazuli se mordía el labio inferior mientras veía pasar al chico nuevo.
—Ay no es mi tipo.— Bulma hojeaba una revista donde pudo ver la fotografía de un chico verdaderamente guapo para ella. —Mira, este si.—
—A ver... ¡Que buen ojo!—
—Se llama Zarbon, es el campeón de la región del norte.— Goku aparecía asomándose por el hombro de las chicas, quienes se enojaban con el metiche de Goku.
—¡Entrometido!— Bulma le golpeaba con la revista para luego sonreír. —Me gusta que estés aquí.— y le daba otro golpe.
—Que cariñosa... auch.—
—¿Cómo le hiciste para quedarte? Todos creímos que te expulsarían.— Lázuli preguntaba a Goku demasiado intrigada.
—No se, creo que Vegeta le pidió a su madre o algo así que me ayudara. Creo que es diplomática.—
—Ah debe ser la señora que fue a buscar a mi papá, así que es su madre, ahora tiene sentido, posiblemente sea hermana o cuñada del Rey.— Bulma ataba cabos ya que era extraño que un chico que se transportaba en autobús tuviera una habitación tan exclusiva en ese hospital.
—¿Entonces ese criminal si es de la realeza? ¡Yo ya no creo nada! Lo único que quiero es aniquilarlo... me he bañado 7 veces el fin de semana y sigo oliendo a cerdo.— Lázuli se quejaba de la mala pasada que le había causado Vegeta.
Sniff sniff Goku se acercaba a oler a la rubia —A mi no me hueles a cerdo, hueles normal a niña.—
—¡AY NO ME ANDES OLIENDO!— Lazuli le daba otro golpe a Goku quien al voltear se percataba de la pesada mirada del chico nuevo.
El rostro siempre inocente y sonriente de Goku se transformó en completa seriedad, ese tipo tenía algo extraño, al cruzarse sus miradas hubo un sentimiento instantáneo de rivalidad. No le gustaba para nada. Ambos mantuvieron su distancia y por ese momento sostuvieron un duelo de miradas fijo, hasta que el nuevo fue distraído por alguien más. Una chica de cuarto año llamada Mai que pedía compartir mesa con sus amigos.
Continuará
