No supo cuánto tiempo estuvo contemplando las estrellas y la luna llena que daba una sensación agradable pese a que la noche en el desierto era peor que de día; con un frío atroz que calaba hasta los huesos.

Quería hacer que el caballo en el que venía montado trotara más rápido, pero sabía que no tenía que sobresforzarlo demasiado debido a todo el equipaje que traía. Solo por eso su desesperación por llegar lo más pronto posible a Agrabah aumentaba, pues había algo en el reino que anhelaba ver más que nada en todo el mundo: su esposa e hijo.

Cinco años… los cinco años más largos de su vida(o casi seis para éste caso) desde que dejó Agrabah a buscar suficientes riquezas para darle a su familia la mejor vida que se merecían. Honestamente no se imagino tardar más de la cuenta pero sabía que si no regresaba, nunca podría perdonárselo… se recriminó mentalmente el haberse obsesionado con encontrar el máximo tesoro para que su familia tuviera la vida resuelta… ya no podía tardarse y perderse gran parte de la infancia de su hijo.

Oh su hijo; apenas tuvo el tiempo suficiente para verlo nacer; bañarlo, vestirlo, cargarlo y amarlo con todas sus fuerzas; para que dos meses después tuviera que marcharse para cumplir el objetivo que se había propuesto. El último recuerdo que le quedó de su esposa e hijo: su esposa cargando a su hijo mientras él le daba un beso de despedida y su hijo le agarraba uno de sus dedos con sus manitas. Ese momento lo conmocionó tanto que lo que lo hizo quebrarse fue cuando al separar su mano de la de su bebé; esté estiraba sus bracitos para tratar de alcanzarlo, afortunadamente sólo dejó que sus lágrimas salieran una vez que salió de los límites del reino. Consideró llevarlos con él, pero sabía que el camino sería peligroso para ellos.

Sus ojos se cristalizaron por el recuerdo pero parpadeo un par de veces para evitarlo; ahora no era tiempo de ponerse melancólico, en vez de eso se emociono al imaginarse en como había crecido su hijo y cuanto había cambiado su esposa; seguramente seguiría tan hermosa como el día en que él se fue… tal vez algo cansada por tener que criar sola a un niño (y seguramente lo recibiría con un regaño o una bofetada por tardar demasiado … eso lo aceptaría claro).

—Mi señor, ya casi estamos a unos metros de Agrabah —hablo un hombre de avanzada edad sacándolo de sus pensamientos; con una barba blanca más larga que la de él y de una estatura un poco más grande montado en otro caballo, cabalgando a su lado.

—Por favor Farid, sabes que no es necesario que seas formal conmigo, solo llámame Cassim… me haces sentir viejo… sin ofender —bufo moviendo sus ojos y masajeando su cuello incómodo.

—Lo haría si quisiera… pero no quiero, además es gracioso ver que todavía el título "Rey de los ladrones" lo haga reaccionar más incómodo que con arrogancia… —dijo el otro hombre con un tono un poco burlón.

Rey de los ladrones, aquel título que se le da al líder de los 40 ladrones. Todavía no podía creerse como llegó a tal puesto… lo único que hizo fue toparse accidentalmente en una cueva donde se escondían los cuarenta ladrones. Estuvo a punto de morir sino fuera por haber vencido al anterior rey de los ladrones y ofrecerles un escondite mejor que una cueva (un pasaje a lo que sería los vestigios de un templo antiguo que se encontró en un risco a las orillas del mar en los primeros meses investigando sobre "el máximo tesoro") . Lo bueno de todo eso es que pudo conocer a Farid; el único hombre que no era un sádico de todos los cuarenta (aunque eso no quería decir que no fuera capaz de asesinar a alguien, solo si era absolutamente necesario pero jamás a un inocente…lo que lo inspiró a establecer la regla de no dañar inocentes una vez que se ganó el puesto de rey) y que se volvió su mano derecha.

—Oh ahora no tengo ánimos para bromear. Solo quiero llegar a casa, besar a mi esposa y abrazar a mi hijo —dijo cansado y con una sensación de ansiedad que lo invadió repentinamente.

—Claro, abrazar a su hijo, si este lo acepta en primer lugar; recuerde, por lo que me contó, lo dejo cuando era un bebé. No creo que se tome bien el que un hombre desconocido lo abrace de repente, tiene que tomárselo con calma —dijo Farid con un reproche amable.

—Lo sé, por eso hare todo lo posible para ganarme su confianza y amo, incluso si me lleva toda la vida. Al menos espero que esto, sea un comienzo —dijo señalando los dos grandes sacos llenos de tesoros valiosos que colgaban a los lados del caballo.

—Oh sí, pero no olvide que se necesita más que oro para ganarse el cariño de alguien, pero ciertamente su familia vivirá bien un buen tiempo —dijo Farid también señalando los dos sacos de tesoros que traía en su respectivo caballo.

—Aunque hubiera preferido que fue para toda su vida, prometí traerles lo mejor pero esto… son migajas comparadas con el máximo tesoro, ojalá hubiera traído más —bufo el hombre de mal humor.

—Oh vamos Cassim olvida ya eso; pusiste todo su esfuerzo para obtener estos tesoros, los necesarios incluso para aplacar la inquietud de los demás ladrones para que no extrañarán unos sacos menos. Sobre todo Sa'Luk —dijo Farid fingiendo escalofríos.

—Ugh Sa'Luk, ya después lo resuelvo con él —rodó los ojos con pesadez Cassim volviendo su vista al reino, una sonrisa se dibujo en su rostro—, por ahora solo quiero concentrarme en llegar… mira Farid ya estamos cerca de la entrada ¡No perdamos ni un momento más! —dijo lo bastante emocionado para hacer que el caballo trotara más rápido dejando a Farid ligeramente atrás, mientras él negaba con una sonrisa amable ver como su rey actuaba más como un adolescente.

El entrar fue bastante sencillo pues al pasar por la revisión de los guardias; lo único que tuvieron que explicar era que eran unos comerciantes que vendían cacharros, fueron lo bastante convincentes (además se aseguraron de vestir lo más decente posible para no levantar sospechas de que eran parte de un grupo de ladrones).

Al llegar al lugar donde era su hogar, Cassim bajo de su caballo y camino lentamente hacia la puerta de su casa. Sus manos le temblaban un poco con cada paso que daba hacía la puerta de madera; su corazón latía con fuerza y sus emociones entre estar feliz y nervioso chocaban entre sí, dio una mirada hacia atrás por encima de su hombro hacia Farid que se quedó para vigilar a los caballos y su mercancía; esté movió ligeramente la cabeza diciéndole "adelante" animándolo, dándole valor. Finalmente le dio una mirada de agradecimiento; se puso delante de la puerta; dio una respiración profunda y tocó la puerta. Casi seis largos años, al fin vería a su familia… cuando oyó pasos del otro lado de la puerta; se trató de arreglar y ponerse recto, mientras ensayaba su mejor sonrisa, pero en cuanto la puerta se abrió algo no andaba bien...

—¿Qué es lo que quiere como para molestarme esta noche? , si son vendedores, largo, no estoy interesado… —Cassim tuvo que bajar su mirada, para ver que quién se presentó no era más que un hombre de estatura baja, regordete y calvo.

Miró por un momento al hombrecillo sin decir nada y algo en su interior empezó a inquietarlo. Esperaba que, ya sea una mujer o un pequeño niño lo recibiera. Dio un rápido vistazo por encima del hombre recorriendo el interior, vio que todo estaba hecho un desastre, pero no había señales de su esposa ni de su hijo.

—D-disculpe aquí antes vivían otras personas… una mujer y un niño ¿Sabe donde puedo encontrarlos, donde se mudaron? —dijo Cassim tratando de hablar lo más claro posible, tratando de aplacar su ansiedad que no dejaba de crecer.

—¿Una mujer con un niño? Mmmm… ah si… tuvieron que irse, unos ladrones los corrieron de aquí, pero una vez que se fueron yo tome este lugar para mí —dijo el hombrecillo con indiferencia—, así que si quieres este lugar, olvídalo. Ya le pertenece a Abis Mal el gran… —dijo señalándose a sí mismo, para que después fuera cortado en su parloteo cuando Cassim lo agarro bruscamente de su túnica, dándole una mirada lúgubre.

—¿Dónde están? ¿Dime donde se fueron? —preguntó seriamente pero con un dejo de nerviosismo. Su ansiedad no desapareció ni un poco y ciertamente crecía más… escuchar que tuvieron que dejar su hogar por unos ladrones no lo tomó bien; su familia en estos momentos estaría muriéndose de frío y hambre, después la idea de que estuvieran deambulando por las calles por esos cinco años le hizo tener un nudo en el estómago.

—e-es… bueno la mujer… la mujer… parece que… parece que falleció y el niño… desapareció… pero es probable que este muerto —dijo el hombrecillo Abis Mal cuyo valor se fue al ver como el hombre lo levantó sin esfuerzo.

Lo que pasó después de que el ladrón diera su respuesta fue como caía sin cuidado de sentón mientras veía como el hombre corría rápidamente a otra dirección, pasando de largo a su compañero con sus caballos.

—¡Mi señor! ¡Cassim, espera! —grito Farid tratando de caminar rápidamente con los caballos en la dirección en la que se fue su rey, confundido —, pero que rayos pasó…

—No… no… no… por favor… oh por Allah esto no está pasando —dijo para sí mismo mientras corría en dirección al cementerio "exclusivo para ratas callejeras" que no era más que un gran terreno descuidado, al llegar a la entrada; se tomó un momento para respirar y después sin demora empezó a revisar las "lápidas"(tratando de ayudarse únicamente de la luz de la luna) , deseando no encontrar los nombres de dos personas, pero desgraciadamente después de un rato buscando, la realidad lo golpeó como una patada de camello; encontró un nombre, tal y como le dijo el hombrecillo pero eso no cambió nada su angustia; trato de pararse y alejarse del lugar, tratar de alejarse de la realidad pero sus piernas le fallaron y cayó de rodillas, lo único que hizo fue ver atónito e ido la lápida en donde estaba escrito el nombre de su esposa… solo su esposa… su esposa; la mujer que amo con todo su corazón, con la que tuvo aventuras buenas y malas, a quién esperaba besar apasionadamente y acariciar su bello rostro al regresar… se fue… en ese momento sintió que todo su cuerpo le pesaba. Cerró sus ojos con fuerza tratando de retener el dolor que quería salir a través de lágrimas.

—Oh Zena… lo siento… lo siento mucho, llegué demasiado tarde… debí estar aquí para ustedes… —dijo con voz quebrada sin poder aguantar más dejando escapar las lágrimas acumuladas, y recordó a su hijo. La idea de que su hijo haya muerto por las calles de Agrabah; solo, con hambre y esperándolo lo hizo sentirse enfermo, más el imaginarse como lo recogían cual basura para ser enterrado en una fosa común sin nadie para reclamarlo, sintió que moriría en ese instante —… Mi hijo, no puede ser… ¿Él también tuvo el mismo destino?… —dijo para después seguir sollozando.

—Incluso en la más profunda oscuridad, aún hay una luz de esperanza…

Cassim levantó la cabeza para después ver atónito flotando frente a él; a un hombre con una larga túnica gris, con un cabello a juego con una larga barba blanca, además de que tenía una venda cubriendo sus ojos, un vidente ciego…

—¿Quién eres…? —preguntó sorprendido, aunque debería estar asustado, no sintió miedo, en su interior por alguna inexplicable razón, sabía que aquel hombre no era malvado.

—Mi nombre no es importante en estos momentos. Escucha Cassim, aunque todo parezca perdido, aún hay una pequeña esperanza. No dejes que el dolor te venza antes de tiempo, aún hay alguien que te necesita…

—Espera quieres decir…

—¿Cassim? ¿Eres tú? Oh por Allah —escucho una voz femenina interrumpir y al voltear se encontró a una mujer que rápidamente identificó; ella lo miraba en shock, con una mano en su boca tratando de no romper a llorar, dio un último vistazo hacia dónde estaría el misterioso hombre, pero este había desaparecido.

—¿Aneesa?... Vaya es bueno ver… —no pudo terminar ya que la mujer se acercó rápidamente para sollozar en su pecho.

—Oh Cassim pensé que habías muerto. Oh por Allah, lo siento… Cassim trate de ayudar… tu hijo… —dijo comenzando a llorar con más fuerza.

—Mi hijo… Aneesa —dijo con desesperación al escuchar sobre su hijo, separándose de ella y agarrarla suavemente por los hombros mirándola directamente a los ojos — ¿Dónde está mi hijo? Dímelo por favor…

—Un… un ladrón llamado Gazeem junto con otros sujetos lo secuestro… se lo llevó al bazar de los ladrones… intente detenerlos pero amenazaron con matar a tu hijo si interfería…oh el pequeño Aladdín… —dijo ocultando su cara entre sus manos, desolada.

—¡Cassim! Mi señor que bueno que lo encontré… —hablo Farid desde la distancia llegando con los caballos, solo para ver confundido como Cassim caminaba hacia la salida del cementerio, con una mirada furiosa y determinada con la mujer siguiéndolo detrás—¿Y a donde se dirige?...

—Voy a ir por mi hijo. Al bazar de los ladrones —dijo serio pero con una mirada asesina.

—Espere... —lo detuvo Farid agarrando lo por el hombro—se que algo pasó, no es bueno y no acabo de entender que sucedió, pero sea lo que sea que quiera hacer ahora, recuerde que no esta solo mi señor —le dio una mirada comprensiva.

—Gracias Farid, ahora hay que dirigirse al bazar de los ladrones…


Hola gracias por leer.